19 enero 2017

LA OBSCENIDAD DE NO SER CRUEL



Un conocido eslogan cristiano propone preguntarse “¿qué haría Jesús?” ante cualquier duda personal. Un conocido eslogan televisivo propone preguntarse “¿qué haría la BBC?” ante cualquier duda en la programación. La ventaja del eslogan televisivo frente al eslogan cristiano es que la BBC emite a diario varias cadenas en el Reino Unido, mientras que Jesús lleva dos mil años fiambre, hecho que facilita que podamos responder con más verosimilitud a la segunda pregunta que a la primera. Por ejemplo, no está claro qué opinaría Jesús respecto a los límites del humor pero sí sabemos con seguridad lo que opina la BBC, ya que acaba de estrenar un espacio de sátira demoledor llamado “Revolting” en donde se ha incluido un sketch dedicado a mostrar un supuesto reality show centrado en “las amas de casa del ISIS”. En el sketch se ve a las esposas de los terroristas presumir de los chalecos bomba que les han regalado sus maridos, comentar lo largas que son las cadenas con las que están atadas –“mira, casi puedo salir de la cocina”- o mostrar sus dudas coquetas a la hora de elegir el burka que llevarán a su decapitación.

El humor en televisión no es un género sino una forma de hacer los géneros. Se puede hacer un concurso con humor, un informativo con humor o un programa de viajes con humor. Se puede hacer un programa de durísima denuncia social a base exclusivamente de humor -hombre, yo no lo encargaría a Los Morancos; mis hermanos Edu Galán y Darío Adanti serían buenos candidatos, como lo prueba la última portada de Mongolia-. No sólo se puede; ahora que la BBC lo hace, las demás cadenas públicas europeas deberían explicar por qué ellas no lo están haciendo: concretamente, ¿por qué TVE no asume su responsabilidad social y utiliza la corrosión de la sátira para ayudar a disolver las actitudes que se oponen a los valores democráticos? Algunas voces han criticado la obscenidad que supone un sketch tan cruel; pero, una vez visto, parece claro que ante asuntos como el terrorismo yihadista lo que es obsceno es no ser cruel. La BBC lo ha sancionado como mandamiento: humillarás al asesino. ¿Qué haría Jesús ante esta cuestión? Pues preguntarse qué haría la BBC.

18 enero 2017

ARISTÓTELES NOS DIBUJÓ ASÍ


Aristóteles llama “contiguo” a aquello cuyos extremos están juntos, y “continuo” a aquello cuyos extremos son uno solo. Dicho de otra manera, se llama contiguo a aquello cuyos extremos, tocándose el uno al otro, o bien están separados o bien pueden estarlo al menos por el pensamiento; y se llama continuo a aquello cuyos extremos no tienen ni principio ni fin, sino que se mezclan hasta el punto de parecer una y la misma cosa. Si echamos un vistazo a la programación de Telecinco, nos daremos cuenta de que sus programas son continuos porque los extremos de “Gran Hermano” y “Gran Hermano VIP” no tienen ni principio ni fin y, como sucede con “Sálvame” o “Sálvame Deluxe”, se mezclan hasta el punto de ser una y la misma cosa. Así, la programación de Telecinco es tan continua que es imposible separar, ni siquiera por el pensamiento, el horror de “Mujeres y hombres y viceversa” del espanto de David Muñoz y Cristina Pedroche en Nochevieja, la grima que produce Bertín Osborne de la inquietud vital que provoca el espectáculo montado alrededor de un niño en “Adrián, ¡qué grande!”, o las metamorfosis vacías de “Cámbiame” de la banalidad de “El programa de Ana Rosa”. Los programas de Telecinco se incluyen mutuamente, mientras que los programas de La 2, por ejemplo, sólo se tocan.

Los programas continuos de Telecinco sólo pueden moverse en conjunto, por eso cualquier estreno de la cadena de “Gran Hermano VIP” no nos parece un estreno porque, en realidad, es siempre lo mismo. Sin embargo, en cadenas como La 2 hay programas contiguos que, cuando uno reposa, el otro puede moverse o incluso, agitándose ambos, se mueven independientemente. La continuidad de Telecinco es tan radical que, en el absurdo supuesto de que sus jefazos decidieran programar la película “Casablanca” un viernes después de “Sálvame Deluxe”, veríamos a Rick como a un candidato a pasar por un “Cambio radical” que le quitara la tontería del esmoquin blanco y a Ilsa como una futura concursante de “Gran Hermano” con ganas de tirarse al chico malo de la casa de Guadalix de la Sierra. Del mismo modo, la contigüidad de La 2 es tal que incluso Richard Gere y Julia Roberts en “Pretty Woman” podrían parecer los protagonistas de un documental de “La noche temática” o de una oferta de empleo de “Aquí hay trabajo”. No somos malos, es que Aristóteles nos dibujó así.

17 enero 2017

TRILLO NO IRÁ A "GH VIP"


El entrelazamiento entre televisión y política es constante. Hay quien denuncia que el Partido Popular ya comenzó el año columpiándose: el sumario del “Telediario” del tres de enero tuvo sitio para denunciar la cabalgata independentista de VIC, pero no para dar cuenta del dictamen del Consejo de Estado que señalaba la responsabilidad de Federico Trillo y el Ministerio de Defensa del Gobierno de Aznar en el accidente del Yak-42 en el que murieron 62 militares españoles por cuyo seguro pagamos seguro pero iban sin seguro.

Pero debemos ser justos y decirlo todo. Al menos el Partido Popular reaccionó inmediatamente contra ese personaje que estaba dejando en evidencia el trabajo de tantos y tantos políticos leales y militantes honrados que tienen una noble concepción de la política como ejercicio ciudadano de servicio y responsabilidad pública. En cuanto a principios de año saltó la noticia del daño que ese señor estaba haciendo a sus siglas y a su proyecto político, el PP reaccionó sin medias tintas, calificó la crisis como la peor de las vividas hasta el momento, denunció la traición, le pidió que se explicara porque esa no es la imagen que se quiere dar del partido, y le exigió que dejara su puesto.

Pero ese personaje del que hablamos, Sergio Ayala, concursante de la actual edición de “Gran hermano VIP” en Telecinco, no parece dispuesto a dejar su puesto de concejal en el ayuntamiento de Medina del Campo aunque sus compañeros le pidan que entregue el acta. Ayala no es un novato. Ya había tenido éxito luchando por la corona de Rey de la Belleza 2016 en Castilla y León, y fracasado intentando enamorar a la extronista Ruth Basauri en “Mujeres y hombres y viceversa”. El partido asistía incómodo a la forma en que entretejía su carrera profesional y la política, por lo que le advirtió de que no apareciera más en este tipo de programas. El modelo aceptó el compromiso, pero como no es un modelo moral sino solo de pasarela, lo siguiente que supieron de él fue que entraba en “GH VIP”. Afortunadamente el PP es un partido serio y supo reaccionar pidiéndole el acta de concejal. Estemos tranquilos. Como Trillo haga algo igual de grave, va a saber lo que es bueno.

16 enero 2017

REFUGIADOS, ACOGIDOS, ASILADOS Y TURURÚ


Hace poco más de un año, la reportera húngara Petra László grababa con su cámara la desesperada huida del horror de cientos de personas que trataban de zafarse de la policía cerca de la frontera sur de Hungría con Serbia. El caos era enorme y los reporteros estaban inmersos en la frenética carrera de los refugiados. Es entonces cuando se ve a László resolver sin remilgo moral alguno el terrible dilema deontológico al que debe enfrentarse todo periodista tarde un temprano: ¿limitarse a recoger y plasmar la noticia, o, si las cosas se ponen feas, intervenir en el curso de los acontecimientos?

László intervino. Las imágenes muestran cómo, impulsada por sus firmes convicciones personales, zancadillea a un padre que llevaba a su hijo en brazos, y cómo patea a un hombre y a una niña que pasaban a su lado. Cuando, en aquel tráfago, el periodista español Javier Pascual mostró a László las imágenes, esta reaccionó riéndose. Hace unos días, cuando un tribunal húngaro la juzgaba, ya no reía. Lloraba. El tribunal la declaró culpable condenándola a tres años de libertad condicional.

Muy bien. Para que aprenda. Despedida de su trabajo, vive atemorizada y quiere huir a Rusia. No es mala idea si busca impunidad. Pero si realmente ha aprendido la lección, sabrá que es mejor dejarse de pamplinas y seguir haciendo lo mismo, pero sin pringarse. Puede comprar una cadena de televisión ultraderechista que aliente la caza al refugiado: como la N1TV en la que trabajaba, que viendo la repercusión mundial que tuvieron aquellas imágenes la despidió y se lavó las manos. O puede fundar un partido xenófobo que propugne el cierre de fronteras. O hacerse arzobispo de Valencia y preguntarse si los refugiados son trigo limpio. O meterse a burócrata y buscar un cabeza de turco que haga el trabajo sucio de país barrera. Lo importante es saber defender las mismas ideas de mierda, pero desde lejos, sin quemarse en primera línea. Que se manchen las manos otros dando leña en vez de refugio a los refugiados, patadas en lugar de acogida a los acogidos, zancadillas en vez de asilo a los asilados.

15 enero 2017

BUENAFUENTE, EN VOS CONFÍO


Estos días, el concejal del Ayuntamiento de Madrid por el PP, Percival Manglano, envió este ‘tuit’ junto a una foto de Ana Pastor, presentadora de “El Objetivo”: “¿Que no me vas a dejar tener la última palabra en cada una de MIS preguntas de MI entrevista?”. Así contestó ella: “Vaya qué sorpresa...un dirigente del PP al que no le gusta una entrevista en la que no decide las preguntas”. Bien, pero quedó corta. El problema va más allá del PP.

Como muestra, nos asomamos a la reveladora entrevista que, también estos días, hizo el gran Buenafuente en “Late Motiv” a un viejo conocido: Rafael Santandreu, psicólogo iluminado que acude a vender su último manual de autoayuda.
­—Debo decir algo antes de empezar: nunca en la vida un invitado me había mandado toda la entrevista hecha con sus preguntas y respuestas.
—Lo hacemos desde mi equipo de la editorial y tal porque los periodistas hacen muy malas entrevistas. A veces hacen unas preguntas que uno no quiere responder.
Algunos pensamos que justo esas son las buenas entrevistas. Por ejemplo:
—Voy a ser sincero contigo: me sucede con este tipo de libros que cada vez creo menos en ellos. Me ha pasado como con los ovnis, que cuando era joven me hacía mucha ilusión que existieran y luego me di cuenta de que no eran verdad. Me da la sensación de que estos manuales son un negocio a partir de la inestabilidad emocional de la gente”.
—Es cierto. La mayoría son colecciones de palabras bonitas. Los míos, no.
Así contestó quien dice “superfeliz”, “megafeliz” y rellena cientos de páginas para decir lo mismo que el flipao Aless Gigaba: “Cero dramas, siempre smile”. Otra:
—Presentas la felicidad elevada a categoría de consumo. ¿No es mejor ser buena persona que ser feliz?
—Joder, una pregunta muy filosófica
—¿Te ha gustado? Puedes incluirla en tu próximo cuestionario.
Tras algún jugoso apunte (“Uno de los riesgos de una búsqueda implacable de la felicidad es convertirte en una mala persona muy egoísta que quiere estar bien él solo consigo mismo. Esto a veces choca con un discurso más social y de compartir las cosas”), la despedida.
—Rafael, me ha encantado. Te espero cuando tú quieras, siempre que vengas feliz y ya, supongo, sin cuestionario. Confía en mí. Confía en nosotros.

Por mi parte, sagrada profesionalidad de Buenafuente, en vos confío.

14 enero 2017

LOS RESPONSABLES DE TVE SON GILIPOLLAS


No es decir por decir. Que los responsables de TVE son gilipollas puede demostrarse. Se puede ser generoso y no considerar que es de gilipollas que un organismo estatal como Televisión Española sea multado por un organismo estatal como la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia por incumplir la Ley General de Comunicación Audiovisual estatal. Incluso se puede ser muy generoso y no considerar que es de gilipollas que en el último mes las multas hayan sido dos, una por publicidad encubierta en “MasterChef” y “MasterChef Junior” de La 1 y otra por superar el límite de tiempo de emisión dedicado a autopromociones en La 1 y La 2, lo que obliga al erario público a pagar casi medio millón de euros al erario público que podrán servir para que el erario público disponga de recursos con los que proveer de fondos al erario público con los que afrontar los pagos de multas al erario público.

Vayamos al “Telediario” del pasado miércoles. Tras varios asuntos menores, llegó el pepinazo del día: ¡la noche anterior había sido expulsado Jefferson de “MasterChef Junior”! Una completa semblanza del niño nos explica que con su expresividad y simpatía conquistó la audiencia y se metió en el bolsillo a todo el mundo. Con todo detalle, vemos cómo ríe, gesticula o llora cuando le salen mal sus ‘fish and chips’.

Dice el DRAE que un gilipollas es un necio o estúpido, y que eso es quien es falto de inteligencia, ignorante o no sabe lo que podía o debía saber. Bien, pues ya está. Si en un “Telediario” cuela como noticia una mandanga como la expulsión de Jefferson entonces es que todo vale. Los responsables de TVE deberían saber que para evitar multas lo único que hay que hacer es dejar fuera del “Telediario” más noticias de verdad de las que ya se dejan, y sustituirlas por promociones o publicidad encubierta. Según se necesite. ¿Estrenos? Toma “noticias” sobre estrenos. ¿El programa de ayer? Toma “noticias” sobre el programa de ayer. ¿Publicidad encubierta? Toma, toma y toma “noticias” sobre marcas comerciales. Y, quod erat demonstrandum, con telediarios así quienes tienen multas son gilipollas. A no ser que los gilipollas seamos nosotros por mantenerlos ahí.

13 enero 2017

CÓMO NO SER RAFA MÉNDEZ

De verdad, ser uno mismo no siempre es bueno. Depende de quién se sea. Es una perogrullada, pero a veces se olvida. Por ejemplo, en el minuto 1 de la presentación de “Tú sí que sí” Rafa Méndez, uno de los miembros del jurado, dijo con orgullo que "yo, ante todo, voy a ser yo mismo". Y tras ver su actuación durante las catorce horas que duró el espacio lo único que se me ocurre es decirle “bah, hombre, ¿y no podrías ser otro?”. No digo ser Albert Einstein ni Nelson Mandela… pero, no sé, ¿no podrías ser José Corbacho o Eva Hache? Quizá no. Cuando eres Albert Einstein o Nelson Mandela, o incluso José Corbacho o Eva Hache, puedes elegir entre ser tú mismo o ser Rafa Méndez. Pero me temo que cuando eres Rafa Méndez ser Rafa Méndez no es una elección porque no se tiene la opción de ser nadie más. Nunca se me había ocurrido verlo de esta manera, pero, ahora que lo pienso, tiene que haber en el mundo pocas cosas más tristes que una persona que sólo puede ser ella misma. Si, como pensaba Jean-Paul Sartre, estamos condenados a ser nosotros mismos, habremos de reconocer que lo de Rafa Méndez es una auténtica condena.

Entre los cientos de frases inolvidables que nos ha dejado Woody Allen mi favorita sin duda es la que dice que “lo único que lamento en la vida es no haber sido cualquier otra persona”. Apuesto a que la frase favorita de Rafa Méndez es algo así como “lo único de lo que me alegro en la vida es de ser Rafa Méndez”. No cabe duda de que esta diferencia tan grande de enfoques ha de tener que ver con el hecho de que el primero repase su vida y vea “Hannah y sus hermanas” o “Manhattan”, y el segundo repase su vida y vea “¡A bailar!” o las cansinas referencias en el programa del otro día a lo mucho que se marcaba el paquete de uno de los concursantes. Es una perogrullada decir que la gente que está atrapada en su propia individualidad es idiota, porque la propia definición etimológica de “idiota” justamente se refiere a aquél que está atrapado en su propia individualidad. Pero, bueno, también es una perogrullada decir que Rafa Méndez es Rafa Méndez y Rafa Méndez se gana la vida diciéndolo.

12 enero 2017

CACHITOS DE GLUTAMATO MONOSÓDICO


No son de hierro y cromo. Son de glutamato monosódico. Los cachitos de los que está hecho el programa más adictivo de La 2 son del aditivo E-621, que es el nombre técnico que recibe ese glutamato. ¿No les ocurre que a veces no pueden dejar de comer algunas patatitas, o alguna de las guarreridas que venden en las tiendas de chucherías? ¿No han notado una extraña sensación de abstinencia que sobreviene al terminar de comer ciertas hamburguesas de ciertos restaurantes de comida rápida, por la que en la boca queda un peculiarísimo sabor que exige seguir comiendo, una ausencia que se hace presente y por la que morimos por no morir? En efecto, les presento al glutamato monosódico, E-621 para los amigos, un aditivo adictivo, un potenciador del sabor capaz de hacer que no pudiéramos dejar de comer coliflor hervida si es que se lo añadiéramos a esa planta.

No hay otra explicación. El glutamato monosódico y la composición del programa a base de pequeños fragmentos tan bien hilados que nunca hay ocasión para apretar el botón del mando a distancia y decir “hasta aquí, ya no veo más”. Palito Ortega se enlaza con Umberto Tozzi que se enlaza con Dinarama que se enlaza con Remedios Amaya que se enlaza Europe que se enlaza con Village People… “Sultans of swing” se enlaza con “Para hacer bien el amor hay que venir al sur” que se enlaza con “Borrriquito como tú” que se enlaza con “Mammy blue” que se enlaza con “Maneras de vivir” que se enlaza con “Bailaré sobre tu tumba”… Cada clip contiene la promesa de que el siguiente será más fascinante y contendrá un texto más divertido. Una, sólo una patata más. Una, sólo una canción más. Y la promesa se cumple casi siempre con la fidelidad infalible que ha dado lugar a la aparición de unos seguidores que se autodenominan cachiters (no es coña).

Así que tengan mucho cuidado si se encuentran con “Cachitos de hierro y cromo” en medio de un zapeo distraído: como empiecen a dar algunos mordisquitos a algunas de sus imágenes no van a poder dejar de verlo hasta que termine. Y cuando acabe se van a sentir extrañamente inquietos, con un sabor de boca raro e incluso algún picor. Es el glutamato monosódico.

11 enero 2017

THE CLASH THINGS


Hay series que ganarían mucho si sus últimos capítulos se perdieran. Por ejemplo, “Stranger Things” (Netflix). Un buen arranque, unos niños-actores que no nos hacen odiar a la infancia como si fueran réplicas del dichoso Macaulay Culkin de “Solo en casa” porque se parecen más a los chicos de “Los Goonies”, mucha intriga bien llevada, secretos horribles encerrados en un siniestro complejo científico, un malo al que odiar sin contemplaciones, una madre luchadora interpretada por la estupenda Wynona Ryder con una intensidad digna de un equipo entrenado por Simeone, un poli bueno y listo como los polis buenos y listos de “Fargo”, una niña con poderes a la que amamos desde el primer minuto, luces navideñas con inquietante protagonismo… Todo bien. Pero cuando los misterios se resuelven, “Stranger Things” se convierte en una papilla paranormal que resuelve cada  pregunta con la misma huida hacia adelante que marcó el rumbo de “Perdidos” y que llevó al desastre a “FlashForward”. Más acá del final de su primera temporada, “Stranger Things” tiene otros atractivos que nos hacen perdonar su confusa deriva conspirativo-paranormal. La cultura popular de los años 80 del pasado siglo.

Si no le interesan las series de ciencia-ficción, los fenómenos paranormales y las tramas conspirativas al estilo “Expediente X”, puede ver “Stranger Things” como quien se planta ante un capítulo de “Los Simpson” dispuesto a pillar todas las referencias culturales que pueda. Así, “Stranger Things” se convierte en un divertido y apasionante reto. ¿Se ha fijado en el cartel de “Tiburón”? ¿Y en el homenaje a “Poltergeist”? ¿Ha tomado nota de todos los superhéroes que citan, de forma además pertinente, Mike, Dustin y Lucas a lo largo de sus investigaciones? ¿Ha notado la influencia de “La Cosa”, la película de John Carpenter, en la trama? Supongo que no hará falta hablar de “La guerra de las galaxias”, ni de “Dragones y mazmorras”, ni de las novelas de Stephen King… ¿Y la música? ¿Se ha dado cuenta de la importancia de las canciones de “The Clash”? ¿No le distrajo de la trama la música de “Joy Division” y de “Jefferson Airplane”? ¿Es “Stranger Things” una serie de televisión, o una especie de “Trivial” audiovisual de los 80?

10 enero 2017

A INDA LO HEMOS CREADO NOSOTROS

Es una cuestión de biología darwinista elemental. Los organismos no mutan por propia voluntad o por cumplir un deseo, sino que van adaptándose a los nuevos ecosistemas que surgen haciéndose un hueco en ellos para crecer y reproducirse. El cerdo moderno no apareció porque súbitamente algunos jabalíes se volvieran particularmente mansos y sucios, sino que es el fruto de una selección artificial llevada a cabo por los ganaderos para crear una especie con tales características. La rata parda, la urbana, la rata común, fue creada por las ciudades con su receta de humedad, calor, comida y espacios subterráneos. Eduardo Inda no es un periodista que de pronto y porque sí se pasa al lado oscuro, sino que es el resultado también de un nuevo ecosistema televisivo en donde el matonismo, la tergiversación y la falta de respeto se seleccionan como características adaptativas de éxito. Al cerdo lo creó el ganadero. A las ratas las crearon las alcantarillas. Y a Eduardo Inda lo hemos creado nosotros: las audiencias.

Digamos las cosas claras y dejemos de culpar a la lluvia de que llueva: bajo las reglas actuales del juego de las audiencias televisivas no pueden no aparecer personajes como Eduardo Inda, y si mañana decide mudarse a un monasterio japonés para dedicar su vida al mindfulness no tardaría ni dos semanas en aparecer otro que se sentaría en su silla de “La sexta noche” y protagonizaría los mismos bochornosos momentos que el original protagonizó en el programa del pasado sábado. Si mañana las ratas se evaporan misteriosamente, alguna especie de cucaracha mutaría para adoptar su estilo de vida. Si los cerdos de pronto alzasen el vuelo, en dos mil o tres mil años los humanos habríamos creado una especie funcionalmente semejante a partir de las cebras, los ñuses o los armadillos bolivianos.

Sólo hay una forma de acabar con Eduardo Inda: zapear cuando aparece. Y todas las quejas por su existencia han de dirigirse contra sus espectadores y no contra él. Lo demás es insultar a las ratas y los cerdos mientras seguimos construyendo alcantarillas y pocilgas.

09 enero 2017

LA INTROVERSIÓN DE "SHERLOCK"

Pocas clasificaciones de los caracteres humanos han tenido más éxito que la que propuso Carl Jung en los años 20, distinguiendo dos actitudes básicas para orientar la vida: aquélla en donde el psiquismo se volcaba hacia el exterior (extra-vertida), y aquélla en donde el psiquismo se volcaba hacia el interior (intro-vertida). Tan potente es esta distinción que sirve también para ordenar las series de televisión, y, así, cabría distinguir series extravertidas, en donde se nos cuenta lo que los personajes le hacen al mundo, y series introvertidas, en donde se nos cuenta lo que el mundo le hace a los personajes. Series que van de dentro a fuera y series que van de fuera a dentro. Series con protagonistas que actúan y series con protagonistas que padecen. Las series son tan plásticas que pueden comenzar siento extravertidas e ir volviéndose introvertidas con el paso de las temporadas o viceversa. Sí, amigos -amigos… ¿amigos? dios mío, ¿no queda nadie leyendo esto…?-, esta entrada trata sobre la cuarta temporada de “Sherlock”.

Porque nos gustaba más “Sherlock” cuando era más extravertido. Hablo de “Sherlock”, no de Sherlock. Sherlock es el mismo sociópata bien integrado que fue siempre, pero “Sherlock” se está volviendo introvertido. Durante las primeras temporadas, “Sherlock” mostraba a Sherlock resolviendo complicadísimos casos y salvando a la humanidad de los mayores genios del mal ever. Pero ya en la T3, y ahora en la T4, el mayor peso narrativo recae sobre las importantes repercusiones sobre el carácter de Sherlock y las relaciones con sus personas queridas que tiene el curso de esos casos. En “Un estudio en rosa” Sherlock actuaba sobre el mundo; en “Su último juramento” el mundo actúa sobre Sherlock. En “Escándalo en Belgravia” el mundo padecía a Sherlock; en “Las seis Thatchers” Sherlock padece al mundo. Sigue siendo la serie que protagoniza el calendario durante tres semanas cada dos años, pero el giro hacia la introversión puede ser el comienzo de un proceso depresivo de terribles consecuencias. The game is on, Sherlock, queremos que siga siendo un juego y es mucho más divertido cuando tú eres el jugador y no la pelota.

08 enero 2017

GRAZIE, SIGNOR SORRENTINO

El autor más delirante del momento recae sobre la institución más delirante de la historia, y “The young pope”, esta caricatura de una caricatura, esta parodia al cuadrado, se asoma al balcón de la plaza de San Pedro. Tras el brevísimo papado de “Westworld”, una fábula de Paolo Sorrentino sobre el Vaticano anuncia un nuevo orden narrativo en las series de televisión. Los congregados alrededor de las pantallas no entienden, no pueden dar crédito a lo que ven.

Se habla con frecuencia de la influencia de Fellini o Buñuel sobre la obra de Sorrentino, y no cabe duda de que es así. Pero ya se olfateaba en “La gran belleza” y en “La juventud”, y aparece aquí como un fogonazo, la mirada de Kubrick y su tenacidad geométrica, no como un mero recurso formal, sino como una obsesión temáticamente comprometida con el argumento que se está contando. Kubrick es ideal para historias irreales, emocionalmente metalizadas, para describir infiernos que no tienen que ver con las categorías cotidianas del mal. Sorrentino lo sabe, por eso Pío XIII es joven, atlético, fuma sin parar, defiende el conservadurismo por ser oscurantista y no al revés, y no le hemos visto un solo pelo fuera de su sitio en las diez horas escasas que dura la serie. La mezcla del costumbrismo mediterráneo de un Fellini con la fría extrañeza esquizoide de un Kubrick, unidos por el surrealismo que los tres comparten, convierte a Sorrentino en el autor audiovisual más interesante del momento, de los pocos que superan la prueba de fuego del buen arte: que al verlo lo de menos sea si nos gusta o no.

En ese desprecio del subjetivismo, en esa pasión ante el absurdo y en ese cierto horror por las medias tintas, el director resulta idéntico a su personaje, y aunque describe a un monstruo no puede evitar apiadarse de él y dejar rendijas abiertas para su redención. No soy creyente, pero más probabilidades tendría de convertirme a la fe un riguroso escolástico trentino como Pío XIII que un majadero buenista intelectualmente neutralizado como Francisco. Me gustaría creer en dios, pero sólo creo en Paolo Sorrentino. Así que grazie, signor Sorrentino.

07 enero 2017

ESE MAGO DESMEMORIADO



No soporto la publicidad de marcas comerciales que recurre a mensajes sociales, humanitarios o políticos para calzarnos al final su logotipo y sugerirnos que compremos sus productos. Me parece de una mezquindad indigerible. No soporto ver a una serie de famosos alabar emocionados el papel que las madres desempeñaron en nuestras vidas, lamentar la pobre definición que el Diccionario da de la voz “madre”, y descubrir que todo es un plan de Puleva para vender más leche. No soporto contemplar llamadas a la armonía nacional, uniendo izquierdas y derechas, ateos y creyentes, béticos y sevillistas, y descubrir que todo es un plan de Campofrío para vender más salchichas. El último spot, el que prendió la mecha de esta entrada, es de Balay: para vender más hornos, Balay nos trae un mensaje de igualdad laboral entre sexos, y las primeras trabajadoras de la fábrica charlan cariñosamente con las actuales, se abrazan e incluso una lagrimita, cómo no, parece querer asomar en un momento.

No conozco los casos concretos de estas empresas, claro, y puedo estar equivocado. Pero no me imagino a un directivo de Puleva realmente entristecido por cómo define “madre” la RAE, ni veo a un creativo de Campofrío diciendo a sus compañeros “muchachos, España está muy tensa, ¿por qué no aprovechamos este anuncio para intentar que no haya tantas divisiones entre nosotros?”. Más bien lo que me creo es una reunión de responsables de Balay en donde se discuten varias ideas -¿contratamos a Antonio Banderas, usamos grandes efectos especiales, le damos un toque reivindicativo con temas de gran aceptación social?- hasta que se elige una de ellas por criterios que atienden única y exclusivamente a la cuenta final de resultados de la empresa. La integración de la justicia social en el mundo del márketing como un mero recurso publicitario es el ejemplo más insoportable de la caradura del capitalismo -ese mago desmemoriado que esconde el conejo de la injusticia dentro de la chistera de la economía y luego se sorprende de encontrarlo ahí- al aprovechar en su favor sus propios defectos.

06 enero 2017

VEO, VEO


Como cada nueva órbita terrestre alrededor del Sol, estamos ante el artículo más fácil del año. Yo hago predicciones al tuntún, digo lo que me sale de los poderes porque sí, suelto las palabras “oculto”, “misterio” y “extraño” para crear un clima de todo vale, ustedes asienten con la mente abierta como boborolos (decir “algo habrá”, “¿por qué no?” y “nos ocultan la verdad” permite a uno sentirse más listo que los demás), y, hala, a cobrar por nada como hacen tantos y tantos que se dedican al timo más viejo del mundo.

Veo, veo algo oculto: que los espíritus seguirán enviando mensajes del más allá, pero poco claros; que los espectros seguirán saliendo en fotos, pero poco claras; y que los fantasmas seguirán ofreciendo pruebas de su existencia, pero poco claras. Así los cuentistas podrán seguir viviendo del cuento. Veo, veo un misterio: que los cientos de reportajes que hay sobre alienígenas, extraterrestres y ovnis no continuarán chocando con las evidencias científicas, que con eso ya contamos, sino que seguirán construyendo relatos fantasiosos que resultan contradictorios entre sí, pero no pasa nada que aquí vale todo. Veo, veo algo extraño: que Íker Jiménez dirá aún más patochadas que antes porque Mediaset gana más dinerito desde que añade a las patrañas de “Cuarto milenio” los embustes de “Cuarto milenio zoom”.

Precisamente Jiménez dedicó el “Cuarto milenio zoom” de anteayer a las predicciones de principios de año. Qué oculta, misteriosa y extraña coincidencia: ¡igual que estamos haciendo aquí! Podría quejarme porque él gana más que yo por lo mismo, o sea, por nada, pero no sería justo. Él usa mejor iluminación porque apaga las luces como nadie. Él es mejor investigador porque va a los sitios de noche. Él maneja un vocabulario más amplio y además de “oculto”, “misterioso” y “extraño” dice “inquietante”, “desconcertante” y palabras así de mucho miedo. Él se queda mirando a cámara con una cara de intenso que es muy difícil poner sin que te dé la risa. Y, en fin, siempre hubo embaucadores mejores y peores; y el maestro es el maestro.

05 enero 2017

TELEVISIÓN EDUCATIVA "MASTERCHEF JUNIOR"


Los peques tienen ilusión por “MasterChef Junior” y lo menos que podían hacer los Reyes Magos es traerles esa retahíla de productos que sacó TVE para rentabilizar la marca. Así podrán jugar a cocinar como los niños de “MasterChef Junior”, a molar como los niños de “MasterChef Junior” y a ser famosos como los niños de “MasterChef Junior”.

Los mayores se pasan el curso haciéndoles la vida imposible. Empezando por los profes, que son unos pringaos que ni son famosos ni nada y se empeñan en obligar a los infelices a estudiar un montón de cosas aburridas que solo sirven para convertirse en unos pringaos como ellos. Pero no engañan a nadie. Si estudiar fuera importante, en la tele pública habría programas chulos sobre matemáticas, lengua y cosas de esas. ¿Los hay? Pues eso.

Lo que no se entiende es que el Gobierno tenga claro lo que es importante para los niños y encargue a TVE programas guays como “MasterChef Junior”, pero luego ponga en clase unas asignaturas horribles que no enseñan cosas importantes como decorar tartas, hacer ‘cupcakes’ o batir nata montada. Los quebrados, los morfemas y el ciclo del agua que se vayan a freír churros. Mira, freír churros, eso sí que está bien. Si de verdad el Gobierno quiere mejorar la calidad educativa, que sea coherente con las enseñanzas de “MasterChef Junior” y convierta los coles en escuelas de hostelería.

Mientras llega ese día, los Reyes Magos colaboren trayendo a los niños el libro “Mis recetas de MasterChef Junior”, el libro “Las recetas más molonas de MasterChef Junior”, el libro “Recetas para cocinar con niños de MasterChef Junior”, el libro “Grandes recetas para pequeños chefs de MasterChef Junior”, el “Juego de cuchillos de MasterChef Junior”, el chisme de “La fábrica de pasta de MasterChef Junior” y el de “Junior Cake Party de MasterChef Junior”. Y, para que jueguen a ganar el gorro de chef, el “Juego de MasterChef Junior”. Y, para que jueguen con pegatinas y recortables, el libro “Juega con MasterChef Junior”. Y, para que pasen unas vacaciones instructivas de verdad, una estancia en el “Campamento MasterChef Junior”. ¡Y luego dicen que no hay televisión educativa!

04 enero 2017

CHUCK NORRIS EN SAQQARA


Vivimos en un mundo televisivo en el que pueden coincidir en una tarde de invierno un capítulo de la alucinante serie documental, o así, “Camioneros de Australia”, una entrega de la alucinógena “Sí, quiero ese vestido”, un episodio del alucinado “docureality” “Te decoro tu mansión”, la remisión de las alucinantes, alucinógenas y alucinadas aventuras del ranger Cordell Walker interpretado por Chuck Norris y el episodio I de “La guerra de las galaxias”, todo ello sin que se derrumben los pilares de la mitología galáctica alumbrada por George Lucas. ¿Se enfadará el señor Lucas al saber que el joven Annakin compite con un camionero australiano, una jovencita preocupadísima con su vestido de boda, un tipo que tiene una mansión para decorar y un ranger de Texas de patada fácil? Pues no. ¿Y por qué no? Pues porque Lucas piensa como Le Chiffre, el archienemigo de James Bond en “Casino Royale”, cuando le preguntan si cree en Dios: “No, yo creo en una tasa de retorno óptima”.

El negocio alrededor de “La guerra de las galaxias” exige una tasa de retorno óptima que no hace ascos a nada porque, como todos los aficionados sabemos, el aura de “La guerra de la galaxias” no se pierde con el descenso de “La amenaza fantasma” al abismo de la programación de tarde ni con la emisión en una cadena tan poco glamurosa como Factoría de Ficción de lo que un día fue el esperadísimo retorno de la saga galáctica. Así que la Fuerza de un jedi puede competir con la fuerza de un ranger de Texas porque Dios no tiene nada que ver con la audiencia televisiva. Bien. Pues sostengo que todo esto da la razón al arqueólogo Zahi Hawass cuando dice en el documental “Salvar la pirámide más antigua del Egipto” (National Geographic) que la pirámide del faraón Zoser en Saqqara debería estar abierta al público porque pertenece a todo el mundo. ¿Acaso el aura de la pirámide escalonada se perdería si se permitiera la entrada a camioneros australianos, mujeres sin vestido de novia, ricos con mansión y rangers de Texas expertos en artes marciales? ¿La tasa de retorno óptima de los grandes monumentos del mundo antiguo no necesita de turistas como usted y como yo, además de los cuidados y la sabiduría de los arqueólogos? Si “La amenaza fantasma” puede emitirse un miércoles por la tarde en Factoría de Ficción sin que los jedis pierdan su atractivo, entonces Chuck Norris también tiene derecho a visitar la pirámide más antigua de Egipto sin que Osiris se enfade.

03 enero 2017

"PRETTY WOMAN", UNA PELI PARA SOÑAR


En una serie infinita, como la que se esconde en los decimales de pi o la raíz cuadrada de dos, cualquier combinación posible de números aparecerá necesariamente tarde o temprano. Para bien y para mal. Peor es el año nuevo televisivo. El día uno sabemos que abrimos una libreta con 365 páginas en blanco. A diferencia de los decimales de pi, como la serie televisiva anual es finita, no podemos decir que necesariamente ocurrirá cualquier suceso posible. Excepto una desgracia que es casi fijo que se cumplirá: la emisión de “Pretty woman”. Da igual que nos pongamos patas arriba o patas abajo, porque uno de los 365 días del año la tele repetirá el milagro y volverá a programar “Pretty woman” para que un mínimo de dos millones de personas, en su mayoría mujeres, vuelvan a suspirar viendo lo bonita que es la prostitución ejercida por la mujer, lo seductor que es el dinero manejado por el hombre, y lo maravillosa que resulta la compraventa como forma de relación personal cuando el comprador es guapo guapísimo y la comprada divina de la muerte.

Acabamos 2016 con una alarmante sensación de desconcierto. Nadie sabe por qué, ese año la tele no emitió “Pretty woman”. Qué desazón. Ya lo había hecho 20 veces desde 1994 (de forma ininterrumpida desde 2005 a 2015, con doble pase en 2012), pero el año pasado falló. Fue horrible porque nos pasamos 365 días esperando la desgracia y la espera fue aun peor. ¿Pasaría lo mismo en 2017? ¿Cuánto tiempo se prolongaría la agonía? ¿Qué es más noble para el alma, sufrir los golpes y las flechas de la incertidumbre o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrarse de bruces cuanto antes con “Pretty woman”?

Hay buenas noticias. Telecinco empezó el año con una buena obra. Programó esa mierda de película la noche del uno de enero. Así, nada más empezar 2017 nos quitamos la preocupación y el resto del año podremos ver la tele más tranquilos. Si todo va bien, hasta 2018 no habrá que volver a preocuparse. Ya solo hace falta que Telecinco la emita siempre cada uno de enero; si puede ser, mientras dormimos la mañana. ¡Es una peli para soñar!

02 enero 2017

HASTA LA ÚVULA DE LA SUERTE


Las cadenas de televisión deberían dejarse de pamplinas y anunciar cuál va a ser la que no va decir en Nochevieja “de la suerte”. No importa si rellenan los últimos minutos del año con tonterías que en casa nadie sigue porque estamos gritando “¡Calla, que no se oyen las campanadas!”. O si perpetúan estereotipos colocando en pantalla unos señores simpaticotes y con ropa acompañados de unas mozas despampanantes que, con apenas un par de pámpanos, van desvestidas para la ocasión y la neumonía. Incluso pueden crear su propia tradición, como Antena 3, que siempre saca a Cristina Pedroche con el mismo vestido que doce meses después lucirá Dabiz Muñoz en Twitter para promocionar su carrera de hombre espectáculo. Porque lo fundamental, lo que deben advertir las cadenas es si durante las preuvas, uvas y postuvas, van a decir “de la suerte”.

Nada hay más rentable que señalar que un producto es “de la suerte”. Ningún ingrediente hay que, sin gasto alguno, logre que cualquier cosa quintuplique su precio. No hace falta invertir en I+D+I, basta con añadir a lo que ya hay la etiqueta “de la suerte”. Que inventen ellos materiales, productos y chismes nuevos; a nosotros nos vale con que los viejos sean “de la suerte”. La recuperación económica, el crecimiento de la demanda interna y el aumento de PIB nos esperan detrás del cartelín “de la suerte”. Un pozo abierto en un lugar frecuentado es un peligro; pero se transforma en un recurso económico si lo rebautizamos como pozo “de la suerte”. A la mierda las costosas denominaciones de origen; preferimos el queso, vino o jamón a precio de oro si son “de la suerte”. Nos quejamos del coñazo que es comer cinco piezas de fruta al día, pero tragamos doce uvas si son “de la suerte”. ¿Antioxidantes, fósforo, potasio, hierro y vitaminas? Solo si son “de la suerte”.

Pero hay disidentes. Quienes estamos hasta la úvula de la suerte queremos seguir comiendo las uvas sin que nos deseen una feliz Navidad de la suerte y un próspero año nuevo de la suerte. Por eso pedimos que una cadena nos garantice que retransmitirán las campanadas, mas tendrá sentido; uvas serán, mas no uvas de la suerte.