29/2/08

TIP Y COLL

Como están siendo televidentes buenos y se están zampando toda la papilla electoral sin rechistar, es justo que, eh…, bueno, vale, están rechistando; pero como están siendo televidentes buenos y se están zampando toda la papilla electoral, se merecen que, eh…, de acuerdo, cuando llega la papilla electoral cambian de canal; pero aún así vamos a darles un descanso contando varias noticias curiosas del mundo de la tele que no tienen nada que ver con la política.

La cadena italiana Rai acaba de ser multada por emitir a las 21,51 horas un episodio de “Perdidos” en el que, en una aldea nigeriana, unos soldados obligaban a un niño a asesinar con una pistola a un anciano indefenso. Un error que les costará, 100.000 euros, aunque habrá quien no lo considere un error: apenas faltaban unos minutos para que acabara la franja horaria de “televisión para todos”.

La estadounidense Fox Television acaba de ser multada por emitir un reality show en el que los concursantes asistían a unas despedidas de soltero y se mostraban actitudes abiertamente sexuales con los ‘boys’ y las ‘strippers’. Un error que les costará 91.000 dólares, aunque habrá quien no lo considere un error: Bill Clinton demostró que el sexo oral no es sexo, así que masajear, acariciar o lamer nata sobre los pechos desnudos no tiene por qué ser “indecente” (siempre que nata esté pasteurizada, claro).

La cadena estatal Vatan (de Turkmenistán) acaba de reestructurar su plantilla porque en las noticias de la noche una cucaracha se paseó entre los papeles del presentador. Un error que le cuesta el despido a más de 30 trabajadores, aunque habrá quien no lo considere un error, sino un despiste del personal de limpieza.

Y ya está. Demostrado una vez más que es imposible hablar de cualquier cosa (y menos de la tele) sin hablar de política, me despido. Y si tuviéramos las agallas de Tip y Coll, en próximo artículo, hablaríamos del Gobierno.

28/2/08

UN VOTO MÁS, UN INDECISO MENOS

Vale: los dos repitieron lo que ya les habíamos oído decir mil veces, así que habrá que echarle imaginación si queremos que la cosa dé de sí. Vamos allá.

Qué combate, señores, qué combate. Aún están fuera del cuadrilátero y ya tenemos a Zapatero (Z) adelantándose a Rajoy (R). R tenía por sorteo el turno inicial y podía marcar los tiempos, pero Z sabe que quien golpea primero, golpea dos veces, así que antes de que se dé comienzo oficial el combate… ¡se pone a charlar amigablemente con el árbitro Campo Vidal (CV)! R mantiene un rictus de sonrisa mientras busca dónde posar la mirada. Parece confundido ante este golpe bajo. CV sabe que se la juega, así que intenta ser ecuánime y le dirige la palabra a R, pero Z reacciona reanudando la charla. R vuelve a sonreír mirando a ninguna parte. Z aprovecha el momento de debilidad de R y lo acorrala contra la esquina ¡dándole la mano! Qué mal. CV no penaliza el juego sucio y los púgiles van a ocupar su rincón en el cuadrilátero.

Gong. R comienza el combate vistiendo corbata granate a juego con un fondo de tonos granates. Z responde vistiendo corbata azul a juego con un fondo de tonos azules. Es curioso, porque ambos golpean ocasionalmente con gráficos en los que el color rojo representa a Z y el azul a R. Esperemos que esto no confunda a los jueces. R acusa los golpes del inicio antirreglamentario y la cámara le pilla con la mirada perdida. Aunque R abre los ojos como platos no mira a su oponente: Z trae las cejas especialmente afiladas. El uso de logotipos no estaba negociado, así que en el próximo combate habrá que pedir que Z elimine las cejas o que se permita a R ir tatuado con dos gaviotas en la frente que compensen y faciliten el juego limpio.

Intercambio técnico de golpes. R amaga con un boli en las manos. Es un truco que ya usó en “Tengo una pregunta para usted” para tener las manos ocupadas. Juego de piernas y de números. “Las cifras macroeconómicas que da ni interesan ni se entienden”: R castiga a Z… ¡mientras da cifras macroeconómicas! Directo a la cara. R quiere llevar a Z a su terreno, la inmigración, pero Z se escabulle: no quiere que R lleve la iniciativa. Z, que puso la silla graduable más alta, contraataca echando el cuerpo hacia delante y señalando con el dedo. Además interrumpe. R no se amilana, aprende la lección y comienza a interrumpir. CV los separa. No quiere juego sucio pero lo hay. R acusa a Z de mentir, Z a R de insultar y R a Z de agredir. Intercambio rápido de golpes. Sangre.

Último asalto. R desea que una niña tenga familia, vivienda y padres con trabajo. Desconcierto. Recuerda aquella canción de los Stranglers que parodiaba a Carmencita Franco: “Yo deseo que todos los niños españoles tengan una casa alegre con cariño y con juguetes…”. Z prefiere el cine y se despide con un “Buenas noches y buena suerte”, un final de película para quien está convencido de ser tan guapo como George Clooney. Se sabe vencedor por haber dicho las palabras mágicas “Javier Bardem”: ya tiene el voto que El Follonero había prometido, en su programa de la Sexta, a quien le lanzara ese guiño. Un voto más, un indeciso menos. ¿O no se trata de eso?

RECEMOS POR QUE SE SEPA

En el siglo XIX, la esposa del obispo de Worcester no recibió con mucha alegría la teoría de la evolución de Charles Darwin: “¡Descendientes de los monos! Dios mío, esperemos que no sea verdad, pero si lo es, ¡recemos por que no se sepa!”.

Tiene sentido. La realidad no deja de sorprendernos y a veces cuesta asumir las noticias que uno encuentra. Un caso: ¿puede una persona sin oficio ni beneficio conseguir oficio y beneficio de su afán por obtener beneficio sin tener oficio? O sea, ¿puede alguien lograr ser un currante y fichar como cualquier hijo de vecino gracias a que está dispuesto a cualquier cosa con tal de no ser un currante y fichar como cualquier hijo de vecino? Pues sí. Como en el caso de la teoría de la evolución, hay pruebas que lo demuestran. La justicia obliga a TF1, la cadena privada de mayor audiencia en Francia, a hacer trabajadores fijos a tres concursantes de un programa de telerrealidad, así que toda la industria audiovisual del mundo que vive de los reality shows no estará demasiado contenta: “¡De profesión concursante! Dios mío, esperemos que no sea verdad, pero si lo es, ¡recemos por que no se sepa!”.

Un programa tipo “Supervivientes” emitido en Francia acaba de ser condenado a pagar 70.000 euros a tres concursantes por trabajo disimulado, ruptura abusiva y despido irregular. Y eso no es lo peor, sino los derechos laborales que conlleva. Según la sentencia, los concursantes no están jugando a hacer el tonto (o, simplemente, nada) mientras las cámaras graban, sino “trabajadores remunerados” que deben hacer tareas concretas en determinados horarios. Qué cosas, querían concursar para vivir sin trabajar y esa puede convertirse en su profesión con tarifa horaria, vacaciones y derecho de huelga. En estas condiciones la telerrealidad sería inviable. Dios mío, ¡recemos por que se sepa!

27/2/08

LA PASIÓN DE LOS TUDOR

La Historia es una gran guionista. La Historia ha firmado el guión de la serie “Los Tudor” (Canal +), y los recovecos de Enrique VIII no tienen nada que envidiar a los recovecos de Tony Soprano en “Los Soprano”. ¿Es Enrique VIII un Tony Soprano con corona, algo más de teología y un poco menos de ansiedad? Puede que sí, pero puede que no. En todo caso, al igual que seguimos con los ojos abiertos y la boca cerrada los engranajes que hacían funcionar a “Los Soprano”, el pasado lunes acompañamos por última vez a Enrique VIII en su lucha contra el papado y en favor del sexo.

La Historia es una gran guionista, sí, pero el ángulo siempre modifica el lápiz que la escribe. “Los Tudor” se parece a veces demasiado a “La pasión turca”, y aunque no niego que el sexo puede mover a una señora de provincias a mudarse a Estambul o a un rey a divorciarse de una reina de lo más profesional, hay algo más allá de los placeres de la cama y de la carne. La lealtad de Enrique VIII se orientaba hacia Dios, no hacia la Iglesia. La lealtad de Desideria en “La pasión turca” se orientaba hacia Yamam, no hacia el matrimonio cristiano. Pero hay una diferencia entre Enrique y Desideria: el rey de Inglaterra se declaró la máxima autoridad tanto en temas espirituales como temporales, de tal forma que se casó con Ana Bolena, su “pasión turca”, construyó una iglesia anglicana independiente de Roma y se apropió de las riquezas de casi todos los monasterios del país. Acabáramos. No era sólo sexo. No se trataba sin más de la pasión de un hombre por una mujer. El amor, o el sexo, por sí solos no mueven montañas ni obligan a los reyes a enfrentarse al Papa. Desideria lo dejó todo por Yamam. Enrique VIII lo consiguió todo por Ana.

“Los Tudor” y “La pasión turca” se parecen porque la televisión tiene tendencia a favorecer ángulos de la historia muy fotogénicos. El sexo puro puede cambiar la vida de Desideria, pero no la historia de Europa. “La pasión de los Tudor” es una prueba más de que la Historia es una guionista con miles de caras, ingenio inagotable y éxito de audiencia asegurado. Y la Historia, además, jamás se pone en huelga.

26/2/08

UN DÍA LUZ

Miren esa estrella. Es la más cercana a nuestro Sistema Solar y se llama Próxima Centauri. A pesar de su cercanía se encuentra a 4,23 años luz de la Tierra. Eso es una cantidad de kilómetros descomunal. Cuando la luz que ahora impresiona nuestras retinas salió de Próxima Centauri el presidente de la República Francesa era Jacques Chirac. En el Reino Unido gobernaba Tony Blair. El ministro del Interior español era Ángel Acebes y todavía no habían ocurrido los atentados del 11 de marzo de 2004. Ahora miren esa otra estrella. Se llama Vega y está a 26 años luz de nuestro planeta. Vemos hoy la luz que Vega emitió más o menos cuando Felipe González ganó por primera vez las elecciones generales y accedió a la presidencia del Gobierno. Ronald Reagan también se encontraba en los primeros años de su mandato. China vivía bajo la mano de hierro de Deng Xiaoping. Es una pena que a simple vista no podamos ver el racimo de galaxias Virgo. Se encuentra a 59 millones de años luz. Pero un buen telescopio nos permitiría ver la configuración que tenía cuando los dinosaurios se acababan de extinguir en nuestro planeta y comenzaba a abrirse paso un nuevo diseño de animales, los mamíferos, cuya evolución daría lugar a ejemplares como Chirac, Blair, Acebes, González, Reagan o Xiaoping.

Esta columna se encuentra a una distancia de un día luz de ustedes. Las frases que leen ahora fueron escritas antes del debate. Están viendo una luz que viene de una época en la que no se sabía si el cara a cara lo ganó Rajoy o Zapatero. No se conocía la anécdota del enfrentamiento, la frase ésa que dijo Zapatero con la que quedó tan mal, el error de Rajoy al responder no sé cómo. Estas palabras se escribieron cuando el PSOE comenzaba a romper a su favor el empate técnico que mantenía con el PP. Es sólo un día luz, pero en periodismo un día luz puede ser un palmo de espacio sin importancia o una distancia mayor que la que nos separa de Virgo y de la época en la que un gigantesco meteorito acabó con buena parte de la vida del planeta.

NO ES PAÍS PARA ABURRIDOS

Daniel Day-Lewis es un actor de extraordinario talento. Nadie lo puede poner en duda. El Oscar al Mejor Actor Protagonista que ganó el pasado domingo es completamente merecido. Pero eso no quita para que también todos sepamos que el Daniel Plainview de "There will be blood" es un personaje absolutamente agradecido, que otros muchos actores de carácter podrían haber hecho igual de bien. Se trata de un personaje de extremos y eso es siempre ideal para que un actor se luzca. Tommy Lee Jones, en "En el valle de Elah", por ejemplo, realiza igualmente una interpretación magistral, aunque su personaje transita más por la normalidad y por tanto llama menos la atención la tarea de revelar ante la pantalla su arquitectura emocional.

Marion Cotillard es una actriz de extraordinario talento. Nadie lo puede poner en duda. El Oscar a la Mejor Actriz Protagonista que ganó el pasado domingo es completamente merecido. Pero todos reconocemos que interpretar a la Môme Piaf de "La vie en rose" es un caramelo envuelto en un vestido negro que habría sido rechupeteado con igual perfección por cualquier actriz que llegue al notable alto. Se trata de un personaje de extremos, que deja al espectador clavado en la butaca y lo condena a pensar que está viendo a una imitadora cada vez que en el futuro vea a la auténtica Edith Piaf. Es cierto, pero, por ejemplo, Laura Linney en "La familia Savages" borda también un plato delicioso con ingredientes más baratos y con menos posibilidades.

Javier Bardem es un actor de extraordinario talento. Nadie lo puede poner en duda. El Oscar al Mejor Actor de Reparto que ganó el pasado domingo es completamente merecido. Pero a nadie se le escapa que el Anton Chigurh de "No es país para viejos" es un individuo límite, de ésos que sólo tienen medio cuerpo dentro de la especie humana ya que la otra mitad se interna en lugares de los que nunca se vuelve, y ahora mismo yo podría nombrar una docena de actores que con la ayuda del mismo peluquero se hubieran llevado también el premio de la Academia. Frente a esto Tom Wilkinson en "Michael Clayton", por ejemplo, afronta el trabajo de construir un ser humano de cuerpo completo, y lo consigue sin que su estilista esté siendo comentado por nadie.

La gala de entrega de los Oscars es un espectáculo de extraordinario talento. Nadie lo puede poner en duda. Las cuatro largas horas que los fanáticos de los mil mundos que encierra el cine volvimos a contemplar un año más durante la madrugada del lunes fueron de nuevo una fascinación mantenida de monólogos que se clavan como agujas de acupuntura, montajes de matemática visual y escenografía de tiralíneas chillout. Pero nadie duda de que la propia lógica de la entrega de premios a ídolos de la imagen facilita enormemente la tarea de convertirse en el canon planetario de lo que es un espectáculo. Eso sí, a diferencia de lo que pasaba con Day-Lewis, Cotillard o Bardem, a mí no se me ocurre ningún país que pudiera igualar a los Estados Unidos en la realización de esta gala. Hace falta ser la capital del imperio para alcanzar ensoñaciones tan mentirosas y tan seductoras. No es país para aburridos.