31/3/09
MALA REPUTACIÓN
Flipa, colega, pero para ahorrar gastos el Estado va a hacer un programa de televisión que no se paga con todo lo que lleva ahorrado Antena 3 desde que empezó a reemitir los mismos capítulos de “Los Simpson” hace tres lustros. ¿Ahorrar gastándose un pastón? ¿Que no? Pues de eso se trata. Mira tú a ver si no: para hacer un único programa en directo un día por la mañana, un día de esos que para la audiencia no es ni fu ni fa y que igual ni se acuerda de encender la tele, va a llevar un ejército de desembarco a la playa de El Sardinero en Santander. Pero no un ejército de pega para hacer un desembarco de pega, que eso se podía resolver con un par de efectos especiales resultones. Lo que van a hacer es llevar un ejército de verdad, formado por varias unidades de la Armada de verdad a hacer un desembarco de verdad con un buque de asalto anfibio de verdad en una playa de verdad. Con un par. Bueno, con un par y apoyados por una moderna fragata F-100. Una fragata de verdad, claro. Igual que los aviones de despegue vertical Harrier. Porque ese día también va a haber aviones Harrier haciendo despegue vertical. Eso por no hablar de los helicópteros de verdad y de una patrulla de aviones de guerra de verdad haciendo un bonito espectáculo de luz y color para que los españoles lo podamos disfrutar desde nuestras casas sin perder detalle, que para eso lo pagamos.
¿Y cuál es el ahorro de semejante gasto? Esto es lo mejor: el ahorro está en que el programa de televisión no va a necesitar el despliegue de 1.800 militares, ni de 45 aviones y helicópteros ni de 86 vehículos de todo tipo (desde carros de combate a artillería autopropulsada). De hecho eso fue lo que se necesitó cuando se hizo el año pasado el mismo programa de televisión: “Desfile del Día de las Fuerzas Armadas”.
Luego, y esto ya es aparte, está la cuestión de si el programa gusta o no. Hay a quien le encanta, es cierto, pero también lo es que hay unos cuantos con mala reputación a los que la música militar nunca nos supo levantar.
30/3/09
COMO UN GILIPOLLAS
Un poco de consideración, por favor, que no somos tontos. Que no nos vengan ahora con tonterías de ese calibre, que ya no cuela. Que muy listos no seremos, pero viendo la tele uno siempre aprende algo y espabila un poco. Y además esas correrías de “El último superviviente” no hay quien se las crea. Es un programa que hace tiempo emiten en Discovery Channel (y últimamente también en Cuatro los domingos por la mañana) y que podría estar bien porque es entretenido, pero es que nos tomas por tontos.
Pero vamos a ver, almas de cántaro, ¿quién se va a creer que siguiendo las enseñanzas de Bear Grylls podríamos sobrevivir sin recursos y sin ayuda en cualquier lugar del planeta? Eso es imposible. El tipo este un día sobrevive en el desierto del Sahara, otro en las Montañas Rocosas, otro en la jungla de Costa Rica, otro en los volcanes de Hawai. A él le da igual. Se busca la vida donde sea. Y sólo va con lo puesto y una navaja de boy scout. Hace refugios para dormir, saca agua de debajo de las piedras, aprovecha todo lo que encuentra, pesca y caza donde nadie lo haría, come mofetas, serpientes, escarabajos, orugas de cuerpos en descomposición, cualquier cosa. Como si eso de comer, beber y dormir fuera importante para sobrevivir. ¡Ja! ¿Y para qué sirve eso si luego van tus compañeros, te nominan y los espectadores votan para que te expulsen?
En Cayo Paloma, Honduras, querría yo ver a Grylls. A ver cómo se enfrentaba a las pruebas de inmunidad y de recompensa de Jesús Vázquez, al equipo de las chicas, al palafito, a Juanito “El Golosina”, al resumen diario, a la gala semanal, a Jorge Javier Vázquez y su troupe de colaboradores en “Sálvame”, a los cotilleos de “El debate” que organiza Daniel Domenjó los domingos por la noche, a los mensajes SMS del público. En “Supervivientes” querría verle yo, pegado a la navaja como un gilipollas, madre, como un gilipollas.
29/3/09
PAT SARDÁ
De entre todas las leyendas, fábulas y anécdotas que inundan los primeros cien años de la música de jazz yo me quedo con la increíble historia de Pat Martino. Se trata de un brillante guitarrista italo-americano, nacido en el sur de Filadelfia, al que se le diagnosticó un peligroso aneurisma cerebral en 1980 que le obligó a someterse a una complicada intervención quirúrgica. Todo salió bien salvo por un pequeño detalle: tras la operación Martino no recordaba nada de la música de jazz, no recordaba nada de la guitarra, no recordaba nada relacionado con su carrera profesional de las décadas anteriores. La neurocirugía le había provocado amnesia. Así que hubo que volver a empezar, y el bueno de Pat tuvo que aprenderlo todo de nuevo tomando sus viejas grabaciones como el material de estudio. Examinando detenidamente sus viejos discos y algunos de sus conciertos grabados en vídeo Pat Martino aprendió de nuevo el noble oficio de guitarrista de jazz. El amnésico Pat Martino consiguió volver a los escenarios y continuar su carrera musical gracias a las enseñanzas de un profesor que resultó ser él mismo años antes.
Esta historia nos demuestra que hasta el mismísimo Javier Sardá podría volver a hacer buena televisión. Todos recordamos al Sardá previo al aneurisma cerebral que le supuso "Crónicas Marcianas". Recordamos con placer al señor Casamajor, "Juego de niños", incluso los primeros pasos del posteriormente nefasto late night de Telecinco. Y después el abismo cerebrovascular, la amnesia retrógrada completa. "Dutifrí" fue la obra sin pasado de un hombre sin memoria. Y el anuncio de la llegada de "La tribu", el nuevo show de Sardá en Telecinco, ha despertado el interés de los neurólogos amantes del jazz del mundo entero. Xavier podría volver a ser un gran showman televisivo si se tomara el trabajo de partir de cero y aprender de nuevo el oficio tomándose, por ejemplo, a sí mismo como profesor. Igual que hizo Pat Martino. Si no lo hace, "La tribu" no pasará de ser el delirio amnésico de un paciente afectado de un aneurisma fatal.
28/3/09
HOUSE: CAPÍTULO 100
Con motivo de la emisión en nuestro país del capítulo 100 de "House" cabría repasar alguna de las características más destacadas de tan exitosa serie:1. sus episodios poseen probablemente los esquemas más rígidos, repetitivos y previsibles de la historia de la ficción televisiva. Siempre es lo mismo: escena inicial de ambientación variada en donde le da un pachungo muy aparatoso al que menos se espera, discusión del equipo médico acerca del diagnóstico, cuando se cree que se ha encontrado la causa del problema un nuevo síntoma lo desconcierta todo, parece ser cáncer, parece ser lupus, parece ser autoinmune, de pronto hablando de otro asunto House encuentra un paralelismo con el paciente y, zas, caso resuelto;
2. una mitad de sus diálogos es completamente incomprensible por el nivel de enrevesamiento emocional y la densidad de las redes afectivas en las que están enredados los protagonistas, -todo es una ironía sobre un sarcasmo sobre una paradoja para provocar una manipulación emocional que produzca un efecto contrario al aparente-; la otra mitad de sus diálogos es completamente incomprensible por la terminología médica usada, -"es kawasaki", "no, el kawasaki combinado con la warfarina hubiera provocado un aumento de los granulomas corticomediales"-;
3. sus casos son ciencia ficción, la serie entera pertenece al género de la ciencia ficción. Un batallón de cien mil médicos podrían estar ejerciendo toda su vida sin encontrar un sólo caso de los que le caen a House semanalmente. Pacientes con cáncer de mama en la rodilla, niños que eyaculan porque absorben hormonas sexuales de los abrazos que les da el padre que está usando una crema para aumentar su potencia sexual, mujeres que sangran por todo el cuerpo durante la regla debido a que una operación les introdujo accidentalmente células endometriales en el torrente sanguíneo.
"House" es previsible, incomprensible e inverosímil. Entonces ¿por qué, por qué, oh, dioses de la televisión, estoy tan obsesivamente enganchado a ella y no me puedo perder ni un solo minuto de un solo capítulo?
27/3/09
MÁS QUE SU MUERTE
Quiero más. Se puede saber casi todo de Jade Goody, pero quiero más. Quiero conocer hasta el último detalle sobre la mujer que comenzó en el “Gran hermano” británico, rompió fronteras, trascendió la Commonwealth y acabó de reina madre del cotilleo universal. Quiero saberlo todo de la gran hermana que demostró que nuestros grandes hermanos patrios (¡incluso un profesional como Kiko Eldegranhermano!) a su lado no son más que aficionados alimentando la mayor y más perfecta maquinaria mediática construida jamás, mayor y mejor incluso que la que perfeccionan y nos regalan los grandes imperios cada vez que hacen una guerra desde los tiempos en que Ramsés II vendió como gran victoria personal lo que apenas fueron tablas con el imperio Hitita en Kadesh.Comenzó en 2002 vendiendo unos cuantos días de su vida en directo a la telerrealidad. Le fue bien y a quien se la compró también, así que la relación prosperó y luego le compraron muchos más días, sus relaciones personales, sus insultos racistas, sus dimes y diretes, su terrible enfermedad, su dura convalecencia, su traumático tratamiento médico, su boda desesperada, el bautizo de sus hijos, su lenta agonía y su muerte anunciada. Y ahora que la maternidad la ha redimido podremos ver su funeral con más detalle y con panegíricos más floridos que los que tuvo Juan Pablo I, que ya es decir. Pero eso es poco y yo quiero más.
Quiero ver lo que falta. Quiero que la tele que nos ha enseñado que no hay límites nos lo muestre todo sin límites: la letra pequeña de los contratos que firmaba, el porcentaje de ganancias en el reparto de beneficios, la negociación de los detalles más escabrosos, los pactos cómplices, los acuerdos secretos, los apaños y chanchullos. Todo. Eso sí que me pone. Más que su enfermedad y su convalecencia. Más que su vida. Más que su muerte.
26/3/09
TODO ESTÁ EN TODO
Hay series que se parecen mucho a otras. Pero no porque sean una adaptación, eso sería algo normal. Es que hay series que se parecen a otras de la misma sospechosa manera en la que se parecen los libros de Jorge Bucay o Ana Rosa Quintana a otros libros a los que no deberían parecerse tanto. Le pasó a aquella familia de “Dinosaurios” con la familia Simpson, a “Cuéntame” con “Aquellos maravillosos años”, y, más recientemente, a “Acusados” (noche de los miércoles en Telecinco) con “Damages” (en España, “Daños y perjuicios”). Pero lo de “Doctor Mateo” es otra cosa. Es que se parece a todas las series de la historia de la televisión. Peor aún, es que se parece a todas a la vez.

Cuando Antena 3 presentó una nueva serie para la noche de los domingos advirtió de que se trataba de una adaptación de la británica “Doc Martin”. Aquí no vimos esa serie, así que “Doctor Mateo” se nos pareció a otras que sí conocíamos. Primero pensamos en “Doctor en Alaska”: San Martín del Sella es Cicely y a Gonzalo de Castro le tocó hacer de Joel Fleischmann con un punto de la acidez y mala leche de House. Pero, claro, eso de que un cirujano de éxito que marchara de Nueva York a un pueblín porque le daba por ahí, recordaba mucho a “Everwood”. Y anda que esa pareja de chapuzas en furgoneta no era clavadita a la de “Manos a la obra”. Quien conoce la autonómica gallega dice que de eso nada, que es un calco de una serie que triunfa allí: “Padre Casares”. Ya, pero es que tanta escena en el bar del pueblo acaba haciéndonos creer que aquello es Boston y estamos en “Cheers”. Y el perro ese que merodea por allí es para el doctor Mateo lo que era el jack russell terrier Eddie para Frasier Crane. Y tanto mar, ¿no es como “Sandokán”?
Antena 3 debería organizar en Lastres un congreso de un mes para analizar este fenómeno durante el verano. Y debería invitarme: creo haber descubierto una serie inuit sobre la caza de focas que no se parece en nada a “Doctor Mateo”. Lo juro: ¡en nada!

Cuando Antena 3 presentó una nueva serie para la noche de los domingos advirtió de que se trataba de una adaptación de la británica “Doc Martin”. Aquí no vimos esa serie, así que “Doctor Mateo” se nos pareció a otras que sí conocíamos. Primero pensamos en “Doctor en Alaska”: San Martín del Sella es Cicely y a Gonzalo de Castro le tocó hacer de Joel Fleischmann con un punto de la acidez y mala leche de House. Pero, claro, eso de que un cirujano de éxito que marchara de Nueva York a un pueblín porque le daba por ahí, recordaba mucho a “Everwood”. Y anda que esa pareja de chapuzas en furgoneta no era clavadita a la de “Manos a la obra”. Quien conoce la autonómica gallega dice que de eso nada, que es un calco de una serie que triunfa allí: “Padre Casares”. Ya, pero es que tanta escena en el bar del pueblo acaba haciéndonos creer que aquello es Boston y estamos en “Cheers”. Y el perro ese que merodea por allí es para el doctor Mateo lo que era el jack russell terrier Eddie para Frasier Crane. Y tanto mar, ¿no es como “Sandokán”?
Antena 3 debería organizar en Lastres un congreso de un mes para analizar este fenómeno durante el verano. Y debería invitarme: creo haber descubierto una serie inuit sobre la caza de focas que no se parece en nada a “Doctor Mateo”. Lo juro: ¡en nada!
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