31/7/10

Y EL PEZ GLOBO, ¿A QUÉ SABE?

¿Embajada de las Islas Tiki-Tiki? ¿Sí? Mire, llamaba para anular la petición de asilo político que les había formulado la semana pasada... Sí... Sí... ya sé que ya había completado todos los trámites... no, si no es que haya cambiado mi opinión acerca de su maravilloso país. Sigo convencido de que es la cuna de las libertades en el Pacífico Sur, patria de importantísimos pensadores y científicos como... como... tierra hospitalaria de hermosas mujeres. Confieso que uno de los motivos que me animaron a escogerles a ustedes como mi lugar de exilio son sus tradiciones culturales basadas en las setenta formas diferentes que tienen de cocinar el pez globo. Lo que ha cambiado son los motivos por los que me quería marchar para siempre de España.

Mire usted, Telecinco estrenó el otro día "Las joyas de la corona" y era obvio que estábamos ante el mayor bodrio de la historia de la televisión galáctica. Ricos arrogantes, auténticos contramodelos del tipo de ciudadanos que todos desearíamos para nuestra sociedad, riéndose de pobres atontados, personas a las que tampoco confiaríamos ninguna responsabilidad en ningún ámbito de nuestras vidas, con la excusa de enseñarles los códigos de estilo de las clases altas. Sencillamente asqueroso, valoración cuya traducción al latín figura en el escudo de armas de Telecinco. Pero yo no me exiliaba por eso, qué va. Mi verdadero motivo para borrarme del censo de españoles era la seguridad que tenía de que la vileza de Carmen Lomana y Jordi González iba a arrasar en audiencia, se lo iba a comer todo en un verano siempre tan proclive a la pereza y la sordidez. Y no. Acabo de leer los datos y resulta que "Los Tudor", una serie de gran calidad que emite la televisión pública, ganó el pulso contra la basura de la televisión privada.

Así que me quedo aquí. Esto me hace sentirme orgulloso de mi país más que ningún éxito deportivo. Interrumpan por favor los trámites para mi cambio de nacionalidad... ¿Cómo? Hombre, unos días de turismo no le digo yo que no... Y el pez globo, exactamente, ¿a qué sabe?

30/7/10

A QUIEN HAY QUE PROHIBIR ES A DISNEY

Algunos están a favor de prohibir las corridas de toros. Yo estoy a favor de prohibir los dibujos animados en donde se presentan a los animales humanizados y se acentúan las expresiones faciales que les hacen parecer seres con emociones semejantes a la de los humanos. Algunos forman parte de asociaciones de defensa de derechos de los animales. Yo ando buscando colaboradores que se animen a formar conmigo una asociación de exigencia de deberes a los animales. Algunos consideran que una actividad en la que se matan animales no puede nunca ser considerada artística, cultural o deseable. Yo estoy convencido de que una sociedad está moralmente enferma si pretende aplicar al trato con los animales las valoraciones morales que aplica al trato con los seres humanos bajo el argumento de que ¡ambos son seres vivos!.

No es el menor de nuestros problemas la humanización de los animales, -tontería que genera más líos conceptuales que viajar hacia atrás en el tiempo-, y con la cual la televisión tiene bastante que ver. Para que postpostmoderneces como la ocurrida en el Parlament tengan lugar hace falta una estructura social urbana en la que los animales son despojados de su función económica y quedan reducidos a meras mascotas, juguetes afectivos con los que establecer pseudorelaciones emocionales que simulan superficialmente las que establecemos las personas entre nosotras. Pero también hace falta una generación educada por Disney, expuesta en su infancia a la fascinación seductora de una televisión que retrata el mundo animal como un jardín repleto de conejitos, gatitos y ardillitas de ojos grandes, expresiones humanizadas y comportamientos éticos. De Bambi al gato de Shrek, el idealismo capitalista norteamericano nos la ha vuelto a colar. Sin esto no se explica que una mujer con aspecto racional declarase ante las cámaras de los informativos que "por primera vez se escucha la voz de los animales en el Parlamento catalán". No hay que prohibir las corridas de toros, joder, a quien hay que prohibir es a Winnie the Pooh.

29/7/10

BROTE PSICÓTICO

A veces la realidad es tan insoportable que lo más saludable es sufrir un brote psicótico. Alucinar, vamos. Por motivos estrictamente profesionales uno debe ver "Enemigos íntimos", la última deposición de Santi Acosta para T5. En esta ocasión la coplista Lola Reina (¿?) acudía al plató para confesar que su enemiga íntima era su hermana y también jotera Charo Reina (¿?). En el curso de la charla Charo se plantó en el plató entablando un cara a cara entre cutredivas que convirtió a las tarotistas de madrugada de las televisiones locales en cine de arte y ensayo. Porque yo pagué a los músicos de tu actuación de Torrefresnillo. Porque tú mucho ir a tocar la mano del Gran Poder pero no me llamaste cuando estuve enferma. Porque yo llené el Teatro de Marchena del Real pero tú sólo metiste a cien pesonas en las Jornadas de la Copla Amojamá de Jerez.

Y entonces, justo cuando Charo le juraba a su sister in faralaes que no quería volver a verla ni el día de su muerte, el Ángel Exterminador de la Biblia descendió desde los cielos hasta colocarse al lado de Santi Acosta y comenzó a hacer su trabajo. Su origen veterotestamentario (¡me encanta esta palabra!) no le impedía ir provisto de un lanzallamas FirMolding VB-82 de última generación que encendió y con el que comenzó a purificar hasta las cenizas cada elemento de aquel aterrador show. Santi, Reina la Mayor, Reina la Menor, los proctotertulianos, el público asistente, el equipo médico habitual, las sillas, las gradas, el decorado, nada quedó en pie tras el paso de Abaddon que, terminada su función, apagó el FirMolding con un gesto de chulería y regresó al Más Allá. Llamé reventando de plenitud a mis amigos. ¿Lo visteis, lo visteis? Nadie había visto nada. Corrí a internet. Tampoco había rastro del suceso. No podía creerlo: al parecer la entrevista continuó hasta al final sin ángel, lanzallamas, llanto ni crujir de dientes. Quedé desolado. El médico me diagnosticó un brote psicótico transitorio debido a un episodio de estrés insuperable. No quiso darme fármacos, pero me prohibió volver a ver a Santi Acosta.

28/7/10

LEONARDO PLAYIN' THE BLUES

Leonardo da Vinci. Pintor, matemático, cocinero, inventor de estafalarios artilugios voladores. Hugh Laurie. Cómico británico dotado de un talento insuperable para la comedia surrealista de tradición pythonesca, multiinstrumentista autor de canciones impactantes como "I’m in love with Steffi Graff" o "All we gotta do", escritor de novelas de éxito como "The gun seller". Actoraco del copón capaz de llevar él solito sobre sus hombros toda la responsabilidad del éxito de "House", una de las series más emblemáticas de la televisión moderna que hubiera durado una temporada y media de no haber sido por la colosal construcción dramática del personaje que hace Laurie y que permitirá que las casos médicos del Princeton Plainsboro duren hasta que nadie se acuerde de aquel año en el que España ganó la Copa del Mundo de Fútbol. Y ahora, además, músico de blues gracias al acuerdo establecido con Warner para grabar un discaco dedicado a la música planetaria por excelencia, a los tres acordes y los doce compases donde se origina todo.

Da Vinci pintó "La Gioconda", vale. No es un mal cuadro. Hizo trabajos sobre la luz y la óptica, además de ser el primer anatomista que estudió las características del feto dentro del útero materno. No deja de tener su mérito. Inventó el telar mecánico. De acuerdo, no es algo que se le ocurra a todo el mundo. Pero ya quisiera ver yo a Leonardo cantando "Mistery" como hace Laurie (¿quieren verlo ustedes? Youtubeen "laurie" y "mistery"), interpretando al doctor Gregory House en el capítulo final de la sexta temporada o, sobre todo, agarrando una guitarra Gibson y lanzándose a los abismos pentatónicos del blues del delta del Mississippi. Hugh Laurie sólo tiene una cara, pero ningún otro tipaco ("actoraco", "discaco, "tipaco", ya me vale) del mundo del entretenimiento nos lo hace pasar tan polifacéticamente bien. Da Vinci pintó "La última cena", vale. Reconozco que es una obra maestra. Pero le hubiera puesto la cara de Laurie a san Pedro si en el siglo XV se hubiera emitido "House".

27/7/10

PASSEIG DE GRÀCIA

Barcelona. Passeig de Gràcia. Medianoche. Nada más entrar en la habitación del hotel comienzo a arrepentirme de no haber comprado una de esas increíbles magdalenas que vi al pasar por delante de una franquicia de una famosa cadena de cafeterías. La cena fue magnífica, llena de risas y postres. Pero aun así la idea de aquellas magdalenas comienza a crecer en apetito. El deseo. También tengo sed y no me apetece saquear el minibar.

Decido olvidarme de todo. Me pongo una camiseta vieja para dormir y enciendo el televisor para ir perdiendo la consciencia. Jordi González advierte de que en breve Melchor Miralles explicará los motivos de su ruptura con Pedro J. tras treinta años de colaboración conjunta. Me interesa y decido permanecer despierto. Ahora están hablando de los controladores aéreos. La ausencia de la magdalena se va haciendo cada vez más grande. Siento calor. La bebida. El presentador da paso a la publicidad: "Pero que nadie se mueva porque va a ser un corte muy breve". No aguanto más y me animo. Me visto y salgo a la calle. Sólo he pasado media hora escasa en el hotel, pero ahora me encuentro el Passeig de Gràcia casi desierto. Me acerco hasta la cafetería. Está cerrada. La magdalena salvaje se despide para siempre pero yo empiezo a vagar en busca de algún sitio abierto en el que sustituir con bebida el muffin de nueces de macadamia y plátano. Camino un par de manzanas. Bajo la luna llena la casa Batlló es más orgánica que nunca. Podría temblar levemente o cambiar de postura en cualquier momento. Al fin encuentro un autoservicio en el que compro agua con gas, fría y francesa, que guardo en la mochila. Vuelvo al hotel sin prisas, montado en un golpe de brisa, encantado y asqueado a la vez por esta Barcelona sublime y elitista, hipócrita y radicalmente hermosa.

Entro en la habitación y enciendo de nuevo el televisor. Acaba de terminar la publicidad y Jordi González está dando no sé qué cantidad de dinero a no sé quién que envió no sé qué. Saco de la mochila una botella, la abro y comienzo a beberla a la espera de la entrevista con Melchor Miralles.

26/7/10

44 MILLONES DE CAMISETAS

Venga, vamos a echar cuentas. Para ganar el Mundial de fútbol hacen falta once titulares y algunos suplentes. Uno para ganar el Tour. Otro para ganar en el tenis. Un tío que conduzca Fórmula 1 a toda hostia. Y unos cuantos chavaletes en moto que parezca que un día se van a matar, pero nadie dice nada porque van los primeros. Y un gigante que juegue al baloncesto en la NBA para que los telediarios den los resultados de allí como si fueran de aquí. Pon unos cuantos más para ganar alguna medalla en los Juegos Olímpicos y otros pocos surtidos para que en los equipos españoles no todos sean extranjeros, que iba a cantar mucho. Si echamos cuentas, con cien deportistas nos las apañamos de sobra.

Cien tíos (bueno, y tías) como toros (bueno, y como vac…, quiero decir, auténticas campeonas) nos bastan para que el deporte español sea un negocio rentable. Muy rentable. Así que no hace falta que el Estado se empeñe en mejorar nuestra dieta y nuestros hábitos. Con cien deportistas profesionales no hace falta que la peña haga deporte por el placer de sentirse bien y disfrutar de una vida sana y plena. Enfermar llevando una vida sedentaria y consumir todo lo que las grandes industrias producen para nosotros ayuda a la economía. Igual que las posteriores dietas, curas de adelgazamiento y enfermedades crónicas.

Así que tienen razón los contertulios que compiten entre sí a ver quién es más ultra (en las cadenas minoritarias de la TDT que compiten entre sí a ver quién más ultra es) cuando critican las medidas que quieren tomarse en los centros educativos para que los niños y jóvenes se alimenten bien y no tengan peor salud que sus abuelos. Esas cadenas que se mueren de ganas de que hablemos de ellas hacen bien en criticar estas medidas porque nuestra economía no necesita ciudadanos sanos y en forma, sino dóciles consumidores y cien deportistas profesionales que lo ganen todo... y a los que imitar como ya lo estamos haciendo: comprando camisetas como las suyas. 44 millones de camisetas.