31/12/10

DÍAS DE CONSUMISMO Y ROSAS

Tienen que volver las navidades de antes. Estas de ahora son sólo una sombra, un quiero y no puedo, el eco de la copia de un intento de simulacro de las navidades de toda la vida. Y ya sabemos todos a qué nos referimos cuando usamos la expresión “de toda la vida”: a un pasado perfecto que se corresponde con esa infancia idealizada y feliz que no sabemos si vivimos o soñamos, eso ya es lo de menos. Que las navidades de antes eran las mejores no lo discute nadie. No hay más que ver la avalancha de anuncios que inunda la tele para darse cuenta de que se ha pervertido el auténtico sentido de estas fiestas.

Tienen que volver esos días lejanos en los que no estábamos todo el tiempo encerrados en casa. Ahora nos aislamos unos de otros y vemos la tele durante horas sin salir a compartir con los demás los entrañables momentos que dan el auténtico sentido a estas fechas tan señaladas. Antes no era así. Antes había dinero para salir todos los días a los grandes almacenes atiborrados de clientes y villancicos. Y podíamos comprar como locos todo lo que nos apetecía. Si encendíamos la tele en casa era sólo un rato, el necesario para ver los anuncios que nos dijeran lo que teníamos que ir a comprar después en aquella gigantesca explosión de alegría, luces de colores, despreocupación y consumismo que lo invadía todo.

Pero esos tiempos ya pasaron. La maldita crisis está matando las navidades de antes. Ya no podemos comprar todo lo que anuncia la tele. Ahora ver anuncios es sólo un sucedáneo, una triste forma de matar el tiempo que sustituye los añorados días de compras y consumo irreflexivo y feliz. Si es que hasta se echa de menos a aquellos agoreros cascarrabias que antes se pasaban estas fiestas criticando el consumismo porque decían que había acabado con el auténtico espíritu navideño de un tiempo idealizado y mojigato que en realidad nunca existió. Qué tabarra la suya.

30/12/10

INOCENTE, QUE SE TE CAE LA FRENTE

La gala “Inocente, inocente” volvió a conseguir la noche del 28 de diciembre más de lo que se propone. Pretende y consigue recaudar dinero por una buena causa con un programa de televisión que no invita a salir corriendo, como hacen los tradicionales telemaratones navideños. Pretende y consigue ser un espacio rentable para Antena 3 porque le da buena imagen y logra una audiencia discreta pero digna. Pero, además, consigue sin pretenderlo desenmascarar la imagen endiosada de los famosos y ayuda a entender lo difícil que es mejorar el rendimiento académico de los jóvenes estudiantes que tanto los admiran.

En la gala hay bromas que no van más allá, como la que le hicieron a la modelo Eugenia Silva: preparaba carne de pollo en un programa de cocina cuando el plató fue asaltado por un comando de defensores de los animales. Viendo la broma, te ríes más o menos y ya está, eso es todo. Pero hay bromas en las que en vez de reírse apetece echarse las manos a la cabeza viendo que los famosos demuestran vivir aislados en su mundo con una total ignorancia sobre asuntos que cualquier ciudadano debería estar informado.

La actriz de la serie “Los protegidos” Ana Fernández cree que puede encender y apagar la iluminación de el Alcázar con sólo desearlo. El torero Óscar Higares cree estar ante una máquina del tiempo que descocina lo cocinado y rejuvenece a las personas. Los futbolistas Raúl Albiol y Álvaro Arbeloa creen que España tiene astronautas viviendo en el espacio, desde donde pueden tirarles un balón para que lo firmen. El futbolista José Antonio Reyes accede a que le cojan un cabello con el que fabricar un clon futbolista perfeccionado que le entregaría el 25% de las ganancias que obtuviera: sólo le preocupaba que no fuera su hijo. Ellos son famosos, los profes no. Ahora vete tú a clase y dile a los chavales que estudien para ser algo el día de mañana.

29/12/10

¡QUÉ BELLO ES EL FÚTBOL!

Hay muchas cosas que me emocionan, desde el sabor del bacalao que prepara mi madre a la escena final de “¡Qué bello es vivir!”, pasando por las explicaciones de Carl Sagan en “Cosmos”, las costillas de la Acrópolis recortándose en el cielo de Atenas, las aventuras de Sandokán en el sudeste de Asia, la voz de Lennon en “Imagine” o los abrazos en un aeropuerto. También me emociona recordar el gol de Iniesta en la final de la Copa del Mundo de fútbol, así que el “Informe Robinson” (Canal +) dedicado al Mundial de Sudáfrica me pareció un espectáculo sabroso como el bacalao que prepara mi madre, tierno como las lágrimas de James Stewart en “¡Qué bello es vivir!”, sabio como las palabras de Sagan, sublime como el Partenón, valiente como Sandokán, profundo como Lennon e intenso como un abrazo en un aeropuerto el 24 de diciembre. Y Del Bosque, amigos, es el Iniesta de los entrenadores.

Michael Robinson regaló “Informe Robinson” a los jugadores de la selección española de fútbol, y la cosa funcionó. Fue algo tan sencillo como dejar que Iniesta, Casillas, Xavi, Marchena y compañía contaran lo que pasó en el Mundial de Sudáfrica, el antes y después de un partido y, sobre todo, la jugada clave de cada partido. A veces, el “cómo se hizo” una película puede destrozar la magia del cine, pero eso no ocurrió en “Informe Robinson” porque las explicaciones de Torres, Cesc e Iniesta acerca de “cómo se hizo” el gol de España a Holanda aportó todavía más magia y sabor a un momento inolvidable. La emoción de Capdevila al recordar que un tipo como él pudiera estar viviendo la final de un Mundial de fútbol no tiene nada que envidiar al momento en que los vecinos de Bedford Falls brindan por George Bailey, el hombre más rico de la ciudad. Del Bosque no tiene nada que envidiar a Carl Sagan. La figura de Casillas ante Robben no tiene nada que envidiar a los mármoles del Partenón. Pedrito es un Sandokán sin melena. Reina imaginó el Mundial como Lennon imaginó el mundo. Y todos se abrazaron después del gol de Iniesta como si estuvieran en un aeropuerto en Nochebuena.

¡Qué bello es el fútbol, cuando lo cuentan los futbolistas!

28/12/10

DARWIN GANA A PLATÓN

El título del "Redes" del pasado domingo era tan inquietante como revelador: "El cerebro no busca la verdad, sino sobrevivir". Es una afirmación que sólo tiene algún sentido si no es pronunciada por un cerebro. Podríamos creérnosla si la pronunciase... no sé... una manzana reineta, la concha de un caracol o la cola de un cometa que atraviesa el cinturón de asteroides que hay según sales de Marte y coges la carretera a Júpiter. Pero que un cerebro diga que los cerebros no buscan la verdad podría considerarse una afirmación cretina y cretense: si un cerebro dice que él mismo no busca la verdad, entonces a lo mejor sí busca la verdad, luego, por tanto, no busca la verdad, es decir, que puede que busque la verdad, de lo que se deduce que no busca la verdad... y así hasta que nos haya crecido tanto la barba que no haya barbero que la afeite.

Cuidado con las autoreferencias. Todo el paradójico "Redes" de anteayer hubiera quedado limpio de cortocircuitos si el cerebro de Punset y el de su invitada Cordelia Fine en vez de referirse a sí mismos en su encefalidad hubieran apuntado... no sé... a los informativos de televisión. "Los informativos de televisión no buscan la verdad, sino sobrevivir" es una frase clarita con la que deberían abrirse todos los noticiarios de Telecinco. También oímos en "Redes" "el cerebro trata de convencerse siempre de la opción más cómoda, de la que concuerda mejor con su propia realidad", afirmación dudosa si es formulada por un cerebro, pero diáfana si se convierte en "los informativos de televisión tratan de convencernos siempre de la opción más cómoda, de la que concuerda mejor con su propia realidad". "El cerebro enturbia nuestras opiniones, y, por ejemplo, activa la intolerancia" es una opinión turbia; "las tertulias fachas de la TDT enturbian nuestras opiniones y, por ejemplo, activan nuestra intolerancia" es un aserto diáfano como el sol en el solsticio.

Los programas de televisión no buscan la verdad, sino sobrevivir. Incluso hablando de fenómenos que no existieron hasta mediados del siglo XX, Darwin, como siempre, gana a Platón.

27/12/10

¿EXISTE ALGO PEOR QUE LAS CANCIONES DE ABBA?

¿Existe algo peor que las canciones de ABBA? Sí, un musical hecho a base de canciones de ABBA. ¿Existe algo peor que un musical hecho a base de canciones de ABBA? Sí, una película hecha a base de un musical hecho a base de canciones de ABBA. ¿Existe algo peor que una película hecha a base de un musical hecho a base de canciones de ABBA? Sí, una película protagonizada por Meryl Streep hecha a base de un musical hecho a base de canciones de ABBA. ¿Existe algo peor que una película protagonizada por Meryl Streep hecha a base de un musical hecho a base de canciones de ABBA? Sí, una película protagonizada por Meryl Streep hecha a base de un musical hecho a base de canciones de ABBA en la que actúa Pierce Brosnan. ¿Existe algo peor que una película protagonizada por Meryl Streep hecha a base de un musical hecho a base de canciones de ABBA en la que actúa Pierce Brosnan? Sí, una película protagonizada por Meryl Streep hecha a base de un musical hecho a base de canciones de ABBA en la que actúa Pierce Brosnan emitida por una televisión pública en prime time durante las navidades. ¿Existe algo peor que una película protagonizada por Meryl Streep hecha a base de un musical hecho a base de canciones de ABBA en la que actúa Pierce Brosnan emitida por una televisión pública en prime time durante las navidades? Sí, una película protagonizada por Meryl Streep hecha a base de un musical hecho a base de canciones de ABBA en la que actúa Pierce Brosnan emitida por una televisión pública en prime time durante las navidades dos días después de un especial sobre Raphael y un día antes de un especial sobre Marta Sánchez. ¿Existe algo peor que una película protagonizada por Meryl Streep hecha a base de un musical hecho a base de canciones de ABBA en la que actúa Pierce Brosnan emitida por una televisión pública en prime time durante las navidades dos días después de un especial sobre Raphael y un día antes de un especial sobre Marta Sánchez? Es posible, pero nadie se imagina cómo.

26/12/10

UNA GIGANTESCA ESFERA DE AZÚCAR

En “El gran diseño”, el último libro de uno de nuestros personajes favoritos de “Los Simpson”, Stephen Hawking, hay unas cuantas cosas curiosas, no sólo esa afirmación que tanto revuelo causó hace unos meses que aseguraba que la existencia del mundo no requiera la intervención de ningún dios. Ahí va una: cuenta Hawking que, según un análisis del filósofo John W. Carroll, no es lo mismo decir “todas las esferas de oro tienen menos de un kilómetro de radio” que decir “todas las esferas de uranio 235 tienen menos de un kilómetro de radio”. Las dos frases son ciertas y seguramente lo serán siempre, pero la primera no puede ser una ley de la naturaleza y la segunda sí. Ah, y les juro por las pilas de mi mando a distancia que este artículo va sobre televisión.

Se habrán fijado en la enorme cantidad de contenidos televisivos empalagosos, previsibles y tópicos que se acumularon en las cadenas de televisión en Nochebuena. Así fue siempre y seguramente siempre así será. Lo que nadie sabe es cómo de grande es la esfera que cada año forman estos contenidos navideños. ¿Qué radio alcanzó la esfera de los Alcántara en Nochebuena en La 1, Misa de Nochebuena en La 2, Nochebuena de chiste en Antena 3, Callejeros Nochebueneros en Cuatro, gala de Nochebuena en Telecinco y en laSexta Navy investigando crímenes por Nochebuena?

Nada hay en la naturaleza que impida que algún día exista una esfera de oro de un kilómetro de radio, aunque seguramente nunca la habrá. Pero si alguien quisiera formar una esfera de uranio 235 de un kilómetro de radio, se encontraría con que al llegar a los ocho centímetros de radio se autodestruiría en una explosión nuclear. En la esfera navideña de Nochebuena TVE amontonó tópicos y nostalgia sin ningún miramiento: el habitual capítulo navideño de “Cuéntame cómo pasó” salpimentado las buenas intenciones de ficción con buenas intenciones de carne y hueso. Bien, si no fuera porque luego La 1 descargó sobre nuestras pupilas y tímpanos tres enormes contenedores de Raphael, Rocío Dúrcal y Camilo Sesto que nos pusieron al borde del desastre termonuclear. Aquello no era oro y parecía tan inestable como el uranio 235. Y La 2 no ayudó nada con esa “Misa del gallo” que desde que se adelanta a las 10 de la noche se aleja de la hora en que despierta el gallo y se acerca a la hora en que se acuestan las gallinas. En Antena 3 cuatro capítulos de “Los Simpson” prometían una buena dosis de acidez amarilla, pero el predominio del color blanco navideño contribuyó a hacer la dulce esfera navideña aún más grande. El “Club del chiste especial Nochebuena” que vino luego se lo curró para llevarnos a los años de “Amar en tiempos revueltos”, pero empachaba sólo con que te pararas un rato allí mientras las otras cadenas pasaban a publicidad. En Cuatro, primero “Callejeros” nos hizo zampar unas cuantas cenas de Navidad. Luego la versión viajera nos llevó de la Navidad en Belén a la Navidad en casa de Papá Noel. O era el mareo por tanto viaje después de tanta cena o era que la esfera navideña comenzaba a temblar peligrosamente. Telecinco recurrió al tópico más terrible que la televisión puede encerrar tras cuatro letras: “gala”. Una interminable gala con pareja de presentadores en plan jijí jajá dando paso a colaboradores jajá jijí y a actuaciones que helaban la sangre y recalentaban la esfera poniendo al “homo videns” al borde de la extinción. “Navy: investigación criminal” parecía ofrecer refugio en LaSexta, pero era sólo una tapadera que tras los crímenes cotidianos ocultaba un espíritu navideño horrendo con un núcleo atómico altamente inestable.

Algunos chiflados creen que el Gran colisionador de hadrones del CERN puede crear un agujero negro que se zampe la Tierra. Pero tal vez la amenaza esté más cerca, en el material del que están hechos los sueños televisivos navideños. Es más barato que el oro y más peligroso que uranio 235. No sé cuál será la masa crítica necesaria para que se dispare una reacción en cadena y lo lejos que estamos de alcanzarla, pero, por favor, el año que viene, cuando Raphael empiece a hacer crecer la esfera con “El tamborilero”, apaguen la tele y canten en casa. Da igual que lo hagan mal y desafinen: es mucho más seguro.