31/1/11

PARA MAYORES (DE 7) SIN REPAROS

Allí estaba el siete, junto al logo de “La 2”. Explicándolo todo en la esquina inferior derecha de la pantalla. Agachado, sin darse importancia, sin apenas ocupar sitio. Resumiendo lo que han cambiado las cosas desde que TVE emitió por primera vez “Historia de la frivolidad” la noche del 9 de febrero de 1967 hasta que se emitió por última vez hace unos días, la noche del viernes, 28 de febrero de 2011.

Hace más de 40 años, TVE emitió este mediometraje sin anunciarlo, después del cierre oficial de las emisiones (tras el himno nacional y esas cosas). Esperaba que nadie viera aquella escandalosa historia de la censura que iba de un Paraíso Terrenal que nunca existió a un futuro que nunca existirá. Debía emitirlo para poder presentarlo al prestigioso Festival de Montecarlo, donde ganó la Ninfa de Oro. Solo unos pocos enterados vieron aquella noche cómo la pantalla se iluminaba de nuevo y una presentadora anunciaba un espacio “No apto para todos los públicos”. En blanco y negro y sin logo porque entonces no había otra.

Hace unos días, TVE emitió esta obra maestra tras anunciarla toda la semana, a una hora potable, pero en La 2, porque esperaba que la viera poca gente y no quería que bajara la audiencia de La 1 (donde emitió algo mucho mejor: “Destino Eurovisión”). Debía emitirlo para justificar que la tele pública cumple una función de servicio público. Apenas el 2 por ciento de los espectadores vieron cómo Jordi Costa dispuso de solo dos minutos para poner a la audiencia en antecedentes de lo que suponía este “Pequeño gran clásico de nuestra memoria catódica” (apostólica y romana, se le olvidó añadir). El logo elegido para indicar a quién iba destinada la emisión gritaba en silencio que era apto para los mayores de 7 años. Tuvo que ser ese pequeño número recuadrado en amarillo, esa nota de color junto al logo de La 2 sobre un fondo en blanco y negro, quien lo explicara todo.

30/1/11

EL ÁNGEL CAÍDO

Queridos niños: érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, un país remoto en donde los Domingos por la Tarde la televisión programaba espacios interesantes. De hecho, era uno de los momentos de mayor audiencia de toda la semana, y las cadenas se empeñaban a fondo para ofrecer amenos magacines, películas de éxito clásicas y recientes, programas deportivos que hacían las delicias de los aficionados. El Dios de las Televisiones, siempre atento a la programación por más que su condición divina le hacía ser omnisciente desde el principio de los tiempos de todo lo que iba a pasar, se paseaba entre los canales con complacencia y disfrutaba viendo su creación y la satisfacción que provocaba entre los espectadores.

Y fue justamente el éxito de audiencia que cosechaba lo que hizo que el Domingo por la Tarde pecara de soberbia y pretendiera imponerse a su mismísimo creador. Aquél convocó una revuelta contra éste. Al principio el Dios de las Televisiones intentó aplacar el orgullo del Domingo por la Tarde castigándolo sin "Kojac", "Colombo" y otras grandes serie de detectives clásicamente dominicales. Como viera que la rebelión contra su autoridad no cesaba, retiró a continuación las retransmisiones futboleras que tanta audiencia habían atraído a ese momento de la semana. Aun así, el Domingo por la Tarde se revolvía preso de la vanidad y el resentimiento.

"Tú te lo has buscado", sentención el Dios de las Televisiones, "como castigo crearé un género de películas especial para televisión cuya única función será provocar en los espectadores un potente sueño que les haga pasar toda la tarde durmiendo. Y te condeno a ti, desleal Domingo por la Tarde, a emitir en todas tus cadenas generalistas uno o más de este tipo de telefilmes hasta el fin de los tiempos o hasta que me compre Berlusconi, -lo que ocurra antes-". Y es por eso, queridos niños, que la televisión de las tardes de los domingos es ahora el momento más aburrido de toda la semana. Os toca a vosotros extraer la moraleja de esta historia.

29/1/11

BUENAFUENTE YA NO ES EVITERNO

Buenafuente ya no es eviterno. Lo era antes pero ya no. No sé si es bueno o malo. La teología clásica entiende por "eviternos" a aquellos seres que están dotados de un comienzo pero no tienen final. Dios, en su toda la plenitud de su diosidad, es eterno, dado que carece tanto de principio como de final. Las almas racionales, en la limitación de su almidad, son por el contrario eviternas: tienen comienzo, pero a partir de ese momento existirán para siempre. Buenafuente, antes, cuando sólo se emitía en LaSexta a una hora cuyo límite inferior eran las doce de la noche, era para mí un ser eviterno: le veía empezar cada día rodeado por la fanfarria metálica de su banda, pero jamás le veía terminar. Su existencia comenzaba cada noche pero no tenía fin; brotaba su monólogo inicial como las almas tomistas son infundidas por Dios en los cuerpos de los embriones de diez semanas y después continuaba inmortal su humor cada vez más rodeado de inconsciencia, sábanas y oscuridad.

Pero ahora que me he vuelto un adicto enfermizo a las noches de LaSexta2 Buenafuente ha recuperado su condición mortal y terrestre. Ahora Buenfuente comienza a eso de las diez y cuarto y no hay día que no me provoque una ligera fascinación gilipollas comprobar que finalmente, al cabo de una hora y cuarto, el programa va y termina. Así, como si nada, como si no fuera un suceso que cambia la propia naturaleza metafísica (¿?) del espacio. Buenafuente vuelve a ser de carne y hueso, y su condición eviterna queda transferida a "Al rojo vivo", el programa que le sucede en la pantalla. Es ahora este debate que sigue creyendo en la política el que actúa como un ser eviterno, naciendo pero no muriendo, comenzando a las once y media y continuando más allá de lo que la salud de la clase trabajadora se puede permitir. Es el signo de los tiempos: antes era el humor lo que se extendía hasta el infinito, ahora es el debate político el que está siempre presente, el que jamás termina, el que se comporta como un alma. Como un alma en pena.

28/1/11

DE LA FAMILIA REAL A LA 'FAMILIA REAL'

La 1 estrenó la noche del miércoles “En familia”. Si el programa se hubiera estrenado hace unas décadas podía estar dedicado a lo normal: a cómo entrar todos en un Seat 600, al rezo del rosario como le gustaba a Franco o a la desaparición de Chencho (“¡Chenchooo!”). Pero como ya pasaron unos años desde que Adolfo Suárez pronunciara aquel histórico primer discurso televisivo de 1976, TVE parece decidida a elevar a la categoría política de televisivamente normal lo que a nivel de calle es plenamente normal. Es lo que tiene lo normal: que no se está quieto. Lo normal de ahora no es lo normal de antes porque lo normal es que lo normal cambie.

“La familia es la célula de la sociedad moderna”, cantaba “Siniestro Total”. Luego dice cosas peores: “Sobrinitos aulladores que patean los pasillos, y mi tía embarazada por el cerdo del vecino. Da gusto ver a todos así de tranquilitos, cada uno a lo suyo en la chabola en que vivimos”. No se alarmen, “En familia” no empezó con un capítulo dedicado a las familias desestructuradas, sino con uno dedicado a las que trabajan juntas. Y hay de todo. Fue como si viéramos una versión del “hay gente pa’tó” pero en versión familiar. Así que si en los desfiles se trata de que la bandera de España deje de ser la de unos pocos para ser la de todos, ahora se trata de hacer que la familia deje de ser la bandera de unos pocos y pase a ser la de todos.

Por eso en “La familia” no vimos la Idea de Familia tal y como la alumbró la mente de Dios cuando, según san Agustín, creó el mundo. Vimos familias reales que venden en el mercado, hacen pan, submarinismo, forman una minicomuna hippie o tienen una librería… ¡y están formadas por dos mujeres con un proyecto de vida en común! Sólo faltó una Familia Real que, rebosante de paz y armonía, se dispusiera a gobernar un reino. No importa, eso ya lo vimos en “Sofía”, Antena 3, un poco antes.

EL PEQUEÑO TIMONEL

O estamos o no estamos. Si, como parece, en España queremos hacer del biopic monárquico lírico-sentimental un nuevo género televisivo que desplace al pulpo como animal de compañía, hay que currárselo más. No podemos seguir facturando fantasías fantasiosas como “Sofía” que se quedan en un quiero y no puedo. Hay que llegar a un público más amplio. Tras ver primero “23-F, el día más difícil del Rey”, después “Felipe y Letizia” y ahora “Sofía” aprendimos que la clave está en el toque delirante de “Felipe y Leticia” y la impagable aportación de Juanjo Puigcorbé interpretando la figura del rey con el mismo cariño que lo hubiera hecho “El Jueves”, la revista que sale los miércoles.

Así que si estamos en lo que estamos, debemos dar ya el Gran Salto Adelante y empezar a realizar este nuevo género televisivo aquí como en la China Popular, que diría Carod Rovira. Ellos son los que más saben y de quienes más podemos aprender. En China no hacen como aquí que primero pusimos a Puigcorbé de rey y ahora lo malgastamos interpretando a su padre sin maldita la gracia. Allí los actores se especializan y si dan bien en pantalla a Mao Zedong, de ahí no los saca nadie. Durante décadas, la interpretación de Gu Yue de Mao fue un asunto de Estado que levantó pasiones, ya fuera fundando el Partido Comunista, guiando la Larga Marcha o escribiendo el Libro Rojo. Gu Yue no tuvo que menudear en pequeños papeles secundarios ni mosquearse con los de “Sé lo que hicisteis”: fue siempre el intocable Gran Timonel.

El desenlace de “Sofia” intentó mostrarnos cómo sufrió la pobre Sofía para convertir en hogar el frío palacio de la Zarzuela, pero no lo logró porque faltó Puigcorbé en el papel de Pequeño Timonel. Por Dios, que no falte cuando, un día de estos, empiecen a grabar las miniseries “Elena” (sobre lo que sufre el corazón de una infanta), “Leonor” (sobre lo que sufre una heredera al empezar preescolar), o “Froilán” (sobre lo que se sufre al no ser heredero).

27/1/11

PROSTÍBULOS CON TELÉFONO DE ALUDIDOS


Crítica de televisión on line con un par

No me lo creo. Seguro que en España tenemos programas de televisión desagradables, con una conducción despreciable, infame y repugnante; programas que parecen un increíble prostíbulo televisivo; programas en los que se ofrecen tesis falsas, muy lejanas a la realidad, a la verdad y distorsionadas. Italia los tiene y nosotros no vamos a ser menos. Todos sabríamos dar un puñado de nombres. Lo que pasa es que aquí no tenemos agallas (que es una manera elegantemente vegetal de decir que no hay cojones) para llamar a las cosas por su nombre. Aquí la crítica de televisión se anda con paños calientes en vez de decir lo que hay a las claras como hace Silvio Berlusconi, un tío del que se dirá lo que se quiera, pero que de glándulas parece que va bien.

Ya sabíamos que Berlusconi es el mejor haciendo televisión. Hace cuatro años, por ejemplo, Gina Lollobrigida consiguió que las cadenas de Il Cavaliere dejaran de despellejarla a ella y a su novio con solo una llamada telefónica a su viejo amigo. Ahora aprendemos que también es el mejor haciendo crítica televisiva. Con una llamada telefónica le paró los pies a un programa de una de las pocas cadenas que no controla por su condición de primer ministro o a través de sus empresas televisivas. A ver quién da más. ¿Cómo era eso de que en la tele emiten lo que la audiencia vota democráticamente con su mando a distancia?

Ahora hace falta que Berlusconi llame a un programa español para animar también aquí el cotarro. Los “Sábado dolce vita” y “Aquí hay tomate” que dejaron de criticar a Lollobrigida en cuanto avisó Il Capo ya no existen, pero tienen herederos. Otra cosa es que “Sálvame” y “La noria” tengan tiempo en sus apretadas agendas para hablar de Berlusconi y conseguir así que una atronadora llamada en directo con acento italiano los califique de programas desagradables, increíbles prostíbulos televisivos, con una conducción despreciable, infame y repugnante. Pues a ver.