30/4/11

BUEN DESPROGUBERNAMENTALIZADOR SERÁ

Si nos los explican, lo entenderemos. Pero que nos lo expliquen bien, por Dios. Que los doctores que tiene el Partido Popular nos expliquen por qué confían tanto en que las cadenas de televisión privadas son intrínsecamente independientes y objetivas. Y, claro, por qué piensan que las cadenas públicas son intrínsecamente partidistas y sectarias. Como estamos hablando de servicios informativos, concretemos: ¿Cuando Matías Prats dejó TVE y marchó a Antena 3, además de ganar más dinero, ganó independencia? ¿Cuando Pedro Piqueras dejó TVE y fichó por Telecinco, además de ganar más dinero, ganó objetividad? ¿Cuando Alfredo Urdaci dejó TVE y marchó a colaborar en “El programa de Ana Rosa”, “Sábado Dolce Vita” o “La noria”, o a ser jefe de prensa de El Pocero, ganó independencia y objetividad quedando en nada aquello de que a la vez que Manuel Fraga le daba un premio por la cobertura hecha por TVE del desastre del Prestige, fuera condenado por manipulación informativa por un juez?

Es que resulta desconcertante que haya gestores de la cosa pública que consideren que lo público es intrínsecamente perverso, que la única solución es la privatización. Como si el Parlamento, elegido por todos los españoles, estuviera condenado por los hados a elegir malos presidentes de RTVE aunque lo hubieran hecho, como ocurre ahora, por consenso. Como si a la cúpula directiva de cualquier conglomerado mediático le resultara metafísicamente imposible manipular o mentir. Como si Berlusconi ofreciera a los italianos una mala tele pública por ser pública y una buena tele privada por ser privada, en vez de ofrecer lo que ofrece porque es Berlusconi.

¿Manipula TVE? Ana Pastor en “Los desayunos de TVE” planteó asuntos incómodos, preguntó y repreguntó a Dolores de Cospedal. Pero no deberíamos atacar al mensajero y matar su caballo, sino defender un modelo de tele pública en el que el mensajero pueda plantear asuntos incómodos, pregunte y repregunte a todo el mundo.

29/4/11

AGUJERO NEGRO EN WESTMINSTER

Lo peor no es que no me interese absolutamente nada la boda entre esa pareja británica. Lo peor es que no me interesan absolutamente nada las personas a las que les interesa la boda entre esa pareja británica. Si me limitara a estar desinteresado por la boda todos mis problemas se solucionarían no encendiendo durante el día de hoy el televisor. No encendiendo ninguna cadena, ya que ni Playhouse Disney está a salvo del zarpazo agudo o crónico de la abadía de Westminster. Pero como mi desinterés se extiende a las personas que no comparten el desinterés conmingo, entonces cualquier solución pasa por una profunda sensación de soledad y un cierto extrañamiento ante el género humano. Hago un viaje en autobús y a mi lado se sienta una mujer atractiva lo suficientemente indefinida como para permitirme jugar unos minutos con mi imaginación y combatir la monotonía del paisaje. Abre el bolso y saca una revista que lleva en su portada a Wiliam y Kate. La mujer desaparece. Quiero decir que fenoménicamente su asiento acaba de quedar vacío por más que físicamente siga teniendo encima sesenta (setenta, ochenta, yo qué sé) kilos de carbono, calcio y agua. No hay imaginación capaz de salvar tal distancia existencial. La nada engulle todo lo que se le acerca como el agujero negro que es, y el enlace entre miss Middleton y HRH William es un gran agujero muy pero que muy negro.

Así que hoy lo tengo claro. No me interesa nada la boda, no me interesan nada las cadenas que se interesan por la boda, no me interesan nada las personas que se interesan por las cadenas que se interesan por la boda, no me interesan nada las cadenas que se interesan por las personas que se interesan por las cadenas que se interesan por la boda, no me interesan nada las bodas que se interesan por las cadenas que se interesan por las personas que se interesan por las cadenas que se interesan por la boda. ¿A usted sí le interesa la boda? Pues se lo va a pasar hoy muy bien, aunque, la verdad, no me interesa nada cómo se lo pase usted hoy.

28/4/11

SANGRE Y ESPECTÁCULO

Ah, no. Eso sí que no. Si los tribunales tienen que multar a Miguel Ángel Rodríguez por algo que ha hecho mal, que le multen. Que le multen si es un facundo bocazas que insulta llamando de forma reiterada “nazi” a un médico acusado de realizar sedaciones irregulares al que los tribunales ya habían declarado inocente. Que le multen si es un deslenguado lenguaraz que llama nazi a quien le sale de las narices porque, según él, “aquel que mata a la gente sin permiso es un nazi, siempre es así de toda la vida”. Igual que deberían multar a quien le llamara a él “fascista” porque no conoce el significado de las palabras y las usa según su conveniencia, o quien dijera que él es un “neonazi pelele correveidile que responde a la voz de su amo” sin comprobar lo que significan estas palabras o cambiando su significado a su antojo solo para ofender y no decir lo que cree cierto. Que le multen si tienen que multarle, pero que tengamos que pagarlo nosotros, de eso nada.

MAR se defendió ante el juez diciendo que usó estos insultos en “59 segundos” y “La noria” porque la tele es así, que él solo es un mandado. El juez lo dio por bueno y dictó sentencia estableciendo que TVE y Telecinco son responsables solidarios y deben pagar con MAR una multa de 30.000 euros. Telecinco sabrá lo que pide a sus trabajadores, allá ella y su forma de entender el negocio, pero no podemos admitir que TVE sea igual. TVE debería no solo recurrir la sentencia, sino denunciar al juez que la acusa de azuzar a sus invitados. Pagar sería no solo hacer pagar a todos los españoles por lo que dijo semejante exportavoz del Gobierno, sería asumir que es cierto que el problema de “59 segundos” no es que haya que resumir los argumentos y razonamientos en menos de 59 arbitrarios segundos, sino que ese tiempo no está concebido para ofrecer a quienes pagamos las multas argumentos y razonamientos, sino sangre y espectáculo.

27/4/11

EL UNIVERSO Y LA TELE


En la película “Annie Hall”, el joven Alvy le dice al doctor Flicker que está deprimido porque ha leído que el universo se expande, y si se expande un día se romperá y será el fin de todo. A mí no me deprime la expansión de universo, sino la expansión de los programas astrológicos y de televenta (en el fondo son la misma cosa) en las madrugadas televisivas. Ni la sensata reflexión de la madre de Alvy (el universo se expande, pero no Brooklyn), ni la razonable observación del doctor Flicker (debemos tratar de disfrutar mientras estemos aquí) pueden consolarme. Lo que vale para el universo no vale para la tele.

Aunque La 2 esté libre de basura astrológica, todo el universo televisivo es mi casa. Es decir, lo que pasa en la madrugada televisiva también afecta a los que vivimos en Brooklyn. Y es difícil celebrar los consejos de “Supernanny”, seguir los casos de “CSI” o desternillarse con Berto Romero mientras estamos en horario proletario sabiendo que, escondidos en la madrugada, Cuatro emite un programa de esoterismo como “Cuatro astros” y un escalofriante “Shopping”, Telecinco no renuncia a castigarnos con “Infocomerciales” y laSexta alberga espantos como “Astro TV” y generosas Teletiendas llenas de roña. Puede que la expansión de la televenta y la astrología no signifique el fin del universo televisivo, pero no puedo dejar de pensar que tras “Supernanny” viene el esoterismo, que después de que los chicos de “CSI” se vayan a casa con el deber cumplido llegan esos productos enloquecidos que insisten en que llamemos ahora, y que la deslumbrante gracia de Berto deja paso a una vidente que improvisa estupideces en directo. Y me deprimo.

Mi madre y mi médico ya no saben qué decirme. Sé que debería conformarme con vivir en Brooklyn y olvidarme de la expansión del universo. Sé que debería disfrutar de la vida y de la tele que me gusta, y no preocuparme de “Shopping” ni de “Astro TV”. Pero no puedo. A ver si, por lo menos, hoy el Barça me da una alegría.

26/4/11

AARG

Vamos, ustedes disculpen, a por la última polémica prefabricada de Telecinco. Esta vez Belén Salsadetodoslosplatos Esteban se ha enredado en uno de sus bucles infinitos de dignidad herida y cartera repleta con Carmen Lomana. A ver si currándonos un poco más el lenguaje que usamos entienden en Telecinco por qué hay cuarenta millones de españoles que no siguen su telebasura monotemática.

O empezó Carmen Lomana o fue primero Belén Esteban, qué más da. Nos importa un pimiento la cara que les quedó a ambas tras tanta cirugía estética, pero una de ellas abrió la boca y dijo algo sobre la otra. Aarg. Y la otra respondió. Aarg. Y la otra contestó a la respuesta. Aarg. Y los reporteros, con unas pintas a las que no prestamos atención, las siguen para que hablen más. Aarg. Ellas salen con un vestido que nos da igual cómo les sienta, pero contestan a las preguntas. Aarg. Y el peinado les quedará como les quede, pero es que vuelven a decir lo que una piensa de la otra. Aarg. Y en Telecinco se llenan programas enteros con un estilismo que nos deja indiferentes, pero que son presentados por seres como Jorge Javier Vázquez, que habla y habla (Aarg), Santi Acosta, que no calla (Aarg), o Ana Rosa Quintana, que habla y no calla (Aarg), o Paz Padilla, que no calla y habla (Aarg). Y detrás ruge la florida caterva de colaboradores de unos y otros (Aaaaarg).

Porque le transparente o no la ropa a Mila Ximénez, habla mucho. Aarg. Se le vea la ropa interior o no a Raquel Bollo, habla mucho. Aarg. Sea feo o no Kiko Eldegranhermano, habla mucho. Aarg. Tenga arrugas o no Lidia Lozano, habla mucho. Aarg. Se le vean los michelines o no a Kiko Matamoros, habla mucho. Vaya repeinado o no Maxim Huerta, habla mucho. Aarg. Se siente de forma indecorosa o no Joaquín Prat, habla mucho. Aarg. Haya o no rastro de sudor en las axilas de Lecquio, habla mucho. Conjunte bien o mal los colores Carmen Alcayde, habla mucho. Aarg. Y todos a la vez. Aarg, aarg y requeteaarg.

25/4/11

QUE LLUEVA, QUE LLUEVA

Vendrá esto de muy atrás, no digo que no, pero se hizo un tópico más de Semana Santa desde que TVE emite “España directo”: todos los años se suspenden centenas… qué digo centenas, unidades de millar… qué digo unidades de millar, decenas de millar… sí, así está bien, decenas de millar de procesiones piadosas por las calles de España. Los reporteros se multiplican para mostrar los preparativos de las procesiones, el fervor popular, los nervios de última hora, las miradas de los penitentes dirigidas no hacia el Cielo, sino hacia el cielo; los rezos de los postulantes orientados no hacia a una escultura de madera policromada, sino hacia el hombre del tiempo sobre un croma con el mapa significativo para mañana. Y, después, la lluvia, la desilusión, las caras largas, los lloros, el desconsuelo.

Esta manera de llover cada Semana Santa no es normal. Tiene que ser por algo. Interferencias entre los rezos de los diferentes cismas cristianos. Confusión de lenguas en las oraciones. Errores en el procesado de datos de los intercesores celestiales. O que a Dios no le gustan las saetas y ya no sabe cómo decírnoslo. Algo tiene que ser. Y yo apostaría a que la razón está en las rogativas para pedir lluvia que se hacen desde hace siglos.

Hay quien dice que las rogativas para pedir lluvia funcionan siempre y cuando los fieles se tomen la molestia de prolongarlas el tiempo que haga falta hasta que termine por llover. Pues de eso nada. Funcionan de verdad de la buena. Son tan eficaces que funcionan incluso cuando en la procesión no se pide que llueva. O eso o las procesiones de Semana Santa se parecen tanto a las rogativas, tanto se parecen a esas procesiones en que se saca a los santos para que vean qué seco está el campo con la intención de que echen una mano y traigan la lluvia, que, claro, se malinterpretan las intenciones, el Cielo se lía y el cielo la lía. Y que llueva, que llueva.