31/3/12

EXTRATERRESTRE

Se mantuvo en secreto, pero hemos podido saber que hace pocos meses el proyecto SETI, -ya saben, esa subdivisión de la NASA destinada a la exploración de las señales de radio procedentes del universo que pudieran indicar la existencia de vida extraterrestre-, vivió uno de sus momentos más intensos cuando los gigantescos radiotelescopios de Arecibo aislaron una fuente de señales no azarosas y completamente ajenas a la especie humana. Como en la inolvidable “Contact” del inolvidable Carl Sagan, todos los astrónomos del lugar comenzaron frenéticamente a procesar la señal y comprobaron que codificaba una emisión en vídeo y audio en donde unos seres vagamente humanoides mostraban unos extraños comportamientos y se comunicaban en un lenguaje que ningún filólogo pudo relacionar con idiomas naturales hablados en nuestro planeta. Se alertó a la cúpula militar de los EE.UU. y fueron informados todos los jefes de Estado del G-7. Incluso se asegura que la muerte de Bin Laden sólo fue una tapadera: en verdad, lo que están mirando mitad estremecidos mitad fascinados Obama, Clinton y el resto del Estado Mayor estadounidense en la famosa foto no es el momento de la captura del líder de Al Qaeda sino las imágenes procedentes de los telescopios de Arecibo.

Hasta que Hillary, agotada por la tensión del momento, pidió un sandwich de jamón y queso y resultó que el tío del catering era de Bollullos del Condado. “¿Pero qué hacen uhtedeh viendo ‘Muhereh y hombreh y viceverza’?”, preguntó con desparpajo poniendo delante de la Secretaria de Estado el sandwich. Un traductor, un metereólogo y un astrónomo resolvieron el enigma: una tormenta solar intensa y algunas alteraciones en las auroras boreales del solsticio de invierno causaron ciertas anomalías magnéticas que provocaron que los radiotelescopios de Puerto Rico recibieran durante quince minutos la señal de Telecinco. Todo volvió a la normalidad. El director de la NASA devolvió al cajón la pistola que durante los últimos días llevó siempre consigo.

30/3/12

SEMANA SANTA ATEA

El tiempo tiene su propia inercia. Por eso, iniciar una nueva tradición es tan difícil como acabar con ella. No pesan los kilos, pesan los siglos. Hace mucho que España tiene una tradición que repite cada primavera: la interrupción de las procesiones de Semana Santa por culpa de la lluvia. A las cofradías a las que pilla esta tradición no les hará gracia, pero eso es lo que tienen las tradiciones, que no hay manera de cambiarlas.

No sabemos cómo irán las cosas este año porque hay que esperar hasta el último momento a ver cómo se portan las nubes obligando a dejar los pasos de Semana Santa dentro de los templos. Eso ya lo veremos en la tele. Podemos escoger: en los telediarios cerrando las noticias antes de los deportes, en “El programa de Ana Rosa” entre dos negros reportajes de crónica rosa, en “Callejeros” visitando la Cañada Real, en “Comando actualidad” analizando cómo afecta la crisis a la Semana Santa y en “Más gente” entre una receta y un reportaje sobre el calor que hace cuando hace calor y el frío que hace cuando hace frío. Lo que da pena es pensar que se está impidiendo nacer una tradición que también podía ser muy bonita: la interrupción de las manifestaciones ateas de Semana Santa por culpa de la lluvia.

En efecto, un año más han denegado en Madrid el permiso para realizar una manifestación atea en Semana Santa. Y claro, no va a ser posible que la lluvia interrumpa nada si no permiten durante varios años que se consolide y extienda esta muestra pública de ausencia de fervor popular de la contracontrarreforma atea a la contrarreforma católica a la reforma protestante. La libertad de expresión dará igual a la autoridad, puede que incluso le dé igual dejarnos sin unos estupendos reportajes televisivos sobre descreídos llorosos por no poder manifestarse por culpa del mal tiempo, pero debería pensar que estamos olvidando la importancia del sector turístico ateo en nuestra doliente economía.

LITTLE DARLING

Vale, de acuerdo, "El Número Uno" es una birria solemne, pero al menos no tenemos que soportar que el 95% de las canciones interpretadas se apunten al rollo latino-flamenquito-adolescente. Es cierto, "El Número Uno" es un talent show al uso destinado a entronar entre fanfarrias imperiales a futuros juguetes rotos que se deshincharán cinco milisegundos después de la gala final de esta temporada, pero al menos no hemos tenido que soportar unos castings dedicados el 80% de su tiempo a reírse de frikis y tarados que se presentaban a las pruebas. No negaré que a priori la lista de miembros del jurado de "El Número Uno" daba más miedo que el Sindicato de Enemigos de Batman, pero me zampé la gala inicial de principio a fin y disfruté como un animal de no ver ni un milisegundo a Risto Mejide, de que no apareciera ni en un frame el careto de Ángel Llácer, de que Nina no estuviera presente ni en forma de palimpsesto. Cierto es que la mayoría de los arreglos de las canciones fueron efectistas, facilones y grandilocuentes, e incluso se cometió un atropello sanguinario del "Redemption songs" de Bob Marley que hubiera avergonzado a Luis Cobos, pero, qué carajo, también se pudieron escuchar "Moonriver", dos o tres temazos de Whitney Houston cantados con profesionalidad, "Here comes the sun" de Harrison, cosas de Adele y algún tema de los Beatles que no suele salir en las recopilaciones.

Y sobre todo, sobre todos los todos, cualquier escrúpulo delicado respecto a "El Número Uno" quedó eclipsado por el incontestable notición de que su primera gala le pegó un monumental repaso en audiencia a ese guiñapo terminal que ya es Mercedes Milá y su estercolero ambulante. Una vez más, -las victorias que últimamente consigue Susanna Grisso contra Ana Rosa merecerán una próxima columna aparte-, una Antena 3 ciertamente entretenida bate a una Telecinco que enseña el culo y pide que le toquen las tetas. Little darling, the smiles returning to their faces. Little darling, I feel that ice is slowly melting.

28/3/12

¡AH, LA PRIMAVERA!

Llámenme romántico, llámenme bobalicón o llámenme por teléfono, pero no hay nada más bonito en el mundo que el amor a primera vista. Una mirada fugaz que enciende un fuego que consume las entrañas. Un roce casual que termina en un abrazo eterno. Un cruce en unas escaleras mecánicas que separa a dos desconocidos que en un suspiro comprenden que están hechos el uno para el otro. Un… una… eh, no se me ocurre cómo mantener este tono relamido y cursi, así que vamos rápidamente a arrimar el ascua a nuestra sardina que es de lo que se trata.

“¿Quién quiere casarse con mi hijo?” es una birria. Es que eso ni es amor ni es nada. Debería ser un flechazo, un certero disparo de Cupido, un aquí te pillo aquí te mato, y no un tostón de si me gusta o no me gusta, de si salto o no salto, de si me caso o no me caso. ¿Quieren que la madre intervenga en el proceso, que lleve las riendas, que decida porque da más juego que desde el principio la suegra haga de suegra en el peor sentido de la palabra suegra? Joder, pues en vez de poner a esos verracos a mirarse fugazmente, a rozarse casualmente y a cruzarse en unas escaleras mecánicas, que pongan a las madres que los parió a mirarse, rozarse y cruzarse como si les fuese la vida en ello. Que sean ellas las que sientan un flechazo arrebatador, pero que emparejen a sus hijos con la rapidez y eficacia con que los trabajadores empaquetan a Barbie y a Kent en la cadena de montaje de la fábrica.

El caso es que “¿QQCCMH?” debería durar un cuarto de hora. Llega un hijo con su madre, el programa despliega su muestrario de carne disponible, flechazo y se acabó; ¡el siguiente! Así hasta que se acaben los hijos, las madres y la carne. El lunes Cuatro terminó la primera temporada del invento. Anuncian una segunda temporada y sin que empiece ya sabemos qué nos va a parecer: demasiado larga. Con lo bonito que es el amor a primera vista. ¡Ah, la primavera!

27/3/12

ÚLTIMAS PREGUNTAS (a.k.a. ES JUSTO Y NECESARIO)

Los domingos por la mañana, ¿un católico de izquierdas escucha la misa en La 2 mientras que un católico de derechas escucha la misa en Intereconomía? Si está malito y no puede acercarse hasta un templo, ¿la ideología política del católico determina si el mismo cumplirá con sus obligaciones religiosas a través de una televisión pública o a través de una televisión privada?

¿La Palabra de Dios que se propaga a través de TVE tiene matices socialdemócratas mientras que la Palabra de Dios que se difunde a través de la cadena de ultraderecha posee un cierto tono ultraliberal? Cuando llega al poder un partido de derechas, ¿hace recortes en las misas retransmitidas por la televisión pública, reduce sus subvenciones y el templo se ve obligado a cortar la calefacción, los fieles salen a manifestarse indignados por las calles y la policía les zurra a unos cuantos? Ese partido de derechas, ¿comienza a hacer reformas legales para privatizar las misas públicas, coloca de párroco en las parroquias desde cuyos templos se retransmiten las misas a viejos amigos de la infancia de los gobernantes? Y si el partido que gobierna es de izquierdas, ¿entiende la retransmisión de las misas como un servicio público más, a la altura de la sanidad o la educación, y por tanto intenta mantenerlas y potenciarlas todo lo posible, resistiéndose a aplicarles cualquier recorte presupuestario todo lo que Angela Merkel le permita?

Con el mimo y la minuciosidad con la que la Iglesia Católica siempre ha tratado su iconografía, ¿en verdad es indiferente que el Cristo crucificado aparezca al lado de un 2 que de un toro? El milagro de la transustancialización del pan y el vino ¿ocurre por igual en presencia del logo de una cadena pública que en presencia del logo de una cadena privada? Algún doctor de la Iglesia debería responder a estas graves cuestiones teológicas que suscita el hecho de que los domingos a la misma hora TVE e Intereconomía emitan simultáneamente dos misas distintas. ¿O son iguales? Es justo y necesario. Es nuestro deber y salvación.

26/3/12

EL AMAZONAS Y EL ULANGA

Un seguidor de “Big Bang” no puede escuchar en el telediario que el cohete espacial más complejo fabricado en Europa trasporta una pieza que recicla la orina de los astronautas en agua potable sin pensar en el váter espacial de Howard Wolowitz o, como diría nuestro ingeniero aeroespacial sin doctorado favorito, "el sistema Wolowitz de eliminación de residuos". Del mismo modo, después de “The river” (Fox) tendría que ser difícil ver la película “La reina de África” sin sospechar que Humphrey Bogart y Katharine Hepburn han sido poseídos por no sé qué fuerza sobrenatural y avanzan en busca de la magia. Pero “The river” no convence como serie de aventuras ni como serie de terror, y la serie producida por Spielberg sólo sirve para confirmar que, en un mundo que produce un par de series perfectas por semana, una buena idea y un productor con pasta no son suficientes para mantener al espectador pegado a la butaca.

La estética de falso documental, el truco de la cámara al hombro, la sensación de estar viendo algo que en verdad está pasando son recursos ya conocidos que no pueden sostener más allá de un par de capítulos una trama a veces decididamente cargante. Soy de los que he cogido manía al presentador de televisión Emmet Cole, desaparecido en el Amazonas y que es el motor de “The river”, por pesado, por palizas, por su discurso mágico-patafísico, por su desquiciada egolatría y porque está empeñado en convertir la selva en el reverso tenebroso de “Avatar”. Espíritus, sucesos paranormales, posesiones y maldiciones están bien durante un ratito, pero en exceso son veneno. Si la magia es un fenómeno parasitario de la religión, la magia del Amazonas que busca Emmet Cole es un fenómeno parasitario de un guión con posibilidades. Religión, magia y medicina convivieron con cierta armonía en la antigüedad, pero la apuesta de “The river” por una convivencia entre religión, magia y medicina (Lincoln, el hijo de Emmet, es médico) se queda antigua en el segundo o tercer capítulo.

Soy de los que, por culpa de “Big Bang”, piensan en Howard Wolowitz al ver un cohete espacial. Pero “The river” no ha conseguido que el río Ulanga de “La reina de África” se llene de espíritus y maldiciones. Emmet Cole y el “Magus” tienen mucho que aprender de Charlie Allnut y “La reina de África”.