31/3/13

SANTA BORRASCA Y SAN CICLÓN



Hay un santo quintacolumnista entre las procesiones de Semana Santa. Un santo que actúa clandestinamente en favor del enemigo. Bueno, a lo mejor hay dos, pero uno por lo menos: uno que se dedica a reventar las procesiones desde dentro, a fastidiar el fervor popular, a añadir una pena a los penitentes, a hacer sufrir a los costaleros que no pueden sufrir como ellos quisieran llevando en sus costales el peso de los pasos. Es la única explicación: llueve y llueve porque hay un santo quintacolumnista entre las procesiones de Semana Santa.

Hasta hace unos años, los informativos dedicaban la mitad de su tiempo en Semana Santa a hablar de las procesiones religiosas y la otra mitad a hablar de cómo los primeros turistas inundaban las playas gracias al buen tiempo. Ahora, cuando hablan del tiempo, hablan del mal tiempo; y cuando hablan de las procesiones, también. Ocurre en los informativos y ocurre en los programas especiales de Semana Santa: se pasan toda la santa semana hablando de lluvias, borrascas y frentes nubosos. Vemos más cofrades llorando porque se suspendió la procesión, que Cristos con pelo natural; más penitentes destrozados por la lluvia, que Vírgenes de madera. Y eso que Cristos con pelo natural y Vírgenes de madera hay a montones.

Cuentan Les Luthiers que en un pueblito de pescadores apenas pescaban nada desde que habían adoptado como patrón a san Ictícola Fiorentini. Un día, el cura aleccionó a los presentes leyéndoles su biografía:
- En 1614 fue canonizado como San Ictícola de la Mar, protector de los peces, encargado de mantenerlos alejados de las redes de los pescadores....
- ¿Se puede saber qué estamos haciendo acá? ¡Veinte años que venimos a esta roca podrida a rezarle al muñequito!
- Lo que pasa es que esta parte no la había leído nunca.

Pues eso: por ahí anda una santa Borrasca o un san Ciclón del que aún no han leído una parte de su biografía.

29/3/13

MECHAS CALIFORNIANAS



¿El conocimiento nos hace libres? Sí, salvo que nos estemos refiriendo a las mechas californianas. ¿Es un impulso natural en el ser humano querer saber más sobre la vida para así ser dueño de su destino y sus decisiones? En efecto, salvo que nos estemos refiriendo a las mechas californianas. ¿Es aceptable una actitud oscurantista que rechace el acceso a la cultura y mantenga al individuo en la ignorancia y la confusión? No, salvo que nos estemos refiriendo a las mechas californianas. Ya he escuchado el sintagma “mechas californianas” en dos anuncios televisivos relacionados con productos para el pelo femenino. Y, por primera vez en mi vida, he tomado la firme decisión de no querer saber algo: no quiero saber qué son las mechas californianas y haré lo que tenga que hacer para conseguirlo. Zapearé en cuanto aparezcan spots que se refieran al tema. Me taparé las orejas y cantaré “la, la, la” todo lo alto que pueda cuando alguien alrededor dé la impresión de que puede aclararme el misterio.

Llega un momento en la vida de todo hombre en el que debe decir “basta” y atreverse a llevar una existencia al margen de la estupidez que le rodea, por muy grande que sea el aislamiento y el ostracismo social a los que esto le condene. Para mí este momento ha llegado con la creación del concepto de “mechas californianas”. Entiéndase: no es que no quiera saberlo, es que quiero no saberlo. Woody Allen sentencia en “Annie Hall” que la única ventaja que tiene California es poder girar a la izquierda cuando vas en coche. Yo no estoy de acuerdo con eso, pero sé que ninguno de los dos nos hubiéramos enamorado de Diane Keaton como lo hicimos si le hubiéramos escuchado decir alguna vez “me he puesto mechas californianas”. L’Oréal y Garnier pretenden demoler los pocos restos de dignidad que quedan en la cultura occidental, pero no conseguirán doblegar los míos. Viviré rodeado de mujeres que llevan mechas californianas pero sólo yo no sabré que se llama así la coloración de su pelo.

28/3/13

"LA BIBLIA": UNA CRÍTICA TELEVISIVA


De acuerdo, si ustedes convierten la Biblia en una serie de televisión, yo la juzgaré como a una serie de televisión. Y, como serie de televisión que es, “La Biblia” es un auténtico truño.

Las interpretaciones de los actores son de una vulgaridad extrema en una época en donde las series de televisión dramáticas norteamericanas destacan por la prodigiosa interpretación que consiguen elaborar sus actores; nada que ver la Sara de “La Biblia” con la Carrie Mathison de “Homeland” o la Ellen Parsons de “Damages”. La recreación del mundo antiguo que se nos ofrece es un vulgar pastiche en sus decorados y en sus ambientaciones, lo cual resulta sencillamente inexplicable en un producto televisivo que se presenta como una superproducción, una vez que ya hemos podido disfrutar de series como “Los Tudor” o “Roma”. El desarrollo dramático de los personajes, la complejidad de su psiquismo, sencillamente da vergüenza ajena después de haber conocido a Tony Soprano o a cualquiera de los pacientes de Paul Weston en “In treatment”; es cierto que la obra en la que se basa la serie no destaca por la riqueza de matices de sus caracteres, pero se espera de una adaptación actual -y de la adaptación hablaremos ahora- que supla estas carencias dotando de más profundidad a personajes planos como los de Abraham o Moisés. Y por último, claro, hay que destacar la pobreza y arbitrariedad con las que se ha adaptado el texto original, llenando el resultado de elipsis gratuitas y diálogos anacrónicos, error inexplicable tras ver en televisión otras adaptaciones del mismo subgénero de ficción gótica, como la adaptación de las novelas de Charlane Harris en la serie “True blood” o las temporadas de “The walking dead” que derivan de los cómics homónimos de Kirkman y Moore.

En fin, confiemos en que la inminente tercera temporada de “Juego de tronos” nos haga olvidar una de las peores series de ficción sobrenatural de los últimos años. No parece que la productora tenga planes de realizar una segunda temporada.

27/3/13

POR UN MUNDO CON DEXTER


No distingo muy bien entre “La muerte tenía un precio”, “Por un puñado de dólares” y “El bueno, el feo y el malo”, los tres grandes espagueti-westerns protagonizados por Clint Eastwood. Reconozco que soy incapaz de tararear la música de “La guerra de las galaxias” sin que me venga a la cabeza la música de “En busca del arca perdida” y de “Superman”. Y admito, con grave sentimiento de culpa, que suelo mezclar las películas de Robert de Niro con las de Al Pacino y las de Dustin Hoffman. Pero soy perfectamente capaz de distinguir la ficción de la realidad, no creo que la televisión sea una fábrica de psicópatas, y sostengo que el profesor de literatura y asesino de “The following” ha conseguido que aumenten las ventas de los libros de Edgar Allan Poe pero no ha incrementado el número de asesinos en serie. Por eso no me preocupa, queridos padres y madres, que un alumno de secundaria sea adicto al canal Fox Crime y, en especial, a la serie “Dexter”.

La autopromoción de Fox Crime presenta una selección de escenas de series y películas que ilustran conductas cobardes, crueles, ambiciosas, débiles, codiciosas, vengativas, peligrosas, traicioneras, envidiosas, corruptas, violentas y mentirosas que finaliza con esta chocante frase: “Por un mundo sin crimen”. La exposición a los crímenes de ficción de “Bones”, “NCIS: Los Ángeles”, “CSI” o “Dexter” no produce monstruos y, desde luego, no es la causa de la violencia en el mundo ni provocó la guerra de Irak. Puede que un día de estos un tipo cometa un asesinato horrible y eche la culpa a Dexter, al igual que Charles Manson dijo que la canción de los Beatles “Helter Skelter” le llevó al asesinato. Pero prohibir la serie “Dexter” y las canciones de los Beatles no evitaría los asesinatos y, además, son perfectamente compatibles con la esperanza de Fox Crime en un mundo sin crimen. El guionista Gerard Jones dice en su ensayo “Matando monstruos” que los niños necesitan la violencia imaginaria, pero la violencia de las series de televisión no produce niños violentos del mismo modo que una exposición temprana e intensa a los melodramas no provoca un carácter romántico. San Francisco de Asís cantaría hoy al hermano sol, a la hermana luna y al hermano viento y, por la noche, vería “CSI” y “Dexter”.

La verdad es que me preocupa más no mezclar las películas de De Niro con las de Al Pacino que la mala influencia de “Dexter” en nuestros jóvenes.

26/3/13

ZAHORÍ QUE TE VI




Estoy a favor de la existencia del Ratoncito Pérez. Es que me encanta. Me parece estupendo que un ratón haga regalos a los niños cada vez que se les cae un diente. Lo que pasa es que creo que no existe. Y si creyese que existe porque eso me hace feliz, porque llena mi vida o simplemente porque me mola, peor para mí: la realidad es lo que es y le importa un comino mi felicidad, que mi vida esté llena o que algo me mole o no. O sea: da igual estar a favor de la existencia de Papá Noel, las xanas, los Reyes Magos o el Ángel de la Guarda, porque eso no influye en la composición ontológica del mundo. En nuestras afirmaciones acerca de lo real no tienen pito que tocar nuestros gustos ni ilusiones. Fastidia, pero es lo que hay.

Pues se lució el otro día “Agrosfera” (mañanas de los sábados, en La 2). Un programa buenísimo (va en serio) que veo (va en serio) y sigo desde hace años (va en serio). Cosechas, cultivos, ganado, razas autóctonas, gastronomía, paisaje, cultura rural. Una delicia, aunque salga Arias Cañete. Pero el sábado abrieron un hueco en este informativo para contar lo buenos, bonitos y baratos que son los zahoríes. Publicitaron a un señor con “habilidad natural posiblemente innata para encontrar agua subterránea”. Capacidad que, ojo, se “ha demostrado efectiva” porque, dijeron, ¡acertó muchas veces! O sea: que, como todos los hacen pronósticos sin ningún control ni seguimiento (adivinos, tarotistas, astrólogos, quiromantes…), no le queda más remedio que acertar de vez en cuando, que al cabo de los años son muchas veces (mientras olvida los fallos, esos no cuentan).

Explicaban en “Agrosfera” que es más caro contratar a un geólogo que a un zahorí. Claro, es que el conocimiento del geólogo existe, y el poder del zahorí, no. Aunque, es cierto, molaría un montón que existieran. Tanto como el Ratoncito Pérez o los redactores que al menos echan un vistazo a Wikipedia antes de hacer un reportaje difundiendo y justificando la superstición y el engaño.

25/3/13

LARGA VIDA AL FARAÓN JUAN CARLOS I

   

Tienen que rodar cabezas. Queremos saber quién es el responsable de esto. El escándalo de la filtración de la abdicación del rey no puede dejarse pasar así como así, como si no hubiera pasada nada. Alguien tiene que dar un paso al frente y dar la cara. No vale decir que fue un fallo técnico y ya está. Habrá que llegar hasta donde haga falta y pedir responsabilidades bien arriba, todo lo arriba que sea necesario para que se resuelva la situación y España recupere la estabilidad institucional que tanto necesitamos. ¿Hace falta que hable de la que está cayendo, de que los niños son el futuro y otros lugares comunes que nunca fallan para que quede claro que tienen que rodar cabezas? Pues eso.

El hecho es que a la web de TVE se le escapó, ay, una página de su código de programación con un apartado dedicado a la abdicación del rey. Un desliz, sí, pero es que los súbditos de su reino no salimos en tromba a tomar las calles pidiendo que no nos abandonara, no inundamos los informativos de sinceras lágrimas de tristeza y desgarradores gritos de dolor ante la posibilidad de vernos desasistidos por un rey paternal y justo que nos ama, que hace salir el Sol cada nuevo día, que hace brotar las cosechas, que permite a la lluvia regar los campos, que logra que mantengamos una íntima y provechosa amistad con las dictatoriales monarquías teocráticas árabes. ¿Es que vamos a dejar que nos abandone sin lanzar un suspiro, sin construirle una gran pirámide, un Escorial, un Valle de los Caídos?

Así que tienen que rodar cabezas por el monumental fracaso de “Audiencia abierta”. La 1 de TVE lleva medio año emitiendo cada sábado al mediodía ese publirreportaje sobre el rey y no ha servido para nada. Dinero tirado. Que dimita la presentadora, el guionista, el director, el responsable de grafismo. Alguien. Y si la culpa no es suya, que abdique el rey por no ser capaz de poner España patas arriba tras la filtración de la abdicación del rey.