30/9/13

LA HIJA MÁS TÍMIDA Y MÁS SERENA

Auténtica conmoción han causado las declaraciones de Ana Boyer en el programa “Corazón” del pasado viernes en el que aseguró de forma tajante que “ehh... yo estoy bien, igual que siempre, y, nada, muy contenta”, después de que Anne Igartiburu, demostrando que ante todo es una periodista de raza, la calificara como “la hija más tímida y más serena” de Isabel Preysler, y concluyera con un rotundo “es que queremos saber más de ella”. No es fácil conseguir que Ana Boyer acceda a hablar delante de las cámaras, su reticencia a conceder entrevistas es sólo comparable a la relevancia que este personaje está teniendo para la España del momento, de ahí que podamos considerar que testimonios como “sí, no, sí... a ver... yo estoy encantada de conocer a personas, pero tampoco estoy buscando nada concreto” son un material periodístico de primera importancia, junto con el enigmático “... pero si aparece... muy bien, claro... tengo veinticuatro” con el que remató la anterior afirmación.

La entrevista con Ana Boyer dio mucho más de sí ya que la joven ofrecía titulares casi en cada una de sus intervenciones. Lean como prueba algunas de sus palabras y entenderán por qué el país lleva varios días analizando el “Corazón” del pasado viernes: “Estoy aprovechando, no he parado de viajar”, “por ahora estoy feliz en casa”, o “ahora todavía sigo de vacaciones, así que muy contenta”. El trabajo de los redactores también estuvo a la altura del histórico documento; el buen hacer periodístico del equipo de Igartiburu nos descubrió que “Ana Boyer encuentra refugio y complicidad en la compañía de su madre y su hermana”, y que “la recién licenciada ha aprovechado el verano al máximo rodeada de su familia y amigos”. En tiempos de intensa crisis es cuando el periodismo puede desempeñar un papel de crucial relevancia social. Declaraciones como las efectuadas por Ana Boyer el pasado viernes ayudan extraordinariamente a aclararnos la situación, identificar las causas de nuestro estado y señalarnos la forma de resolverlo.

29/9/13

DESVENTURADO AVENTURERO CALLEJA


Algo une a quienes no disfrutamos con las retransmisiones de corridas de toros, las carreras de Fórmula 1 o esos programas en los que unos tíos se juegan la vida haciendo una pedazo de excursión a un sitio muy difícil y remoto donde no se les pierde nada pero están empeñados en contar al mundo lo difícil que es ir hasta allí y en mostrar cuánto les cuesta llevar tan lejos su puñetero culo. Eso que tenemos en común nos hace mirar la tele como pasmarotes cuando hay toros, Fórmula 1 o programas de aventura si se da la infeliz circunstancia de que un toro coge al torero, los bólidos chocan o la aventura se transforma en desventura. Es lo que los clásicos llaman “naturaleza humana”.

Fue la naturaleza humana la que me tuvo la noche del viernes pendiente de “Desafío extremo. Abjasia, atrapados en el abismo” de Jesús Calleja en Cuatro. La primera parte del espacio fue la habitual enumeración de las grandes dificultadas que había que superar en ese desafío extremo de la frontera límite al filo de lo imposible, hay que ver qué grandes los tienen y tal. Un horror hasta que empezó la desventura y la expedición quedó atrapada en la mayor sima del mundo. Es entonces cuando la mirada se clava en la pantalla y no se puede apartar hasta que todos salen a la superficie sanos y salvos.

Ya afuera, Calleja dijo que viendo tan cerca la muerte había decidido cambiar de vida y disfrutar más de las cosas pequeñas. A ver si es verdad y de paso ceja en su empeño en contarnos por la tele sus “grandes cosas”. Y a ver si los patrocinadores del programa mejoran sus campañas de publicidad encubierta: cuando al principio iba todo bien, Calleja hizo publicidad descarada de una crema solar (¡para bajar a una sima!) y de un seguro de vida con un león. Cuando todo se torció el león del seguro no apareció por ningún lado y lo único que Calleja decía temer del sol era no volver a verlo.

28/9/13

TORRES POR TORRES


Si “Torres” fuera Maruja Torres en vez de Mara Torres, molaría mucho más. No es que “Torres y Reyes”, el nuevo programa de La 2 para los jueves por la noche sea un mal programa, al contrario: está bien concebido y bien realizado, pero podía pasar de bueno a cojonudo con solo este pequeño ajuste. Si Maruja sustituyera a Mara siquiera un ratito, el espacio podría conservar el estupendo juego de palabras de su título, el grafismo ajedrecístico que lo corona y los guiños que el “Torres y Reyes” actual tiene, pero ganaría pegada, mordacidad, mala leche si quieres, interés en definitiva.

Porque, aunque nos duela hemos de reconocerlo, el estreno que vimos anteayer quedó un poco sosito. Lo de siempre: teníamos grandes expectativas y se nos fue la mano. Era un optimismo justificado porque no es cualquier cosa combinar el ingenio descontrolado de Joaquín Reyes (“La hora chanante”, “Muchachada nui”, “Museo Coconut”) con la eficacia de una periodista como Mara Torres que nos había regalado, por ejemplo, unos informativos en La 2 en los que cedía las riendas a diferentes figuras del mundo de la cultura y la ciencia para que nos ofrecieran unos telediarios de autor que daba gloria verlos. Pero, no sé, esa combinación entre chico y chica, entre el periodismo y el humor, podía conservarse y mejorarse añadiendo el contraste entre veteranía y juventud, entre quien dispara con tontunas y quien sabe dónde hay que poner la bala, entre quien descomprime el ambiente con una broma desconcertante y quien es capaz de volver a comprimirlo todo lo que haga falta en vez de limitarse a reír angelicalmente los chistes ajenos.

Al final del programa, el psiquiatra Luis Rojas Marcos habló de la memoria. Pues ahí va una. La 2 ya tuvo hace año y medio un programa (“La nube”) que, como este, giraba sobre el universo Internet. Recordemos lo fresca, divertida, ingeniosa e ilustrativa que resultó la entrevista que hizo Toni Garrido a Maruja Torres. Pues eso.

27/9/13

A COMER, CARROÑEROS


Hala, buitres, comed. Ahí tenéis un buen montón de carroña. Un cargamento gigante de mierda. Vais a pasar meses triturándolo, tragándolo para vomitarlo después y volver a coméroslo. Estabais un poco hambrientos, ¿eh? La digestión del caso Bretón terminó hace unos meses. Pero sólo era cuestión de esperar y dejar que la naturaleza humana siga su curso. En un país de cuarenta y cinco millones de habitantes han de ocurrir forzosamente dos o tres crímenes excepcionalmente horrorosos al año. Una niña ha aparecido muerta en Santiago de Compostela. Detienen a la madre. Detienen al padre. Que si una herencia. Que si las pastillas. Que si la cuerda. A Ana Rosa Quintana le cae por la comisura de los labios un hilo de baba rancia. Mariló Montero no puede reprimir un reflujo ácido y fétido. A Susanna Griso le suenan las tripas y eructa. En un país de cuarenta y cinco millones de habitantes ha de haber forzosamente dos millones de espectadores miserables que se sentarán durante horas ante el estercolero mediático en el que se van a convertir las mañanas televisivas de las próximas -muchas- semanas.

Dos millones de espectadores revolcándose en las heces, con un interés claramente enfermizo en conocer los detalles más irrelevantes del horror. Pues vamos a dárselos. Cuanto más podrido esté todo, más os gusta. Tenemos con nosotros a un psiquiatra que nos va a aclarar qué indica el lenguaje corporal de la madre. Está al teléfono un compañero de trabajo del padre. Podemos afirmar que la Guardia Civil valora la posibilidad de que terceras personas hayan participado en el traslado del cadáver. Un periodismo responsable abordaría este crimen con austeridad y pudor y respeto. Cinco minutos el día que ocurre y cinco minutos el día que salga la sentencia. Pero la muerte de Asunta entra en el terreno de los negocios de Mediaset y Atresmedia, y en la dieta de los espectadores coprófagos. Todo es mierda y los redactores no descansan hasta encontrar un poco más de mierda. A comer, carroñeros.

26/9/13

SÍNDROME DEL ÚLTIMO CAPÍTULO DECEPCIONANTE

Tengo mucho miedo. Temo que este domingo a Skyler le dé por enrollarse con Pinkman y se escapen a casarse a las Barbados con Walter como padrino de bodas. Temo que Walter Jr se convierta en Heisenberg Jr a lo Osborn Jr convirtiéndose en el Duende Verde Jr. Me da por pensar que a lo mejor me despierto el lunes con la noticia de que ha habido un descenso masivo de extraterrestres desde el cielo de Albuquerque, con tan mala fortuna para ellos y tan buena para Walter que su única kriptonita es la meta azul. ¿Y si finalmente “Breaking bad”  da un giro inesperado y se convierte en una serie de terror gótico en la que todos los fantasmas de las víctimas del señor White regresan para llevárselo a ultratumba?

Sé que todas las series que en el mundo son corren el inquietante peligro de sucumbir al Síndrome del Último Capítulo Decepcionante. Durante temporadas y temporadas las tramas mantienen un nivelazo de cuyos hilos cuelgan millones de espectadores adictos worldwide; de pronto llega el episodio final de la temporada final y ¡catapofff! todo se resuelve de pena y la audiencia, colérica, agarra por las solapas al televisor exigiéndole explicaciones por haber arruinado para siempre una gran historia a la que ella ya pertenecían. Ocurrió con “Lost”, con “Los Soprano”, el último capítulo de “House” fue una birria considerable, ¡esta misma semana le ha pasado al mismísimo “Dexter”! Seguro que muchos de ustedes comparten mi comecome: ¿y si después de haber cuajado una de las cinco series de televisión mejores de la historia llega a la televisión USA el último capítulo de “Breaking Bad” y se va todo por el desagüe?

¿Y si -ay, ay, ay- la increíble narración de estos últimos capítulos continúa in crescendo y al final, de golpe, Walter se despierta y todo -pero todo todo, las cinco temporadas enteras-, había sido un sueño? Walter se levanta, besa a Skyler, lleva a Walter Jr al colegio, él mismo se va a dar clases de química al instituto y yo no vuelvo a ver televisión nunca más en toda mi vida.

25/9/13

HIJOS DE LA URSS

Wilhem, Greta, Friedhelm, Charlotte y Viktor son los cinco amigos alemanes que protagonizan la serie “Hijos del Tercer Reich” (Canal+) y que ya forman parte de nuestra educación. Las grandes series televisivas son así. ¿Qué hemos aprendido viendo “Hijos del Tercer Reich”? Hemos aprendido con Friedhelm que, a diferencia de lo que dicen los románticos de la sangre (casi siempre ajena), la guerra saca lo peor de los hombres, y que la guerra consiste en matar antes de que te maten. Eso es todo. Wilhem, el hermano de Friedhelm, un oficial alemán que aprenderá, y nosotros con él, que la guerra siempre es sucia y absurda, concluye que las auténticas ganadoras de una guerra son las moscas, porque las cebamos con la carne de los soldados. Greta, una cantante dispuesta a todo con tal alcanzar la fama, muere fusilada por atreverse a desafiar a la Gestapo y por no confiar ciegamente en la victoria final de las tropas de Hitler. Greta nos enseña que hay muchos tipos de sacrificio y muchísimas formas de redención. Con Viktor, el sastre judío enamorado de Greta, aprendimos a sobrevivir sin perder la dignidad y, gracias a él, supimos que los trenes con destino a Auschwitz iban llenos de judíos pero volvían vacíos. ¿Los alemanes no lo sabían? La enfermera Charlotte nos enseñó que el amor es más fuerte que el fanatismo, que la delicadeza es muchas veces el único remedio contra la brutalidad y que el corazón tiene razones que la razón puede conocer perfectamente. ¿Qué más nos enseñó “Hijos del Tercer Reich”? Que nos hace falta una serie titulada “Hijos de la Unión Soviética”.

Los espectadores ya teníamos en nuestro altar a las series “Hermanos de sangre” y “The Pacific”, y ahora hemos hecho un hueco a “Hijos del Tercer Reich”. Pero incluso series tan exactas en la construcción de personajes y hechos como la protagonizada por esos cinco amigos desmontados y vueltos a montar por la guerra, cometen el error de dar a los soldados del Ejército Rojo el papel de “¡vienen los rusos!”. Rusos terribles, violadores, sedientos de venganza. Rusos que vemos morir, pero a los que nunca vemos vivir. ¿No habría también entre los soldados soviéticos cinco amigos separados por la guerra? ¿Los fieros comunistas no tendrían también su corazoncito? Si había vida más allá de Hitler, ¿no la hubo más allá de Stalin?