23/11/13

DROGAS EN TELECINCO


Algo se meten los espectadores de Telecinco. Algo se ponen para soportar una programación así. Algo se meten justo antes de ver “El programa de Ana Rosa”, “Sálvame” o “Hay una cosa que te quiero decir”. Se pasan tumbados en un sillón todo el día sin ganas de hacer nada y las únicas ganas que tienen es de ponerse más. En ese mundo hay mucha droga y se la ofrecen por todos lados. En ese entorno no son pocos los que se ponen hasta las trancas. Para confirmar esta estrecha relación entre el mundo mezquino del consumo de telebasura y otros consumos igual de sórdidos solo hace falta que los espectadores de Telecinco encarguen que alguien les escriba un libro titulado “Adicciones y reflexiones” (o algo así) en donde cuenten toda esa mierda.

De momento solo tenemos confirmado el caso de Belén Esteban, ese ser que cambia y cambia y cambia pero que en cuanto abre la boca confirma que sigue siendo lo que era. Anda de peregrinaje por Telecinco contando que se metía justo antes de salir a “¡Más que baile!”, que se pasaba tumbada en un sillón todo el día sin ganas de hacer nada, que las únicas ganas que tenía era de ponerse más, que en ese mundo hay mucha droga y se la ofrecían por todos lados, que en ese entorno no son pocos los que se ponen hasta las trancas. Está de promoción porque encargó un libro titulado “Ambiciones y adicciones”, o algo así, lo firmó, y ahora quiere venderlo. Ella lo hace por dinero, claro, pero indirectamente está prestando un gran servicio a la sensatez (la tele no es el mal, no hay que ser elitistas: existe la televisión basura igual que existe la literatura basura).

Dice la exyonqui que no se pone desde que una mañana se fue a rezar a san Judas y le imploró que la ayudara y le diese fuerzas. Que tomen nota los colgaos de Telecinco y prueben. A ver si san Judas se enrolla y los libra de esa mala vida que llevan tan triste.

22/11/13

UNA TORTILLA VISTA DESDE ARRIBA (aka INTRODUCCIÓN A LA FENOMENOLOGÍA)


En su “Introducción a la fenomenología”, -también conocida por su subtítulo “Se enciende la noche”, estrenada el otro día en Telecinco-, Jordi González explicó de manera insuperable el fundamento de su sistema filosófico. “Una tortilla”, dijo, “vista desde arriba es un círculo; una tortilla vista desde un lado es otra cosa”. La historia del pensamiento está esculpida a base de sentencias como ésta. Glez estrenaba el nuevo magacín golfo-nocturno de Mediaset y, generoso como siempre es, le regalaba quince minutos de gloria televisiva a un macarra cuyo único mérito era maltratar continuadamente a su madre. En un reportaje le vimos actuando en su casa fuera de sí, deseando a gritos la muerte de la mujer y destrozando el mobiliario doméstico. Y luego, dado el indudable valor de su testimonio, le vimos en plató. Maqueadito. Chulito y nerviosito. Tensito pero con media sonrisita. Sin acabar de creerse que amenazar con hostiar a una madre diariamente te termina llevando bajo los focos de un estreno en Telecinco y ser entrevistado en directo por Jordi González y una tía que está muy buena.

Es cierto que una tortilla se ve diferente desde arriba y desde un lado. Pero también es cierto que el reconocimiento de la subjetividad perceptiva no niega la posibilidad de la objetividad. La tortilla será un círculo o una línea, pero, se mire como se mire, contiene 250 kCal por cada 100 gramos. Y la entrevista al matón que Telecinco nos ofreció el pasado martes se puede ver en el televisor o por internet, pero, más allá de la fenomenología, supuso objetivamente uno de los momentos más obscenos que hemos contemplado en nuestras pantallas en los últimos meses. Cabe una ciencia de las tortillas, de las entrevistas a maltratadores y de los late night de Telecinco. “Se enciende la noche” visto desde arriba es un círculo; “Se enciende la noche” visto desde un lado es otra cosa; y “Se enciende la noche”, se vea desde donde se vea, es el nuevo envase de telebasura con el que Jordi González regresa al campo de la filosofía.

21/11/13

EL DECIMOTERCER TRABAJO DE HÉRCULES

Mientras que las personas normales luchan contra otras personas, las peleas contra otras personas no son más que la ocasión para que los héroes luchen contra sí mismos. Desde Hércules hasta Spiderman. Desde Abraham hasta Carrie Mathison. Ana Rosa Quintana pelea contra Susanna Griso. “Pasapalabra” pelea contra “Atrapa un millón”. Pablo Motos pelea contra Wyoming. Jordi González pelea contra Buenafuente, pero la pelea de Buenafuente contra Jordi González no es más que la ocasión para que Andréu Buenfuente luche contra sí mismo. Ésa es la diferencia entre Andréu y los anteriores. El estreno de “En el aire” fue el decimotercer trabajo de Hércules: el Buenafuente del pasado contra el Buenafuente del presente, el Buenafuente comunicador contra el Buenafuente humorista, el Buenafuente Buenfuente contra el Buenafuente Berto. Ningún amante del drama pudo prestar atención en el late night del lunes a los nuevos secundarios o a la chorrada ésa del botón rojo; eso sólo es el envoltorio de “En el aire”. Will Buenafuente Kane, -Gary Cooper en “Sólo ante el peligro”-, ha cambiado el mediodía por la medianoche, pero cumplirá igualmente con su deber: se enfrentará a las altísimas expectativas de la audiencia, a los tics y acomodos inevitables en alguien de su trayectoria, a la juventud de Berto. Es un héroe.

Y mientras que la victoria o la derrota de las personas normales se decide desde fuera, la victoria y la derrota de los héroes sólo la deciden ellos mismos. Igual de victorioso sale Bob Dylan de cada concierto de su Gira Interminable ante quinientas personas que Bruce Springsteen tras haber llevado al cielo a cincuenta mil afortunados en cualquier fecha de su Wrecking Ball Tour. Ana Rosa Quintana, Pablo Motos o Carlos Sobera se abalanzarán sobre los datos de audiencia cada mañana. Cualquier amante del drama notó el pasado lunes que el éxito de la gesta de Buenafuente no se va a medir en cifras del share. Sólo él sabe si venció o perdió el día del estreno de “En el aire”. Sólo le importa su propia opinión. Y no nos la va a decir.

20/11/13

¿VAMOS A ROBAR PERAS?


La última ficción televisiva ha tenido a bien ofrecernos estupendos modelos del mal. Abundan los personajes malos, pero malos fascinantes, no malotes, ni chiflados, ni aprendices de psicópatas. Buenos malos. Fernando Savater distingue en “Malos y malditos” entre los que son malos porque quieren serlo (el profesor Moriarty, por ejemplo) y los que quieren ser buenos pero acaban haciendo daño porque los demás no les ayudan, les rechazan o no les entienden (el monstruo de Frankenstein, por ejemplo). Los malditos tienen más matices, pero los malos nos atraen más. A los buenos todo el mundo les quiere, así que pasaremos de ellos. Perdón.

En la brutal “Banshee” (Canal+) los espectadores nos ponemos de parte de un maldito como Lucas Hood, un criminal que termina ejerciendo como sheriff, pero no podemos apartar la mirada del malo Kai Proctor ni, mucho menos, del malísimo y despiadado Mr. Rabbit (interpretado por Ben Cross). La serie “Rehenes” (TNT) no da tregua al espectador ni a la familia de la doctora Ellie Sanders, pero el hierático e inteligente Duncan Carlisle no es malo, sino maldito. Por eso “Rehenes” se parará cuando se agote la cuerda del guion. Y Ray Donovan, el solucionador de problemas de la serie que lleva su nombre (Canal+), es también un maldito, pero su padre Mickey Donovan (interpretado por el gran Jon Voight), es un malo puro. Como ven, la cosecha de malos y malditos es excelente. Pero, si hay que elegir, yo me quedo con Kai Proctor, el malo que domina la ciudad de Banshee, el tío de la guapísima Rebecca, el despiadado hombre desheredado por su familia amish que siempre lleva abrochado el primer botón de la camisa.

Cuenta san Agustín de Hipona en sus “Confesiones” que una vez, en su juventud, robó unas peras con sus amigos, pero no lo hizo porque tuviera hambre, ni siquiera porque le gustara el sabor de las peras (las peras robadas terminaron alimentando a una piara de cerdos). San Agustín concluye que no era la fruta lo que le daba placer, sino el delito mismo: “Era el pecado lo que daba sabor a las peras”. Como san Agustín, parece que Kai Proctor ama más el delito que las peras robadas. Y eso convierte al señor Proctor en un malo atractivo al que, ay, uno podría acompañar a robar peras en una aburrida tarde de invierno en Banshee. Da un poco de miedo, ¿no?

19/11/13

LEY DE TRANSPARENCIA


Exijo (y mira que yo soy poco de exigir) que se hagan públicos los criterios de selección de los casos que aparecen en “Entre todos”. Es obvio. Elemental. “Entre todos” es el charity show que TVE programa a diario a la hora de la sobremesa, en donde se presentan personas que están atravesando momentos personales durísimos, básicamente por motivos económicos, en busca de la ayuda que puedan obtener de la audiencia conmovida. Al pie de la pantalla se muestran dos teléfonos: uno para ofrecer dinero a las personas necesitadas, otro para solicitar recibir ayuda en programas futuros. “Entre todos” es un servicio que ofrece una televisión pública pagada con dinero público. Cuesta hacer cada programa más de lo que se recauda para ayudar a los diferentes casos que se exponen. Previsiblemente, las peticiones de ayuda superarán con mucho las situaciones extremas diarias que el espacio intenta resolver. ¿Quién y cómo se elije a qué personas se ayuda y a cuáles no?

Porque sería gravísimo (pero gravísimo de toda gravedad) que esta ayuda dependiera de criterios arbitrarios, ajenos a los principios de igualdad que han de guiar cualquier intervención pública. Sería para que dimitiera hasta el Hombre del Tiempo que, por ejemplo, se eligiera un caso u otro en función de la accesibilidad de las cámaras, de la mejor o peor presencia en pantalla y competencia verbal de la persona que pide la ayuda, o de la intensidad del impacto que la terrible historia que se nos va a contar vaya a provocar en el espectador. Se ha de explicar a la audiencia contribuyente con qué criterios objetivos se evalúan las peticiones de ayuda para que finalmente se decida atender a la señora de Burgos con cáncer y un hijo minusválido y no a la pareja de jubilados de Alicante que necesitan sendas sillas de ruedas nuevas. TVE no es una ONG ni una televisión privada, y “Entre todos” (aunque el tono y el lenguaje corporal de la presentadora lo indique) no es un concurso de entretenimiento. La futura ley de transparencia debería también ocuparse de esto.

18/11/13

NI CASO AL OCASO DE UN REY


Hay muchas cosas que no veremos hoy en la tele. No las veremos porque nadie las va a emitir. Pero hay una cosa que no veremos que destaca por encima de las demás cosas que no podremos ver: un reportaje sobre la monarquía española que se titule “Juan Carlos, el ocaso de un rey”.

Esto tal vez se deba a que, en tiempos de ahorro, las cadenas españolas tienen que recortar gastos y no pueden mandar carísimas unidades móviles y costosísimos equipos de investigación hasta lugares remotos como Madrid o el palacio de la Zarzuela. Así que la tele no nos dirá hoy que la propaganda oficial nos ofrece una imagen del rey como un soberano modesto (aunque estemos muy lejos de saber cuánto dinero nos cuesta), con una familia unida (aunque el matrimonio lleve años separado y el rey tenga descendencia secreta) y querido por el pueblo (aunque es el sucesor de un dictador de extrema derecha, más de la mitad de los españoles reclamen una nueva Constitución sin rey, y el monarca ya no sea para los jóvenes el padre de la nación, sino el padrino de una monarquía mafiosa).

O tal vez no sea eso. Puede que las televisiones nacionales consideren que hay tal cantidad de programas dedicados a decir estas cosas, que prefieran diversificar la oferta y emitir programas novedosos sobre famosos, cantantes y cocineros captar al público harto de tanto periodismo de investigación. Así que nada de hablar de unos príncipes reducidos a ser unos maniquíes, jóvenes y guapos, de la anorexia silenciada de la princesa o de cómo la inviolabilidad del rey establecida por la Constitución le permite no someterse a las demandas de paternidad interpuestas contra él.

Pero hay un remoto país llamado Francia que no tiene estos problemas. Ellos sí podrán ver hoy un reportaje así en la tele. Claro que allí la monarquía española les afecta muy directamente; no como aquí, que no lo veremos y callaremos porque ese asunto no es de nuestra incumbencia.