31/7/14

LIBROS DE DECENCIA


Al igual que algunos medios tienen publicado su “libro de estilo”, ha llegado el momento de que exijamos que los informativos televisivos -y de radio, y de prensa- publiquen sus “libros de decencia”. Que expliciten de forma objetiva qué criterios utilizan para ordenar sus escaletas de noticias, cuánto tiempo se merece cada muerto según cuál sea su nacionalidad, su sexo, su clase social o su ideología política, cuántos testimonios van a ofrecer de cada bando en los conflictos que cubren. Que definan con toda claridad el uso que van a dar a términos como “asesinar”, “morir”, “atentado”, “accidente”, “víctima”, “violencia” o “agresión”. Que expongan de forma operativa el procedimiento mediante el que se redactan los titulares. Tienen plena libertad para hacer lo que les parezca. Pero que nos expliquen objetivamente cuáles son las guías de su proceder periodístico, para que nosotros los espectadores podamos contemplar los informativos con ese “libro de ética” en la mano y podamos denunciar cada uno de sus incumplimientos.

Estoy pensando, claro, en Gaza. Estoy pensando en los palestinos que mueren y en los israelíes que son asesinados. En los atentados que se cometen en suelo de Israel y las tragedias que ocurren en las escuelas de Gaza. Estoy pensando en el asco que sentí cuando el Telediario de las nueve de la noche del pasado lunes en nuestra televisión pública informó de los bombardeos sobre Gaza con un titular que se limitaba a señalar que “la violencia ha sacudido Gaza en el fin del Ramadán”, sin referirse en él a los ocho niños asesinados mientras jugaban en la calle cuatro horas antes -el titular, por cierto, ocupó el séptimo puesto de las noticias de la jornada, detrás de otras noticias fundamentales, como que el rey Felipe VI prohíbe a sus padres septuagenarios y a sus dos hijas de párvulos trabajar para la empresa privada-. Que informen como quieran, pero que nos digan claramente cómo quieren informar. Que se metan sus “libros de estilo” donde les quepa y nos muestren sus “libros de decencia”.

30/7/14

CAMPOS SE ENCASTILLA


María Teresa Campos quiere colocar otra hija en la tele. Por si no tuviéramos bastante con ella y con Terelu, ahora nos amontona otra. Por eso en la última emisión de “¡Qué tiempo tan feliz!” invitó a la boda de esta otra hija a toda España: para promocionarla y lanzarla al estrellato. Algo así como lo que había hecho hace años Lola Flores con Lolita, pero con menos salero porque ni dijo “Si me queréis, irsen” ni nada.

También puede ser que yo esté equivocado y que no se trate de su hija, sino de sí misma. A lo mejor simplemente ocurre que la Campos está estos días renegociando su contrato con Paolo Vasile y utiliza la boda de su hija para conseguir mejores condiciones salariales. Una jugada perfecta. Primero anuncia en el plató en directo que va a empezar la boda de su hija, después se marcha para allá y un reportero del programa que, casualmente estaba empotrado en el ejército de invitados televisivos telecinqueros que tenía tomado el bodorrio, va dando el parte de guerra en cada avanzadilla. Hay quien dice que fue un falso directo, pero qué más da, lo importante es que los índices de audiencia fueron estupendos. Y el caché de una profesional sale de ahí.

Pero ¿y si la Campos no renegociaba nada? ¿Y si simplemente lleva metida tantos años en esa burbuja televisiva de mierda en la que vive que ya ve como algo normal hacer de la boda de su propia hija un espectáculo televisivo más que se puede aprovechar para que un anodino día de julio suban un par de puntos los índices de audiencia? ¿Recuerdan el desconcertante momento en que Raquel Silva volvió a la tele tras la muerte de su marido y aprovechó la circunstancia para hacer publicidad de un teléfono móvil? Alguien debería recordárselo a la Campos para que, quien primero tuvo el valor de hacer de Pepito Grillo en “Sálvame” ejerciendo de defensora del espectador y ahora tiene el cuajo de vender a su hija, no se encastille, recupere la cordura y pida la jubilación.

29/7/14

GASTRONOMÍA RAZONABLE

Tanta receta de cocina, tanto ingrediente y tanta especia nos tiene a un tris de mandar el canal Viajar a freír churros (que es otra receta). Durante un año (¿fueron dos?, ¿fueron tres?) aguantamos desesperados el desembarco del cocinero Jamie en Viajar y vimos como este amable canal sobre los lugares más variopintos y el turismo por todos los rincones del mundo se fue transformando en una monotemática sucursal insufrible del monotemático canal Cocina. Al principio, la presencia de este cocinero inglés resultó ser solo un contrapunto desconcertante, pero acabó siendo una avalancha atosigante que hacía a uno plantearse si valía la pena pagar por tener un canal de viajes que era un timo, y cómo era posible que un Dios bondadoso permitiese la existencia de tan sofisticada forma de maldad televisiva.

“Cocinando con Jamie”, “El chef Jamie”, “15 minutos con Jamie”, “30 minutos con Jamie”, “La cocina de Jamie”, “Las escapadas de Jamie”, “La revolución de Jamie”, “El embajador de la cocina Jamie”, “En casa de Jamie”, “Aprende a cocinar con Jamie”, “El mundo de Jamie”, “Jamie en el mundo”, “El pesado de Jamie”,  “La madre que parió a Jamie”, “El puñetero don de la ubicuidad de Jamie”, “Nos estás volviendo inapetentes, Jamie”, “Déjanos vivir en paz, Jamie” y “Solo hay una persona que sale en la tele más que el rey y Jorge Javier Vázquez: el inevitable Jamie”.

O porque han ingresado a Jamie en una clínica de reposo, o porque al canal Viajar ya se le acabó el paquete de programas comprados al peso, el caso es que parece que Jamie se ha largado con viento fresco. Sólo espero que, a no ser que el canal Cocina deje de emitir recetas y se transforme en un amable canal sobre los lugares más variopintos y el turismo por todos los rincones del mundo, Viajar no vuelva a transformarse en un canal culinario y el lugar de Jamie no sea ocupado por esa otra insufrible pesadez que forma la pareja de cocineros gemelos que presenta “Cocina2”. Porfa, porfa, porfa, porfa.

28/7/14

TRUCO O TRUCO


No me creo “¿Te lo crees?”. No me creo que podamos ser tan zopencos, que se nos pueda engañar de forma tan sencilla, que parezca que aquí nadie fue a la escuela. Por eso estoy convencido de que en “¿Te lo crees?” hay gato encerrado: tiene que haber un truco que explica este extraño caso de credulidad colectiva que muestra el programa.

Desde primeros de mes, el canal National Geographic emite los domingos por la tarde la serie documental “¿Te lo crees?”. En ella, dos magos (vale, dos magos que son muy buenos, que son deslumbrantes, que son fantásticos; pero al fin y al cabo dos magos como los que todos hemos visto mil veces) hacen sus trucos (vale otra vez, unos trucos muy buenos, deslumbrantes, fantásticos; pero al fin y al cabo trucos como los que todos hemos visto mil veces) ante personas estupefactas (no es por ponerme pesado, pero ¿han visto ustedes, qué sé yo, el número del cochecito del gran Juan Tamariz? Pues si acaso con una puesta en escena de más relumbrón, pero eso). Lo desconcertante del programa es que los ciudadanos normales y corrientes, personas como usted y yo que, desprevenidos, presencian los trucos no se ponen a aplaudir por lo bien que están hechos, no empiezan a buscar dónde está la cámara oculta, no se preguntan por qué han tenido el privilegio de asistir en plena calle a unos números tan estupendos de magia sin pagar un duro. No. En lugar de mostrar esta reacción lógica y normal, empiezan a hacer aspavientos y a gritar asustados porque aseguran creer que están presenciando un fenómeno paranormal, que un vampiro se esconde entre ellos, que han vivido una abducción extraterrestre, que tienen poderes psíquicos.

Así que no me lo creo. Todos hemos visto cientos de trucos de magia y ningún vampiro, fenómeno paranormal o abducción extraterrestre, así que nadie en su sano juicio reaccionaría como reaccionan los espectadores gilipollas que salen en el programa. Así que no, National Geographic, que no cuela: que “¿Te lo crees?” no me lo creo.

27/7/14

COMER CON LOS OJOS


1. “Masterchef” es pura televisión. Toma un fenómeno y lo convierte en imágenes. En el pasado, la televisión lo hizo con las relaciones humanas -“ese amor del que me hablas lo inventamos hombres como yo para venderos medias”, le dice Don Draper a una posible cliente en el primer capítulo de “Mad men”-. Después lo hizo con la política -“Podemos” jamás hubiera sido el nombre de una fuerza política en el siglo XIX; hace falta un siglo de publicidad de McDonalds y Coca-Cola para que un grupo político pueda triunfar llamándose con una palabra meramente emocional carente de todo contenido ideológico-. “Masterchef” lo hace con la comida: algo cuya naturaleza es gustativa se convierte en visual. La raya asada con mantequilla de tomate y arroz negro de algas que cocinó Vicky terminó siendo, sobre todo, lo que veíamos en la pantalla.

2. Se puede ser maestro en la construcción de puentes. Es obvio. O maestro en el cultivo de cerezas. O maestro en la conducción de barcos. ¿Se puede ser maestro en la sensibilidad gustativa? La opinión de Borromini sobre dónde colocar las columnas en la escalera elíptica del Palazzo Barberini vale más que la mía. Es obvio. ¿Vale más que la mía la opinión de Jordi Cruz acerca del disfrute de la comida cocinada? Las técnicas lo son, pero ¿son las virtudes enseñables? Platón se lo pregunta en su diálogo “Protágoras”.

3. Comer con los ojos tiene grandes ventajas: puedes comer todas las chuletas de cordero asadas con trufas de riñón y queso con tierras de avellana que quieras sin que te suba el colesterol, puedes comer todos los plátanos caramelizados con mousse de gofio canario que quieras sin ingerir una sola caloría, puedes comer todas las lubinas salvajes con berenjena asada y caldo de setas que quieras sin sentirte jamás saciado. Comer con los ojos sólo tiene un inconveniente: no es comer.

26/7/14

ENTRE TODOS HEMOS ACABADO CON "ENTRE TODOS"


Entre todos hemos acabado con “Entre todos”. Esto sí que ha sido un esfuerzo conjunto de la ciudadanía que ha conseguido una importante mejora en el servicio público que es la televisión pública. Cada bloguero que ha escrito algún texto irritado por la vergüenza que el programa de TVE suponía para todos los implicados ha puesto su grano de arena. Cada denuncia de una asociación de televidentes ha echado una mano. Cada espectador que compartía en su muro de facebook o twitter algún comentario alusivo a la falta de decencia de la insoportable insoportable insoportable presentadora remó en la dirección correcta. Los comunicados de los colectivos de trabajadores sociales que se desmarcaban abochornados de todo lo que tuviera que ver con lo que ocurría en la sobremesa de La 1 también ayudaron. Cada artículo escrito por numerosos periodistas -por favor, no se pierdan lo último que ha publicado Mariola Cubells sobre los entresijos del espacio, que convierte la trastienda de “Entre todos” en una auténtica historia de terror- señalando la ideología apestosa que subyace al programa supuso un empujón más que terminó haciendo caer la estaca. La reciente demanda del ministerio fiscal contra RTVE, contra “Entre todos” y contra su productora fue quizá la puntilla final.

En el comunicado que José Ramón Díez entregó al Consejo de Administración de RTVE en donde se informaba de la cancelación de “Entre todos” no se aludía a estas cuestiones como causantes del final del espacio. No se hablaba de la indignación manifestada por todos los que se preocupan por la calidad de la televisión pública. No se nombra que desde el arranque del programa no ha pasado una semana sin una polémica, sin una denuncia, sin un escándalo. Pero todos sabemos que eso es lo que verdaderamente ha tumbado al peor programa de la televisión pública en mucho tiempo. Como espectadores debemos anotarnos esta victoria: esto es algo que sí hemos conseguido entre todos.