31/8/16

EL PODER EN FUNCIONES CORROMPE EN FUNCIONES


Hace falta un disidente que anime los monótonos programas políticos de televisión. No un analista capaz de defender o criticar cualquier cosa con argumentos intercambiables según se trate de hablar de unos u otros. De eso ya tenemos. Lo que necesitamos estos días (estos meses, este último año) es un disidente de verdad, un disidente más disidente que el disidente de la Unión Popular de Judea. Los telespectadores nos merecemos que se cuele en las tertulias un tío que no esté de acuerdo y discrepe con la manera en que los contertulios actuales están de acuerdo en discrepar.

Los programas políticos de estos días en la tele (de estos meses, de este último año) son tan repetitivos que son intercambiables. Qué hastío. Necesitamos un valiente que cuando todas los programas coincidan en que hace falta urgentemente formar un nuevo Gobierno para después disentir acerca de cómo lograrlo, niegue la mayor y diga que no hay ninguna prisa. Un insolente que represente a los que no se creen que sin faraón el Sol no renacerá al día siguiente y el Nilo dejará de fluir. Un kamikaze que sostenga que es mejor nada que un mal acuerdo para formar un mal Gobierno. Un terremoto que repase todas las veces que los sabios economistas que decretan que las cosas solo pueden ser como ellos dicen aseguraron que sin nuevo Gobierno frenaría la economía, y al ver que no es así aun tienen el valor de decir que con nuevo Gobierno el crecimiento habría sido mayor.

No se trata de que un tipo así tenga razón, sino de que abra ventanas. Que lo ponga todo patas arriba al decir que los españoles somos unos campeones capaces de arrebatar a Bélgica su récord de 541 días sin Gobierno. Que celebre que el 25 de diciembre podamos festejar el Sol Invicto yendo a votar o no en familia o no. Que plantee que si el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, debemos colegir que el poder en funciones corrompe en funciones; que siempre es menos y, por tanto, mejor.

30/8/16

ALÉGRAME EL DÍA


Vuelvo a ver “Harry, el ejecutor” en la muy católica, apostólica y romana 13 TV y me sorprendo a mí mismo pensando que el inspector Harry Callaham no es más que una versión más glamurosa de Torrente, el brazo tonto de la ley. Por supuesto, Clint Eastwood es mucho más guapo que Santiago Segura, y Harry no es un poli, o lo que sea, corrupto, gorrón, sucio, franquista, putero y fanático del Atlético de Madrid y de El Fary como el amiguete Torrente, pero es que los métodos del inspector Callaham, sus argumentos basados en su Magnum 44 y la rudeza con que trata, hasta que consigue ganarse su respeto, a su compañera Kate Moore, una policía que quiere ser inspectora en vez de limitarse a bailar pegada a la sección de Personal y Archivos, me recuerdan a Torrente. No sé por qué. ¿Es Harry Callaham un Torrente guapo, con más ética, más pelo y más contactos con los códigos del cine negro clásico? Seguro que no. El caso es que ahora Jackie Chan me parece un Burt Lancaster pasado de vueltas, y Dwayne Johnson, más conocido como “La Roca”, un John Wayne con músculos. Y ahora viene lo peor.

Se me ocurre pensar que las diferencias entre la Premier League y la Liga son las mismas diferencias que podemos encontrar entre Harry Callaham y Torrente. Es una cuestión de estilo, de toque, de detalles futboleros. Los partidos de la Premier siempre dejan un diálogo digno de ser recordado, mientras que un partido de Liga está muchas veces al borde de la camisa por fuera del pantalón y el palillo entre los dientes. La Premier quiere ser Burt Lancaster y la Liga se conforma con parecerse a Jackie Chan, el Manchester United entra en un partido como John Wayne entra en un saloon y el Real Madrid sabe que es una roca que, probablemente, ganará la Liga de Campeones. Las películas protagonizadas por Torrente arrasan en la taquilla, y Dwayne Johnson y Jackie Chan son los actores mejor pagados del mundo. Vale. Es bueno tener público y pasta. Pero el fútbol pide algo más. La Liga española puede ser la mejor del mundo y, sin embargo, necesita un poquito de Harry Callaham, de Burt Lancaster y de John Wayne. Los ingleses son muy buenos en esto. El fútbol siempre nos alegra el día, la cuestión es si nos lo alegra a la manera de Harry Callaham o de Torrente.

29/8/16

PLATÓN Y LAS REVÁLIDAS


Todo lo mejor y todo lo peor de los documentales sobre arqueología e historia se une en “La Atlántida” (Canal Historia), y el geólogo Martin Pepper es capaz de sacarnos de quicio con su obsesión por parecerse a Indiana Jones y esa imagen de motero-mochilero incompatible con su capacidad para moverse de Atenas a Egipto y de las Islas Canarias a Santorini mientras grandes arqueólogos, historiadores, geólogos y egiptólogos le atienden y enseñan los rincones más jugosos. La teoría de Pepper es que la Atlántida no sólo existió, sino que se encontraba en la isla de Santorini. No es mal sitio.

En “La Atlántida” encontramos un buen análisis de los restos de Akrotiri, destruida hace 3.600 años tras la erupción de un volcán, pero también arriesgadas teorías que no deberían disfrazarse alegremente de hechos demostrados. La Atlántida, por supuesto, no es “el mayor misterio de la humanidad”, y el irritante tono de misterio, la música inquietante y el agresivo diseño que pretende convertir la arqueología en un videojuego no ayudan a que el espectador se forme una opinión acerca de si la Atlántica estuvo en la isla que hoy conocemos como Santorini. “La Atlántida”, como las aventuras de Indiana Jones, ofrece espectáculo y, con todo, lo hace con más dignidad que Iker Jiménez en “Cuarto milenio”. Lo mejor del documental sobre la Atlántida, además de las imágenes de Santorini, es que Pepper ha tenido la gran idea de seguir al filósofo griego Platón, que en sus textos ofrece mucha información sobre la Atlántida, como Heinrich Schliemann, el descubridor de Troya, siguió a Homero para encontrar las ruinas de la ciudad de Príamo en la colina de Hissarlik. Es cierto que cuando Platón dice algo que no concuerda con la teoría de Pepper, como que la Atlántida estaba más allá de las columnas de Hércules, el geólogo simplemente lo descarta y dice que Platón “se confundió”; pero que Pepper siga al pie de la letra a Platón hasta concluir que la Atlántida estaba en Santorini del mismo modo que Schliemann buscó Troya con la “Ilíada” en la mano, demuestra que los clásicos se niegan a morir. Y si Platón sobrevive a un documental sobre la Atlántida, también puede resistir el ataque de los clones de Wert que quieren convencernos de que los estudiantes necesitan más reválidas, más prozac y menos Platón.

28/8/16

LA BONDAD SENSATA


El escritor soviético Vasili Grossman, autor de la desgarradora novela “Vida y destino”, decía que no creía en el bien, sino en la bondad, la bondad de un hombre con otro hombre, una bondad sin testigos, pequeña, sin grandes teorías. Una bondad insensata, más allá del bien religioso y social. Si Grossman tiene razón y la bondad no tiene nada que ver con la retransmisión de la bondad, ni con la unión entre bondad y la más extrema frivolidad al ofrecer un vulgar espectáculo televisivo, ni con utilizar la excusa de recaudar fondos para un hospital infantil de Los Ángeles y así poder lucir cuerpos operados y vestidos absurdos, entonces las mujeres de “Mujeres ricas de Beverly Hills” (TEN) no son buenas. Puede que la bondad con testigos de estas mujeres ricas, esa bondad grande en dólares, con mucha teoría empalagosa y tan pegada a sus intereses sociales como un sello pegado a un sobre sea una bondad sensata. Pero no es bondad.

¿Qué hace la actriz Jamie Lee Curtis compartiendo tontería y bondad sensata con esas mujeres ricas de Beverly Hills? ¿Y por qué los fondos necesarios para que un hospital infantil de Los Ángeles pueda seguir con su labor dependen de que Lee Curtis actúe como pregonera de un ridículo desfile de moda en el que participan mujeres ricas, sus hijas ricas y sus amigas ricas? Qué pobres son estos ricos. Parece que los estadounidenses no confían en el Estado para asegurar que un hospital infantil pueda funcionar como debe, así que recurren a las donaciones públicas y televisadas de unas mujeres de Beverly Hills y a desfiles de moda que tienen tanto que ver con los intereses de los niños enfermos como el consumo de Coca-Cola con la felicidad. “Mujeres ricas de Beverly Hills” trata sobre la vida de siete mujeres elegantes y adineradas de este barrio de Los Ángeles, y esa vida es tan triste que necesita ser tan televisada como su bondad. Lo único interesante del episodio dedicado a explicar por qué las mujeres ricas a veces también lloran de pena por los niños enfermos fue la pregunta que planteó Lee Curtis: “¿Por qué las modelos parecen tristes?”. La respuesta a esa pregunta merece un estudio financiado por las buenas y sensatas mujeres ricas de Beverly Hills gracias al dinero recaudado en un desfile de moda en el que participe Jamie Lee Curtis. Qué mundo.

27/8/16

GATOS GRIEGOS


La retransmisión del sorteo de la fase de grupos de la Liga de Campeones consigue temporada tras temporada convertirse en la emoción más aburrida del mundo del espectáculo. La relación de los futboleros con este sorteo es parecida al respeto indiferente o la indiferencia respetuosa con la que los griegos tratan a sus gatos, así que nos sentamos con respeto e interés en comprobar si el Atlético de Madrid seguirá siendo el pupas del sorteo y si el Real Madrid continuará con su relación de amor-amor con la Copa de Europa, pero con esa elegante indiferencia que define la relación entre un griego y un gato de la calle. Pero hay otros espectáculos, otros directos, y están en el mismo mundo televisivo.

“Grease Live!” (Movistar Estrenos), emitido originalmente en Fox, es la versión televisiva, emitida en directo y con público, del maravilloso musical protagonizado por John Travolta y Olivia Newton-John, y aquí no hay emoción aburrida que valga, ni respeto indiferente, ni indiferencia respetuosa. Una delicia. Los viejos (o clásicos) amantes de “Grease” no tratarán este arriesgado experimento con esa magnífica displicencia con la que un gato griego se mueve entre las mesas de una taberna porque los números musicales de “Grease Live!” son potentes, divertidos, magníficos en su ejecución y en absoluto inferiores en emoción a los originales. Como novedad, hay más diversidad racial entre los protagonistas, los aplausos del público alegran los números musicales, el pobre Eugene ya no es un simple pringado del que todos se ríen y Sandy, caramba, Sandy no sólo canta y luce estupendamente su estilo Sandra Dee, sino que lo borda como animadora. Por supuesto, nadie fuma. Y sí, vale, de acuerdo, es imposible superar la morena chulería de Travolta y la rubia candidez de Newton-John, del mismo modo que ni cien Ronaldos podrían superar la magia de Messi. Pero no importa porque, como cantan Johnny Casino y los Gamblers, el rock and roll nunca morirá. Los jefazos de la UEFA deberían ver “Grease Live!” antes de cada sorteo de Liga de Campeones, a ver si aprenden algo y consiguen que los aficionados no confundamos las bolas (calientes o no) que contienen los nombres de los equipos con gatos griegos.

26/8/16

TRUMP Y EL CARTEL DE SARCASMO


El programa “Last Week Tonight” (HBO), conducido por el comediante John Oliver, puede verse en España en Movistar Series, y cada emisión no sólo nos recuerda que en nuestro país “El intermedio” de El Gran Wyoming es una excepción, sino que confirma que la cintura de nuestros políticos ante la sátira es tan rígida como la de Gort, el robot de la maravillosa película “Ultimátum a la Tierra”. Tipos como John Oliver son la última frontera ante el horror que representa Donald Trump, y una forma de reconciliarnos con los Estados Unidos de Bruce Springsteen, de Aretha Franklin, de Franklin D. Roosevelt y de Sheldon Cooper.

Y hablando de Sheldon Cooper. En uno de sus espantosos y peligrosísimos discursos, el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos y futuro invitado a las tertulias de ultraderecha de nuestra peor televisión, dijo que el presidente Barack Obama es el fundador del Estado Islámico y, puede que para no ser acusado de sexismo, presentó a Hillary Clinton, su rival demócrata en las próximas elecciones, como cofundadora de ese grupo terrorista. El análisis de John Oliver en “Last Week Tonight” de la basura salida de la boca de Trump mezcló verdades como puños de Hulk con esa descarnada ironía tan necesaria en momentos de emergencia ética como el que estamos viviendo. Trump, acosado por sus propios asesores, intentó rectificar sus acusaciones con la excusa de que nadie entendió su “sarcasmo”. Increíble. Si Trump creyera sus propias excusas (y poco después dejó claro que no lo hace), tendría que comportarse con los ciudadanos estadounidenses como Leonard se comporta con Sheldon cuando no entiende las cosas, y sacar un cartel de sarcasmo cada vez que acusa al presidente de los Estados Unidos de ser un terrorista. John Oliver define a Trump como un narcisista de Nueva York cuyos intereses empiezan y terminan con los problemas de los blancos, y eso, sigue diciendo Oliver, recuerda a “Café Society”, la última película de Woody Allen. ¿Qué más se puede pedir? Análisis político, risas y un hilo que conduce de Donald Trump a Woody Allen, dos neoyorkinos que representan lo peor y lo mejor de un país que necesita a John Oliver como Sheldon necesita un cartel de sarcasmo.