24/11/16

UNIÓN DEMOCRÁTICA DE OFENDIDOS


(Nota previa: la primera y la última frase de la siguiente columna son rigurosamente ciertas. Todas las demás son fruto de mi enfermiza imaginación.)

La vicepresidenta de la Unión Democrática de Pensionistas, Paca Tricio Gómez, ha considerado que el nuevo anuncio de la lotería de Navidad, en donde una anciana llamada Carmina confunde la fecha del sorteo y cree que le ha tocado el Gordo, es una "falta de respeto y una auténtica vergüenza", y ha pedido la retirada del spot. La Federación Ibérica del Colectivo de Peluqueras y Peluqueros así mismo se ha mostrado indignada al considerar que el anuncio transmite “una imagen de que dichos trabajadores y dichas trabajadoras abandonan irresponsablemente su trabajo ante la menor distracción”. El Principado de Asturias, lugar donde se ambienta el spot, también ha acusado la profunda ofensa que implica la cinta de la agencia Leo Burnett y ha señalado en un comunicado que “somos hijos de un pueblo milenario que no puede representarse con clichés manidos que con oscuros intereses pretenden insinuar que los asturianos no saben el día en el que viven y, por tanto, han perdido el tren y la referencia de la Historia”. Fermín Alballar, de Papeleras Unidas Españolas, no sólo demanda la retirada del anuncio, sino que exige la suspensión del Sorteo de Lotería de este año, al entender que la imagen en donde el nieto de Carmina arranca violentamente una hoja de un calendario y la tira para que su abuela no vea la fecha “transmite un profundo desprecio por el trabajo de nuestro sector, pilar fundamental de la sociedad moderna. Esa hoja que el adolescente destroza da de comer a miles de familias que la fabrican con esfuerzo”. La Alianza Pescadera del Cantábrico aún no se ha pronunciado públicamente al encontrarse demasiado afectada por la escena en donde unos pescadores malversan unos centollos para dárselos a Carmina, pero se da por seguro que emprenderá acciones legales contra Leo Burnett. Y a mí, por mi parte, me ofende hasta la médula vivir en una sociedad tan profundamente tonta del culo.

23/11/16

GRISSOM, SARA Y YO


La pasada semana, Cuatro emitió (con mucho retraso respecto a su estreno en Estados Unidos) “CSI Caso cerrado. La película”, el largometraje o episodio largo que puso fin a la serie que consiguió que muchos jóvenes no quisieran ser astronautas o estrellas del rock, sino forenses. “CSI Caso cerrado” sigue el consejo de Cecil B. DeMille según el cual una película debe comenzar con un terremoto y, a partir de ahí, ir hacia arriba, pero cambiando el terremoto por una explosión. Desde la detonación de una bomba por parte de un suicida en un casino hasta el plano final en que Grissom y Sara navegan hacia la puesta de sol, todo va hacia arriba no sólo en espectáculo, sino también en emoción. Gil Grissom volvió a “CSI” y se fue con Sara, con la serie que nos enseñó a amar a los bichos y con un puñado de personajes inolvidables para no volver nunca más. La muerte de una serie, como la de un ser querido, es más triste para los que nos quedamos sin la serie que para la serie. Sobre todo cuando, y ese es mi caso, la serie es adquirida por uno mismo, es decir, no es heredada tras la recomendación de un amigo o como consecuencia de una tarde de zapeo con final feliz.

Platón hace decir a Sócrates en la “República” que los que han adquirido las riquezas por sí mismos se apegan a ellas más que los que no las han adquirido por sí mismos, del mismo modo que los poetas aman a sus poemas y los padres a sus hijos. Todos tenemos series que hemos adquirido y series que hemos heredado, y estamos más orgullosos de las primeras que de las segundas. “CSI” es una de mis series favoritas porque la he seguido desde el principio y me he desplazado durante años de Las Vegas a Miami y a Nueva York en compañía de Grissom, Horatio y Taylor. Podría decirse que “CSI” forma parte de mi tesoro televisivo junto con “Los Simpson”, “Twin Peaks”, “Los Soprano”, “Las chicas Gilmore” o “Big Bang” porque me lo jugué todo por ellas desde el primer capítulo y a todas las considero como mías, mientras que no estoy tan apegado a series maravillosas que he heredado de mis amigos como “Breaking Bad”, “Juego de tronos”, “House” o “Cómo conocí a vuestra madre”. El dinero es útil tanto para el que lo tiene porque lo ha adquirido como porque lo ha heredado, y las grandes series son útiles y bellas tanto para el que las descubrió sin ayuda de nadie como para el que las heredó de un buen consejo, pero créanme si les digo que en ese barco en el que Grissom y Sara navegaban hacia la puesta de sol también iba yo.

22/11/16

CUANDO ESPINETE EXISTÍA


El domingo por la noche, La 1 estrenó “Espinete no existe”, un programa que según la propia cadena “repasa la historia de TVE y la infancia de los espectadores”. ¿Añoranza televisiva? Como diría en “Cómo conocía a vuestra madre” el gran Barney Stinson, “¡Acepto el reto!”.

Veamos la nostalgia televisiva con más nostalgia televisiva. En 1976, la BBC estrenó la serie “Yo, Claudio” basada en dos novelas de Robert Graves (a quien por esta y muchas otras cosas debemos agradecimiento eterno). Hay quien criticó la serie por ser nada más que teatro televisado, aunque hay quien la elogió por ser nada menos que teatro televisado. En uno de los quinientos mil grandes momentos de sus trece capítulos, Talo (David Davenport), mayordomo de Augusto, dice al orador Aristarco de Atenas: “El teatro ya no es lo que era”. Aristarco (Carleton Hobbs) da una respuesta que acaba con la nostalgia por el teatro de antes, por la televisión de antes, y, en general, por los “buenos tiempos” que en el mundo has sido, son y serán: “No. Y te diré algo más: el teatro nunca fue lo que era”. Apliquémonos el cuento. Por ejemplo, ahora. Dinamitemos la añoranza con más añoranza.

Qué flojo fue “Espinete no existe”. Todas las cosas de las que hablaron, el blandiblú, el Exín Castillos o la Ruperta, eran mejores antes, cuando no había que hablar de ellas sino que simplemente estaban ahí. En España (TVE, la única tele que había), “Yo, Claudio” se emitió precedida por una advertencia de la locutora de continuidad, qué tiempos. Avisaba al espectador de que la serie podía herir su sensibilidad, pero no de que podía desperezar su entendimiento. Si “Espinete no existe” se hubiera estrenado hace 30 años, cuando Espinete existía, hubiera estado mejor de lo que estuvo anteayer. Incluso podría haberse emitido tras un mensaje de advertencia que nos sirviera para abrir el entendimiento y apagar la sensibilidad. Pero no fue así. Además, una hora de programa ya empieza a hacerse larga. El pasado ya no es lo que era, y eso sin hablar de la próstata. Que ya hablaremos, ya.

21/11/16

EL MURO DE BERLÍN, COLORIZADO, ¿VALE?


Ya la palabra “colorización” suena mal ella sola. Si hablamos de colorizar las imágenes de la colección de la Guerra Civil Española preservada en la Filmoteca Española, suena aun peor. Es una falta de respeto al pasado, a la historia como disciplina y a nosotros mismos como herederos de este legado. A no ser que no hablemos de las fechorías de un chiflado, sino de un programa de DMAX que, gracias a este recurso, logra que unas cuantas personas aprovechen los jueves en hora de máxima audiencia para ver una serie documental sobre nuestra Guerra Civil en vez de alguna de las tonterías que vuelan por las antenas a esas horas. Dicen los creadores de “España dividida: La guerra civil en color” que así pueden ser más didácticos y acercarse al gran público. Felicidades, entonces.

También suena mal esta explicación del Muro de Berlín: “Pues era que estaba un muro, ¿vale? Y que separaba toda lo que era la zona de América y todo eso. Estaba separada y todo eso por... como... la gente estaba, o sea, hubo como una guerra, digamos, ¿vale? Y se construyó un muro y estaba separado por una zona, ¿vale?, donde estaba la gente un poco más pobre y por otra zona donde había gente más rica. Y la gente pobre ya, después de tantos años, estuvo 20 años o así separados, no podía pasar nadie al otro territorio, mucha gente, muchos familiares, estaban en el otro territorio, no se podía acceder. Era como un poco aquí gente que quiere emigrar. Cosas. No lo mismo, pero un poco así. Una guerra muy importante hasta que los obreros, digamos, ya se hartaron y cogieron y empezaron a destrozar el muro entero. Que imagínate todo lo que es un muro que separe todo, ¿sabes? Es increíble”. Sí que es increíble. Y si lo dice una estudiante de magisterio, más. A no ser que sea tan buena que adapte su explicación al público al que va destinada: sus compañeros, concursantes en “Gran hermano”. Entonces habría que felicitarla. Lo terrible sería que ella hablara así porque es así y ese es su registro. Entonces habría que felicitar a Telecinco: es quien hace el trabajo de elegir a los concursantes según el tipo de espectador que cultiva.

20/11/16

DEBAJO DE DEBAJO DE DEBAJO DE LA MANTA


El Diccionario Oxford dice que la palabra de este año es “posverdad”. Aquí no. Lo será por ahí afuera, donde el triunfo del Brexit y Donald Trump demuestran que lo importante del debate político no es la verdad, sino la victoria. En España, la palabra del año es “posTransición”. Lo descubrimos la noche del viernes en laSexta.

Durante la Transición, España pasó de la dictadura que tuvimos a la democracia que tenemos. No sabemos adónde nos lleva la posTransición. Hay consenso en que la Transición comenzó con la muerte de Franco, hoy hace 41 años; pero se discute si terminó con la legalización del PCE, las primeras Elecciones Generales, la aprobación de la Constitución, el Golpe del 81 o la victoria socialista del 82. En realidad, la Transición terminó en 1995, cuando TVE emitió “La Transición”.

En 1995 los españoles vimos ojiabiertos y boquipláticos (algo así) la serie documental de investigación periodística “La Transición”. En ella, Victoria Prego tiraba de la manta de lo que había ocurrido en la Transición. Esta es la Transición a calzón quitado, nos decía. Y lo creímos. Lo que no sospechábamos es que desde que se empezó a elaborar la serie pasaron varios años que no son fáciles de justificar, ni teníamos idea de que la reconstrucción del puzzle que fue la Transición estaba formando un nuevo puzzle que sería la construcción de “La Transición”, ni podíamos imaginar que debajo de la manta de la que Prego tiraba nos habían colocado oportunamente otra manta igual de tupida, tramposa y falaz.

Anteayer comenzó la posTransición. La inauguró “laSexta columna”. Destapó un vídeo en el que Adolfo Suárez confesaba a Prego que, para evitar un referéndum sobre la monarquía (que perderían), nos coló en la Ley para la Reforma Política al rey y la monarquía. Los españoles votamos aquel referéndum creyendo que servía para desmontar el franquismo, pero ignorando que también servía para montar la monarquía. La posTransición terminará cuando alguien desvele qué nos oculta Antonio Ferreras. Entonces sabremos qué hay debajo de debajo de debajo de la manta.

19/11/16

Bine, Bi, venCí


“Vine, vi y vencí” está bien porque es conciso y suena bien, pero sobre todo porque quienes hablan así son los vencedores, esos que escriben la historia. Ay, de los vencidos, que dicen lo mismo pero en tercera persona. “Vinieron, vieron y nos vencieron” también es conciso, pero suena peor. A no ser que el vencedor sea la BBC, y los perdedores seamos los espectadores de TVE. En ese caso la cosa cambia. Entonces anhelamos la derrota. De hecho, vivimos ansiosos a la espera de que, cuanto antes, la BBC venga, podamos verla y nos venza. Porque la derrota de “MasterChef celebrity”, de “Corazón”, de TVE y su manera de entender el servicio público, es nuestra victoria.

Hace un par de semanas, recorrió la red un vídeo extraído de un programa de la BBC. Causó impacto a pesar de que no salían famosos cocinando ni famosos en familia ni siquiera famosos. Solo era una secuencia impresionante del impresionante mundo en el que vivimos. Una cría de iguana huía de un ejército de serpientes que pondría de los nervios a Indiana Jones. Traducción al español: que salían unos animales de esos que, desde que Félix Rodríguez de la Fuenta nos falta, TVE tiene tan asimilados a la hora de la siesta que si en TVE salen animales, es que es la hora de la siesta; y si es la hora de la siesta, en TVE salen animales.

La secuencia dejó boquiabierto al mundo. También la emocionante e intensa voz del narrador, un chaval de 90 años llamado David Attenborough. Aquí más cosas nos causaron asombro: que la secuencia procede de un documental realizado por una cadena pública y no un canal de pago, que se trata de un programa llamado “Planeta Tierra II” que se emitió en hora de máxima audiencia y no a la hora de la siesta, que lo emitió una cadena líder y no una cadena destinada a una inmensa minoría a la que se deja languidecer, que lo vieron en su estreno más de doce millones de espectadores que no saben qué significa “león come gamba”. Ahora, esperemos obedientes a que TVE tenga a bien emitir “Planeta Tierra II” en un rincón como en su día hizo con “Planeta Tierra”. Y que seamos bendecidos porque la BBC vuelva a decir “Bine, Bi y venCí”.