30/4/17

TRASPLANTES Y TRANSFUSIONES



Hace falta un infiltrado en “Supervivientes” para poner orden en el programa. Y hace falta algún famoso en horas bajas dispuesto a todo conviviendo en los informativos de TVE. Ambos saldrían ganando.

En Telecinco tienen un problema con los concursantes contratados para sus realities de coreografía bajo demanda. Saben que su trabajo consiste en montar un pollo detrás de otro para ganar protagonismo y que la cadena siga contando con ellos, pero se lo toman demasiado a pecho. Desde el primer momento saltan unos sobre otros y los jefes de pista, incapaces de controlar a sus fieras, se ven desbordados. Los presentadores tienen que sacar el látigo, y los guionistas se desesperan porque los concursantes sobreactúan estropeando un producto de equilibrio tan difícil como el ‘reality show’, que aunque sea ficción, o precisamente por eso, debería atenerse a los tiempos marcados para que la narración funcione.

Si se trasplantara al programa una periodista como la que el juez del caso Lezo sospecha que se infiltró en los informativos de TVE para defender la imagen y los intereses del expresidente madrileño Ignacio González, podría trabajar desde dentro para que los enfrentamientos habituales de los ‘realities’ no se salieran de madre dañando la imagen y los intereses de la cadena. Porque el lío es rentable, pero el caos no.

En TVE tienen el problema contrario. El juez Eloy Velasco lanzó una bomba en el auto que llevó a prisión a Ignacio González diciendo que “habría colocado a una periodista de su confianza en TVE” para que le defendiese. Los responsables de TVE no solo dicen no saber nada, sino que han decidido tomar el toro por los cuernos no moviendo un dedo porque, dicen, no es asunto suyo.

Si transfundieran a los puestos de responsabilidad de TVE siquiera unas gotas de sangre de algún “Superviviente”, a lo mejor daban un puñetazo encima de la mesa y despertaba tanto zombi que puebla la casa. Decir “menos mal que estoy bien pagado”, como dijo en sede parlamentaria José Antonio Sánchez, presidente de RTVE, está bien, pero es mejor si, además, te ganas el sueldo.

29/4/17

MI CASA, TU CASA, SU CASA


Pepe Navarro de compadreo con Bertín Osborne anteayer en “Mi casa es mejor que la tuya”. Dos corazones salvajes a tumba abierta en horario de máxima audiencia. Podemos potar directamente o podemos ir más allá.

“Tu casa no es ni la mitad que la mía” había ido perdiendo seguimiento, pero con Navarro de malote arrepentido confesándose con un señorito pata negra el programa volvió a campear recordándonos, otra vez, cómo está el patio. Podemos lamentarnos o podemos ir más allá.

“En mi casa planto el sofá donde me sale de las narices” simula la intimidad de un confesionario y la sinceridad de una vieja amistad, pero solo es un decorado. Por él desfila una retahíla de personajes que, según su interés o la situación de su carrera, lo usan de plataforma para su autopromoción o de púlpito para lavar su imagen y vendernos que, riéndose con la franqueza que se ríen, debemos confiar en ellos y comprarles el coche de segunda mano que nos venden. En el caso de Navarro, la responsable paternidad de su no paternidad. Podemos salir corriendo o podemos ir más allá.

Además del peligro que encierra en sí mismo, “En tu casa no abrazas los cojines como yo en la mía” anteayer tramaba algo. ¿Un culebrón? (Ivonne Reyes desfila por la cadena contando en otros espacios su versión, Navarro cuenta aquí la suya, al hijo lo ignoran hasta que cumpla dieciocho: un culebrón es más rentable si da audiencia sin necesidad de rodarlo). ¿Un ‘late show’? (Navarro pelotillea a Bertín y su programa. Bertín añora aquel “Mississippi” que lanzó a Telecinco al agujero negro donde aún orbita. Navarro suspira por volver. Bertín da la peor respuesta posible: “¿Quieres que hagamos un ‘late night’?”). Podemos morirnos o podemos ir más allá.

Ocurre esta semana: en “Late motiv” falla un vídeo. Buenafuente se mete al público del plató y al de casa en el bolsillo improvisando una imitación de Pepe Navarro cuando le fallaba algo. Televisión en estado puro, destilada, de la de verdad. Su casa sí es la nuestra, quedémonos con esto.

28/4/17

OPERACIÓN VUELTA DE OPERACIÓN TRIUNFO


Puestos a volver, Televisión Española podría haber elegido que volviera “Jazz entre amigos”. O “Treinta y cinco millones de espectadores”. O “La clave”. La originalidad está sobrevalorada y me parece magnífico que nuestra televisión pública acuda a sus programas clásicos para renovar su parrilla actual: sería maravilloso poder ver nuevos capítulos de “Curro Jiménez” o “Historias para no dormir”. ¿Qué tal una precuela de “Juncal”? No me perdería por nada del mundo una nueva temporada de “El peor programa de la semana”, o “La hora chanante”, o “El orgullo del tercer mundo”. ¡Podría volver “Estudio estadio”! Por asociación de nombres me acaba de venir a la cabeza “Estudio abierto”, aquel programa de entrevistas que conducía José María Íñigo. ¿No sería maravilloso que volviera “Popgrama” manteniendo aquella cabecera que hacía un zoom sobre la portada del “Time fades away” de Neil Young? ¿Quiere TVE dar luz verde a la vuelta de un magnífico programa de televisión? Estupendo: propongo “Estudio 1”, “Raíces”, “Qué grande es el cine”, “El hombre y la Tierra”, “El conciertazo”, “La edad de oro”, “Galas del sábado”, “Viaje con nosotros”, “Los chiripitifláuticos”, “Si yo fuera presidente”, “La luz y el misterio de las catedrales”, “3x4”, “Pepe Carvalho”, “Las manos en la masa”, “Qué noche la de aquel año”. Hombre, si se me pide opinión seguramente recomiende “Un país en la mochila”, o “La ruta de Samarkanda”, o “Ciudades para el siglo XXI”. Sé que su última edición fue un fracaso, pero no me creo que un nuevo “Un, dos, tres, responda otra vez”, realizado con medios y talento dignos de Chico Ibáñez Serrador, no triunfase.

Y una vez que he dejado inequívocamente claro cuán partidario soy de los revivals, los regresos y las vueltas, ¿por qué, puede alguien, oh, dioses del averno, puede alguien explicarme por qué -pregunto mientras caigo genuflexo mesándome los cabellos- Televisión Española ha decidido producir la vuelta del horrorosamente espantoso programa “Operación Triunfo” que con toda probabilidad será una fracasazo truñil de crítica y público?

27/4/17

EL MILÍMETRO FINAL


Prometo que no volveré a escribir una columna sobre este tema. Anteayer se produjo la primera entrevista a una persona sorda en la historia de nuestra televisión: tuvo lugar en “Los desayunos de TVE” y fue protagonizada por Pilar Lima, senadora de Podemos por Valencia. Se habló de Francia, de Valencia, de Ignacio González y Esperanza Aguirre. El largo camino hacia la normalidad de las personas con algún tipo de discapacidad pasa por varias etapas. En primer lugar se ignora su existencia y no se cuenta con ellas para ningún tipo de actividad que tenga una dimensión pública. Después se les comienza a dar cierta presencia mediática o social, pero únicamente relacionada con las condiciones y las peculiaridades que les supone su discapacidad. A continuación ya se les permite una presencia normalizada, atenta a su diversidad pero no temáticamente vinculada a ella. Es lo que ocurrió anteayer en Televisión Española. Es un enorme avance, y puede parecer que ya se ha alcanzado la normalización absoluta de estas situaciones. Pero falta un milímetro final: hace falta que los medios no destaquemos como extraordinario que dichas actuaciones públicas hayan tenido lugar.

Así que, seguramente, mi mínima contribución a la normalización de las personas con discapacidad debería haber consistido en no escribir esta columna, no dar ningún relieve a la histórica aparición de Pilar Lima en “Los desayunos de TVE”. ¿Qué tiene de especial que una senadora de un partido político sea entrevistada en una tertulia política para hablar de temas de actualidad? Pero me pudo la emoción. Me pudo la alegría ante las toneladas de sencillez y de esfuerzo que se intuían detrás de una tranquila conversación sobre asuntos de interés público. Fue tan poco reseñable lo que tuvo lugar en esa media hora que no he podido resistir la tentación de reseñarlo. No volveré a hacerlo. Nos toca a los demás empujar el milímetro final sobre la puerta que ha abierto Lima con valentía y constancia, por la que entran tantas cosas buenas. Por mucho que me alegre, por mucho que me emocione el coraje de la senadora de Podemos, no volveré a comentar las futuras entrevistas que le hagan a Pilar Lima en futuros programas de televisión.

26/4/17

VIVA LA REVOLUCIÓN


O Stalin, o Trotsky. O el socialismo en un solo país, o la revolución permanente. Stalin dejó clara, pocos años después de la revolución rusa, su postura acerca de que la victoria del socialismo era manifiestamente posible en un solo país. Trotsky estaba convencido de que la revolución rusa sería el desencadenante de nuevas revoluciones en el mundo capitalista. La debilidad de las fuerzas revolucionarias en los países capitalistas, que hacía difícil la extensión de la revolución fuera de Rusia, jugaba a favor de las tesis estalinianas. La necesidad de extender la revolución a otros países para, precisamente, consolidar el carácter socialista de la revolución rusa, era un buen argumento a favor de la “revolución permanente” de Trostsky. Hay que elegir. O una televisión revolucionaria en una sola cadena que no nos avergüence convirtiendo el ocio del proletariado en una apología de la ignorancia y de la grosería, o una revolución permanente televisiva que luche para que todas las cadenas extirpen de su programación a todos los Jorges Javieres, Íkeres, Mercedes Milás, Cárdenas y Bertines Osbornes. Yo me quedo con las tesis de Stalin aplicadas al mundo televisivo.

Revolución en un solo país, y ese país es La 2. La revolución permanente es imposible porque programas como “Aquí la Tierra” tienen tan poca fuerza como el Partido Comunista en los Estados Unidos de Trump, y es imposible luchar contra “Gym Tony”, las bodas de “Los Gipsy Kings”, los cambios de “Cámbiame” y las entrevistas a Andy y Lucas en “El hormiguero”. Sólo nos queda desarrollar la revolución en el país de La 2 cuidando las noches dedicadas al cine español, los delicados documentales de “Paraísos cercanos”, la melancolía de “Walander” y las deliciosas “Mañanas de cine” que recuperan el espíritu revolucionario de los cines de barrio. Si admitimos que La 2 es la única manera de llevar adelante la revolución que supone una televisión generalista que no se regodee en la basura, entonces entenderemos que el objetivo de la Internacional Televisiva será el mismo que el de la Internacional Comunista después del triunfo de las tesis de Stalin: no promover una imposible revolución mundial, sino contribuir a la consolidación del Estado soviético. Así, “El intermedio” de Wyoming no es un programa de La 2, pero sí contribuye a la consolidación del proyecto de La 2. Viva la revolución, aunque sea en un solo país.

25/4/17

"MASTERCHEF" DA ASCO


“MasterChef” da asco y es una marranada. Hay a quien tanto concurso y programa de cocina le resulta indigesto, tanto jurado culinario endiosado lo encuentra estomagante, tanta insistencia en jibarizar la infinitud de la vida restringiéndola a dos centímetros cuadrados de papilas gustativas lo considera reduccionista, y tanto ‘gourmetcentrismo’ precopernicano le parece insidioso, equivocado y peligroso. Aquí estamos peor. Aquí pensamos que dan asco y son una marranada los concursos de cocina en los que los jueces dicen que los platos que tienen que probar les dan asco y les parecen una marranada. Como “MasterChef”.

El otro día, los jueces, pobrecitos, tuvieron que enfrentarse a un plato con tan mala pinta que alguno no lo quiso probar, otro dijo que era el peor plato de la historia del concurso, y otro dijo que era “una marranada” y un “ascazo” (porque “asco” le parecía poco y le añadió no sé si el sufijo aumentativo, el despectivo o dos por uno).

Así que este programa familiar se confirma como un gran espacio familiar. En efecto, vale la pena verlo con los niños para que aprendan lo que no hay que hacer. Con “MasterChef” podemos enseñarles que siempre hay que estar abierto a probar cosas nuevas yendo más allá del aspecto de los platos y de nuestros prejuicios (“Dale una oportunidad”, dice siempre mi amigo José). También sirve para recordar a los niños que, en principio y por educación, igual que no se dice “¿Me entiendes?”, sino “¿Me explico?” (que alguien enseñe esto a Belén Esteban, por Dios), tampoco se dice “Esto es una marranada” ni “¡Qué ascazo!”, sino “A mí no me gusta”, porque la vida te da sorpresas y, además, el gusto se educa.

Lo único que debe darnos asco es el asco mismo y lo único que debe parecernos una marranada es decir que la comida es una marranada. Como pasa con “MasterChef”, una marranada que da asco.