31/5/17

LAS SORPRENDENTES AVENTURAS DE LA PALABRA 'POP' O POR QUÉ LA MÚSICA FOLK Y LA POLICÍA SON TAN VULGARES


Les invito a acompañarme en uno de los viajes más fascinantes que puede realizar un individuo moderno, un viaje que atraviesa el Partido Popular, el folklore andino, la traducción más famosa de la Biblia al latín, David Bowie y Andy Warhol, las ciudades romanas, los coches Volswagen y Bob Pop. Es el sorprendente itinerario que recorre la raíz indoeuropea “pol-” hasta llegar al nuevo espacio de #0 “Pop”. “Pol-” aparece en las lenguas latinas vinculado a la ciudad (“polis”) y al pueblo (“populus”). Salta a las lenguas germánicas, en donde la “p” se convierte en la fricativa “f”, dando lugar a “fol-”, reteniendo su significado referente a la gente que vive en comunidad. De ahí “folklore” y “volswagen” -que podría traducirse al canario como “la guagua del pueblo”-. Pero la nueva raíz “fol-” vuelve a Roma convertida en “vul-”, dando lugar a “vulgo” y haciendo que la traducción de la Biblia al latín vulgar que encarga Jerónimo de Estridón se llame “vulgata”. Hay quien opina que la música folk es vulgar sin saber que “folk” y “vulgar” son primos muy cercanos.

Pero la raíz “pol-” no estaba muerta. A través de “polis” saltamos a “política” y a “policía”. Y a través de “popular” el siglo XX contempla la aparición de “pop”, una casi onomatopeya que oculta miles de años de raíces semánticas para designar a un nuevo arte fácil, directamente experiencial, de consumo rápido y simpatías por el capitalismo comercial. Sting, Andy Summers y Stewart Copeland fundan en 1977 un grupo de música pop llamado “The police”. Alaska asegura que los artistas pop no deben meterse en política. La cantante pop Cher acusa a Donald Trump de populismo. Y en junio de 2017 la cadena #0 estrena “Pop”, un recorrido por una rama de la cultura de masas en forma de canciones comerciales y populares que forman parte importante, cuando no auténtica identidad existencial, para todas las personas que viven en nuestro país. Con “Pop” Movistar+ espera conseguir un éxito de público -ah, se me olvidaba, “plus” y “público”, por supuesto, también son el resultado de las increíbles aventuras de la raíz “pol-”-.

30/5/17

EL ÚNICO ENIGMA ES EL PROPIO ÍKER

El único misterio que verdaderamente encierra “Cuarto milenio” es Íker. ¿Él se cree o no se cree ese descomunal montón de mentiras? ¿Es un necio o un timador? Esa cuestión es mil veces más interesante que cualquier psicofonía. El pasado domingo el programa más facha de la televisión nacional celebró sus quinientas emisiones con un especial -no lo llamo “reportaje de investigación” para no ofender al reportaje de investigación que emitía al mismo tiempo laSexta sobre el accidente del metro de Valencia- dedicado a sucesos paranormales ocurridos en las ruinas del Palacio de Sisla. En un momento determinado, una supuesta sensitiva (¿?) empezó a informar de la gran energía que estaba sintiendo, y las cámaras enfocaron el movimiento rápido y abierto de un péndulo que sostenía entre sus dedos. Era tan absolutamente descarado que el giro del péndulo se lo estaba imprimiendo el movimiento de la mano, que creer que el péndulo se movía solo sería como ver a Mari Carmen mover los labios y creer que la que habla es Doña Rogelia. Segundos después Íker volvió a la pantalla; en efecto, se estaba planteando un gran enigma: él mismo. Necedad o timo, mentira no dolosa o mentira dolosa, mal ignorante de sí mismo o mal autoconsciente.

Cabe una tercera posibilidad. La más malvada de todas: le da igual. Él es un profesional triunfador en el mundo del espectáculo. ¿Se cree Raphael la letra de sus canciones? ¿Se cree Chiquito -feliz ochenta y cinco cumpleaños, maestro; no sabe cuánto se le quiere- sus chistes? ¿Se cree Íker que el péndulo gira por la energía de los ectoplasmas? La respuesta no es sí o no, simplemente la pregunta no tiene sentido. Quizá la verdad le importó a Íker hace treinta años, cuando aún no todo dependía de las audiencias, ¿quién lo recuerda? Haber llegado a quinientos programas es la principal prueba de su éxito, y nada hay más indiferente a la verdad o a la mentira que el éxito. La nave del misterio no necesita viajar a ninguna parte porque el principal de ellos lo tiene dentro de sí misma, aunque no creo que el misterio de Íker se resuelva en ninguna emisión del programa que desprestigia a Cuatro. No es un enigma paranormal sino moral, y la moralidad no es la especialidad de "Cuarto milenio".

29/5/17

RUTINA CON SODA

Creeré en el declive de “Los Simpson” cuando me trague que estamos viviendo el declive del capitalismo. Ja. En cuanto al declive de “Big Bang”, creo que está más cerca del declive de la socialdemocracia que del declive del capitalismo, pero eso no quiere decir que Sheldon Cooper y compañía ya no sean divertidos o que los nuevos capítulos de “Big Bang” hayan dejado de ser a la física teórica lo que “El ministerio del tiempo” es a la historia o “Mi gran boda griega” al gran logro de que muchos asociemos la expresión “¡opa!” con la alegría y no con una oferta pública de adquisición de acciones u otros valores. O sea, que el declive de “Big Bang” es inevitable pero, como dice Juba en “Gladiator”, aún no. Aún no.

Una serie puede retirarse por todo lo alto, como “Los Soprano”, o puede estirarse siendo consciente de su propio declive, como “Expediente X” o, quizás, “Perdidos”. Yo soy partidario del declive controlado porque uno de mis héroes, el gran viajero y escritor Patrick Leigh Fermor, un hombre que vivió y bebió la vida como pocos lo han hecho, afrontó su declive físico en su casita de Grecia con una enorme entereza y elegancia. Dice Dolores Payás en su encantador “Drink Time!”, una semblanza de primera mano del gran escritor inglés, que la rutina diaria y el apego a las formas de Fermor le eran imprescindibles para sobrellevar su deterioro con distinción y estoicismo. La rutina no tiene buena fama, pero a Fermor le funcionaba muy bien (siempre se adecentaba, se peinaba y se ponía traje antes de la obligatoria copa previa a la cena, por ejemplo) y a las grandes series televisivas también les sienta de maravilla. ¿Que algunos capítulos de “Big Bang” parecen rutinarios? Es posible. Pero no hay problema mientras los diálogos y referencias sigan siendo elegantes y mientras Howard y Penny lleven su deterioro con distinción, estoicismo y alegría. Los últimos capítulos de “Expediente X” perdieron algo las formas, pero prefiero que los chicos y chicas de “Big Bang” pierdan las formas antes que despedirme ya de todos ellos. Aunque la mejor opción es que la rutina de “Big Bang” se alargue alguna temporada más, que Sheldon se ponga traje para cenar y que después vea “La guerra de las galaxias” con Amy y con un güisqui con soda entre las manos, pero en su sitio. Siempre en su sitio.

28/5/17

NAPOLEÓN EN TWIN PEAKS


Los nuevos capítulos de “Twin Peaks” no pondrán patas arriba el mundo de las series televisivas porque, entre otras cosas, el universo de las series televisivas está patas arriba desde que la primera temporada de “Twin Peaks” se coló en nuestras pantallas y nos dejó a todos tan descolocados como Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda después de una charla con Sigmund Freud. A partir de la tarta de cerezas de “Twin Peaks” ya no nos sorprende que Aristóteles recomendara el consumo de cigarras preferentemente en su estado larvario justo antes de la última transformación porque sabemos que detrás de la tarta de cerezas puede estar el consomé de cigarras, detrás de un pequeño y tranquilo pueblo puede habitar el mal puro, y detrás del cuerpo sin vida envuelto en un plástico de Laura Palmer puede esconderse un mundo perturbador envuelto en la música compuesta por Angelo Badalamenti.

¿Las circunstancias? ¿Qué son las circunstancias, se preguntaba Napoleón? Y, como Napoleón era Napoleón, su respuesta era: yo soy las circunstancias. Seguro que David Lynch y Mark Frost, creadores de “Twin Peaks”, dirían lo mismo que Napoleón si les preguntáramos por las circunstancias que explican el fenómeno cultural que supuso la vida y muerte de Laura Palmer. ¿Circunstancias? Nosotros, Lynch y Frost, somos las circunstancias. “Twin Peaks” fue tan rompedora, tan diferente a cualquier otra cosa que se hubiera visto en televisión, tan alejada de series de éxito de los 90 del pasado siglo como “El show de Bill Cosby” o “Las chicas de oro”, con unos personajes tan inclasificables, un pueblo tan marciano y un lado oscuro tan tenebroso, que hacía falta un Napoleón (o dos) para sacar adelante un cóctel que abrió el camino a la edad de oro de las series televisivas. Si la vieja idea griega de que los movimientos terrestres eran rectilíneos porque el movimiento circular estaba reservado a los cuerpos celestes obstaculizó la teoría de la circulación de la sangre, la vieja idea de que los argumentos de las series de televisión deben ser rectilíneos, reservando las tramas circulares para el cine, estalló en mil pedazos cuando la circunstancia napoleónica encarnada en el agente Cooper llegó a Twin Peaks. Nada es recto en “Twin Peaks”. Todo es sinuoso.

¿Los nuevos capítulos de “Twin Peaks”? Bien, gracias.

27/5/17

PATIÑO'S GOT TALENT


Los concursos de talentos son muy pesados, y los participantes, más. Viéndolos comprobamos que queremos participar en concursos de talentos, pero solo para que nos digan lo talentosos que somos. Queremos que nos presten atención, ser el centro de todas las miradas, ocupar toda la pantalla, pero únicamente para que nos aplaudan. Queremos que evalúen si somos buenos artistas, pero a condición de que certifiquen que cuando muramos con nosotros morirá un artista más grande que el gran artista que murió cuando murió Nerón.

Queremos ir a “Operación triunfo” a que nos digan que triunfamos, a “Gente de Primera” a que nos digan que somos gente de primera, a “Popstars” a que nos digan que somos estrellas del pop pero en inglés , a “Tú sí que vales” a que nos digan que nosotros sí que valemos, a “Tú sí que sí” a que nos digan que nosotros sí que sí, a “Tienes talento” a que nos digan que tenemos talento, a “Got talent” a que nos digan que tenemos talento pero en inglés, a “Factor X” a que nos digan que tenemos el factor X, a “El número uno” a que nos digan que somos el número uno, a “Uno de los nuestros” a que nos digan que somos uno de los suyos, a “Insuperables” a que nos digan que nadie nos supera, y a “Fantastic duo” a que, manda huevos, nos digan que nuestro dúo es fantástico.

En Estados Unidos unos concursantes han demandado a “America's Got Talent” porque fueron humillados públicamente, maltratados verbalmente y manipulados psicológicamente. Ahora sufren trauma, depresión y angustia emocional, quién no. Si les funciona, que nos avisen porque eso animaría las cosas por aquí. Ahí está María Patiño. Trabaja en “Sálvame” encantada por lo fácil y bien que se gana la vida, pero el otro día se echó a llorar porque su programa, que hurga sistemáticamente en lo peor de la condición humana, preguntó a los colaboradores cuál era el más deshonesto de todos ellos... y resultó ser ella. Se disgustó porque una cosa es despellejar y otra ser despellejada. Patiño, haznos un favor: aplica el modelo americano, pon una demanda y haz saltar “Sálvame” por los aires con todos dentro. No consientas esa humillación. Canaliza tu angustia emocional. Tú tienes talento.

26/5/17

LA ISLA


“La isla” (laSexta, miércoles por la noche) es un programa de aventuras en el que dejan a catorce señores solos abandonados en una isla deshabitada (bueno, vale, “deshabitada” hasta que llegan ellos). Es el último espacio de Pedro García Aguado, que después de lidiar con delincuentes con afán de protagonismo en “Hermano mayor” (Cuatro) y con delincuentes sin afán de protagonismo en “Cazadores de trolls” (laSexta), ha encontrado una manera de trabajar mucho más cómoda: se limita a soltar a unos tíos frente a una isla en medio del Pacífico, marcharse y dejarlos desamparados a su suerte para que se busquen la vida.

Aguado tiene un trabajo bien descansado. No traza con su espada una línea frente a la isla. No dice a los participantes que los que no la crucen irán a casa a ser don nadie, y los que la crucen quedarán en “La isla” a ser famosos. No acompaña a los que la traspasan dando gracias a Dios por ello, pues había sido servido de ponelles en corazón la quedada. No conquista con ellos el Imperio inca. Aguado lleva ya escogidos de casa a los “Trece de la Fama” (más uno, que tendría que hacer de Pizarro al frente de aquellos “Trece caballeros de la isla”), y, después de dejarlos allí tirados, el ‘coach’ se las pira.

En la isla, el reto de los catorce es sobrevivir aislados (como no podía ser de otra manera: aislados). Sin comida. Sin agua. Sin recursos. Valiéndose solo de su ingenio, su trabajo, su habilidad para enfrentarse a las adversidades, su capacidad de sacrificio, sus talentos individuales, su espíritu equipo. Deshidratados. Famélicos. Dejados de la mano de Dios y del asesoramiento del asesor. Eso es “La isla”: enfrentarse a la isla y vencer. Qué emoción. Después de dos entregas, de ver a los catorce señores participantes enfrentándose a dificultades sin cuento, de conocer sus perfiles, de evaluar sus estrategias, de apreciar sus comportamientos, de escuchar sus confesiones, ya tengo un favorito: yo voy con la señora. En “La isla” yo voy con la isla. ¡A por ellos!