31/8/17

SILVIA JATO IS THE NEW MARILÓ


Silvia Jato tiene que dejar de ser la suplente veraniega de “La mañana” de La 1. La actual titular, María Casado, llega, hace correctamente su trabajo y se marcha. Un desperdicio. Con la de mañanas de gloria que nos brindó Mariló Montero hasta que dejó el programa para reencontrarse consigo misma, su propio ser o algo así. Pero ahora que Casado está de vacaciones, Jato aprovecha para apuntar maneras. No es Mariló y nunca lo será, aunque si se lo curra un poco más puede devolvernos la ilusión de ver de lo que es capaz un ser humano con una cámara y un micrófono. Sobre todo un micrófono.

Jato metió la pata la semana pasada tratando a una entrevistada musulmana con esa condescendencia propia del colonialismo. Quien aspire a ocupar el puesto de Mariló debe ser capaz de reavivar un incendio al intentar apagarlo, así que días después volvió a meterse en el jardín a mejorar el estropicio.

Paternalista, improvisó un curioso análisis sobre el Daesh: lo que quieren es “que los cristianos nos enfrentemos a los musulmanes”. ¿De verdad podemos seguir como si nada los ateos, agnósticos o pastafaris porque esto no va con nosotros? Flipo. Después aplicó la misma doctrina a las redes sociales críticas con su metedura de pata del otro día: “Quieren crear un conflicto entre los musulmanes y los cristianos”. ¡Las redes con el Daesh! Reflipo. Habló otra vez de la integración de los jóvenes de “segunda generación”, sin enterarse de que es una expresión discriminatoria en sí misma. Y volvió a ponerse ‘happy flower’ proclamando su solidaridad “con el pueblo musulmán”. Algo poco solidario porque los musulmanes profesarán una misma religión pero no forman un pueblo (mira el DRAE, Jato). Por eso la chica musulmana del otro día intentaba decir, pero no la dejaste hablar, que no forma un pueblo aparte, que es tan española como cualquier español. Cosas de la igualdad de un Estado que no está formado por cristianos viejos y musulmanes de segunda generación, sino por ciudadanos iguales donde nadie tiene por qué ponerse protector y paternal con nadie.

30/8/17

¿DÓNDE ESTÁ ROCKY BALBOA?


Creo que el primer (y último) combate de boxeo que vi en mi vida fue en 1975, y peleaban por el título mundial de los pesos superligeros el tailandés Muangsurin (al que todo el mundo en España llamaba “el chino”) y el español Perico Fernández. Ganó Muangsurin, un tipo que sonreía mientas recibía golpes y que, como dijo Perico, tenía una mirada que hipnotizaba y, además, una izquierda demoledora. Vale. Mi experiencia con el boxeo se reducía hasta ahora a ese combate, a unas cuantas películas (¨Más dura será la caída”, “Cuerpo y alma”, “Kid Galahad” “Toro salvaje”, “Rocky”, “Million Dolar Baby”) y a unos vagos recuerdos de Muhammad Ali bailando alrededor de George Foreman en Kinsasa, la capital del Zaire de Mobutu. Y, entonces, me encontré en Gol con el "combate del siglo" entre Mayweather y McGregor y, en vez de salir huyendo, me quedé mirando hasta que el árbitro paró la pelea en el décimo asalto y dio la victoria por K. O. técnico a Mayweather.

Muangsurin es un recuerdo de infancia, las películas ambientadas en el mundo del boxeo siempre tienen un aroma especial y Muhammad Ali fue algo más que un boxeador, pero el espectáculo que ofrecieron Mayweather y McGregor fue tan lamentable que a veces parecía un capítulo de los Simpson y casi siempre una parodia sobre los tópicos del boxeo escrita por un guionista con mucha prisa. Las pintas de los boxeadores, el T-Mobile Arena de Las Vegas, los famosetes incrustados entre el público, las bravuconadas de mal patio de colegio, los tipos con sobrepeso vestidos por el estilista de los gánsteres del “Bada Bing” propiedad de Silvio Dante en “Los Soprano”, la chicas que pasean con una sonrisa tan forzada como perfecta con el número del asalto, los asistentes abalanzándose sobre los boxeadores en cada descanso como si se tratara de una parada en boxes de un coche en una carrera de Fórmula 1, el estrafalario cinturón de campeón diseñado por un primo de Paco Clavel que se lleva el vencedor, el ambiente general robado de una secuencia descartada del combate de boxeo en “Ocean’s Eleven” (incluso me pareció ver a Terry Benedict en primera fila), las poses de malote que McGregor y las poses de estudiante de la ESO aburrido en clase de Matemáticas de Mayweather… Creí que nunca llegaría a decir esto, pero te echo de menos, Rocky Balboa.

29/8/17

NOVECIENTOS MIL DÓLARES Y USTED

Hoy les voy a hablar de una cadena, pero no de una cadena de televisión. Es una cadena peculiar, que tiene en uno de los extremos novecientos mil dólares y en el otro extremo le tiene a usted. ¿Le extraña? Siga leyendo. Recientemente se ha hecho pública la lista de los sueldos que cobran por cada capítulo los diversos actores de las principales series de televisión en Estados Unidos. En la cima de esa lista están los principales protagonistas de “The Big Bang Theory”: cada uno se mete al bolsillo novecientos mil dólares por cada episodio de veinte minutos. En medio, entre esos novecientos mil dólares que embolsa Kaley Couco y usted, hay guionistas, distribuidores, vendedores de camisetas que pagan derechos de autor por la iconografía de la serie, Twitter, directivos norteamericanos, directivos españoles, iluminadores, showrunners, fontaneros que arreglan las goteras que a veces se producen en los estudios, clubes de fans, dobladores, community managers y muchos muchos muuuuuuchos publicistas. Entre todos, y de forma complejísima, consiguen que se logre la conexión: usted ríe, Johnny Galecki cobra novecientos mil dólares.

Los actores de “Modern family” cobran quinientos mil dólares por capítulo. ¿Cuántas veces nos hace reír Phil Dunphy en un episodio de veinte minutos? ¿Cinco? La próxima vez que se ría piense que el actor Ty Burrell acaba de ganar cien mil dólares por decir esa frase, la misma cantidad que tarda cuatro años en ganar un trabajador medio en España. Decía Carl Sagan que para hacer una tarta de manzana era necesario que previamente existiera el universo; pues bien, para que el actor Jim Parsons gane ciento ochenta mil dólares cada vez que el físico teórico Sheldon Cooper dice una frase graciosa es necesario que previamente exista el universo y unos mamíferos muy raros que presentan la incomprensible conducta de reír. Y, sobre todo, es necesario que existan las salitas de casa, los sofás, el capitalismo y usted.

28/8/17

HOY USTED ES BRUCE WILLIS

Si no ve “Juego de tronos”, hoy, sencillamente, no es su día. Considere que tiene la jornada libre, enciérrese en su habitación y espere a que pase. ¿Para qué va a ir a tomar el café a su lugar de costumbre si hoy no se lo van a servir porque todos, clientes y camareros, están demasiado ocupados hablando del Rey de la Noche? Es inútil que quede con sus amigos para charlar; hoy ni siquiera van a mirarle a la cara, esa cara que proclama a los cuatro vientos que no sabe lo que ocurrió ayer con Jon Snow y Cersei Lannister. Puede alegrarse al ver que el supermercado está desierto de clientes, pero desengáñese, cuando llegue con el carrito hasta las cajas hoy nadie va a interrumpir sus fantasías sobre Desembarco del Rey para cobrarle.

En el primer borrador de “El sexto sentido” Bruce Willis no estaba muerto: Bruce Willis no veía “Juego de Tronos” y la acción transcurría al día siguiente de la finalización de la séptima temporada. Nadie le miraba, nadie le contestaba, nadie parecía notar que estaba ahí, hasta que finalmente se encontraba con el niño Haley Joel Osment que le confesaba con voz temblorosa que él tampoco veía “Juego de Tronos”. Pues bien, ayer HBO España y Movistar+ emitieron “El dragón y el lobo”, séptimo y último capítulo de la temporada actual de “Juego de Tronos”, y hoy usted es Bruce Willis en el primer borrador de “El sexto sentido”. Con una única diferencia: usted no va a encontrar hoy a ningún niño que no vea “Juego de Tronos”.

Vendrán otros días y las cosas volverán a la normalidad. La misma intensidad con la que hoy se celebra el capítulo de ayer se pondrá mañana en olvidarlo. ¿Recuerda todo el revuelo que causó “Westworld”, quién se acuerda hoy de “Westworld”? ¿Recuerda todo lo que se escribió sobre “True detective”, quién escribe hoy media línea sobre “True detective”? ¿Recuerda…? Un momento… ¿por qué no me contesta? ¿Es que nadie está leyendo esta columna? ¿No hay ni siquiera un lector que, como Bruce Willis y yo, no haya visto ayer “Juego de Tronos”?

27/8/17

REÍRSE DEL YIHADISMO


Es maravilloso poder reírse en medio de un informativo. No reírse en medio de “El intermedio” o de “Comedy Central News” –algo que no tiene mérito porque es inevitable–, sino reírse en un informativo hecho por sesudos periodistas en vez de por unos guionistas en estado de gracia que parodian el formato. Reírse en medio de noticias duras, noticias de verdad, noticias que te enseñan el lado más mierda de la actualidad. Reírse después de las últimas noticias sobre los atentados en Cataluña y justo antes de las de la guerra contra el Daesh. Reírse de las amenazas de un yihadista que pretende aterrorizarnos. Reírse con franqueza, sin doblez, con el estómago y el cerebro a la vez. Reírse al acabar el día y marcharse a la cama con una sonrisa más poderosa que mil bombas, más tranquilizadora que mil chalecos antibalas.

Lo consiguió “La 2 noticias” la noche del jueves. No se limitó a dar la noticia del yihadista español oriundo de Córdoba que lanzó un vídeo amenazante mientras subrayaba su bravata con el dedo índice como si estuviera en condiciones de dar lecciones de algo. Además, “La 2 noticias”, misericordioso, nos informó del pitorreo que se formó en las redes sociales con su imagen, sus gestos y sus palabras. De este modo, las imágenes iniciales de la amenaza fueron solo la pista de despegue hacia el descojono general. Concursante de “Pasapalabra”, anuncio de Donuts, rapero cantando el inicio de “El príncipe de Bel Air”, concursante de “First dates” que “tiene un imán para las mujeres”, seguidor de Rodolfo Chikilicuatre: “Uno, el brikindans”, yihadista wonderful: “Muy buenas, criaturitas de Alá, ¿cómo estáis?”, flipado pasado de vueltas: “Y como disia el profeta, ninguna cabra es fea por dondi mea (sura 32:11. Borradores)”.

El humor solo es humor, pero sabemos que a ellos les molesta. Podemos descojonarnos, partirnos el culo, desternillarnos, reírnos a mandíbula batiente, troncharnos, mondarnos, carcajearnos desaforadamente, descuajeringarnos, mearnos de risa. A por ellos.

26/8/17

CACAHUETES


Sí, sí, cacahuetes. Es lo único que faltó en la entrevista que hizo “La mañana” de La 1 a una chica: tirarle unos cacahuetes.

Puede parecer feo echar cacahuetes a una persona como si fuera una atracción de feria, pero habría sido perfecto. Así sería más evidente lo que ocurrió. En el plató, Silvia Jato, presentadora veraniega de “La mañana”, y varios acompañantes hablaban de la integración social de la comunidad musulmana en España. Todo de muy buen rollo, por supuesto. Para que el programa quedara chulo conectaron con una reportera que estaba acompañada por una mujer en la que se daban las inverosímiles circunstancias de ser a la vez española, descendiente de marroquíes, musulmana, joven y culta. Hay que ver qué gente más rara encuentras por ahí. Qué puntazo para La 1 sacarla en directo. Que se fastidie la competencia.

Desde el plató hacían preguntas paternalistas, condescendientes o simplemente faltosas. La chica intentaba explicarse, pero la interrumpían con comentarios paternalistas, condescendientes o simplemente faltosos. Jato veía que no estaba cómoda, así que, guay como es ella, volvió a interrumpirla –aumentando su incomodidad– para decirle que se calmara, que nadie la estaba atacando. Justo el tono paternalista, condescendiente o simplemente faltoso de toda la entrevista.

Si la reportera le hubiera tirado en ese momento unos cacahuetes a la joven, tal vez en el plató se habrían dado cuenta de la vergonzosa entrevista que estaban haciendo. Unos cacahuetes como símbolo de buena voluntad que remarcara la superioridad de quien los da sobre quien los recibe, la humillación de quien debe agacharse para recogerlos del suelo. Naturalmente, explicaron a la chica lo afortunada que era porque la entrevistaban para hacerle un favor. Conseguir que dé las gracias quien primero ha de doblar la cerviz es el final perfecto. Ahora falta ver si cuando hablen sobre la pobreza, en honor al “Plácido” de Luis García Berlanga, sientan un pobre a su mesa y, por fin, le echan cacahuetes.