31/5/18

¿INFORMAR? ¿DESINFORMAR?


Alfredo Ceceoó Urdaci está de enhorabuena. Él es el protagonista de la primera y única vez en la historia que un director de informativos de TVE tuvo que salir en el “Telediario” a leer, en cumplimiento de una sentencia judicial, la rectificación de una información que había manipulado a favor de los intereses del Gobierno del PP de Aznar. O sea, a favor de los intereses de aquellos a quienes debía el cargo. Pero ya no está tan solo. El acompañamiento de una compañera le acompaña. Dulce compañía.

Anteayer en el “Telediario” tuvieron que leer otra rectificación. No una simple corrección de un dato por una errata o una confusión disculpable (por ejemplo, ese mismo día dijeron que María Dolores Pradera murió a los 91 años, en vez de a los 93, y no pasó nada). De nuevo un “Telediario” tenía que emitir una rectificación de calado. Y de nuevo se trataba una información que también beneficiaba al Partido Popular, un partido que parece empeñado en hacer y deshacer a su antojo para que la tele pública en vez de informar desinforme y nos cuente que el mundo es tal y como él quiere que sea.

Introdujo la rectificación Pilar García Muñiz (seguramente haciendo de tripas corazón, porque es una de las muchas presentadoras que los viernes aparece vestida de negro para denunciar la triste situación en que se hallan los informativos de TVE). Pero quien la leyó, y ahora acompaña en la vitrina de la ignominia al hasta ahora solitario Urdaci, fue Pepa Sastre, editora del “Telediario” y responsable de las normas deontológicas vulneradas.

Sastre leyó la rectificación sin dar la cara y escudándose tras unas anodinas imágenes de recurso, pero sin llegar a las trampas de Urdaci, que llamó “Ceceoó” a Comisiones Obreras. Eso sí, fue extraño ver que el apenas medio minuto que el “Telediario” dedicó a algo tan, pero que tan gordo, superó solo en unos segundos el tiempo que después utilizó para ¿informar? ¿desinformar? de una carrera tras un queso rodante en Gloucester (Inglaterra), y fue cuatro veces menor que el destinado a ¿desinformar? ¿informar? de “MasterChef”, “Bailando con las estrellas” y “Operación Triunfo”.

30/5/18

LA ALTURA DE LO PEOR


Una buena idea puede ser, a veces, una mala idea. A alguien le pareció buena idea poner piña en las pizzas. A los troyanos les pareció buena idea meter en su ciudad un caballo gigante de madera que habían abandonado los griegos. Esaú creyó tener una buena idea cuando cambió su primogenitura por un plato de lentejas. Sin duda, hubo alguien que creyó que una película protagonizada por el pato Howard podría ser un éxito, que Jar Jar Binks podría caer simpático y que el Príncipe Gitano podía interpretar “In the Guetto” sin que temblara el orden del universo. TNT ha tenido la buena idea de seleccionar los “momentazos” de la serie “Big Bang” y ofrecerlos juntitos en microespacios a los que llama “Bigbantazos”. Pero, en realidad, resulta que TNT ha tenido la mala idea de seleccionar los mejores momentos de la serie “Big Bang”, de referirse a ellos con la espantosa palabra “momentazos”, y de inventar ese repulsivo “Bigbantazos” que rechina más que el inglés del Príncipe Gitano en “In the Guetto” o de Raphael en “The Age of Aquarius”.

La palabra “momentazo” apesta. Los “Bigbantazos” apestan. Construir un episodio de “Big Bang” con los “mejores momentos” de varios episodios de “Big Bang” apesta, apesta y apesta. Los fantásticos guiones de “Big Bang” no merecen ni necesitan esa labor inspirada en el Doctor Frankenstein que pretende construir un nuevo capítulo de “Big Bang” uniendo partes extraídas de capítulos vivos (porque ni siquiera están muertos) de las temporadas pasadas de “Big Bang”. La idea es mala y, además, olvida que las grandes series de televisión se miden no por la altura de sus grandes momentos, sino por el tamaño de sus momentos menos grandes. Podría entender una selección de “momentazos” mediocres de “Big Bang”, porque eso nos daría una idea de la calidad de la serie protagonizada por Sheldon y compañía, pero ofrecer enlatados los grandes momentos de “Big Bang” es como construir un libro con las mejores frases de Gabriel García Márquez o un disco con los mejores estribillos de Neil Diamond (el cantante favorito de Howard Wolowitz y Amy Farrah Fowler). Creo que TNT debe preparar un programa con los peores momentos de “Big Bang”, para que entendamos por qué “Big Bang” es más grande que los mejores momentos de “Big Bang”. Pero, por favor, que no lo llamen “Los peorazos momentazos” de “Bing Bang”.

29/5/18

LIMONES Y DRAGONES


El primer capítulo de “La catedral del mar” (Antena 3) prácticamente comienza con la espeluznante violación en “off” de una campesina y termina con el horrible azotamiento en vivo y en directo de una sirviente. En el medio, los espectadores asistimos a las aventuras y desventuras de un pobre diablo que, como el personaje interpretado por Anthony Quinn en “La hora 25”, es traído y llevado por unas circunstancias ante las que sólo es posible someterse, adaptarse o, con mucha suerte, esquivar para caer atrapado en otra red de circunstancias puede que todavía peor. Estamos en el siglo XIV. No se trata de discutir si la ambientación de “La catedral del mar” está bien o mal conseguida (el nivel de “La peste” es casi insuperable), si aspectos como el derecho de pernada o las relaciones de vasallaje están bien reflejados, si los actores van vestidos con ropas de aspecto medieval o parece que están disfrazados de figurantes en una de esas ferias medievales que desquician a Sheldon Cooper, si las escenas rodadas en exteriores son o no convincentes, si la serie es fiel al libro de Ildefonso Falcones en que se basa o si la duración del capítulo (una hora) es una da las razones de que se vea sin que decaiga el interés. En el caso de “La catedral del mar”, se trata más bien de que la serie, en su crudeza, funciona.

Las sensaciones crudas como el hambre, un dolor punzante o el golpe de los celos son inmediatas, efímeras e implican poco pensamiento. “La catedral del mar” está llena de sensaciones crudas que funcionan muy bien, puede que incluso mejor que en algunos capítulos de “Juego de tronos”. El problema, si es que es un problema, es que los personajes no permanecen como no permanece el hambre después de saquear la nevera. Bernat Estanyol no puede competir con los dragones de “Juego de tronos” o con la persistente y pura maldad de Cersei Lannister. Tampoco lo necesita No hay sensaciones crudas en el vuelo de un dragón o en la sonrisa de Cersei, pero sí hay una cruda y terrible sensación que provoca una inevitable reacción física después de cada chasquido del látigo de Grau Puig, como la hay cuando chupamos un limón especialmente ácido.

“La catedral del mar”, como el siglo XIV, está más cerca de los limones que de los dragones.

28/5/18

VALE YA CON EL DEDITO


Sigue la manipulación informativa en TVE. Otra vuelta al tiovivo. Qué aburrimiento. Apetece no leer más. Ojalá pudiera explicar su hastío colocando aquí eso de que cuando el sabio señala la Luna el tonto mira el dedo. Así yo sería el sabio señalando la manipulación y usted el necio que no quiere seguir leyendo el dedo que señala. Pero no.  Ni yo soy un sabio —la situación de los servicios informativos de TVE es de dominio público— ni usted un necio mirando un dedo, solo está harto del dedito, ya le toca las narices tanto dedito, todo el rato con el dedito señalando, ya podía parar con el dedito dejando el paz el dedito todo el rato con el dichoso dedito. Y tiene razón.

¿Qué hacer? ¿Dejamos correr los constantes casos de manipulación en TVE para no cansar y miramos para otro lado más divertido? ¿Ni siquiera nombramos el último caso de ayer, de anteayer, de esta semana para no aburrir? ¿Cada cuánto debe denunciarse esta situación? ¿Cada vez que ocurre y no hablar de otra cosa día sí y día también? ¿Cada diez, cien, mil días para no saturar? ¿Hay algo más relevante, tratándose de esta sección, que la deformación del espejo en el camino que dicen que es la tele? ¿Hay telebasura más denunciable, más criticable, más detestable que la telebasura de un informativo basura?

Han pasado 15 días desde el último dedito señalando cómo TVE ocultó el “os jodéis” de la secretaria de Estado Carmen Martínez Castro a los pensionistas. Después vino la forma en que el “Telediario” dio la palabra solo al diputado Pablo Casado y a nadie más para que se explayara a gusto explicando su hercúleo, ciclópeo y titánico pero jamás sospechoso expediente universitario. Después, la difuminación de la detención de un Eduardo Zaplana que ya no tiene nada de nada que ver con el partido que manda en TVE y es acusado de algo que ya no importa porque ocurrió hace mil años. Después, el escamoteo de la sentencia del caso Gürtel, seguida en directo por los matinales de todas las cadenas menos por La 1 y Canal 24 horas. ¿Qué hacer? ¿Seguimos con el dedito?

27/5/18

MARTES Y VIERNES, EN TELECINCO


Telecinco debería tratar a sus espectadores con más consideración. Debería realizar una campaña informativa por tierra, mar y aire avisando de que hay tres noches a la semana en las que no emite “Supervivientes”, ¡nada menos que tres noches en las que quien sintonice esta cadena no caerá en las hondísimas honduras de Honduras!

Hasta hace unos días no hacía falta esta campaña informativa porque eran cuatro las noches dedicadas a otras cosas y “solo” tres las dedicadas a “Supervivientes”. Por eso tenía sentido que Telecinco informara de cuáles eran las tres noches de “Supervivientes”: las de los jueves para la gala, y las de los martes y los domingos para los debates. Así las destacaba por oposición a las otras cuatro noches, que eran mayoría, y avisaba a sus seguidores para que no se lo perdieran. Pero desde esta semana, no. Esta semana Telecinco cambió su parrilla. Como Antena 3 iba a estrenar “La catedral del mar” el miércoles, y a Telecinco le daba mieditis enfrentarse a un producto de calidad con un cascarón vacío como “Factor X”, decidió trasladar “Factor X” a los viernes y emitir los miércoles un producto de la casa sobradamente contrastado y de reconocida pestilencia. Por eso apostó por estirar más el chicle de “Supervivientes” dedicándole también esa noche. Con la incorporación a última hora de “Supervivientes: última hora”, ya tenemos que el horario de máxima audiencia de Telecinco está íntegramente dedicado a “Supervivientes” cuatro de los siete días de la semana.

O sea: señores y señoras telespectadores de Telecinco que tienen más paciencia que el santo Job, sepan ustedes que Telecinco dedica la noche de los martes a la serie “La verdad” y no a “Supervivientes”, la noche de los viernes al concurso “Factor X” y no a “Supervivientes”, y la noche de los sábados a la birria “Sábado deluxe” y no a “Supervivientes”. Un momento: a no ser que lleven, como es de esperar, invitados de “Supervivientes”. Bueno, no importa, aún quedan el martes y el viernes. Por ahora.

26/5/18

LA FELICIDAD ERA ESTO


Esta columna juega en ocasiones a vacilar al lector mediante historias falsas completamente desquiciadas. Pero esto que les voy a contar hoy es totalmente cierto: BMC Public Health, una revista científica sobre salud pública que cumple con todos los estándares de calidad habituales dentro de la ciencia médica -editorial prestigiosa, índices de impacto altos, inclusión en bases de datos de referencia mundial- ha publicado en su edición de mayo un estudio que relaciona la satisfacción vital, el suicidio y el Festival de Eurovisión. ¡No, no, esperen! ¡No dejen de leer la columna! ¡Les hablo en serio! Ciento sesenta y dos mil setecientas setenta y tres encuestas en treinta y tres países europeos entre 2009 y 2015. Autores del Imperial College de Londres. Análisis estadísticos incontestables con intervalos de confianza elevados.

Y los resultados son concluyentes: cuanto mejor sea el resultado en el Festival de Eurovisión de un determinado país, más encontraremos en los meses siguientes entre sus habitantes un aumento en la satisfacción con la vida y un descenso en las tasas de suicidio. Incluso resultados espantosos (ejem, ejem) en la final se asocian a mayor satisfacción con la vida que eliminaciones en las fases previas que impiden concursar en la gran gala del Festival.

¿Platón, mindfulness? ¿Inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina? ¿Ejercicio, vivir acompañado, creencias religiosas? ¿Filosofía? ¿Sexo, drogas, rock and roll? No, amigos, la clave para la felicidad es el Festival de Eurovisión, y esto, paradójicamente, no supone un argumento a favor del certamen sino una de las pruebas más incontestables que conozco en contra de la felicidad. Sé que es una decisión existencial de alta trascendencia, pero no voy a vivir teniendo como objetivo algo que pasa por soportar el horror de la canción ganadora de este año ni de ninguna de las otras veintitrés perdedoras. La felicidad, ya lo sospechábamos desde la creación del Instituto Coca-Cola de la Felicidad, era esto: Eurovisión.