30/9/18

EL FANTASMA DE PABLO MOTOS (EN AMBOS SENTIDOS)


Hombre, Pablo Motos, ¿qué chusta es esto del fantasma? No fastidies. No soy miembro del amplio grupo de hormiguerohaters que andan por ahí. Creo que tu programa es un show digno para la amplia audiencia a la que os dirigís. Me río con el Monaguillo y con Piedrahita. Las cosas de ciencia suelen estar bien. Trancas y Barrancas son divertidos. Tu lista de invitados es impresionante. No entiendo qué has visto en Yibing para darle esa sección. Y tu nuevo invento con Nuria Roca simplemente no funciona. Pero lo del fantasma… lo del misterioso ser nocturno que vaga por las instalaciones de “El Hormiguero”… en fin, Pablo, con cariño te lo digo, es la peor idea de la televisión mundial desde el “Goles son amores” de Manolo Escobar.

Chirría por todas partes, rompe el tono del programa, es completamente inverosímil, no lo estáis sabiendo desarrollar bien, no resiste el menor análisis, no despierta ningún interés. No acabamos de saber con claridad si pretendéis que nos lo creamos, o que nos riamos, o que entremos a un juego que no se comprende, pero nos da igual. Huele a milonga que tira para atrás. Servirá para dar otro jueguecito con el que dar la lata a los magufos ikerjimenezianos plastas plomizos pesados de siempre. Deja descolocado al invitado. Provoca extrañeza, sí, pero no por el alien, sino por tu mal criterio a la hora de intentar colocarnos una pamplina así.

¿Es algún experimento social para investigar la credulidad de la peña ante chorradas así? Sería la única justificación medianamente defendible. Pero os está saliendo mal el juego, porque nadie en las redes parece habérselo creído y el único acuerdo unánime que recorre Twitter es el que reconoce que en “El Hormiguero” hay un fantasma, sí, pero no corretea por los pasillos de madrugada, sino que presenta el programa cada día. Busca una solución, la que sea, pero, por favor, deshazte de tu peor idea en trece años. Te sugiero que recuerdes que los fantasmas, igual que llegan, a veces desaparecen sin dar más explicaciones. Nadie lo va a echar de menos.

29/9/18

LA CONDICIÓN HUMANA


No tiene que ver con la oferta. Daría exactamente igual que las cadenas rivales programaran obras de Shakespeare, los mejores capítulos de “Doctor en Alaska”, el nuevo “Cosmos” que ya está terminando Neil deGrasse Tyson, un ciclo de películas de Billy Wilder, el mejor Berto, Broncano, Buenafuente. No importaría nada que aparecieran cadenas nuevas dedicadas a los viajes más apasionantes, los mejores conciertos de todos los estilos musicales, ¡como si la BBC abre un canal en español con todos sus documentales en fila! No es cuestión de que no haya alternativas o de que los demás canales sean igual de malos. Haya la oferta que haya, una de cada tres personas que ponga la televisión va a elegir ver a Chabelita en “Gran Hermano VIP”.

No tiene que ver con la educación. Daría exactamente igual que el cuerpo de profesores mejor formado de la historia de España hicieran una revolución pedagógica y mejorase todos los ciclos educativos, de infantil al bachillerato. No es cuestión de que falte una “Educación para la Ciudadanía” en los currículos, o de que no haya suficientes horas de Filosofía en la ESO. No importaría nada que se incluyeras asignaturas nuevas sobre cultura clásica, o sobre medios audiovisuales, o que se reforzaran los contenidos críticos sobre machismo e ideología en los medios de comunicación dentro de la asignatura de Ética. Haya la educación que haya, esa noche el 33% de los alumnos vería a Aramís Fuster en “Gran Hermano VIP”.

Abandonemos toda esperanza. Rindámonos a la evidencia. El “Gran Hermano VIP” más zafio de los últimos años, el más casposo y hortera, está arrasando en audiencia, y el mensaje que los espectadores estamos mandando a Telecinco es inequívoco: cuanto peor, mejor. Cuanta más vergüenza ajena dé, menos vergüenza propia sentiremos. Cuanto más indeseables sean los personajes, más los desearemos. Mediaset tomará nota y obrará en consecuencia en el futuro, mientras los eruditos buscarán culpables en todas partes menos delante de sus mismísimas narices.

28/9/18

KIKIRIKÍ


Desde la televisión privada hablan de la televisión privada. En el “Late motiv” de #0 en Movistar+, charla con Andreu Buenafuente el actor Óscar Jaenada (“Luis Miguel, la serie”, Netflix). Cuenta que los atentados del 11-M de 2004 le pillaron en Buenos Aires, y mientras su madre le decía por teléfono que en la tele el ministro de Interior Ángel Acebes los atribuye a ETA, él también está viendo la tele pero aquello no le cuadra. La CNN dice que ha sido Al Qaeda. Su reflexión no se queda en que, como no puede ser de otro modo, nuestra tele recogiera lo que decía el ministro, por muy equivocado que estuviera. Jaenada va más allá: “Hay algo muy curioso. Aquí teníamos CNN 24 horas (CNN+), y nos lo quitaron. Y lo quitaron para cambiarlo por el ‘Gran hermano 24 horas’. Eso es muy significativo”.

Desde el Reino Unido, paraíso de la televisión pública, uno de los artífices de la mejor televisión del último medio siglo habla de la televisión pública. Dice el gran naturalista, mejor divulgador y merecidísimo Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales David Attenborough (“Planeta Tierra” y mil maravillosas series documentales más) que la BBC no cumple bien con su función de servicio público porque no hace lo suficiente sobre arte y cultura, estando más preocupada de que la audiencia sea lo bastante grande que de atender a personas de todo tipo.

Ahora podemos alegrarnos porque hace mucho que terminó aquella edición de “GH” que sirvió de pretexto para que Mediaset cerrara el entonces recién comprado canal CNN+. Y podemos felicitarnos porque la BBC cumplió como servicio público porque tuvo la honradez de dar noticia de la acusación de Attenborough, y la elegancia de responderle en un comunicado (en el que, claro, hablan de la necesidad de financiación). Pero sería precipitado: jamás volvió CNN+ a la oferta privada, y aquí ni siquiera tenemos un Attemborough del que sentirnos orgullosos en la pública. Si los males de nuestra TVE fueran los de la BBC, otro gallo cantaría.

27/9/18

ME GUSTA, NO ME GUSTA


¿Ser tertuliano o comentarista de RTVE consiste en decir si algo te gusta o no, y ya está? Pues entonces estos puestos tienen que ser rotatorios. Que metan en un bombo los nombres de los españoles, y que saquen bolas. Los afortunados van a la tele y, hala, a decir según les salga de los pirindolos lo que les gusta o no sobre lo que sea. Eso lo sabemos hacer todos. Verbigracia: esto me gusta, esto no me gusta; aquello me gusta, aquello no me gusta. Ya está. Si hacer eso ya mola, después viene lo mejor: cobrar lo que corresponda por tan valiosa intervención, dietas, derechos de imagen… qué sé yo, lo que paguen ahora, que no sé decirles porque TVE nunca explica cómo y según qué criterios gasta nuestro dinero.

Es que Pedro Pablo San Martín, tertuliano y comentarista de Teledeporte durante la retransmisión de la “Gala Best FIFA Football Awards 2018”, explicó sus improvisadas, intempestivas y polémicas palabras sobre la actuación musical de Noel Gallagher diciendo que es que a él no le gusta la música de Oasis y mucho menos una canción tan aburrida, poco emocionante y mal traída como “Don´t look back in anger”. Vamos, que como “We are the champions” una y otra vez, no lo hay.

Naturalmente, Gallagher se limitó a cumplir su contrato, así que, en vez de disparar al artista, nuestro tertuliano debería ir más allá de sus gustos personales e informarse de que esa hermosa, emocionantísima y tan bien traída canción fue el año pasado elegida por aclamación popular como himno de Manchester contra el terrorismo yihadista tras el atentado que mató 22 personas en el Manchester Arena, fue cantada espontáneamente en la calle para romper el minuto de silencio que la ciudad organizó tras el atentado, entonado por los 50.000 asistentes al primer concierto en el Manchester Arena tras el atentado, y coreada por otros tantos en el concierto en homenaje a las víctimas “One Love Manchester” en el Old Trafford, el noveno estadio de fútbol más grande de Europa y sede del Manchester United FC. Por cierto, San Martín, ¿tampoco te gustó la broma de hincha del Manchester City que Noel gastó al Manchester United? Pues ya sabes: “Don't look back in anger, at least not today”.

26/9/18

LA DISTANCIA JUSTA


Al astrónomo Johannes Kepler le atormentaba (así lo cree Steven Pinker) entender por qué la Tierra está a ciento cincuenta millones de kilómetros del Sol, que es la distancia justa para que el agua llene nuestros ríos y lagos sin evaporarse o congelarse. Pero la Tierra es sólo uno entre muchos planetas, cada uno a una distancia diferente del Sol o de otra estrella. No hay un plan divino que haya situado con mimo a la Tierra a la distancia justa del Sol, porque ese plan implicaría que Dios odia a Marte o a Júpiter. Viendo los primeros capítulos de la serie documental “Las bombas perdidas de la guerra fría” (Canal Historia) es fácil caer en la tentación, y el tormento, de Kepler y preguntarse por qué la Tierra sobrevivió a la barbarie atómica de la guerra fría, a la demencial escalada de estadounidenses y soviéticos en busca de la bomba más destructiva, a unos dirigentes que creían que más bombas significaban más seguridad, a docenas de accidentes que podrían haber ocasionado terribles destrucciones y que fueron ocultados en nombre de la seguridad de los Estados. ¿Un plan divino? Si el plan de Dios para que este planeta que gira a la distancia justa del sol no terminara en los brazos del apocalipsis nuclear incluía milagrosas caídas de bombas atómicas que no llegaron a explotar o decisiones en el último segundo que evitaron la guerra nuclear, entonces ese plan implicaría también que Dios odia la capacidad humana para comprender el átomo sin utilizarlo para matar.

Las cosas que se ven en “Las bombas perdidas de la guerra fría” hielan el corazón y hacen pensar que Aldous Huxley tenía razón cuando decía que tal vez este mundo sea el infierno de otro planeta. Y esta cuestión sí que atormentaría a Kepler. El horror, como sospechaba George A. Romero, el director de “La noche de los muertos vivientes”, está en la puerta de al lado, y los monstruos más terroríficos son nuestros vecinos. Manuel Fraga Iribarne dándose un baño en la playa de Quitapellejos, en Palomares, después del accidente protagonizado por un bombardero estadounidense que transportaba armas nucleares, es una imagen más terrorífica que la de un muerto viviente; y masticar la masa de mentiras fabricadas por un poder obsesionado con ganar una guerra nuclear que no podía terminar con un vencedor es una tarea que nos recuerda que, a veces, los monstruos son nuestros vecinos, aliados, amigos o ministros de Información y Turismo en bañador. Lo mejor de “Las bombas perdidas de la guerra fría” es que es un documental, y no una nota a pie de página de un planeta que, un día, se cansó de girar alrededor del sol.

25/9/18

MIGUEL ÁNGEL, BELÉN, CASAOS

Miguel Ángel Revilla, Belén Esteban, casaos. Casaos, casaos, de verdad. Casaos entre vosotros, digo, el uno con el otro. Como se casaron Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, como se casaron Margarita de Dinamarca y Jacobo de Escocia. Casaos por motivos dinásticos, o diplomáticos, o territoriales. Casaos y habréis unificado bajo vuestra corona el reino de la televisión. No se pondrán los mandos a distancia en vuestro imperio catódico. La casa de los Esteban-Revilla-Hannover-Wessex. La dinastía de los Revilla-Esteban-Hohenzollern-Anjou. El fin de la historia. La única alianza que puede enfrentarse a Netflix.

Ambos estáis atravesando vuestros mejores momentos mediáticos. Su majestad, Belén, encara el que con seguridad será un annus mirabilis -u horribilis, que en el mundo de la andaluza la maravilla y el horror acostumbran a ser indistinguibles-. Y su alteza, Miguel Ángel, continúa su paseo militar por cuantos platós coloca en el punto de mira. El pasado sábado el prime time de Mediaset estuvo dedicado mayoritariamente a la reina Esteban, mientras que el prime time de Atresmedia dedicó hora y media al rey Revilla. ¿Tenía algo nuevo que decir Revilla? No, claro. ¿Descubrimos algo sobre Esteban que no supiéramos? En absoluto, sólo faltaba…

La televisión atraviesa periodos convulsos que amenazan su propia existencia en el futuro. Vosotros nos ofrecéis la seguridad de lo conocido: los políticos de toda la vida, las ex de toreros de toda la vida, la telebasura de toda la vida. Y no hay mejor solución tradicional que los matrimonios de estado. ¿De qué estado? Eso ya sería más discutible, pero, sea el que sea, no quita para que vuestras nupcias resolvieran todos los problemas que tiene planteada la televisión en España, y, por tanto, el mundo, y, por tanto, el universo. Casaos, de verdad, casaos aunque ahora no lo veáis claro. El roce hace el cariño. Casaos y lo petáis. Casaos o… yo qué sé… por lo menos, iros a un hotel y dejadnos en paz a los que nos gusta ver la tele los sábados por la noche.