31/12/18

"ROMA" CONTRA "BANDERSNATCH"

Diciembre de 2018 ha sido el mes más importante de la historia de la televisión durante las últimas décadas. No exagero. Ha sido durante estas semanas cuando han aparecido dos obras que, por motivos diferentes, incluso opuestos, van a marcar el futuro de este medio durante muchísimos años. En ellas está la clave de los dos caminos que puede tomar la televisión a partir de ahora. Y las dos, y esto no es trivial, han aparecido en la plataforma Netflix: “Roma”, la película de Alfonso Cuarón, y “Bandersnatch”, el nuevo episodio de “Black mirror”.

O arte o tecnología. De “Roma” no cabe más que confirmar las críticas mundiales: a su término uno no duda de que ha visto una de las más importantes películas de la historia. Compleja, rigurosa, sobria, verdadera. Magistral. Chirría que estas críticas estén apareciendo en foros -revistas, páginas web- vinculados al cine, cuando “Roma” es una obra televisiva, nacida en, por y para la televisión. Y de “Bandersnatch” también habrán oído hablar: el primer capítulo interactivo de la historia, en donde la acción va variando según ciertas opciones que se le presentan al espectador a través del mando a distancia. ¿Pero de qué trata? ¿Tiene interés al margen de la novedad técnica que supone? Bueno, eso por ahora es secundario.

La tensión entre aspectos formales y de contenido ha marcado históricamente el desarrollo de todas las artes, pero más el de aquéllas que manejan un material altamente tecnológico. Ocurrió en el cine con la aparición de los efectos digitales, y va a ocurrir más a menudo y de formas conceptualmente más radicales en televisión. Las grandes empresas siempre han sabido fabricar a la vez una marca y su competencia, y es en el interior de Netflix donde se va a producir esta primera batalla entre sensibilidad y técnica. Estaremos atentos, porque, teniendo en cuenta la tendencia al monocultivo que tienen las productoras, es posible que en la suerte comercial que corran “Roma” y “Bandersnatch” nos estemos jugando el propio futuro de la televisión. Feliz Netflix. Feliz 2019 y el resto del futuro.

30/12/18

ROSA PALO


¿Tiene usted su propio criterio respecto a qué regalar a los niños? Pues olvídelo. Supere sus prejuicios, deje de manipular a las pobres criaturas y regáleles lo que ellas quieran. Respete sus deseos, es importante para su maduración como consumidores. Si no son unos bichos raros, le pedirán los regalos que los anuncios dicen que tienen que pedir. No se interponga. A ver si va a hacerlos unos desgraciados que no pueden tener las cosas que los fabricantes y vendedores de esas cosas les han hecho querer.

“MasterChef junior” es un gran programa familiar. Niños y adultos ven juntos a niños jugando a ser adultos y a adultos jugando a ser niños en horario adulto. “MasterChef junior” es también un gran programa navideño. Una TVE sin publicidad supone una anomalía que puede subsanarse mediante generosos patrocinios. Y más en Navidad. En estas fechas con tantos regalos, los niños tienen que querer muchas cosas, tienen que quererlas muy rápido, y tienen que quererlas ya. Alguien debe ocuparse de metérselas todas en la cabeza para que los adultos respeten su decisión. Así los chiquillos aprenden a ser felices durante un instante antes de volver a ser unos desgraciados porque no tienen la siguiente cosa que les hará felices durante otro instante cuando la tengan.

Los niños tienen sueños, los que “MasterChef junior” y sus patrocinadores quieren que tengan. Y en la tele cumplen los que “MasterChef junior” y sus patrocinadores quieren que cumplan. En el último programa, los dos niños eliminados recibieron un móvil y una tableta; la niña, una muñeca. Hubo quejas porque esos regalos no fomentan la igualdad. ¿Igualdad? El programa explicó que los regalos estaban en una lista hecha por los niños con sus padres. De esa lista, los grandes almacenes —que patrocinan y pagan— eligen. Así enseñan a otros niños qué deben querer. La mejor publicidad no se anuncia, pero está. En una caja rosa con adornos rosas la muñeca tenía ropita rosa. Rosa como la ropa de varias niñas concursantes. Rosa como algún adorno de la niña premiada. Ningún niño vestía nada de color rosa. Seguro que también los niños y las niñas lo eligieron así. La cuestión es por qué.

29/12/18

GUATEPEOR


Como cada día en el mercado, el papá se tropezó con la muerte. No se alarmó, estaba habituado a aquel semblante de ojos fríos. Temía más al séquito que la precedía. La miseria, la violencia, la desigualdad y la injusticia le helaron el alma. Como cada día.
—Huiremos de aquí. Buscaremos refugio en ese lugar feliz que nos muestra el televisor, dijo al volver a casa.

Cientos, miles de papás, cansados de sentir cada día el mismo escalofrío en el mercado, tomaron la misma determinación. Pero no disponían de caballos, como los que aquel bondadoso príncipe prestó a su atemorizado jardinero para huir a Ispahán. Ni de un viento mágico como el que el profeta Salomón mandó para llevar a aquel hombre asustado desde su palacio hasta la lejana India. Solo tenían sus pies y su pobreza.
—Iremos caminando. Allá tendremos una nueva vida.

Caminaron hacia el norte. Cientos, miles de pies grandes y pequeños formaron largas caravanas que iban hacia el mayor mercado del mundo. Lo habían visto en la tele y en él no tendrían que sufrir los desagradables encuentros que a diario tenían en el mercado de su tierra. Cada paso grande, pero también cada pasito pequeño, los llevaba un poco más lejos. Y cada frontera superada, cada Estado recorrido, los dejaba un poco más cerca.

Después de brincar la última frontera quedó atrás lo más difícil. Al fin bajo la custodia de la policía fronteriza y de las autoridades migratorias de los Estados Unidos, estaban en buenas manos. Habían logrado finalizar su periplo de miles de kilómetros. Pero el lugar no era como en la tele. La miseria, la violencia, la desigualdad y la injusticia estaban allí, sentadas, esperándoles. Dos niños nicaragüenses vieron, además, cómo la muerte los había ido a recoger. Y aquel semblante de ojos fríos se los llevó, esta vez a grandes pasos de siete leguas, de nuevo a Guatemala. Ni siquiera puso cara de sorpresa al verlos allí, tan lejos de sus casitas.

28/12/18

REPROCHE DE PAZ, REPROCHE DE AMOR



Motivo 814 para odiar la Navidad: la publicidad se vuelve moralista.

¿"Publicidad" y "moral" en una misma frase? Las empresas utilizan diferentes métodos para conseguir que compremos sus productos en función del mes del año en el que se anuncian. En marzo o en septiembre, Ikea o Media Markt intentan hacernos reír cuando pretenden que gastemos dinero en sus establecimientos, pero en diciembre intentan hacernos llorar. ¿Por qué? No lo sé, habría que preguntárselo a los que inventaron la Navidad actual, que ¡oh, feliz coincidencia! son ellos mismos. Pero no falla: en verano nos hacen la pelota contándonos lo felices que vamos a estar en el Caribe, mientras que al comienzo del invierno nos riñen porque hay un montón de gatetes abandonados o nos estamos cargando el planeta. En los dos casos, las mismas empresas; en los dos casos, el mismo disimulo de sus verdaderas intenciones.

Porque dígame usted el vínculo que puede existir entre la estantería Storsjö y el abuso que hacemos del móvil en detrimento de nuestra familia. Ya me explicarán qué tiene que ver una lavadora con función ECO TIME con no atender a tu hijo cuando está enfermo. Conviene recordar que la publicidad nunca es un fin en sí misma, sino un medio para alcanzar el único fin que importa: hacer que la empresa gane al menos un céntimo, pero preferiblemente mil millones de euros. Y cuando te dicen que no visitas lo bastante a tu abuela, lo único que pretenden es aumentar una milésima la probabilidad de que tú o tu abuela compréis en sus tiendas; esa campaña es el resultado de un frío estudio de mercado y de una estimación de impacto sobre el consumidor.

Tranquilos, dentro de diez días volveremos a ser gente guay y divertida. Tras las reprimendas que nos han soltado estas navidades, Ikea volverá a animarnos a construir la república independiente de nuestra casa y Media Markt volverá a mostrarnos a su consumidor prototípico diciendo “yo no soy tonto”. No, no somos tontos, hasta que dentro de doce meses vuelvan a reñirnos por Navidad.

27/12/18

CUENTO DE TELENAVIDAD

Por fin había encontrado una cadena sin un solo elemento relacionado con la Navidad: Herramientas TV, un canal temático de ferretería que iba a ser mi tabla de salvación durante estas fiestas. Disfrutaba como un loco de “La llave Allen en la República Democrática de Alemania” cuando me vi arrebatado de mi sillón por el Fantasma de la Televisión Navideña del Pasado. De pronto, me encontré en un extraño mundo lleno de refritos, galas de “Inocente, inocente”, “Telepasión”, Raphael, Rosana. Miraras a donde miraras veías “Love actually”.

De vuelta a casa intenté olvidar este horror y volver a centrarme en las ventas de llaves Allen en Turingia, pero de nuevo fui abducido, esta vez por el Fantasma de la Televisión Navideña del Presente. El panorama coincidía con el anterior. Las tomas falsas del año, “Love actually”, “Telepasión”, Rosana. Anne Igartiburu dando las campanadas. Una discusión se entabló entre el fantasma del presente y el fantasma del pasado. “Pero bueno, si ‘Inocente, inocente’ se emite este año, es mío”, “de eso nada, es de la televisión del pasado”, “¡es del presente, gilipollas! ¡Y ‘Love actually’!”, “por mí como si te metes por el orto ese truño”. Los dos pasaban mucho de mí, así que no me fue difícil escabullirme y regresar al mundo real.

Pero faltaba, claro, el Fantasma de la Televisión Navideña del Futuro. Les ahorro la descripción detallada, pero permítanme algunas pinceladas: Raphael, publicidad moralista, Rosana, el vestido de Cristina Pedroche, “Telepasión”. El fantasma del futuro terció en la bronca que se traían el fantasma del pasado y el del presente, ya que también reclamaba que “Love actually” le correspondía a él. Cuando comenzaron a darse de hostias los tres reivindicando para sí a Anne Igartiburu entendí que mi pesadilla antes de Navidad había terminado y me bastó con cerrar los ojos para volver a mi whisky, mi sillón y mi Herramientas TV. ¿Sabían ustedes que durante la década de los 70 Turingia produjo tantas llaves Allen como el resto de la CEE? Flipo.

26/12/18

CÓMO NO SUSPENDER QUÍMICA


Así como la física, en contra de la definición del astrónomo británico A. S. Eddington, es algo más que lo que contienen los libros de física, podríamos decir que la  filosofía no es exactamente lo que vemos en la serie “Merlí”, las matemáticas son un poquito más complejas que las que descubre el pato Donald en su viaje al país de las matemáticas, la historia tiene más chicha que la que muestra la divertidísima serie “El ministerio del tiempo”, la paleontología no se reduce a la obsesión por los dinosaurios de Ross Geller en “Friends”, la historia de la música no limita al norte, sur, este y oeste con “Operación triunfo”, la biología no consiste en un viaje alucinante a lo largo del sistema circulatorio de un ser humano como el que realizan los miniaturizados  protagonistas de la novela de Isaac Asimov inspirada en la película de Richard Fleischer y de la economía ni hablamos porque, la verdad, ya es una rama de la literatura. Pero sí hay una disciplina que podemos definir con absoluta precisión, rigor y sencillez. No es la física, ni la filosofía, ni las matemáticas, ni la historia, ni la paleontología, ni la música, ni la biología, ni la economía. Es la química.

¿Qué es la química? Química es lo que hay entre Humphrey Bogart y Katharine Hepburn en la película “La reina de África” (“Días de cine clásico”, La 2). Química es el cruce de miradas entre Charlie y Rose cuando el capitán del barco alemán les casa antes de que sean colgados por espías (atención, destripe: Charlie y Rose se salvan de la horca en el último momento). Química es el ruido de la “Reina de África”, la destartalada embarcación de Charlie, y la canción que Rose y Charlie cantan antes del “The End”. Química es la barba de Charlie y el pelo despeinado de Rose. Química es el viaje de “La reina de África” entre las aguas turbulentas del río que conduce al lago Victoria, y la lluvia que empapa a Charlie antes de que Rose le permita resguardarse a su lado. Química es todo eso. Así de sencillo. Ya puestos, podemos decir también que la química navideña, esa rama de la química que llena la pantalla del televisor de galas con confeti y de irreales discursos reales, es la maravillosa, conmovedora y absolutamente emocionante secuencia final de la película “¡Qué bello es vivir!”. ¿Quién puede suspender química después de reír con Rose y Charlie  y llorar con George Bayley?