31/3/19

TU FACHA ES MI FACHA


El candidato valiente de la derecha valiente sólo se atreve a ir al programa de Bertín Osborne. Qué grande (de España). De la avalancha de peticiones televisivas que Santiago Abascal, como el resto de líderes, ha recibido con motivo de la campaña electoral, el jefazo de VOX sólo ha aceptado la oferta de “Mi casa es tu casa” o “Esta casa es como la tuya” o “Tu casa es mía”, -nunca conseguí recordar los títulos de los discos de Bertín, imaginad los de sus programas-. Santi cabalga por los campos de España yelmo en testa, otea desde las alturas la inmensidad que abrazan los muros de la patria suya, pero cuando debe enfrentarse a Trancas y Barrancas se le sale tol zumillo, carraspea y recuerda que ya había quedado. Normal, son dos (hormigas) contra uno. Ha dicho que no a todos, “El programa de Ana Rosa”, “La sexta noche”, ¡“El hormiguero”! Que se enfrenten a ellos la derechita cobarde y el comunismo internacionalista. Su talento político de estadista natural está llamado a más elevados designios: Bertín.

Es lo que tiene ser valiente: que eliges cuidadosamente a tus adversarios. Nada de ir a lo fácil. Nada de comentaristas políticos al uso con sus blandas retóricas. Nada de periodistas periclitados. Abascal reunió a su equipo de asesores y no se anduvo con chiquitas: “quiero lo más difícil, una prueba que esté a la altura del momento histórico que estamos viviendo, ¿qué es lo que está más lejos de mi zona de confort?”. Él mismo se contestó: “¡Bertín Osborne!”. Y prosiguió: “ya basta de hablar únicamente a los que están convencidos. Quiero hacer llegar mi mensaje a los que más me rechazan. Yo no soy un cobarde como todos los demás. Pero para eso necesito un presentador que me lleve al límite. Y en España solamente hay uno: Bertín”. Los consejeros quedaron mudos ante tal temeridad, pero cuando pudieron reaccionar para señalarle su absoluta imprudencia, Santiago ya se alejaba cabalgando hacia la Historia arrebolado por el amanecer. Valiente candidato es el candidato valiente.

30/3/19

BORRELL, TRANCAS Y BARRANCAS



¿Vieron la horrorosa espantada de un Borrell impulsivo e intransigente en una entrevista a un periodista británico para la televisión alemana? ¿Vieron qué preguntas sesgadas, tendenciosas y tramposas le hizo el ignorante e impertinente periodista? ¿Qué van a pensar de nosotros en Europa, de nuestra intolerancia, de nuestra poca cintura, de nuestra falta de cultura democrática? ¿Lo mismo que pensamos nosotros de la forma de hacer periodismo salvaje que practican ellos? ¿Nadie va a recular en este choque imposible de un ministro imparable contra un periodista inamovible? ¿Nadie ha aprendido nada de lo sucedido? Y Borrell empeñado en decir la última palabra (“La próxima vez, apreciaría que usted hiciese preguntas menos parciales”). Y el periodista empeñado en ser él (“No estoy aquí para hacerle las preguntas que usted quiere, ministro”). Y el ministro empeñado en ser él aunque fuera a toro pasado (“Bastante paciencia tuve. A esta clase de personajes hay que pararles los pies”).

Alguien debería disculparse, pero ¿quién? Borrell ya señaló en la entrevista que el periodista estaba equivocado, sus preguntas no eran correctas, no sabía nada de lo que hablaba, era un ignorante y mentía. El ministerio de Exteriores comunicó que el periodista solo se hacía eco de las tesis contrarias al Gobierno, las preguntas eran capciosas y demagógicas, y Borrell se mostró firme en su defensa de nuestro sistema de valores. La vicepresidenta Calvo dijo en “Los desayunos” de TVE que el Gobierno no puede aceptar lo que no es verdad y desprestigia nuestra democracia, que lo que no es verdad hay que dejarlo claro contundentemente. Yo creo que debería disculparse la señora Celáa, que dirige un ministerio de Educación que aún sostiene que los errores, manipulaciones y mentiras se combaten explicando las cosas, y no marchándose del aula. Pero, sobre todo, deberían pedir perdón todos los Trancas y Barrancas que andan por ahí sueltos y han logrado hacernos creer que una entrevista es el masaje que uno recibe cuando va a divertirse a “El hormiguero”.

29/3/19

¿QUÉ TE DIJO ELENA?



¿Qué sentiste, Giuseppe Tornatore, cuando te diste cuenta de que habías tenido la mejor idea de toda tu vida? ¿Ya tenías avanzado el guion de “Cinema Paradiso” (La 2, este miércoles) o fue el arranque de la película entera? ¿Escribiste toda la película para crear el clima que terminara en esa escena final? ¿Cómo debe de ser ir en bus, o estar tomando café o comprando yogures, y que el último eslabón de una cadena de pensamientos triviales termine con la idea de una de las mejores escenas de la historia del cine? “Espera, se me está ocurriendo algo…”. A lo mejor se lo fuiste pensando en voz alta a alguna chica parecida a Elena. “¿Y si un cineasta vuelve a su pequeño pueblo natal de Sicilia para asistir al entierro del viejo proyeccionista del cine local, con el que compartió cientos de horas en aquella cabina de proyección cuando era niño?”. Quizá Elena te estaba mirando con interés. “¡Ya lo tengo! La censura de los años 40 obligaba a cortar de las cintas las escenas de besos. ¿Y si tras su muerte el proyeccionista le deja como herencia un montaje con todas las escenas de besos cortadas durante su infancia?”.

Tuvieron que iluminarse los ojos de Elena. Tú mismo, Giuseppe Tornatore, tuviste que quedar sin palabras tras darte cuenta de la potencia de la idea que se te había ocurrido. Sin palabras, pero con muchas imágenes. Seguro que empezaron a venírsete a la cabeza decenas de besos -solemnes, triviales, humildes, tristes, heroicos- que se empezaron a montar solos en tu imaginación. ¿Fuiste consciente de que no iba a quedar un ojo seco en todos los cines en donde se exhibiera la película? ¿Supiste en ese momento que esas imágenes pasarían a coronar la memoria audiovisual de todos los amantes del cine clásico en el mundo entero? ¿Intuiste hasta qué punto ibas a pasar a formar parte de la vida de millones de personas gracias a esa idea, hasta qué punto nos ibas a conmover? ¿Pudiste dormir esa noche, Giuseppe Tornatore? ¿Qué sentiste? ¿Qué te dijo Elena?

28/3/19

NIÑOS BORRACHOS


“El programa de Ana Rosa” estrenó anteayer una divertidísima sección protagonizada por borrachos. En “28-A. Érase una vez... en Moncloa”, seis borrachos hacen preguntas a los líderes de los principales partidos políticos. Tres mujeres y tres hombres como cubas se sientan alrededor de Ana Rosa Quintana y del político invitado para someterle a un simpático tercer grado. El entrevistado, ahí está la gracia, tiene que dejar de lado la seriedad propia de su profesión para mostrarse cercano poniéndose a la altura de tan peculiares entrevistadores. Además los borrachos siempre dicen la verdad, así que son claros y directos; y si un político se anda con pamplinas, le cortan sin contemplaciones.

Pablo Casado estrenó la nueva sección. No hubo piedad con él.
—¿Con quién preferiría estar encerrado en un ascensor, con Puigdemont o con Torra?
—Franco era un dictador que gobernó España unos años, y que robó y mataba a la gente que no estaba a su favor.
—¿Crees que en vez de hacer que se cace en los parques nacionales se deberían meter depredadores como el lobo, que saben elegir la presa que cazar, cosa que el ser humano igual no sabe bien? ¿Qué lo hacen, para cortarles la cabeza y ponerla de trofeo? Para eso que metan lobos y más depredadores, y que ellos cacen para comer.

Casado intentó agradar, pero a veces cayó en un paternalismo tramposo o un machismo trasnochado.
—Cuando no es posible que haya depredadores tiene que haber cazadores para que esos animalitos no se pongan enfermos.
—Las niñas en el centro, hay que ser caballeros.

¿Niñas? Ah, se me olvidaba contar que para evitar el rechazo y las denuncias que podía acarrear el uso de enfermos, “El programa de Ana Rosa” ha preferido sustituirlos por niños adoctrinados que repiten como papagayos lo que les mandan. Al fin y al cabo, los niños son como los alcohólicos porque siempre dicen la verdad, pero tienen la ventaja añadida de que en la tele hay veda libre con ellos. Así que si un programa necesita manipularlos en un plató ante toda España a una hora en que deberían estar en clase, puede hacerlo sin miedo que no va a pasar nada.

27/3/19

EL LADO BUENO DE BACH


Según Michael, el arquitecto del “lado bueno” en el que viven su muerte Eleanor Shellstrop y su alma gemela Chidi Anagonye, en el “lado malo” (o sea, en el infierno) están Mozart, Picasso, Elvis Presley y prácticamente todos los artistas. También están en el “lado malo” todos los presidentes estadounidenses, salvo Lincoln. Y hasta Florence Nightingale, que estuvo a punto de ir al “lado bueno” pero, ay, no llegó. Pues bien, si el cielo se parece a lo que vemos en la primera temporada de la maravillosa serie “The Good Place” (Netflix) y el infierno es un lugar en el que están Picasso y Elvis, creo que la mayoría nos apuntaríamos al infierno y huiríamos de ese “lado bueno” en el que no hay nada que hacer salvo sonreír y asistir a reuniones de vecinos en las que nadie discute acerca de la necesidad de hacer una derrama para pintar la puñetera fachada norte. ¿Y qué hace una mujer como Eleanor, que se gana la vida vendiendo falsos medicamentos a los ancianos, en el “lado bueno”? Es un error. Pero Eleanor no está dispuesta a dejar el “lado bueno” porque cree que el “lado malo” es un lugar horrible en el que todos sufren espantosas torturas. ¿Qué puede hacer, entonces? Eleanor tiene que aprender a ser una buena persona, y nada mejor para eso que seguir los consejos de Chidi, un profesor que ha dedicado su vida (e incluso su muerte) al estudio de la ética.

“The Good Place” es un divertidísimo curso de filosofía en el que Chidi habla de Aristóteles y de Kant con gracia y conocimiento, y también una aguda reflexión sobre la bondad o, más exactamente, sobre lo difícil que es ser bueno. Eleanor no es tonta y sabe lo que está bien y lo que está mal, aunque eso no significa que haga siempre lo que está bien. El poeta Ovidio puso en boca de Medea unas palabras que desvelan uno de los rincones más oscuros del corazón humano: “Veo lo mejor y lo apruebo, pero hago lo peor”. Eleanor ve con claridad que no debe engañar a los ancianos, y lo aprueba, pero es arrastrada por su debilidad y ambición hacia el mal. Aunque una clase de ética no nos convierte en buenas personas, Aristóteles y Kant nos obligan a pensar, y eso es bueno. El problema de Eleanor no es que no vea lo mejor, sino que hace lo peor. Eleanor tiene que aprender que, como decía Simone Weil, a Bach no se le interpreta sin haber hecho antes unas cuantas escalas, pero tampoco se tocan las escalas solo por tocar. Claro que… ¿estará Bach en el “lado bueno”?

26/3/19

NO OLVIDEMOS A JOHN COBRA


A John Cobra, sí. ¿Lo recuerdan? Aquel mequetrefe impresentable que se coló en el proceso de elección del representante de Televisión Española para el Festival de Eurovisión de 2011. Últimamente me acuerdo mucho de John Cobra. ¿Recuerdan cómo empezó a tocarse sus partes tras su famosa actuación en la gala de TVE? ¿Recuerdan cómo gritaba al público que le comieran lo que viene siendo el nardo cuando sintió que parte del público le abucheaba? José María Íñigo no podía creer que algo así estuviera pasando. ¿Recuerdan cómo cada palabra de calma de Anne Igartiburu le soliviantaba más? Al final, John Cobra obtuvo un inexplicablemente alto porcentaje de votos, que abiertamente le premiaron por haber sido lo más cercano a un delincuente común que nunca pretendió cantar en el Festival de Eurovisión.

Últimamente me acuerdo mucho de John Cobra. Susanna Griso dedica no sé cuánto tiempo de “Espejo público” a discutir la propuesta de Vox sobre la libre tenencia de armas de fuego, y a mí me viene John Cobra a la cabeza. Todos los tertulianos de la mesa rechazan la propuesta de Abascal, pero eso hace que piense aún más en John Cobra. En aquella gala de 2011 aprendimos que molestar, simplemente molestar, resulta más motivador para una parte no pequeña de la ciudadanía que cualquier razonamiento. Y cuanto más irritante era el comportamiento de John Cobra, más aumentaban sus votos. Ferreras y sus muchachos de “Al rojo vivo” demuestran la incompetencia de Ortega Smith durante el juicio del procés; yo me acuerdo de John Cobra.

Vox es el John Cobra de las próximas elecciones del 28-A. Tras el recuento en 2011, Daniel Diges quedó el primero por ser el candidato preferido de los espectadores. John Cobra quedó el segundo por el ser el más detestable. ¿Podemos pedir a las cadenas que tengan la amplitud de miras suficiente para no moverse únicamente por los datos de audiencia de la mañana siguiente de cada programa? No olvidemos a John Cobra.