31/5/19

VÍDEO SEXUAL


Fran Rivera ha sido malinterpretado. Analizando en “Espejo público” el delito y la bajeza que supone la difusión de vídeos de naturaleza sexual sin el consentimiento de la persona grabada, él solo hizo —así, de pasada— un comentario inocente: “Los hombres, y soy hombre y lo digo, no somos capaces de tener un vídeo así y no enseñarlo”.

Le critican porque le malinterpretan. Él solo dice que las mujeres deben hacer lo que él aconseja a su hija mayor: no mandes vídeos de ese tipo. Y tiene razón. Primero, es evidente que este un problema afecta solo a las mujeres, porque los hombres no pueden ser acosados ni chantajeados ni nada con vídeos así. Segundo, salta a la vista que son las mujeres quienes tienen la solución, porque son ellas las que no deben hacer los vídeos, y si sale algún hombre eso no cuenta. Y tercero, es de cajón que un hombre que se precie de serlo funciona por un atávico mecanismo de estímulo-respuesta inquebrantable, así que será asqueroso, sabandija, delincuente y lo que se quiera, pero nunca responsable de sus actos: ser un macho es eso, está en su naturaleza —como en la del toro está embestir y en la de quienes viven entre tópicos trasnochados está repetir tópicos trasnochados para que la siguiente generación pueda volver a perpetuarlos—.

Es gracias a Susanna Griso que sabemos que Rivera fue malinterpretado: “La gente opina sin escuchar y sin ver el contexto de toda la conversación”. Y en el contexto se la ve a ella dándole la razón, evitando sus comentarios sobre los hombres, fijándose solo en que las mujeres deben protegerse. Vale, Griso, pero si quieres un “Espejo público” folclórico, rancio y vomitivo, deberías dejarte de medias tintas y contratar colaboradores que aborden el problema de las violaciones con el consejo de no ir por ahí provocando, el de la violencia de género con el consejo de obedecer a la primera para que él no se enfade, y el del ascenso del yihadismo vistiendo burka para no desatar las iras de los fundamentalistas tarados que ni son capaces de ir más allá de su entrepierna, ni son capaces de tener un vídeo así y no enseñarlo.

30/5/19

EL CONSEJITO DE ÍKER


Decía Galileo que el libro del universo está abierto ante nosotros, pero está escrito en lengua matemática: “Los caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas sin los cuales es humanamente imposible entender una palabra; sin ellos se deambula en vano por un laberinto oscuro”. Pero hay quien prefiere la oscuridad, las imágenes borrosas, los testimonios imprecisos, la literatura fantástica: nunca ningún descubrimiento, ningún hallazgo, nada concluyente. Y así llegamos a “Cuarto Milenio”, esa nave del misterio que Íker Jimenez aparca encima del trabajo que miles de profes realizan cada día en clase. Eso es “Cuarto Milenio”, un espacio de pamplinas en el que sobran efectos especiales y faltan matemáticas. O eso era.

Lograda ya la transformación de las ciencias de la naturaleza en ciencias de los espíritus, ahora además vaga como un fantasma por las ciencias humanas dando mucha penica. Es como un electroduende, que nadie le comprende. Si le va bien en su nueva pose de pupas que aconseja a los demás con el aplomo de quien no teme inmiscuirse en ningún campo de conocimiento sobre el que no posee cualificación, podrá ampliar su actual negocio de exposiciones itinerantes repletas de falsificaciones y venta por correo de atrezo de chichinabo. Qué mieditis.

El pasado domingo, aconsejó a los jóvenes que tomen sus decisiones sin escuchar ni tener en cuenta lo que digan sus padres, amigos, profesores o compañeros de trabajo, a los que despachó sin valorar si lo que decían era o no sensato y razonable porque, según él, hacen ‘bulliyng’. Ya ven qué fácil es apuntalar el individualismo estúpido del “A quién le importa lo que yo hago”, olvidar que si algo sabemos desde tiempos de la Grecia clásica es que somos animales sociales, constatar que eres un papanatas que prefiere los anglicismos innecesarios en vez de hablar español —“leches”, que diría Íñigo —, y demostrar que, encima, ni siquiera sabes de qué hablas. Así es, no te enfades, Íker, la crítica no es ‘bulliyng’, porque ni es acoso ni es escolar; igual que tampoco lo es un atentado, una paliza o una violación. ¿De verdad cuesta tanto entenderlo?

29/5/19

CANAL XIII


El interesante documental “El Papa Luna” (La 2) no solo analiza con rigor la vida y el legado del papa Benedicto XIII, que pasó a la historia como el “Papa Luna”, sino que reflexiona sobre un asunto en apariencia tan banal como qué hacer con el cráneo del tozudo papa aragonés, custodiado en el Museo de Zaragoza. ¿Debería exhibirse el cráneo de Pedro Martínez de Luna, el Papa Luna, del mismo modo que se exhibe el cráneo de René Descartes en el Museo del Hombre de París o los cráneos de tantos y tantos santos? Y si es así, ¿dónde? ¿En Illueca, su ciudad natal? ¿En la ciudad francesa de Aviñón, en cuya obediencia fue papa antes de ser declarado antipapa? ¿En Peñíscola, la ciudad en la que Benedicto XIII tuvo su sede pontificia? En “Los huesos de Descartes”, un fascinante ensayo en el que Russell Shorto utiliza los huesos del filósofo para hablar de fe y razón, nos enteramos de las razones y sinrazones que se esconden tras las increíbles aventuras de los restos mortales del filósofo racionalista francés. En “El papa Luna”, los espectadores asistimos asombrados a las sinrazones y razones que acompañan la increíble aventura del cráneo de Benedicto XIII. Descartes ha pasado a la cultura popular como el hombre que dijo “pienso, luego existo”. Benedicto XIII también es parte de la cultura popular no por haber dicho “no renuncio al papado, luego existo” (aunque  perfectamente podría haberlo dicho), sino por la expresión “mantenerse en sus trece”.

Cuando decimos que alguien “se mantiene en sus trece” estamos recordando la tozuda negativa de Benedicto XIII a renunciar a su condición de papa legítimo. El Papa Luna “siguió en sus trece” hasta su muerte (y más allá), y podemos pensar que Trece, el canal de televisión propiedad de la Conferencia Episcopal Española, homenajea a Benedicto XIII porque la esencia de Trece es, precisamente, mantenerse en sus trece. Como el Papa Luna, Trece se niega con tozudez papal a reconocer que los hechos no coinciden con su línea editorial ni, mucho menos, con las ensoñaciones de sus tertulianos. Benedicto XIII murió creyéndose papa y Trece vive creyéndose la cadena de Dios. El mejor homenaje al Papa Luna no sería exponer su cráneo en un museo, sino que Trece pasara a llamarse XIII. Justicia poética.

28/5/19

LUCHA DE GIGANTES


Hay famosos que pueden permitirse el lujo, la excentricidad o el placer de autoinvitarse a los programas televisivos que les apetezcan sin que parezca que están mendigando un minuto más de gloria o un cero más a la derecha en su cuenta corriente. Piqué, por ejemplo. Una palabra en Twitter de Piqué bastó para que fuera invitado a participar en “La resistencia” y para que el futbolista del Barça pudiera demostrar, una vez más, que es el mejor molestando a más gente con menos esfuerzo. Pero también hay programas televisivos que pueden permitirse el lujo, la excentricidad o el placer de invitar a los famosos que les apetezcan sin que parezca que están mendigando un minuto más de atención en las redes sociales o una décima más de audiencia. Por ejemplo, “Big Bang”.

Sabíamos que cuando Sheldon Cooper y compañía ya no estuvieran con nosotros, les echaríamos mucho de menos. Pero también echaremos de menos la facilidad con que los guionistas de “Big Bang” integraban en los capítulos de la serie a grandes héroes de la cultura popular como Stephen Hawking, Stan Lee, Adam West, Buzz Aldrin, George Smoot, James Earl Jones, Neil DeGrasse Tyson, Brent Spiner, Kevin Smith, Kareem Abdul-Jabbar, William Shatner, Mark Hamill… ¿Notan algo raro en esta maravillosa lista de actores, dibujantes, científicos y deportistas? En efecto, no hay ninguna mujer. En esa lista también podemos incluir a Kate Bates, Carrie Fisher o Sumer Glau, aunque no una mujer ganadora del premio Nobel de Física, una enorme divulgadora científica, una leyenda del baloncesto, una creadora de personajes de cómic o una astronauta. Queda un largo camino hasta que podamos ver a una mujer ocupando el despacho oval de la Casa Blanca, y un camino muchísimo más largo hasta que una mujer tan grosera e ignorante como Donald Trump pueda aspirar a la presidencia de los Estados Unidos. Pero, también, hay un largo camino hasta que una futbolista del Barça pueda autoinvitarse en “La resistencia” y hasta que mujeres ganadoras del Premio Nobel de Física o mujeres divulgadoras científicas puedan aparecer en una serie como “Big Bang” con la naturalidad de un Smoot o un DeGrasse Tyson.

Y, con todo, en la lista de héroes y heroínas de la cultura popular que aparecen en “Big Bang” faltan Homer y Marge Simpson. ¿No habría sido maravilloso que en el último capítulo de “Big Bang” viéramos a Homer sentado en el sofá ocupando el sitio de Sheldon? Lucha de gigantes.

27/5/19

LA FUSIÓN DEFINITIVA

La gran aportación de “Chernobyl” (HBO) es la creación de un nuevo género de series nunca antes visto en televisión: el terror basado en hechos reales. Hasta ahora, las series “basadas en hechos reales” siempre habían pertenecido a otras categorías: la más frecuente, el drama (“Los Tudor”, “The Crown”, “Feud: Bette and Joan”), pero también el biopic (“John Adams”), el costumbrismo romántico (“Victoria”) o, incluso, el thriller policíaco (todos los “Narcos”). Y las series de género de terror (“American Horror Story”, “The walking dead”, “Hannibal”) eran siempre el resultado de lo que dejaban a la vista las resacas más sórdidas de la mente de los guionistas. Pero ambas condiciones nunca se habían cruzado: hasta “Chernobyl”.

Y el gran hallazgo de Craig Mazin, el creador de la serie, es que el terror y la realidad se potencian mutuamente. El horror de ver a los bomberos que acudieron la primera noche desangrándose entre llagas pocas horas después multiplica por mil el horror que provoca el zombie renacido más descuartizado de “The walking dead”. La maldad de los funcionarios soviéticos que minimizaron inicialmente la fusión del núcleo convierte a Hannibal Lecter en alguien canonizable. ¿Quieren pasar miedo, pero miedo miedo de verdad, no esos pellizcos de terror de monja adolescente que nos presentan en “American Horror Story”? Pues sepan que durante cuarenta y ocho horas se dio por seguro que la onda radioactiva mataría a toda la población de Ucrania y Bielorrusia, dejando esos territorios totalmente inhabitables durante más de cien años. Las malformaciones, los cánceres, la contaminación de las aguas, asolarían Letonia, Lituania, Polonia, Checoslovaquia y la mayor parte de la República Democrática de Alemania.

"Nos enfrentamos a algo que nunca ha pasado en el planeta". Chernóbil cambió la historia de la humanidad y “Chernobyl” cambiará la historia de la televisión. No pueden perderse la serie más importante del momento. Es fundamental comprender que la realidad y el terror forman la fusión definitiva.

26/5/19

SPOILERFY™

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