17/8/18

¡RESULTADOS EN SÓLO QUINCE DÍAS!


¿Conocen esos típicos carteles de “antes y después” en donde se publicitan las virtudes de algún método de adelgazamiento poniendo la foto de un modelo antes y después de haber seguido tal dieta? A veces cuesta trabajo pensar que sea el mismo modelo el de las dos fotos. Compre esta increíble crema antiarrugas. ¡Y con resultados en sólo quince días! Aparecen dos imágenes de primerísimo plano de la zona de los ojos de la misma persona. En la primera pone “Antes” y los ojos están llenos de arrugas. En la segunda pone “Después” y la piel de los ojos es ahora lisa y tersa como la corteza cerebral de un tronista.

Nunca se había podido utilizar el recurso del “antes y después” en televisión para evaluar los efectos de un cambio en el equipo directivo de una televisión pública. Hasta ahora. Si tienen un ratito en medio del ajetreo veraniego vayan a la página web de Radio Televisión Española. Peguen un post-it que diga “Antes” en la pantalla y vean el espacio que Informe Semanal dedicó a Pablo Casado bajo la responsabilidad de Jenaro Castro el pasado 28 de julio. Después cambien ese post-it por otro que diga “Después” y vean el espacio que el mismo Informe Semanal dedicó al mismo Pablo Casado sólo quince días después, el 11 de agosto, una vez que Rosa María Mateo nombró a Begoña Alegría directora del área de servicios informativos de Radio Televisión Española.

¿Se pueden creer el cambio? ¿Han funcionado o no las pastillas, el método de adelgazar, las cremas que han traído la nueva dirección del ente público? Cuesta trabajo creer que sea el mismo político el de los dos reportajes. ¿Han visto cómo ha disminuido el peloteo fofo, cómo han desaparecido las arrugas del no tocar los temas que no interesa tocar? Antes y después. Comparen las dos imágenes y díganme si cabe alguna duda acerca de eficacia del tratamiento que ha recibido la televisión pública. ¡Y con resultados en sólo quince días!

16/8/18

DIOS DISTINGUIRÁ A LOS SUYOS

No se sabe con seguridad si la historia es cierta, pero es una cita tan difundida que ya su veracidad sólo es un asunto secundario. En 1209 las tropas del papa Inocencio III están asediando Bèziers en una cruzada contra los herejes cátaros que el pontífice se había tomado como algo personal. Finalmente la plaza cae, y los católicos entran en el sitio dispuestos a cepillarse sin demasiados miramientos a tales infieles a la auténtica fe. Pero hay un problema: en Bèziers viven tanto cátaros como católicos romanos, ¿cómo saber a quién ajusticiar y a quién salvar? Se pregunta esta cuestión a Arnaud Amaury, monje cisterciense legado del Papa, en cuyo currículum figura haber sido abad del monasterio de Poblet. Amaury tiene claro el procedimiento: “Matadlos a todos, Dios distinguirá a los suyos”.

Defiendo los métodos de Amaury en lo que se refiere a la televisión veraniega: matadla entera, acabad con todos los programas; si alguno bueno hubiere ya lo distinguirá el Dios de las televisiones posteriormente. Hemos asediado con toda nuestra potencia bélica de críticos televisivos (pfffff…) la plaza hereje de la televisión de julio y agosto, y ahora que ha caído no nos podemos andar con miramientos. Pasemos por el cuchillo toooodas las reposiciones. A la hoguera toooodas las películas de relleno para cubrir noches muertas. Fusilemos toooodos los programas con ediciones “de verano” a cargo de presentadores que cubren las espaldas de estrellas que se han ido de vacaciones. Arrojemos desde lo alto de las murallas tras haber volcado sobre ellos aceite hirviendo a toooodas las noticias mínimas con las que los informativos están disimulando que no tienen nada que contar.

“Matadlos a todos, Dios distinguirá a los suyos”. Incluso las propias críticas televisivas: quemadlas todas en la misma pira en la que arden los programas. Dios va a tener un trabajo muy escaso: nunca se van a salvar tan pocos de un juicio tan numeroso.

15/8/18

HABEMUS PREGUNTAM


El mejor resumen de la serie documental “Habemus Papam. Una historia de poder” ((#0) está en el propio subtítulo (la historia del papado es, efecto, una historia de poder) y en la frase con la que concluye el primer capítulo: en contra de lo esperado, el papado permanece. Es así de sencillo. Así de complejo. Dos mil años después de san Pedro, el líder de una religión que, en palabras de Celso en su “Discurso verdadero contra los cristianos”, fundó en un lugarejo de Judea el  hijo de una pobre campesina y un carpintero, sigue siendo hoy un personaje poderoso, influyente, respetado y tan reconocible como el líder de los Rolling Stones. ¿Cómo fue posible? En “Los orígenes”, el primer capítulo de la serie, se intenta explicar el nacimiento y la evolución del cristianismo a lo largo de los siglos, pero el resultado es decepcionante: tanta ambición exige una precisión aún mayor, y los grandes nombres del cristianismo (de san Pedro a Constantino o Urbano II) se despachan con brochazos indignos de una serie que quiere ser rigurosa. Lo que podemos permitir en una película con excusa histórica como “Quo vadis” no se puede conceder en un documental serio. Sin embargo, el segundo capítulo de la serie (“La renuncia de Benedicto XVI”) es todo lo contrario porque, sin perder la ambición, repasa los aspectos más interesantes y difíciles de la historia del papado con valentía y sin miedo a hablar de la parte trasera de la iglesia.

Es precisamente en este segundo capítulo donde cobra más sentido esa aguda pregunta: ¿cómo es posible que el papado permanezca? ¿Cómo es posible que el papado permanezca después de tantos papas incompetentes, corruptos, despreciables y asesinos? ¿Cómo es posible que el papado permanezca después de tanta violencia, de tantas intrigas, cismas, odios y, lo más grave, falta de fe? ¿Cómo es posible que el papado permanezca después de una historia capaz de convertir en ateo (o al menos en no católico) a cualquiera que se tome la molestia de informarse o, sin ir más lejos, sentarse en el sofá a ver el segundo capítulo de “Habemus Papam”? La única respuesta posible a estas preguntas es que Dios lo quiere. Sin la ayuda de Dios, el papado habría desaparecido de la historia como despareció el Presidium del Soviet Supremo de la Unión Soviética o el imperio austrohúngaro. Pero esa respuesta conduce definitivamente al ateísmo porque si Dios es capaz de sostener el papado a pesar de su historia, ¿por qué no es capaz también de evitar horrores como el Holocausto, los incendios que destruyen Grecia o la muerte de seres humanos en el Mediterráneo que sólo querían una vida mejor? ¿Puede el papa Francisco contestar a esta pregunta?

14/8/18

PONGA UN FILÓLOGO EN SU SERIE

Propongo la creación del concepto de “ambientación lingüística” para las series de televisión. Uno de los aspectos en los que han mejorado extraordinariamente las ficciones de nuestras pantallas es el cuidado con el que se mima la ambientación de las épocas en las que transcurren. Los peinados, los muebles, la ropa están atendidos al detalle para que se ajusten exactamente a lo que se usaba en cada momento. Los objetos de cada siglo, incluso las gamas de colores propias de la moda de cada década. Pero nadie cuida la ambientación lingüística, que debería ser igual de importante. Veamos el siguiente ejemplo, tomado de la por otra parte excelente serie de Movistar+ “El día de mañana”. Club nocturno de Barcelona, 1969. El ambiente está perfectamente reproducido: la ropa de los asistentes, las bebidas, la música que suena y la forma como bailan. Pero entonces un treintañero se acerca a una pareja de amigos que hablan de negocios y dice: “eh, que aquí hemos venido a divertirnos, no a comer la cabeza a los demás”.

¿“Comer la cabeza”? ¿1969? Sentí como si en ese momento el protagonista hubiera sacado un iPhone del bolsillo. Y no es el único ejemplo: su hermano, un peluquero de extracción humilde, se refiere a él diciendo que “vive en una realidad paralela”. En otro momento, niñatos de la gauche divine barcelonesa utilizan el término “pringao”, cuyo uso en aquellos años aún no había salido de la jerga de los quinquis y mercheros. Un oligofrénico que vive en la Cataluña profunda habla con un conocido y le dice que “las tortugas quitan las malas energías”. En los títulos de crédito finales de cada capítulo aparecen decenas de profesionales que se ocuparon del vestuario, maquillaje y peluquería, todo tipo de ayudantes de dirección y producción. Pero no se encuentra un simple “ambientador lingüístico” que se ocupe de que el habla de los personajes se ajuste tan precisamente a la época en donde transcurre la acción como la ropa o los coches. Con lo sencillo que sería y los chirridos que nos evitaría poner un filólogo en cada serie…

13/8/18

¿QUÉ HACE RICK EN BANGKOK?


Una de las veintisiete mil doscientas cincuenta y cuatro razones (y subiendo) a favor de ver una película en el cine y no en, por ejemplo, Telecinco es que en un cine nadie nos puede echar cuando termina la película y empiezan los títulos de crédito. En Telecinco, por ejemplo, sí. Nos echan. Nos escupen. Nos tratan como si fuéramos ganado porque los programadores de Telecinco, por ejemplo, entienden que, con la palabra “Fin”, el espectador ha terminado su relación con la película y, por muy bonita que haya sido, esa relación ya no da más de sí. El corte entre el final de una película y el comienzo del siguiente programa es tan brutal que en Telecinco, por ejemplo, muchas veces es difícil saber si la película ya ha terminado o si se ha producido un giro en el argumento que incluye la aparición de nuevos personajes. Así, un pestañeo inoportuno nos podría llevar de la secuencia final de “Casablanca” (con perdón) al comienzo de “Emmanuelle” de forma que la hermosa amistad entre Rick y el capitán Renault continúe en Bangkok en compañía de una jovencita muy interesada en el sexo. Cortar los títulos de crédito de una película es una falta de respeto no sólo a los que parieron la película, sino a los espectadores. Además, los títulos de crédito no alargan las películas, sino que las ensanchan.

El Cinemascope, un formato que se utilizó por primera vez en la película “La túnica sagrada”, ensanchaba la pantalla, pero eso no gustaba a todos los directores porque obligaba a rellenar las escenas con muebles, objetos o figurantes. Fritz Lang decía que el Cinemascope sólo servía para filmar serpientes y funerales. Pero los títulos de crédito, que también ensanchan las películas, no son un relleno, como si fueran unos muebles o unos figurantes que pasaban por allí, sino que ensanchan el cine porque siempre esconden sorpresas. Les pondré un ejemplo. Si se quedan a ver los títulos de crédito de “Mejor… imposible”, la estupenda película protagonizada por Jack Nicholson y Helen Hunt, podrán disfrutar de una versión de la canción “Mira siempre el lado bueno de la vida” interpretada por Art Garfunkel y enterarse de que Lawrence Kasdan (coguionista de “En busca del Arca perdida”) y Harold Ramis (director de “Atrapado en el tiempo”) interpretan dos pequeños papeles. Otro ejemplo. Los títulos de crédito de “Cuando menos te lo esperas” incluyen una versión de “La vie en rose” en la voz del mismísimo Jack Nicholson, también protagonista de la película. Y, sobre todo, los títulos de crédito permiten que Rick y el capitán Renault se pierdan en la niebla de Casablanca, y no en Bangkok.

12/8/18

PERCAS EN TVE


La serie documental “El Nilo: río supremo” (La 2) nos lleva desde Ruanda al Mediterráneo a lo largo de 6.650 fascinantes kilómetros llenos, como diría Gerald Durrell, de bichos y demás familia. Les recomiendo el capítulo “La montañas de la Luna” para que conozcan a los cíclidos, una familia de peces con una enorme variedad de especies adaptadas a todos los rincones de los grandes lagos de África, y para que sepan lo que ha ocurrido en el lago Victoria desde los años 50 del pasado siglo tras la introducción por parte del hombre, para su explotación comercial, de la perca del Nilo. La perca del Nilo es muy voraz y, en un ecosistema sin depredadores, se multiplicó en el lago Victoria para regocijo de las numerosas fábricas de transformación de pescado que se instalaron en las orillas  y de los pescadores de la zona, que vendían las percas a buen precio. Pero las percas  casi acabaron con la población autóctona de cíclidos, hasta que las grandes percas demandadas por las fábricas comenzaron a escasear, dando así un respiro a los cíclidos. ¿Estamos hablando del lago Victoria, o de la televisión pública?

A partir de la introducción, para su explotación comercial, de la perca del Nilo en TVE, las diferentes especies de cíclidos adaptadas a cada rinconcito horario (retransmisiones teatrales, cine clásico en blanco y negro, debates en directo sin gritos ni mala educación, programas musicales, culturales o infantiles) fueron devoradas por ese depredador, de forma que las percas cada vez eran mayores y los cíclidos fueron desapareciendo hasta que su presencia en el lago Victoria se convirtió en testimonial. La población autóctona de una televisión pública no tiene nada que ver con la perca del Nilo, una especie invasora extraordinariamente dañina que reduce la programación televisiva a aparatosos concursos musicales o de cocina.  El lago público televisivo necesita especies de cíclidos adaptadas a las diferentes necesidades de los ciudadanos, no de las empresas dedicadas a la transformación del pescado. TVE no puede empeñarse en ofrecer una programación compuesta de percas del Nilo, sino aspirar a que cada espectador encuentre su cíclido en forma de Estudio 1, películas de Tarzán protagonizadas por Johnny Weissmuller, actuaciones en directo de Nacho Vegas, programas de libros que no giren alrededor de Sánchez Dragó o dibujos animados que alegren el despertar de los niños sin idiotizarlos. ¿Ocurrirá como en el lago Victoria, y los cíclidos tendrán una oportunidad en TVE? ¿O acabaremos comiendo percas de menor tamaño?