25/3/19

NEOLIBERALISMO E INFANCIA


Lo estamos haciendo mal con los talent shows infantiles. Muy mal. Se nos está olvidando que la infancia es un periodo de preparación para la edad adulta. Una terrible regla no escrita prescribe que el jurado de los talent shows adultos ha de ser todo lo cruel que se pueda con los concursantes, mientras que el jurado de estos mismos programas en su versión junior ha de reventar de cursilería, empalagar con sus halagos, mimar y adular a los pequeños hasta la hiperglucemia. Los malcriamos. Luego llegan a “Maestros de la costura” o a “La voz” y son incapaces de asimilar su eliminación.

El último ejemplo lo tuvimos este sábado con “Prodigios”, talent show infantil de música clásica estrenado por La 1. Ainhoa Arteta no podía contener las lágrimas. Boris Izaguirre se revolcaba por el suelo. Nacho Duato encontraba perfección en cada mínimo detalle. ¿Es ésta forma de educar a nuestro menores en la economía de mercado? Los talent shows son los programas neoliberales por excelencia. Competencia, bonitos eslóganes, poderosos y aspirantes a poderosos. Habrá algún marxista trasnochado que se oponga a que se aplique está dinámica a los chicos de doce años, pero nadie podrá discutir que, ya que se aplica, se aplique hasta las últimas consecuencias.

Así que dejémonos de paternalismos y empecemos a demostrar a los niños dónde se han metido. Hay que insultarlos, destacar todo lo que han hecho mal de la forma más hiriente posible, hablarles con desprecio. Nunca hay que desaprovechar una ocasión para humillarlos ni una valoración para destacar sus errores y defectos. Sea “Masterchef junior” o “La Voz kids”. En el próximo “Prodigios” es necesario cambiar el tonito blandengue y empezar a entrenar a los niños para un mundo futuro en donde es muy probable que los jurados de los talent shows para adultos, en los que participarán dentro de unos años, vayan armados en legítima defensa.

24/3/19

A LA MIERDA



A la mierda “Sálvame”. A la mierda los cotilleos. A la mierda las trifulcas. A la mierda los dimes y diretes. A la mierda los índices de audiencia. A la mierda Telecinco.

Jorge Javier Vázquez ha sufrido un ictus. Lleva muchos años trabajando muchas horas en muchos programas a cual peor. Gracias a su inteligencia, su esfuerzo y su enorme capacidad para poner ambos al servicio del mal, ha transitado con paso firme por el infierno, excavado más hondo en la miseria, alcanzado un éxito profesional indiscutible. Ahora ha tenido que detener su trepidante carrera por los abismos de la naturaleza humana porque se ha interpuesto otro abismo.

A la mierda “Gran hermano”. A la mierda las nominaciones. A la mierda las alianzas. A la mierda el confesionario. A la mierda las estrategias, las expulsiones, los insultos. A la mierda las cuotas de pantalla. A la mierda el éxito. A la mierda Telecinco.

Hay mucho dinero en la telebasura. También fama. También una tentadora capacidad de influir en los demás, de construir alrededor un mundo a tu medida, de crear una burbuja tan real que parece que no pueda existir nada afuera sin ti. Todos esos ensueños se perderán en el tiempo. Como lágrimas en la lluvia, ya sabes. Pero nadie espera que eso vaya a ocurrir tan pronto, justo ahora, con tantos programas entre manos, tantas cosas por hacer. No es hora de morir, hubo suerte. Pero sí puede ser hora de mandarlo todo a la mierda.

A la mierda “Supervivientes”. A la mierda la playa. A la mierda el hambre. A la mierda la comida escondida. A la mierda la inmunidad. A la mierda las pruebas de resistencia, las traiciones, los debates. A la mierda el mercado publicitario. A la mierda Mediaset.

El hospital ordena reposo porque esa es su forma de recordar a un hombre que solo es un hombre. Es duro saber que la función sigue sin ti, que acróbatas, payasos y fieras hacen sus números con otro jefe de pista, pero así las cosas. Llamar por teléfono a la tele para entrar en directo, para seguir estando aun cuando no se está, para ser quien dice la última palabra es no saber mandar a tiempo todo a la mierda.

23/3/19

SERVIR Y PROTEGER


Juan José Cortés (número uno del PP por Huelva para las generales) e Isabel Díaz (número uno del PP por Madrid para las autonómicas) intercambian teléfonos. Un reportero de “Todo es mentira” (sobremesas de Cuatro) los aborda y bromea. Cortes explica que le falta ese número y se mete en un jardín rancio, maloliente y machista.
Un error de mi parte, porque no tener el teléfono de una belleza como esta...
Mientras habla, da un paso hacia ella, la abraza por el hombro, inclina la cabeza hacia la suya y sonríe buscando la complicidad de un reportero que está de suerte.
—¿Está ligando, señor Cortés?
Nooo… bueno, aunque…
A ella se le hiela la sonrisa. Aparta la mirada, da un paso atrás para alejarse de Cortés, y toma la palabra para terminar con la bromita. Con la mano izquierda aleja más a tan cortés correligionario mientras le da una lección.
No, no, no. Hay cosas mucho más importantes que nos unen. Dilo, sé político. A partir de aquí hay que ser muy político.
Él la parodia moviendo la mano en actitud profesoral.
Sí, sí, sí… correctamente político, je je.

Cuando Pablo Casado tenía 16 años, Ana Orantes se atrevió a dejar de esconderse y contó en Canal Sur las brutalidades que antes contó en el juzgado. Había sufrido las palizas y humillaciones de su marido durante cuarenta años, pero no había orden de alejamiento que la protegiera y debía vivir en una casa compartida con su agresor. Trece días después, él la roció con gasolina y la quemó viva en el jardín. Francisco Álvarez Cascos, vicepresidente del Gobierno, calificó el asesinato de “caso aislado obra de un excéntrico”. De vez en cuando, la tele la recuerda; últimamente porque le han dedicado alguna calle en pueblos justos y nobles. En una reciente entrevista, también Casado nos hace recordarla: “Es compatible la dureza extrema contra los maltratadores sin caer en esto que dice la izquierda de proteger más a las mujeres. ¿Qué hacemos, las escoltamos por la calle?”.

Señora Díaz, ¿qué tal acabar también con la bromita de Casado? Por ejemplo:
No, no, no. ¿De qué sirve que su marido fuera a la cárcel y muriera allí? Hay que proteger más a las mujeres. Dilo, sé político. A partir de aquí hay que ser muy político.

22/3/19

UN VAR PARA EL HUMOR


Necesitamos un VAR para el humor. La vida moderna es David Broncano abriéndole un perfil en Grindr a Federico García Lorca. Ocurrió esta semana en “La resistencia” (Movistar+). Broncano entrevichtaba a Ian Gibson al hilo de su reciente libro sobre Antonio Machado, y como el célebre hispanista es conocido por su fervor lorquiano, el cómico le había preparado una sorpresa final con forma de un perfil en Grindr, la red chochial líder en contactos homochechuales, abierto con el nombre de Federico García Lorca. El perfil incluía fotos con montajes de la cara del poeta sobre asistentes al Mad Cool e indicaciones sobre su rol “activo” o su condición de seronegativo. De hecho, algunos miembros de esta red social habían entablado conversaciones con Federico. “Quiero ver aquí los hombres de voz dura, los que doman caballos y dominan los ríos”, y le contestan “Dios, estás trastornado”. “Si voy, ¿llenarás mi boca de sol y pedernales?”, “¿Acaso lo dudas?”, contesta su contacto, y Federico García Broncano apostilla “pero nada de chemsex, que la última vez amanecí en una cuneta”. “Buenos y bellos días. No quiero importunarte, pero ¿me comerías lo que viene siendo la polla?”.

No importa que hayan pasado ochenta y tres años desde su muerte. No importa que todos sepamos que Federico se hubiera revolcado por el suelo de risa con la broma. Las redes ya se han puesto tó locas discutiendo si la patada de Broncano ha tenido lugar un centímetro dentro o fuera del área. “Ech humor homófobo hecho por heterochechuales”, “el humor de Broncano ech bachto pero chutil, cualquier perchona inteligente lo dichfruta”. Es por lo que digo que hace falta un VAR para casos como éste. Los límites del humor son el gran arcano de la vida moderna, y sólo colegiados especializados pueden resolver si abrir un falso perfil de Grindr a Federico García Lorca es punible o no. Sólo falta decidir qué equipo arbitral lo formaría y revisaría las imágenes. Yo propongo a Ignatius Farray, a Edu Galán y a Raúl Cimas.

21/3/19

"ÓRBITA LAIKA" NO HABLA DE TI


Hay mil motivos por los que no me pierdo “Órbita Laika”. No me vende nada. Se emite en mi televisión pública. Puede probar las cosas que afirma. Ser colaborador requiere años de preparación. Me trata con respeto. Habla de temas importantísimos para nuestro futuro como sociedad y como planeta. Está hecho con frescura y buen humor. No tiene ni pizca de arrogancia ni postureo vacío. No considera que los espectadores seamos débiles mentales. Me hace aprender más cosas por unidad de tiempo que ningún otro programa de la televisión actual. Pero, sobre todo, no me pierdo “Órbita Laika” ni loco por un motivo al que doy una especial importancia: ¡no habla de mí! ¡Qué maravilla! ¡No habla de mí! ¡Gracias, amigos!

Quiero hacer una proclama pública, decirlo muy alto: estoy hasta el culo de mí, nada me aburre más que mí mismo, me tengo muy pero que muy visto. Y, por tanto, nada me interesa menos que los programas de televisión que basan su atractivo en que el espectador se identifique con los personajes que ahí aparecen. En los inicios de la televisión, los espectáculos intentaban mostrar fenómenos sorprendentes, personas prodigiosas. Hasta que de pronto descubrieron que lo que quiere ver la gente en la pantalla, más que ninguna otra cosa, es a ellos mismos. Llegaron los realities, los talent shows, los programas de testimonios. Por dios, qué coñazo. Ya tengo un espejo en el cuarto de baño. No he pagado ochocientos euros para tener otro espejo en la salita.

Si eres como yo, si has descubierto que una vez que dejas de prestarte atención a ti mismo la realidad se vuelve irresistiblemente apasionante, entonces “Órbita Laika” es tu programa. Sin narcisismos paletos, sin individualismos pseudoprogres y presentado esta temporada por un extraordinario divulgador científico llamado Eduardo Sáenz de Cabezón. “Órbita Laika”, los lunes a eso de las diez de la noche en La 2. No te lo pierdas: ¡no habla de ti! Habla de cosas muchísimo más importantes.

20/3/19

NORAH JONES ME MIRÓ


Tengo un amigo que sostiene que Bruce Springsteen le miró en un concierto. Solo durante un segundo, de acuerdo. Pero, en ese segundo, el mundo de Springsteen limitó al norte, al sur, al este y al oeste con mi amigo. Había miles de personas en aquel concierto, y Springsteen cantaba y se movía por el escenario con su fuerza y magia habituales. Y, durante un segundo, Springsteen y mi amigo fueron uno y trino (el padre Bruce, el hijo que pagó la entrada al concierto y el espíritu santo del rock que sobrevolaba el estadio). Todos se ríen cuando mi amigo cuenta esta anécdota. Yo jamás me he reído porque estoy convencido de que Bruce miró a mi amigo, como estoy seguro de que cuando Bruce mira al público en sus conciertos siempre mira a alguien. Además, no puedo reírme de quien presume de haber compartido mirada con Springsteen porque yo mismo he tenido una experiencia parecida pero todavía más difícil. Norah Jones me miró. A mí. Me miró mientras cantaba “Nightingale” en el club londinense Ronnie Scott.

Fue en “Norah Jones en concierto” (CineDock&Roll, Movistar+). Solo un segundo. Bruce Springsteen miró a mi amigo en un concierto en directo en un estadio de fútbol. Norah Jones me miró en un concierto emitido en una cadena televisiva. Ella tocaba el piano y, detrás, el maravilloso baterista Brian Blade y el supremo bajista Christopher Thomas iluminaban un momento perfecto de jazz. No es lógico, ya lo sé. Los ojos de Norah surgían de la pantalla de un televisor, y la cantante estadounidense no sabe que existo del mismo modo que el Primer Motor Inmóvil de Aristóteles pasa de mí y el Espíritu Absoluto de Hegel me ignora. ¿Y qué? “La lógica es el principio de la sabiduría, pero no el fin”, dice Spock en “Strak Trek VI: aquel país desconocido”. Y Spock me creería. La lógica es el principio de la sabiduría que nos permite salvar a la especie humana porque es capaz de inventar cosas como el jazz, y la lógica es la que mantiene la confianza en que el bípedo implume de uñas planas decida poner los medios para no destruir el planeta y seguir escuchando jazz. Pero la lógica no es el fin. Por eso Norah Jones me miró.

¿Y saben una cosa? Cuando Norah Jones me miró, ella tenía los ojos cerrados.