09 diciembre 2016

TESTIMONIOPATÍAS


Exijo que cada vez que un informativo muestre un testimonio personal para ilustrar un tema se diga cómo se ha conseguido y se estime su representatividad. Esta semana “Más vale tarde” abordó la homeopatía y presentó tres testimonios de pacientes: ¡a los tres les funcionaba bien! Entre ellas, una madre declaró que sólo daba a sus hijas medicamentos homeopáticos y que cuando enfermaban no les daba las medicinas que les recetaba el médico de familia sino lo que posteriormente le decía su médico homeópata. ¿Cómo se consiguieron tales testimonios? ¿Son representativos y podemos entender por tanto que la homeopatía funciona en el cien por cien de los casos? ¿No fue posible encontrar a nadie que testificara en contra? ¿Por qué? ¿No existen pacientes a los que no les funcione la homeopatía, existen pero no se atreven a decirlo, existen pero son difíciles de encontrar, existen pero su testimonio no tiene tirón periodístico? ¿O existen pero no los traen de la mano los lobbies que se forran vendiendo placebos?

Un gran periodismo conlleva una gran responsabilidad, y esto es especialmente cierto cuando hablamos del periodismo sanitario, que puede provocar que un pequeño porcentaje de espectadores -es decir, miles y miles de personas- adopten decisiones gravemente equivocadas acerca de su salud. Es cierto que posteriormente se celebró un debate entre dos médicos, en donde, cómo no, el presentador incurrió en la lista completa de errores que se pueden cometer al tratar las pseudociencias -no, Hilario Pino, no hay dos opiniones enfrentadas: una es una opinión, otra es un conocimiento, esto no es una discusión acerca de si la tortilla ha de llevar cebolla o no; no, Hilario Pino, no hay un debate en la comunidad científica: el consenso acerca de la ineficacia de la homeopatía es prácticamente total, por más que puedan encontrarse opiniones excepcionales, como ocurre con la teoría de la evolución o con la esfericidad de la Tierra-. Pero para una parte de la audiencia los testimonios de pacientes tienen mucho mayor poder de influencia que un debate técnico entre especialistas. Y lo mínimo que puede hacer un periodista responsable y fiel a la realidad es emitir cien horas de testimonios contrarios a la homeopatía por cada minuto de testimonios favorables que encuentre.

08 diciembre 2016

EL CARTEL Y EL CÁRTEL


Es necesario saber separar el arte y la vida. Si no se distinguen estos dos elementos no sólo se vuelve intolerable el cartel que Netflix ha colgado en la Puerta del Sol para felicitar la Navidad a los madrileños sino que se hace imposible dar un solo paso por la calle o contemplar un minuto de televisión. Las uvas de este año se tomarán en Madrid bajo un gigante cartel en donde aparece el Pablo Escobar de la serie “Narcos” y el eslogan “Oh, blanca navidad”. A una parte de la ciudadanía no le ha hecho gracia el juego de palabras de Netflix al considerar que la obvia referencia a la cocaína junto a la foto de su mayor traficante no es la mejor contribución al espíritu navideño. Pero si no distinguimos el producto comercial que es “Narcos” del drama que vivió Colombia durante los años 80 no sólo el cartel sino la mera existencia de la serie se vuelve insoportable. Y “Homeland”. Y “True detective”. Y “Breaking bad”. Aristóteles defendió en su “Poética” que la tragedia sirve para exponerse de una forma segura al horror de la existencia -bueno, quizá yo mismo estoy siendo un poco poético en mi lectura de Aristóteles- ya que imita a la vida, pero desposeyéndola de sus auténticos efectos sobre nosotros. “Narcos” imita al infierno que creó el cártel de Pablo Escobar pero desposeído de todas las consecuencias que conllevó aquel horror. Si creemos que el arte es la vida, la vida es insoportable. Si creemos que la vida es el arte, el arte es insufrible.

Es necesario saber juntar el arte y la vida. Que distingamos entre los hilos verticales y los horizontales en un tejido no quiere decir que la única forma de crear algo sólido con ellos no sea entrelazarlos hasta hacerlos inseparables. Los madrileños que tomen este año las uvas bajo el cartel del cártel estarán viendo una ficción construida sobre una realidad lejana que festeja otra ficción construida sobre otra realidad lejana. De Medellín a Jerusalén. Aristóteles defendió en su “Poética” el carácter connatural que la imitación, y por tanto el arte, tiene en el desarrollo humano. La vida construida de ficción y la ficción construida de vida bajo un letrero gigante de Tío Pepe.

07 diciembre 2016

DOS MINUTOS DE TYCHO BRAHE


Me gusta ver películas en la televisión pública porque no hay cortes publicitarios, y así incluso hasta algo tan ruidoso como “Transformers” o tan empalagoso como esas películas ambientadas en la Toscana o en una isla griega con un guion más predecible que un asesinato en el hotel donde se aloja Jessica Fletcher, la protagonista de la entrañable serie “Se ha escrito un crimen”, tiene su gracia. Pero el cine sin molestas interrupciones publicitarias tiene dos problemas. Primero. Cada uno es dueño de sus actos y esclavo de sus hábitos, así que si se adquiere el hábito de ver películas sin continuos hachazos publicitarios es difícil aguantar el “Transformers” de turno o la búsqueda del amor en el pueblo de la Toscana que toque sin perder la paciencia y sin cambiar de canal porque, claro, somos dueños del mando a distancia y esclavos del cine sin cortes. Y segundo. Podemos acabar como el astrónomo Tycho Brahe.

Según cuenta Kepler, el 13 de octubre de 1601 el gran Tycho Brahe estaba en un banquete organizado por el rey y, aunque se moría de ganas de ir al baño, no se levantó porque hacerlo se consideraba de muy mala educación. Once días después del banquete, el educado Tycho murió. Ni somos Tycho Brahe, ni cenar delante del televisor es como asistir al banquete de un rey, ni levantarse para ir al baño mientras estamos viendo “Casablanca” es una falta de educación ni un insulto a Bogart, pero hay veces en que la película es tan interesante, o tan hermosa, o tan compleja que preferimos aguantarnos las ganas de ir al baño y nos quedamos en el sofá con la misma cara de circunstancias con la que Tycho Brahe se quedó en su sitio esperando el postre mientras le reventaba la vejiga. Hagamos un trato. ¿Qué tal si TVE hace una pausa cuando emite una película de unos dos minutos para que los espectadores podamos ir al baño y, en esos dos minutos, en lugar de escupir cuatro anuncios ofrece mini documentales que expliquen, por ejemplo, por qué Tycho Brahe se pasó gran parte de su vida con una nariz postiza de metal, por qué tenía un alce en su casa, por qué el análisis del bigote de Tycho trescientos años después de su muerte reveló que en él había restos de mercurio y por qué dedicó su vida a observar el firmamento. Dos minutos de Tycho Brahe es el precio de una vejiga. Pero… sería mejor dedicar esos dos minutos a alguien menos interesante que Tycho Brahe, para que no nos importe ir al baño. ¿Alguna sugerencia?

06 diciembre 2016

MIDWAY, VIETNAM Y RAMOS


La programación cinematográfica de 13 TV suele consistir en ofrecer películas “de siempre” o entrañables títulos del cine popular que, a diferencia del resto de su programación, no parece seguir el plan diseñado por la Conferencia Episcopal para que los espectadores miremos el lado conservador de la vida mientras silbamos una canción, rezamos el ángelus y odiamos a los rojos y morados. Sin embargo, el pasado fin de semana 13 TV programó sin pausa “La batalla de Midway” y “Apocalypse Now”, de modo que la heroica marina estadounidense en el Pacífico y el desquiciado ejército norteamericano en Vietnam terminaron bailando tan pegados como en la canción de Sergio Dalma. No puede ser casualidad. La guerra que vemos en “La batalla de Midway” se parece tanto a la guerra que nos golpea en “Apocalypse Now” como un mogwai a un gremlim, y ver a Henry Fonda en el Pacífico y después a Marlon Brando en Vietnam es tan raro como invitar a cenar al Capitán Trueno y luego tomar el postre con Hannibal Lecter. ¿Por qué 13 TV programó una película que glorifica la “guerra buena” y después nos aplastó con un tratado cinematográfico acerca de los límites de la sentencia de santo Tomás de Aquino según la cual una guerra es justa cuando promueve el bien y evita el mal?

El biólogo Richard Dawkins, azote de la teoría del diseño inteligente, dice que es una futilidad manifiesta pretender resolver el problema de la complejidad de la vida postulando la existencia de otra entidad compleja llamada Dios. Puede que, del mismo modo, sea absurdo pretender resolver los complejos problemas políticos con el recurso a soluciones aún más complejas como la guerra. “La batalla de Midway” es el diseño inteligente aplicado a la guerra, y “Apocalypse Now” muestra lo que ocurre cuando lo oscuro se resuelve con lo más oscuro. Por supuesto, todos preferiríamos cenar con Henry Fonda en Nochebuena, aunque también nos gustaría charlar con Marlon Brando, es decir, con el coronel Kurtz después de los turrones. Creo que 13 TV acertó con su programa doble bélico, pero es posible que esté viendo sutiles planes cinéfilos donde sólo hay azar en la programación como quien ve sofisticadas estrategias futbolísticas en el Madrid de Zidane donde sólo hay una confianza ciega en el azar del gol de Ramos en el último minuto. El horror, el horror.

05 diciembre 2016

¡ORGANIZACIÓN!


Como decía el chiste: “¡Organización!”. Es cierto, en la tele hace falta más organización.

Tal y como denuncia el Consejo de Informativos de TVE, los telediarios ocultaron las polémicas declaraciones machistas del alcalde de Alcorcón (David Pérez, Partido Popular). O sea, que, según el “Telediario”, no es noticia que trascendiera en las redes que un señor alcalde dijera que las feministas son “mujeres frustradas, amargadas, rabiosas y fracasadas como personas” o que el aborto convierte a las mujeres en “salas de ejecución”. Tampoco es noticia que lo dijera en un foro de Educadores Católicos. Y dio igual que las declaraciones trascendieran justo cuando se preparaba el día contra la violencia machista, o que viéramos el curioiso modo en que se educan los educadores católicos justo cuando el Parlamento hablaba de “calidad educativa”. No es noticia y ya está.

Pero, a pesar de lo elegante y torero que había quedado el silencio informativo, ¡Pérez decidió acudir a una cadena de la competencia a defenderse! ¿Habrá estrategia más alejada al silenciamiento informativo en la tele pública que alimentar la hoguera revolviendo el pastel en una tele privada? ¡Por favor, organización!

Susanna Griso (“Espejo Público”, mañanas de Antena 3) fue la anfitriona de Pérez y su desorganizada defensa. ¡Y qué defensa!: dijo defender un feminismo de DRAE (“ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”) pero no el “feminismo radical”. Pues según el DRAE, esto quiere decir que critica la ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres de forma fundamental, esencial, total, completa, extremosa, tajante, intransigente o partidaria de reformas extremas. Ahora solo falta que vaya a Telecinco  y aclare qué derechos son los que las mujeres no deben tener igual que los hombres, con cuáles hay que ser menos extremoso, tajante o intransigente y cuáles deben anularse si su reconocimiento conlleva reformas extremas. Y, cuando termine, que salga el responsable de comunicación de su partido gritando “¡Organización!”.

04 diciembre 2016

TRES COMENTARIOS DE URGENCIA SOBRE NADIA


Les resumo la historia de Nadia, aunque probablemente ya la conozcan. Durante las últimas semanas varios programas de televisión –“Más vale tarde”, “El programa de Ana Rosa”…-, y varias cuentas de twitter de otros personajes televisivos -Jordi Évole, Ana Pastor...-, se hicieron eco de la historia de una niña de 11 años afectada de una grave enfermedad muy minoritaria y poco conocida llamada tricotiodistrofia, y secundaron la petición de su padre para recaudar dinero destinado a su tratamiento en los Estados Unidos. En pocos días se recogieron 150.000 euros. Sin embargo, posteriores investigaciones han planteado importantes sospechas sobre la veracidad del testimonio del padre de la niña y, aunque al escribir estas líneas aún la cuestión no está completamente aclarada, todo parece indicar que nos hallamos ante un fraude. Con las prisas inherentes al periodismo y la prudencia siempre aconsejable, cabe plantear tres comentarios de urgencia:

01. Como ocurre con la corrupción política, lo fundamental en los errores periodísticos no es tanto su inevitable ocurrencia como la actuación que lleva a cabo el profesional cuando son descubiertos. Pedro Simón, el profesional que destapó el caso, ha tenido un comportamiento ejemplar al reconocer inmediatamente su error y pedir disculpas a los lectores.

02. ¿Y si en vez de recoger dinero para el tratamiento de Fulanito o de Fulanita aprovechamos cada caso particular que salta a los medios para exigir que los puntuales tratamientos extraordinarios que requieren los puntuales casos extraordinarios sean sufragados por el Estado en vez de confiarlos al capricho de la relevancia mediática y la arbitrariedad de la caridad individual?

03. “Médicos secretos que trabajan para el gobierno estadounidense”, “operaciones de terapia genética mediante tres incisiones en la nuca”, “especialistas escondidos en cuevas afganas”… y nadie del equipo de Mamen Mendizábal o Ana Rosa Quintana dijo “esperad un poco, chicos, que esto huele fatal”. Hay que ver más “Órbita Laika” y menos “Cuarto Mileno”.