20/10/19

FALACIA ANTIMEREOLÓGICA


¡Esperen, esperen! No abandonen la lectura de esta columna por lo árido de su título. Les prometo que lo voy a explicar todo de una forma muy clara y sencilla. Verán, se denom…se llama “falacia mereológica” al intento de atrib… de aplicar a una parte del cuerpo carac… cosas que son propias del organ… de la persona en su conjunto -y ya paro con esta bromita idiota-. Por ejemplo, cuando se dice que “tal lóbulo del cerebro decide que…”, cuando en verdad la que decide es la persona; o cuando leemos que “tal grupo de neuronas interpretan que…”, cuando aquí el único agente que puede interpretar algo es el individuo tomado como una unidad. No vuelan las alas, sino los pájaros. No habla la boca, sino el hablante. En la falacia mereológica se confunde al órgano con el organismo.

Y en la falacia antimereológica ocurre al revés, y se confunde al organismo con el órgano. Esta falacia aparece con mucha menor frecuencia, pero todos los medios se inundan de ella cada 19 de octubre, día contra el cáncer de mama. Esta vez lo que oímos -ejemplo: ayer en el Telediario de La 1- es que la paciente “lucha” contra el cáncer, cuando, como mucho, es el sistema inmunitario el que hace algo parecido a luchar contra las células cancerosas. Nadie diría que el griposo lucha contra la gripe o que el diabético ha de luchar contra su diabetes, pero, sin embargo, el padecimiento del cáncer, -especialmente si es de mama-, se ha rodeado en los medios de una épica de luchas, guerreros, supervivientes y demás conceptos bélicos, dentro de una empanada mental en donde células, personas, fármacos y voluntades se confunden entre sí para disfrute de los horteras y sufrimiento de los ya bastante sufrientes pacientes.

No perdemos ni una puñetera ocasión para ser cursis. Éste es uno de nuestros problemas. Suerte que tenemos a la filosofía para denunciar las falacias mereológicas y antimereológicas. ¿Quién ha dicho que Aristóteles no puede ser de ayuda para un paciente de cáncer?

19/10/19

COMITÉS DE DEFENSA DE EUROVISIÓN


Mientras que el materialismo marxista atribuye en exclusiva a la lucha de clases el curso de la Historia, otras visiones materialistas actuales consideran que el motor económico de las sociedades no se agota en la dialéctica de clases, sino que pide combinarse con una dialéctica entre Estados. Los capitalistas alemanes luchan contra los obreros alemanes, es verdad, pero también contra los capitalistas del sur de Europa. Las luchas “verticales” se combinan con las “horizontales”, a través no sólo de procesos como las guerras, sino también de formas menos cruentas, pero igualmente transformadoras, de intervención sobre los países vecinos.

No es una cuestión moral, es la lógica elemental de las relaciones internacionales. Los Estados procuran debilitar a sus Estados competidores, extienden sus influencias sobre ellos, financian iniciativas tanto en sus propios territorios como en los Estados rivales que faciliten estos fines. Creer que lo que está ocurriendo en Cataluña es fruto de la expresión de una identidad nacional natural más o menos equivocada, ignorando los hilos que están moviendo los intereses internacionales en esta farsa, es de una ingenuidad que raya en la candidez. ¿Cuáles son los países que se beneficiarán económicamente de la fragmentación de España? ¿Son capitalistas o socialistas? ¿Alguien se cree que asisten a esta milonga como espectadores apáticos?

En los últimos cincuenta años hemos asistido a una evolución de Europa caracterizada por la fragmentación de algunos de sus países más importantes durante el siglo XX, compensada por una única unificación, la de Alemania, que dio lugar a la mayor potencia económica europea. Siempre con la mediación de la basura del nacionalismo, países que eran potencias medianas de cierta relevancia -Yugoslavia, Checoslovaquia, ¿ahora España?- quedan troceados en países ínfimos que sólo ven multiplicada, por aquello del aumento de sus representantes, su capacidad de triunfar -les recuerdo que esta columna trata sobre televisión- en el Festival de Eurovisión.

18/10/19

JORDI CRUZ Y RAYA


“Te voy a poner en situación porque no te estás enterando. Cállate un momentito, déjame hablar a mí. Siempre hemos dicho que los ‘celebrities’ nunca recibiréis un trato singular por el mero hecho de ser ‘celebrities’. No me interesa absolutamente nada de lo que me tengas que contar. No hay idea, no hay motivación alguna en este plato. Esto es una ofensa terrible a mi oficio. Pero terrible. Llevo tres pruebas mirándote, y comer en una cocina está muy mal visto y lo haces, reírte cuando no toca tampoco me gusta, pero que vengas y hagas esto... Sigue así y te prometo que, como yo me llamo Jordi Cruz, hoy te vas”.

A ver cómo te lo digo que no te enfades, Jordi Cruz. Como eres cocinero y estás muy contento de serlo, te lo diré así: hartitos nos tienes. Estamos empachados de tanto reality show, ahítos de programas de cocina insensatos que se olvidan de que deberían limitarse a ser sensatos programas de cocina, empachados de jurados con afán de protagonismo que se aúpan por encima de los demás, atiborrados de los que creen que su programa tontorrón para pasar el rato sin mayores pretensiones son la cima de la civilización occidental, repletos de quisquillosos susceptibles que se toman cualquier gesto como una ofensa personal. Y, malas noticias, Jordi, tú no solo figuras como ingrediente en todos esos platos que nos tienen hartos, es que encima repites.

Verás, Jordi, el que no se está enterando eres tú. Claro que en “MasterChef Celebrity” los famosos reciben un trato especial por ser famosos. De hecho, están ahí por eso: por el dinero fácil. No van ahí por cocinar pasta, van ahí a cocinar por la pasta. Prueba a ponerlos a bailar o a tirarse de un trampolín y verás qué sorpresa. Lo que interesa a Vicky Martín Berrocal, a quien echaste el sermón, es el diseño, la ropa, no lo que tú le digas de cocina. No está cometiendo una ofensa terrible a tu oficio, simplemente su rollo es otro. No tiene nada contra ti. No eres tan importante. De verdad, Jordi, no te enfades. No es nada personal, solo negocios.

17/10/19

PACTO EDUCATIVO


Ya que en España no somos capaces de firmar un pacto por la educación, al menos deberíamos ser capaces de firmar un pacto contra la mala educación. Esto permitiría que, aunque no nos pongamos de acuerdo sobre cómo deben ser educados ni qué deben aprender los niños, sí que podríamos llegar a un acuerdo sobre cómo no deben ser educados y qué cosas no deben aprender. Un buen punto de partida sería consensuar que debe evitarse a toda costa que las nuevas generaciones imiten a Rafa Mora, aprendan de Rafa Mora, quieran ser como Rafa Mora, tomen como referente a Rafa Mora, sigan a Rafa Mora, admiren a Rafa Mora, o, simplemente, conozcan a Rafa Mora.

Podría parecer que Mediaset, sería un obstáculo insuperable para firmar este pacto contra la mala educación: Mora procede de la cantera de “Mujeres y hombres y viceversa”, siempre jugó con sus colores, y esta semana le ha premiado con un ascenso. Y, sin embargo, creo que Mediaset firmaría. Resolvamos este aparente contrasentido recordando una vieja historia.

Para librarse de la esfinge de Tebas, Edipo debía resolver este enigma: ¿cuál es la única criatura que al amanecer anda a cuatro patas, al mediodía anda a dos y al caer la tarde anda a tres? Y para entender a Mediaset debemos resolver este otro: ¿cuál es la única criatura audiovisual que al amanecer es un limón, al mediodía es una naranja y al caer la tarde es un plátano? La respuesta al primer enigma es el hombre, vale, pero ¿por qué la respuesta al segundo es “Sálvame”? Para esquivar el horario de máxima protección infantil, hace años que “Sálvame” se presenta bajo la advocación “naranja”, si es para todos los públicos, y “limón”, si es para mayores con reparos. El “plátano” no cuenta: solo es un apaño para tapar el hueco de “Pasapalabra”.

Agradezcamos que Mediaset pusiera a Mora de presentador de “Sálvame” solo un día y lo hiciera en su versión “limón”: los niños aún estaban en la escuela y no vieron semejante humillación a nuestro sistema educativo y al trabajo que hacen cada día preparándose para el futuro. Sí, tal vez sea posible un pacto contra la mala educación.

16/10/19

SINFONÍA KIPCHOGE


El pasado sábado, el atleta keniano Eliud Kipchoge corrió un maratón en menos de dos horas. Si han alucinado con las imágenes de esta hazaña descomunal, quizás les haya sorprendido ver a siete atletas vestidos de negro acompañando a Kipchoge, cinco de ellos delante de él colocados en forma de V y dos cerrando el grupo. Por delante, un coche marcaba el ritmo con un láser verde. Y, muy cerca, varios ciclistas proporcionaban avituallamiento y confirmaban que el ritmo de la carrera era el adecuado. La carretera era completamente llana, y la temperatura perfecta. Bah. Beethoven dedicó su Sinfonía nº 3 “Heroica” a Napoleón Bonaparte, pero se decepcionó tras la autocoronación de Napoleón y el compositor le retiró su homenaje. ¿Debemos también retirar nuestro homenaje a Kipchoge porque, del mismo modo que para Beethoven el emperador Napoleón traicionó los ideales de la revolución francesa y se convirtió en un tirano más, el atleta keniano ha traicionado la mística del deporte convirtiéndose en un producto más de laboratorio que bate un récord con ayudas externas y el patrocinio de un multimillonario propietario de una empresa petroquímica? Como diría Fernando Fernán Gómez: ¡a la mierda!

Decía Platón que cuando no hay saber, no hay arte. Por eso Platón distingue entre la poesía surgida del irracional arrebato inspirado por las Musas, de la poesía artesanal parida con esfuerzo y técnica por un escritor competente. De acuerdo, sería estupendo que Kipchoge hubiera batido el récord de maratón en unos Juegos Olímpicos después de una carrera llena de incidencias, en plena tormenta, con el rostro desencajado y gracias a un esprint inspirado. No fue así. La marca de Kipchoge no será homologada como récord del mundo, pero es un prodigio de artesanía, técnica y oficio. No podemos ver a un ser humano correr 42,195 kilómetros en 1 hora, 59 minutos y 40 segundos y despacharlo con un “¡Bah!, lo hizo con ayuda”. Kipchoge corrió cada 100 metros en 17,08 segundos de media, y su ritmo fue de 21 kilómetros por hora. Cuando faltaban 500 metros para la meta, Kipchoge corrió solo, esprintó y llegó sonriendo. Todo eso también es poesía. Y música. Si Beethoven hubiera visto la carrera de Kipchoge, su Sinfonía nº 3 estaría dedicada al primer hombre que corrió un maratón en menos de dos horas.

15/10/19

LA PUÑETERA MUSIQUITA


El problema que tiene la musiquita que te ponen de fondo en “Al rojo vivo” es que, en cuanto te fijas en ella, ya no puedes fijarte en ninguna otra cosa. Es como cuando le ves el truco a un mago. Sintonicé La Sexta a eso de las diez de la mañana de ayer para seguir todo lo que estaba pasando alrededor de la sentencia del procés, y de pronto me di cuenta de que el realizador estaba incluyendo una musiquita de espíritu thriller-bélico-solemne a un volumen muy bajo, prácticamente imperceptible, que, sin embargo, en una especie de proceso homeopático auditivo, comenzaba a hacérseme insoportablemente atronadora. Cuanto más baja sonaba, más alta la oía.

Parezco tonto, porque me propuse no atender a la musiquita y concentrarme en lo que estaban diciendo los tertulianos, sabiendo como sé de sobra que nada invade más el campo de la conciencia que aquello a lo que intentamos no atender. Xavier Sardá y Estefanía Molina -qué lujo de periodista, madre mía, la mejor incorporación a las tertulias políticas de los últimos años- intervenían defendiendo la calma ante momentos tan turbulentos, pero la proclama de ese espíritu de serenidad chocaba con la musiquita de “Terminator” en un segundo plano, quizá en un tercero o un cuarto, vete tú a saber qué chorradas sobre la estimulación subliminal y la manipulación inconsciente de los espectadores le habrán contado al realizador en algún curso de verano.

La democracia española se estaba poniendo en tela de juicio, pero todo se había vuelto irreal en cuanto descubrí los engranajes del artefacto. Empecé a fijarme en el maquillaje, en el lugar donde los tertulianos llevaban el micrófono, en las sombras de los operarios que a veces entran en cuadro. En todo menos en lo que estaban diciendo. El procés me parece una farsa de borregos y burgueses desde que brotó a la vez que brotaba la corrupción en CiU, pero ahora, por culpa de la puñetera musiquita, también me están empezando a parecer una farsa las tertulias televisivas en donde lo analizan.