17/12/17

CONTRA EL SILENCIO Y CONTRA EL RUIDO


Imaginemos que Arguiñano, en medio de los miles de programas que lleva hechos, mira a cámara, pone cara intensa —como de Carlos Herrera— y dice: “Y ahora voy a explicar cómo se cocina un plato que sirve para alimentarse y nutrirse”. ¿Cómo que “ahora”?, diríamos, ¿qué es lo que ha hecho estos años y seguirá haciendo otros muchos más que cocinar platos que sirven para alimentarse y nutrirse?, ¡todos los platos, bien o mal, alimentan y nutren! Otro tanto ocurriría si en medio de un “Telediario” anunciaran que van a dar una noticia, o si en un “Cuarto milenio” Íker Jiménez diera paso al “Mundo insólito” de Carmen Portet explicando que va a contar una tontería. Solo Pablo Carbonell tenía el valor de decir en medio de los conciertos de Los toreros muertos: “Y ahora… ¡una canción!”.

Esta semana, Antena 3 tuvo la buena idea de dedicar una noche a denunciar la violencia de género con el especial “Contra el silencio”. El martes, primero emitió una peli terrible basada en un caso real, y después Mónica Carrillo presentó un debate sobre el tema. La promoción decía que el especial pretendía concienciar sobre la violencia contra las mujeres, fomentar las denuncias y sensibilizar sobre el problema. La promoción funcionó y el especial tuvo una buena audiencia, pero…

Todos los programas conciencian sobre algo, no solo los que se hacen con la intención o se anuncian como destinados a concienciar sobre algo. Todos los programas fomentan algo, no solo los que se hacen con la intención o se anuncian como destinados a fomentar algo. Y todos los programas sensibilizan sobre algo, no solo lo que se hacen con la intención o que se anuncian como destinados a sensibilizar sobre algo. Otra cosa es sobre qué conciencian, qué fomentan y sobre qué sensibilizan. Así que, señores y señoras de Antena 3, de Atresmedia y de la tele en general, plantéense en serio qué es lo que hacen el resto del año sobre este y otros asuntos. Y da igual con qué intención lo hagan y cómo lo anuncien. La pregunta siempre es: ya que se hace, ¿se está haciendo bien o mal?

16/12/17

GRACIAS, JORGE JAVIER


Dieciocho añazos recién cumplidos. “Gran hermano” se nos hace mayor. Si fuera mujer, podría hacer cosas de mujer como lucir vestiditos; si fuera hombre, podría hacer cosas de hombre como votar. No se pongan así que no es ninguna frase machista asquerosa ni nada. Es solo una metáfora de exaltación de la mujer. Al menos esa justificación machista asquerosa dio en 1996 Francisco Álvarez Cascos, entonces vicepresidente primero del Gobierno de Aznar, a esta sentencia: “Mañana la Constitución cumple 18 años. Si fuera niña se vestiría de largo; si fuera ciudadano, mañana podría votar”. Ya ven que tampoco es machista asquerosa. Es el sentido del humor propio de Miguel Ángel Rodríguez, portavoz de aquel Gobierno y posterior tertuliano televisivo con algún problemilla de incontinencia que va más allá de lo que pudiera revelar un control de alcoholemia.

¿Y para qué usará “GH” su mayoría de edad? Visto el fracaso de esta última edición que terminó anteayer, parece que para lamer sus heridas, para desaparecer durante una temporada, o, incluso, para darse la vuelta por donde vino y dejarnos en paz. Tal vez en esa vuelta consistiera la revolución que ya profetizaba “GH revolution” en su nombre. Pero no demos todo el mérito al nombre. Jorge Javier Vázquez, educado y prudente, dice que sería de idiotas pensar que no tiene nada que ver con los bajos datos de “GH” y pide disculpas a quienes piensan que no estuvo a la altura. Qué grande.

Pues que por educación y prudencia no quede. Tampoco aquí queremos ser idiotas, así que le reconocemos parte del mérito que suponen estos bajos datos y le felicitamos porque pensamos que estuvo a la altura de lo que el programa merecía. Gracias a JJ no tendremos que dedicar cuatro días a olvidar los últimos nombres que esta edición ha sumado a la larga lista de nombres de concursantes, finalistas y ganadores que ya fuimos olvidando cuatro días después de cada final. Esta vez, gracias, mil gracias, no llegamos a saberlos nunca. Mucho mejor así, dónde vamos a parar.

15/12/17

LA FRASE MÁS TONTA DEL AÑO



Es difícil elegir cuál ha sido la frase más tonta del año en televisión. Es como buscar la brizna de hierba más alta o del grano de arena más marrón. Pero yo ya tengo mi favorita y dudo que pueda escuchar una flipada mayor en los quince días que le quedan a diciembre. Anuncio publicitario de cremas Olay. Nuria Roca mira a la cámara y dice: “Estudios confirman que sólo muy pocas mujeres aparentan hasta diez años menos”. Después sigue hablando de no sé qué, pero yo ya he perdido la atención. “Estudios confirman que sólo muy pocas mujeres aparentan hasta diez años menos”. “Estudios confirman que sólo muy pocas mujeres aparentan hasta diez años menos”. No puedo pensar en otra cosa. Mi mente comienza a vagabundear…

“Hola, me llamo Anthony Rich y soy profesor de la Universidad de Worcester. Mi tema de especialización es el número de mujeres que aparentan hasta diez años menos. Dirijo el Women Pretending To Be Ten Years Younger Institute de Birmingham. No ha sido fácil llegar hasta aquí. Hice mi tesis doctoral sobre la apariencia de las pieles de las mujeres y después fundé el International Journal of the Women Skin Appearance. Con mi equipo de investigación, hemos estudiado repetidamente durante décadas cuántas mujeres aparentan hasta diez años menos, y una y otra vez hemos encontrado los mismos lamentables resultados: sólo muy pocas”.

No es la primera vez que Olay llega a los play off de la frase más tonta del año. Recordemos “con el tiempo tu piel puede empezar a parecer cansada porque las células pierden su energía” (2014) o “una mujer se mira en el espejo diez veces al día para ver qué ha cambiado y qué no” (2015). Pero este año los analistas coinciden en señalar que su candidata es imbatible. No sé si existen estudios que confirman que sólo muy pocas mujeres aparentan hasta diez años menos, pero afirmo sin necesidad de estudios que sólo muy pocos anuncios de cosmética tratan a las mujeres como si tuvieran diez años. Ni de más ni de menos. Diez años de edad mental a secas.

14/12/17

EL BENDITO SEXO Y LA MALDITA MUERTE


Es condición esencial del tabú su carácter prohibido, la imposibilidad de su exhibición pública, su represión. Sobre esto las sociedades no admiten excepciones: está en juego el colapso social total. Por motivos que intentaron aclarar Sigmund Freud o Marvin Harris, ninguna sociedad se ha dado en la Historia sin apoyarse en tabúes relativos al sexo y a la muerte, oscuridades que nunca se desvelan dentro de la propia cultura, y sólo son reveladas desde fuera -mucho después o muy lejos-. Algo raro en la naturaleza humana exige abordar la muerte y el sexo desde la falsa conciencia. Si usted -varón, mujer, de derechas, de izquierdas, ateo, creyente-, asiente pensando que esto ocurre con todos menos con usted, se equivoca terriblemente. Si tras leer esta última frase vuelve a asentir pensando que la ha entendido, vuelve a equivocarse: no, no la ha entendido. Y si usted es Jon Sistiaga y realiza para #0 un programa llamado "Tabú" en donde se dicen desvelar -¡por televisión y los desvela Bebe! ¡chúpate ésa, Levi-Strauss!- los terribles secretos que la sociedad reprime sobre el sexo y la muerte, debe entender que la ausencia de colapso social total al día siguiente de su emisión prueba que los que ahí se desvelaron no fueron los terribles secretos que la sociedad reprime sobre el sexo y la muerte.

Existen verdaderos secretos y secretos verdaderos. Existen falsos secretos y secretos falsos. La sociedad se dota de unas instancias que reprimen los tabúes y otras instancias que fingen desvelarlos. Son dos variantes del mismo proceso. Se prescribe tanto cómo se ha de ser como cómo se ha de ser si no se quiere ser como se ha de ser. No es un trabalenguas, lean la frase de nuevo. La excepción está tan prescrita como la norma, la anormalidad como la convención, el falso secreto como el secreto verdadero. Por definición, lo que se muestre en un programa que se llame “Tabú” no es el tabú siendo revelado sino el tabú fingiendo ser revelado. Estamos dentro. Simplemente, no hay salida. Falta mucho -mucho después o muy lejos- para poder entender qué cojones -¡tabú!- le ocurrió a la sociedad occidental durante el siglo XX y el XXI con el bendito sexo y la maldita muerte.

13/12/17

ARISTÓFANES BAJO EL COJÍN


El Gran Wyoming es nuestro Aristófanes no sólo porque, del mismo modo que en la antigua Grecia las comedias se representaban después de las tragedias, “El intermedio” se emite después de la tragedia de las noticias, sino porque las comedias de Aristófanes eran, como ahora las intervenciones de Wyoming, el contrapunto cómico y fantástico de la tragedia y el espacio en el que se permitía el chiste, la broma, la obscenidad y hasta la grosería, es decir, todo lo que está prohibido en la tragedia y en los telediarios (excepto en las noticias de deportes). Las comedias de Aristófanes mostraban el mundo al revés para que los atenienses pudieran verlo al derecho, y las incoherencias entre lenguaje y situación de las bromas de Wyoming o de los vídeos de “El intermedio” muestran el reverso del anverso (y viceversa) de Rajoy, del Papa, de Bárcenas, de Puigdemont o de los murcianos. Los políticos atenienses sabían perfectamente que tenían que aguantar el tipo ante las bromas de Aristófanes y no caer en la tentación de disparar sobre el bromista. No sé si a Rajoy le hace gracia Wyoming, pero me gustaría que  nuestros políticos tuvieran la misma sana costumbre que tenía Platón.

Dicen que, en el lecho de muerte de Platón y escondido bajo un cojín, se encontró una comedia de Aristófanes. El mismo Nietzsche, que no era precisamente un gran admirador de Platón, se alegró de que el gran filósofo griego leyera en la intimidad a Aristófanes, y no escondiera bajo un cojín textos más serios y “profundos”. Me pregunto si Rajoy esconde bajo un cojín monólogos de Wyoming y vídeos en los que se bromea con las declaraciones, tics y decisiones del presidente del Gobierno. ¿Qué tiene Bárcenas bajo el cojín? ¿Y Marta Rovira? ¿Y los independentistas catalanes y homeópatas que se enfadaron tanto cuando Wyoming bromeó acerca del precio pagado por algo sin existencia real y propuso cambiar la Declaración Unilateral de Independencia por Declaración Homeopática de Independencia? ¿Y Aznar, después de ser preguntado por Wyoming acerca del “ojo rebelde” de Leticia Sabater? Ojalá todos duerman con Wyoming bajo un cojín, y no con las descacharrantes encuestas telefónicas de “El cascabel” en Trece o las ensoñaciones del paseante belga. Pero lo dudo. Puede que debajo de los adoquines esté la playa, pero debajo de los cojines no suele estar Aristófanes.

12/12/17

EL VESTIDO DE PEDROCHE


La Navidad es tiempo de milagros. Yo creo que es gracias a los anuncios. El cada vez más madrugador aluvión de anuncios navideños consigue que milagrosamente estemos hartos de la Navidad mucho antes de que comience. El anuncio de la lotería de Navidad logra cada año el prodigio de que añoremos el del año anterior, con lo malo que era. Eso sin desmerecer que, en su conjunto, los últimos años de anuncios de la Lotería obran el portento de que echemos de menos al calvo aquél que nos ponía de los nervios soplando números. El último milagro navideño es el vestido de las campanadas de Cristina Pedroche.

Como Jano, dios romano de las puertas, los comienzos y los finales, el vestido de Pedroche tiene dos caras. Siendo uno logra lo imposible: que estropeemos la despedida del año con una expectación ridícula sobre cómo va a ser y cómo debería ser el vestido, y que fastidiemos la llegada del año nuevo con una ridícula polémica sobre cómo el vestido fue y cómo debería haber sido.

Alberto Chicote, acompañante de Pedroche en las Campanadas, ha hecho un anuncio muy simpático sobre el proceso de elección del vestido que se va a poner él para acompañar al vestido de ella (“No lo veo. Es que no lo veo. Huy... esto sí que sí. Con esto vais a flipar. Con esto arraso”). Pedroche, por su parte, ha hecho unas declaraciones menos simpáticas sobre cómo va a ser el vestido: “será atrevido, irreverente y transparente”. Si casi un mes antes de Nochevieja ya se está alimentando la expectación será porque cuentan con que la polémica durará también al menos otro mes después. Un mes más un mes, a mí me salen dos meses. Dos meses dando la tabarra con cualquier cosa es demasiado tiempo, pero, no me fastidien, más si se trata de un vestido.

Así que me borro. No quiero saber si el vestido será o fue más atrevido, irreverente y transparente que el anterior pero menos que el siguiente. Ni si ella hace bien, mal o ni fu ni fa con su vestido. Ni qué dice ella a lo que dicen de ella por decir lo que piensa sobre lo que piensan de ella y su vestido. Me marcho a febrero. Otro milagro navideño.