21 mayo 2013

DESCARTES, IZNOGUD Y FRANCIS

El filósofo Malebranche (1638-1715) encontró, mientras estaba curioseando en los puestos de libros que flanquean el curso del río Sena en París, un ejemplar del “Tratado del hombre” de Descartes. El libro le impresionó tanto que, mientras lo leía, pareció quedarse sin aliento y sufrió palpitaciones. Entiendo perfectamente a Malebranche. Hace unas semanas encontré, mientras estaba curioseando en los estrenos de series que flanquean el curso de Canal +, en el mando a distancia, el primer capítulo de “House of cards”. La serie me impresionó tanto que me dejó sin aliento y sufrí palpitaciones. 

Descartes plantea en el “Tratado del hombre” una serie de problemas filosóficos en torno a la naturaleza humana y ofrece unas hipótesis fisiológicas acerca del cuerpo humano. Nunca está de más leer a Descartes, pero es difícil que la lectura del “Tratado del hombre” nos impresione hoy tanto como a Malebranche. Beau Willimon plantea en “House of cards” una serie de problemas filosóficos en torno a la naturaleza humana en general y la naturaleza del poder en particular, y ofrece unas hipótesis fisiológicas acerca del cuerpo político. Fascinante. El congresista Francis Underwood quiere ser vicepresidente en lugar del vicepresidente, como Iznogud quería ser califa en lugar del califa en el cómic de Goscinny y Tabary, pero Francis es más astuto que Iznogud, más frío y con menos escrúpulos. Y los hombres del congresista no son tan fieles como Dilá Lará, pero sí son mucho más listos. Los planes de Iznogud para derrocar al buen califa Harún el Pussah siempre fracasan. Los planes de Francis Underwood para ascender a la cima del poder casi siempre triunfan. La primera temporada de “House of cards” impresiona y deja sin aliento, y algunos estamos deseando que en la segunda temporada algo se tuerza para que Francis y su mujer terminen su aventura como Iznogud y Dilá Lará.

En el primer capítulo de “Frasier”, Niles dice a su hermano que no le gusta la “psiquiatría pop” que hace en su programa de radio. “House of cards” es una serie de televisión, y algunos dirán que hace “política pop”. Puede ser. No importa. Frasier Crane daba buenos consejos, y Francis Underwood es un buen guía de la naturaleza humana y política. Como Descartes y como Iznogud, pero mirando a los ojos del espectador.

20 mayo 2013

EUROFÁN



Una razón para guardar distancias con Eurovisión es evitar que alguien pueda llamarte “eurofán”. Es una palabra casi tan fea como Belén Esteban. Suena casi tan mal como decir que te gusta “Sálvame deluxe”. Pero también hay motivos para seguirlo: está la voz de José María Íñigo, un histórico de la tele al que siempre da gusto oír; y están algunas anécdotas que vale la pena presenciar. Un ejemplo reciente: la cantante de “El sueño de Morfeo” se vistió de amarillo para demostrar que el amarillo no da mala suerte. Y lo consiguió: a pesar de desafinar y de que la canción era casi tan fea como la palabra “eurofán”, tuvimos la inmensa suerte de no quedar los últimos. ¡Chupaos esa, supersticiosos!

Lo que aún es inexplicable es que el festival artístico que reúne a los europeos y acerca países desbordando los límites geográficos del continente sea una hortera puesta en escena de canciones horteras. Europa, madre del arte y la cultura, cuna de la democracia, el gótico y el existencialismo, debería dar más de sí. Tal vez podría sustituirse la música por pintura. Seguro que en un par de años concursarían cuadros enormes de floreros con enormes ramilletes de flores enormes, cuadros de puestas de sol meridional compitiendo con cuadros de auroras boreales donde cada país votaría a sus vecinos, cuadros horribles que serían versiones vergonzantes de tapices horrorosos que son versiones pretenciosas de pinturas horrendas que idealizan degradadas escenas de caza con perros, caballos y un riachuelo. ¿Y si fuera un festival de poesía? Una chica española recitaría: “Si mi sangre fuera tinta,/ y mi corazón, tintero,/ con la sangre de mis venas/ escribiría ‘te quiero’”. ¿Arquitectura?, ¿escultura?, ¿papiroflexia? ¿dactilografía? Da igual. Algo me dice que todo sería hortera en un Festival de Eurovisión.

Tal vez estemos condenados a vivir en una Europa hortera, siendo las canciones el dique de contención de una avalancha hortera que lo sepultaría todo. Podríamos, entonces, defender a “El sueño de Morfeo” y el vestido amarillo. Y si eso es ser eurofán, pues sí, soy eurofán, qué pasa.

19 mayo 2013

VOY A MEAR



El mundo de la cultura en general y de la canción de autor en particular ha recibido el nuevo trabajo de Leticia Sabater con el habitual interés que despiertan las obras de la creadora de “Mr. Policeman”. Cronista lúcida y valiente de las contradicciones vitales que le ha tocado vivir, investigadora de las posibilidades expresivas de géneros con frecuencia infravalorados, destacada renovadora del lenguaje narrativo en una sociedad sumida en la confusión desde el 11-S, Sabater nos entrega en esta ocasión una canción meticulosamente elaborada en donde, sin temer entrar de lleno en un tono obsesivo que muestra sus deudas con el pensamiento más atormentado de la Europa del siglo pasado -es inevitable recordar a Kierkegaard durante buena parte del minutaje del tema-, la autora consigue crear un clima repleto de sugerencias alrededor de su radical aforismo, epítome de la angustia existencial inherente a la condición humana, “ey, pipol, ¡yo quiero fiesta!”.

En su búsqueda del minimalismo lingüístico más puro, Sabater juguetea con el haiku -“party on the beach / dance in the disco / I’m crazy for you”-; o explora las posibilidades de las aliteraciones, continuando así una investigación artística que han recorrido autores tan variados como San Juan de la Cruz o Allen Ginsberg -resulta conmovedor el gran hallazgo que suponen los versos “suavecito / pegaditos / veranito / calentito”-. Como ha ocurrido con sus anteriores trabajos, tendrán que pasar muchos años para que podamos evaluar la complejidad de la aportación a la cultura occidental que supone “Yo quiero fiesta”, pero un primer análisis ya permite entrever que estamos ante una obra mayor cuya huella se rastreará durante generaciones de autores. Todas las cadenas de televisión lo están emitiendo incluso en los informativos, y es uno de los vídeos más consultados en Youtube.

¿Están muertas las vanguardias? ¿Puede la poesía redimir los pecados del alma humana? Leticia Sabater ofrece una posible respuesta: “Eh, broder, baila conmigo toda la noche”. Voy a mear.

18 mayo 2013

ES EL TEMPO, ESTÚPIDO (A.K.A. MORTADELA CON ACEITUNAS)



Cuatro no distingue entre las mejores series y la mortadela con aceitunas. Y es un problema, porque aplicar la lógica de la charcutería a la emisión de las grandes ficciones norteamericanas demuestra, por un lado, no tener ni idea de cuál es el corazón de la nueva narrativa televisiva; por otro, no tener ni el menor respeto al espectador fiel que más debieran mimar las cadenas; y por otro lado más, -un momento, ya llevamos tres lados... bueno, el lado de arriba-, que FOX debería cuidar más a quién vende sus series y dejar de subastarlas en MercaMadrid. McLuhan is dead. El medio no es el mensaje no more. Ahora el tempo es el mensaje. Es el tempo, estúpido. Los guionistas escriben los capítulos con un cronómetro en la mano, tanto las comedias como los dramas. Se planean meticulosamente el número de capítulos, la duración de cada uno, en qué momento se inserta la cabecera, cuál es la escena final de cada episodio... Después el público verá la narración en su PC, en el iPad o incluso en el televisor. Ahora que las pantallas se han multiplicado sólo cabe mantener el control sobre el ritmo, y si un capítulo especial dura 84 minutos habrá que hacer al menos un hueco de 84 minutos en la programación para que quepa.

Pero Cuatro ha ofrecido el final de “Homeland” a sus espectadores como si les estuviera cortando cien gramos de chopped. Ha agarrado la serie, ha ajustado la máquina de cortar embutido a rebanadas de cincuenta minutos y se ha puesto a pasar la cuchilla sin más consideraciones. Al llegar al final se ha encontrado con un trozo de hora y media: pues ha cortado la loncha del grosor habitual -justo cuando Brody acaba de accionar el chaleco bomba rodeado de toda la jefatura estadounidense- y ha reservado el resto para la siguiente entrega. Los espectadores se han quedado paralizados, mudos por la emoción y por la frustración, pero no les ha dado tiempo a reaccionar porque el charcutero ya estaba atendiendo al siguiente cliente. Pedía cuarto y mitad de queso Corina.

17 mayo 2013

ES UN MUCHACHO EXCEDENTE


Dentro de la sección “Grandes momentos televisivos de vergüenza ajena” está la primera y única vez que un juez condenó a un director de informativos de TVE por manipulación informativa. Ocurrió bajo el gobierno de Aznar y el premiado fue Alfredo Urdaci. Antes de abandonar la casa pidiendo la excedencia regaló otro gran momento para la colección leyendo la sentencia que le impuso el juez fuera del “Telediario” y llamando “Ceceoó” al sindicato CC.OO.

Otro de los “Grandes momentos” de aquellos años fue la carísima serie documental “Planeta encantado”, que TVE pagó y emitió (no sé qué fue peor). Dirigida, presentada e inventada por J. J. Benítez, contaba las chifladuras propias del género paranormal. Qué risa (recordemos otra vez a Mencken: “Una carcajada vale por diez mil silogismos”) cuando explicó que los reyes y grandes hombres de la isla de Pascua erigieron los gigantescos moais gracias a que poseían el “mana” (un superpoder con el que hacían levitar los objetos y los transportaban por el aire)… pero acabaron capturados por los prosaicos conquistadores españoles que los llevaron a América como esclavos a cargar barcos de guano para abono.

Benítez no ha vuelto a la tele, que hoy logra su dosis de chifladura semanal con Fríker Jiménez, pero Urdaci amenaza ahora con volver a TVE: “Nunca me he marchado, sigo siendo excedente, y hay algunos días en los que el cuerpo me pide volver”. Tranquilos, es una bravuconada tan temible como si los reyes pascuenses amenazaran a sus captores con el “mana” entre palada y palada de guano. Añadiendo, como añadió, “no estamos en buenas manos, nuestra clase dirigente es de todo menos ejemplar, empezando por la cabeza”, es tan probable que le llame la “cabeza” para volver a presentar el “Telediario” como que le llamen de “ceceoó” para ser su portavoz oficial.

Probó como monologuista en “El Club de Flo”, comentarista en programas matinales y contertulio en programas de cotilleos. Ahora se dedica a la fotografía y a estudiar árabe. Excesivo, es un muchacho excedente.

16 mayo 2013

VESTIR COMO DIOS MANDA


Maite es una señora de mediana edad que viste una camisa estampada sin cuello y manga de tres cuartos. La buena mujer salió anteayer en el “Telediario” de las tres como ejemplo de madre responsable que asiste a cursos para padres porque se preocupa de sus dos hijas de 21 (mayor de edad) y 12 años. Con la mejor voluntad, explica de qué modo sus problemas son “los de todos”, tal como dice Belén Alonso, autora del reportaje: “Paece questamos en la época de enseñar todo. Camisetas como muy amplias, muy que se caen los hombros. Muy… muy extravagantes”. “Ellas alomojor no tienen concepto de que van provocando,  pero alomojor los que los ven sí ven que van provocando”.

Alonso explica la noticia: “En este taller de pedagogos, recomiendan a los padres poner a sus hijos delante del espejo y convencerles de que nuestra imagen habla de nosotros”. Para certificar la importante de este adoctrinamiento y por si los jóvenes de hoy no estuvieran suficientemente pendientes de su imagen, sale la psicóloga Coti Coloma vistiendo una camisa blanca con entredós y puntilla en la tapeta y en el cuello, perfectamente conjuntada con una americana color piedra que encantaría a Margaret Thatcher: “Lo que estás transmitiendo a los que te ven es lo que tú quieres más decir”. Ay, como caiga esta frase para analizar en el examen de Lengua de la PAU.

Por último, interviene el pedagogo Jerónimo García. Camisa blanca, chaqueta de vestir azul marino dos tallas grande, corbata borgoña con nudo windsor que da un contrapunto de color a la moda: “Los padres deben evitar que se dejen llevar por tendencias, marcas y modas, porque al final les saca de lo que realmente ellos son y les causa esos problemas a la hora de definir su propia identidad”.

TVE ejemplifica estos graves problemas de la España actual que son, repito, “los de todos”, con imágenes de mujeres adultas caminando por la calle en verano o sentadas en el césped con los hombros desnudos, camisetas de tirantes o pantalones cortos. Son unas perdidas. Salta a la vista que no son madres, psicólogas ni pedagogas vestidas de madres, psicólogas o pedagogas que visten como Dios manda.