17/6/19

¿QUÉ HA SIDO DE LAS SERIES PROCEDIMENTALES?


¿Nadie se ha dado cuenta de que, de pronto, de la noche a la mañana, han desaparecido todas las series procedimentales? En el argot televisivo se conoce como “procedimental” aquella serie, habitualmente de temática policíaca, aunque también médica, periodística, ciencia-ficción, en donde se presenta en cada capítulo un “caso”, una trama que se inicia, se desarrolla y se termina en dicho episodio. Las series procedimentales acostumbran a girar exclusivamente alrededor de un único personaje –“Colombo”, “Se ha escrito un crimen”- o, como mucho, un equipo –“El equipo A”, “Bones”-. Al no tener casi tramas horizontales, los capítulos pueden ser vistos casi en cualquier orden -ah, mira un capítulo de “House”, voy a verlo; empieza “Caso abierto”, a ver de qué va-.

“El cuento de la criada” está muy bien, claro. Y “Juego de tronos”, espectacular. “Chernobyl”, prodigiosa, de quedar cinco horas boquiabierto. Pero, bah, ¿soy el único que echa de menos dedicar una horina a ver a Kojac resolver un caso policíaco o a la doctora Quinn afrontar la epidemia de sarampión en una aldea del medio oeste norteamericano? ¿No eran maravillosas aquellas series que podías disfrutar sin conocer los sesenta personajes de la trama ni tener que haber visto enteritas las ocho temporadas previas? ¿Que te cansabas de crímenes y enfermedades? Pues te ibas a “Vacaciones en el mar” o a “Lou Grant”.

Las series procedimentales fueron durante décadas el estándar propio de todas las grandes series. Decir “serie” era decir “serie procedimental”. Hasta que llegó la televisión por cable, y el formato de los grandes relatos empezó a arrinconar a los “casos”. Sin darnos cuenta empezamos a ver temporadas en vez de capítulos. Los primeros segundos de un episodio ya no adelantaban lo que íbamos a ver, sino que nos recordaban lo que habíamos visto. Aparecieron los spoilers. Algo muy raro ocurrió el día en el que dejamos de estar seguros de que el protagonista de nuestra serie favorita iba a terminar el capítulo sano y salvo.

16/6/19

UNA CALLE EN EL CORAZÓN


Las mujeres afroamericanas matemáticas de la NASA ya tienen una calle en Washington llamada “Figuras ocultas”, el mismo nombre que la estupenda película de Theodore Melfi basada en el libro de Margot Lee Shetterly. La justicia poética suele llegar tarde, pero llega. Los cálculos matemáticos de Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson permitieron que John Glenn se convirtiera en el primer astronauta estadounidense en orbitar el planeta Tierra, y eso en un país que en el que los negros no podían hacer pis en los mismos baños que los blancos. La matemática no tiene color, ni horario, ni fecha en el calendario. Pero los derechos civiles, sí. Por eso debemos celebrar que hoy, en Washington, una calle recuerde el nombre de aquellas mujeres matemáticas que tenían que orinar lejos de su lugar de trabajo porque su piel no era del color adecuado. Peo hay más figuras ocultas.

Si no han visto el documental “A 20 pasos de la fama” (La 2), no sé qué hacen leyendo este artículo en vez de correr en su busca como un rockero convencido de que Elvis Presley ha resucitado y da un concierto en Memphis. “A 20 pasos de la fama” nos descubre la historia (y el presente) de las mujeres negras que han acompañado con sus voces imposiblemente perfectas a los grandes de la música popular, desde Ray Charles y Steve Wonder a Sting, David Bowie, Mick Jagger o Joe Cocker pasando por, tachán, Bruce Springsteen. Esas coristas eran también “figuras ocultas” aunque su presencia y sus voces lo llenaran todo, incluido el breve espacio en el que no está el cantante principal. Darlene Love, señoras y señores. Los monjes cistercienses decían que el canto deber ser dulce sin ser ligero, que agrade el oído a fin de conmover el corazón, y que no vacíe el texto de su sentido sino que, por el contrario, lo enriquezca. San Bernardo de Claraval habría alucinado con Darlene Love, y su corazón se habría conmovido como lo hicieron los corazones de los músicos que la contrataron y de los espectadores que la escucharon. Darlene explica en “A 20 pasos de la fama” cómo fue su vida de corista, y creo que el mejor elogio que podemos hacer es que, como diría Demócrito, sus palabras son la sombra de su acción y de sus canciones. Esta extraordinaria mujer es una de esas “figuras ocultas” que merecen una calle no en Washington, sino en nuestros corazones. Los cálculos de Katherine Johnson y el ritmo de Darlene Love ya no están ocultos.

15/6/19

EL LOUVRE, EL PRADO Y EL SOFÍA


Un año más, el Louvre es el museo más visitado del mundo. El Museo del Prado no solo está lejos del Louvre en número de visitantes, sino que es superado por el Museo Reina Sofía. Pues bien, ¿qué ocurriría si el “Guernica” de Picasso estuviera en el Louvre y “La Gioconda” de Da Vinci en el Museo del Prado? Y si no es descabellado un trueque entre el París Saint-Germain y el Barça de modo que Coutinho juegue en París y Neymar en Barcelona, ¿qué pasaría si el Louvre y el Prado acordaran un trueque entre “La Gioconda” y “El jardín de las delicias” de El Bosco para que la media sonrisa más famosa del mundo se mude a Madrid y las fascinantes imágenes del Edén y del Infierno viajen a París? ¿Hay alguna obra de arte que pueda ser expuesta en el Louvre, el Prado o el Reina Sofía sin provocar un problema artístico, turístico u ontológico? Dicho de otra manera, ¿el “Guernica”, “La Gioconda” y “El jardín de las delicias” son como  “El bueno, el feo y el malo”, el genial “spaghetti western” dirigido por Sergio Leone?

Me encontré con “El bueno, el feo y el malo” en Movistar Drama y, como siempre, no tuve más remedio que acompañar a Rubio (el “bueno”), Sentencia (el “malo”) y Tuco (el “feo”) en sus aventuras en el viejo Oeste. ¿Por qué “El bueno, el feo y el malo” se emite en un canal dedicado al drama? ¿Podría la película de Leone emitirse en Movistar Acción? Por supuesto. ¿Y en Movistar Comedia? Sin duda. ¿Y en Movistar Cine Ñ? Técnicamente, sí. ¿Qué es, entonces, “El bueno, el feo y el malo”? ¿Drama? ¿Acción? ¿Comedia? ¿Una coproducción ítalo-hispano-alemana? Es todo. Por eso Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach podrían ser exhibidos en el Louvre, en el Prado o en el Reina Sofía sin ningún problema artístico, turístico u ontológico. Es lo que tienen los clásicos. “La Gioconda” no desentonaría en el Museo del Prado, “El jardín de las delicias” no tendría nada que envidiar a las obras de arte más audaces del Reina Sofía, y el “Guernica” sería tan bien recibido en el Louvre como un Neymar limpito, sano y motivado en el Camp Nou. Por eso “El bueno, el feo y el malo” no desentona en un canal de televisión dedicado al drama, no tendría nada que envidiar a la acción de “Arma letal” y sería bien recibido por los chicos de “Tropic Thunder”.

Lo del trueque Coutinho-Neymar, sin embargo, no está tan claro.

14/6/19

EL CERO ABSOLUTO, LA VELOCIDAD DE LA LUZ Y "ANNIE HALL"

La Física ha demostrado la existencia de tres límites insuperables en el cosmos generado tras el Big Bang: el cero absoluto respecto a la temperatura, la luz respecto a la velocidad y “Annie Hall” respecto a la comedia. Son constantes inamovibles, valores inalcanzables por mucho que se desarrolle la civilización y la tecnología. El límite inferior de temperatura se sitúa en los -273,15 grados Celsius. Podremos acercarnos muchísimo a ese valor -de hecho, ya hemos conseguido alcanzar temperaturas de -273,144 grados Celsius-, pero no podremos rebasarlo. El universo saltaría por los aires. El límite superior de velocidad lo posee la luz, con sus casi 300.000 kilómetros por segundo. Si aceleras mucho, pero mucho mucho muchísimo, podrás aproximarte a ese valor -y se te quedará una cara parecida a la de Bowman en “2001”-, pero jamás podrás superarlo. Cosas del Big Bang.

Y la aplicación de las ecuaciones de Maxwell y Einstein a la Comediología, demuestran que “Annie Hall” (Woody Allen, 1977) constituye la constante máxima de toda película cómica, independientemente del marco de referencia del observador. Da igual desde dónde la mires. No importa cuál sea tu biografía cinematográfica previa. El pasado miércoles en “Días de cine clásico” (La 2, ¡gracias, gracias, gracias por existir!) pudimos comprobar una vez más por qué. Da igual lo mucho que se intente: es cosmológicamente imposible que ninguna película pueda superar la gran explosión de ingenio, innovaciones narrativas, humor divertidísimo, afiladísimas sentencias e hiperrealista retrato del microindividuo perdido en la macrosociedad que es esta obra maestra irrepetible del genial Woody Allen.

A medida que se desarrolle la tecnología podremos ir acercándonos más y más a “Annie Hall”, pero superarla reventaría la estructura subatómica de esa parte tan peculiar del universo que llamamos “cine”. Sería como moverse más rápido que la luz o estar más frío que el cero absoluto. 

13/6/19

LA PANTOJA, BORRACHA


La tele influye en nosotros, pero sin pasarse. Los espectadores imitamos la conducta de los personajes televisivos, pero no es para tanto. Las empresas pagan para que determinados famosos de la tele anuncien un producto que así aumentará sus ventas, pero en realidad la gente compra lo que le da la gana con que da igual lo que anuncien. Consciente de la capacidad de modelado del medio televisivo, el Estado legisla qué se puede hacer en la tele y qué no, qué se puede emitir y qué no, qué horas son adecuadas mostrar algunas cosas, pero recordando siempre que, bueno, tampoco hay que creerse esto del todo.

Por eso, un año más, en “Supervivientes” nadie bebe alcohol ni, muchísimo menos, fuma. Podemos ver en la tele cómo les hacen mil perrerías a los participantes, siempre que nadie beba ni fume. La ley no lo permite. Podemos disfrutar del espectáculo de ver a Isabel Pantoja aguantando lo que le echen para ganar su dinerito, pero no saldrá bebiendo o fumando en una prueba de “Supervivientes” por el mismo motivo por el que su Paquirrín no se metió nunca nada en directo en ningún programa de Telecinco: está prohibido por ley. Esto está bien por dos motivos: primero, protege su salud, y, segundo, protege la nuestra. Pero, ya lo habíamos dicho, tampoco hay que ser más papista que el papa. Tanta protección es tontería.

Por eso es tan requetedivertido ver en “Supervivientes” a los participantes sufrir al tirarse del helicóptero a ver si alguno se descalabra, mirar cómo hacen pruebas estúpidas en las que lo pasan fatal y alguien puede salir malparado, verlos someterse a una dieta de locos que cualquier nutricionista etiquetaría de dañina y peligrosa, verlos exponerse al sol contra todas las indicaciones de los dermatólogos. ¿Que esto es una irresponsabilidad que atenta contra su salud y la de millones de telespectadores que pueden imitar lo que ven? Bueno, tampoco nos volvamos locos. Pensemos lo divertido que es ver a Carlos Lozano flaco como un faquir y a la Pantoja negra como un tizón. Lástima que no puedan hacerles beber, con la risa que dan los borrachos.

12/6/19

HOY NO ESTOY PARA NADIE

¿Hola? ¿Sí? ¿Quién es? Ah, de la dirección del Canal Viajar… ¿Sí? ¿Que me quieren proponer presentar una serie documental de viajes y gastronomía a lo largo de todo el mundo? Hoteles de cinco estrellas… los mejores vinos del planeta… las estancias más exóticas… Como lo de Rick Stein, pero con diez veces más presupuesto… ¿Y el sueldo? ¿De verdad? Pero eso es más de lo que cobró Will Smith por “One strange rock”… Vale, acepto, ¿cuándo nos vemos? ¿Hoy? ¿Tiene que ser justamente hoy a las diez? Imposible. Netflix estrena el nuevo documental de Martin Scorsese sobre la gira de Bob Dylan de 1975 y 1976. Nada, nada, no cuenten conmigo.

¿Hola? ¿Sí? ¡Scarlett! ¡Qué alegría saludarte! ¿Qué es de tu vida, majísima? ¿Qué me cuentas? ¡Estás en mi ciudad! ¿De verdad? ¿Con Beyoncé y Charlize Teron? ¿Y qué hacéis por aquí? ¿Qué habéis venido sólo para verme a mí? ¿Qué no aguantáis más y queréis comprobar eso que se cuenta de mí por todo el mundo cinematográfico? ¿A la vez? ¿Las tres? Oye, pues encantado. ¿Cuándo nos vemos? ¿Marcháis mañana temprano? ¿Tiene que ser esta noche? Pues no va a poder ser. Claro, por el estreno del documental sobre Bob Dylan… Ya sé que lo puedo ver mañana, pero ¡cómo voy a esperar unas horas pudiendo verlo antes! No insistas, Scarlett. No llores, por favor. No, no me pases a Charlize y a Beyoncé. Ya me conoces: cuando anda Bob Dylan por medio, no es no.

¿Hola? ¿Sí? ¿Quién es? ¿La representante del señor Woody Allen? ¡Qué gran honor! ¿A qué debo su llamada? ¡Pero qué me dice! ¿Yo? ¿Protagonizar yo la nueva película de Woody Allen? Pues claro que acepto. ¿Cenar con el señor Allen? Pues claro, será un placer. ¿Que es un fan de mis columnas? Qué alegr… ¿Hoy? No, hoy no puedo. De ninguna manera. ¿O ceno hoy con Woody Allen o pierdo el papel de mi vida? Pues lo pierdo. La gira de 1975 y 1976 fue la mejor gira de la historia de Bob Dylan, lo cual equivale a decir la mejor gira de la historia del rock, y Martin Scorsese es el mejor documentalista musical que ha existido… Pues nada, es una pena, porque yo el papel de cincuentón neurótico urbano lo tengo muy trabajado, pero es que hoy no estoy para nadie.