20/10/17

TODO ES ASUNTO DE TODOS


Los matemáticos que estudian la teoría del caos han dejado de usar como ejemplo de partida la relación entre el batir de alas de una mariposa en Brasil y la aparición de un tornado en Texas. Ahora la historia que ilustra la naturaleza del caos en el que vivimos sumidos es la que relaciona el voto de una votante de Girona en unas elecciones autonómicas con la desaparición de “Los Simpsons” de la programación de sobremesa de Antena 3.

Más o menos, el relato de las divergencias exponenciales que estructuran este sistema es como sigue: una mañana electoral una catalana recibe la llamada de una antigua amiga. Se citan para tomar un café y recordar viejos tiempos. Así, la mujer se entera de que una compañera de colegio se presenta en las listas de la CUP. Aunque no tenía pensado votar, al volver a casa y pasar delante de su colegio electoral, se asoma y finalmente vota por la lista en la que figura su compañera. La CUP consigue un escaño por pocos votos de diferencia en Girona. La aritmética electoral hace que ese diputado de la CUP sea decisivo para forjar la alianza que permitirá gobernar a Junts Pel Sí. La CUP impone precipitar la independencia para apoyar al gobierno de Puigdemont. Se viene con ello la mayor crisis institucional de la democracia española, una crisis de larguísima duración y consecuencias imprevisibles. Las cadenas de televisión aumentan el tiempo de sus informativos. Antena 3 incrementa en media hora la mesa de actualidad política de “Espejo público”, eso empuja toda la programación matinal media hora hacia adelante y hace que se suprima el capítulo diario de “Los Simpsons” a las dos y media.

Todo tiene que ver con todo. Todo es asunto de todos. Todo es causa y efecto en una red tupidísima de causas y azares que nos atraviesa. Una mariposa sale volando en Bellpuig cuando se mueve la silla de una terraza en la que se posaba y una madre de Toledo no puede usar a “Los Simpsons” como premio cada vez que su hijo come las espinacas. Nada se autodetermina.

19/10/17

MEDICINAL MARUJA



Maruja Torres es medicinal. Es un tónico que debería ser fabricado por los laboratorios farmacéuticos y dispensarse en la Seguridad Social para un sinfín de afecciones. ¿Te sientes deprimido, pero tampoco quieres instalarte en la felicidad de Mister Wonderful? La solución es Maruja Torres. ¿No entiendes nada de lo que está pasando a tu alrededor y estás empezando a temer que seas tú y no el mundo el que se está volviendo loco? Tómate diariamente una dosis de Maruja Torres. ¿Estás dejando que lentamente decaigan tus iniciativas y tus ganas de comerte la vida porque crees que a partir de cierta edad uno ya tiene que echarse a un lado? Puf, ten mucho cuidado, ése es un mal que puede ir dando paso a problemas mucho mayores. Acuérdate de leer en ayunas todos los días algunas de las columnas que Maruja Torres escribió durante los muchos años en los que fue -es- la mejor periodista de España.

Y, sobre todo, ¿estás perdiendo la esperanza? Así, en general, sin más. ¿Sí? Pues entonces busca en youtube la entrevista que el pasado lunes le hizo Andreu Buenafuente a Maruja Torres en su “Late motiv” y disfruta cada segundo de la mejor Maruja que hemos visto en mucho tiempo. Ácida, rápida, desinhibida, orgullosa, noble, valiente. Completamente incapaz de no comprometerse hasta las tripas. Desprovista de toda vanidad, ella, que lleva a sus espaldas el conmovedor legado de ser la última de un grupo irrepetible de escritores libres y apasionados; ella, que podría narrar historias de guerra vividas en varios continentes libreta en mano que cerrarían la boca de todos los snobs intensitos y mezquinos que nos matan de aburrimiento con sus pamplinas. Uno de los escasísimos motivos para el optimismo que posee la izquierda española.

Para los males individuales, Maruja en sobres monodosis. Para los males sociales, Maruja entrevistada periódicamente en nuestra televisión. Mientras Maruja Torres siga esquivando etiquetas para pegarse el gustazo de pensar en libertad, todavía el pronóstico no es desesperado.

18/10/17

LENIN, COLÓN, RICK


Se cumplen ahora cien años de aquellos diez días que, como decía John Reed, estremecieron el mundo en la revolución soviética de octubre de 1917. Pero “Conquistadores Adventum” (#0) no trata de aquellos revolucionarios que conquistaron el Palacio de Invierno de los zares, sino de otros revolucionarios que estremecieron el mundo en treinta años. La revolución de octubre, lo que quiso ser, lo que pudo haber sido y lo que en realidad fue, ya ni siquiera inspira series de televisión o documentales de éxito. Pero la revolución que se inició el día en que un puñado de “perros de la guerra” embarcados en la “Niña”, la “Pinta” y la “Santa María” pisaron una tierra extraña y absurdamente lejana y que finalizó treinta años después con la llegada a Sanlúcar de Barrameda de los marineros de Juan Sebastián Elcano después de circunnavegar por primera vez el planeta Tierra, da para una serie que se toma en serio la historia, ambiciosa, bien cuidada y, claro, polémica. Es triste que la revolución de octubre ya no levante polémicas que demuestren que todavía escuece. Pero está bien que discutamos sobre Colón, sobre aquellos “desgraciados” que le acompañaron en una aventura tan improbable (puede que más) como la que llevó al hombre a la Luna, sobre unos hombres (Pizarro, Hernán Cortés, Núñez de Balboa) que hace tiempo que deberían haber escapado de las enciclopedias y los lugares comunes, sobre treinta años que estremecieron el mundo porque lo cambiaron para siempre.

De “Conquistadores Adventum” me gusta su valentía y esfuerzo para no hacernos sentir vergüenza ajena con las interpretaciones (Aitana Sánchez Gijón es una interesante Isabel la Católica) y me encanta la voz en “off” que acompaña la acción y cuenta la historia porque es extremadamente lúcida, tierna y terrible, poética y brutal. Es difícil que algún marinero de la “Santa María” hablara como lo hace ese marinero de Colón en “Conquistadores Adventum”, pero es un recurso que funciona tan bien como la voz en “off” de Rick Deckard en “Blade Runner” antes de que Ridley Scott la eliminara en el montaje del director. Porque, en realidad, el marinero de Colón, el indígena asustado, Lenin, el zar Nicolás II, Rick y hasta el replicante Roy buscan respuestas a las mismas preguntas: ¿de dónde vengo? ¿Adónde voy? ¿Cuánto tiempo me queda?

17/10/17

KIKO MATAMOROS NO HA MUERTO


Eso lo primero: Kiko Matamoros sigue vivo. Por ahí anda, pero ya no por “Sálvame” ni “Sábado deluxe”, ya no por Telecinco, ya no por la tele. Lo ha dejado días atrás sin previo aviso. Como no vamos a hacer leña del árbol caído como se merece por todo el daño que ha hecho en la tele y a la tele, conviene avisar desde el principio: el hecho de que hablemos bien de él hoy aquí no quiere decir que acabemos de descubrir que era un gran tipo porque se haya muerto.

Hace unos meses que pagaron la lealtad y los favores recibidos de Carlos Dávila dándole un programa de divulgación médica: “El ojo clínico”. Pasó más desapercibido que “¿Cómo lo ves?”, el regalo que le hacen ahora por la lealtad y los favores recibidos a otro amigo, Carlos Herrera; pero tiene explicación. A Herrera lo han sentado en el convite en una buena mesa, en La 1 y en horario de máxima audiencia. A Dávila lo sentaron en un rincón, en La 2 y al final de la mañana del domingo, cuando hasta el Tato sale a tomarse un algo con unas aceitunitas y nadie queda en casa viendo la tele.

El caso es que en agosto vi, cosas del descontrol veraniego, la entrega que “El ojo clínico” dedicó a la salud ocular. Allí estaba Matamoros hablando de sí mismo, como tantas veces hacen los personajes de Telecinco. Pero esta vez me sorprendió. Para empezar, sospecho que lo hacía de forma altruista. Contaba su caso para ilustrar una enfermedad ocular que padece, explicando el problema que supone y lo importante que es evitar alguna conducta de riesgo que él había realizado, empezando por la imprudencia de no visitar a un especialista hasta que el daño ya es evidente y no puede revertirse, sino solo intentar contenerse. No se ponía medallas ni trataba de ganar una discusión estúpida. Usaba su dominio del medio para hablar de sí mismo con distancia, con claridad y sin pamplinas, poniendo su situación médica al servicio del bien que pudiera hacer a los espectadores aunque para ello él mismo no saliera muy bien parado. Lástima que su trabajo en Telecinco fuera justo lo contrario.

16/10/17

TRES (SUAVES) COLLEJAS A "AL ROJO VIVO"


1. No es la primera vez que nuestro país afronta momentos de trascendencia histórica. España ha sufrido etapas duras que hemos superado con esfuerzo, manteniendo la calma y, sobre todo, no usando jamás la frase “desescalar la tensión”. Debemos abrir vías de negociación y diálogo, todas cuantas podamos, tomando como única condición previa no usar la frase “desescalar la tensión”. Quizá los tertulianos de “Al rojo vivo” podrían empezar a dar ejemplo evitando este uso que hace que la semántica y la sintaxis queden en suspenso a la vez. No sé si la aplicación del 155 logrará reducir la tensión. Lo que no va a ayudar a reducir la tensión es referirse a reducir la tensión mediante una pedantería tan incorrecta como “desescalar la tensión”.

2. No cuchicheéis. No cuchicheéis, carajo. ¿De verdad no os lo ha dicho nadie? Se os oye todo el rato. En cuanto se nos ofrece un plano corto de un tertuliano o de un invitado respondiendo, comienza a oírse de fondo “pisipisimisimisipisi”. Secretitos al oído son de mala educación. Al principio yo creía que lo hacíais únicamente durante las intervenciones que apoyaban al PP para conseguir que los espectadores no les prestáramos atención. Pero no, lo hacéis por igual a todo el mundo. Los espectadores nos distraemos; nos interesa más entender el cuchicheo que la opinión previsible del político de turno. Cristina Pardo, bah, no cuchichees mientras hablan otros, mujer. Ferreras, no cuchichees o manda callar a los que cuchichean a tu lado.

3. Ah, y tú, sí, tú, Ferreras: descansa. Des-can-sa. No hay excusas. Sabemos que quieres aprovechar esta crisis para ingresar en el libro Guinness bajo la categoría “persona que más horas ha estado en directo en toda la historia”. Pero no. No es opinable. Es una orden del doctor. No hay “es que…” que valga. Cristina y tú, una semana de cura de sueño. Prescripción médica. Anda que no tiene banquillo laSexta... Lo que nos faltaba ahora es que os dé un pachungo en directo por exceso de trabajo, y Bernat Dedéu y Xavier Sarda se pongan a discutir sobre quién es el culpable.

15/10/17

CARLOS HERRERA Y TÚ, PRINGAO


¿Qué, pringao? ¿Ya estás listo para el nuevo programa de Carlos Herrera? Lo estrena hoy por la noche y ya sabes que cuenta contigo. Te necesita para servirle de coartada, así que no falles. Ponte por la noche a ver La 1 con tu móvil dispuesto a votar sobre lo que pregunte. Por eso el invento (es un decir, porque el programa es una franquicia) se llama “¿Cómo lo ves?”, porque los pringaos podéis votar diciendo cómo lo veis.

A ver, tampoco te vengas arriba. Es solo un paripé. Con la polémica que hay respecto a qué pasa con votar o no votar, qué se vota y quién vota, no esperes que te plantee grandes temas ni que tu voto sirva para nada que no sea que Herrera pueda decir “Huy, mira qué cosas. la semana que viene, vuelvo a por más” (o sea, más de eso que él quiere, para él; y más de eso con lo que tú te conformas, para ti, pringao). Parece que no hablará de política, lo que es por supuesto una decisión política de primer orden. Dice mucho de quien hace el programa, y sobre qué cosas cree que está bien que hablen y piensen y voten los pringaos. Franco nos enseñó que no hay que complicarse la vida y hay que hacer como él, que no se metía en política y mira qué bien le fue.

En una promo del espacio, Herrera plantea el viejo tópico de si el vaso está medio lleno o medio vacío. “¿Cómo lo ves? Tú decides”, te pregunta. Es infantil, sí, pero es el concepto que tiene de ti. En otra promo bromea con la polémica surgida con su vuelta a TVE, y también pide que opines y decidas. Se ríe de ti en tu cara. No tendrá el cuajo de plantearte realmente este asunto. Aunque, si lo hiciera, no pasaría nada: una cosa es que te deje decir cómo ves su vuelta a TVE, y otra, muy diferente, que te permita decidir nada. El programa ya está diseñado, las condiciones acordadas y el contrato firmado. Y no solo no te va a informar sobre estos sustanciosos asuntos, sino que, por mucho que te diga “Tú decides”, asúmelo: lo dice porque queda bien decirlo, pero no tú decides nada de nada, pringao.