22/2/19

RISTO ESPADA Y ARCADI MEJIDE


Luego seguro que tomas un café con ellos y son gente normal, un poco gilipollas, un poco apijotados, no más que nosotros. Pero es ponerles una cámara delante y se convierten en dos auténticos impresentables. El problema está en esa cámara. El problema está en la televisión. No eran así hace unos años, cuando el éxito instantáneo no era lo único que importaba. Como animales evolucionando bajo un darwinismo raro, se han sometido a la ley de la supervivencia del más cínico, del más arrogante, y el resultado es esa caricatura vacía que son ambos ahora. Parecen hechos de polvo. El viento se los podría llevar en cualquier momento. Y se los llevará. Largo o corto, lo único que les queda por delante es el final de sus carreras.

Al parecer, discutieron el otro día en el programa de uno de ellos. Uno expulsó al otro. O uno se fue antes de ser expulsado. Uno había dicho unas majaderías eugenésicas dignas de una antología del deterioro mental. El otro había preparado con premeditado detalle el escenario, el cebo y la apoteosis. Como todo en televisión, también este incidente fue un ejercicio de falsa conciencia de tercer o cuarto grado, de una indecencia à deux. ¿Cómo se entiende que algo que merece la expulsión del que lo dice no se merezca también ser cortado del montaje final del espacio? Es obvio que uno de ellos, mediante su enfado, se alegra de lo que ha ocurrido y lo explota a su favor. Es obvio que el otro, con su aplastante seguridad, sabe que está arruinado intelectualmente y que sólo puede seguir subiendo la apuesta con la esperanza de que le echen del casino. La televisión, con sus espejos, permite que no sea necesario guionizar los acuerdos que parecen ser enfrentamientos.

Mañana Joaquín contará un nuevo chiste, o Malú dedicará “Aprendiz” a Albert Rivera en un concierto, y ya nadie se acordará del Chester de esta semana. Los dos tendrán que empezar a buscar su nueva jugada. Dará igual que tengan cuidado: una vez que superas el punto de no retorno en televisión, la única regla que queda es seguir aumentando en cada movimiento el nivel de miseria.

21/2/19

MUJERES MAYORES E INCULTAS


No, señor Sánchez, no. El problema de su participación en aquel “Sálvame” no tuvo que ver con el público del espacio. Cuenta usted en “Manual de resistencia”, esa heteroautobiografía que le ha escrito Irene Lozano, que la idea de intervenir en el programa de Telecinco -tras el enfado de Jorge Javier Vázquez con el PSOE por el asunto del toro de la Vega- le había provocado dudas iniciales, ya que temía que el público de “Sálvame” estuviera compuesto por “mujeres mayores e incultas”. Finalmente se decidió a hacerlo, según la misma Irene Lozano ha escrito en el libro que usted mismo firma, porque tal probabilidad no era del todo segura, y porque, incluso siéndolo, los votos de las mujeres mayores e incultas valen tanto como cualquier otro.

Pero es que, en este caso, el problema de “Sálvame” se encuentra en el espacio en sí y no en su público. Todos entendemos la dimensión política de ciertos programas -los informativos son el ejemplo más claro- y tendemos a pensar que otros contenidos carecen de ideología, forman parte de un mero entretenimiento que carece de una lectura política. Pero no es así. Nada hay más malvadamente -por lo disimulado- ideológico que el entretenimiento, en particular, la telebasura, y el programa estrella de Telecinco presentado en aquel entonces por Jorge Javier Vázquez, -lo vean mujeres mayores e incultas o jóvenes catedráticos de cirugía maxilofacial-, era y es un desfile de valores antisociales, sexistas, irracionalistas, individualistas, muy muy muy conservadores, que su dicharachera intervención contribuyó a blanquear y validar.

Supongo que usted defenderá que el voto de los espectadores de “Cuarto milenio”, el porno o la Santa Misa valen tanto como cualquier otro, pero no por ello le vamos a ver durante la próxima campaña participando en ese tipo de programas. Comprendiendo su interés por llegar al sector electoral de las mujeres mayores e incultas, no se entiende, por el contrario, el vehículo que eligió para ello. No, por favor, no me conteste. Deje descansar a Irene Lozano.

20/2/19

LOS LÍMITES DEL HUMOR


Acerca de los límites del humor, doctores tiene la iglesia que pueden iluminar un problema que sobre todo preocupa a los que siempre están de mal humor. Me estoy refiriendo al gran Darío Adanti, por supuesto, doctor sutil de la iglesia del humor tan imprescindible como el queso feta en una ensalada griega. Pero la cuestión que quiero plantear aquí no tiene que ver con si es lícito simular que me sueno los mocos en la bandera de España o explicar cómo cocinar un Cristo, sino con los límites de un humorista cuando está en la cola del pan, bebiendo una caña o respondiendo a una pregunta sobre el cambio climático. ¿Los humoristas no tienen límites? ¿Un humorista tiene que decir cosas graciosas siempre y en todo lugar, esté haciendo lo que esté haciendo y hablando con quien esté hablando? Si es así, protesto. Ya es bastante difícil ser gracioso cuando se trata de ser gracioso, pero tener que ser gracioso las veinticuatro horas del día es una tortura.

Los humoristas no tienen por qué ser como los mandos militares o los obispos, que insisten en llevar sus uniformes llenos de banderitas de colores y gorros ridículos cuando no están en unas maniobras militares o predicando la verdad al mundo. Lucir un uniforme de general de brigada o de obispo de Valencia es fácil. Decir cosas graciosas cuando pides una barra de pan integral, tomas el vermú o intentas opinar con sentido sobre un problema tan grave como el cambio climático ya no es tan fácil, y por eso me parece que los humoristas necesitan descansar del humor tanto como Messi necesita descansar de vez en cuando del fútbol. Ser el Gran Wyoming, Marta Flich, Carlos Faemino, Andreu Buenafuente, Edu Galán, Eva Hache o Santiago Abascal todo el tiempo es una tarea agotadora a no ser que seas Santiago Abascal, al que le salen los chistes sin esfuerzo esté o no ejerciendo como líder supremo de VOX. Podemos exigir a Sherlock Holmes que sea siempre Sherlock Holmes y esperamos un brillante razonamiento deductivo del detective de Baker Street hasta en la cola del pan o en la hora del té, pero no deberíamos exigir a nuestros humoristas que nos hagan reír obligatoriamente fuera de su horario de trabajo. A diferencia de los generales, obispos, detectives privados y políticos de ultraderecha, los humoristas (y Messi) tienen límites. Respetémoslos.

19/2/19

TONGO EN "GH DÚO"


No hay tongo en “Gran Hermano Dúo”. Paquirrín no hizo trampa en una prueba en que las parejas concursantes tenían que comer pasta de un plato cada uno desde un extremo hasta acabar besándose como en “La dama y el vagabundo”. De eso nada. No acabó el primero y ganó porque incumplió la única norma del juego (prohibido dar grandes bocados para comer más rápido) sin que se le penalizara, mientras que otra pareja fue descalificada por hacer lo mismo. Las acusaciones de tongo de los seguidores del programa están equivocadas. Puede comprobarse viendo los vídeos que estos seguidores difunden por las redes sociales en los que se ve a Paquirrín dando grandes bocados a la pasta para comer más rápido.

No hay tongo en “GH Dúo”. Tampoco es cierto que Paquirrín montara un pollo intolerable hace unas semanas y mereciera la expulsión disciplinaria, ni que mostrara una actitud machista asquerosa. Es cierto que sí se expulsó a Julio Ruz por su “conducta inaceptable” persiguiendo y molestando a María Jesús Ruiz de forma machista y hostil. Pero eso no tiene nada que ver con la violencia de Paquirrín cuando se puso agresivo con Ylenia, estalló un plato contra el suelo a los pies de la chica para amedrentarla y se acercó a ella amenazante dando gritos mientras otros le retenían. Ni tiene que ver con que Paquirrín contara entre risotadas a sus compañeros cómo una noche que salía con un amigo y dos amigas, ellas se durmieron en el coche y ellos decidieron irse a Valencia sin preguntar, y, cuando despertaron, como ellas empezaron a gritar, les gastaron un broma simpatiquísima: “Las dejamos en la cuneta allí y nos fuimos. Se quedaron en una gasolinera, dijimos: ‘Bájate a beber agua. ¡Ahí te quedas, ya no gritas más!’”. Las acusaciones de tongo de los seguidores del programa están equivocadas. Puede comprobarse viendo los vídeos que difunden por las redes sociales en los que se ve a Paquirrín haciendo todas estas cosas.

Seguidores de “GH Dúo”: editar vídeos del programa es una pérdida de tiempo tan grande como verlo. No hay tongo en “GH Dúo”, “GH Dúo” es el tongo. Y por eso os gusta.

18/2/19

EL CASCABEL


¿Le gusta el género de terror? ¿Le atrapan las historias espeluznantes, las que hacen que un escalofrío recorra su espalda, las que paralizan porque hielan la sangre? Vea “Examen de conciencia”. ¿Prefiere las series sobrias, sin efectos especiales, sin trucos digitales, las que cuentan las cosas tal y como suceden sin añadidos fantasiosos? Vea “Examen de conciencia”. ¿Es más de reportajes, de periodismo de investigación, de levantar alfombras, de desmaquillar la realidad para conocer su verdadero rostro? Vea “Examen de conciencia”. Pero véala bajo su responsabilidad.

Yo no he podido. Fue tal la cantidad de barbaridades que desfiló por el primer episodio, que tuve que parar antes de final. Y aun me quedan otros dos. Esperaré unos días. Revuelve el estómago lo que allí se ve, repugna a la razón lo que allí se cuenta, el corazón no le permite a uno seguir sentado viendo tranquilamente la tele mientras delante se amontona un caso tras otro de pederastia. Porque produce horror notar cómo la acumulación de casos, todos diferentes, todos tan similares, producen sensación de repetición, de rutina, de habituación, de normalidad. Y esta gris cotidianeidad del horror resulta más sobrecogedora que el más truculento de los detalles.

Muchos no verán “Examen de conciencia” por otro motivo: se emite en Netflix. Por eso ruego a Trece, la cadena de la Conferencia Episcopal —tan centrada en su labor pastoral, tan preocupada por las víctimas, tan alejada de los verdugos—, que compre y emita en abierto esta investigación sobre las violaciones sistemáticas y continuadas a niños (¿hace falta añadir “indefensos”?) en el seno de la Iglesia Católica, sobre la connivencia y el encubrimiento, sobre el miedo y la impunidad. Una serie sobre el poder absoluto y la sumisión absoluta que surgen cuando el silencio y la obediencia son virtudes, y cuando quienes dicen tener en sus manos las llaves que atan y desatan en el Cielo lo que aten y desaten en la Tierra las usan para administrarse a sí mismos la absolución. Ojalá demostraran su “tolerancia cero” con la pederastia poniendo este cascabel al violador.

17/2/19

EL MEJOR ALTOZANO JAMÁS CANTADO



De verdad, tenéis que sacar a Jaime Altozano de “La mejor canción jamás cantada”. Es demasiado bueno. Se come el programa entero. Dadle dos emisiones más y las irregulares versiones de los triunfitos, las menudencias de Noemí Galera y las intros de las canciones serán meros aperitivitos de las intervenciones de Altozano. “La mejor canción jamás cantada” es un show amable, correcto, una “Operación Nostalgia” con la que la televisión pública no hace el ridículo en un momento tan comprometido como la noche de los viernes. Se agradece que no nos cuenten cómo han pasado la semana los cantantes. Pero Altozano lo convierte en otra cosa: de pronto estamos ante un programa inteligente, afilado, estimulante, uno tiene la sensación de que ha pulsado sin querer el mando a distancia y ha cambiado de cadena. Y eso, que es maravilloso, viene acompañado de su opuesto; cada vez que terminan sus intervenciones el programa se hunde como estas atracciones de los parques en donde la gente se desploma cien metros en caída libre.

Es un acierto que TVE haya rescatado de un canal de Youtube a Jaime y le haya ofrecido un hueco en su programación -también, por cierto, hemos sabido estos días que el nuevo “Órbita Laika” estará presentado por Eduardo Sáenz de Cabezón, cuyo canal youtubiano “Derivando”, dedicado a las matemáticas, es igualmente gloria bendita-. Todos los que amamos las canciones por encima de casi todas las cosas llevamos meses adictos a los análisis que Altozano hace de sus aspectos musicales. Pero, seamos sinceros, le han colocado dentro de un proyecto que le viene pequeño, o, al revés, a “La mejor canción jamás cantada” Jaime Altozano le viene grande. La forma en como trituró al jurado el pasado viernes pasará a la historia de la televisión dentro de la categoría “momentos en donde un colaborador demuestra que sabe más que sus jefes y les deja en ridículo delante de toda España”. Valorad cómo vais a manejar este problema. Una solución es sacar a Altozano del programa. La otra es sacar a todos menos a Altozano.