22/10/18

BOB POP, LAS CAUSAS Y LOS SÍMBOLOS



A veces te dan las columnas hechas. El final de la intervención de Bob Pop esta semana en “Late motiv” fue tan certero, tan brillante, tan potente, que lo único que puede hacer un crítico de televisión honesto es echarse a un lado y aplaudir. Llevaba yo varios días dando vueltas al hecho pasmoso de que, durante estos últimos años, la principal fuente de polémicas político-sociales entre los millenials provengan de “Operación Triunfo”, sin saber cómo hincar el diente a tan ambiguo asunto, cuando se puso Bob Pop a charlar con Andreu Buenafuente y dijo esto:

“Yo creo que la causa es buena. Está muy bien luchar contra la homofobia desde cualquier sitio. Pero a lo mejor estamos eligiendo mal nuestros símbolos. Estamos recurriendo a una muchacha millenial dentro de un talent show para luchar contra la homofobia, estamos usando a Mecano como un referente de la integridad de la obra artística. Estamos eligiendo regular. Elegimos bien las causas, pero elegimos mal a los enemigos. Estamos defendiendo la libertad de expresión a través de un rapero botarate, el feminismo a través de concursantes de ‘Gran Hermano’, la lucha contra la homofobia a través de cantantes de karaoke, la integridad creativa con letras de Mecano, el debate intelectual con tuiteros y la pluralidad democrática con Falange. Y a lo mejor el problema es que hay demasiados influencers y muy pocos referentes”.

Exacto. Inmejorable. Esa distinción entre causas y símbolos es imprescindible si no queremos que las causas terminen banalizadas y capitalizadas por trolls tuiteros y adolescentes chillones. Se equivoca el que crea que la homofobia -o el machismo, o la censura, o la intolerancia- se combate mejor viendo homofobia -o machismo, o censura, o intolerancia- por todas partes. Son asuntos muy densos, y pobres de nosotros como sea OT donde se esté jugando esta partida. Gracias por señalarlo, Bob. Ponte en contacto conmigo y buscamos la forma de hacerte llegar los emolumentos de esta columna, que la has escrito básicamente tú.

21/10/18

CHICOTE IS THE NEW ÉVOLE


En laSexta le dieron una vuelta de tuerca a los programas de cocina y encargaron a Alberto Chicote “¿Te lo vas a comer?”. Se trataba de husmear en otros lugares donde trabajan con comida que no sean restaurantes de capa caída que buscan una reforma gratis. La apuesta podía haber salido bien y podía haber salido mal, pero salió requetebién. Y se encontraron con un filón periodístico. El caso es que, tras ver el pasado miércoles a Chicote en el papel de investigador incómodo, estamos de enhorabuena. Sabe llamar a puertas donde no le esperan, y sabe presionar para que quien está ante él se retrate con su comportamiento, sus palabras y sus silencios ¿Lo hubiera hecho mejor Jordi Évole porque dispone de la máquina bien engrasada que es “Salvados”, posee el olfato del sabueso veterano, y tiene un perfil más reconocible en ese papel de Colombo local? Tal vez, pero no seamos tan suegrotes y veámoslo de esta manera: no hemos perdido a un Évole, hemos ganado a un Chicote, así que disfrutemos del banquete audiovisual y que vivan los novios.

“¿Te lo vas a comer?” comenzó por las residencias de ancianos. Si juzgamos una sociedad por cómo trata a sus mayores, la cosa va mal. Es cierto que al final mostró residencias (públicas, ¿coincidencia?) que hacen las cosas como deben, pero las que investigó antes (privadas, ¿casualidad?) daban miedo. El momento cumbre del programa fue una cutre manifestación de vergüenza ajena que montó la directora de dos residencias para boicotear la labor de Chicote (“¡Chicote fuera ya, no te queremos más!”), pero que sirvió para darle valor al programa y a todas las sospechas y denuncias que ponía sobre la mesa. Si juzgamos una sociedad por el interés que muestra por saber cómo se trata a sus mayores, la cosa va muy bien. El programa fue el más visto en horario de máxima audiencia de ese día, y tuvo tal impacto que tras él algún responsable político tuvo que dar la cara y explicar qué se está haciendo al respecto.

“¿Te lo vas a comer?”, pregunta Chicote. Cada miércoles todo el plato, contesto. Y, cuando termine, mojaré pan y haré barquitos en la salsa.

20/10/18

HABLAR ES FÁCIL, O NO


Mal la periodista mejicana Alma Guillermoprieto. Da igual que sea la flamante Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Y mal la Fundación Princesa de Asturias, responsable de lo sucedido. Con el pretexto de recoger su premio ayer en Oviedo, la señora pasó varios días en Asturias diciendo aquí y allá lo que quería sobre lo que le daba la gana sin que nadie le parara los pies. Hablar es fácil.

En un instituto de enseñanza secundaria, frente a un auditorio multitudinario de alumnado de diferentes centros que estaba allí perdiendo de dar clase, a Guillermoprieto le apeteció hablar de televisión. Juzguen ustedes si lo que dijo a los asturianos de quince años ya lo saben los niños de ocho en Castilla y León: que las series televisivas de moda que ensalzan a los narcos son peligrosas, que hay que tener cuidado porque muestran un mundo fascinante, que el narcotráfico es algo muy serio que no tiene nada de grandioso, que en realidad los narcos son pobres seres miserables, tontos y sin educación, que su violencia es vulgar y carece de ese halo que tiene en las series, que hacen un daño espantoso porque luego hay chavales que solo aspiran a entrar en ese mundo.

Señora premiada y señores de la Fundación: muy mal. Se han quedado cortos. No solo influyen en los jóvenes y niños las series sobre el narcotráfico, influyen en todos nosotros. No solo “Narcos” o “Pablo Escobar, el patrón del mal” educan (para bien o para mal) además de entretener, todas las series lo hacen. No solo educan las series, lo hace toda la ficción y la televisión y el cine y la música (ándale esos narcocorridos) y el poblado entero. Así que no debería haber un encuentro con alumnos, sino cientos, para que todos aprovecharan una mañana como nunca perdiendo alguna clase para aprender algo esencial que no recoge el informe PISA. Un día excepcional ante alguien libre que habla de quienes aún hoy mueren por hablar con libertad, y que habla con libertad sobre lo importante que es hablar libremente. Porque escuchar a personas como Guillermoprieto debería ocurrir al menos una vez en la vida de cualquier estudiante. Y porque, en realidad, hablar no es tan fácil.

19/10/18

FIRST DATES VIP


Todo reality de éxito que se precie tiene dos versiones: la normal y la VIP. “Gran Hermano” y “Gran Hermano VIP”. “Masterchef” y “Masterchef Celebrity”. Incluso “Tu cara me suena” podría considerarse la versión VIP de “Lluvia de estrellas”, siendo Manel Fuentes la versión very important de Bertín Osborne. ¿Todos? ¡No! Un pequeño reality de éxito resiste todos los días a la hora de la cena en Cuatro sin asomo de que vaya a desdoblarse en su versión con famosillos. Sí, me refiero a “First dates”. Sí, Carlos Sobera, te estoy hablando a ti. Sí, Mediaset, ha llegado el momento de lanzar “First dates VIP”. Lo peta.

Celebrities de tres al cuarto que en este momento estén singles y dispuestas a darle una oportunidad al amor. El mismo nivel de afectación cerebral que vemos a diario con los descos random, pero esta vez con gente cuya cara la hemos visto antes en algún sitio. ¿Por qué no emparejar para una cena romántica a Kiko Matamoros (61, romántico y quiromántico) con Tamara Falcó (36, espiritual y virtual)? ¿Quién nos dice que no salta la chispa de la unión eterna entre dos corazones sensibles como los de Víctor Sandoval (51, amante de las picaduras) y Jorge Javier Vázquez (48, con un pedo como Alfredo)? ¿De verdad quieren arrebatarle el minuto de oro diario a “El Hormiguero”? Pues háganme caso: pongan a Makoke (48, libre y azucarada) a cenar con Carlos Lozano (55, libre y salado) y luego llévenlos a la sala en donde tienen que decir si estarían interesados en una segunda cita y darse un piquito. Chabeli, Ángel Garó, Terelu Campos, Julián Contreras, el mundo está lleno de celebrities desemparejadas… tienen para dos o tres temporadas de “First dates VIP”.

Porque el amor no puede estar vetado a los famosos. Porque el corazón no distingue entre celebrities y descos. Y, sobre todo, porque los espectadores, hartos de la basura normal con la que Cuatro rellena sus noches, exigimos una basura VIP con la que quedarnos dormidos.

18/10/18

THE WALKING LIST

¿No me notan últimamente más relajado, más feliz, de mejor humor? Les contaré el secreto: me he apuntado a una lista que bloquea “The walking dead” en mi televisor. ¿No conocen esas listas que utilizan a veces las personas que tienen problemas con el juego para que se les prohíba la entrada en los casinos? Pues igual, pero con una serie sobre un apocalipsis zombi. Lo había intentado todo para abandonar la serie: medicación, psicoanálisis, pilates, coaching, pero nada funcionaba. Podía aguantar un día, dos, una vez aguanté tres, sin ver el capítulo semanal, pero al final siempre caía… Esa sensación de fracaso, de impotencia… esa certeza de que estaba enganchado a la serie más impresentable de la historia. Y cada temporada un poco peor y cada capítulo un poco más ridículo y cada vez más ganas de verlos. Y Carl con ese parche sucio en el ojo y Michonne sin cambiar jamás de cara y Negan que no acababa de morir nunca.

Hasta que me enteré de esto de las listas. Sólo hay que tener un momento de lucidez, un arranque de coraje. Llamas a Movistar+ o a Netflix y pides que te incluyan en ese registro. A mí me costó… Marcó mi mujer y me pasó el teléfono ante la mirada de mis hijos. Lo hice. Ahora si intento ver “The walking dead” me aparece un letrero que dice que yo mismo me he autoexcluido. Empezó la nueva temporada la semana pasada y, por primera vez en nueve años, no la estoy viendo. Estoy más relajado, de mejor humor. Hay un montón de series magníficas de televisión que se pueden ver en vez de “The walking dead”, como por ejemplo… bueno, ahora no se me ocurre ninguna, pero tiene que haberlas. Soy muy feliz, ¡a que se me nota!

(Postdata: por favor, si alguien tiene los nuevos capítulos descargados que contacte conmigo por mensaje privado. Pagaré lo que me pidan. Se lo suplico. Aunque sólo sea para contarme lo que va pasando. Mi vida es un infierno. ¿Ha aparecido Carl convertido en zombi con el parche sucio en el ojo, ha cambiado de cara Michonne, ha muerto Negan de una santa vez?)

17/10/18

QUINCE MINUTOS


En “Elton John. La canción favorita de una nación” (CineDoc&Roll, Movistar +), la entretenidísima entrevista aliñada con canciones y testimonios que, con motivo de los cincuenta años de carrera de Elton John, David Williams (“Little Britain”) realiza al artista británico, los espectadores nos damos cuenta del montón de canciones que conocemos de Elton John, de lo buenísimas que son esas canciones, de la elegancia con la que Elton ha llevado siempre su extravagancia, y de que no es cierto que el compositor de “Rocket Man” esté atrapado en un maldito piano de cola porque, en los conciertos de Elton John, ese piano no es un ancla, sino una pista de despegue. Pero lo mejor de la entrevista es que nos permite conocer el método de trabajo de la pareja Elton John (música)-Bernie Taupin (letra): primero, Taupin escribe la letra; después, y siempre después, Elton compone la música. Alucinante. Dificilísimo. Los inmortales poemas de Antonio Machado estaban ahí, pero luego llegó Joan Manuel Serrat con sus geniales adaptaciones en el álbum “Dedicado a Antonio Machado, poeta”. Vale, sí, venga, de acuerdo, Bernie Taupin propone buenas letras. Pero luego Elton John dispone la música y, al final, todos terminamos tarareando las canciones de Elton-Taupin aunque, muchas veces, no sepamos que son de Elton-Taupin.

Ahora entiendo la forma de trabajar de Bill Maher (“Real Time with Bill Maher”), Trevor Noah (“The Daily Show”), John Oliver (“Last Week Tonight with John Oliver”) o El Gran Wyoming (“El intermedio”). La realidad escribe la letra, y ellos ponen la música. Los monólogos de Bill Maher, los comentarios de Trevor Noah, los quiebros de John Oliver o los aguijones de Wyoming son música, una música que adapta esas letras unas veces terribles, otras veces tristes y tantas veces incomprensibles que escribe el letrista del día a día para que los espectadores escuchemos canciones cuando los telediarios sólo nos ofrecen oscuros textos sin gracia. A diferencia de Wyoming y compañía, muchos políticos no entienden ni quieren entender de música porque creen que a los ciudadanos no nos gusta cantar la realidad, cuando lo que aborrecemos es que nos lean lo que ya está escrito.

Por cierto, Elton John compuso la música de “Your Song” en quince minutos.