17/11/17

MILAGROSA, INCOMPRENSIBLE, FRÍA



Que la Navidad es milagrosa se aprecia perfectamente en el anuncio de la lotería de Navidad de este año. Dicho filme consigue el portentoso prodigio de que veinte minutos -el anuncio completo dura veinte minutos y se puede ver en internet; en televisión nos ofrecerán versiones más cortas- parezcan veinte años sin recurrir a las ecuaciones de Einstein acerca de la relatividad del tiempo. Llevamos el ratón hacia la parte baja de la pantalla para que nos aparezca el minutaje que ha transcurrido con cada plano, y descubrimos que el tiempo se ha detenido. ¿Puede ser lento un spot? Sí, si es un spot navideño contagiado por el milagro de la Navidad.

Que la Navidad es incomprensible se aprecia perfectamente en el anuncio de la lotería de Navidad de este año. No es que el guion exija del espectador la suspensión de la incredulidad, como muchas veces nos exige el buen cine; es que la historia de amor entre el ente extraterrestre encarnado en el cuerpo de una modelo y el guía turístico madrileño nos exige la suspensión de la lógica más elemental, del conocimiento de España y de la mayoría de los conceptos que nos explicaron Epi y Blas cuando éramos niños. La trama principal es ridícula, las subtramas son absurdas y las subsubtramas son risibles. No has terminado de lamentar un error de guion cuando ya se han amontonado cinco más en la siguiente secuencia.

Que la Navidad es fría se aprecia perfectamente en el anuncio de la lotería de Navidad de este año. Y eso es lo más incomprensible y lo más milagroso: que una película que pretende contar una historia cálida y emocionante en el marco del hipersentimentalismo navideño no consiga provocar la menor empatía con los personajes ni a la hermana cursi de Áless Gibaja. Uno termina el anuncio y lo primero que hace es ir a su dormitorio a ponerse un jersey. Lo segundo es lamentar que al final en la nave espacial no se fueran el ente, el guía, el perro, el amigo, el lotero y, ya puesto a pedir, la Navidad en su conjunto. Eso sí que podría ser el Gordo de Navidad.

16/11/17

MENOS HIMNOS, MÁS PERET


Sin proponérselo, “El intermedio” ha dado con la solución: “menos himnos, más Peret. Es un verso de un divertido videoclip que han sacado sobre el follón catalán usando el “Amigos para siempre” de los Manolos con una nueva letra que habla de calçots, garrafones, castells y aceite de Jaén. Hacia el final sueltan la consigna perdida entre el resto de la letra: “menos himnos, más Peret”. Llevamos meses oyendo que la solución, sea la que sea, pasa por el diálogo. “La solución, sea la que sea, pasa por un referéndum sobre la independencia”. “La solución, sea la que sea, pasa por el arbitraje internacional”. Pues bien, en lo que a mí respecta, la solución, sea la que sea, pasa por menos himnos y más Peret.

La solemnidad es parte del problema. La solemnidad, que siempre hace babear a los horteras y los tontos, tan ligada al narcisismo, la prueba infalible de que tanto ruido no es más que un montón de mentiras y mezquindades. Quitar la solemnidad al procés es como quitar esa inquietante musiquita de fondo que tienen los programas sobre ciencias ocultas: el engaño se disuelve y sólo queda la palabrería. Y en esa tarea libertadora los himnos bien podrían ser los primeros en caer: la “Marcha Real” y “Els segadors” a la papelera de la historia. En la próxima final de la Copa entre el Madrid y el Barça pongan “El muerto vivo”, a ver quién es el bobo que lo silba.

Apoyo unificar los contenidos de la educación en todo el territorio nacional. De hecho, apoyo que sea obligatorio en toda España estudiar el “Amigos para siempre” de “El intermedio”. En una situación de empate técnico como ésta, la solución no pasa por afinar aún más el instrumento de medida para detectar qué mitad tiene ese 51% que le permitirá arrasar a los que sólo tienen el 49%, sino en desvelar la falacia del enfrentamiento y redescubrir -por ejemplo, Peret mediante- que en las cosas importantes la proporción es 99%-1%. Eso sí, no pongan el vídeo de Wyoming en la asignatura de Danza: jamás se vio en la televisión mundial a cinco personas bailando tan mal.

15/11/17

GEOPOLÍTICA EN EL PLATÓ


Es posible que Kevin Spacey, acusado de continuos abusos sexuales en el rodaje de la serie “House of Cards”, se creyera una especie de Francis Underwood de la vida, como Bela Lugosi terminó creyéndose Drácula o Johhny Weissmüller acabó confundiéndose a sí mismo con Tarzán. O puede que esa sensación de poder absoluto, esa seguridad de ser intocable de la que presumía Lawrence de Arabia cuando paseaba por las calles de Dera´a desafiando a los turcos, haya llevado a Spacey a sobrepasar los límites físicos, estéticos y éticos en sus relaciones laborables. De momento, Netflix ha anunciado la suspensión de “House of Cards” porque la noticia de los abusos sexuales cometidos por Kevin Spacey no es buena para el negocio y, ya se sabe, el negocio es lo único que importa en el mundo de los negocios. Triste fin para el presidente Underwood.

¿Los ejecutivos de Netflix no sabían que Spacey se comportaba como un “depredador sexual” en los rodajes de “House of Cards”? Puedo entender que los votantes de Francis Underwood no sospecharan el desprecio que el político sentía por los ciudadanos y por la democracia, pero me resulta difícil creer que los muy profesionales ejecutivos de Netflix ignoraran las costumbres de su estrella y su forma de tratar a los últimos de la cadena alimenticia. Si es verdad que, como dice el analista político Dominique Moïsi, la realidad geopolítica imita a “Juego de tronos” o “House of Cards” porque los guionistas pueden intuir el mundo que viene como lo hacen los poetas y los pintores (nunca los expertos), entonces también es verdad que la realidad geopolítica imita al plató en el que se rueda una serie de éxito y, así, la única manera de no enterarse de lo que pasaba con Spacey y otros muchos famosos (desde Bill Cosby al actual presidente de los Estados Unidos cuando sólo era un showman catódico) es comportarse como los jueces orangutanes de “El planeta de los simios” que se mantienen ciegos, sordos y mudos ante el discurso del humano Taylor.

La geopolítica seguirá su camino sin la ayuda de Francis Underwood, y hasta “House of Card” puede existir sin Kevin Spacey porque siempre nos quedará Claire, pero el actor tendrá que purgar su conducta interpretando en “Juego de tronos” a un personaje que esté al final de la cadena alimenticia o, quizás, volviéndose ciego, sordo y mudo hasta que Netflix y algunos espectadores desmemoriados le perdonen.

14/11/17

¡NO, CHEF!


No, chef. Ni de coña, chef. Va a ser que no, chef. Pasa de mi culo, chef. ¿Tú y cuántos como tú, chef? Esto no es el ejército, chef. No eres mi superior en ninguno de los sentidos, chef. No estoy de acuerdo contigo, chef. No me gusta la sumisión, chef. Me toca las narices la obediencia ciega, chef. Menos órdenes, chef. Conmigo te equivocas, chef. No le veo las ventajas a tener que doblar sistemáticamente la cerviz ante ti ni ante nadie, chef.
Me podría gustar jugar a las cocinitas, que no me gusta, pero nunca me gustará tener que contestar a todo “Sí, chef”. Una cosa sería que me gustara decir “emplatar”, “maridar” e incluso “dice en boca”, que no me gusta, pero otra muy diferente es tener que decir a todo “Sí, chef”. Y si esto fuera es un restaurantito pijotero o el frente de Verdún en la puñetera Primera Guerra Mundial, que no lo es, tampoco aguantaría que me mandaran responder a todo diciendo “Sí, chef”. Incluso resulta un mal modelo de conducta, y cargante hasta decir basta, ver a los demás balar como un rebaño “Sí, chef”.

No, chef, la transmisión de conocimiento de quien sabe más a quien sabe menos no mejora si se obliga a responder al aprendiz “Sí, chef”. No, chef, la cocina no es para tanto y no hace falta tanta tontería ni tanto “Sí, chef”. No, chef, no es más importante ser cocinero que ser un ciudadano respetable, igual y con los mismos derechos que cualquier otro que se niega a tener que decir porque sí “Sí, chef”. No, chef, en los centros educativos no se transmiten conocimientos ni habilidades más sencillas que la cocina, algunas son mucho más importantes y complicadas, y se montaría una gorda si alguien quisiera mejorar la educación implantando la mierda esa de repetir “Sí, chef”. A no ser que ya estuviera surtiendo efecto tanto “MasterChef” y se haya creado una cantidad suficiente tontorolos encantados con la idea de que los estudiantes de hoy y ciudadanos de mañana siempre respondieran al unísono como borregos con un “Sí, chef”.

13/11/17

EL PENDIENTE DE LOLA FLORES


—Perdón, pero se me ha caído algo mucho más importante que un pendiente en oro, se me ha caído la dignidad.

“Gran Hermano Revolution” da vueltas en el escenario y la dignidad sale disparada a un rincón. Como aquella vez, hace cuarenta años, que a Lola Flores se le escapa un pendiente.

—Ha caído por ahí. No, no, eso no. Es una dignidad. No sé, pero no se puede perder.

1977. Punk en Madrid. Lola actúa con público y en directo en “Esta noche… Fiesta”, cuando un pendiente sale despedido. Detiene el espectáculo y busca el pendiente. “GH Revolution” ni es la vida ni es en directo, pero sí es una revolución. Una revolución de 360 grados que marea para quedar donde estaba, un torbellino que lo pone todo patas arriba para dejarlo igual. Con lo que no contaban en “GH Revolution” es con que se les escapara la dignidad en un giro.

—Bueno, ustedes me lo vais a devolver porque mi trabajito me costó.

Así comenzó Jesús Vázquez la promoción de esta edición de “GH”: “los millennials vais a vivir la misma sensación que vivimos los que vimos el primer GH hace 17 años”. Revolución vuelta y vuelta. Vuelta a la casilla de salida, que su trabajito les costó. Que ya en la preselección de los concursantes en Valencia tuviera que intervenir la policía, es buena señal. Después, las acusaciones de machismo o racismo en el plató añaden la habitual sal gruesa al plato. Y llega una violación. Una presunta violación. Parece demasiado, pero la chica dice que su ilusión es concursar, no pone denuncia y pide volver a la jaula de oro. Perfecto, eso incluso mejora el guion previsto. En el lugar más vigilado de España, repleto de cámaras y grabaciones, a Telecinco se le escapa la dignidad en un giro y no la encuentra, no ve nada. Prefiere guardar las imágenes de un caso así de gordo en un cajón. Presentadores, concursantes y espectadores están de acuerdo. La complicidad es una bestia de muchas cabezas.

—Bueno, muchas gracias, de todo corazón, pero el negocio, Íñigo, no lo quiero perder, ¿eh?, por favor.

12/11/17

CONTRA LOUIS CK, A FAVOR DE "LOUIE"


De verdad, si no distinguimos entre la obra y el autor vamos de culo. Bernini, uno de los mayores genios de la historia del arte universal, propinó por celos, con la ayuda de un sirviente, una brutal paliza a su amante Constanza Bonarelli, en la que le cosió la cara a navajazos dejando su rostro deforme para siempre. ¿Retiramos el Rapto de Proserpina de la Galería Borghese? ¿Cerramos San Pedro del Vaticano? Cuenta Tolstoi en sus diarios cómo durante su juventud violó a una criada y se desentendió del hijo surgido de ese abuso. ¿Exigimos a Alianza Editorial que elimine “Guerra y paz” de su catálogo? Chaplin acosaba frecuentemente a sus actrices principales. Incluso expulsó a Virginia Cherrill del rodaje ya muy avanzado de “Luces de la ciudad” porque la protagonista no cedía a los impulsos sexuales del director. ¿Nos manifestamos en contra de que se proyecten películas de Charlot? ¿Retiramos “Luces de la ciudad” de TCM y otras cadenas dedicadas al cine clásico?

Una obra de arte no se agota en su autor sino que lo trasciende, a diferencia de un selfie. HBO, después de que Louis CK confirmara que son ciertas las acusaciones de cinco mujeres acerca de que el cómico se masturbó ante ellas, ha retirado de su catálogo todos los contenidos de este autor. FX está dudando sobre si conserva o elimina “Louie”, una de las mejores series de la historia de la televisión. No lo niego: mi valoración personal del ciudadano Louis Székely -su nombre real- ha pasado de “ni idea” a “valiente hijo de puta”, pero mi opinión sobre “Louie” u “Horace & Pete” sigue fija en “obra maestra”. Me niego a que la evaluación de una obra de arte pivote sobre la virtud moral del autor, y rogaría a HBO y a FX que no dé por sentado el puritanismo de su público, permitiéndonos a cada uno decidir si tratamos las series como si fueran tuits de nuestro cuñado u obras de arte propias de un género ya indiscutible. No es Louis CK -ni Bernini, ni Tolstoi, ni Chaplin- gente con la que iría a tomar café, pero aplazaría un café con la persona más virtuosa del mundo si descubriera que aún me queda un capítulo de “Louie” por ver.