POBRE DE MÍ



Aquí tienen el Colacao. La sangre fresca ya la vimos todos

Pobre de mí, pobre de mí, que no aguanto las fiestas de San Fermín. Y como cada año desde 1986, la tele me mete los encierros en directo en casa. A las ocho de la mañana, para empezar el día con energía. A esa hora en que uno puede disfrutar de ser un ciudadano responsable y enciende la tele quien libremente quiere verla y quien no quiere verla no tiene por qué encenderla. A esa hora que los niños saben, porque así se les ha enseñado durante todo el año, que la tele está repleta de dibujos animados. Un par de cuernos seguido de media tonelada de carne desconcertada empitonando lo que pilla a su paso. Qué emocionante. Los comentaristas encumbran la figura del “corredor experimentado” (aquél que se juega la vida ahora con la sabiduría que da haberse jugado la vida antes como corredor novato). Desfile de consejos para saber cómo debe comportarse de forma sensata quien comete la insensatez de correr un encierro. Es que los hay tan tontos que no saben jugarse la vida sin correr peligro innecesarios. Empitonamientos y cogidas en cada encierro, y, de vez en cuando, la muerte en directo. Sangre fresca con Colacao. La glorificación del riesgo. Y lo reconfortante que es achacar los resultados indeseados a la mala suerte.

En “La noria” discuten si se deben tomar medidas en los encierros. Restringir el número de corredores, hacer controles de alcoholemia o colocar, como propone Pedro J. Ramírez, una pancarta en la calle Estafeta que imite los mensajes de las cajetillas y diga “Los toros matan. Corra con precaución” (un error: no se puede correr con precaución igual que no se puede fumar con precaución. Un incauto precavido es a la vida lo que un círculo cuadrado es a la geometría). No aguanto el debate. Sánchez Dragó y Belén Esteban me suben la bilirrubina. Antes de apagar hago mi propuesta: que quiten los toros. No lo harán, pobre de mí, las tabaqueras saben que el tabaco sin nicotina no es negocio.

OPERACIÓN BRONCA

Lo concedo: quizá hubo una época en que OT era un concurso de jóvenes talentos musicales que ofrecía la vida cotidiana de los aprendices en una academia y retransmitía semanalmente una gala de producción espectacular en la que los alumnos demostraban lo aprendido e iban quedando eliminados hasta llegar al ganador. Pero también me concederán ustedes que desde hace varios años, -y más que nunca en éste-,"Operación Triunfo" utiliza la Academia como una mera excusa, un mcguffin hitchcockiano con el que mostrar el verdadero nuevo tema del reality, -¿existe "falsity"? debería existir como género televisivo-, es decir, las peleas de jurados, presentadores y profesores entre sí. Estos momentos son siempre los picos de audiencia del programa, muy por encima de las deliciosas actuaciones de Brenda o el standard permanente de Mario.

Así pues, carajo, ¿por qué no hacer que OT 2009 trate de derecho de lo que ya trata de hecho? ¿Para qué ver cómo pasó la semana Patricia cuando lo que todo el mundo está queriendo ver es cómo pasó la semana froilain Coco? ¿A mí qué más me dan los ensayos y las puebas de micro de los temas de Jon cuando lo que me molaría un huevo ver serían los ensayos y las pruebas de micro de las discusiones entre Risto Mejide y Jesús Embajador de Buena Voluntad de ACNUR Vázquez? ¿Por qué no ofrecen en las galas semanales el momento en el que Noemí Pingalera reparte los guiones de la semana? "A ver, Jesús, esta semana se vas mosquear con Mejide durante su valoración de Ángel; aquí tienes el texto. Y tú, Risto, después del numerito pseudohomófobo del martes pasado vas a soltar esta semana una frase medio racista que te contestaré yo muy enfadada. Apréndetela bien, que nuestro equipo de abogados la ha redactado con mucha prudencia para no cometer ningún delito". E imágenes de Risto llorando porque no le salen bien los ensayos. Y Coco consolándole. Y las audiencias estables en el 34% durante tres horas. Y Gestmusic frotándose las manos. Y, sobre todo, las quinceañeras en el Carrefour gritando igual.

VERANEROS

"Callejeros" se fue a la playa. Cambió Cuatro por Antena 3. Pasó a llamarse "Arena Mix" y todo el posible interés que tienen los espacios de Carolina Cubillo se disolvió como un castillo de arena cuando lo anega una ola inesperada. O esperada. Algo ocurre con la playa y con el verano que lo vuelve todo estrictamente intrascendente. Es lo que tiene de bueno. O de malo. El trabajo cotidiano de los limpiadores de la Barceloneta no admite más lecturas que las de los textos de las latas de cerveza y los envases de condones que pichan antes de meter en sus bolsas negras. Pero el trabajo cotidiano de los basureros en Badajoz nos puede hablar de una realidad que arranca a ras de suelo, llega hasta las capas más altas de la atmósfera y no suele mostrarse con frecuencia por televisión. Las imágenes de los y las gogós en los afters de la Costa Naranja (¿existe la Costa Naranja? lo he escrito como un nombre inventado, pero a lo mejor va y existe) no llegan siquiera a separarse del tanga aceitoso. Pero las imágenes de chicas semidesnudas bailando en discotecas de cinturones industriales de Vizcaya son la tarjeta de presentación de vidas enormes, invadidas de esquinas y abismos. Un pijillo que es pillado en un control de alcoholemia con el doble de la dosis permitida en Benidorm sólo es un pijillo que es pillado en un control de alcoholemia con el doble de la dosis permitida en Benidorm. Pero un gilipollas que conduce completamente borracho en Madrid... no, mira, aquí no, ése también es únicamente un gilipollas que conduce completamente borracho en Madrid.

Al comienzo de "La tregua" (Mario Benedetti), Martín Santomé pasea por Montevideo y un borracho desconocido le aborda, le agarra por el brazo y le recrimina: "¿Sabés lo que te pasa? Que no vas a ninguna parte". Estuve todo "Arena Mix" intuyendo la inminencia de la aparición de este borracho. ¿Saben lo que le pasa a los veraneros de "Arena Mix"? Que no van a ninguna parte. Por eso "Arena Mix" no es "Callejeros". Por eso lo emite Antena 3 y en verano.

¡EL INVITADO TRABAJA!

Dos. Tres programas como mucho le doy yo a "Pánico en el plató" antes de que desaparezca en el olvido más proceloso. Estamos en 2009. ¿A quién se le ocurre emitir un programa de estas características? Una entrevista amable, llena de momentos emocionantes a una gigantesca actriz. Sin insultarla en ningún momento. Sin hacer hincapié en los asuntos más complicados de su vida privada. Sin invitados sorpresa que la acusen de haberles robado una herencia, o haberles violado cuando eran niños, o haberles vomitado encima completamente colocados tras mezclar cocaína, metanfetamina y pegamento. Con un presentador inteligente que consigue mejorar cualquier programa en el que participa sin pretender en ningún momento convertirse él en la estrella del espacio. Hablando sobre todo del trabajo del invitado (¡el invitado trabaja!). Y, para más despropósito, con un formato que hasta tiene algo de ingenioso, de innovador, que se aparta del obligatorio cinco-tíos-delante-del-famoso-humillándolo-todo-lo-que-sean-capaces. Tres programas, no más. Un 5%, quizá un 6% de share y van que chutan.

En el intermedio de "Pánico en el plató" vimos una promo de "DEC": "Bárbara Rey asegura que Ángel Cristo maltrató a su hija Sofía. Ahora Sofía (foto de Sofía en tetas en la portada del semanario que saca siempre en portada a gente como Sofía en tetas) nos lo cuenta todo". ¿Veis? Así es como se triunfa en la era post-Sardá, post-Mermelada, post-Jordi González, post-Emma García. Así se consiguen los 20% de share y los cientos de emisiones ininterrumpidas. Con Cantizano y no con Juan y Medio. Con un entrevistado que un día escuchó en el baño de una discoteca cómo le hacían una felación a Dinio y no con una Concha Velasco nombrando a José María Rodero, a José Sacristán (¡Pepito!) o a Adolfo Marsillach. "Pánico en el plató" será uno de los grandísimos fracasos de audiencia de esta temporada, y de nada le va a servir siquiera el tirón del bombazo mediático de "Arena Mix", el programa que le precede en la parrilla. Juas, juas, juas.

CAMISOLAS (¿CAMISOLAS?)



Al menos antes, cuando la presencia de Carlos Baute en nuestras pantallas estaba confinada a unos espacios bien definidos, uno podía planear minuciosamente estrategias que le evitasen tener que encontrarse con el primer personaje televisivo cuya sola aparición evoca simultáneamente la sensación de estar oyendo unas uñas arañando una pizarra mientras alguien frota corcho blanco y el filo de un folio se mete debajo de una uña haciendo un corte profundo. Dentera, por si no se había entendido. Bastaba un rotulador rojo y una página con la programación del día en la que rodear varias veces con un círculo el programa de Cuatro "Elígeme" para poder sentirse a salvo mientras uno zapeaba alegremente por las siete cadenas. Pero ya no: en algún momento se rompieron los cordones sanitarios y se difuminaron por todas partes anuncios publicitarios de unos populares grandes almacenes en los que el primer cantante androide con photoshop de serie se dedica a repartir camisolas (¿camisolas?) a ilusionadas modelos que quieren más y más y más, pero mucho más.

Y, claro, a ver ahora quién es el osado que se atreve a seguir viendo la tele al buen tuntún. Es cierdo que las autoridades sanitarias repiten una y otra vez que la pandemia de Carlos Baute no es más grave que otras pandemias de cantantes melódicos ("cantantes melódicos" suena a arma de destrucción masiva) que padecimos en el pasado, como la gran epidemia de El Puma o el famoso contagio latino de Luis Miguel. Pero nadie que vea con los ojos entrecerrados esa sonrisa puede ignorar que estamos ante un virus extraño que está a punto de mutar con la próxima camisola (¿camisola?) que Carlitos alcance a quien se lo pida. La ministra del ramo sigue pidiendo tranquilidad, pero yo me planteo seriamente apagar mi televisor, al menos hasta que hayan terminado las rebajas del cortinglés o sus camisolas (¿camisolas?) las promocionen los gatos de brazo bamboleante de Mixta.

CONTESTAD, FILÓSOFOS

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No lo previó Platón cuando utilizó el mito del anillo de Giges para hablar de los fundamentos de la moralidad humana. No lo encontramos en ninguno de los epígrafes de la "Ética demostrada según el orden geométrico" de Spinoza. La trascendencia del dilema moral que ha planteado recientemente el gran filósofo Jorge Javier Vázquez exige abrir un capítulo nuevo en la historia de la filosofía ética moderna en el que se reconstruyan dos mil años de discusiones. Lo fácil sería pensar que JJV es un tipo de una bajeza moral liliputiense, el contraejemplo perfecto de la figura del hombre que alguna vez hizo algo bueno por la sociedad que le da de comer. Pero no. En verdad Vázquez es un performer moral sofisticado, un filósofo de la acción que planea sus vómitos con la premeditada intención de servir de revulsivo a un mundo que necesita recuperar las viejas distinciones entre el bien y el mal. Veamos a qué me refiero.

Charlaban despreocupadamente los invitados a un "Sálvame" reciente sobre el calor de estos días cuando Kiko GH, -ese ser morfológicamente tan parecido a un homo sapiens-, con los modos chulescos del que hace lo que le da la gana con una pertenencia propia, le arrancó el vestido a la ¿actriz? María Lapiedra dejándola en pálida pelota en medio del plató. La ¿actriz? salió corriendo, perseguida por las cámaras, hasta las entretelas del estudio. Ante la agresión machista que había tenido lugar, Mermelada intentó disculpar la violencia dando muestras de su peculiar sentido del humor y su actitud progretolerante en materia de sexo al confesar que todo se trataba de un montaje con la participación cómplice del homo granhermanensis y la ¿actriz?

Insisto: JJV no puede tener la catadura moral que a todos nos está pareciendo. Nadie puede ser tan miserablemente casposo. En verdad Jorge Javier está planteando al mundo el gran dilema moral de comienzos del siglo XXI: ¿qué da más asco, el arranque espontáneo de Kiko o haber planeado fríamente fingir ese abuso? Contestad, filósofos.