22/7/17

¡QUÉ TARDE DE MIERDA!


“¡Qué tarde de mierda!”, dijo Mila Ximénez el otro día en “Sálvame”. Es algo que no debería ser noticia. “Sálvame” es un programa de tarde que convierte cualquier tarde en una tarde de mierda. Lo evidente nunca es noticia. Cualquiera que se pase las tardes de tertuliano, presentador o director en “Sálvame”, trabajando con una cámara en el plató, gestionando los aplausos del público, sobreimpresionando cartelitos con lo que último que se acaba de decir, ecualizando el sonido, ajustando la iluminación, atendiendo la centralita telefónica a la espera de que alguien llame al teléfono de aludidos, o viendo el programa desde su casa habrá dicho miles de veces lo mismo: “¡Qué tarde de mierda!”. Solo que ahora, además, pudimos oírlo. Un micro abierto en un descuido nos hizo ese servicio. Los riesgos del directo de los que tanto se habla esta vez fueron para bien. Luz y taquígrafos para mostrar la verdad. “¡Qué tarde de mierda!”. Eso es lo que hay, amigos.

Estando como estamos de acuerdo con Mila —como no puede ser de otra manera—, nos queda saber cómo llegó al exabrupto. Puede que en el momento en que abrió la boca estuvieran concurriendo en el programa una serie de circunstancias penosas, fallos o errores que, sumados, llevaron a la señora a la conclusión de que el programa de esa tarde resultaba ser una mierda. Una forma de proceder sensata que todos utilizamos cuando nos encontramos ante una situación nueva que no conocemos y tenemos que formar un juicio sobre ella. Pero, no me fastidien, este no es el caso. Una emisión de “Sálvame” no es una situación nueva. Todos sabemos lo que allí hay. No es necesario conocer con detalle lo que está ocurriendo en la emisión concreta de un día determinado para tener un juicio cabal sobre lo que allí está sucediendo. No hace falta saber que en el momento en que el micrófono de Mila queda abierto, un reportero entrevista a una mujer que, de espaldas, cuenta qué ocurre en el interior de una clínica de salud mental en la que está ingresada la mujer de Jesulín de Ubrique. Sin necesidad de conocer ese dato mezquino, cualquier persona de bien sabe que esa tarde de “Sálvame” es, como todas las tardes de “Sálvame”, una tarde de mierda.

21/7/17

MIGUEL BLESA NO ES RITA BARBERÁ


“Miguel Blesa es Rita Barberá”, dicen en la tele. ¿Lo es? ¿Ambas muertes pueden equipararse? ¿Tienen un origen común? ¿Se comparan porque que ambas hunden sus raíces en la corrupción, porque ambas fueron causadas en último término por un acoso mediático y social que se cebó en ellos con idéntica saña e inquina, o porque ambos fallecidos sufrían graves problemas de salud que precipitaron el fatal desenlace? “La presión se cargó a Rita Barberá y la presión se cargó a Miguel Blesa”, añade el autor de la frase. Parece que aclara a qué se refiere, pero no lo hace. ¿La presión? ¿Presión arterial, presión mediática, presión de una conciencia atormentada por la culpa? ¿Qué presión?

La muerte de Blesa puso anteayer la tele patas arriba. Ayer seguía siendo la noticia del día, desplazando el gran acontecimiento mediático sociológico lúdico y festivo que suponía que Andreíta Janeiro cumpliera 18 años, y se abriera barra libre para rentabilizar la vida de una persona que hasta ahora solo había producido beneficios a su madre, Belén Esteban, y a Telecinco. La muerte de Blesa da paso a muchas consideraciones y debates, pero destaca la cortante frase “Miguel Blesa es Rita Barberá”. Fue pronunciada como una acusación por Fermín Gallardo, amigo personal del fallecido, mientras estaba rodeado de cámaras y micrófonos de las grandes cadenas.

¿Qué debe hacer ahora “Informe semanal”? ¿Debería dedicarle mañana a Blesa un reportaje tan vergonzoso y manipulador como el que emitió tras la muerte de Barberá insinuando que los medios que investigaban la corrupción eran los responsables de su muerte? ¿Debería enmendar el error que cometió aquel día emitiendo tan ruin reportaje, y realizar uno ahora más ecuánime que no estigmatizara la libertad de expresión que nos hemos dado? Mañana veremos qué hace. De momento solo podemos adelantar que, mientras no se demuestre, Miguel Blesa no es Rita Barberá. A falta de que concluya la investigación policial, no parece que ningún periodista haya disparado la escopeta que mató a Blesa. Y a falta de los detalles de la autopsia, no parece que Blesa muriera, como murió Barberá, de cirrosis.

20/7/17

NICIAS CONTRA LOS ZOMBIS


El maravilloso trabajo de Martin Landau en la película “Ed Wood” encarnando nada más y nada menos que a Bela Lugosi, el actor que siempre será el conde Drácula, sirvió para que los jóvenes aficionados al cine de terror se interesaran por los clásicos del género, del mismo modo que la explosión zombi que vino de la mano de “The Walking Dead” llevó a muchos de sus seguidores a bucear en el tiempo hasta dar con “La noche de los muertos vivientes”, la revolucionaria película de George A. Romero que introdujo a los zombis en el cine y en nuestras pesadillas. Martin Landau y George A. Romero han tenido la pésima idea de morirse, así que los telediarios tienen una excusa para dejar de hablar del calor que hace en verano y centrarse en lo importante, es decir, en la enorme influencia de Drácula y de los zombis en la cultura popular.

Los no-muertos y los muertos vivientes forman parte de nuestras vidas porque la literatura y el cine así lo han querido, y esos no-muertos y esos muertos vivientes nos han enseñado alguna que otra cosa acerca de la naturaleza humana que no está en los libros de biología. Asombrarse de que vampiros y zombis puedan ser de los nuestros es como asombrarse de que Colón se encontrara con hombres cuando desembarcó en lo que hoy llamamos América y preguntarse quién los llevó allí. Voltaire decía, en este sentido, que si nadie se asombra de que haya moscas en América, es una estupidez asombrarse de que haya hombres. Nadie se asombra de que haya monstruos molestos como moscas escondidos en la naturaleza humana, así que no deberíamos asombrarnos de que América esté poblada por no-hombres que insisten en no morirse y por no-hombres muertos que insisten en caminar a nuestro lado con ganas de mordernos. El general ateniense Nicias nos dijo mucho de sí mismo cuando, después de derrotar a los corintios y ya de vuelta a casa, se dio cuenta de que le faltaban dos cadáveres y ordenó que su ejército se detuviera para que un heraldo pudiera pedir permiso a los enemigos y  recogerlos. Pero, ¿qué habría hecho Nicias si los cadáveres de sus dos soldados se hubieran convertido en zombis? ¿Cómo se comportaría Nicias con el heraldo que, tras ser mordido por los dos zombis, dejó de ser heraldo para pasar a ser un zombi? ¿Seguiría siendo Nicias un hombre religioso incapaz de cometer la horrible impiedad de dejar a dos compatriotas abandonados en el campo de batalla, o los zombis atenienses le obligarían a replantearse sus creencias? Es fácil ser Nicias en la guerra del Peloponeso, pero no es tan fácil ser Nicias en la guerra contra los zombis. Y todos somos Nicias.

19/7/17

BUSCANDO A NEMO EN EGIPTO


La gran diferencia entre “Tesoros del Antiguo Egipto” (La 2) y otras series documentales sobre la fascinante civilización egipcia está en que Alastair Sooke, su presentador, nos conduce por las maravillas del Antiguo Egipto de la misma manera que Jamie Oliver nos arrastra a su mundo de sabores, olores y colores en “La comida reconfortante” o Rick Stein nos invita a acompañarle en su delicioso viaje a lo largo y ancho del Mediterráneo. Alastair Sooke, Jamie Oliver y Rick Stein son tres británicos que, como el estadio de Anfield, la selección de rugby de País de Gales, el monstruo del lago Ness o la campiña inglesa de las novelas de Agatha Christie, consiguen que olvidemos el absurdo peinado de Boris Johnson, la dichosa City de Londres y la chocante temperatura de la cerveza en los pubs. Si prueban el Egipto de Sooke, las hamburguesas de Oliver y el Mediterráneo de Stein, querrán saber más de Egipto, de las hamburguesas y del Mediterráneo.

Quizás algunos (los de siempre) se enfaden porque Alastair Sooke habla del Antiguo Egipto con excesiva pasión, atrevidas conclusiones personales y, sobre todo, empleando categorías de nuestro tiempo que retuercen a los antiguos egipcios hasta convertirlos en nosotros con ropa rara. Pero el gran estudioso del mundo clásico E. R. Dodds ya dejó dicho que del mismo modo que un hombre no puede escapar de su propia sombra, ninguna generación puede pronunciar un juicio sobre los problemas de la historia sin referencia a sus propios problemas. Así, se puede entender que Sooke diga que el templo funerario de Hatschepsut en Deir el-Bahari podría ser una pieza de la arquitectura fascista de los años 30 del pasado siglo y que, desde lo alto, recuerda a un dibujo de Escher. Y, de la misma manera, podemos aceptar que Sooke compare a Amenofis III con Luis XIV y que diga que durante su reinado Egipto se convirtió en la mayor “superpotencia” que el mundo había conocido. Y también, entonces, es legítimo que Sooke describa el precioso pez de cristal del Imperio Nuevo encarcelado (como tantos tesoros) en el Museo Británico como un antepasado del pececito Nemo de “Buscando a Nemo”, y hasta que defina a Amenofis IV, que luego se convirtió en Akenatón, como “el primer individualista de la historia”. Arquitectura fascista, Escher, superpotencia, Nemo, individualismo… ¿Qué tiene que ver todo esto con el Antiguo Egipto? Mucho, si de lo que se trata es de dar vida y color a la arquitectura egipcia, la política exterior de Amenofis III, la artesanía del Imperio Nuevo y las revolucionarias reformas religiosas de Akenatón. Los documentales sobre Egipto, gastronomía y el Mediterráneo necesitan a Nemo.

18/7/17

ESTRELLAS MUERTAS (O NO)


Del mismo modo que cuando miramos el cielo estrellado estamos mirando el pasado, puesto que incluso la luz de las estrellas más cercanas tardan años en llegar a nuestro sistema solar, podemos decir que cuando miramos las series televisivas que algunas cadenas utilizan para rellenar su programación veraniega en realidad estamos mirando el pasado, porque han tardado tanto en llegar que incluso puede que ya estén muertas. Es el caso de “Almost Human” (Antena 3), una serie que se presenta como creada por J. J. Abrams para ocultar que fue un fracaso en Estados Unidos y que fue cancelada tras su primera temporada. Puede que no lo parezca, pero cuando vemos al policía John Kennex y a su sintético Dorian patrullar la ciudad en “Almost Human” estamos viendo la luz de una serie muerta porque ha agotado el combustible de un punto de partida no demasiado original y ha cedido ante la fuerza de gravedad de otras series similares pero mucho mejores como, por ejemplo, “Westworld”.

Pero siempre hay algún motivo para entretenerse con la luz, aunque sea una luz muerta, de una serie producida por J. J. Abrams. Puede que un comentario del androide Dorian, que cree que el problema del humano John es que “no se conoce a sí mismo” (la sombra de Sócrates es alargada). O tal vez fijarse en las diferencias entre una sociedad del futuro y nuestro tozudo presente. “Almost Human” se desarrolla en el año 2048, y las diferencias están, como casi siempre, en el diseño de los coches, la estética de los edificios y el uniforme en plan “Robocop” de los policías. ¿Quién decide el año en que se desarrolla una serie o una película de ciencia-ficción? La ciudad de San Ángeles de “Demolition Man”, con sus policías zen, es del año 2032; y la ciudad de Los Ángeles donde Roy Deckard se dedica a cazar replicantes en “Blade Runner” nos lleva al año 2019, que está a la vuelta de la esquina, casi tan cerca como el terrible mundo que muestra “Cuando el destino nos alcance” en el año 2022. La siniestra cúpula de “La fuga de Logan” cercana a lo que un día fue Washington D. C. fue construida tras la catástrofe del año 2274, el planeta al que llega el astronauta Taylor en “El planeta de los simios” (que resulta ser la Tierra) se mueve en el año 3978, y el mundo de los simples Eloi y los monstruosos Morlocks en el que se detiene la máquina del tiempo construida por George Wells en “El tiempo en sus manos” nos presenta una devastada humanidad en el año 802.701. En realidad, todas las fechas futuras de la ciencia-ficción hablan del presente y sirven, como quieren Dorian y Sócrates, para conocernos a nosotros mismos, aunque esas fechas vengan de estrellas muertas.

17/7/17

EL DEDO Y LA PIEDRA


Los técnicos de la Federación Internacional del Automóvil (FIA) han fijado en dos décimas exactas el tiempo mínimo de reacción de un ser humano delante de un semáforo, de forma que un tiempo menor no puede atribuirse a la voluntad de un piloto. Dos décimas. Por eso, las dos décimas y una milésima que empleó el piloto finlandés Valtteri Bottas en salir en el Gran Premio de Austria fueron extraordinarias, pero legales. Casi inhumanas, pero humanas al fin y al cabo. Estratosféricas, pero terrestres. Dos décimas. ¿Cuál es tiempo mínimo de reacción ante una pareja que se da cita en “First Dates” para encontrar el amor pero sin perder la libertad? Dos décimas me parece mucho. ¿Cuál el tiempo mínimo de reacción ante la banalidad de “Supervivientes” o el horror metafísico de ver a Bigote Arrocet sometido al test de Risto? No sé, pero seguro que las dos décimas y una milésima de Bottas le convierten en un lentorro, como Terminator intentando golpear la mano del joven John Connor en “Terminator 2”. Y, sin embargo, las citas existen, los supervivientes existen y Bigote Arrocet existe.

En la tercera temporada de “Fargo”, la jefa de policía de Eden Valley Gloria Burgle sospecha, en un poderoso arranque existencialista, que en realidad no existe, pero Winnie López, policía de St. Cloud, se limita a empujarla con el dedo para convencer a su colega de que existir, lo que se dice existir, sí existe. Samuel Johnson ya había hecho algo parecido cuando decidió refutar la filosofía inmaterialista del filósofo George Berkeley dando una patada a una roca. Podemos huir de “Fisrt Dates”, de “Supevivientes” y de Bigote Arrocet empleando un tiempo de reacción que deja en ridículo a un piloto de Fórmula 1, pero eso no quiere decir que las citas grimosas, la supervivencia cutre y el famosillo exprimido no existan porque lo cierto es que no sólo existen sino que están ahí, a un golpe del dedo en el mando a distancia o a un tiro de piedra de los documentales de La 2. Eso es lo inquietante. Hagamos lo que hagamos, veamos lo que veamos y sea cual sea nuestro tiempo de reacción en la Fórmula 1 televisiva, la policía Winnie López y el escritor Samuel Johnson nos recordarán que el dedo y la piedra son lo único que nos separa de una realidad tan tozuda como esa crisis (su nombre correcto es estafa) que los papeles, estadísticas y discursos de Rajoy dan por superada. Por cierto, el dedo y la piedra también nos devuelven a la realidad después del baño inmaterialista al que nos somete cada día el telediario de la televisión pública.