20/1/19

RUIDO EN LA ESQUINA SUPERIOR


Aunque son completamente silenciosos, pocas cosas definen mejor el ruido que los anuncios que las cadenas sobreimpresionan de forma permanente en la esquina superior derecha de la pantalla, recordándonos que esa noche -o al día siguiente, o dentro de dos días, o la semana que viene- se emite un programa que están tratando de promocionar desesperadamente. He visto a Moreno Bonilla hacer declaraciones sobre la nueva etapa que se abre en Andalucía debajo de una infografía que aseguraba “Matadero – Estreno mañana”. El hombre del tiempo de Telecinco me ha transmitido la previsión para mañana sobre un mapa en donde una borrasca se hallaba situada sobre Galicia y “GH DUO” se hallaba situado sobre el Pirineo Oriental. En “Zapeando” entrevistaban a Eva González para promocionar “La Voz” usando extractos de “El hormiguero” al que había ido Antonio Orozco para promocionar “La Voz”, de forma que el logotipo de “La Voz – Mañana 22:45” se solapaba con el logotipo de “La Voz – Hoy 22:45”.

La quinta acepción de la palabra “ruido” en el DRAE lo define como “interferencia que afecta a un proceso de comunicación”. Y, en efecto, la molestia que supone ese gigante moscón publicitario colocado horas y horas de forma ininterrumpida sobre la pantalla en donde los espectadores estamos intentando seguir una entrevista o el capítulo de una serie es comparable a la que sentiríamos si nos estuvieran susurrando continuamente por el canal de audio “La Voz – Hoy 22:45”, “La Voz – Hoy 22:45”, “La Voz – Hoy 22:45”. Agresivo, como un email escrito en mayúsculas. Irritante, como las llamadas de Vodafone. Estridente, como un “Tu cara me suena” en el que todos los miembros del jurado fueran Ángel Llácer. Es posible que Antena 3 o Telecinco lo vean como un recordatorio, pero yo lo vivo como una advertencia: “Hoy a las 22 horas podrás ver el programa con el que llevamos molestándote todo este rato; a que te apetece”. Y necesito zapear hacia otra cadena que tenga su esquina superior derecha en silencio.

19/1/19

ORDENA TU TELE, ORDENA TU VIDA

Desde su comentadísimo reality “¡A ordenar con Marie Kondo!” (Netflix), la gurú del nuevo orden mundial -perdón, quise decir “la nueva gurú mundial del orden”- pretende que Occidente entero reordene sus viviendas para reordenar sus vidas. Sus consignas están por todas partes: la ropa ha de ser doblada y almacenada de forma vertical, transmitiéndole amor con nuestras manos; hay que deshacerse de los objetos de nuestra casa que no nos proporcionen felicidad; las paredes vacías nos ayudarán a reducir el estrés; una casa armónica no debería contener más de treinta libros; los objetos pertenecientes a la misma categoría deberán guardarse juntos, los objetos pertenecientes a distintas categorías deberán guardarse separados. Aquéllos que siguen este método se encuentran más serenos, tienen relaciones más saludables y la piel más tersa. Ordena tu casa, ordena tu vida.

Así que, siguiendo la línea de Marie Kondo, presento oficialmente el método Antonio Rico para reordenar la televisión en cada casa, y, de esta forma, reordenar nuestras vidas. En primer lugar, debemos eliminar todo lo superfluo de nuestra parrilla de cadenas sintonizadas, hasta quedarnos con no más de tres canales. Cuando zapeemos, debemos intentar transmitir amor al apretar los botones del mando a distancia. Debemos ordenar por categorías los programas que vemos, no mezclando en el mismo día informativos con series, o concursos con realities. Y nunca debemos ser espectadores de programas que no nos proporcionen felicidad.

Créanme, este método me ha hecho reentender mi vida de una manera nueva. Una placentera calma me invade, me llevo mejor que nunca con mis vecinos. Y no crean que fueron necesarios grandes cambios para lograrlo. De hecho, todo empezó a mejorar desde el primer programa eliminado, el más superfluo de todos, el que menos felicidad me proporcionaba. Y respecto a la tersura de mi piel, fue deshacerme de “¡A ordenar con Marie Kondo!” y se me quitaron inmediatamente unas arrugas en el ceño que me afeaban desde la primera vez que oí hablar de Marie Kondo.

18/1/19

BABAS Y MOCOS


Enhorabuena a Dani Mateo. Ni la Fiscalía ni el juez ven ofensa en algo tan inofensivo como simular sonarse los mocos con nuestra bandera. Habrá quien considere justo al juez, y quien no. En caso de duda, un cristiano siempre puede esperar a ver en el más allá cómo juzga Dios a los actores. Por ejemplo, a F. Murray Abraham, que interpretando al atormentado músico Antonio Salieri en “Amadeus” (Milos Forman, 1984) realmente quemó un crucifijo arrojándolo a las llamas. ¿Vale un Oscar la condenación eterna?

Aquí estamos de acuerdo con la Fiscalía, que pidió que se archivase la denuncia, y con el juez, que decidió ese archivo por considerar que el sketch de la bandera “se trata de una actuación humorística” sin relevancia penal. Hay que alegrarse porque ha ganado la libertad de expresión, la democracia y la tolerancia. Pero detrás de esas grandes palabras ha ganado una persona a quien debemos muchas risas gracias a su oficio de humorista en la tele: Ana Morgade.

Desde que empezó este jaleo nos estábamos olvidando de lo mal que lo tenía que estar pasando la pobre Morgade. En 2014 protagonizó en “El club de la comedia” un sketch muy similar al de Mateo en el que también simulaba sonarse los mocos con nuestra bandera. Nadie la denunció. Nadie la persiguió. Nadie la insultó. Nadie la amenazó. Nadie la obligó a ir a declarar a un juzgado. Ninguna empresa le retiró su patrocinio. No perdió ningún contrato. A ella no le pasó nada, y a Mateo le hicieron la vida imposible. ¿Tan mal lo hizo Morgade? ¿No había simulado bien el estornudo? ¿No parecía que se estaba sonando? ¿Nadie reconoció la bandera? El archivo de la causa contra Mateo deja las cosas claras: Morgade no hizo mal su trabajo, los dos skeches son iguales, en ninguno de los dos hay ofensa ni causa penal ninguna. La diferencia entre ambos es que ahora hace falta que intervenga un juez porque los guardianes de las esencias están desatados. Ahora los símbolos están a salvo, es España quien corre peligro de llenarse de babas y mocos.

17/1/19

VER PARA LEER


Cuando Juan Cueto falleció, la cueva del dinosaurio todavía estaba allí. Estaba repleta de invitados, y cientos, miles, de teles encendidas. Antes de él, había muchas otras cuevas de gran prestigio porque tenían vistas a lugares ilustres como la literatura, la arquitectura o el cine. Eran, además, cuevas ocupadas por grandes sabios y especialistas enfrascados en arduas y hondas reflexiones. Cueto podía haberse quedado en cualquiera de ellas, pero prefirió construir su propia guarida.

Hace años, el dinosaurio Juan Cueto excavó una cueva nueva, y ante el desconcierto general la orientó hacia la tele. Fue su primer habitante. No fue el primer español en ver la tele, qué va. Todo el mundo la veía, ese era el problema. Se daba por sentado que la tele era demasiado popular y accesible como para tener, además, importancia. Solo era la caja tonta. Empezó a dejar de serlo cuando aquel solitario dinosaurio, desde su cueva, inventó la crítica de televisión en España. Sus artículos iban más allá de la lucidez, la inteligencia, la agilidad, el ingenio o el sentido del humor, más allá de que se pudiera estar de acuerdo o no con ellos. Enseñaron que no se puede vivir en el mundo ni entenderlo estando de espaldas a él, que las pantallas habían llegado para quedarse, y que, en fin, había que ver la tele aunque solo fuera para leer sus artículos después.

Hoy la tele son muchas teles, y la crítica de televisión son muchas críticas. Cueto recogió ese fuego y lo repartió entre todos para que todos podamos hablar de televisión sin miedo a los dioses. Él nos enseñó que no hay que apagar la tele, sino que hay que saber encenderla. Y que cuantas más teles, mejor, porque ensanchan la mirada.

Juan Cueto, el dinosaurio que construyó la cueva que habitamos y nos inoculó su pasión catódica, ha muerto. La tele no se detuvo cuando ocurrió esto porque la realidad no puede detenerse. Quienes nos refugiamos en su cueva, vecina de la de Platón, no podemos sino rendirle homenaje retirando los velos negros de aquel luto antiguo que oculta espejos y pantallas. Cueto ha muerto, encendamos la tele.

16/1/19

SÓCRATES SEAL


En la película “Kong, la isla Calavera”, Bill Randa (John Goodman) es miembro de “Monarch”, una organización secreta estadounidense que intenta demostrar la existencia de monstruos que, muy pronto, intentarán arrebatar a la humanidad el control del planeta. Quién sabe, a lo mejor al planeta Tierra le iría mejor con los monstruos que con los seres humanos, pero los monstruos nunca serían capaces de producir un Fra Angélico, un Borges, una Curie o un Messi. En eso los humanos somos imbatibles. El caso es que el obstinado Bill consigue convencer al gobierno para que financie una expedición en busca de la isla de la Calavera y se revela como un fino psicólogo cuando dice que, al igual que su padre, nunca juzga a la gente por lo que bebe, sino por lo que aguanta. Muy bueno. Si llevamos a nuestro terreno la sentencia de Bill, tendríamos que decir que los que amamos la tele nunca juzgamos a uno de los nuestros por lo que ve, sino por lo que aguanta. ¿Usted ve “La historia secreta de los ovnis” (National Geographic), por ejemplo? Vale. Ahora bien, ¿usted aguanta mucho rato, y sin perder la paciencia, esa masa informe de tonterías extraterrestres narradas con tono de misterio? Pues lo siento, pero no pertenecemos a la misma especie teléfila, así que no nos podremos reproducir.

Exagero. Podría intentar reproducirme con un espectador que aguante “La historia secreta de los ovnis” porque, bueno, también podría pasar un buen rato con un tipo que cree en los monstruos de la isla Calavera. Pero he encontrado el límite absoluto de lo televisivamente soportable, y no es “Gran hermano”, ni siquiera Belén Esteban. Es “Entrenamiento Navy Seal” (Blaze), una porquería en la que psicópatas vestidos de negro con cara de malotes formados en los Navy Seals intentan destrozar física y psicológicamente a treinta tipos y tipas sin preparación militar. Lo peor no es la basura moral que constituye los cimientos de la aberrante concepción de la naturaleza humana que sostienen los “instructores” de “Entrenamiento Navy Seal”, sino la desquiciada y perversa interpretación del “conócete a ti mismo” socrático cuando esos “instructores” quieren convencernos de que pretenden que sus víctimas-concursantes se descubran a sí mismos. Abominable. Resulta que, para esos “instructores”, el conocimiento de uno mismo llega después de obedecer órdenes ridículas, soportar humillaciones, someterse sin rechistar a la voluntad de un superior, no hablar, no pensar, no cuestionar. Del “habla, para que te vea” de Sócrates, al “arrástrate, para que te vea” de los Navy Seals. ¿Quién puede aguantar a esos Sócrates Seal antisocráticos?

15/1/19

NETFLIX Y LAS HAMBURGUESAS VEGANAS

La emisión de “Bandersnatch” por televisión me extraña tanto como la venta de hamburguesas veganas en las carnicerías. Alguien no está sabiendo distinguir bien entre forma y materia. Las hamburguesas veganas tienen la forma de las tradicionales hamburguesas de ternera, es cierto, pero su materia no está hecha de proteínas y grasas animales, sino de lentejas, zanahorias y guisantes. Obviamente, deberían venderse en las fruterías, al lado de las patatas, el cebollino y los nabos, y muy lejos del hígado, las pechugas de pollo y la morcilla de León.

Y “Bandersnatch”, se mire como se mire, es un vídeojuego y no un capítulo de televisión. Como sabrán, me refiero a la nueva entrega de “Black mirror”, nuestra serie distópica favorita. En este caso, se destaca su carácter interactivo, de forma que el espectador, con las decisiones que toma a través de su mando, va guiando al protagonista a través de la aventura. Algunas opciones conducen a puntos muertos o a finales prematuros, mientras que otras consiguen llevar hasta su término la historia que se nos quiere contar. No hay duda: acabo de definir qué es un vídeojuego. “Bandersnatch” tiene la forma de un episodio televisivo, pero tiene la materia de un vídeojuego -un vídeojuego de gráficos muy sofisticados, sin duda-, y, como tal, debería jugarse en la PS4 Pro o en la Nintendo Switch más que en Netflix.

Todo iría mejor si distinguiéramos correctamente entre materia y forma. La obra de Leonard Cohen tiene forma musical, pero su materia es literaria. El independentismo catalán es un movimiento de forma izquierdista, pero su materia está compuesta por la derecha más pura. Los murciélagos tienen forma de aves, pero materia de mamíferos. Si no puedo comprar un entrecot en una frutería, no quiero comprar una hamburguesa vegana en una carnicería. Si no puedo ver la magnífica “A very English scandal” en la Xbox One X, no quiero jugar una partida de “Bandersnatch” en Netflix.

14/1/19

LA DISCAPACIDAD COMO DECORACIÓN


(A partir del minuto 9:55)

No entiendo lo que he visto en el capítulo 4 de la serie “Canciones que cambiaron el mundo” de Movistar+. Se titula “Los tiempos están cambiando” y trata sobre el papel que desempeñaron algunas canciones en los cambios sociales ocurridos a lo largo de las últimas décadas. Como es habitual en la serie, se mezclan imágenes y entrevistas con un set acústico en donde Zahara, acompañada por diferentes músicos y cantantes, interpreta alguno de estos temas. En este caso es Rozalén la que se une a Zahara, y Rozalén viene con Bea, un miembro más de su banda que traduce al lenguaje de signos las canciones en atención a las personas con discapacidad auditiva.

Hasta aquí todo es perfecto. Pero cuando comienza la canción descubrimos que el realizador ha montado las imágenes sin entender que Bea ha de estar permanentemente en pantalla, al menos durante los momentos en los que Zahara o Rozalén están cantando. Oímos la guitarra aunque no la veamos. Incluso podemos escuchar a las cantantes sin que la cámara las enfoque. Pero la labor de Bea desaparece si no la vemos. Se nos ofrecen planos generales, planos de los rostros de los artistas, planos de detalle, manos, pies, instrumentos. Con el cronómetro en la mano, la traducción de Bea se nos muestra alrededor del diez por ciento del tiempo de la canción, fragmentada al azar, limitándose a unos cuantos gestos aislados que en absoluto permiten a las personas con discapacidad auditiva hacerse una idea del contenido de la canción.

¿De verdad que nadie cayó en la cuenta de lo frívolo que es incluir a una traductora al lenguaje de signos y después hacer que no se la vea durante el noventa por ciento del tiempo que está traduciendo? ¿Son los criterios estéticos de realización y montaje más importantes que la atención a la discapacidad que supone el trabajo de Bea? ¿No da la impresión de que el responsable de la serie dio un uso más decorativo que funcional al papel desempeñado por la traductora que acompaña a Rozalén?

13/1/19

MENTIRA DE VERDAD


Nunca duró menos el margen de confianza que una cadena de televisión concedió a un espacio nuevo. Una emisión dio Cuatro al equipo de “Todo es mentira” para que demostrara de qué era capaz haciéndonos el humor. Fue la tarde del pasado martes, el día de su estreno. Al día siguiente, Cuatro ya le retiró su confianza. Pero no hizo algo tan feo como eliminarlo de la parrilla. Hizo algo peor: transformó “Todo es mentira” en un programa subsidiario de “Gran Hermano”, lo condenó a ser un resumen diario de “GH” disfrazado, le cortó las alas al hermoso dragón que representa al programa para convertirlo en una gallina que revolotea alrededor de “GH” con un vuelo condenado a ser corto, torpe y, lo que es peor, inofensivo.

“Vamos a luchar contra la mentira con el arma más peligrosa de la actualidad: el humor”, anunciaba Risto Mejide al frente de un equipo de colaboradores capaces de cumplir una amenaza tan prometedora. No han podido. La misma noche del estreno de “Todo es mentira” en Cuatro, Telecinco estrenaba “GH Dúo”, y ya al día siguiente Mediaset aplicó el efecto avalancha con el que sus irreales realities lo arrasan todo. Ya no basta con poner todos los espacios de Telecinco al servicio de su monocultivo televisivo trimestral. Ahora dispone de segundas cadenas que tienen que pedalear para llevarle agua al jefe de filas. Y programas que podrían brillar por sí mismos en cadenas pequeñas con horarios difíciles como humildes pero orgullosas estrellas enanas, se reducen a ser satélites que giran en torno a un planeta gaseoso que huele fatal, alrededor de la estrella de la muerte. Telecinco estranguló “Sé lo que hicisteis” impidiéndole emitir sus imágenes. Ahora asfixia “Todo es mentira” obligándolo a emitirlas.

Viendo que la audiencia fallaba, el viernes Risto hizo autocrítica en directo y anunció que seguirá sin guion. A sus colaboradores les va la marcha y harán eso y más. Otra cosa es que les dejen de verdad contarnos sus mentiras. Ojalá pudieran, demostrando su manejo de esa peligrosa y deliciosa arma que es el humor. Así veríamos crecer la lúcida, divertida y actualizada versión que a diario ofrece Marta Flich de aquel inolvidable “Curso de ética periodística” que Juanjo de la Iglesia hacía en “Caiga quien caiga”. Por ejemplo.

12/1/19

CON RESPETO


Entrevista de Sandra Sabatés a Sara Gómez en la sección “Mujer tenía que ser” de “El intermedio”. Lo que contó esta ingeniera y directora del proyecto “Mujer e Ingeniería” fue tan valioso y esclarecedor que no queda otra que discutirlo. Ya saben cómo va esto: el respeto a los demás estriba en escudriñar sus tesis, en criticar sus palabras, en no respetar sus opiniones.

Gómez habla de la situación de la mujer en la ingeniería y la tecnología. ¿Por qué hay solo un 25% de alumnado femenino? “Es un problema estructural, social, cultural y de estereotipos”. “A los 4 años, niños y niñas tienen la misma percepción de las materias. A los 5 creen que las ciencias son más difíciles. Desde los 6 piensan que lo difícil es para genios, y los genios son ellos”. “Están rodeados de estereotipos, empezando por los juguetes: las niñas juegan con actividades más de servicio a los demás, los chicos no. También faltan referentes femeninos”. “Los varones que empiezan una ingeniería creen que las mujeres que se encontrarán en primero serán listas, peleonas, raras y feas”. “En mi primera experiencia laboral, lo primero que escuché fue ‘en contra de mi voluntad la hemos escogido frente a su competidor, que era un hombre. Tiene usted que demostrarme el doble que él para que la considere la mitad’”. “Los primeros meses era medirte permanentemente, darte los trabajos más hostiles, viendo que te miran y te miden, que te ponen preguntas trampa, que desaparecen informes”.

¿Cómo se combate esto? “La educación es la clave, es la palanca más poderosa”. Sí, lo sería si la falta de educación fuera la causa, pero no lo es. El problema estructural, la desigualdad en el trabajo y el techo de cristal siguen ahí. A no ser que con educación vaya más allá de la preparación académica de las mujeres e incluya todo lo que enseñamos a los niños para que se crean que hay que ser un genio para estudiar ciencias, que las mujeres ingenieras son raras y feas, y que un hombre es preferible a una mujer en el trabajo. En ese caso, debería haber empezado por señalar a esas personas respetables que quieren para sus hijos una educación que se atenga a su ideario y sus valores, una educación que no habría que respetar porque frena el avance hacia una sociedad más igualitaria, moderna y justa.

11/1/19

LA ALDEA GLOBAL ESTÁ EN ZAMORA


Pues resulta que Marshall McLuhan se equivocaba. La aldea global no tiene que ver con la hiperconectividad, el efecto mariposa o la ecología política, sino con el tocino, los puticlubs y los vasos de duralex ámbar. Lo que une a una policía local de Dakota del Norte con una guardia civil de Zamora no es el cambio climático o la posmodernidad, sino la cocaína y las imágenes religiosas. Antena 3 estrenó el pasado miércoles “Matadero”, una de sus apuestas de ficción más interesantes de esta temporada y nos dejó boquiabiertos a todos con su carajillo de thriller mestizo, música de Julio Iglesias y comedia negra. Pero lo más interesante es que esa sensación de drama rural de aquí, de matanza del cochino, de Simca 1000, podría convertirse sin ningún problema en la cuarta temporada de “Fargo”, la brutal y buenísima serie norteamericana de FX que narra historias también carajilleras y sangrientas en el norte de Estados Unidos.

“Matadero” no oculta su voluntad de convertirse en la franquicia ibérica de “Fargo”, desde los carteles iniciales hasta el personaje de la joven guardia civil, pasando por esos planos cenitales de coches solitarios a través de carreteras secundarias que captan con su alma geométrica el peso de la monotonía. Pero la calidad de “Matadero” consigue alejar toda sombra de secuela o de plagio. El primer capítulo fue la prueba de la universalidad de la condición humana cuando se enfrenta a situaciones semejantes, se encuentren en el punto del planeta en el que se encuentren, sean del sexo que sean o hablen el idioma que hablen. No es que “Matadero” copie a “Fargo” -bueno, vale, sí, pero eso ahora es secundario-, es que el retrato de un veterinario de Torrecillas (Zamora) ha de parecerse al retrato de un carnicero de Luverne (Minnesota).

Quizá la aldea global ya existía antes de los smartphones y Netflix. A lo mejor la formó la estabulación del ganado y la desmotadora de Whitney. Y el revólver de Samuel Colt, claro, que va a tener que aprender a usar Pepe Viyuela en la Castilla y León universal. Toma nota, McLuhan.

10/1/19

"LA VOZ" AFÓNICA


Lo único que puedo soportar de “La Voz” es la voz. La voz de los concursantes. Sólo eso. Todo lo que no es la voz en “La voz” es horroroso. La cabecera, las muecas de Paulina Rubio, el plató, las expresiones de Paulina Rubio, las entrevistas con las familias, las poses de Paulina Rubio, la selección de las canciones, los gestos de Paulina Rubio, las sillas que se giran, la ropa de Paulina Rubio, todo lo que tenga que ver con Luis Fonsi, los canturreos de Paulina Rubio, el logotipo, los primeros planos de Paulina Rubio, todo lo que tenga que ver con Pablo López, la risa de Paulina Rubio, las sintonías, los planos medios de Paulina Rubio, la iluminación, los gritos emocionados de Paulina Rubio, todo lo que tenga que ver con Antonio Orozco, el divismo de Paulina Rubio, el maquillaje, el estilismo, el community manager, las lágrimas de los concursantes, las lágrimas de los familiares, las lágrimas de los coaches, las promociones en todos los programas de Antena 3 y La Sexta, y, no sé si lo he dicho ya antes, Paulina Rubio.

Todo esto no sería un problema si “La Voz” tratara básicamente sobre la voz. La voz de los concursantes. Y solamente de forma secundaria se dedicara a cualquiera de los otros treinta elementos que he relatado en el primer párrafo. Pero no es así. “La voz” podría llamarse “Las muecas de Paulina Rubio”, “Las entrevistas con las familias de los concursantes” o “Las promociones en todos los programas de Antena 3 y La Sexta”, y el título del programa describiría su contenido de forma más fiel que “La Voz”. Al igual que ocurre con el zumo de naranja en algunos “Zumos de naranja”, la voz es el ingrediente número treinta y uno del programa “La Voz”, y, al igual que ocurre con el cacao en el chocolate blanco, nos sorprenderíamos de lo bajo que es el tanto por ciento de voces que se incluyen en la composición de “La Voz”. Como me gusta la voz, no veré “La Voz”. Y como no me gusta Paulina Rubio, tampoco veré “La Voz”.

9/1/19

LA VIDA EN LA NORIA


En la película “El tercer hombre”, el inteligentísimo y malvado Harry Lime pone los pelos de punta a su amigo Holly Martins (y a todos los espectadores) cuando expone su amoral visión de la historia con estas terribles palabras: “En Italia, cuando mandaban los Borgia, hubo mucho terror, guerras y matanzas, pero también fue la época de Miguel Ángel, de Leonardo da Vinci y del Renacimiento. En Suiza pasó lo contrario: hubo quinientos años de amor, de democracia y de paz. ¿Y cuál fue el resultado? El reloj de cuco”. La devastada Viena de “El tercer hombre” era el lugar perfecto para tipos como Harry, capaces de hacer cualquier cosa (robar penicilina y venderla adulterada en el mercado negro, por ejemplo) con la excusa de que el Renacimiento es mejor que el reloj de cuco. La explosión de documentales sobre el ascenso y caída del nazismo, el Holocausto, el ocultismo nazi, las megaestructuras nazis y mil cosas nazis más ha dejado una profunda huella en la programación televisiva del año recién finalizado y podría dar la razón a Harry Lime porque, la verdad, no hay muchos documentales sobre la Suiza neutral (ejem), pero Canal Historia y National Geographic han encontrado un filón en la Alemania nazi. Sin embargo, Harry se equivocó en casi todo.

El ensayista israelí Yuval Noah Harari aclara en “Homo Deus” que Suiza fue probablemente el rincón más sanguinario de la Europa moderna temprana (su principal exportación eran soldados mercenarios), y el reloj de cuco lo inventaron los alemanes. Pero lo que Harry quiere decir cuando habla con su amigo Holly en la noria del Prater vienés es que la guerra y la violencia empujan a la humanidad a nuevos logros, a grandes innovaciones. En fin. La guerra no fue la causa del Renacimiento, pero es cierto que sin el nazismo no existiría el subgénero del documental nazi, los independistas catalanes no podrían llamar “nazis” a sus adversarios y esos adversarios no podrían decir que los nazis son Torra y compañía. Mi deseo televisivo para el nuevo año es que podamos ver más documentales sobre el reloj de cuco para que los independentistas catalanes y los políticos de derechas se insulten de forma más creativa. “Es usted un reloj de cuco sin cuco, señor Rivera”, dirá Rufián. “Pues usted es un reloj de cuco estropeado, señor Rufián”, dirá Rivera. Y así, con relojes de cuco, la vida en esta noria vienesa en la que estamos metidos tendrá al menos otro color y el nazismo se quedará en el blanco y negro de los documentales de National Geographic. Algo es algo.

8/1/19

LA BÁSCULA TV


Venga, muchachada, que la cuesta de enero no es para tanto. Es que nos pesa el culo y se nos hace aún más cuesta arriba. ¿Cuántos kilos ganamos estas fiestas? ¿Un par? ¿Más? No pasa nada, eso se pierde en un pispás. Solo necesitamos un buen plan y la tele lo tiene. La tele está aquí para eso, para ayudarnos.

Ni los compañeros de trabajo, los amigos o la familia nos quieren como la tele. Ellos solo se interesan por llevarnos de banquete en banquete por comidas de empresa, reuniones de amigotes y celebraciones familiares. Lo fácil. Pero, cuando pasan las fiestas, ¿dónde están todos? Desaparecen y nos dejan con los kilos de más. La tele es diferente. Es verdad que nos tienta todo el rato con platos, postres, recetas, aderezos, dulces y tradiciones que son bombas calóricas, pero luego no nos abandona.

Casi a mediados del pasado mes de diciembre, Telemadrid terminó de emitir la primera temporada del concurso “La báscula”. Durante tres meses, Luján Argüelles aplicó a 16 participantes un plan de adelgazamiento que concluyó justo esos días en que las primeras comidas de empresa dan el pistoletazo de salida a las comilonas navideñas. Ni tan feliz casualidad puede ser una simple coincidencia, ni tan feliz coincidencia puede ser una simple casualidad. Pasa como esas veces que vamos con prisa a un sitio para no llegar tarde y, viendo que logramos llegar en diez minutos, cuando volvemos salimos aún más tarde porque vimos que en diez minutos llegamos de sobra. Pues con “La báscula”, igual. Adelgazar está chupao.

La concursante que menos adelgazó en “La báscula”, perdió doce kilos. O sea, que no pasa nada por engordar en Navidades. El que menos, con la tele adelgaza doce kilos en tres meses, que serían veinticuatro en seis meses, y cuarenta y ocho en un año. Eso, como poco, que el ganador perdió treinta y cuatro en un trimestre. Y ahora que sabemos que todo está bajo control porque la tele tiene un plan para nosotros, podemos zamparnos tranquilamente esos postres navideños sobrantes. Sabemos que para el año que viene caducan y no están las cosas como para tirar nada.

7/1/19

BOLLERÉ, QUÉ PAPEL


Mi cantante preferida no es Amy Winehouse; ni mi actor, Robin Williams; ni mi humorista, Chiquito de la Calzada; ni mi presidente, Pedro Sánchez. Sí que mi canción favorita de Raimundo Amador es “Bolleré”, la que canta y toca junto al gran B.B. King, a quien nunca dijo que se trata de un homenaje a un papel de liar. Diciendo esto no quiero matar a Sánchez ni hacerlo inmortal, no quiero que la gente fume ni deje de fumar, ni quiero que la gente diga ni deje de decir mentirijillas a grandes héroes del blues para legar una obra de arte a la posteridad. Solo quiero evitar malentendidos y que los Reyes Magos repartan papel de fumar, papel para todos, papel del que canta Raimundo; papel que, según él, es el más fino del mundo.

Los ofendiditos han vencido. El anuncio buenista de Campofrío solo ha empeorado las cosas. Huir de la espuma batida de las redes sociales da igual porque los informativos recogen cada ofensiva ofensa y su correspondiente contraofensa contraofensiva hasta el aburrimiento. Fue horroroso encender la tele y ver que, junto a las cabalgatas, la noticia del día fuera que acusan al Partido Popular de incitación al crimen, fomento del asesinato e intento de homicidio por reenviar una broma de un humorista que pasaba por allí, un tipo que hizo un chiste simulando ser un padre que simulaba leer una carta que simulaba haber sido escrita por su simulado hijo simuladamente destinada a sus reales majestades, lo único real que había en la broma aquella.

La periodista Ana Pastor y JuanLu De Paolis, director de “Salvados”, aprovecharan (ya les vale) para hacer sangre en vez de ponerse del lado de la libertad de expresión que sujeta el suelo que pisan. Hasta yo (ya me vale) estoy a punto de indignarme viendo las faltas de ortografía, la mala redacción y los errores de sintaxis de la dichosa carta que escribe el niño. Así que, queridos Reyes Magos, visto que aquí todos nos la cogemos con papel de fumar, ándense con cuidado y dejen de tirar caramelos —caries envueltas en celofán— y sustitúyanlos por paquetitos de ese papel que quita las penas para que todos podamos ser felices cogiéndonosla con papel de fumar.

6/1/19

SODOMA Y GOMORRA TV


20Y el seis de enero el Dios de las Televisiones se apareció a los críticos de televisión y así les habló: 21“Sabed que ya las Pascuas de la Natividad han terminado, y me comentan que la programación televisiva fue verdaderamente espantosa. 22Es por ello que he decidido destruir por completo la Navidad televisiva haciendo llover fuego y azufre sobre ella hasta que no quede ni una sola imagen sin achicharrar. Os lo digo por si tenéis familia o amigos a los que queráis salvar. Avisadles rápido, pues ya se avecina el tiempo de mi ira”.

23Uno de los críticos, con voz grave y respetuosa, se dirigió al Dios de las Televisiones: 24“Mi Señor, justo entre los justos, juez de jueces, ¿va a quemar al buen programa al lado del malo? ¿No Le apena que pueda haber veinte buenos momentos de la Navidad que vayan a arder al lado del concierto de Rosana?”. 25Y el Señor contestóle: “Bien hablas; ve y tráeMe veinte buenos programas, pues por ellos salvaré a toda la programación de Navidad”. 26Pero el crítico no pudo encontrar veinte. 27Otro periodista entonces imploró al Dios de las Televisiones: 28“Perdone mi insistencia, oh, bondadosísimo padre que nos quiere calcinar bajo azufre a todos, ¿y si fueran diez? ¿Acaso diez buenos programas no merecen recibir el perdón de Aquél que ha forjado una alianza eterna con nuestro medio?”. 29El Señor asintió y convino con el periodista: “No destruiré la Navidad televisiva si Me traes esos diez programas”. 30Pero éste fue incapaz de hallarlos.

31Y entonces un tercero tomó la palabra: “Sé que Le puede parecer un atrevimiento y aceptaré el castigo por proponérSelo, pero, ¿y si hubiera sólo uno? ¿Aceptaría salvar la Navidad si le traigo un solo gran momento?”. 32El Dios de las Televisiones concedió tal gracia al tercer crítico, que rápidamente Le mostró el especial de “Cachitos de hierro y cromo” de Nochevieja. 33El Señor lo revisó entero y, a su término, mandó que retiraran los tanques de ácido sulfúrico que había traído. Se alejó murmurando muerto de risa: Bertín Osborne, la Vox, qué jefes…”.

5/1/19

¡POR DIOS, QUÉ PESTE!


Esto no hay quién lo soporte. Abrid una ventana. Que haya algo de corriente. O, al menos, apagad la televisión hasta que pase la noche de Reyes. Entre los informativos de la cena de Antena 3 y el comienzo de “El hormiguero” he contado -este dato es cierto, juro que no exagero- treinta y dos anuncios de perfume. Treinta y dos. ¿Sabéis lo que es oler treinta y dos perfumes a la vez? El ambiente en la salita se ha vuelto irrespirable. Es como tener metida la nariz simultáneamente en el sobaco de treinta y dos miembros de la nobleza. La palabra “perfume” significa en su origen “a través del humo” y yo ahora estoy respirando entre treinta y dos bombas de humo que me han lanzado en pocos minutos.

Que no discuto que, individualmente percibidos, Única de Adolfo Domínguez, Good Girl de Carolina Herrera o The Scent de Hugo Boss sean fragancias deliciosas. Pero si aspiras al mismo tiempo Armani Code, Women de Calvin Klein, Eau de Rochas, Acqua di Gio, Yes I am de Cacharel -no confundir con I am de Chloe, o confundir, que va a dar lo mismo-, Black Opium de Yves Saint Laurent, Pure XS de Paco Rabanne, Sí passione de Giorgio Armani, y The Only One de Dolce y Gabanna puedes sufrir una experiencia lisérgica semejante a coger todos los colores de la paleta de un pintor, mezclarlos y frotarte la cara con ellos.

Demasiadas bellísimas mujeres enigmáticas perdiéndose entre las sombras, demasiados torsos masculinos, demasiados eslóganes para débiles mentales recitados con un mareante acento francés. Muchas más piscinas de las que serían razonables. Languidez y pasión a partes ridículamente iguales. Qué peste. No hay quién respire aquí. No queda más remedio que abrir la ventana en mitad de la noche, con el frío que hace. Estamos a bajo cero. Suerte que, al menos, cada seis o siete anuncios de perfumes, ya se coloca un anuncio de Couldina o Frenadol. Nos van a hacer falta a partir de mañana. Qué puñeteros los publicistas. Cómo están en todo, los jodíos.

4/1/19

VEO, VEO


Veo, veo que me vengo arriba. Es lo que tiene jugar a ser adivino cada inicio de año. Veo, veo que a los tarotistas televisivos les pasa igual. Por mucho que predigan a lo loco es imposible fallar siempre, así que muchos acaban creyendo sus propias tonterías.

Veo, veo que tras varias temporadas haciendo de vidente y con unas cuantas casualidades, chiripas y coincidencias a mis espaldas, me siento capacitado para ponerme arrogante en mis vaticinios. Veo, veo que si fallo, olvidaré la predicción y seguiré como si nada. Y veo, veo que como acertar, acierte, voy a darme más importancia que Íker Jiménez cuando mira fijamente a cámara.

Hablando de la bicha, veo, veo que “Cuarto milenio” seguirá en antena siendo el programa más longevo de Cuatro, y el que más desprestigia a la cadena. Y continuará intentando hacernos creer que es un programa científico que también se ocupa de fenómenos paranormales. Piensa que cada vez que en algún sitio pasa algo, a su lado aparece un cartelín que unas veces dice “Hola, soy un fenómeno normal al que se puede aplicar el método científico; a ello, campeones”, y otras dice: “Hola, soy un fenómeno paranormal al que no se puede aplicar el método científico ni se puede entender racionalmente ni nada, así que para hablar de mí en la tele apaguen las luces del plató y pongan música de mieditis que se van a cagar”.

Pero también veo, veo que Jiménez seguirá siendo un pupas que se siente perseguido, incomprendido y minusvalorado. Como si no ganara bastante pasta con el negocio que tiene montado que encima quiere aplausos. También seguirá jugando a ser un Pepito Grillo que denuncia injusticias y un valiente que dice verdades como puños. Como el otro día, que aprovechó la ola de indignación surgida tras el asesinato de Laura Luelmo para cuestionar un sistema judicial que busca la reinserción y va más allá de la venganza. Por eso, mi predicción es que si las cosas están así de mal en un programa de cuentos de miedo para niños grandes, en 2019 habrá que tener mucho más cuidado con la tele: cuanto más la miro, miro; más populismo veo, veo.

3/1/19

POR LA ACERA DEL OBISPO DE ALCALÁ


El obispo de Alcalá, con la estola almidoná y los salmos apoyaos en la cadera, ha vuelto. De nuevo está en el ojo de otra polémica televisiva. Y van unas cuantas. Tantas como las veces que TVE le puso a tiro la posibilidad de oficiar una misa retransmitida en directo por La 2 dentro del programa dominical “El día del Señor”. “Muy La 2”, como dice Alberto Casado en “Ese programa del que usted me habla”.

Juan Antonio Reig Plá, con casulla almidoná y los óleos apoyaos en la cadera, no pierde ocasión. Le va la marcha. Como la libertad de expresión no atraviesa sus mejores momentos, aquí no tenemos ninguna duda: no solo defendemos que disponga de “El día del Señor” (igual que los ateos deberían disponer de “El día de ningún Señor”), defendemos que el señor debería tener a su disposición un espacio semanal que le sirva de púlpito para su grey. Como el informativo monárquico “Audiencia abierta”. Como el espacio taurino “Tendido cero”. Igual de friki, pero dedicado a la divulgación de la doctrina oficial de la Iglesia sin paños calientes, moderneces ni pamplinas. A ver si nos enteramos todos, en estos tiempos de relajación de las costumbres y frivolidad en las creencias, del credo con el que comulgan quienes comulgan.

El obispo de Alcalá, con la mitra almidoná y el cíngulo amarrao a la cadera, debería ser la estrella del nuevo programa. Tiene hambre de cámara y sed de micrófono. Sería hermoso que TVE hiciera con él una obra de caridad dando de comer al hambriento y de beber al sediento. Reig sería un influencer más famoso de lo que en su día fue el padre Apeles. Más de lo que hoy es el telepredicador Revilluca. Podría explicarnos con detalle todo lo que piensa sobre la homosexualidad, los métodos anticonceptivos, el divorcio, la inmigración, la secularización, la sexualidad no orientada a la procreación y el peligro que se oculta tras las libertades individuales. Iba a dar gusto ver cómo la audiencia viene y va por la acera del obispo de Alcalá. Eso sí, TVE debería poner más cariño que ahora, que no se le ocurrió otra cosa que enchufar en medio de su  último sermón un primer plano de una pobre niña bostezando muerta de aburrimiento.

2/1/19

EL GONG DE LAS 12


El gran Cicerón decía que el sonido del gong que indicaba la apertura de los baños era un sonido más dulce que las voces de los filósofos en sus escuelas. En la Nochevieja televisiva, los programadores lo tienen tan claro como Cicerón. Nada de filosofías, nada de reflexión, nada de interpretar el mundo de muchos modos y, muchísimo menos, nada de transformar las cosas. Suena el gong, es decir, las campanadas de fin de año, y todos nos lanzamos a ver el vestido de Pedroche para después alucinar en plan los Beatles en “Yellow Submarine” con la manga imposible del vestido de Igartiburu. Es así. Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios, escribió Chesterton, no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo. Ya no creemos en la capa de Ramontxu, pero eso no significa que no creamos en las magníficas horteradas que rodean al gong de Nochevieja, sino que  estamos a dispuestos a creer en todo, hasta que el no-vestido de Pedroche es un vestido y la manga alucinógena del vestido de Igartiburu es una manga. Pero, sobre todo, creemos en José Mota.

La tradicional parodia que Mota ofrece antes del gong fue un intento de reflexión, interpretación y transformación a golpe de humor blanco y amable. Mota, demostrado una lucidez digna de Aristófanes, se queja de que la actual generación de políticos es menos imitable que los Suárez, Fraga, Carrillo o Guerra (y, por supuesto, Aznar). Es muy difícil parodiar a Pedro Sánchez, Pablo Casado o Albert Rivera, tres políticos que parecen intercambiables porque, del mismo modo que nos cuesta recordar qué películas protagonizaron Dustin Hoffman, Robert De Niro y Al Pacino porque los tres actores están mezclados en nuestros recuerdos cinéfilos, a veces no sabemos muy bien si tal ocurrencia es de Sánchez, de Casado o de Rivera. La idea de los “Retratos salvajes” de Mota es fantástica: los políticos están aquí para entretenernos, y si sus voces o aspectos no son susceptibles de comedia, entonces no sirven en su puesto. Genial. Aristófanes estaría de acuerdo.

Después del gong, lo de siempre. Con una lección: los divertidos “Cachitos de hierro y cromo” en La 2 nos permitieron mirar con ternura a los artistas y canciones de ayer; y los artistas, políticos, Pedroches e Igartiburus de hoy no deberían olvidar que mañana sólo serán cachitos de nube y YouTube tras el gong.