20/8/19

LOS INSUSTITUIBLES SUSTITUIDOS

Con tesón, trabajando duramente mientras buena parte del país descansa, mostrando su talento obtenido con esfuerzo, los presentadores sustitutos de los magacines veraniegos matinales están demostrando a lo largo de este agosto que son capaces de realizar programas igual de malos que los que presentan las grandes estrellas de sus cadenas de septiembre a junio. Bravo, Joaquín Prat. Bravo, Lorena García. No es fácil de conseguir, porque para alcanzar el nivel de ruido, nadería y borrosidad que logran Susanna Griso y Ana Rosa Quintana al respectivo frente de “Espejo público” y “El programa de Ana Rosa” hacen falta años y años de curtida profesionalidad y entrega diaria a la labor, pero estos jóvenes periodistas están logrando igualar la dificilísima marca de las presentadoras titulares. A la vista del nulo interés de las horas de televisión que nos ofrecen cada mañana, a nadie le podría extrañar que, con el paso del tiempo y las tiemporadas, terminaran relevando a figuras como Griso y Quintana.

Esas tertulias políticas que se evaporan en el momento en el que terminan, esas crónicas de sucesos de actualidad que no han avanzado desde los cantares de ciego, esos recordatorios de que conviene beber cuando se tiene sed y descansar al volante cuando aparece el cansancio, esas noticias del corazón de gente que ejercita casi todos sus músculos menos el cardíaco. Parece fácil, pero hay que ser capaz de sacar adelante dos o tres horas de televisión diaria sin más materia prima que el vaho. Y, sin embargo, ahí está Joaquín Prat lográndolo día tras día, realizando una labor de la que Ana Rosa Quintana tiene que sentirse orgullosa. Y, sin embargo, ahí está Lorena García, consiguiéndolo mañana tras mañana, ¿quién pudiera en una prueba ciega distinguir su “Espejo Público” del que conduce Susanna Griso? Cada verano se demuestra el carácter sustituible de todas las figuras insustituibles de las cadenas: siempre hay profesionales capaces de hacerlo igual de mal que ellos. 

19/8/19

VIVA EL MAL... MENOR


Una de las dificultades que entraña relacionarse adecuadamente con otras personas es asumir que debemos premiar a quien lo hace mal. Debe uno ser capaz, por ejemplo, de felicitar a Jorge Javier Vázquez por encontrar tiempo en sus vacaciones para difundir fotos suyas desnudo para que veamos cuánto adelgazó. También hay que felicitar al concursante de “Supervivientes” Maestro Joao por pegar con Photoshop una foto de su cara en el cuerpo que le gustaría tener y publicarla a ver si cuela. Incluso a Kiko Eldesálvame, artista anteriormente conocido como “Kiko Eldegranhermano”, porque tiene un programa de teletienda llamado “Mejor llama a Kiko” en el que vende productos de fantasía a las tantas de la mañana. Me explico.

Hay quien opta por darle leña a Jorgeja por ser un egocéntrico que, como no soporta dejar de ser el centro de atención en vacaciones, publica fotos suyas desde allá donde esté para que le hagamos casito, y encima quiere presentarlas como una “travesura” de chico malo. Pero lo que hay que hacer es premiarle. Por eso aquí le felicitamos, porque en vez de hacer el mal como suele, llenando la tele de mensajes retrógrados y casposos disfrazados de progresismo y modernidad, hace un mal menor, lo que es una mejoría en su trayectoria: se entretiene publicando unas fotos inocentes que no van más allá de su yo, él mismo, su inmenso egocentrismo y su propio mecanismo.

También es fácil criticar al Maestro Joao por publicar una foto de mentirijillas, pero sería un error. Le felicitamos porque mientras hace estas chiquilladas deja de lado los engaños más peligrosos de su oficio de timador que adivina el futuro gracias a ese invento suyo de la culomancia.

¿Y qué me dicen de Kiko? Claro que apetece darle, pero debemos tener en cuenta que a un tipo tan peligroso es preferible tenerlo entretenido haciendo un programa a unas horas locas en las que no hay ni Dios viendo la tele. Así que, chaval, sigue con tu “pulsera de la felicidad”, y deja esa tontería de “Sálvame” que te conviene más dormir la siesta.

18/8/19

DEPARDIEU ESTÁ GORDO


Anteanoche La 1 emitió la última entrega de “Hoy no, mañana”, un programa de humor que intercalaba sketches con las intervenciones de varios monologuistas. Como ahora tenemos la piel muy fina y sentirse ofendidito es deporte nacional, un portal web tuvo la paciencia de recopilar diferentes ejemplos de chistes y gracietas que para diferentes colectivos podían resultar ofensivos. Les hago un breve resumen para proponerles después un juego muy divertido.

Hubo en “Hoy no, mañana” chistes sobre los andaluces porque son unos vagos, las peluqueras porque forman una mafia que cobra tanto por quitar como por poner pelo, los chinos porque todos tienen la misma cara indistinguible, los funcionarios porque no cumplen su horario laboral, las secretarias que están buenas pero no saben ofimática, la Iglesia Católica porque se preocupa de que la clonación les quite la exclusividad de la concepción sin pecado, los testigos de Jehová y de los ateos porque si se hace un clon con ambos sale un tío que llama a las puertas sin saber pa'qué, y sobre Gérard Depardieu porque está muy gordo

Y, ahora, el juego. Si hubiera personas con suficiente mala leche y tiempo libre como para buscarle las cosquillas a los humoristas, y quisieran denunciar que en “Hoy no, mañana” se produjo un delito contra sus sentimientos, ¿qué colectivos tendrían respaldo legal en su noble misión y cuáles no llegarían nunca a nada con tan loca pretensión? Para resolver este juego, deben tomar la frase “delito la ofensa a los sentimientos de los miembros de”, y averiguar cuál es la única de las siguientes expresiones que la completa en nuestro ordenamiento jurídico: “una comunidad autónoma”, “un oficio”, “un país”, “una cualidad física”, “unas convicciones filosóficas” o “una confesión religiosa”.

Quien acierte, de premio aprenderá que no pasa nada por echarse unas risas a costa de andaluces, peluqueras, chinos, funcionarios, secretarias, ateos, gordos y Gérard Depardieu, pero los sentimientos religiosos mejor ni tocarlos.

17/8/19

CHANQUETE ESTÁ MALITO


La serie emitida más veces en la tele española es “Verano azul”. Si se cruzara con “Pretty woman”, la peli más emitida en nuestra televisión, daría lugar a “Pretty verano azul”, cuya constante emisión en bucle haría colapsar el espacio-tiempo mandándolo todo a freír churros. Alguno se alarmará al ver que, ostras, estos días Chanquete, Julia y toda la pandilla vuelven, y vuelven, y vuelven a volver. Menos mal que nos salva una cosa: TVE está emitiendo “Verano azul”, sí, pero lo hace por primera vez.

Hasta ahora los españoles pudimos ver “Verano azul” doce veces entre los años 1981, año del estreno, y 2016, año de su última reposición. También podemos verla este verano en La 2 a las dos de la tarde, pero no estamos ante la decimotercera visita Nerja, sino ante la primera.

No cambiamos el 13 por 12+1 por esa pamplina de la mala suerte, claro. (El pasado miércoles, 14 de agosto, abundaron los problemas técnicos en “Antena 3 noticias”, los errores en “Espejo público” y las confusiones en “El problema de verano”. Sin embargo, el día anterior fue todo como la seda a pesar de ser martes y 13. Hala, Íker Jiménez, explica eso). El 12+1 tampoco se debe a que algunos oirán por primera vez en su vida las expresiones “mola cantidubi” y “demasié para mi body”, mientras otros se avergonzarán de haberlas dicho; y mira que esto sí que tiene su importancia.

Estamos ante la emisión 12+1 de “Verano azul” porque es la primera vez que la amenaza del spoiler nos impide hablar. No podemos decir si Bea acabará con Pancho, si Piraña adelgazará ni qué pasará después de que canten “No nos moverán” en La Dorada. Y, mucho cuidadín, solo podemos decir de Chanquete que está malito del corazón. Nada más. Una acusación de spoiler te deja hoy sin vida social.

Pero, sobre todo, este es el “Verano azul” 12+1 porque es el primero sin Mercero. Cuando Pancho recorra la playa gritando que ha muerto no sé quién, todos pensaremos que quien de verdad ha muerto es el gran Antonio Mercero, a quien debemos uno de los mejores veranos de nuestra vida.

16/8/19

ESPAÑOLES EN HOLANDA


No es verdad que veamos la tele para desconectar dejando la mente en blanco. Tampoco que la actualidad sea lo que sale hoy en la tele. Y, sin embargo, ver la tele sirve tanto para desconectar como para seguir la actualidad.

Todos usamos la tele para desconectar. La diferencia está en de dónde huimos y en dónde nos refugiamos. Como desconectar no consiste en vaciar la cabeza sino en llenarla de contenidos diferentes, no podemos desconectar sino conectando. Y la tele es una herramienta tan rápida, barata y eficaz para conectarse a nuevos contenidos que sirve incluso para desconectar de la propia tele.

Para hablar de la actualidad recurriremos a un ejemplo de ahora mismo: el reportaje “Españoles en Holanda. Esclavos de la globalización” emitido por Cuatro dentro de su programa de periodismo de investigación “Fuera de cobertura”. Es tan de actualidad que da igual que no se haya emitido ayer ni anteayer, sino hace casi dos meses. Y mucho nos tememos que cuando lo repongan seguirá siéndolo.

A finales de junio nos decían que la actualidad era “Supervivientes”, que había que desconectar conectando con ellos. Hoy ya pasó aquel engaño de la emoción del directo, de la telerrealidad del instante. La actualidad se esfumó y en su lugar solo queda un decorado vacío y millones de huérfanos esperando “GH VIP 7” para reconectarse.

Charlando ayer con mi amiga Pilar descubro que uno de aquellos días ambos desconectamos conectando con “Españoles en Holanda. Esclavos de la globalización”. Más aún, vimos que era un programa tan actual que, mientras charlábamos, su hijo tenía una entrevista de trabajo por Skype que resultó ser con una de las empresas de trabajo temporal que denunciaban en el reportaje porque engañan y explotan a los jóvenes españoles que caen en sus manos. No lo harán con Pablo, que rechazó la oferta. Pero seguirán pescando: el reportaje tuvo poca audiencia y son muchos los seguidores de “Supervivientes” que no conocen el engaño.

15/8/19

QUERIDOS NIÑOS:



Queridos niños: hace muchos muuuuchos años, cuando vuestros padres eran jóvenes, existía un aparato que servía únicamente para ver programas de televisión. Se llamaba “televisor”, solía ser muy grande y se encontraba colocado de forma fija en una pared de la salita. Se ponía en la sala de estar porque la familia lo compartía. “Compartir” significa usar entre varias personas un mismo bien o servicio. En aquella época la gente compartía cosas. Con el televisor no podías posturear, ni colgar vídeos tuyos, ni espiar a otras personas. Tampoco podías jugar ni entrar en escenarios de realidad virtual. Sólo podías encenderlo y ver qué programas estaban echando. No pongáis esa cara. A la gente le gustaban los televisores.

Poco a poco dejaron de usarse. Sobre todo, a partir del verano de 2019, cuando Televisión Española abrió en la red social de vídeos Youtube un canal en donde fue volcando todos tooooodos los programas de su historia. Se llamaba Archivo 80-90 RTVE. Al principio sólo colgaron programas míticos como “Verano azul” u “Hola, Raffaella”. Pero poco a poco se fueron añadiendo todos los concursos -todo el “Un, dos, tres”, todo “El tiempo es oro”-, todas las series -todo “Curro Jiménez”, todo “Santa Teresa de Jesús”-, todos los programas de debate -todo “La Clave”- de la historia de la televisión pública, y, para cuando los espectadores pudieron darse cuenta, ya había muchos más programas de televisión accesibles mediante Youtube e internet que a través de la antena del televisor.

A partir de la apertura de este canal en Youtube los televisores empezaron a desaparecer. Ya no tenían sentido si los comparabas con las tablets. Además, las tablets las podías ver tú solo en tu habitación, sin necesidad de hablar con nadie, decidiendo tú y sólo tú lo que ibas a ver. Cuando vayáis a ver a vuestros abuelos, fijaros: algunos de ellos todavía conservan un televisor en la salita de estar. Los reconoceréis porque no tienen teclado ni responden a la voz.

14/8/19

LAS SANDALIAS DE TUTANKAMÓN


El faraón Tutankamón es uno de esos personajes que, como la Reina de Saba o Elvis Presley, seguirá proporcionando material para documentales incluso más allá de que se agote el inagotable filón de los extraterrestres. Y, como ocurre con la Reina de Saba o Elvis Presley, con Tutankamón vale todo porque basta con colocar la palabra “misterio” para que cualquier “egiptólogo” pueda largar las teorías más chifladas sin que los convencidos de que Elvis no está muerto se echen las manos a la cabeza. No es el caso de “Los tesoros de Tutankamón” (National Geographic), una serie documental que bucea con sentido y sensibilidad (y con el inevitable punto de audacia) en los objetos que se amontonaban en la tumba del faraón y que hoy están custodiados en el Gran Museo Egipcio de El Cairo. ¿Por qué gran parte de los objetos de la tumba de Ttankamón eran de segunda mano? ¿Estaba uno de los ataúdes de Tutankamón destinado para otra persona? ¿Y su famosa máscara? Interesantes preguntas. Pero ninguna tan fascinante como esta: ¿las preciosas sandalias del faraón siguen siendo sandalias cuando solo pueden ser tocadas por expertos con guantes blancos y están guardadas en cajones en unas condiciones que podrían satisfacer hasta a un Sheldon Cooper en un mal día?

Decía Aristóteles que las cosas se definen por sus obras o facultades, de forma que cuando dejan de ser lo que eran no se debe decir que son las mismas cosas, sino que tienen el mismo nombre. Una mano muerta, por ejemplo, ya no es una mano, aunque le demos ese nombre. El filósofo Kant cita en su ensayo sobre lo bello y lo sublime a Cromwell, para quien la circunspección es una virtud de alcalde; pero si Cromwell hubiera visto el vergonzoso espectáculo de tanto alcalde desatado después de alcanzar el sillón y contemplado a los egiptólogos que estudian las sandalias de Tutankamón, estoy seguro de que habría dicho que la circunspección es una virtud de egiptólogo. Las sandalias de Tutankamón ya no son sandalias, ni tienen la función que desempeñaban en la tumba del faraón. De esas sandalias solo queda el nombre y la circunspección del egiptólogo. Por eso necesitamos a Mary Beard, la gran historiadora británica, que es capaz de hacer que las sandalias de Tutankamón vuelvan a ser sandalias y que en sus documentales huye de la circunspección como Ronaldo en vacaciones huye de la poesía.

13/8/19

LA BIBLIA, NEGRA


La investidura es una pesadez. Cada bocado es más correoso y difícil de tragar. En “laSexta noche” no quieren que a los espectadores no se nos hagan bola las réplicas y contrarréplicas de sus invitados y tertulianos, así que el sábado aliñaron el plato con un bidón gasolina en el que guardaban una entrevista de Iñaki López y Andrea Ropero a Darío Adanti y Edu Galán, autores de “La Biblia Negra de Mongolia”.
—¿No teméis por vuestra seguridad después de publicar este libro en el que explicáis por qué las grandes religiones monoteístas venden humo?
—No, pero no porque no haya que temer —el fanatismo es muy peligroso—, es porque somos un poco descerebrados.
—Quienes deberían empezar a temer por su seguridad financiera deberían ser los grandes líderes religiosos. Espero que cada vez menos gente crea en semejantes supercherías que sirven para el control poblacional, el machismo y la homofobia.

Tal vez añadir gasolina no sea la mejor manera de hacer un programa más masticable.
—¿Habéis mandado algún ejemplar al Vaticano?
—Sí, al Vaticano, el Dalai Lama y un ayatolah de La Meca. Es fácil porque si buscas “Ocultadores de pederastas” en Google te salen los tres.
—Veo que la publicación por fin ha unido a las grandes religiones monoteístas contra un mismo asunto.
—Creíamos que lo único que las unía no era la idea de Dios —dice un Edu Galán momentáneamente transformado en imán musulmán, no de nevera—, sino los maricones, porque los gais eran lo único que nos enfadaba a todas. Pero hemos encontrado otra cosa: esta herejía. Recomendamos que la quemen públicamente y entre hombres, porque las mujeres no pintan nada en la religión, mejor tapadas.

Ay, como alguien encienda una cerilla. Sobre todo para los autores de “La Biblia Negra”.
—Hemos sacado el libro con una multinacional, por tanto serán sus abogados los que nos defiendan. Entonces tenemos muchas ganas de nos demanden los “Abogados Cristianos”, esos que abren su despacho y huele a naftalina.

¿Descerebrados, dicen? Saben lo esencial: que, tal y como están las cosas, si el ingenio y el valor quieren ejercer la libertad de expresión necesitan respaldo jurídico.

12/8/19

RÓMULO Y AMÉN


La productora italiana de la serie “Gomorra” prepara una serie de diez capítulos sobre Rómulo, el fundador mítico de la ciudad de Roma. En latín. ¿Latín? ¿Esa lengua muerta o, como mucho, zombi? Pues sí. En el cajero automático de Instituto para las Obras de Religión, en la Ciudad del Vaticano, es posible sacar dinero (“Deductio ex pecunia”) o consultar los movimientos realizados (“Negotium argentarium”) utilizando el latín. El gran Emilio del Río muestra y demuestra en su libro “Latín lovers” (un título a la altura de “Catering Deneuve” para una empresa de catering, o “Poncio Pilates” para un negocio de entrenamiento físico extremo) que el latín está tan incrustado en nuestra vida cotidiana como los clásicos del cine, de la música o de la literatura. El latín se niega a morir en los institutos y universidades como si fuera un Rambo en territorio hostil, un LP en un mundo que prefiere la nube a las estanterías o un paquete de pipas amenazado por el imperio de las palomitas. ¿Una serie de televisión íntegramente en latín? Gaudeamus igitur.

El empresario estadounidense Henry Ford, el padre de las modernas cadenas de producción y el hombre que transformó para siempre la industria del automóvil con su Ford T, decía que si hubiera preguntado a sus clientes qué necesitaban, habrían dicho que un caballo mejor. Pero Ford ofreció a sus clientes algo mejor que un caballo con grandes prestaciones. Les ofreció un coche a buen precio. Si los productores televisivos preguntaran a los espectadores qué series necesitamos, a lo mejor pediríamos series con mejores dragones, o mejores chistes entre físicos, o mejores atracos en casas de papel, o mejores detectives. Pero a esos productores italianos chiflados se les ha ocurrido algo mejor que un dragón, un chiste con el gato de Schrödinger, un atraco que se complica hasta el infinito y más allá o un Sherlock Holmes con teléfono móvil. Una serie hablada en latín protagonizada por un tipo que fue amamantado por una loba y que tenía un hermano con el que finalmente resultó que no se llevaba muy bien. Ahí queda eso. Ford inventó el coche para las masas y “Romulus” ofrecerá latín para el pueblo. ¿Echábamos de menos “Roma” o incluso la brutal y excesiva “Spartacus”? Pues ahí está “Romulus”. Amén.

11/8/19

HISTORIA PARA MAYORES DE EDAD


No sé si clasificación por edades de los programas televisivos tiene hoy tanto sentido como prohibir los móviles en los institutos o luchar contra la ley de la gravedad, pero ya que en España existen programas clasificados como aptos para todos los públicos y programas no recomendados para menores de 7, 12, 13, 16 y 18 años, me pregunto cuál es la razón para que la serie documental “Del Día D a Berlín: la última batalla de Hitler” (National Geographic) no esté recomendada para menores de 18 años. ¿La historia está clasificada por edades, de forma que todo lo que tiene que ver con Hitler y la II Guerra Mundial no está recomendado para menores de edad, mientras que la entrada de los cristianos en Jerusalén en la Primera Cruzada o la batalla de Maratón son aptas para todos los públicos? Difícil cuestión. ¿Por qué un documental sobre el ataque de los aliados al fuerte Montbarey, que protegía la ciudad de Brest ocupada por los nazis, no está recomendado para menores de 18 años? ¿Acaso por esos tanques británicos que escupen fuego y achicharran nazis, de forma que un episodio de la II Guerra Mundial termina pareciéndose a un capítulo de “Juego de Tronos”? 

Las microhistorias que encierran los episodios de “Del Día D a Berlín” cepillan la historia a contrapelo, como quería Walter Benjamin, y los retratos de los soldados que lucharon en la Europa devastada por los nazis buscan lo mismo que la retratística en la antigua Roma, que no se limitaba a recordar a una persona, sino que era un modo de mantener su presencia en nuestro mundo. ¿Hay que mantener los horrores de la II Guerra Mundial en nuestro mundo? Por supuesto. Y no solo porque, como se dice tantas veces, si olvidamos la historia estamos condenados a repetirla, sino porque la historia es maestra de la vida. Por eso me sorprende que “Del Día D a Berlín” no esté recomendado para menores de 18 años mientras que, por ejemplo, los vídeos de “Vergüenza ajena” sí lo son.

Hubo dragones disfrazados de tanques en la II Guerra Mundial, y una Cersei con bigotito se suicidó en su palacio cuando sus enemigos estaban a las puertas de Berlín. La historia no necesita los dos rombos.

10/8/19

MIS VECINOS NO SON ZOMBIS


George A. Romero, el director del clásico de Serie B “La noche de los muertos vivientes”, decía que el verdadero horror está en la puerta de al lado, y que los monstruos más terroríficos son nuestros vecinos. Puede que Jean-Paul Sartre intuyera que “el infierno son los otros” después de una reunión de vecinos en la que se discutían los detalles de una derrama para reformar la fachada. El abuelo de Heidi, antes de la llegada de su nieta, no era conocido en la aldea suiza de Dörfli precisamente por su amor a los vecinos, en particular, y la especie humana en general. Pero Romero no habría rodado su terrorífica “La noche de los muertos vivientes”, Sartre no habría escrito “A puerta cerrada” y el Viejo de los Alpes no habría vivido como un ermitaño en su cabaña si, como me ocurrió a mí el pasado miércoles, unos vecinos les devolvieran la confianza en la puerta de al lado con un gesto tan simple como ver la tele.

La 2 repuso en “Días de cine clásico” la maravillosa película musical “Los paraguas de Cherburgo”, un prodigio de color, sencillez, tristeza, delicadeza y honesta visión de las relaciones humanas. Cuando Geneviève y Guy se separaban para siempre, aunque ellos no lo sabían, en la estación de tren, la inolvidable música de Michel Legrand lo inundaba todo, pero comprendí que el mérito no era solo de Legrand porque en el piso de arriba mis vecinos también estaban viendo la película y el sonido se colaba a través del techo hasta mezclarse con el que salía de mi televisor. Mis vecinos no son zombis. Mis vecinos no son el infierno. Mis vecinos nunca me obligarán a retirarme a una cabaña en los Alpes. Mis vecinos estaban viendo conmigo “Los paraguas de Cherburgo” en La 2, así que mis vecinos y yo tarareamos juntos la hermosa canción de la película, sufrimos juntos con la partida de Guy, lloramos juntos con la desgarradora soledad de Geneviève, comprendimos juntos las razones del corazón humano y contuvimos juntos el aliento con el reencuentro final en la nieve entre Guy y Geneviève. Al día siguiente, en el ascensor, no hablé del tiempo con mis vecinos del piso de arriba, sino de “Los paraguas  de Cherburgo”. También hablamos de la puñetera derrama para la reforma de la fachada, claro. Así es la vida.

9/8/19

SÍNDROME DEL IMPOSTOR


Estoy seguro de que, en secreto, casi todos los programas de televisión padecen el síndrome del impostor, ya saben, ese insidioso tormento que sufren las personas triunfadoras al sentirse timadores que van a ser descubiertos de un momento a otro. El síndrome del impostor se suele estudiar en relación a individuos humanos, pero no veo el motivo por el que no pueda aplicarse también a libros, edificios o, llegado este caso, espacios televisivos. No sólo las personas tenemos emociones y no sólo las personas nos sentimos inseguras cuando nos enfrentamos a una situación que se caracteriza por su inestabilidad.

Por ejemplo, “Zapeando”. Apuesto mi último dólar a que cada día, cuando se apagan las luces y el programa de La Sexta vuelve al almacén, “Zapeando” se derrumba, temeroso de que alguien descubra cómo se siente por dentro mientras por fuera no para de reírse. No es el único que teme ser descubierto. El verdadero secreto de “El secreto de Puente Viejo” es que se cree una serie impostora. El síndrome del impostor no tiene nada que ver con la verdadera valía del que lo sufre; lo padecen por igual genios e impresentables. El problema afecta incluso a espacios completamente asentados y que no tendrían motivo para dudar de su éxito: “Ahora caigo” tiene martirizado a su psicoterapeuta -sí, existen psicoterapeutas de programas de televisión, otro día se lo cuento- por sus miedos obsesivos a que cualquier día sea el último día; y “Espejo púbico” no puede evitar mirar de reojo constantemente a la puerta del plató, temiendo que en cualquier momento entre la policía televisiva -sí, existe la policía televisiva, otro día se lo cuento- y lo detenga por fraude.

Solamente “First dates” no está aquejado por el síndrome del impostor. No es que no se sienta un completo farsante, un timo, un absoluto engaño. Se siente así, sin duda, a diario. Pero, en este caso, más que un síndrome psiquiátrico, se trata de un sano ejercicio de autoconocimiento.

8/8/19

EN POSITIVO


Todos los telediarios recogen esa campaña de la Junta de Andalucía contra la violencia machista en la que todo es alegría, optimismo y sonrisas happy flower. En los magacines y tertulias no entienden el hermoso mensaje que transmite y lo despellejan sin piedad. ¿No dice la Junta que se trata de ver la violencia machista “en positivo”, tan “en positivo” que prefieren llamarla “malos tratos” para que no parezca tanto? Coño, pues habrá que ser justos y analizar “en positivo” la campaña “en positivo”.

Lo primero, las modelos. Son señoras de sabe Dios dónde —por la pinta pon que de Estados Unidos o Bélgica— que antes solo podían representar a mujeres de esos lugares, pero que ahora, ¡alehop!, también representan a las mujeres andaluzas. Su registro también estaba limitado porque sus sonrisas solo servían para anunciar clínicas dentales, planes de pensiones o marcas de champú, pero ahora también sirven para luchar contra el tráfico de armas, la esclavitud infantil y cualquier otra lacra… siempre que se haga “en positivo”, claro. Ya solo queda localizar a estas señoras y contarles que son tan buenas representando a mujeres andaluzas víctimas de la violencia machista muertas de risa que la Junta se vino arriba y las presenta con este texto: “Advertencia: las mujeres que van a ver a continuación han sido víctimas de malos tratos”. Les encantará.

Lo segundo, las campañas institucionales. Se acabó la tristeza y el mal rollo. La tele se llenará anuncios con risas, fiesta y cachondeo a tutiplén. ¿Campaña contra la ludopatía en menores de edad? Chavales descacharrándose y padres sonrientes. ¿Campaña contra las drogas, el tabaco, el alcohol, las enfermedades de transmisión sexual, la explotación laboral y contra los accidentes de tráfico donde no veíamos más que muertes y desgracias? Pues ahora todo va a ser gente más feliz que un regaliz.

Y ya solo falta explicar “en positivo” esta campaña a las mujeres víctimas de la violencia machista. A ver quién se atreve.

7/8/19

CANAL CALLE


La revolución televisiva del verano se llama Canal Calle. Emite en abierto, no hay que suscribirse a ninguna plataforma, ofrece contenidos en directo, renueva su parrilla a diario, cada usuario puede tomar decisiones sobre argumentos y giros de guion, proporciona sensación envolvente en 3D, es gratuito, interactivo, cardiosaludable y su nivel de emisiones de CO2 es de cero. Como la competencia televisiva es feroz, aquí les damos alguna clave para disfrutar de Canal Calle.

Debemos ser ágiles desde el principio. En cuanto empiece ese concurso tontorrón para las tardes de verano y La 1 pregunte “Juegas o qué”, nosotros debemos dejar el “juegas” y elegir el “qué”. Así que apagamos la tele y nos vamos a dar una vuelta. Cuando Màxim Huerta nos ofrezca su “A partir de hoy”, Diego Losada su “España Directo” y Quico Taronjí su “Aquí la Tierra”, optaremos por “A partir de ahorita no más sin intermediarios”, “España directísimo” y “Aquí la Tierra bajo tus pies, el agua fresca a la piel y el aire libre en los pulmones”, todos ellos en Canal Calle.

Luego solo hay que dejarse llevar. El docu-reality “Siete días sin ellas”, en el que unas mujeres dejan su hogar y su trabajo en manos de los hombres, debe sustituirse por el requete-reality “Siete días sin ellas, sin ellos y sin mí porque me las piro”, en el que dejamos que allá se las arreglen entre ellos y ellas. “Hoy no, mañana” se sustituye por “Mañana no, hoy”, “Comando al sol” por “Me voy a dar una vuelta bajo la Luna que al oscurecer refresca un poco”, “Más vale tarde” por “Lo prefiero ahora mismo” y “Viajeros Cuatro” por “Viajero uno, yo mismo, que ya me voy y te dejo en San Antonio, tu mañita no te la puedo quitar, hay momentos que pareces el demonio cuando mueves la cintura pa' bailar”, programa al que Canal Calle pondrá sintonía de Flaco Jiménez o de Los Lobos, según prefiera cada uno.

Y recordemos que para ver Canal Calle no hay que resintonizar el televisor, basta con resintonizar con la vida.

6/8/19

MÁS QUE TOROS


TVE es un aburrimiento desde el fin de las Fiestas de San Fermín. Entre el chupinazo y el “Pobre de mí” mola ver La 1 por lo emocionantes que son los encierros y todo lo que los rodea. Levantarte y, en vez del tostón de las noticias de la mañana, encontrarte con cientos de personas jugándose la vida es maravilloso. Los cenizos se quejan, pero, vamos a ver, ¿queremos promocionar el turismo en España o no? ¿queremos potenciar nuestras tradiciones o no? ¿queremos una tele entretenida que emocione y sorprenda o no? Pues que se note.

Lo que tiene que hacer TVE es mantener el nivel de los Sanfermines todo el año. Al menos durante el verano sería facilísimo. Hay multitud de fiestas patronales por toda España con suficientes actividades peligrosas como para rellenar de retransmisiones en directo toda la programación. Hasta se puede pedir la colaboración de la audiencia para que explique a TVE cuáles son las barbaridades que se hacen en su pueblo. Buenos somos nosotros para eso. ¿Se están acordando ahora de las bromas bestias que gastaban en el pueblo de Gila? Yo también. Menuda mina.

Imaginen el anuncio: “¿Hay en las fiestas de tu pueblo tradiciones peligrosas, costumbres estúpidas, actividades insensatas? ¡Ponte en contacto con TVE! ¿Se suben los mozos del pueblo —y ahora también las mozas— a lugares peligrosos? ¿Se tiran por sitios por los que sería mejor no hacerlo? ¿Estallan petardos enormes donde hay mucha gente? ¿Tiran cosas que pueden hacer daño a alguien porque ya lo hacían en el s. XV? ¿Levantan pesos descomunales que no admitiría ningún convenio laboral porque eso es muy bonito y lo más grande que hay? ¿Sueltan toros, vaquillas o animales peligrosos entre las personas como se hizo toda la vida de Dios? ¡Llama a TVE! ¡Queremos que tu pueblo salga en la tele haciendo el bestia! ¡Queremos que los encierros de los Sanfermines no sean la única insensatez que se promociona con dinero público! ¡Queremos una tele mejor para ti!”.

5/8/19

YO COMO UNA CABRA, TÚ COMES UNA CABRA, ÉL COME UNA CABRA


Salió en los informativos. Este año, los humanos ya terminamos con la capacidad del planeta para mantener nuestro nivel de vida en todo 2019. Comparando la demanda de recursos naturales con la capacidad de la Tierra para regenerarlos, hace una semana que empezamos a devorar nuestro segundo planeta. Los países ricos vamos ya por el tercero, cuarto o quinto, dependiendo de lo ricos y borricos que seamos. Es para echarse las manos a la cabeza, pero como cada año adelantamos varios días este Día de Sobrecapacidad de la Tierra, ya estamos acostumbrados y a otra cosa mariposa. Bueno, no del todo. La muerte de una cabra removió conciencias, agitó teclados y puso las redes patas arriba.

Gordon Ramsay, el más televisivo de los cocineros británicos, protagonista de infinidad de famosos espacios culinarios de medio mundo, está ahora en “Masterchef Australia”. Su colega Monique Fiso le pidió que matara una cabra montesa, así que Ramsay disparó, despiezó, aderezó, cocinó y se zampó la cabra en compañía de los participantes del programa. Quizá dijera “emplatar”, “maridar” y “dialogar en boca”, tal vez incluso cosas peores, pero eso dio igual. Lo que puso en pie de guerra a la peña fue matar a la cabra, algo considerado “inhumano”.

¿Inhumano? Incluso antes de ser humanos, nuestros tatarabuelos eran carroñeros oportunistas que comían carne allí donde la pillaban. De hecho, nos hicimos humanos comiendo, entre otras cosas, carne de cabra. En el paleolítico, ya matábamos y cocinábamos las cabras que nos zampábamos. En las pinturas rupestres salen preciosas. Hace 10.000 años aprendimos a domesticarlas y a aprovechar sus proteínas en forma de leche (y queso, ¿a qué suena la palabra “Cabrales”?). Como seguimos queriendo su carne —llevamos miles de años queriéndola—, seguimos matándolas.

Comer carne no es inhumano. Inhumano es creer que la opción de no comerla otorga una superioridad que permite llamar inhumano a quien, siguiendo el camino que nos trajo hasta aquí, continúa comiéndola. Otra cosa es comerse el planeta entero, pero eso ya a la peña le da igual.

4/8/19

VIAJE A 2.044


Tome aire, ¿lo nota? Llene los pulmones, ¿ve qué bien se está? Encienda la tele sin miedo, mire la Luna por la ventana, disfrute de lo que ve. ¡Ah! ¿No es cierto, telespectador, que en esta apartada orilla más pura la Luna brilla y se respira mejor? Eso es porque llegó agosto. Al fin,

El mes de julio fue horrible. Cada verano la tele empeora, pero este año más. Se veía venir desde que anunciaron el cincuenta aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Qué peligro. Si la tele entraba en bucle, la tabarra podía ser insufrible. Y lo fue. Horas hablando del acontecimiento, de la retransmisión televisiva más famosa de la historia, de las imágenes que dejaron al mundo boquiabierto. Las cadenas se llenaron de especialistas listísimos analizando cada detalle y de analistas preparadísimos especializados en cada pormenor. Que si las sombras, que si la bandera, que si las huellas, que si las estrellas, que si la Luna, que si la Tierra. Piensan que van a engañarnos con un montaje tan burdo. Esas mentiras no se las creen ni ellos. A otro perro con ese hueso.

Pero ya pasó julio. El cincuentenario quedó atrás. Este vuelve a ser un verano como cualquier otro. La tele vuelve a estar dominada por reposiciones, sustituciones, saldos y últimas ocasiones. Y para esto estamos preparados. Si hay suerte, hasta dentro de veinticinco años las cadenas no volverán a ponerse tan pesadas con esos embustes sobre la llegada del hombre a la Luna que solo convencen a los niños y a los listos que se creen las historias más inverosímiles. Espero que para entonces la tele haya aprendido a ignorar a los iluminados, egocéntricos y analfabetos que cuentan sus chifladuras mendigando un poco de casito. Cuando la tele se libre de ellos, cuando celebre el aniversario de la gran gesta espacial libre de visionarios y conspiranoicos listísimos, estaremos ante un pequeño paso para la programación televisiva, pero un gran paso para la humanidad. Nos vemos en 2.044. Comienza el viaje.

3/8/19

¿PERO DÓNDE ESTÁ "HOMELAND"?

Bien, vale, la temporada de series 2018-19 ha sido estupenda, de lo mejor que se recuerda en los últimos años. ¿Pero dónde está “Homeland”? ¿“Fosse – Verdon”? Extraodinaria. ¿“Years and years”? Genial, para quedarte con el culo pegado al sofá y no poder despegarlo en tres o cuatro días. ¿Pero dónde está “Homeland”? La tercera temporada de “The handmaid’s tale” ha sido, en mi humilde y acertada opinión, la mejor de las tres. No podemos olvidar el final de “Juego de tronos”, claro. “Chernobyl” no sólo es estupenda, sino que ha marcado un interesante punto de inflexión hacia el predominio de las miniseries de una única temporada, frente a la estructura clásica de las series de temporadas indefinidas mientras consigan audiencia. ¿Pero dónde está “Homeland”?

“Big little lies” ha cumplido, sin más, con su promesa de ahondar en ciertos caracteres femeninos. Pero ninguno, ni de muy lejos, se acerca a Carrie Mathison. “Line of duty” entregó otros seis episodios espesos como la lava, y ya es el quinto año consecutivo que lo logra. Pero tampoco se puede comparar a lo que vemos en “Homeland” -bueno, vale, en sus tres primeras temporadas-. “The Terror” parece repetir la maldición de “The Americans”: excepcional serie dramática sin ningún reconocimiento por parte del público. Jared Harris, aquí también, intenta ser Saul Berenson. Pero sólo Saul Berenson puede ser Saul Berenson.

“Black mirror”, “The Umbrella Academy”, “Sex education”, “Stranger things”, “The marvelous Mrs. Maisel”, “Heridas abiertas”, “Good Omens”, “Billions”, que sí, que no estoy diciendo que haya sido una mala temporada. ¿Pero dónde carajo está “Homeland”? ¿De verdad éste va a ser el primer verano en los últimos ocho años en donde nos iremos de vacaciones sin habernos zampado nuestra adictiva dosis de las desventuras de Carrie Mathison mientras salva a la humanidad del terrorismo internacional? ¿Y eso cómo se hace?

2/8/19

UNA HISTORIA EDIFICANTE


No seamos quisquillosos. También en Mediaset, capital Telecinco, hay historias edificantes. Rafa Mora, esa intensa oda al recauchutado, los anabolizantes y el clembuterol, es el feliz protagonista de la más reciente. Aquel jovenzuelo que hace diez años comenzó una incierta carrera profesional como trozo de carne en “Mujeres y hombres y viceversa”, hoy está al frente de “Cazamariposas”, uno de los programas estrella de la empresa italiana.

Sobrevivir en un medio tan competitivo no es fácil, y menos si tu capacidad profesional, versatilidad y facilidad de palabra se sitúa entre los de una goma de borrar y un tomate de invernadero. Aun así, y gracias a lo mucho que dio que hablar en “Supervivientes”, consiguió trabajo en “Sálvame” como material combustible en la hoguera de las vanidades. Allí tocó techo el día que se hizo una entrevista a sí mismo y consiguió arrancarse este titular: “Soy un referente para muchos jóvenes, he condicionado a una generación entera”.

Pero oscuros nubarrones se cernían sobre su futuro. Con miedo a ver frenada su carrera, vio el cielo abierto hace unos días cuando el presentador de “Cazamariposas” entró en directo a “Sálvame” y le hizo una propuesta deslumbrante. Le ofreció hacer un casting para presentar “Cazamariposas”, para lo cual debería ir antes por el programa, preparar su propio guion sin apenas tiempo y presentar una entrega en directo supliendo la falta de cue con memoria y capacidad de improvisación. Aceptó, fue, lo hizo, y la cagó de tal manera que fue el hazmerreír de Mediaset. En “Sálvame” le dedicaron un programa para pitorrearse de él en su cara dándole cera por turnos.

Rafa ha vuelto a triunfar. No ha logrado su sueño de ser presentador, pero al menos sí una cabezadita: ¡lo han contratado como copresentador interino veraniego sustituto en prácticas de momento! Hemos de reconocer que la historia es edificante. Otra cosa es qué es lo que se está edificando en ella.

1/8/19

EL DESNUDO AL DESNUDO


Que digan lo que quieran, pero los participantes en “El contenedor” están vestidos. Todo el rato. Antena 3 dice que están desnudos simplemente porque les quita la ropa. Qué exagerados. Incluso dicen que los despojan de todos sus bienes materiales y se los meten en un contenedor para que al verse sin nada conozcan el valor de lo que tienen y sepan cuáles son realmente sus prioridades. Madre mía, cuánta mentira.

Quitarle a una persona todas las cosas que tiene en casa y dejarlo entre cuatro paredes peladas es muy espectacular y da mucho juego en pantalla. Desde el principio que empiezan a desfilar las cajas de la mudanza hasta el final que no queda ni una pelusa en un rincón. Pero si de verdad quieren enseñar a alguien el valor de lo que tiene, que empiecen por quitarle justo lo que le dejan: su casa. Con nuestro mercado inmobiliario y sus precios, todas las demás cosas que se puedan llevarse queda reducida a un montón de cachivaches que no dan ni para pagar la entrada.

Respecto a quedarse desnudo, no me fastidien, allí nadie está desnudo. Se llevan su ropa, sí, pero como no se llevan su educación, sus prejuicios y su pudor, nadie está desnudo. Nada más quedarse sin ropa, los participantes vuelven a vestirse, pero esta vez sin ella. No les queda otra que aguzar el ingenio para vestirse como buenamente pueden: con sus manos, el pelo, posturas extrañas, cajas de cartón, una rejilla, lo que sea que pillen. Si algo les sale mal en sus contorsiones y apaños, no importa. Como tampoco a los espectadores nos han despojado de nuestra educación y nuestros prejuicios, el programa hace una selección de imágenes que tape castamente a los participantes para que en todo momento sigan vestidos por obra y gracia de la mesa de montaje. Con la enorme oferta de desnudez sin pamplinas que tenemos a nuestro alcance, quien ve “El contenedor”, quien ve la tele generalista, lo hace porque no quiere ver a nadie desnudo. En buen lío se metería Antena 3 como no cumpliera eso.