19/7/19

FACEAPP A LO BESTIA

Hay dos formas de saber cómo seremos cuando seamos viejos. La primera es descargarse esta app que todo el mundo se está descargando, hacerse un selfie, entregarle nuestros datos a Vladímir Vladímirovich Putin, aplicar el filtro de envejecimiento y ver cómo nuestra cara se llena de arrugas y canas. La segunda es ver “Years and years”, la prodigiosa, brutal, tristísima nueva serie de Russell T. Davies, que comenzó a emitirse esta primavera en la BBC y cuyo reconocimiento mundial ha explotado durante estas últimas semanas a partir de su inclusión en la plataforma norteamericana HBO.

FaceApp sólo nos permite entrever cómo envejecerá nuestra cara. “Years and years” es un retrato en donde vemos con toda nitidez cómo envejecerá nuestra cara, nuestras casas, nuestras familias, nuestro gobierno, nuestra ciudad, nuestra cultura, nuestras relaciones sexuales, nuestra tecnología, nuestro nivel de vida, nuestras fronteras y nuestra visión del mundo. Habrá gente que crea que FaceApp es realista; que no se preocupe: “Years and years” es tan ultrahiperrealista que reduce la carita del FaceApp a la categoría de caricatura. Habrá gente a la que no le guste ver la imagen de su rostro que le ofrece FaceApp; que no se preocupe: la imagen de todo lo que rodea a nuestro rostro que nos ofrece “Years and years” es tan devastadora que convierte cualquier calvicie y todas las patas de gallo del mundo en un garbanzo debajo de un colchón.

“Years and years” es un FaceApp a lo bestia. Multiplicado por mil. Y mucho más acertado. La app rusa salta al resultado final, descontextualizado y caprichoso. Pero Davies nos muestra cómo va apareciendo cada arruga y cómo se entrelazan en un círculo vicioso degenerativo las construcciones de la intimidad, la tecnología y la política hasta dar lugar a la catástrofe hacia la que nos estamos precipitando. Y uno de los rasgos de la decadencia de la que nos habla “Years and years” es nuestro interés por la decadencia de la que nos habla FaceApp.

18/7/19

SATURDAY, I'M IN LOVE


El magnífico resultado de audiencia que cosechó La 2 el fin de semana con la retransmisión de los conciertos del Mad Cool madrileño debería hacer reflexionar a los responsables de la televisión pública y a los programadores de televisión en general. Los nuevos formatos, la implantación de las plataformas de pago, la variedad de pantallas desde las que se consumen productos audiovisuales, está rompiendo en dos el mundo de la televisión, y la brecha está dejando a un lado las retransmisiones en directo y al otro las emisiones enlatadas. Esta distinción, con la excepción de los partidos de fútbol, se corresponde casi exactamente con la que separa a las cadenas generalistas tradicionales y a la nueva televisión temática o de pago.

Nadie sigue “Little big lies” en Antena 3. Nadie ve un debate electoral en Canal Historia. Nadie recuerda ya que los capítulos de las series se emitían “a tal hora”. Nadie buscaría informarse de un suceso en la televisión de pago. Si la televisión tradicional quiere seguir existiendo dentro de diez años deberá reenfocarse de forma mayoritaria hacia los contenidos en directo, en donde encuentra un material con el que competir de forma eficaz. La televisión generalista privada, -Telecinco es un buen ejemplo-, puede crear su propio material en vivo, a base generalmente de gente discutiendo e insultándose. ¿Pero qué puede emitir una cadena pública como La 2?

Obras de teatro, nacionales e internacionales, como las fantásticas producciones cuya señal sirve el National Theater londinense. Acaba de terminar el British Summer Time 2019, con conciertazos como los de Stevie Wonder o Neil Young. Mil conferencias, jornadas, debates que se celebran a diario por todas partes. Eso sí, pongan unos bonitos subtítulos cuando proceda, por favor, como de hecho se pueden ver en la televisión de pago. Me tragué el concierto de The Cure en La 2 el pasado sábado y me quedé con la intriga de saber qué cosas tan importantes estaba diciendo Robert Smith para que pusiera esas caras.

17/7/19

GO VEGAN, RAMONTXU!


Lo ha dicho Ramón García, que es la persona más cualificada para decirlo. “Hay un proyecto para recuperar el ‘Grand Prix’ durante el verano. Pero ninguna cadena se atrevería a emitirlo por miedo a las críticas de los animalistas”. Recuerdan el “Grand Prix”, ¿verdad? Imagínense con veinte años menos. Mozos y mozas de Villaconejos del Secarral y Sant Martí de Pontbou, enfrentándose a base de patatas explosivas, troncos rodantes y peleas de sumo gomaespumoso. Y, como colofón de fiestas, la vaquilla. Sinforosa, la vaquilla más salerosa. Augusta, la vaquilla que asusta. Manuela, la vaquilla que corre que se las pela.

Aceptemos como cierta la tesis de García. No es ésta una página en donde se trate al animalismo con gentileza. Cada vez que viene a cuento, y con frecuencia también cuando no viene, le damos collejas despiadadas. Filosóficamente, está sumido en una empanada conceptual tal que una empanada conceptual mayor no puede ser pensada. Políticamente, representa la izquierda más irracionalista, infantil e individualista, es decir, la peor derecha. Científicamente, ocupa esa estrecha franja que queda entre el terraplanismo y forocoches. Pero si es verdad que gracias a su presión social nos han librado del “Grand Prix” en la televisión del verano, entonces quizá nuestro juicio sobre los adoradores de Disney no debería ser tan negativo, e incluso, sopesando pros y contras, pudiera rozar la salvación.

No creo que las arañas, los atunes o las vaquillas sean agentes políticos dotados de derechos, pero creo que los españoles sí somos ciudadanos dentro de un marco político en donde aparecen los derechos jurídicos, uno de los cuales, sin duda, es el derecho a encender el televisor sin peligro de que aparezca Maruja, la vaquilla que te embruja. Seamos pragmáticos: quizá merezca la pena comer hamburguesas de lentejas si eso nos libra de oír al alcalde de Cernedillas hablar sobre los nabos de la comarca. La vida es negociación. Go vegan, Ramontxu!

16/7/19

MALO, ES DECIR, MALO PARA LA SALUD


Según ha afirmado en un comunicado, Netflix va a reducir al máximo la aparición de tabaco en las series que ofrece desde su plataforma. “Mindhunter” nos seguirá sirviendo historias de psicópatas que, tras arrancar a mordiscos la cabeza a su madre, la penetran sexualmente y posteriormente defecan sobre ella, pero cuidará que el asesino no aparezca fumando durante la secuencia, o, al menos, que la cámara no tome primeros planos del cigarrillo. Una de las series más vistas de Netflix es “American Horror Story”, de la productora FX. Hasta esta temporada AHS trataba sobre anticristos, terror paranormal, gente fumando y asesinatos en serie. A partir de ahora se intentará que tan sólo trate sobre anticristos, terror paranormal y asesinatos en serie.

Siempre es una buena noticia que una plataforma de televisión con la influencia mundial de Netflix tome conciencia de su dimensión social y del efecto de modelado que puede tener sobre la audiencia. Habría que revisar “Breaking Bad”, que todavía pueden ver íntegra los abonados, por si Walter White aparece fumando en alguna de las escenas en donde disuelve los cadáveres de sus víctimas en la bañera. Es cierto que series como “American Crime Story” reflejan un mundo de clase alta en donde es habitual encontrar la costumbre del tabaquismo; en esos casos, si prescindir del Winston supusiera una falta de rigor en la ambientación, podría pixelarse el cigarrillo que esté fumando O.J. Simpson o el asesino de Gianni Versace.

Hay muchos niños que ven “The walking dead” en Netflix; si contemplan a Negan fumando mientras revienta la cabeza de Glenn con su bate y se ensaña con ella hasta convertirla en puré, es posible que adquieran el nocivo hábito de fumar. Netflix se coloca en la vanguardia de la responsabilidad social empresarial y la moral del mundo moderno. “Narcos”, sí. Anuncios gigantes en el centro de Madrid bromeando con Pablo Escobar, sí. Pero ni una hebra de tabaco en la boca del malparío gonorrea hijoeputa. Que eso es malo, es decir, malo para la salud.

15/7/19

PARCHÍS COMO ANTIMATERIA

Pero, señores de Netflix, ¿qué hacen? ¿Se han vuelto locos? ¿Cómo pueden ser tan irresponsables? Acabo de entrar en mi cuenta y, al consultar el menú de contenidos recomendados para mí, me encuentro el documental de Scorsese sobre la gira de Bob Dylan del 75 y al lado el nuevo documental sobre Parchís, no el entrañable juego de sobremesa, sino la fatídica banda infantil. Bob Dylan y Parchís. Juntos, a un centímetro de distancia, en la pantalla del televisor. Parchís y Bob Dylan. Ambos recomendados para mí. ¿Por quién me han tomado? ¿Por la persona que tiene el mejor y el peor gusto del mundo a la vez?

Por menos que esto estuvo a punto de cancelarse el acelerador de partículas ése que hay en Ginebra o por ahí. Al lanzar a toda leche partículas subatómicas por el colisionador cabía una pequeña posibilidad de que se generara antimateria que pudiera chocar con la materia de toda la vida. Materia más antimateria. A su lado, Chernóbil habría sido un petardo. Podría generarse una singularidad espaciotemporal que diera lugar a un fortísimo agujero negro que se engullera la galaxia en un pispás y, ya puesto, generara un nuevo big bang que ríete tú de la repetición de elecciones. Materia y antimateria juntas. Bob Dylan y Parchís. ¿Van pillando el paralelismo?

Que no digo yo que el docu parchisiano no sea bueno. A lo mejor es apasionante. Pero no lo voy a comprobar. Aún tengo el televisor lleno del documental sobre Bob Dylan, y, si de pronto lo mezclo con preadolescentes en pleno cambio de voz cantando “parchís chis chis, es el juego de colores que te traigo para ti”, pudiera ser lo último que se viera en mi comunidad de vecinos en particular y en la Vía Láctea en general. Sepárenlos. Pónganlos en los extremos opuestos de Netflix. Dylan junto a los documentales sobre Bernini, y Parchís junto a los documentales sobre el origen extraterrestre de las pirámides. Con la Física no se juega. Que, como la líen, la tragedia va a ser tan gorda que ni siquiera se va a poder hacer una serie sobre ella en Netflix.

14/7/19

LA BANALIDAD DEL BIEN


¿Cómo fue posible que la Alemania de los años 30, -la sociedad más culta que jamás había existido-, diera lugar al nazismo? Hannah Arendt, analizando la figura de Adolf Eichmann, uno de los principales responsables de la logística del genocidio judío, propone el concepto de “banalidad del mal”, la idea de que la maldad es una característica humana que no requiere de sofisticadas elaboraciones. La maldad, incluso la más brutal, está ahí, no la detiene la educación, y brota con fluidez de forma trivial en cuanto libramos al ser humano de la responsabilidad y le dotamos de estructuras que le permiten actuar sin cuestionarse lo que hace. No hace falta ser un monstruo: la mayoría de nosotros habríamos sido Adolf Eichmann.

El concepto de “banalidad del mal” ha sido ampliamente discutido, pero, apoyándome en él, quería proponerles hoy el concepto de “banalidad del bien”, que me sacudió como un golpe de calor cada vez que a lo largo de esta semana me puse a ver “A partir de hoy”, el magacín veraniego conducido por Mínimo Huerta que nos ofrece TVE a diario. Si cierto mal fluye lánguidamente de nuestros poros con indiferencia, también cierto bien, -ese bien que personifica Huerta en su programa, fofo, insoportablemente leve, incapaz de despertar el menor interés, autocomplaciente hasta la dentera, individualista, frívolo y muy muy muy facilón-, se caracteriza por su banalidad.

Detrás del mal siempre hay un hortera. El mal banal y el bien banal están más relacionados de lo que parece. “A partir de hoy” es tan inherentemente olvidable que cabría discutir si en realidad existe o no. Y no hace falta ser un monstruo: la mayoría de nosotros, si nos liberan de la responsabilidad y nos permiten actuar sin cuestionarnos lo que hacemos, seríamos Mínimo Huerta y cobraríamos veinticuatro mil euros mensuales de una televisión pública por estar haciendo el bien una hora al día con unos amigos ante las cámaras diciendo bobadas sin interés sobre chorradas narcisistas.

13/7/19

EL SILBIDO DEL TREN


Al ver “Chimerica”, la interesante miniserie que bucea en las razones y sinrazones de un fotoperiodista para encontrar al hombre que, sin más ayuda que su cuerpo, se plantó delante de una columna de tanques que intentaban aplastar las protestas en la plaza de Tiananmen en la primavera de 1989, surge la gran pregunta: ¿puede un hombre cambiar la historia del mundo? Se diría que no. Pero hay más preguntas. ¿Puede la fotografía de un hombre que intenta detener un tanque cambiar la historia de un país? ¿Y puede un hombre, o una fotografía de ese hombre, cambiar la vida de otro hombre?

“Chimerica” es una reflexión sobre el poder de la imagen y un manantial de preguntas. Las ideas son el silbido de la máquina porque lo que mueve la historia y el mundo es, como dice el filósofo Simon Blackburn, el tiempo y la circunstancia, la tierra, la comida, las armas, el dinero, las fuerzas económicas y sociales. Pero una cosa es la historia, y otra muy diferente los individuos. Si la lectura de la “República” de Platón cambió la vida del Capitán Trueno, una araña radioactiva cambió la vida de Peter Parker y un misterioso encuentro camino de Damasco cambió la vida de Saulo, entonces también es posible que la lectura de “Los cañones de agosto”, de Bárbara Tuchman, influyera para bien en los hermanos Kennedy durante la crisis de los misiles en Cuba, que una nevada cambiara las vidas de los pasajeros del Orient Express después del asesinato de Ratchett porque permitió que Hércules Poirot dispusiera de tiempo para resolver el misterio, y que escuchar a Alberto Sordi cantar en la película “Venecia, la Luna y tú” cambie la idea de Venecia de un turista. Y, por supuesto, la fotografía de un hombre que intenta detener lo inevitable puede cambiar la vida no solo del autor de la fotografía, sino las vidas del conductor de un tanque, de un ciudadano que hasta ese momento creía que no se podía luchar contra los gigantes sin ser un personaje bíblico y hasta de un demócrata desencantado que decidió dejar de votar porque, ya se sabe, los pequeños gestos no pueden cambiar nada.

Una fotografía es solo el silbido de la historia, pero el recuerdo de la fotografía de ese hombre que se enfrentó en Tiananmen a los tanques puede animar a más de un ciudadano a intentar cambiar el mundo. Y, a veces, los pasajeros, y no solo los guardagujas, pueden cambiar el rumbo de los trenes.

12/7/19

EL TRABAJO NÚMERO 13


Los límites del humor se extienden más allá de las columnas de Hércules (Dios, patria, bandera, rey, familia, teléfono, mi casa) que muchos se empeñan en mantener a pesar de que todos sabemos que, ya desde Gila, existe un “plus ultra”. Pero la divulgación histórica necesita unas columnas de Hércules claras y distintas, exige un “non terrae plus ultra” que ponga límites a la necedad, a la especulación grosera y gratuita, a la ignorancia bien empaquetada o a la invención descarada. Una broma con la bandera de España o con la ineficacia del Ser Supremo no necesita de las columnas de Hércules, pero un documental “histórico” que sostiene que el faraón Akenatón fue un híbrido de extraterrestre y humano, que el disco solar que acompaña a muchas imágenes de Akenatón es un extraterrestre que instruye al faraón, que el Arca de la Alianza es un dispositivo para que Moisés y Aarón se comunicaran con una nave extraterrestre, y que la “maldición de los faraones” que provocó “terribles eventos” cuando el arqueólogo Howard Carter descubrió la tumba de Tutankamón no es una maldición, sino una tecnología alienígena para proteger la tumba, pide a gritos unas buenas columnas divulgativas de contención.

Todo eso se puede escuchar, aliñado con imágenes de Akenatón y de la tumba de Tutankamón y acompañado de una música impecablemente misteriosa, en la horrible serie documental “Alienígenas”, concretamente en el capítulo dedicado a la “maldición de los faraones”. ¿Y dónde se emite “Alienígenas”? En el Canal Historia. Increíble. ¿Se imaginan que Eduardo Sáenz de Cabezón invitara a “Órbita Laika” (La 2) a un defensor de la  teoría de la Tierra plana? ¿Se imaginan que después de la información meteorológica los telediarios ofrecieran información astrológica? ¿Se imaginan que el profesor Protón, tan querido por Sheldon Cooper, hiciera en su programa de ciencia para niños un experimento para demostrar que el universo fue creado en seis días por un Dios con barba? ¿Se imaginan al doctor House imponiendo sus manos milagrosas para curar un cáncer de páncreas? ¿Se imaginan a Gil Grissom, el inolvidable criminalista y experto en entomología de la serie “CSI”, buscando el alma cuando hace una autopsia? Entonces, ¿cómo es posible que Canal Historia permita que un tipo diga esas cosas de Akenatón y de la tumba de Tutankamón? ¿Dónde están las columnas de Hércules de la divulgación histórica?

Esas columnas no existen. Propongo entonces que Canal Historia cambie su nombre por Canal Pseudohistoria, o que Hércules realice su trabajo número 13 devolviendo a Akenatón lo que es de Akenatón.

11/7/19

NOS VEMOS EN LA AZOTEA


Recuerdo perfectamente las imágenes de la llegada del hombre a la Luna en un televisor que mi padre y un amigo construyeron con sus manos, me acuerdo como si hubiera sido ayer de la primera vez que vi la estatua de la Libertad semienterrada en el final de “El planeta de los simios”, no olvidaré jamás mi encuentro con Sócrates en el instituto gracias a un profesor de filosofía tan sencillo como maravilloso, y todavía conservo en la memoria aquella explosión de felicidad cuando mi abuela me hizo probar el arroz con leche. Y recuerdo, me acuerdo, no olvidaré y todavía conservo en la memoria el día en que fui a un precioso cine de barrio con mis amigos a ver la reposición de “Let it Be”, el documental sobre los Beatles que termina con un concierto en la azotea del edificio de Apple en Londres. En todos esos momentos estaba sentado. Sentado en el pequeño salón de mi casa viendo el Apolo 11 y “El planeta de los simios”, sentado en el aula del instituto escuchando a mi profe, sentado en la cocina de la casa de mi abuela saboreando el arroz con leche y sentado en un cine de barrio con Ilde, Modesto e Iñaki alucinando con aquellos cuatro tipos cantando en una azotea. Sonó “Get Back”, y entonces todas las piezas encajaron. La Luna, el cine, Sócrates, el arroz con leche y los Beatles. Hasta hoy.

Por eso les recomiendo ver, bien sentaditos, “The Beatles: canciones desde la azotea” (CineDoc&Roll, Movistar +), un documental que es algo más que un homenaje a los Beatles, esos cuatro chicos de Liverpool que nos convencieron de que todos podíamos reunir a unos amigos y formar una banda. John, Paul, George y Ringo iban por ahí repartiendo canciones perfectas como Iniesta y Xavi se movían por el terreno de juego repartiendo caramelos entre sus compañeros, y eso está al alcance de muy pocos; pero lo que hace tan grandes a los Beatles y a Xavi es que todos nos convertimos en Lennon cuando cogemos una guitarra y todos somos Xavi cuando agarramos un balón. En “The Beatles; canciones desde la azotea”, el grupo Rufus T. Firefly y Anni B Sweet tocan en una azotea madrileña unas estupendas versiones de “Lucy in the Sky with Diamonds”, “Something” y “Across the Universe” y las piezas vuelven a encajar. Como siempre.

Nos vemos en la azotea. ¿Les gusta el arroz con leche?

10/7/19

MARCO VINICIO EN LA 2


La 2 Noticias abrió el pasado martes el informativo con un análisis de las elecciones griegas tan certero y lúcido como una greguería de Ramón Gómez de la Serna o un aforismo de Jorge Wagensberg. Después, hubo tiempo para los indígenas de Uruguay, para escuchar las indecentes estupideces de Bolsonaro acerca de la Amazonia brasileña, para la minería ilegal en Perú, para Tintín hablando castúo (el habla popular de Extremadura) y para un cómic basado en “El primer hombre”, obra inacabada de Albert Camus. ¿Por qué hay tiempo en La 2 Noticias para la cultura indígena silenciada en Uruguay, para Tintín y para Camus? Porque hay poco tiempo para los repugnantes apaños entre Vox, Ciudadanos y el Partido Popular, para los pegajosos análisis del calor que aprieta en verano y para la asquerosa actualidad alrededor de Neymar y Griezmann. Es así de sencillo.

Una información profunda, reflexiva y serena no tiene por qué estar reñida con la brevedad (La 2 Noticias dura media hora, incluyendo la actuación en directo). Sócrates, en los diálogos de Platón, pide una y otra vez a sus interlocutores que respondan brevemente a sus preguntas, y en el maravilloso diálogo “Protágoras” suplica al sofista Protágoras que acorte sus respuestas para que pueda seguirle. No es que Sócrates fuera especialmente torpe para seguir las explicaciones de Protágoras, sino que creía que si Protágoras o cualquiera no podían explicar de forma breve y sencilla sus ideas es que no tenían claras esas ideas. La televisión no es un congreso o un seminario. Se trata de explicar la actualidad a Sócrates, es decir, a.los ciudadanos. Y, para eso, hay que saber mucho. Con tiempo infinito, hasta un mono podría escribir “El Quijote”  golpeando teclas al azar. Pero La 2 Noticias solo dispone de media hora para hablarnos de Grecia, Uruguay, Tintín y Camus, y si respeta a la audiencia tiene que informar brevemente, acortar sus respuestas y tratar a los espectadores como ciudadanos preocupados y curiosos, y no como si fuéramos setas. Ojalá todos los telediarios tuvieran la lacónica lucidez de Marco Vinicio en la película “Quo vadis” (Canal Hollywood) cuando dice que mientras haya dinero para pagar al ejército, Roma se mantendrá firme. La 2 Noticias no tiene a Marco Vinicio, pero sí a Paula Sainz-Pardo. Escúchenla. Sócrates lo haría.

9/7/19

DISNEY Y STALIN


Decía Nietzsche que con la ayuda de tres anécdotas se podía presentar la imagen de un hombre. No lo creo. En primer lugar, porque la imagen de un hombre dependería de la elección de las anécdotas, de modo que si reducimos a Walt Disney a tres anécdotas nos encontraremos con un maravilloso creador de mundos de fantasía o con un explotador sin escrúpulos simpatizante del fascismo. En segundo lugar, porque la vida de un hombre no siempre da para proporcionar tres buenas anécdotas. Así que podríamos corregir a Nietzsche y decir que con la ayuda de tres documentales se puede presentar la imagen de un hombre. Y eso pretende la serie documental “Apocalipsis: Stalin” (La 2).

Surgiendo de la nada, Stalin ascendió a las más altas cimas del poder absoluto sobre la cabeza, el corazón y el bajo vientre de los ciudadanos de la Unión Soviética. En tres capítulos (“Demonio”, “Rojo” y “El amo del mundo”), “Apocalipsis: Stalin” ofrece algunas claves para entender cómo fue posible que la revolución de octubre desembocara en esa luz que iluminaba la habitación de Stalin en el Kremlin. El estalinismo no se puede entender como producto de alguna psicopatología de Stalin, ni como un compromiso radical de Stalin con la construcción del socialismo en un solo país, ni como una inevitable extensión de ese pánico moral forjado por Stalin que está tan bien parodiado en la película “La muerte de Stalin” ni, por supuesto, como un subproducto de los generalizados sentimientos de ira y de culpa asociados a la costumbre de los rusos de fajar fuertemente a sus bebés. No podemos presentar la imagen de Stalin con tres anécdotas pero, pensándolo bien, tampoco las tres partes de “Apocalipsis: Stalin” sirven para entender completamente el estalinismo. Las purgas de Stalin no están relacionadas con la costumbre rusa de fajar a sus bebés, y los crímenes de Stalin no son consecuencia de los dolores de muelas que sufría Iósif Vissariónovich Dzhugashvili. De acuerdo. Entonces, ¿por qué? ¿Qué pasó? ¿Cómo es posible que la revolución bolchevique quedara oculta bajo la gorra y el bigotón de Stalin?

Tres anécdotas sobre Walt Disney y tres documentales sobre Stalin no son suficientes para conocer al creador de Mickey Mouse y al tirano que en dos ocasiones fue candidato al Premio Nobel de la Paz.

8/7/19

LAS IDEAS Y EL ALMA


Roger Ailes, fundador de la ultra-ultraconservadora Fox News y asesor de Richard Nixon, Ronald Reagan o Donald Trump, fue un genio en lo suyo. Ailes mintió, tergiversó, pervirtió la palabra “democracia”, ayudó decisivamente a convertir la política en una ciénaga en la que solo los más moralmente feos sobreviven. Y le fue muy, muy, muy bien. Sin embargo, el fin de la carrera, el poder y el prestigio de Roger Ailes no tuvo nada que ver con sus perversas manipulaciones ni con la gigantesca fábrica de monstruos políticos (el último, Trump) que llevó de la nada a las más altas cotas de miseria, sino con acusaciones de abuso sexual. Ailes fue un genio en lo suyo, aunque lo suyo fuera convertir a los ciudadanos en audiencia, y un asqueroso acosador que humilló a todas las mujeres que pudo y quiso. Es posible ser un genio, aunque sea un genio del mal como Fu-Manchú, y un ser humano despreciable. Roger Ailes fue un genio y un ser humano despreciable. Un matón. Un Charles Foster Kane de carne y hueso. Un especialista en encender fuegos y alimentarlos con gasolina en Fox. Un acosador convencido de que su poder le hacía invulnerable. Un miserable.

Roger Ailes murió en 2017, así que ya no puede ver “Divide y triunfarás. La historia de Roger Ailes” (Movistar Series), el documental que analiza el legado del hombre que un día decidió “producir” a Nixon como se produce una película de aventuras o una empresa de yogures. Usted sí puede ver ese documental y decidir si Ailes tenía razón cuando decía que la audiencia no quiere informarse, sino sentirse informada. Usted tiene que escuchar a Roger Ailes y luego leer el “Fedón” de Platón, donde Sócrates dice que la impropiedad en el uso de las palabras, además de perjudicar en el uso de las ideas, afecta perniciosamente a las almas. No se puede hablar como hablaba Ailes y creer que las ideas se mantienen sin mancha y que el alma no termina en el cuerpo de un hombre que exige a una futura empleada que le haga alguna mamada de vez en cuando. No se puede. Es imposible. Roger Ailes cambió la política, la televisión y muchas otras cosas, ganó millones de dólares, sabía que podía hacer presidentes con la facilidad con la que Trump se caga en los hechos. Y murió como acosador sexual. Ese es su legado.

7/7/19

INDIANA SIN JONES


“En busca del Arca perdida” (Antena 3) es algo más que una película “entretenida”, como dice Amy en un magnífico episodio de la serie “Big Bang”, y no importa en absoluto que la presencia de Indiana sea innecesaria porque, sin él, los nazis habrían descubierto igualmente el Arca y Belloq y compañía habrían terminado con la cara convertida en queso fundido. ¿Un fallo de guion? Sabemos que si Ulises está destinado a regresar a su patria será tarde y mal, en nave ajena y después de perder a todos sus compañeros. ¿Es Ulises irrelevante en la “Odisea”? En la película “Los pájaros”, Hitchcock se las arregla para meternos el miedo en el cuerpo con la excusa de un montón de pájaros que siembran el caos en Bodega Bay. ¿Es prescindible el personaje de Melanie Daniels? Rick cambia las vidas de Ilsa, de Victor y del capitán Renault en “Casablanca”, de forma que el perfecto final de la película sería imposible sin el tipo que fue a Casablanca a tomar las aguas porque, al parecer, le “informaron mal”. ¿Se trata de eso? ¿Un buen guion es un guion sin fisuras en el que los personajes son necesarios para que todas las cosas se muevan hacia su fin?

Desconfío de los que se resisten a suspender su incredulidad en el cine. ¿Han visto la descacharrante “Armageddon”? ¿Nunca han pensado que habría sido mucho más fácil y práctico formar a unos astronautas como perforadores que a unos perforadores como astronautas? Pues sí, pero nos habríamos quedado sin el espectáculo de Bruce Willis haciendo de Bruce Willis en un asteroide del tamaño de Texas a punto de estrellarse contra la Tierra ¿Y qué me dicen de “El planeta de los simios”? ¿A Taylor no le llama la atención que los simios no solo hablen, sino que lo hagan en perfecto inglés? ¿No le dio eso una pista a nuestro escéptico astronauta acerca del planeta en el que estaba? Pues sí, pero entonces nos perderíamos uno de los finales más grandiosos de la historia del cine. ¿Puede Supermán salvar de la muerte a Lois Lane dando vueltas alrededor de la Tierra para volver atrás en el tiempo? Ni siquiera Supermán puede hacer eso. ¿Y qué? Admitamos que Indiana Jones es irrelevante en “En busca del Arca perdida” porque el final sería el mismo con o sin Indiana. Vale. Pero sin Indiana Jones no habría película de Indiana Jones. ¿Puedes entender eso, Amy?

Por otro lado, mierda, Amy tiene razón. Mecagoentó.

6/7/19

TORO SENTADO EN LA TELE


No es lo mismo, ya lo sé. Pero la deslumbrante edad de oro de la series de televisión que tenemos la suerte de disfrutar no inventó el trasvase cine-televisión que permite a los espectadores ver a Nicole Kidman en “Big Little Lies”, a Matthew McConaughey en “True Detective” o a Wynona Ryder en “Stranger Things”. Eso ya está inventado desde hace mucho tiempo, aunque en los años 70 del pasado siglo muchos actores de cine famosos llegaban a la televisión como Toro Sentado acabó formando parte del espectáculo basado en el lejano oeste de Buffalo Bill. Ahora, no. Las series de televisión tienen prestigio, y ni Jessica Lange, ni Woody Allen, ni Susan Sarandon se sienten como Toro Sentado en el espectáculo de Buffalo Bill cuando trabajan en la tele. Por eso les recomiendo que vean la serie “Colombo” (Paramount Network). No solo porque “Colombo” sigue siendo una serie maravillosa y el teniente interpretado por Peter Falk es uno de los grandes personajes televisivos de la historia, sino porque ver los capítulos de “Colombo” nos permite jugar a descubrir a los grandes actores y actrices escondidos detrás de la etiqueta “Special Guest Star”.

Dos ejemplos. En “Una estrella fugaz” y “Una puntada en el crimen”, dos capítulos de la segunda temporada de “Colombo”, trabajan Anne Baxter (a quien podemos ver interpretando a Nefertari en “Los Diez Mandamientos”), Mel Ferrer (el malvado espadachín de “Scaramouche”), Anne Francis (la inolvidable Altaira de “Planeta Prohibido”) y Leonard Nimoy (Spock, por supuesto). Ahí queda eso. Cada capítulo de “Colombo” nos regala un crimen resuelto por un detective desaliñado, insistente y listo, y un repaso por los actores que llenaron de vida el viejo cine. Dos placeres por uno. No sé si Anne Baxter se sintió como Toro Sentado cuando, del mismo modo que el jefe sioux pasó del territorio del Grand River en Dakota del Sur al circo de Buffalo Bill, la actriz cambió su papel en “Eva al desnudo” por la participación en un capítulo de “Colombo”. Hoy todo sería diferente, porque Anne Baxter estaría encantada de interpretar a una secretaria de Estado en “House of Cards” o a una abuela que termina convirtiéndose en una asesina en serie accidental en “Fargo”.

Por cierto, hoy Toro Sentado podría tener un papel en “Juego de tronos”.

5/7/19

POLIFEMO NO ENTIENDE NADA


Si algo debemos aprender de todos esos documentales sobre las dos guerras mundiales que se multiplican en la programación de Canal Historia o National Geographic como si fueran los panes y los peces con los que Jesús de Nazaret alimentó a una multitud, es que nada es para siempre o, como dice John Buchan en la novela “39 escalones” (magistralmente llevada al cine por Alfred Hitchcock), en los documentales históricos vemos lo fino que es el escudo de la civilización. Los momentos más interesantes de “The Walking Dead” o el desolador mundo de “La carretera” (película basada en la novela de Cormac McCarthy) tienen que ver también con esa terrible lección. Nada es para siempre, y mucho menos el escudo de la civilización.

Ni el fino escudo de la civilización ni, por supuesto, Dios impidieron el Holocausto y las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, y ese escudo tampoco impidió que los hombres de “The Walking Dead” se convirtieran en lobos para el hombre en un mundo dominado por los zombis (los zombis no son hombres, del mismo modo que el cíclope Polifemo que devoró a varios compañeros de Ulises no es un hombre), ni pudo evitar que el oscuro mundo de “La carretera” en el que se mueven el hombre sin nombre y su hijo esté plagado de asesinos y caníbales. No es que la conciencia sea un “rollo burgués”, como dice un personaje de la película de Woody Allen “Balas sobre Broadway”, sino que la conciencia, la moral y la civilización (sean burguesas o no) son escudos muy finos y, sin escudos, no es difícil convertirse en Eichmann, ordenar que unas bombas atómicas arrasen dos ciudades, asesinar a quien sea por un plato de lentejas y comer carne humana sin ser Polifemo. El glorioso perdedor Diego Alatriste dice que la vida es una mierda, una conclusión a la que nos conducen las reflexiones de Rust Cohle en la primera temporada de “True Detective” o la participación de Isabel Pantoja en “Supervivientes”. Creo que no es exactamente así. El escudo de la civilización es débil y la vida a veces es una mierda, pero no ha estallado la III Guerra Mundial, no hay zombis en las calles, existen muchos jóvenes como Greta Thunberg que forman parte de nuestro universo moral y el Parlamento griego ha decidido pedir al gobierno que abra un procedimiento para exigir reparaciones de guerra a Alemania por los daños causados durante la ocupación nazi de Grecia. Aunque el escudo de la civilización es fino, el escudo de la historia es muy resistente. Polifemo, claro, no entiende nada.

4/7/19

NO HAY QUIEN ENTIENDA A SPOCK


Ya saben, el ser humano es un animal racional, y bla, bla, bla. Por eso los humanos somos inescrutables. Seth Lloyd, profesor de ingeniería mecánica en el MIT, dice que los ordenadores y los seres humanos compartimos la característica de la inescrutabilidad en nuestro comportamiento, y no hay nada que hacer al respecto. Nunca eliminaremos la incertidumbre en ordenadores y humanos porque esa es la naturaleza de cualquier cosa que se comporte de manera lógica. Por eso el señor Spock, que es medio vulcano, es más difícil de comprender que si fuera un ser absolutamente irracional. Es la racionalidad lo que nos hace inescrutables, concluye Lloyd, no la irracionalidad. Y la prueba es la alucinante serie documental “Lugares singulares” (#0).

Como los humanos somos seres racionales, no hay quien nos entienda. Por eso un griego puede ganarse la vida con un fenómeno óptico en una cueva de la isla de Cefalonia que hace que los barcos vuelen. Por eso un argentino puede vivir en Epecuen, un pueblo que solo es un fenómeno óptico porque no aparece en los mapas modernos ni en navegadores, pero sí en un mapa antiguo. Por eso la vida entera en la isla de Nauru, la república más pequeña del mundo, es un fenómeno óptico porque se puede recorrer en coche en solo quince minutos pero cada habitante recorre en coche al mes seis mil kilómetros. Y por eso en Macao es posible alojarse en un hotel que es una ilusión óptica porque es una copia de la imitación de Venecia en Las Vegas. Y todo así. Los seres humanos somos tan inescrutables que podemos esperar horas hasta que un barco levite, vivir en una ciudad fantasma, lograr que el 70 % de los habitantes de una isla sean obesos a golpe de frituras, porciones grandes de todo y desconocimiento de las verduras, y alojarnos en un hotel con vistas a una copia de una imitación de Venecia. “Lugares singulares” nos traslada de un lugar a otro de nuestro planeta y es imposible saber con qué nos va a sorprender en cada capítulo. Podemos entender al perro o a las ciento cincuenta gallinas de Pablo, el único habitante de la inexistente Epecuen, pero Pablo es tan inescrutable como Spock. El hombre es un animal racional inescrutable que vive en un mundo de ilusiones ópticas singulares. Y ni así podemos entender a Spock.

3/7/19

UF, AY, PUAJ


El documental “Apollo 11” se presenta (con razón) como el documental definitivo sobre la misión espacial que llevó al hombre a la Luna, y es la forma perfecta de celebrar el 50º aniversario de una aventura científica que todavía hoy nos deja sin aliento. “Apollo 11” no tiene actores, ni narradores, ni efectos especiales, sino que utiliza imágenes y voces originales de la misión restauradas digitalmente. El resultado es espectacular y emocionantísimo, aunque todos sabemos que la misión termina con la huella de Armstrong y de la humanidad en la Luna. Y, con todo, es probable que en la cena de Nochebuena o en un viaje en autobús alguien le susurre que todo es mentira, que el Apolo 11 nunca llegó a la Luna y que todo es un fraude rodado en un estudio bajo las órdenes de Stanley Kubrick. Uf.

La película de animación  “Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo” es una historia de ficción basada en hechos reales que nos permite acompañar a Juan Sebastián Elcano, Fernando de Magallanes y sus marineros en un viaje que les llevó a dar la vuelta al mundo por primera vez demostrando que el planeta Tierra es esférico. Los hechos fueron mucho más dramáticos que los que presenta la película (solo una de las cinco naves que partieron de Sevilla y 18 de los 240 marineros concluyeron el viaje), pero el espectáculo y la emoción están garantizados. Y, con todo, es probable que en una fiesta de cumpleaños o en el descanso de un partido de fútbol alguien le susurre que todo es mentira, que Elcano no existió y que la Tierra es en realidad un gigantesco disco bordeado por una pared de hielo. Ay.

El documental que la serie “Dictadores” (National Geographic) dedica a Mussolini explica de forma detallada y tranquila el proceso histórico que llevó a Benito Mussolini a convertirse en el “Duce”, hacerse amigo de Hitler y poner poses ridículas en los balcones sin que el público se descacharrara de risa como el pueblo de Jerusalén en “La vida de Brian” cuando  Poncio Pilato anuncia que va a soltar un “ggeo” de las “magmoggas”. Después de destruir Italia, el cadáver de Mussolini, junto con el de Clara Petacci y otros líderes fascistas, terminó colgado en el techo de una gasolinera. Y, con todo, es probable que en la pausa del café o en la cola del pan alguien le susurre que todo es mentira, que el fascismo consiguió que los trenes llegaran a su hora y que el pueblo necesita líderes fuertes que mantengan a raya a los extranjeros. Puaj.

Conspiranoicos, terraplanistas y fascistas, uníos.

2/7/19

"NETFLIX", EN NETFLIX


Si lo suyo son las series basadas en hechos reales lo suyo es “La plataforma”, en Netflix. Le atrapará: un gigante de contenido en streaming crece de forma vertiginosa y factura millones, pero, en su afán por alcanzar la hegemonía mundial, utiliza mil artimañas para imponerse. Especialmente dramática es la subtrama en la que (atención, spoiler) el gigante de “La plataforma” aprovecha todos los resquicios para reducir gastos hasta lo grotesco, como cuando paga al fisco en uno de los países en los que se ha logrado un más rápido crecimiento una cantidad ridícula que apenas sobrepasa los 3.000 euros. Como la vida misma.

Si prefiere las series de humor le gustará más “El contribuyente”, en Netflix. Olvide los problemas cotidianos con esta comedia: dentro de esa nueva clase social que es el precariado, un trabajador explotado y puteado sobrevive a duras penas. Especialmente hilarante es la subtrama en la que (atención, spoiler) ganando apenas 24.000 euros anuales, el ciudadano de “El contribuyente” debe pagar al fisco lo mismo que paga el gigante audiovisual del que se ha hecho socio para ahorrar dinero saliendo menos de casa. Para más recochineo, la plataforma le sube su cuota mensual. De partirse.

Si es más de series de miedo, no se pierda “El Leviatán”, en Netflix. Se le helará la sangre: el Estado, monstruo antaño enorme y poderoso, hoy es un débil anciano acorralado y chuleado por modernos gigantes multinacionales capaces de todo que amedrentan a los ciudadanos indefensos. Especialmente terrorífica es la subtrama en la que (atención, spoiler) pasándose por el forro una poco ambiciosa legislación y aquel viejo monopolio de la violencia del Leviatán que ya no interesa a nadie, los gigantes se refugian en paraísos laborales y fiscales desde donde imponen condiciones laborales miserables y pagan impuestos de miseria. Para morirse de miedo.

Y, si no, simplemente vea “Netflix”, en Netflix. Tiene de todo.

1/7/19

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA


Ha terminado la mejor edición de “MasterChef” de la historia. Tras la final de “MasterChef 7” deberíamos haber visto a Toñi Prieto, directora de entretenimiento de la corporación, recogiendo premios españoles, premios por el mundo y premios españoles por el mundo, pero no. En vez de eso vimos en el programa “RTVE responde” cómo unos telespectadores quejicas intentaban poner en un prieto aprieto a Prieto. La pobre tuvo que defenderse diciendo obviedades, como que los concursantes no eran cocineros magistrales, sino que habían ido allí a aprender cocina, y que preparar un plato catalán estando en Valencia no es ninguna ofensa a los dioses de ningún sitio. Debería haberse dejado de tonterías y centrarse en lo fundamental: desde esta edición, “MasterChef” hace a las personas mejores.

Hay partidos en el Parlamento que defienden que los niños estén vigilados en el cole por un control parental que evite que aprendan lo que sus padres no quieren que sepan. “MasterChef” es la solución a esta situación. Hay prevención hacia los profes porque, con sus estudios y su pluralidad ideológica, pueden ser muy peligrosos, eso lo sabemos todos. Pero nadie desconfía de un cocinero que todo el rato dice “maridar”, “emplatar” y “dialoga en boca”. Y, sin embargo, un cocinero puede transmitir valores personales y sólidos conocimientos sobre el universo, la vida y todo lo demás que no pongan nerviosos a esos señoritos valientes que tienen miedo a que sus hijos sepan lo grande que es la vida y lo rico que puede estar un plato catalán cocinado en Valencia.

Valentín, finalista de “MasterChef 7” tiene la clave. Ha descubierto que estamos ante algo mucho más grande que un concurso culinario. Además de terminar con más “conocimientos gastronómicos”, ha dicho que también ha terminado con “más amigos y más cultura”, pero sobre todo ha sentenciado esto: “'MasterChef' me ha hecho mejor persona”. Hagamos que “MasterChef 8” universalice esta hazaña y el Estado emitirá educación para la ciudadanía para todos en lugar de carísimos cursos de cocina para unos pocos.

30/6/19

EN SUS ZAPATOS



La noche del pasado miércoles vi dos entregas seguidas de “Fuera de cobertura” en Cuatro. Y nada. Pensé que lo conseguiría porque este programa de reportajes está realizado por Alejandra Andrade, que desde “Callejeros” a “En tierra hostil”, pasando por “Encarcelados”, ha demostrado que conoce su oficio, pero me equivoqué. Nada de nada.

La primera entrega de “Fuera de cobertura” se centró en las duras condiciones en las que se encuentran miles de jóvenes españoles que están emigrando a Holanda para trabajar en empresas de trabajo temporal. Hice esfuerzos por entender a los holandeses preocupados por el problema de la inmigración, traté de comprender la amenaza que supone para ellos la llegada de personas extranjeras y sin dinero que trabajan para sobrevivir, pero no lo conseguí. Después “Fuera de cobertura” trató de las duras condiciones en las que se encuentran miles de jóvenes españoles que están emigrando a Gran Bretaña para trabajar como au pairs. Tampoco fui capaz de ponerme en los zapatos de los británicos preocupados por el problema de la inmigración que ven una amenaza en la llegada de extranjeros pobres que para sobrevivir se quedan con sus trabajos, y que, lejos de aprender inglés como pretenden, lo que están haciendo es enseñar español a sus niños siendo además chachas para todo a coste cero.

Tal vez la culpa del fracaso sea mía porque soy tan español y muy español que me hago trampas al solitario. Siendo tan patriota me pongo de parte de los españoles que nos muestra Andrade, por eso no termino de empatizar con la ultraderecha xenófoba holandesa y británica. Mejor cambiar de aires y de continente.

La imagen de un padre y su hija ahogados en el río Bravo recorre los telediarios. El agua mece levemente los cuerpos ya sin vida de estos maleantes criminales y violadores que organizados en peligrosas mafias tratan de evitar que América sea grande de nuevo. Nada. Sigo sin creérmelo. Seguiré intentándolo pero me temo lo peor. ¡Es tan difícil ponerse en el lugar de quienes no se ponen en lugar de los demás!

29/6/19

GOL DE OTEGUI


Televisión Española no puede decidir unilateralmente entrevistar a Arnaldo Otegui sin rendir cuentas a nadie. No está bien que Canal 24 Horas sea, porque sí, el altavoz del líder de EH Bildu. Es intolerable que TVE sirva en bandeja, por sus narices, contra la opinión de las víctimas del terrorismo y con la oposición de un buen puñado de partidos políticos elegidos democráticamente en las urnas, una pileta de agüita limpia y refrescante para que un tipo de su catadura moral se dé un chapuzón ante todos los españoles de bien salpicando barbaridades, para que se lave la sangre que aún tiene la desfachatez de justificar, para que blanquee su imagen tergiversando la historia, para que limpie y deje como los chorros del oro esa conciencia suya, alucinada y multiusos, que lo mismo fríe un cuento que cose una mentira.

Por eso fue una vergüenza que el Canal 24 Horas dispusiera, por su cuenta y riesgo, hacer una entrevista a Otegui, y la noche del pasado miércoles nos la tuviéramos que comer con patatas. TVE no puede guiarse por impulsos, no puede regirse por caprichos, ni puede estar al albur de las decisiones arbitrarias del jefazo o jefaza que le haya caído encima como consecuencia de los últimos vaivenes políticos. TVE debería haberlo entrevistado de oficio, por responsabilidad institucional, por higiene democrática.

De la misma manera que el presidente del Gobierno es, sea del partido que sea, el presidente de todos; a todos nos representan, nos guste o no, todos los partidos con representación parlamentaria. TVE tiene el deber de cumplir el mandato democrático de recoger la pluralidad ideológica que hay en nuestras instituciones. No puede permitir que unos partidos políticos elegidos democráticamente en las urnas decidan qué partidos políticos elegidos democráticamente en las urnas pueden salir en la tele pública y cuáles no. Si la entrevista a Otegui respondió a estos principios, hay que felicitar a TVE por hacer bien su trabajo. No queda otra.

28/6/19

CALOR ATÓMICO


El pasado miércoles, La 2 Noticias abrió su informativo con un análisis de la peligrosísima deriva chiflado-paranoica que inunda los despachos estadounidenses y rusos donde se cuecen las decisiones que nos afectan a todos y que, si no lo remedia la ciudadanía en su acción democrática, nos conducirá a una nueva escalada nuclear, un regreso a la guerra fría y un retorno de las películas inspiradas en el horror de la guerra atómica. Ese mismo miércoles, el telediario de La 1 comenzó con un larguísimo análisis de la ola de calor que nos ataca en verano, dedicó su parte central a esa misma ola de calor, y finalizó con un exhaustivo resumen del caluroso día veraniego que obligó a la ciudadanía a procurar no hacer deporte en las horas centrales del día, beber mucha agua y buscar la sombra.

La guerra nuclear y la ola de calor. ¿A quién le importa el aumento de las armas nucleares y el entierro controlado de los tratados que limitan ese armamento nuclear? A las Noticias de La 2. ¿A quién le importa el calorazo a finales de junio? A La 1. Somos humanos y, por tanto, nada de lo humano nos es ajeno. Pero del mismo modo que es difícil  entender que Paula Sainz-Pardo no conceda en La 2 ni un segundo al calor del verano, no comprendo el desdén de La 1 hacia el calor de la guerra atómica. ¿Se puede luchar contra el calentamiento global y contra las armas nucleares?  Por supuesto. Decía Stephen Hawking que incluso la gente que afirma que no podemos hacer nada para cambiar las cosas, mira antes de cruzar la calle. Incluso los que dicen que no podemos hacer nada contra el calentamiento global y contra la chifladura atómica tienen planes de pensiones o una lista de libros para leer con calma cuando se jubilen. Y algo que podemos hacer es exigir a La 1 que informe de los desafiantes cruces de miradas nucleares entre estadounidenses y rusos, y animar a La 2 para que, de vez, en cuando, nos trate como a vecinos que comparten un viaje en ascensor y comente que hace mucho calor y es difícil dormir por las noches.

Un apocalipsis nuclear tiene sitio en La 1 y un infierno de calor tiene un lugar en La 2. Así, cuando crucemos la calle por un paso de peatones, todos miraremos a la izquierda para parar las armas nucleares y a la derecha para tomar medidas contra el calentamiento global. El futuro nos atropellará, pero que no sea por no mirar en los telediarios lo que hay que ver.

27/6/19

PROGRAMA MASSIMINO


Cuentan que Polemón, que fue director de la Academia de Platón, permanecía totalmente inconmovible en los espectáculos teatrales, una conducta tan incomprensible para un griego como beber vino sin mezclar con agua. La impasibilidad de Polemón era tan extraordinaria que cuando el famoso actor Nicóstrato, a quien apodaban “Clitemnestra” (el teatro griego está lleno de fascinantes personajes femeninos, pero eran interpretados por hombres), leyó de forma conmovedora el texto de un poeta, no dio muestras de haber oído nada. Me pregunto si Polemón mantendría hoy su careto impasible y su pose indiferente ante el espectáculo que ofrecen tantas y tantas series televisivas que bucean en la naturaleza humana como los bajau se sumergen en las aguas de las Filipinas, Malasia e Indonesia para pescar a más de sesenta metros de profundidad. ¿Podría Polemón poner cara de Buster Keaton mientras ve un capítulo de “Black Mirror” o la brutal primera temporada de “Fargo”? ¿Sería capaz Polemón de hacer como que no ha oído nada después de escuchar los monólogos de Rust Cohle en “True Detective” o las sentencias de Tyrion Lannister en “Juego de tronos”? Vale, concedamos que Polemón es inmune al magnetismo de Clitemnestra y de Tyrion. ¿Qué podemos hacer? Solo se me ocurre convertir a Polemón en un astronauta.

A veces, alejarse es la única forma de entender lo que tenemos más cerca. En “Nuestro planeta” (La 2), la serie documental presentada por el actor Will Smith, el astronauta Mike Massimino (a quien recordarán por su divertidísima intervención en varios capítulos de “Big Bang”) dice que lloró de emoción cuando contempló el espectáculo del planeta Tierra desde el espacio. Creo que Polemón en el espacio también lloraría y entendería el valor de Clitemnestra y de todos los grandes personajes paridos por el genio humano. Y, del mismo modo que un Polemón astronauta entendería unas cuantas cosas, todos esos megaultranacionalistas acostumbrados a emocionarse, llorar y conmoverse con el espectáculo que ofrece su accidental lugar de origen entenderían muchas cosas si pudieran admirar el planeta Tierra como lo contempló Massimino en su paseo espacial. El programa Erasmus es una de las grandes ideas de la Unión Europea, y yo propongo un programa Massimino para enviar al espacio a los que, como Polemón con el teatro, son incapaces de conmoverse con el ser humano, ese ser que desde el espacio vive en un planeta sin fronteras. Por mucho que cueste, el programa Massimino sería barato.

26/6/19

¿ES APLICABLE EL CONCEPTO DE "SPOILER" A LOS CONCURSOS?


A ver, ¿se puede saber por qué todos los medios mantienen un secreto absoluto respecto del desenlace de nuestras series favoritas, pero sin embargo corren a publicar los resultados de nuestros concursos favoritos en cuanto se graban? O sea, ¿no se puede decir hasta pasados cinco años que en el capítulo final de “Juego de tronos” Fulanito mata a Menganita, pero se puede pregonar a los cuatro vientos que ya se ha grabado el programa de “Boom” en el que Los Lobos ganan el bote de seis millonacos y pico? ¿Es aplicable el concepto de “spoiler a los concursos o sólo a las series?

En su reciente tesis doctoral “Boundaries about conceptual análisis of tv contest shows: towards a phenomenological status of zapping under the Trump administration”, el comunicólogo Anthony Rich distingue dos tipos de concursos televisivos en función del interés que tiene su resultado final: aquellos concursos que pierden todo interés si ya se sabe el desenlace, -por ejemplo, el clásico “La ruleta de la fortuna”-, y aquellos concursos que siguen siendo interesantes aunque ya se sepa quién y qué va a ganar, -por ejemplo, el clásico “Un, dos, tres, responda otra vez”-. ¿Pertenece “Boom” al primer tipo o al segundo?

¿O a un tercero? ¿existe un tercer tipo de concursos que no ha contemplado Rich, aquéllos cuyo interés no disminuye, sino que aumenta una vez que se conoce el resultado? Es fácil adelantar que Antena 3 filtrará el día de emisión en el que Los Lobos se llevarán el bote, y previsiblemente las audiencias serán más millonarias que el premio. Es el spoiler paradójico, el aumento de los espectadores como consecuencia de eliminar el suspense acerca de lo que va a pasar. Hay quien se aísla del mundo para no conocer cómo termina “Juego de tronos” tras la emisión de su último capítulo. Yo me voy a encerrar para no saber qué día ganan Los Lobos el bote antes de que se emita el último capítulo de “Boom”.

25/6/19

BEATRIZ TALEGÓN VS MARÍA ELVIRA ROCA

En “Imperiofobia y leyenda negra”, la profesora María Elvira Roca desmonta todo el entramado que ha estado manteniendo durante siglos la idea de que España es un país inherentemente fallido, esencialmente retrógrado y oscurantista, un error que la historia terminará eliminando dado que es imposible de corregir. Roca analiza los orígenes de esta leyenda, compara el comportamiento de España con el de otros Estados que también formaron imperios y colonias ultramarinas, desvela las mil formas sutiles por las que los españoles hemos interiorizado de forma acrítica desde la escuela la versión historiográfica que de España dieron sus rivales y las consecuencias que eso está trayendo para nuestro país en la actualidad.

No tengo formación para juzgar el acierto de la profesora Roca. Pero su postura se tambalea tras la irrupción de Beatriz Talegón, otra destacada histor… eh… defensora de la homeopatía, que ha defendido la supremacía cultural catalana respecto a la española, ya que mientras que en dicha Comunidad Autónoma el programa más visto son los informativos de TV3, en el resto del Estado español ese liderazgo lo ostenta “Sálvame”. Quizá los españoles fueron menos crueles en Sudamérica de lo que los británicos fueron en Norteamérica. Quizá
el catolicismo sea menos racista, fanático e intervencionista del Estado que el protestantismo. Pero seguimos siendo un país de mierda porque vemos “Sálvame”. Cataluña haría bien en independizarse.

Sí tengo formación para juzgar la solemne majadería de la homeópata Talegón, que hace aguas desde la selección de las muestras -en donde, por ejemplo, no se controla el papel de variables económicas- hasta la consideración de que cualquier informativo ha de ser mejor que cualquier programa del corazón. La leyenda negra tiene una nueva variante: la leyenda negra televisiva. Y el supremacismo tiene un nuevo subtipo: el supremacismo televisivo. Ahora sólo nos queda contemplar algún debate entre Roca y Talegón. Para echarnos a llorar, digo. O a reír.

24/6/19

CANAL BELÉN ESTEBAN


La boda de Belén Esteban es muy importante. Superimportante. Una boda ya es importante aunque no sea la de Belén Esteban, y Belén Esteban ya es importante aunque no esté en su boda, pero cuando se trata de la boda de Belén Esteban entonces pasa lo que pasó anteayer, que fue un acontecimiento superimportante. Megasuperimportante.

Gracias al servicio público que presta Telecinco desde hace lustros para que los ciudadanos podamos seguir al dedillo la vida y obra de esta mujer sin sustancia, anteayer nos pudimos enterar de todas las chorradas que rodearon el acontecimiento. Si cualquier día anodino ya nos cuentan todas las menudencias de su existencia diminuta, no podíamos permitirnos quedar anteayer sin darle y darle a la matraca de Belén Esteban y su boda, con lo importante que es la boda de Belén Esteban. Extramegasuperimportante.

Telecinco ofreció también todas las chorradas que rodean a las personas sin sustancia que rodean las chorradas que le pasan a la sinsustancia de Belén Esteban. Esas personas anodinas y sus chorradas son importantes porque sin ellas la anodina Belén Esteban no sería importante y la boda de Belén Esteban no sería tan importante como es Belén Esteban en su boda. Fue hermoso ver cómo el torbellino giraba con el mismo rentable ímpetu con el que había girado en la anterior boda de Belén Esteban, la anterior no boda de Belén Esteban, el pasado divorcio de Belén Esteban y la más pasada separación de Belén Esteban. Los bailes que más baila Belén Esteban no son aquellos de “¡Más que baile!”, son los bailes que baila consigo misma sobre sí misma alrededor de ella misma con Telecinco tirando la peonza.

Está bien que Belén Esteban caiga, se recupere, vuelva a caer y vuelva a recuperarse de sus dependencias, pero no que supere la adicción a sí misma. Es importante que no pare la peonza, que siga girando en torno a sí como hasta ahora, que sea como Rogoflecto, el bailarín de “El lago encantado” de Les Luthiers, y sostenga Mediaset dando vueltas sin parar para llegar donde ya estaba. Ultraextramegasuperimportante.

23/6/19

INDAGACIÓN


¿Por qué está ahí Eduardo Inda? ¿Por qué Inda es tan molesto, tan incómodo, tan desasosegante? ¿Por qué hay tal unanimidad en que, al margen de lo rastrero que es como tertuliano, Inda es tan mala persona? ¿A qué se debe que, en un medio en el que es tan socorrido el papel de villano, Inda haya logrado convencernos de que él no finge ante las cámaras, él no actúa en los platós, él es realmente un tipo siniestro dispuesto a todo con tal de medrar? ¿A qué se debe que a Inda le quede peor que a nadie, que ya es decir, esa dentadura marciana bañada en peróxido de hidrógeno que tanto gusta a los horteras?

¿Cómo logra Inda transmitir la sensación de que cuanto más escala, más bajo cae; de que cuanto mayor es su presencia, mayor es la gana que tenemos de perderlo de vista, de que su éxito es nuestra derrota? ¿Cómo se las apaña Inda para, da igual a qué insultos, exabruptos o mentiras recurra, siempre sea peor ver su cara, ver cómo se sienta, ver la actitud arrogante y chulesca que adopta? ¿A qué espera el cine de terror para crear un repulsivo personaje que en todo parece normal excepto en que se ríe con la estomagante sonrisa murina de Inda?

¿Por qué da igual que un programa televisivo sea bueno o malo, trate temas interesantes o aburridos, en cuanto aparece Inda todo es la misma porquería? ¿Cómo logra Inda enturbiar lo que toca, tornando en mezquino cualquier debate o discusión en el que participa? ¿Por qué esta semana tantísimas personas se tomaron la molestia de repetir una vez más lo evidente para contestar a la última sandez de Inda —esta vez machista, esta vez contra Marta Flich de “Todo es mentira” (tardes de Cuatro)— si eso es como pretender razonar con Torrente, como dar de comer a un gremlin después de medianoche, como alimentar al troll? ¿Podría algún genio de los efectos especiales reproducir, con maquillaje o infografía, el brillo de los ojos de Inda cuando nos saca a todos de quicio?

22/6/19

PASA LA VIDA


Unos grandes almacenes nos recuerdan que la vuelta al cole ya está ahí porque el verano pasa volando, y eso significa que tras las vacaciones viene el momento de organizar las cosas para el regreso de niños y niñas a las aulas. Supongo que el sociópata responsable de amenazarnos a todos con “la vuelta al cole” cuando ni siquiera ha terminado el curso escolar y el verano está tan intacto y lleno de cosas maravillosas como la tumba de Tutankamón cuando fue descubierta por Howard Carter está en un lugar secreto según el protocolo de protección de aguafiestas. Ojalá ese tipo pille una buena diarrea o una magnífica indigestión de calamares, pero el daño ya está hecho.

Prepárese para lo peor. Me temo que algún programa veraniego estará patrocinado por una marca de langostinos porque, ya saben, la Navidad está ahí y no es posible una Nochebuena feliz sin langostinos en la cena. Nos acosarán con anuncios de ropa de invierno porque el verano pasa volando, y eso significa que tras esos ridículos meses de calor viene el momento de las bufandas y los abrigos. ¿Está su casa preparada para el crudo invierno? ¿Lo está usted? ¿Todavía no ha visto las series que se estrenarán después del verano? Qué pringado. ¿De qué va a hablar entonces  mientras se toma una efímera cerveza bien fresquita en una fugaz terraza veraniega? Saboree ese helado de fresa mientras pueda porque se acerca el invierno, las clases de matemáticas, los chubasqueros, la Liga de Campeones, los anuncios de fascículos coleccionables, la emisión en TCM de la película “¡Qué bello es vivir!” y los nervios antes de ver el vestido de Cristina Pedroche en las campanadas de fin de año.

Si, como nos advierten esos grandes almacenes de cuyo nombre quiero olvidarme, hay que prepararse para la vuelta al cole, entonces tenemos que prepararnos para la programación televisiva veraniega no de este verano, sino del siguiente. ¿No siente ya la presencia de los programas “refrescantes” que llenarán  las parrillas de Telecinco y de Antena 3 en el verano de 2020? Cielo santo, ¿no les parece increíble que ya estemos preparando la mochila de los niños para el curso 2020-2021? Pasa la vida. Tus ilusiones y tus bellos sueños, todo se olvida. Pasa la vida.

21/6/19

APOCALIPSIS TELERÍN


El pasado martes, Telecinco castigó a su audiencia cinéfila obligándola a soportar hasta las once de la noche (sí, han leído bien) la abyecta sucesión de imbecilidades que constituye “Supervivientes” para poder ver después “X-Men: Apocalipsis”. ¿Nos hemos vuelto completamente locos? ¿Qué sentido tiene que una cadena generalista programe una película con tirón entre la chavalería en un horario antiproletario, antieducativo, antiestético y sádico? Cuando la televisión pública decide ser proletaria, educativa, estética y sensible, coloca un cartelito en la pantalla indicando que tal o cual programa termina antes de las doce de la noche. Está cerca el momento en que Telecinco también coloque de vez en cuando un cartelito que anuncie que tal o cual película comenzará antes de las doce de la noche. Ni los X-Men pueden con los tertulianos de “Supervivientes”.

El pasado martes, sin embargo, los dioses de la televisión, que casi siempre son tan mudos y sordos como los dioses de los hombres, permitieron una feliz coincidencia que tendría que obligar a reflexionar a todos los espectadores de buena voluntad. Justo cuando estaba a punto de comenzar “X-Men: Apocalipsis” en Telecinco, en “Cachitos de hierro y cromo” (La 2) surgía de las profundidades del tiempo la Familia Telerín invitando a los más pequeños a irse a la cama porque hay que descansar para que mañana podamos madrugar. La Familia Telerín era proletaria, educativa, estética y sensible, pero en la televisión actual Cleo, Teté, Maripí, Pelusín, Colitas y Cuquín no tienen sitio porque es ridículo marcar con una cancioncita el fin de la programación infantil cuando las cadenas generalistas no tienen programación infantil y, además, nos han convencido de que las patéticas desventuras de los concursantes de “Supervivientes” son aptas tanto para los niños de la Familia Telerín como para los de la Familia Monster.

Ya somos espectadores mutantes, como Charles Xavier, Mística o Bestia, y los niños de la Familia Telerín solo son un recuerdo de hierro y cromo. El Apocalipsis empieza a las once de la noche. Menuda revelación.

20/6/19

THE COACHES OF "THE VOICE"


¿A que nadie entendería que en “La Voz Senior” se hablara todo el rato de “songs”, teniendo como tenemos en español “canciones” o “temas”? ¿A que nadie entendería que Eva González llamara “people” a la gente, “music” a la música, “microphone” al micrófono o “turning chairs” a las sillas que se dan la vuelta? ¿A que nadie entendería que Antena 3 hiciera promos anunciando que ya llegan las semifinales de “La Voz Senior” en donde se enfrentarán los “contestants”, teniendo como tenemos en español “alumno”, “participante”, “concursante”, “competidor”, “finalista” o “contendiente”?

Entonces, ¿por qué, oh, dioses de los arcanos esotéricos de la televisión, todos oímos con toda normalidad, sin que se nos taladren dos agujeros con un hierro al rojo que empiecen en cada tímpano y terminen en el lóbulo frontal, llamar “coaches” a Paulina Rubio, David Bisbal, Antonio Orozco y Pablo López, teniendo como tenemos en español -por orden alfabético- “árbitro”, “asesor”, “consejero”, “consultor”, “defensor”, “entrenador”, “especialista”, “examinador”, “experto”, “guía”, “instructor”, “juez”, “jurado”, “maestro”, “mecenas”, “mentor”, “monitor”, “orientador”, “padrino”, “patrocinador”, “perito”, “profesor”, “protector”, “preceptor”, “preparador”, “revisor”, “supervisor”, “técnico”, “tribunal” o “tutor”?

¿De verdad ninguna de estas treinta palabras en español es satisfactoria para describir el trabajo de los susodichos miembros del programa, y no queda más remedio que recurrir al anglicismo “coach”? ¿Y por qué ahora que se han incorporado asesores de los coaches, nadie se refiere a, por ejemplo, David Bustamante como el coach del coach Pablo López, o a Antonio Carmona como el coach de la coach Paulina Rubio? Resumiendo, ¿quién fue el incompetente que tituló en España el programa “La voz”, teniendo en cuenta que en todo el mundo se le conoce como “The Voice”? ¿Y para qué lo hizo?

19/6/19

DIVULGAR CIENCIA A TRES TURNOS


La divulgación científica es una tarea tan urgente en la sociedad actual que es necesario que la televisión pública se ponga a trabajar en ella a tres turnos. Como se hace en una obra pública de máxima prioridad. Cuando la sociedad se enfrenta a una catástrofe y hay que intervenir a toda prisa para evitarla, se trabaja a tres turnos, y cuando un retén termina su agotadora jornada de ocho horas, ya está preparado el siguiente para tomar el relevo. Es fundamental que la obra no se detenga nunca. El pasado lunes me puse a ver “Órbita Laika” y me encontré con su ausencia. Al parecer se había terminado ya la temporada de 2019 y la televisión pública considera que ya no hace falta otro programa de divulgación científica hasta 2020.

No digo yo que Eduardo Sáenz de Cabezón y todo su magnífico equipo no merezcan el descanso. Pero no el descanso eterno. La temporada de “Órbita Laika” que acaba de terminar ha sido brillante, sencillamente magnífica, seguramente la mejor de toda su historia, y el retén de científicos de guardia que la ha realizado tiene derecho a unas buenas vacaciones. Pero TVE ha de ser consciente de la importancia de la divulgación científica como parte de su labor, y otro equipo de divulgadores tendría ya que haber estado preparado para tomar el testigo el siguiente lunes por la noche. Y cuando termine este equipo, debería incorporarse un tercero. Y después, un cuarto. Y cuantos hagan falta hasta que se cierre el ciclo y volvamos a tener a Eduardo Sáenz de Cabezón al frente de otras trece entregas de “Órbita Laika”.

Poco se sabe si sólo se sabe ciencia, pero nada se sabe si no se sabe ciencia. Y nunca como ahora la sociedad en su conjunto se ha enfrentado a encrucijadas que es necesario resolver racionalmente y no emocional o identitariamente. La ciencia es el mayor, más útil y más unificador proyecto colectivo de la especie humana. Cuando una labor es así de urgente se ha de trabajar a tres turnos al día o a cuatro temporadas al año.

18/6/19

LA MUERTE PARA LOS CREYENTES

Claro, ahora lo entiendo, para los creyentes la muerte debe de ser algo parecido a “El cielo puede esperar”, la divertida e ingeniosa serie de Movistar+ que presenta el falso entierro de personajes populares, mientras el falso finado sigue la ceremonia a través de una pantalla de plasma situada en una sala anexa. Tú la palmas, pero sigues plenamente consciente de lo que pasa a tu alrededor. Ya no tienes retinas, pero sigues percibiendo el rango de colores correspondiente a las longitudes de onda a las que reaccionaban sus fotorreceptores. Ya no tienes tímpanos, pero sigues oyendo los sonidos correspondientes a las frecuencias a las que reaccionaba el nervio auditivo. No estás en ningún sitio concreto del espacio, pero ves las cosas desde una determinada perspectiva -habitualmente, elevada-.

Pues si la muerte es así, oye, casi que me apunto. Mola. Muero porque no muero. En mi funeral Rozalén no hará una maravillosa versión de “Peces de ciudad”, como hizo en el de Ana Belén, pero estoy casi seguro de que los amigos que vendrán a presentar sus faltas de respeto no serán menos cabrones que los que lo hicieron en el velorio de Leiva o Xavier Sardá. No era un asunto que ocupara mucho mi atención hasta este momento, convencido como estaba de la máxima epicúrea que afirma que cuando la muerte esté ya no estaré yo, pero ahora que parece que sí, que voy a estar en la habitación de al lado, me interesa saber si mis deudos me llorarán más o menos que los de Arturo Valls.

Apetece hacerse creyente. Es lo que tiene la televisión, que te dan ganas de hacerte creyente. De lo que sea. De “Juego de tronos”. Del independentismo catalán. De la boda de Pilar Rubio y Sergio Ramos. De la vida después de la muerte y el más allá. El caso es creer. Es el principio y el fin de la televisión. Y, puestos a creer, la muerte que nos presenta “El cielo puede esperar” es la máxima creencia que nos podemos permitir los ateos. Qué envidia me dan los creyentes: viven permanentemente dentro de Movistar+.

17/6/19

¿QUÉ HA SIDO DE LAS SERIES PROCEDIMENTALES?


¿Nadie se ha dado cuenta de que, de pronto, de la noche a la mañana, han desaparecido todas las series procedimentales? En el argot televisivo se conoce como “procedimental” aquella serie, habitualmente de temática policíaca, aunque también médica, periodística, de ciencia-ficción, en donde se presenta en cada capítulo un “caso”, una trama que se inicia, se desarrolla y se termina en dicho episodio. Las series procedimentales acostumbran a girar exclusivamente alrededor de un único personaje –“Colombo”, “Se ha escrito un crimen”- o, como mucho, un equipo –“El equipo A”, “Bones”-. Al no tener casi tramas horizontales, los capítulos pueden ser vistos casi en cualquier orden -ah, mira un capítulo de “House”, voy a verlo; empieza “Caso abierto”, a ver de qué va-.

“El cuento de la criada” está muy bien, claro. Y “Juego de tronos”, espectacular. “Chernobyl”, prodigiosa, de quedar cinco horas boquiabierto. Pero, bah, ¿soy el único que echa de menos dedicar una horina a ver a Kojac resolver un caso policíaco o a la doctora Quinn afrontar la epidemia de sarampión en una aldea del medio oeste norteamericano? ¿No eran maravillosas aquellas series que podías disfrutar sin conocer los sesenta personajes de la trama ni tener que haber visto enteritas las ocho temporadas previas? ¿Que te cansabas de crímenes y enfermedades? Pues te ibas a “Vacaciones en el mar” o a “Lou Grant”.

Las series procedimentales fueron durante décadas el estándar propio de todas las grandes series. Decir “serie” era decir “serie procedimental”. Hasta que llegó la televisión por cable, y el formato de los grandes relatos empezó a arrinconar a los “casos”. Sin darnos cuenta, empezamos a ver temporadas en vez de capítulos. Los primeros segundos de un episodio ya no adelantaban lo que íbamos a ver, sino que nos recordaban lo que habíamos visto. Aparecieron los spoilers. Algo muy raro ocurrió el día en el que dejamos de estar seguros de que el protagonista de nuestra serie favorita iba a terminar el capítulo sano y salvo.

16/6/19

UNA CALLE EN EL CORAZÓN


Las mujeres afroamericanas matemáticas de la NASA ya tienen una calle en Washington llamada “Figuras ocultas”, el mismo nombre que la estupenda película de Theodore Melfi basada en el libro de Margot Lee Shetterly. La justicia poética suele llegar tarde, pero llega. Los cálculos matemáticos de Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson permitieron que John Glenn se convirtiera en el primer astronauta estadounidense en orbitar el planeta Tierra, y eso en un país que en el que los negros no podían hacer pis en los mismos baños que los blancos. La matemática no tiene color, ni horario, ni fecha en el calendario. Pero los derechos civiles, sí. Por eso debemos celebrar que hoy, en Washington, una calle recuerde el nombre de aquellas mujeres matemáticas que tenían que orinar lejos de su lugar de trabajo porque su piel no era del color adecuado. Peo hay más figuras ocultas.

Si no han visto el documental “A 20 pasos de la fama” (La 2), no sé qué hacen leyendo este artículo en vez de correr en su busca como un rockero convencido de que Elvis Presley ha resucitado y da un concierto en Memphis. “A 20 pasos de la fama” nos descubre la historia (y el presente) de las mujeres negras que han acompañado con sus voces imposiblemente perfectas a los grandes de la música popular, desde Ray Charles y Steve Wonder a Sting, David Bowie, Mick Jagger o Joe Cocker pasando por, tachán, Bruce Springsteen. Esas coristas eran también “figuras ocultas” aunque su presencia y sus voces lo llenaran todo, incluido el breve espacio en el que no está el cantante principal. Darlene Love, señoras y señores. Los monjes cistercienses decían que el canto deber ser dulce sin ser ligero, que agrade el oído a fin de conmover el corazón, y que no vacíe el texto de su sentido sino que, por el contrario, lo enriquezca. San Bernardo de Claraval habría alucinado con Darlene Love, y su corazón se habría conmovido como lo hicieron los corazones de los músicos que la contrataron y de los espectadores que la escucharon. Darlene explica en “A 20 pasos de la fama” cómo fue su vida de corista, y creo que el mejor elogio que podemos hacer es que, como diría Demócrito, sus palabras son la sombra de su acción y de sus canciones. Esta extraordinaria mujer es una de esas “figuras ocultas” que merecen una calle no en Washington, sino en nuestros corazones. Los cálculos de Katherine Johnson y el ritmo de Darlene Love ya no están ocultos.