17/1/18

DALILA Y EL SALTO DE FRECUENCIA


Hedy Lamarr fue una actriz bellísima y, también, una notable inventora, así que Hedy Lamarr es tanto la protagonista de “Sansón y Dalila” como la inventora de un sistema de comunicación que es la base de la seguridad en dispositivos Wifi, Bluetoot, GPS y teléfonos móviles. Hedy Lamarr es la mujer que escandalizó al mundo cuando apareció desnuda en “Éxtasis”, una película condenada por el Papa y por Hitler, y la mujer que inventó un torpedo controlado por radio. Hay dos Hedy Lamarr. La primera, más conocida, es la que seduce a Víctor Mature disfrazado de Sansón. La segunda, casi desconocida, es la que nos habla en el documental “Bombshell: la historia de Hedy Lamarr” (Xtra) de lo fácil que es para una mujer parecer glamurosa (“lo único que tiene que hacer es quedarse quieta y parecer estúpida”) y de lo difícil que era para una estrella de Hollywood como Hedy Lamarr ser Hedy Lamarr y, a la vez, una atrevida inventora. Hedy Lamarr se casó muchas veces, murió arruinada físicamente y amargada con el mundo, vendió bonos de guerra, actuó para las tropas estadounidenses, inspiró a Catwoman, trabajó en sus inventos después de agotadoras jornadas en el plató, firmó patentes que no le produjeron fama  ni dinero y… quiso dejar de ser judía. Sospecho que Hedy Lamarr habría estado de acuerdo con la filósofa Hannah Arendt, que después de la publicación de su libro “Eichmann en Jerusalén” fue acusada de no amar al pueblo judío.

Arendt reconocía que nunca se sintió movida por el “amor” al pueblo judío porque jamás amó a ningún pueblo o colectivo, ni al pueblo alemán, ni al francés, ni al estadounidense, ni a la clase obrera, ni a nada semejante porque el único género de amor que conocía y en el que creyó fue el amor a las personas. Del mismo modo, tendríamos que amar a Hedy Lamarr no por haber sido una mujer demasiado bella como para ser tomada en serio como científica, ni por su origen judío en una época dominada por las repugnantes ideas nazis, ni por ser víctima de un sistema de estudios que convertía a los actores y actrices en ganado humano, sino por ser Hedwig Eva Maria Kiesler, una persona que nunca quiso ser mujer inventora, sino inventora; que nunca quiso ser judía, sino enemiga del nazismo; y que nunca quiso tener que elegir entre el cine y la ingeniería porque ser Dalila le gustaba tanto como trabajar en su idea de la transmisión en espectro ensanchado por salto de frecuencia. No amemos a la mujer, ni a la judía, ni a la actriz, sino a Hedwig Eva Maria Kiesler, más conocida como Hedy Lamarr.

16/1/18

LA PORQUERÍA OPULENTA

Como el título de esta columna, todo en “La peste” (Movistar+) es un oxímoron. Pero principalmente la suciedad, la inmundicia ulcerada y purulenta, que recibe de la cámara de Alberto Rodríguez el tratamiento que en cualquier otra serie tendría el lujo más exquisito. Ese juego de confusiones arranca en la propia tipografía del cartel, en donde la palabra “peste” aparece rotulada con letras propias de un perfume exclusivo; sigue en la elección de Sevilla, la ciudad más luminosa de España, como escenario de una historia escrita en negro claro sobre negro oscuro; y culmina en la elección de un fondo, una epidemia de peste en el siglo XVI, sobre el que resulta muy difícil conseguir que contraste la epidemia de insalubridad moral en la que chapotean los protagonistas. El espectador tiene que entrecerrar los ojos y extremar la atención sobre la pantalla tanto para manejarse entre las sombras de las imágenes como entre las sombras del argumento.

De alguna forma, “La peste” tiene vocación de serie total. De ser una obra de arte y su contraria, mérito reservado a autores y productos excepcionales. Pretende ser y no ser una serie histórica y un thriller, ser y no ser un western y una película de cine negro, y eso sólo se consigue colocándose por encima de los géneros y sirviéndose de ellos en vez de convertirse en su servidor. Es al mismo tiempo una apuesta muy específica y muy generalista, como la nube de metáforas que rodea a la enfermedad contagiosa que hace de MacGuffin. No parece relevante discutir si es o no la mejor serie de la historia de la televisión española. Tal reconocimiento podría volverse en contra de un minucioso desfile de excrecencias sofisticadas como el que nos ofrece Movistar+. Ratas, bubones y calaveras se exhiben como un despilfarro suntuoso y solemne, y nos hacen dudar si la peste, esa vergüenza de la que se alardea, en nosotros, en los demás, en el siglo XXI, sigue siendo la norma o la excepción.

15/1/18

EFECTO PUIGDEMONT


Puigdemont proclama la república catalana y la juventud española se vuelve más sexista. El “efecto mariposa”, cuando se aplica a la televisión, se llama “efecto Puigdemont”. No pongan esa cara, lo puedo explicar de forma impecable. Paso 1. Las fuerzas políticas independentistas consuman un proceso de desacato a la legalidad, promulgación de leyes inconstitucionales y proclamación de la República Independiente de Catalunya. Paso 2. Por ello, los magacines matinales de las cadenas generalistas comienzan a dedicar muchísimo espacio al procés. Paso 3. Por ello, “Espejo público”, en Antena 3, amplía su duración, y hace que el capítulo diario de “Los Simpsons” se desplace a Neox. Paso 4. Por ello, Atresmedia mejora sus datos de audiencia en la franja matinal. Paso 5. Por ello, Telecinco decide ampliar la duración de “El programa de Ana Rosa” y extenderla hasta el informativo de mediodía. Paso 6. Por ello, “Mujeres y hombres y viceversa” salta de la programación de Telecinco, y Mediaset lo recoloca en Cuatro en horario de tarde. Paso 7. Por ello, cambia el perfil de espectadores de MYHYV, aumentando los adolescentes, que hasta hoy no tenían acceso en directo al programa por coincidir con el horario escolar, pero que ahora podrán contemplarlo sin necesidad de andar buscándolo en diferido por las redes. Paso 8. Por ello, y dado el indiscutible contenido sexista, rancio y casposo del dating show, aumenta un 1% el nivel de machismo de la juventud española.

Casi todo tiene que ver con casi todo. Y en televisión esos “casi”s son muy pequeños. El programa de la televisión española con menor probabilidad de que salgan las mujeres vestidas de negro en solidaridad con la campaña #MeToo pasa a emitirse en horario infantil para que los niños incorporen a su léxico temprano la palabra “tronista”. Remontando la cadena causal aparecen Homer Simpson, Ana Rosa Quintana, y, tirando del hilo, el homo habilis, la explosión cámbrica y, muy al final de todo, Wifredo el Velloso y Carles Puigdemont y el aleteo de una mariposa en Brasil.

14/1/18

"COSMOS 2018"


Hace 26 años que sabemos que el Universo está ordenado. Eso es el Cosmos, la apuesta de unos señores griegos igual de listos que los demás, pero que vivían en el momento y lugar adecuados con unas condiciones sociales y un entorno cultural que hicieron posible una potentísima manera de entender las cosas que ha llegado hasta nosotros. Tampoco hay que ser muy listos hoy para saber que vivimos en el Cosmos. Solo hay que seguir avanzando por el mismo camino racional y crítico que ellos comenzaron a recorrer. Gracias a él, gracias a la ciencia, sabemos que no vivimos en un lugar inexplicable e incomprensible como aún dicen quienes se creen más listos que los demás porque cuentan con ayudas sobrenaturales, revelaciones divinas o el vuelo chapucero, oscurantista y tramposo de la nave del misterio.

Entre las diez descubrimientos y novedades más importantes en ciencia de 2017, la revista Science ha elegido la detección de ondas gravitacionales y radiación por la fusión de dos estrellas, y la invención de un pequeño detector de los increíblemente abundantes y más increíblemente indetectables neutrinos que cada instante atraviesan todo el Universo, nuestra galaxia, nuestro Sistema Solar, nuestra Tierra y a nosotros. Así que en 2018 el Cosmos ya no es como era en 2017. Sigue estando ordenado, pero ahora de una forma más precisa, completa y hermosa que antes. O sea, que Neil deGrasse Tyson, sucesor de nuestro viejo amigo Carl Sagan, debe rodar “Cosmos 2018”, que se emitirá en 2019, mientras rueda “Cosmos 2019”, que se emitirá en 2020, mientras rueda “Cosmos 2020”, que…

La serie “Cosmos” realizada por Sagan se estrena en 1980. En 2014, Neil deGrasse Tyson hace una secuela mostrando el nuevo orden del Cosmos 25 años después. Pero aún lo muestra desde el espectro electromagnético y habla de enormes detectores subterráneos de neutrinos. El Cosmos de 2018, con ondas gravitacionales y una nueva forma de detectar neutrinos, ya es otro. Hemos dado otro paso por el camino de la ciencia y queremos ver lo deslumbrante, espléndido y precioso que luce ahora visto desde aquí.

13/1/18

JORGE JAVIER VÁZQUEZ, PRESENTADORA


Soy enemigo de Jorge Javier Vázquez, pero soy más enemigo de la homofobia, de la vileza, de la maldad. Soy enemigo de la televisión que nos da en Telecinco, pero soy más enemigo de la que Intereconomía le da a él. Soy enemigo de la tele que para divertirse, echarse unas risas y ganar dinero está dispuesta a hacer el mal, pero soy más enemigo de la tele que hace el mal porque piensa que esa es la manera de divertirse, echarse unas risas y ganar dinero.

Intereconomía emite “Gracias por nada” porque cree que es un programa de humor. “Gracias por nada” dice que Vázquez es “Una magnífica presentadora de televisión, inteligente e ilustrada; una gran colega” porque considera que es un chiste. José Antonio Fúster presenta el espacio porque cree que la vis cómica consiste en no ponerse colorado mientras intentas humillar a los demás desde una superioridad moral que, ella solita, ya debería ponerte colorado. Qué despiporre el suyo. Cuando descubra los chistes de gangosos, borrachos, gitanos, tartamudos y calzonazos casados con mujeres que llevan los pantalones en casa se va a morir de risa.

Referirse a un hombre con términos femeninos nos devuelve a la caverna. No es un chiste malo, es que no es un chiste. El lenguaje da para miles de juegos de palabras ingeniosos y simples, rebuscados y evidentes, grandes y pequeños. Todos ellos lloran cuando Fúster, con media sonrisa, se refiere a Jorge Javier Vázquez como “presentadora”. Preocupados por buscar los límites del humor hemos olvidado que el primer mandamiento es que tiene que hacer gracia. Y “Gracias por nada” no la tiene. Debería llamarse “Nada de gracia”, “Sin gracias y a lo loco”, “Maldita la gracia”,  “Cayendo en desgracia”, “Pobres desgraciados”, “Gracias adiós” o “Adiós gracias”, nombres que, mira, esos sí que me hacen gracia.

Dicen que Aristóteles aseguró ser amigo Platón, pero más amigo de la verdad. La amistad une; pero la enemistad, más. La historia enseña que un enemigo común no forma un vínculo duradero, pero sí imperioso, fuerte y eficaz. No estoy en condiciones de ser amigo de Jorgeja, pero les aseguro que hoy un vínculo me une a él.

12/1/18

TODAS LAS CANCIONES QUE CECILIA NO LLEGÓ A ESCRIBIR

Estremece pensar en todas las canciones que Cecilia no escribió. ¿De qué tratarían, cómo habrían ido evolucionando a lo largo de estos años, cómo habrían influido en la obra de Serrat, o de Víctor Manuel, o de Vainica Doble? ¿Qué estilos habrían ido creando y recorriendo? ¿Cómo nos habrían cambiado? ¿Cuántos escritores de canciones nuevos habrían aparecido tras escuchar tantos discos que nunca llegaron a existir? ¿Qué melodías que nunca existirán tararearíamos miles y miles de españoles miles y miles de veces sin darnos cuenta siquiera? ¿Qué versos exactos cantaríamos como si rezásemos y cómo habrían moldeado nuestra visión de la vida y de nosotros? Es lo que tienen las muertes a deshora, que explotan en una nube asfixiante de interrogaciones, que destruyen mucho más el futuro que el presente, un futuro que estaba llamado a ser muchos futuros, a multiplicarse en la memoria de una sociedad como (casi) sólo las canciones pueden hacerlo.

El pasado nueve de noviembre, como siempre sin tarjeta, tuvo lugar el último concierto homenaje a Cecilia, y Televisión Española lo ha emitido ya dos veces a través de La 2. El sabor que ha dejado en ambas ocasiones es el mismo. Su obra fue tan espectacularmente buena a una edad tan espectacularmente joven que por encima de su reconocimiento se impone la frustración de su absurda brevedad. Lo que no pudo ser termina imponiéndose a lo que fue. Quizá TVE debería volver a emitir, incluso por tercera vez, una vez más el concierto, pero esta vez añadiendo tras su hora y media de duración ocho, diez, doce horas de silencio y pantalla en blanco, para transmitir a los espectadores una experiencia que haga justicia a todo lo que se perdió en aquel accidente de tráfico. Una mano sin dueño, una brisa sin aire, un camino que no tiene destino, una gota sin agua. Que se hagan presentes todas las ausencias. Que no suenen durante esas horas todas las canciones que Cecilia no llegó a escribir.

11/1/18

LA NEGRA Y ESPECULAR NATURALEZA DEL ALMA HUMANA


Mucha distopía futurista, mucha tecnología ficción, mucho lado oscuro de la ciencia, y al final la mayoría de los nuevos episodios de “Black mirror” terminan dedicándose a abordar cuestiones filosóficas milenarias desde planteamientos conceptuales facilones y enteramente míticos. El problema de la consciencia. La naturaleza y localización de las funciones del alma. El sustrato de la identidad personal. Tras las excelentes primeras temporadas, bajo la cadena pública británica Channel 4, la compra de la marca por parte de Netflix supuso una deriva hacia propuestas más efectistas y simples, en donde la buena ciencia ficción termina convirtiéndose en mala filosofía ficticia.

Es el signo de nuestros tiempos: los aspectos técnicos avanzan mucho más rápido que los aspectos conceptuales. Ciencia ficción es que una máquina te teletransporte al polo Norte. Que te teletransporte al polo Oeste no es ciencia ficción, es no saber sobre lo que hablas. Partir de que la biografía se almacena en el ADN (“USS Callister”), que la visión funciona como un circuito de televisión (“Arkangel”), o que la memoria se codifica y se recupera en formato de imágenes (“Crocodile”) es filmar la distopía futurista de un niño cuya comprensión del psiquismo humano no va más allá de los dibujos de “Érase una vez la vida”. Pensar que la identidad puede trasplantarse como un código de información de un cerebro a otro y representar la psique como un cuerpo sentado en una sala oscura (“Black Museum”) es una ofensa irreparable a Aristóteles, a Skinner y a inolvidables capítulos de las temporadas anteriores (“The National Anthem”, “Be right back” o incluso “Nosedive”).

Creer que los avances técnicos harán irrelevantes las reflexiones de las humanidades es el sueño de los neuropedagogos que llevan años malogrando el bachillerato de nuestros adolescentes. La fascinación por los efectos especiales y los formatos digitales no consiguen ahogar los chirridos de la filosofía. Al final, la negra y especular naturaleza del alma humana sigue irresoluble convirtiendo los intentos de hacer ciencia ficción con ella en mera mitología barata.

10/1/18

LA MASTURBACIÓN DE ALFRED


El nivel de hipersensibilidad mema ante los errores de los presentadores televisivos que afectan a los grandes nombres de la cultura es tan, tan, tan, tan  insoportable que creo que ya es hora de poner en su sitio a los que viven siempre pendientes de poner en su sitio a los demás. Jacob Petrus, el presentador del estupendo “Aquí la Tierra” (TVE), se confundió en la retransmisión de la cabalgata de Reyes cuando se refirió a “Alfred” Einstein (¿qué pinta Einstein en una cabalgata de Reyes? Bueno, ¿qué pintan los soldados egipcios, los soldados imperiales de “La guerra de las galaxias” o incluso tres magos con corona?) y no a Albert Einstein. Uau. Las “redes sociales” se encargaron de ridiculizar a Petrus, y muchos ciudadanos se mofaron del error del presentador porque sabían que nadie les iba a hacer un examen acerca de los detalles de la Teoría de la Relatividad y nadie se reiría de sus tuits llenos de faltas de ortografía, comas chifladas y absurdos sintácticos. Sospecho que muchos de esos legionarios de Einstein que se apresuraron a reírse de Jacob Petrus después de esa gigantesca metedura de pata que tanto daño hizo a los niños que estaban viendo la retransmisión de la cabalgata, lo hicieron después de informarse en Wikipedia del auténtico nombre de pila del científico. O puede que no. Puede que todo el mundo sepa que Einstein se llamaba Albert, y no Alfred,  de modo que el gravísimo e irreversible error de Petrus es tan imperdonable como si defendiera en “Aquí la Tierra” que las vacunas no valen para nada, que la Tierra es plana o que el agua del grifo engorda una barbaridad. O puede que no. Puede que todo sea más sencillo.

El gran director de cine Billy Wilder estaba en una fiesta y tuvo que abrir una botella de champán, pero por mucho que lo intentaba no podía con el dichoso corcho. Como todos los invitados, gente muy fina, estaban mirando y se burlaban de él, Wilder dijo en voz bien alta: “¡Caramba! Cuarenta y cinco años masturbándome y no puedo destapar una botella de champán”. La risa se congeló en la boca de los invitados. Si Billy Wilder hubiera estado en el lugar de Jacob Petrus, podría haber dicho algo parecido a esto: “¡Caramba! Tantos años masturbando a un micrófono en la tele mientras hablo del tiempo y no puedo recordar correctamente el nombre del tipo que postuló que la localización de los sucesos físicos en el tiempo y en el espacio son relativos al estado del movimiento del observador”. Tendría menos gracia que con el champán, pero al menos los guardianes de la cultura entenderían la diferencia entre masturbarse con Alfred y hacer el amor con Albert.

9/1/18

HIPERGLUCEMIA PUBLICITARIA


“Nuestro producto es artesanal completamente”. Qué bien suena la información, divulgación y cultura en una tele saturada de mensajes publicitarios. “Usamos una materia prima de primera calidad, porque tampoco es hacer un producto que sea malo —con el trabajo que lleva— con unas materias primas que no tengan calidad”. La tele pública es un oasis de paz y serenidad en el tráfago interesado y egoísta de unos canales privados que reflejan la sociedad mercantilista y sin alma que los alienta. “La gente espera de nosotros calidad”. Tanta poesía, tanto lirismo, nos lleva al amor al conocimiento y al deseo de saber más: ¿de qué producto completamente artesanal elaborado con calidad nos habla La 2 sirviéndonos de refugio del exceso publicitario y manipulador de las privadas?

“La especialidad de la casa son los amarguillos, los bocaditos y las delicias”. Aunando sensibilidad y dulzura, tres palabras prometen la inmediatez del Cielo en la Tierra. Mejoran, perdonen la travesura, las lejanas promesas de las virtudes teologales. “Los dulces al principio tienen mucho trabajo. Luego, gracias a Dios, hemos ido vendiendo, mejorando y nos hemos especializado en seis productos, que son los que están saliendo constantemente”. Quisiéramos que esta música celestial, además de acariciar nuestros oídos, besara nuestros labios. “Son dulces tan exquisitos que se los quitan de las manos”. Oh, cruel tormento, no dilaten el encuentro con los dulces brazos del amado. Bueno, con los seis amados, si bien delicias, amarguillos y bocaditos van primero, pues nos dejaron con gemido.

“La venta al público se hace por encargo o directamente en la tienda del monasterio”. ¡Monasterio! “Los dulces son riquísimos porque están hechos con amor y llevan oraciones dentro”. ¡Oraciones! Ahora se explica que “Pueblo de Dios” emitiera y reemitiera —casualmente la semana de Navidad, cuando más dulces se venden—, este programa que habrá hecho las delicias de todos los obradores de España que sí pagan el IBI pero no cuentan con publicidad gratuita en la tele pública.

8/1/18

¡TUN, TUN! ¿QUIÉN ES?


Grecia en Canal Viajar. Isla de Lesbos. Ferrys, pesqueros y barcos de paseo surcan el mar azul. Pero “Grecia con Simon Reeve” promete ir más allá de los paisajes de postal. Lanchas de goma llegan repletas de refugiados abandonados a su suerte a una costa ya repleta de lanchas de goma abandonadas a su suerte. A mil dólares el pasaje, familias arruinadas saltan de Turquía a Europa. Los niños llevan chalecos salvavidas de juguete. Poseidón, calmado, les deja llegar. Simon Reeve asiste en primera línea el desembarco. Después, pescará esponjas y volará sobre Creta en parapente.

“Tienen niños y familia, pero no son solo refugiados”. Hay europeos que parecen conformes con que las bombas caigan sobre Siria, pero no con que sus refugiados caigan sobre nosotros. “Hay otros viniendo también. No sabemos si son yihadistas”. No solo hay xenófobos aquí o en Austria; también en Grecia. “No sabemos si tienen pistolas. No sabemos si tienen enfermedades”. Pues claro que tienen enfermedades: ¡un recién llegado es farmacéutico!

En otro mar, el Cantábrico, una pareja arrastrada por el temporal muere ahogada. El “Telediario” cuenta que se les intentó socorrer sin dar más datos. Habla de “varios vecinos”, de “testigos presenciales”, de “un joven de unos 30 años” que se arrojó al agua para intentar sacarlos, pero no dice más. No nombra a Youssef Chaida y Mustafa Usein, una pareja de marineros de origen marroquí que son vecinos de Ondarroa desde hace ocho años. Youssef se jugó la vida tirándose al mar por salvar a dos desconocidos. Los periodistas no deben dar datos de los delincuentes que no aportan nada a la comprensión del delito, pero siempre deberían decir quiénes son los héroes y valientes que viven entre nosotros. Siempre. Puede que no todos los inmigrantes y refugiados sean trigo limpio —que me digan en qué colectivo no pasa eso—, pero, con permiso del cardenal Antonio Cañizares, lo que necesitamos quienes estamos en el lado cómodo de la frontera es que nos recuerden que en todas partes hay personas que se merecen lo mejor.

7/1/18

LA LIBERTAD DE LO IDÉNTICO

La variedad de canales generalistas que Mediaset ofrece a la población es tan amplia que ningún espectador deja de encontrar un programa que se ajuste a sus gustos, por muy sofisticados que éstos sean. Este miércoles pudimos elegir simultáneamente entre ver a Carlos Sobera hacer de anfitrión para buscadores del amor en el “First dates” de Cuatro y ver a Carlos Sobera hacer de anfitrión de niños repipis en el “Little big show” de Telecinco. Al mismo tiempo. Técnicamente se llama “ampliar el target” hasta abarcar prácticamente a la totalidad de la audiencia nacional. ¿Te gusta ver a Carlos Sobera en programas de citas? Mediaset te lo da. ¿Te gusta ver a Carlos Sobera en programas de niños? Mediaset te lo da. ¿No te gusta ver a Carlos Sobera? Hombre, Mediaset no hace televisión para anormales como tú.

Lo ocurrido el miércoles en Mediaset no sólo fue un ejemplo de libertad de elección. También fue una muestra de libertad de competencia en igualdad de oportunidades. Porque el enorme parecido entre el Carlos Sobera de Cuatro y el Carlos Sobera de Telecinco garantizaba la limpieza de la contienda entre ambos presentadores. Ninguno de los dos partía con ventaja, y la única variable que explicaría la victoria de uno sobre el otro es su maestría diferencial como presentador. Las sociedades capitalistas incentivaban la libre competencia entre los agentes productivos. La gran innovación del neocapitalismo actual consiste en enfrentar a tales agentes, no solamente entre ellos, sino también contra sí mismos. Sobera contra Sobera. Uno ya no puede ser solidario ni respecto de su yo.

Han venido los Reyes y nos han traído el juego de la libertad de elección y el juego de la libertad de competencia. El único requisito para jugar es ser un clon, un clon espectador o un clon presentador. Dos Soberas idénticos simultáneamente en Cuatro y Telecinco para dos millones de espectadores idénticos simultáneamente en Cuatro y Telecinco. Libertad.

6/1/18

SHERLOCK EN LA CABALGATA


Entre 2010 y 2017 la BBC realizó la mejor recreación de la figura de Sherlock Holmes nunca llevada a cabo en cine o televisión. En ella, Sherlock y Watson corrían sus aventuras en el Londres del siglo XXI en medio de redes sociales, GPS y aviones supersónicos. En el último reinicio de la saga de Spiderman, la tía May, venerable anciana en los cómics originales de Stan Lee y Steve Ditko, se reencarnó gracias a Marisa Tomei en una ágil cuarentañera capaz de vencer al Dr. Octopus de un par de sopapos sin necesidad de superpoderes. Hemos visto llorar a James Bond en “Skyfall”. D’Artagnan y los tres mosqueteros se convirtieron en D’Artacán y los tres mosqueperros, y el caballero británico Phileas Fogg se transmutó en un perro llamado Willy Fog sin que haya motivos para sospechar de la responsabilidad de una mano oculta de Manuela Carmena en tal metamorfosis. ¿Se puede saber qué puñetas importa que en tal o cual cabalgata de Reyes los sabios de Oriente aparezcan reconvertidos en astronautas, drag queens, superhéroes de Marvel, inventores locos, perros de dibujos animados, hiphoperas hawaiianas, teloneros de los Rolling Stones o chefs franceses?

Entiendo que siembre habrá defensores acérrimos del canon holmesiano que nunca tolerarán la aparición de los pitufos o de caracteres LGTBI en una recreación de “El perro de los Baskerville”. Y entiendo que siempre habrá fundamentalistas bíblicos que rechacen colocar a los pitufos o a caracteres LGTBI en la cabalgata de los Reyes -un momento… los pitufos nunca les parecieron mal…-. En el fondo tengo simpatía por ellos, porque yo también soy un firme defensor de la tradición, concretamente, de la tradición más antigua de todas, que consiste en mandar a paseo las tradiciones. Ésa sí que tiene miles de años de antigüedad. Respetémosla. Practiquémosla. Este año ya es tarde, pero el año que viene sería una ocasión perfecta para colocar a Sherlock en nuestras cabalgatas. Y si es un Sherlock LGTBI de color azul pitufo, mejor.

5/1/18

CONSUMA NIÑOS SIN MODERACIÓN


Mira qué niños. Los niños son tan ricos que da gana comerlos. Qué bien que en navidades la tele se llene de niños para que así se nos pueda caer la baba viendo niños. Enciendes la tele en horario de máxima audiencia y te pones las botas viendo qué simpáticos son los niños, qué ocurrencias tienen los niños, qué cosas dicen los niños, qué adorables resultan los niños cuando se ponen a hacer cosas de mayores y no le salen bien del todo pero es mejor porque así ves cómo son los niños y son más adorables si ves en la tele que a las criaturas no le salen bien del todo las cosas de mayores. Aunque todavía puedes tener más suerte al encender la tele y ver qué encantadores resultan los niños cuando se ponen a hacer cosas de mayores y le salen bien las cosas de mayores y así ves que son como personitas y son más adorables todavía.

¿Y qué me dicen de los niños que salen en la tele haciendo cosas de niños? Entonces ya es la locura. Uno no se cansa de ver a los niños hacer lo que les gusta, que para eso son niños y les gusta hacer lo que la tele o las marcas comerciales o nosotros o entre todos les metemos por la cabeza para que sepan en qué consiste ser niños y les gusten las cosas que les tienen que gustar, y así sepan lo que tienen que hacer porque eso es lo que hacen los niños, y nos da una inmensa satisfacción ver qué cosas le gustan a los niños y cómo hacen todas esas cosas porque es lo que les gusta. Y lo felices que son. Y la ilusión que les hace. Y las ganas que dan de comérselos.

Lo de anteayer fue la apoteosis. En La 1 un montón de niños pasó la noche cocinado con jurado, evaluación y competición en “MasterChef Junior”. Porque les encanta. Y en Telecinco otro montón de niños la pasó haciendo otras cosas que no son cocinar pero sin jurado, evaluación ni competición en “Little Big Show”. Porque les encanta eso otro. De postre, Telecinco reemitió “Got Talent Junior”, donde lo que a los niños les encanta es hacer de todo menos cocinar, pero ya con jurado, evaluación y competición. Y eso hicieron. Qué linda noche pasamos consumiendo niños sin moderación.

4/1/18

ESPEJO MÁGICO, ¿QUIÉN ES LA MÁS HERMOSA DEL REINO?


Ay. Un “Telediario” informando del éxito del “Telediario”, del gran seguimiento que tiene, de su buena audiencia. Mala cosa. ¿Y si los datos que da son ciertos, si es verdad que recupera seguidores, si los audímetros cantan y las nubes se levantan? Entonces, peor.

La guerra de la audiencia no puede ser la guerra de TVE. Y mucho menos si se trata de sus informativos, la columna vertebral del servicio público que le da razón de ser. TVE no debería abrir el año presumiendo de unos datos parciales cogidos por los pelos del mes anterior que la favorecen. Es alucinante que un informativo demuestre cómo manipula la información precisamente manipulando los datos para presentarse como vencedora cuando el informativo más visto es de la competencia.

En vez de cocinar los datos que le permiten dar a entender que está ganando la guerra cuando solo gana batallas, TVE debería centrarse en si ha estado en todo momento donde debería estar —y no ha sido así—, si ha realizado los especiales informativos más completos y exhaustivos del panorama televisivo —y no ha sido así—, si ha demostrado lo bien que sus directivos aprovechan el hecho de ser la cadena con un más numeroso y más veterano equipo humano dotado de los más costosos y sofisticados medios técnicos —y no ha sido así—, si ha tenido la mayor capacidad de reacción ante los giros y acontecimientos de la tensa y cambiante situación política que hemos vivido —y no ha sido así—, si ha contado con las mesas de debate más plurales, los analistas más variados y los invitados más heterogéneos —y no ha sido así—. TVE, en fin, debería poder desmentir a Miguel Ángel Revilla, que se permitió el lujo de decir en laSexta que no cree en las televisiones públicas porque son la voz de su amo y él mismo está vetado en TVE. Pero, no, desgraciadamente, TVE no puede.

Un destello: Canal 24 Horas fue la única cadena que el día 31 informó en directo del hallazgo del cadáver de Diana Quer. Así debería ser TVE: la primera informando siempre.

3/1/18

SOPLANDO EN EL VIENTO


Observar la historia a través de la música es una idea fantástica, así que cada capítulo de la serie documental “Soundtracks: las canciones que hicieron historia” (MXtra) no sólo es fantástico, sino que debería utilizarse en los institutos en clase de historia, de música, de inglés y también de matemáticas, de física y hasta de latín. En el primer capítulo de la serie, los espectadores caminamos entre las sombras y cenizas de lo que fue la guerra del Vietnam y nos cruzamos con “War”, de Edwin Starr, una de las pocas  canciones antibelicistas que fue un gran éxito; nos enteramos de que el himno por antonomasia de los soldados estadounidenses era “We Gotta Get Out Of This Place”, de The Animals; y comprendemos por qué en aquel horror que fue la intervención militar estadounidense en Vietnam la música estaba por todas partes y la llegada de nuevos soldados era la oportunidad de escuchar el último disco de Crosby, Stills y Nash. Cada momento histórico del terrible y a la vez deslumbrante siglo XX tiene su banda sonora. De la guerra del Vietnam a la llegada del hombre a la Luna, y de la lucha de Martin Luther King por los derechos civiles al huracán Katrina. Bien. Sólo una precisión.

Se puede observar la historia a través de la música, sí, pero me pregunto qué escuchaban los cientos de miles de soldados vietnamitas que morían en una guerra que al menos ellos, a diferencia de sus enemigos estadounidenses, entendían. ¿Quiénes eran los Edwin Starr, los Animals, los Crosby, Stills y Nash de los vietnamitas? Impresiona y conmueve ver el monumento en Washington D. C. con los nombres de los casi sesenta mil estadounidenses muertos o desaparecidos en la guerra de Vietnam, pero me pregunto cuál fue la banda sonora que acompañó a los millones de vietnamitas que murieron en una guerra que no puede reducirse a lo mucho que los soldados estadounidenses echaban de menos su hogar cuando escuchaban “We Gotta Get Out Of This Place” y gritaban que tenían que salir de ese lugar. Los soldados de Estados Unidos querían salir de Vietnam y los soldados vietnamitas querían que se fueran. En eso estaban de acuerdo. ¿Por qué, entonces, tantos muertos? La respuesta, como casi siempre, está soplando en el viento.

2/1/18

APOLOGÍA DE LA GRIPE

Para ustedes será un fastidio, lo entiendo. Pero en la encrucijada vital en la que me hallo, la gripe se presenta como la única esperanza para poder ponerme al día en las docenas de series que tengo pendientes. ¿Justifica tal afán un gripón de aquí te espero con sus tiritonas, esputos ultravioletas y megacefaleas? Quizá no para ustedes, pero sí para un personaje ficticio de la crítica televisiva como yo. No vi aún “Mindhunter”. Ni la T3 de “Broadchurch”. No vi la T4 de “Black mirror”, que tendrá que esperar al lejano día en el que ya haya visto la T2 de “Stranger things”. Por favor, una semanita de baja. En batín. Tumbado en el sofá 24/7. Un caldito. “Better things”. Un zumito. “BoJack Horseman”. Un paracetamolito. “Fleabag”. Volver a ser persona.

Sé que 39º no es la temperatura corporal ideal para notar las sutilezas de las conversaciones de Holden Ford y Bill Tench con asesinos en serie. Un amigo mío que acaba de salir de la gripe -de la gripe también se sale- jura que se la pasó viendo “Big Bang Theory” y descubrió que es un drama. Otro, se enfrentó al capítulo de “The Crown” sobre la dimisión de Winston Churchill hasta el culo de dextrometorfano y acetilcisteína, y le sacó un parecido a Isabel II con Paquita Salas. ¿Acaso cuando me casé con Movistar+ no le juré fidelidad en la salud y en la enfermedad? Pues eso, renovemos los votos, especialmente los de la enfermedad.

Así que ando sin paraguas bajo la lluvia y, empapado, visito a mis amigos griposos. Se extrañan, pero más cuando me coloco bajo la onda expansiva de sus estornudos. Paso las manos por toda la habitación y después me muerdo las uñas. Pero nada. Aún nada. Ellos, identificándose con “The walking dead”, y yo, sin tiempo más que para ponerme al día en OT. Ni un dolorín de garganta. Ni unas decimucas a media tarde. En un par de semanas habrá pasado el pico de la epidemia y ya no tendré nada que hacer. Voy a empezar a dormir con el pelo mojado y la ventana abierta. Todo sea por ti, “Master of none”. Espérame, “Line of duty”.