27/5/18

MARTES Y VIERNES, EN TELECINCO


Telecinco debería tratar a sus espectadores con más consideración. Debería realizar una campaña informativa por tierra, mar y aire avisando de que hay tres noches a la semana en las que no emite “Supervivientes”, ¡nada menos que tres noches en las que quien sintonice esta cadena no caerá en las hondísimas honduras de Honduras!

Hasta hace unos días no hacía falta esta campaña informativa porque eran cuatro las noches dedicadas a otras cosas y “solo” tres las dedicadas a “Supervivientes”. Por eso tenía sentido que Telecinco informara de cuáles eran las tres noches de “Supervivientes”: las de los jueves para la gala, y las de los martes y los domingos para los debates. Así las destacaba por oposición a las otras cuatro noches, que eran mayoría, y avisaba a sus seguidores para que no se lo perdieran. Pero desde esta semana, no. Esta semana Telecinco cambió su parrilla. Como Antena 3 iba a estrenar “La catedral del mar” el miércoles, y a Telecinco le daba mieditis enfrentarse a un producto de calidad con un cascarón vacío como “Factor X”, decidió trasladar “Factor X” a los viernes y emitir los miércoles un producto de la casa sobradamente contrastado y de reconocida pestilencia. Por eso apostó por estirar más el chicle de “Supervivientes” dedicándole también esa noche. Con la incorporación a última hora de “Supervivientes: última hora”, ya tenemos que el horario de máxima audiencia de Telecinco está íntegramente dedicado a “Supervivientes” cuatro de los siete días de la semana.

O sea: señores y señoras telespectadores de Telecinco que tienen más paciencia que el santo Job, sepan ustedes que Telecinco dedica la noche de los martes a la serie “La verdad” y no a “Supervivientes”, la noche de los viernes al concurso “Factor X” y no a “Supervivientes”, y la noche de los sábados a la birria “Sábado deluxe” y no a “Supervivientes”. Un momento: a no ser que lleven, como es de esperar, invitados de “Supervivientes”. Bueno, no importa, aún quedan el martes y el viernes. Por ahora.

26/5/18

LA FELICIDAD ERA ESTO


Esta columna juega en ocasiones a vacilar al lector mediante historias falsas completamente desquiciadas. Pero esto que les voy a contar hoy es totalmente cierto: BMC Public Health, una revista científica sobre salud pública que cumple con todos los estándares de calidad habituales dentro de la ciencia médica -editorial prestigiosa, índices de impacto altos, inclusión en bases de datos de referencia mundial- ha publicado en su edición de mayo un estudio que relaciona la satisfacción vital, el suicidio y el Festival de Eurovisión. ¡No, no, esperen! ¡No dejen de leer la columna! ¡Les hablo en serio! Ciento sesenta y dos mil setecientas setenta y tres encuestas en treinta y tres países europeos entre 2009 y 2015. Autores del Imperial College de Londres. Análisis estadísticos incontestables con intervalos de confianza elevados.

Y los resultados son concluyentes: cuanto mejor sea el resultado en el Festival de Eurovisión de un determinado país, más encontraremos en los meses siguientes entre sus habitantes un aumento en la satisfacción con la vida y un descenso en las tasas de suicidio. Incluso resultados espantosos (ejem, ejem) en la final se asocian a mayor satisfacción con la vida que eliminaciones en las fases previas que impiden concursar en la gran gala del Festival.

¿Platón, mindfulness? ¿Inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina? ¿Ejercicio, vivir acompañado, creencias religiosas? ¿Filosofía? ¿Sexo, drogas, rock and roll? No, amigos, la clave para la felicidad es el Festival de Eurovisión, y esto, paradójicamente, no supone un argumento a favor del certamen sino una de las pruebas más incontestables que conozco en contra de la felicidad. Sé que es una decisión existencial de alta trascendencia, pero no voy a vivir teniendo como objetivo algo que pasa por soportar el horror de la canción ganadora de este año ni de ninguna de las otras veintitrés perdedoras. La felicidad, ya lo sospechábamos desde la creación del Instituto Coca-Cola de la Felicidad, era esto: Eurovisión.

25/5/18

EL SALMOREJO COMO TEORÍA POLÍTICA


No son las emociones las que crean los Estados. Son los Estados los que crean las emociones. Todos los Estados -pasados, presentes, futuros- son soluciones coyunturales a la complejísima red de intereses conflictivos entre grupos de poder, mediadas por variables productivas, comerciales, demográficas… Después ya vendrá la propaganda para vincular emocionalmente a la ciudadanía con la estructura política, fundando dicho Estado en Dios -del siglo XIX para atrás- o en la cultura -del XIX para adelante-. Pero primero viene el arancel y luego, el himno.

¿Cómo explicar entonces que en Cataluña exista una importante marea emocional que clama por un Estado que aún no existe? Pues porque sí lleva décadas existiendo de facto, una vez que el Estado español redujo su presencia propagandística -educativa y mediática- en el territorio más rico de España, a cambio del apoyo de su burguesía a los gobiernos centrales, necesario por aritméticas electorales. Treinta años después de tal irresponsabilidad de izquierda y derecha, nos encontramos con una generación que, convencida de que es el hielo el que enfría al frigorífico y de que existen los sujetos históricos a priori, reclama que se reconozca en la teoría lo que en la práctica les han venido contando la escuela y la televisión desde que eran niños.

Atrapado en la candidez, creyendo que las voluntades individuales -meramente psíquicas- son la clave de este lío, Jordi Évole vuelve a intentar solucionar el problema catalán poniendo a charlar a siete abuelas andaluzas con siete abuelas catalanas sobre la cantidad de ajo que debe llevar el salmorejo. El resultado es satisfactorio a nivel televisivo, que -no lo olvidemos- es de lo que se trata, pero “Bienvenidas al norte, bienvenidas al sur” no viene dado a la escala real del conflicto de intereses económicos, jurídicos y de corrupción que hemos dado en llamar “procés”. Si Évole fuera todavía el Follonero, se plantaría en Alemania y pediría al tribunal de Schleswig-Holstein que eligiera entre ambos salmorejos. Sería igualmente inútil, pero funcionaría aún mejor a nivel televisivo.

24/5/18

SILENCIO EN LAS ESFERAS


El pasado martes, bastaba con darse una vuelta por los canales dedicados a la información para entender cómo funciona este mundo: BBC World News, CNN, Fox News y CNBC ofrecían en directo una rueda de prensa de Donald Trump, mientras que el Canal 24 Horas retransmitía el debate en el Congreso de los Diputados sobre la Ley de Presupuestos Generales del Estado y en Euronews podíamos asistir a la comparecencia de Mark Zuckerberg, Presidente de Facebook, en el Parlamento Europeo. Trump levanta una ceja a Corea del Norte y el mundo se precipita para informar en directo. ¿Qué tendría que ocurrir para que la CNN informara de lo que se cuece en el Congreso de los Diputados? ¿Le importa algo a Fox News lo que el presidente de Facebook  diga en el Parlamento Europeo? ¿El Canal 24 Horas ofrece el discurso de Juan Ignacio Zoido porque quiere, o porque no le queda más remedio? ¿Tuvo más audiencia Trump, Zuckerberg, Zoido o “Sálvame naranja”? ¿Habría sido descabellado que el Canal 24 Horas cambiara  a Zoido por Zuckerberg? Son preguntas interesantes, pero no son las preguntas correctas.

La pregunta correcta, puede que por su cinismo, es: “¿Y qué?”. ¿Qué hemos aprendido del problema entre las dos Coreas escuchando la rueda de prensa de Trump? Nada. ¿Qué hemos aprendido de los Presupuestos Generales escuchando la intervención en el Congreso de los Diputados de Zoido y la réplica de Gabriel Rufián? Nada. ¿Qué hemos aprendido del funcionamiento de Facebook escuchando las respuestas de Zuckerberg a las preguntas de los eurodiputados? Nada. Me temo que así funciona el mundo. Tenemos muchas cadenas televisivas que nos informan de todo, pero no aprendemos casi nada y no sabemos nada. Los mismos miserables que nos culparon de provocar una crisis económica por haber vivido por encima de nuestras posibilidades nos culparán de estar más pendientes de “Sálvame naranja”, de “Mujeres y hombres y viceversa” o de ver una película en TCM que de estar al tanto de lo que pasa en el sistema digestivo de las dos Coreas, en las tripas de los Presupuestos o en los intestinos de Facebook. Ya. Como diría Fernando Fernán Gómez: “¡A la mierda!”. No hay que caer en los excesos de “Matrix” y creer que el mundo que muestra la CNN, Euronews y el Canal 24 Horas es lo que nos han puesto delante de los ojos para ocultarnos la verdad, pero creo que “Expediente X” se equivocaba cuando decía que “la verdad está ahí fuera”. Ahí fuera sólo hay silencio. El silencio de las esferas.

23/5/18

DIOS AHOGA Y APRIETA


Las “Tardes de misterio” de Paramount son una buena manera de huir de los ecos de la boda de Harry y Meghan, esa pareja que ha sido premiada con el despliegue más absurdo y desproporcionado desde que cientos de policías y soldados del Estado de Illinois persiguieron a Jake y Elwood, los “Blues Brothers”, en la película “Granujas a todo ritmo”. Estas últimas semanas, el protagonista de las “Tardes de misterio” es el Padre Brown, el personaje creado por el escritor G. K. Chesterton empeñado en resolver crímenes y misterios apelando a la razón. El Padre Brown es, en efecto, un cura católico adicto a la razón que en el relato “La cruz azul” logra desenmascarar a un falso sacerdote porque el impostor atacó a la razón y eso, según el Padre Brown, es “mala teología”. El cura que imaginó Chesterton no es sólo un detective aficionado que siempre pilla al malo, sino un hombre que está convencido, como el papa Benedicto XVI, de que la fe y la razón son compatibles hasta el punto de que el mismo Dios está sometido a la razón. Pero una cosa es resolver crímenes en el pueblo de Costwold sin soltar el paraguas, como hace el Padre Brown, y otra cosa muy diferente es entender la deriva irracional en la que se ahoga Cataluña y el absurdo culebrón doméstico-político alrededor del chalé de Pablo Iglesias e Irene Montero.

¿La razón? Eso está muy bien para saber quién envenenó a quién y por qué. Pero, más allá de la razón y del paraguas del Padre Brown, nos encontramos con la boda de los “Blues Brothers” británicos, con cruces en una playa del Maresme plantadas por independentistas en bañador, y con una consulta a las bases de Podemos que decidirá el futuro de dos políticos acusados de comprar un chalé. Los crímenes de los que se ocupa el Padre Brown pueden ser racionales, pero la vida no lo es porque, si lo fuera, no respiraríamos y beberíamos por el mismo conducto con el riesgo de atragantarnos ni tendríamos que aguantar bodorrios reales, playas crucificadas y chalés trasformados en asuntos políticos. Atacar a la razón será mala teología, como sostiene el Padre Brown, pero atacar a la razón es buen espectáculo y buena política. Dios ahoga cuando no ajusta el conducto por el que respiramos y bebemos, y aprieta cuando permite que la razón del Padre Brown sólo sea útil en Costwold.

22/5/18

MUERA EL ENTRETENIMIENTO, VIVA LA DIVERSIÓN


Para entender por qué “La noche de Rober” no termina de afianzarse en el prime time de los viernes de Antena 3 hay que saber distinguir entre la diversión y el entretenimiento. El entretenimiento fue el género estrella del siglo XX, la televisión amable y generalista que produjo los mejores shows de la historia. La diversión está siendo el género estrella del siglo XXI, la televisión canalla y dirigida a un público muy segmentado que está produciendo los mejores shows del presente. El entretenimiento es ligero, busca que el espectador exclame “¡mira!” y se ría con alegría. La diversión es intensa, busca que el espectador grite “¡joder!” y se ría con sarcasmo. El access time es el reino del entretenimiento, el prime time es el reino de la diversión. El entretenimiento busca el consenso, la diversión busca la polémica. Ambos -el entretenimiento y la diversión- son ingeniosos e irreverentes, pero el entretenimiento pone la irreverencia al servicio del ingenio, y la diversión pone el ingenio al servicio de la irreverencia.

“La noche de Rober” es entretenida, pero no es divertida. Podría funcionar dos horas antes o veinte años antes, pero no a las once de la noche en 2018. Va dirigida al gran público, cuando el gran público se ha desmembrado en centenares de públicos pequeñitos. Pretende gustar, como todos los programas, pero a Roberto Vilar y a su sonrisa democratacristiana se le nota, y eso es lo peor que puede ocurrir en una sociedad que ha hecho de la paradoja y la falsa conciencia su estructura emocional básica. No falla el presentador, ni fallan los guionistas, ni los colaboradores, ni los invitados; falla el género, y, si me apuran, falla la televisión en su conjunto, y, si me apuran todavía más, falla la sociedad.

Ah, otra diferencia más: el entretenimiento es autonómico y la diversión es estatal. El entretenimiento es cercano y la diversión es distante. Y la cercanía autonómica de Rober lo va a tener bastante difícil contra la basura, distante y divertida, de “Volverte a ver”.

21/5/18

CUATRO HORAS DE POLÍTICA


¿Quién ha dicho que a la gente no le interesa la política? La 1 de Televisión Española dedicó el pasado sábado cuatro horas de su programación a la retransmisión y comentarios de un acontecimiento estrictamente político, consiguiendo magníficos resultados de audiencia. Se trataba de una boda real -mecanismo de perpetuación usado por la monarquía, esa forma de jefatura del Estado que se transmite, como la sífilis, por vía sexual- celebrada en el Reino Unido. Si la dimensión política del chalet de los Montero-Iglesias supera su dimensión privada, imagínense la relevancia política de lo que tuvo lugar el sábado en la capilla de San Jorge y de lo que empezará a tener lugar en el tálamo del castillo de Windsor a partir de ahora.

Que nadie se crea que TVE no hace política cuando dedica cuatro horas de su cadena principal al enlace entre el príncipe Harry y Meghan Markle. Pudo parecer que la edición del sábado de “Amigas y conocidas” fue un programa de variedades rosas, pero no: este “Amigas y conocidas” fue un estricto programa de actualidad política, tan política como “Al rojo vivo”. “Corazón” es siempre un espacio que defiende determinados valores con indiscutible repercusión política, pero anteayer -con Anne Igartiburu y el equipo del programa desplazados hasta Windsor, y dedicado íntegramente al enlace- fue un publirreportaje planfetario a favor de la monarquía como estructura política de un Estado desde el primer al último minuto. George Clooney estaba allí haciendo política. Victoria Beckham estaba allí haciendo política. “Informe Semanal” dedicó uno de sus reportajes a la boda real británica; claro, porque es un tema político.

La 1 nos ofreció el pasado sábado un auténtico atracón de política. Quizá, a la vista del éxito de audiencia, TVE se decida a dedicar más tiempo a estos temas en su parrilla. Quizá, siguiendo la estela de la boda entre Meghan y Harry, el próximo sábado dediquen cuatro horas a hablar de las pensiones, del problema catalán, o, sin ir más lejos, de la lamentable calidad de los informativos de TVE, que también es un tema político.

20/5/18

"CHINOS" Y COSAS DE ESAS


“Sabemos que esas tiendas que hay en las grandes ciudades, esas tiendas de alcance, que abren pronto, cierran tarde y que podemos comprar en ellas cualquier cosa que necesitemos, las llamamos ‘los chinos’, aunque luego quien esté dentro y nos atienda puede ser pakistaní. Pero se le han quedado esos nombres y a mí tampoco me parece mal”. Quien así habla es Ramón Colom, ex director general de Televisión española en los noventa, al comienzo del último “Millennium”, su programa en La 2 a las tantas de la noche de los lunes. Un programa con ese nombre, ese presentador, esa cadena, ese día, a esas horas, y que encima se dedica al debate de temas serios entre diferentes invitados bien informados, podía ser lo más de lo más en aquellos tiempos de José Luis Balbín en “La clave”, pero hoy parece antitelevisión. Quizá por eso, para no espantar a la audiencia, Colom empezó su programa con ese comentario ligero y casi jocoso. ¿Está bien esa pequeña broma sobre “los chinos” para introducir una tertulia sobre la China de hoy en la que hay cuatro expertos, dos de ellos de origen chino?

Cambio de cadena y cambio de programa, pero no de día. Unas horas antes, el “Telediario” de La 1 cuenta que, con motivo de las fiestas de san Isidro en Madrid, los servicios de emergencias lamentan que cada año atienden más intoxicaciones etílicas y de víctimas más jóvenes. Para informar de la situación y lo terrible que es que el fin de semana anterior hubo más de sesenta intoxicaciones y una tercera parte eran menores de 13 o 14 años, insertan una grabación en la que dan la palabra a quienes atienden en el lugar de la fiesta los puestos de venta. No solo aseguran que los chavales se llevan el alcohol de fuera, sino que lo explican así: “Supongo que compraran la bebida en ‘chinos’ y cosas de esas que se la dan sin pedirles el carné”.

¿De verdad hace falta explicar a TVE que una tele pública no debe divulgar mensajes tramposos como este? ¿De verdad cree Colom que da igual confundir chinos con paquistaníes, o usar formas incorrectas y tendenciosas para nombrar las cosas?

19/5/18

RACISMO EN "LOS GIPSY KINGS"


En “Los Gipsy Kings” (Cuatro), no salen la Rebe y su mamá explicando cómo ser modelo, salen una gitana y su madre gitana. En “Los Gipsy Kings” no van las Salazar a Los Ángeles para conocer a Kim Kardashian, van unas gitanas. En “Los Gipsy Kings” no quiere ser artista Joaquín, quiere serlo un gitano. En “Los Gipsy Kings” no emiten los momentazos de Saray Montoya, sino de una gitana. En “Los Gipsy Kings” no nos enseña la Rebe su armario, lo enseña una gitana. En “Los Gipsy Kings” no cocinan ‘brilli pollo a la sidra’, ni enseñan el ‘brilli váter’, ni promocionan el ‘brilli cueri cabelludi’, ni conocemos las ‘gipsy perlas’ de las Salazar. En “Los Gipsy Kings” salen cosas de gitanos que hacen o dicen los gitanos en una familia de gitanos. En “Los Gipsy Kings” los padres de la Rebe no prohíben su amor con José el canario, ni la Rebe planea la huida en autobús porque quiera fugarse con él, en “Los Gipsy Kings” salen líos de gitanos que pasan en las familias gitanas.

Un programa sobre horteras debería mostrar toda la variedad y riqueza que hay entre los horteras españoles, que pueden ser payos, gitanos, negros, inmigrantes, pelirrojos, vendedores, taxistas, estudiantes, madres, artistas, cocineros o del Real Madrid. Del mismo modo, un programa sobre gitanos debería mostrar toda la variedad y riqueza que hay en un millón de españoles gitanos que son vendedores, taxistas, estudiantes, madres, artistas, cocineros o del Real Madrid. Por eso “Los Gipsy Kings” es un programa racista, porque tras la etiqueta “gitano” ofrece un falso, peligroso y dañino estereotipo que sirve para perpetuar el racismo entre los espectadores racistas, y para fomentarlo entre quienes no lo son.

El éxito de “Los Gipsy Kings” ha conseguido que Saray Montoya vaya a “Supervivientes” como gitana, que entrevisten a las Salazar en “Viva la vida” como gitanas, o que Joaquín haga un cameo en “Gym Tony” como gitano. Mejor dicho, como Mediaset quiere hacernos creer que son los gitanos. Nuestro fracaso y el del pueblo gitano está en permitírselo.

18/5/18

ARTURO Y EL SEXO


“Ahora caigo” sirve para explicar la relación entre el sexo y el amor. ¿Recuerdan cómo hace años el atractivo más importante del concurso, si es que no el único, era ver cómo los participantes se precipitaban al vacío en el momento en el que la trampilla se abría bajo sus pies tras fallar una respuesta? ¿Recuerdan las semanas, los primeros meses, aquellos planos del público gritando nervioso cada vez que un concursante caía al foso? ¿Recuerdan a Arturo Valls haciendo todos los juegos de palabras posibles en lengua española, exprimiendo al máximo cada acepción del verbo “caer”? Era 2011, 2012… como mucho, 2013.

Pues bien, la grandeza de “Ahora caigo” ha consistido en mantener su interés a pesar de que ya nadie contempla el concurso por ver a los jugadores caer. El concurso ha ido afinando la mecánica y los diversos tipos de preguntas, potenciando complicidades y guiños entre público, concursantes y presentador, hasta conseguir un producto que acaba de alcanzar el programa 1500 sin que ya nadie entre los espectadores se eche las manos a la cabeza cuando ve a un participante ser tragado por la tierra. ¿Se hubiera afianzado “Ahora caigo” en la programación si no hubiera contado inicialmente con las caídas? Seguramente no. ¿Se ha afianzado “Ahora caigo” en la programación gracias principalmente a las caídas? Seguramente tampoco.

Es lo que ocurre con el sexo y el amor. El sexo es un pegamento muy rápido aunque pasajero, que une a las personas dando ocasión a que surjan entre ellos otros vínculos más lentos y permanentes que no habrían aparecido sin la ayuda inicial del sexo. El sexo han sido las caídas; el amor está siendo las ganas de ver un sencillo y divertido concurso de preguntas y respuestas. No nos habríamos enamorado de “Ahora caigo” si no llega a ser por las caídas, pero ya no las necesitamos para seguir queriéndolo. A lo mejor por eso Chiquito -no se le olvida, maestro- llamaba “hacer la caidita” a mantener relaciones sexuales.

17/5/18

"COSMOS" EN EL COSMOS



La observación de regularidades en la naturaleza es uno de los fundamentos del conocimiento científico, que permite al ser humano realizar una de las actividades más prodigiosas que tienen lugar en el universo: ¡predecir el futuro! Gracias a ella podemos predecir con precisión cuándo va a ser el próximo eclipse, en qué punto exacto caerá un proyectil ¡o el nivelazo que tendrá la próxima temporada de “Cosmos”, programada para la primavera de 2019 y cuyo primer tráiler oficial ya está disponible en la red haciéndonos aullar de felicidad!

“Cosmos” se recuperó en 2014 de la mano de Ann Druyan, Seth MacFarlane y Neil deGrasse Tyson, treinta y cuatro años después de la insuperable cima que supuso la serie “Cosmos” original de Carl Sagan. Obviamente, la posibilidad de que la nueva edición venciese al recuerdo que teníamos de la obra de Sagan era sencillamente cero, pero, salvado ese fantasma, el nuevo “Cosmos” de Tyson se convirtió en una extraordinaria serie de divulgación científica, de lo mejor que hemos visto durante la última década, y el anuncio de su nueva temporada ha sido una de las mejores noticias sobre televisión que hemos conocido en los últimos meses. Observamos regularidades en la naturaleza y observamos regularidades en “Cosmos”.

“Cosmos” enseña a pensar. Es lo que necesariamente ocurre cuando una serie divulga la mayor empresa intelectual colectiva de la humanidad: las ciencias. Y, bendita autorreferencia, el propio “Cosmos” nos enseña a prever la calidad que tendrá su edición de 2019. A igualdad de causas, igualdad de efectos. Y en la edición del año que viene volverán a estar Druyan y MacFarlane en la producción y Tyson en la conducción de los capítulos que setecientos cincuenta millones de espectadores de todo el mundo -tal fue su audiencia hace cuatro años- esperamos tachando los días en el calendario. El cosmos, en palabras de Carl Sagan, es todo lo que es, todo lo que fue y todo lo que será. Y eso incluye a la propia serie “Cosmos”.

16/5/18

LA FLAUTA ESENCIAL


En una de las colas de judíos ante funcionarios nazis que nos sobrecogen en “La lista de Schindler” (Hollywood), un hombre se asombra de que no se le considere un “trabajador esencial” (eso significa la muerte) porque su oficio es la enseñanza de la Historia y la Literatura. El inteligentísimo y diligente Stern, siempre tan atento a todo, interviene y, en un abrir y cerrar de ojos, convierte al viejo profesor en un maduro pulidor de metal. Ya es un “trabajador esencial”. Supongo que Baruch Spinoza (siglo XVII), el filósofo neerlandés de origen sefardí que terminó expulsado de la comunidad judía, habría obtenido los documentos que le acreditarían como “trabajador esencial” no por haber sido el hombre que escribió la “Ética demostrada según el orden geométrico”, sino porque se ganó la vida como pulidor de lentes para instrumentos ópticos. Filósofo y pulidor, como Spinoza y como el hombre de la cola en “La lista de Schindler”. Ahí está el secreto para ser un “trabajador esencial”.

En la cola de “La lista de Schindler”, un Gran Wyoming judío podría salvar la vida no por su oficio de humorista, analista, escritor o cantante, sino por ser médico. Pero me temo que Emilio Lledó, a quien hace unas semanas entrevistó Gonzo en “El intermedio” con motivo de la renuncia del filósofo a la medalla de la Comunidad de Madrid, terminaría en una cola de fusilamiento. Los filósofos no son “trabajadores esenciales” a menos que se dediquen también a pulir lentes, como Spinoza, o metales, como el profesor de “La lista de Schindler”. Sin embargo, me parece que tipos como Wyoming o Lledó son “trabajadores esenciales” porque, como Jacob Petrus en “Aquí la Tierra”, Maldini en “Fiebre Maldini” o Sheldon Cooper en “Big Bang”, ensanchan el mundo a la manera de Ulises en la “Odisea” al obligarnos a movernos entre el hogar y la curiosidad por el cultivo de la acelga, el olfato goleador de Quini, la importancia de las pizarras en la física o el canto de las sirenas. El mundo televisivo está lleno de “trabajadores esenciales” que no aguantarían dos minutos en una cola de “La lista de Schindler”. Emilio Lledó, Jacob Petrus, Maldini, Sheldon Cooper y hasta Ulises serían fusilados al mismo tiempo que Sócrates, ese filósofo que se esforzó en aprender a tocar una melodía con la flauta mientras le preparaban la cicuta y, cuando le preguntaron que por qué empleaba sus últimos momentos de vida en algo tan absurdo, respondió que lo hacía para saber esa melodía antes de morir. ¿Por qué escuchar a Lledó mientras nos preparan la cicuta de la corrupción? Para aprender una melodía ética antes de morir de asco. No me digan que eso no es esencial.

15/5/18

UNA MIERDA, PERO NO PASA NADA


Amaia y Alfred han triunfado. Pero no como se triunfa en “Operación Triunfo”. No es un triunfo de esos de ahora, de ver un rato y después olvidar. Alfred y Amaia han venido para quedarse porque han triunfado de verdad. Si no lo vieron, busquen el vídeo de su paso por “Eurovisión” y véanlo. Sin prejuicios. Los dos solos ante el peligro. Millones pendientes de cada gesto y tan tranquilos. Están compenetrados, soportan la enorme presión del momento, saben estar, las cámaras y los micrófonos los quieren y ellos se dejan querer. En definitiva, llenan la pantalla, que es lo que vale.

Así que pronto los veremos en la tele de seguido. En cuanto terminen sus compromisos contractuales con TVE, todas las cadenas se los rifarán para ficharlos como jurado para un ‘talent show’. No por separado, sino juntos. Serán un jurado doble compartiendo silla. Uno empieza una frase y el otro la termina. Uno dice qué le parece un aspirante y el otro lo confirma. Más compenetrados, imposible. El tipo de miembro del jurado que les tocará ser parece evidente: serán los “naturales”. No serán ni el empático que comprende a todo el mundo, ni el borde desagradable, ni el gracioso que siempre hace una broma. Ellos dirán las cosas tal cual según se les ocurran sin pensar del todo en las consecuencias. Serán los cercanos, los que en un momento se emocionen y en otro no se crean nada, los imprevisibles que en las situaciones tensas desempatan sin que nadie pueda averiguar qué iban a decir.

Insisto: busquen el vídeo de su paso por “Eurovisión” y véanlo. Ese momento en el que, con gran expectación, valoran su propia actuación y el resultado: “Jo, pues es un poco mierda, la verdad, pero no pasa nada”. “Pero el puesto, ya lo decíamos, daba igual”. “Es verdad. El puesto pues es una mierda, pero no pasa nada. O sea, estamos contentos igual”. No importa si lo tenían preparado o no, el caso es que no lo parece y dicen justo lo que hay que decir para triunfar en esta tele de hoy en la que los programas musicales han sido sustituidos por ‘talent shows’.

14/5/18

NO SOLO CHANQUETE HA MUERTO


El día anterior al día de su muerte, Antonio Mercero salió en la tele. No es casualidad. Por casualidad podemos salir usted o yo, pero los grandes salen en la tele todos los días porque el presente camina por las rutas que ellos trazaron. Otra cosa es que nos demos cuenta. Por ejemplo, Dani Martín, ex “Canto del loco”, estaba en el plató en ese momento como invitado y ni se enteró.

Ocurrió en el estreno de “La noche de Rober”, el último programa de Antena 3 para la noche de los viernes. En una sección, Leo Harlem se enfrentaba a Martín encerrándose en sendas cabinas telefónicas donde debían reconocer en el auricular una canción con la melodía distorsionada. Todos vimos ojipláticos cómo quien eligió el nombre de su grupo por una canción de “Radio Futura” no reconocía la primera estrofa de la “Chica de ayer” del gran Antonio Vega para “Nacha Pop”. Pero los que tenemos más televisión a nuestras espaldas, además entendimos por qué, al entrar en la cabina, Harlem se acordó de José Luis López Vázquez, actor protagonista de “La cabina”. Dirigida por Mercero, “La cabina” mereció el único Emmy ganado en España. Los telespectadores más jóvenes no solo no habrán entendido nada, es que no sabrían ni qué era esa caseta de cristal que llamábamos “cabina”.

Al día siguiente, nos enteramos de la muerte de Mercero, el autor de aquellas “Crónicas de un pueblo” que nos dejaban ver en la tele sin tener que escondernos como hicimos con “La cabina” muertos de miedo. O el autor de la inolvidable “Verano azul”, una serie tan repuesta que la recurrente muerte de Chanquete lo convirtió en el mayor asesino en serie de la historia de nuestra tele. O el autor de “Farmacia de guardia”, el primer gran éxito de la televisión privada en España. O simplemente el autor de la serie “Manolito gafotas” para otros más jóvenes. Y, ya para siempre, el responsable de que los niños no entiendan por qué, cada vez que sus padres dan una vuelta en bici con ellos, van silbando todo el rato una música que llaman “Verano azul”. Si no te acuerdas de cómo es, sube a una bici y ya verás cómo te sale.

13/5/18

LLEGÓ EL MOMENTO DE IR A POR ETA

“Fariña” ha sido mucho más que la mejor serie de la historia de la televisión española: ha sido sobre todo el anuncio de que los creadores de series y las audiencias de nuestro país están ya preparados para abordar con madurez y potencia los grandes asuntos de nuestra historia reciente. Hasta ahora era sorprendente contemplar la seriedad y la claridad con la que se elabora la historia en series extranjeras como “The Crown” (UK) o “The Newsroom” (USA) -o la misma “Narcos”, claro- mientras que en España cualquier intento de meter la realidad histórica como protagonista en la televisión no conseguía despegarse medio pelo de ridículos biopics ñoños sin el menor interés. Hasta que Atresmedia nos ofreció “Fariña”.

En cinco palabras: “Fariña” no tiene un fallo. No lo tiene en el guion, tenso y de narración precisa como una cuerda exactamente afinada. No lo tiene en la dirección, que mantiene un rumbo fijo sin desviarse por los mil caminos erróneos y fáciles que le se abrían a cada paso. No los tiene ni en su inteligentísima banda sonora. Y, sobre todo, “Fariña” no los tiene en unas interpretaciones tan meticulosamente dibujadas que consiguieron apasionarnos en cada capítulo sin perder una pizca de verosimilitud -esos charlines, del primero al último; ese Sito; ese Ubiña; ese sargento Darío Castro, ¡miña naiciña querida, ese sargento Darío Castro!-.

Así que, guionistas, programadores, productores, llegó el momento de ir a por ETA. Con el nivelazo de “Fariña”. Con valentía y sin complejos. El Reino Unido o los Estados Unidos lo hubieran hecho hace bastantes años. Llegó el momento de contar sin simplezas ni equidistancias la demencia absurda y miserable que se vivió en el País Vasco -y, en menor medida, en el resto de España- durante aquellas horrorosas décadas. Qué triste que pedir que lo haga la televisión pública -qué mejor forma de demostrar que desde el Estado hemos derrotado a ETA- sea hoy por hoy una pretensión delirante.

12/5/18

EUROVISIONEXIT


Reclamo un referéndum para decidir sobre el eurovisionexit, la salida de nuestro país del Festival de la Canción de Eurovisión y de toda la parafernalia que le rodea. Ya basta. Ha llegado el momento. Yo también. La ciudadanía tiene derecho a decidir. Sólo queremos votar para poder tener un recuento fiable del número de eurovisionfans y eurovisionescépticos que existen en nuestro país, condición necesaria para que posteriormente el Estado obre en consecuencia. No nos referimos únicamente a nuestra salida del Festival de esta noche. También incluimos nuestro abandono de las semifinales, las promociones, los talent shows en los que se eligen a nuestros representantes. Todo. Tout. Everything.

Eurovisión nos roba. Vale, quizá no nos robe dinero -quizá sí, no lo sé-. Pero de lo que no cabe duda es de que nos roba la serenidad y el buen gusto durante toda una semana. Uno pone La 2 un jueves para ver una buena película de “Historia de nuestro cine” y de pronto cae abducido por las semifinales de Eurovisión, un inframundo que parece salido de un cruce entre una fantasía erótica de Donald Trump y la versión vikinga de un chikiparque lisérgico. La mente humana no puede escribir una canción peor que la que está sonando en cualquier momento -bueno, sí, la que va a sonar a continuación-. Y la alegría que exhiben las delegaciones de cada país agitando esas banderitas en sus respectivos reservados tiene que ver tanto con la alegría como el sabor fresa de los yogures sabor fresa con las fresas.

Todo mejorará con el Eurovisionexit. Bajará el paro, aumentará la sanidad. Construiremos una sociedad más respetuosa con los derechos humanos y las libertades públicas. Y, mucho mejor aun que todo lo anterior, ¡no tendremos que volver a ver nunca jamás los vestidos de las presentadoras ni los peinados de los presentadores! Referéndum, ya. Eurovisionexit, ya. Y, si es posible, una rápida negociación que nos saque del Festival de Eurovisión antes de esta noche.

11/5/18

JUDÍOS, NEGROS Y GITANOS


“Los Gipsy Kings” son lo más porque así te puedes reír de los gitanos todo lo que quieras. Ni siquiera tienes que molestarte en mirar a qué andan los gitanos de tu zona para después poder reírte de ellos. Por eso me parece que la cadena Cuatro sí que tuvo una buena idea con este programa, porque te puedas reír en casa a gusto viendo gitanadas sin correr peligro de que te vean reírte y se pongan bordes, o, peor, que te quieran pegar o robar o las dos cosas. Así que yo aprovecho y me río un montón. Todo lo que puedo. Como para no reírse de ellos, viendo las cosas que hacen y lo que les pasa y lo que dicen. Es que si con los gitanos ya te ríes de ellos, con “Los Gipsy Kings” lloras de la risa. Los amigos más fans formamos un grupo de guasap y todo. Hablamos mientras lo vemos y entonces ya es que te meas encima. De verdad. Yo una vez me meé un poco y todo. Menudo cachondeo que tuvimos después también con eso.

Lo de las dinastías es de lo que más me gusta. Ya solo con que hablen de dinastías me parto el culo. Y viendo que ellos se lo creen, más. Los amigos nos las repartimos a ver cuál da más de sí. Ahí se ve bien que todos los gitanos son iguales porque son gitanos y lo llevan en la sangre y eso no hay quien lo cambie, pero luego también ves que cada uno es gitano a su manera a cual más graciosa. También me gusta ver cómo hablan de mal y las palabras que inventan. Y cómo visten ya es lo más, son superhorteras. Los gitanos son tan horteras en todo que es que los pobres ya ni se dan ni cuenta de lo horteras que son las casas que tienen y la ropa que ponen. Cualquiera que sea normal no se pondría esa ropa ni loco como no fuera para disfrazarse de “Los Gipsy Kings” en Carnaval igual que hicimos los amigos este año. Hasta hablamos de repetir el año que viene, pero cada uno tiene que elegir un personaje de una dinastía para reírse más imitándolo.

Lo que no entiendo, viendo lo guay que es el programa, es por qué no hacen otros iguales, pero con judíos o negros. Es verdad que tenemos pocos judíos, pero negros hay cada vez más. Yo y mis amigos lo veíamos fijo.

10/5/18

TIEMPOS NUEVOS, TIEMPOS SALVAJES


Dos citas separadas por 30 años de historia de la televisión. La primera (“Señora, si no le gusta mi careto, ¡cambie de canal!”), nos lleva a 1987. “Ilegales” toca en directo en el programa musical “¡Qué noche la de aquél año!”. El careto de Jorge Martínez llena la pantalla de uno de los dos únicos canales —públicos— que hay entonces. Cree que da caña, pero debería aprender de estos tiempos nuevos: “¡Cambie usted de canal! Pero, ¿de qué me está hablando? ¡Cambie usted de canal! ¡Hay varios! ¡Hay muchos!”. Lo dijo anteayer el ministro de Economía en el Senado: un máximo representante del poder del Estado expulsando del servicio público hacia la oferta privada a quien tenga la loca pretensión de vigilar un servicio que obligatoriamente —menudo es Cristóbal Montoro— debe pagar con sus impuestos.

Es curioso que TVE y laSexta explicaran la noticia del ministro punki de forma tan diferente. TVE cortó el “¡Hay varios! ¡Hay muchos!” que permite a Montoro cerrar con chulería, y suaviza abriendo con unos elogios a la casa que, estos días que los trabajadores denuncian la manipulación que les imponen desde arriba, resultan estar envenenados: “TVE tiene una calidad en sus profesionales que es lo primero que hay que reconocer”. LaSexta contextualiza iniciando la noticia desde su desencadenante. Primero, ese desvelado amor secreto a los jubilados: “Entran ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decir ‘os jodéis’”. Después, la dimisión: “Ese fue el insulto que no se ha escuchado en los informativos de TVE por orden de la dirección del ente público. Una censura que ha provocado la dimisión de la editora de informativos en la Comunidad Valenciana. Y luego, además de recoger la intervención del ministro como hace TVE, también deja hablar, qué locura, al senador incómodo: “Acaba de dimitir, lo acabo de ver en un teletipo, la editora de TVE en Valencia por la censura del famoso ‘os jodéis’ con el que la secretaria de Estado de Comunicación se dirigió a los pensionistas. Todo esto en el día de hoy, señor Montoro”.

Sabemos la respuesta y vale para todo. ¿Es crítico con la gestión de la tele, educación, sanidad, infraestructuras, seguridad o pensiones públicas? Cambie de canal. Hay varios, hay muchos, en estos nuevos tiempos salvajes.

9/5/18

A ESTUDIAR


La idea de enfrentar, en una cuidada dramatización, a los científicos Robert Oppenheimer y Werner Heisenberg en el documental “Genios. La bomba atómica” (Odisea) puede ser tan peligrosa (por reduccionista) como enfrentar a Messi y Ronaldo en un documental que se podría titular “Genios. El mejor futbolista del mundo”, pero también es una buena oportunidad para reflexionar acerca del papel de la ciencia en la historia, la influencia de los grandes hombres y de los pequeños detalles en los acontecimientos y, en fin, sobre la delgada línea que separa el ser del deber ser. El genio de Oppenheimer, por sí solo, no produjo la bomba atómica; pero si Hitler hubiera ofrecido los medios suficientes a Heisenberg en sus investigaciones, puede que la primera bomba atómica hubiera caído sobre Moscú, no sobre Hiroshima. “Genios. La bomba atómica” plantea casi sin querer interesantes cuestiones éticas, pero al final el espectador termina con mal sabor de boca porque un cartelito nos advierte, demasiado tarde, de que algunos sucesos han sido alterados con fines narrativos. ¿Qué sucesos?

¿Oppenheimer no intentó que Heisenberg desertara para trabajar juntos en los Estados Unidos? ¿Un espía norteamericano no estuvo a punto de asesinar a Heisenberg a la salida de una conferencia? ¿No sonrió Oppenheimer cuando la prueba de la bomba atómica fue un éxito? ¿Tras el fin de la guerra, Heisenberg dijo que hizo todo lo posible para que Hitler no dispusiera de la bomba atómica, o esa patética excusa  es uno de los “sucesos alterados” en el documental? ¿Se sorprendió Heisenberg cuando se enteró de que los estadounidenses habían arrojado una bomba atómica sobre Hiroshima, o se trata de una sorpresa con fines narrativos? Si un documental puede “alterar algunos sucesos” con fines narrativos, entonces todo está permitido y el espectador no tiene más remedio que investigar por su cuenta para saber qué cosas son ciertas y qué partes son invenciones de los guionistas. Al menos, el documental sobre Oppenheimer y Heisenberg es honesto cuando reconoce que alteró algunos sucesos. ¿Acaso los telediarios no alteran también algunos sucesos con “fines narrativos”? ¿No lo hacen también ciertos jueces? ¿No lo hacen los comentaristas deportivos cuando hablan de Messi o de Ronaldo? ¿No lo hacen los tertulianos políticos o del corazón? ¿No lo hace Íker Jiménez?

Sólo queda una solución. Estudiar.

8/5/18

LA PROGRAMACIÓN DE TESEO

I. La nueva temporada de “Homeland” terminó la semana pasada. Bueno, yo la llamo “Homeland” porque se sigue llamando “Homeland”, aunque en realidad ya no tiene nada de “Homeland”. La “Homeland” que nos reventó a todos la cabeza hace seis o siete años era una historia de espías salvajemente bien contada acerca de la relación entre un terrorista encubierto de Al-Qaeda y la agente de la CIA que lo investigaba. Aquel agente murió hace cuatro años, ya vamos por la tercera generación de personajes, y la trama de esta última temporada ni siquiera tuvo que ver con el yihadismo.

II. Este domingo laSexta emitió el programa homenaje al décimo aniversario de “Salvados”. Bueno, yo lo llamo “Salvados” porque se sigue llamando “Salvados”, aunque en realidad ya no tiene nada de “Salvados”. El “Salvados” original era un programa humorístico que tomó su nombre de un juego de palabras –“Salvados por la campaña”- relativo a su primera entrega. Jordi Évole se tenía que disfrazar de camarero para poder arrancarle unas palabras a Baltasar Garzón. Ahora lo recibe Nicolás Maduro y los más altos líderes políticos se pegan entre sí para protagonizar una entrevista o un debate en el programa.

III. Se conoce como la “paradoja de Teseo” a un problema filosófico clásico que se pregunta en qué momento el barco de Teseo, al que gradualmente con el paso del tiempo se le van reemplazando una a una todas sus piezas, deja de ser el barco de Teseo. ¿Cuándo “Homeland” dejó de ser “Homeland”? ¿Cuándo “Salvados” dejó de ser “Salvados”? La versión moderna de la paradoja se pregunta: si “barco de Teseo” fuese una marca comercial exitosa, ¿cambiaría de nombre alguna vez, aunque el barco original de madera termine convirtiéndose en una pizza cuatro quesos?

IV. Entramos en la semana del Festival de Eurovisión, los dioses se apiaden de nosotros. Bueno, yo lo llamo Festival de Eurovisión porque se sigue llamando Festival de Eurovisión.

7/5/18

KIM JONG-UN EN TELECINCO


Realidad del Norte debería apagar los altavoces con los que apunta a Realidad del Sur. Eso no supondría el fin de la guerra que enfrenta a ambos sistemas, pero sí una muestra de distensión tras la escalada vivida estos años. Fue en 2000, con el lanzamiento del misil “Gran hermano” por Realidad del Norte, cuando comenzaron unas hostilidades que hasta hoy hemos sufrido y seguimos sufriendo millones de telespectadores inocentes atrapados en este conflicto no resuelto que ha separado a compañeros, amigos y familias a un lado y otro de la frontera.

Realidad del Norte mantiene un férreo control sobre su población, sometiéndola desde hace lustros a un intenso adoctrinamiento encaminado a construir una realidad paralela e ilusoria, que ellos denominan “reality show”, o simplemente “reality”. El “reality” no es una simple narración fantástica ante la que el espectador acepta voluntariamente suspender su incredulidad de forma transitoria. El “reality” no permite evadirse, explorar o experimentar situaciones más o menos fantasiosas e irreales. El poder de Realidad del Norte procede de que el “reality” va mucho más allá. Actúa de forma coordinada y por oleadas trimestrales en las que la aparente diversidad de cada nueva entrega con diferentes planteamientos y personajes de quita y pon oculta un mismo mensaje engañoso y machacón. Envueltos por estas sucesivas capas, los espectadores acaban inmovilizados y sometidos a la realidad irreal de Realidad del Norte.

Esta situación no puede prolongarse más. Se hace necesario abrir un período de distensión entre Realidad del Norte y Realidad del Sur. Representantes de ambas Realidades deben reunirse en la frontera y darse la mano sonrientes, por muy ridícula que parezca la escena. E, inmediatamente, ha de llegar la retirada de altavoces. Ese incordio constante y a todo volumen de propaganda y embustes que invade nuestras casas lanzado al aire desde el territorio de Realidad del Norte debe terminar. Quién iba a pensar que el flipado de  Kim Jong-un acabaría resultando un ejemplo para nadie.

6/5/18

LA GRANDEZA DE LOS PIONEROS


Cuesta trabajo imaginarlo ahora, pero durante los años en los que Jose María Íñigo llevó a cabo la parte más destacada de tu trabajo, la televisión no era ni buena ni mala. Sólo era televisión. No había ni buenos ni malos programas, ni buenos ni malos presentadores. Sólo había programas y presentadores. Era un tiempo de inocencia, de cándidas audiencias de ocho dígitos que no tenían ni elementos de juicio ni posibilidad de ejercerlo ante la aparición de un nuevo invento que cambiaría para siempre la sociedad de la forma más rápida y radical que vieron los tiempos. Ayer todos los medios se deshicieron en halagos ante la tristísima noticia del adiós de Íñigo -Íñigo era Íñigo, a secas; que se llamaba José María lo descubrimos años después en la radio con Pepa Fernández- y pudimos leer decenas de adjetivos elogiosos referidos a su trabajo. Todos eran ciertos. Pero la principal medida de su obra es que no necesita ser adjetivada para apreciarse su grandeza. Es la grandeza de los pioneros, los que lo iniciaron todo sin referentes previos a los que compararse. No hicieron las cosas ni bien ni mal. Llegaron y las hicieron.

Cristóbal Colón no fue un gran descubridor. Ni Francisco Romero, un gran torero. Son los que vinieron después los que pudieron ser excelentes o deficientes por su capacidad para rehacer o superar “Estudio abierto” o “Directísimo”. Cuesta trabajo imaginar ahora la magnitud que alcanzaban durante los años setenta nuestras estrellas de la televisión, gracias a su novedad y al régimen de cadena única. Íñigo era como multiplicar hoy en día a Pablo Motos por Mercedes Milá y por Ana Rosa. Una figura de una popularidad descomunalmente gigante. No habíamos llegado todavía los críticos de televisión para dividirlo todo en buenos y malos, y para los espectadores de entonces figuras como él eran referentes más vitales que profesionales, más afectivos que utilitaristas. Para muchísimos de nosotros nunca dejó de serlo, por lo que su fallecimiento tiene un significado colectivo en nuestro país, una pena que ayer se respiraba por todas partes. No hay mejor prueba de su grandeza.

5/5/18

ARCADI ERES, ENTRE TODAS LAS MUJERES


Tiene que ser duro ser Arcadi Espada. Interpretarlo no, eso está tirado. Es muy posible que anteayer, por ejemplo, el señor se lo pasaría bomba en “El programa de Ana Rosa” interpretando su personaje mientras analizaba el caso ‘La Manada’. Allí estaba él, rodeado de mujeres y dispuesto a arremeter contra ellas como un caballero andante soltando mandobles a diestro y siniestro. Toma: “Yo querría saber si hay algún vídeo de la vida sexual de la víctima”. Toma: “¿Sobre las víctimas no se puede informar simplemente porque son víctimas?”. Y toma: “O sea, ¿solamente por el hecho de que alguien sea víctima, sobre ella no se puede decir la verdad?”.

Lo que tuvo que disfrutar en su posición protagonista. Porque ellas no eran nadie. Eran intercambiables. Todas se arremolinaban en torno a él manteniendo un discurso similar, lo que no es nada lucido en la tele. Y menos si ese discurso indiferenciado y común recoge la opinión de miles y miles de ciudadanas y ciudadanos que llevan días expresando su rechazo y enfado ante la sentencia judicial. Todo lo que pudieran decir ellas, estaba muy visto. A él, en cambio, daba gusto verlo. Tan original. Tan gallardo. Tan audaz.

Tuvo que pasárselo de rechupete viendo cómo él solito se bastaba y se sobraba para tenerlas a raya a todas. Daba igual lo que dijeran ellas, él tenía replica para todo. Qué digo réplica, si era él quien llevaba la voz cantante, si eran ellas las que trataban de atajar al interlocutor campeador, si eran ellas las que como una barahúnda de atacantes indisciplinadas y anónimas intentaban, sin conseguirlo, contenerle a él, el gran Arcadi Espada.

Al principio del debate, le habían presentado con una pequeña broma: “Bendito eres, entre todas las mujeres”. Y realmente lo fue. Interpretar el papel de abogado del diablo es fácil y agradecido. Es incluso necesario para que el pensamiento no se acomode ni apolille. Lo terrible es que al terminar la representación no puedas quitarte la máscara porque eres aquél a quien interpretas, porque eres realmente Arcadi Espada y tienes que volver contigo a casa.

4/5/18

PERIODISTAS DE LUTO


Cada viernes como hoy, en todos los informativos de la televisión pública. Cada vez que vea a una reportera, a una presentadora o a una corresponsal vestir de negro ante la cámara, sepa que, además de la noticia de la que le está informando, le está transmitiendo que esa información que usted está recibiendo quizá no sea veraz. Quizá haya sido redactada por una redacción paralela de contratados temporales afines o más sumisos a los intereses de la dirección. Quizá tan sólo se le esté contando una de las dos versiones en un conflicto, o sólo se le estén mostrando las imágenes que ratifican los relatos que convienen al Gobierno. Quizá se está contando la noticia de una forma intencionalmente confusa para favorecer que el espectador se distraiga al escucharla. En resumen, cada vez que hoy vea a una periodista vestida de luto en los informativos públicos sepa que le está diciendo “ahora usted está siendo manipulado”.

Según cuentan estas profesionales, ya no pueden más. El Partido Popular lleva siete meses bloqueando la puesta en marcha de la ley de reforma de RTVE, la única ley de la legislatura aprobada con el consenso de toda la oposición. Y las mil formas diarias mediante las que las noticias se tergiversan en su redacción, en su montaje, en su temporización, siempre a favor del Gobierno, les han llevado a iniciar un movimiento bajo los hashtags de #AsíSeManipula y #RTVEdeTodos, para que todos los españoles podamos entrar en Twitter y encontrarnos con un abrumador listado de casos en los que un periodista no ha podido realizar su trabajo con la fidelidad y la objetividad que sería exigible a los informativos que la ciudadanía paga con su propio dinero para mantenerse escrupulosamente informada de sus asuntos políticos.

Hoy es un viernes negro en la televisión pública. Se recuerda el fallecimiento de la pluralidad y la imparcialidad en las noticias que nos contarán durante el día. Y la única esquela que el Gobierno no va a poder impedir que veamos es el color de la ropa de las periodistas de luto.

3/5/18

¿DANI MATEO ES QUICKSILVER?


La palabra “ubicuo” es ubicua. Es decir, se encuentra en varios sitios al mismo tiempo. En botánica se denominan “ubicuas” a las plantas presentes en todos los continentes y mares; así, las algas son organismos ubicuos, ya que pueden encontrarse en todas las partes del planeta. En teología se usa la palabra “ubicuo” para referirse a un atributo de Dios, aquél que le permite estar en todas partes a la vez -bueno, en todas partes menos en el infierno, según las posturas del ubicuacionismo restrictivo-. En microbiología, la ubicuidad es una característica de ciertos microorganismos que les permite desarrollarse en medios sólidos, líquidos o gaseosos; es el caso del virus del herpes, que lo podemos encontrar en el aire, en la tierra o en las aguas.

Al uso botánico, teólogo o microbiólogo del término “ubicuo” hay que añadir ahora el uso televisivo. El pasado lunes Dani Mateo apareció simultáneamente en dos programas que se emiten en directo: “El hormiguero” y “El intermedio”. El hecho de que ambos espacios pertenezcan a Atresmedia podría apuntar a que ambos programas se realizasen en platós contiguos, y el pobre Dani hubiera podido obrar el fenómeno corriendo entre platós entre pregunta e intervención. Pero no: “El hormiguero” se emite desde la calle de Alcalá, 518, y “El intermedio” lo hace desde los estudios sitos en San Sebastián de los Reyes, a dieciséis kilómetros de distancia. Sólo el X-Men Quicksilver podría haberse movido tan rápidamente entre las preguntas de Pablo Motos y los pies del Gran Wyoming.

¿Es entonces Dani un alga, un dios, un virus del herpes? Tras descartar lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, ha de ser lo cierto. Descartando que el cómico haga la fotosíntesis, exista de forma previa al universo o carezca de células, la única explicación ha de ser que los programas en directo no se emiten en directo, al menos durante los largos puentes madrileños. Eso, o que Dani Mateo es Quicksilver, lo que explicaría su extraño estilo mutante.

2/5/18

INIESTA Y PENTESILEA


Supongo que el número de madridistas que vieron la “rúa” de celebración del doblete del Barça (beIN Sports, Teledeporte) es similar al número de catedráticos de ética que pueden resistir una reunión de antiguos presidentes de la Comunidad de Madrid sin echar la pota o el número de poetas que pueden participar en un congreso de letristas de canciones de Eurovisión sin que les estalle el cerebro. Entre uno y ninguno. La “rúa” culé es un espectáculo con un público tan específico que encontrar a un espectador que decide pasar la tarde viendo a un grupo de futbolistas con sombreros raros subidos a un autobús que parece pintado por Paco Clavel mientras miles de personas gritan y hacen fotos sin que ese espectador sea más culé que el himno del Barça es una aventura tan imposible, o más, que la de buscar un galés al que no le guste el rugby o un mexicano que reniegue del picante. Y, sin embargo, el próximo domingo juegan el Barça y el Madrid en el Camp Nou y la audiencia será un revoltijo de culés, madridistas, futboleros en general, catedráticos de ética, poetas, galeses, mexicanos y ciudadanos que saben que el lunes, a la hora del café, se hablará del Barça y del Madrid. Es el poder del fútbol. Además, este Barça-Madrid es muy especial porque será el último de Iniesta. Y el poder de Iniesta es incluso mayor que el poder del fútbol. Iniesta es tan grande que incluso puede convertirse en Pentesilea.

Pentesilea fue una reina amazona que luchó, junto con otras doce amazonas, en la guerra de Troya. Después de varias hazañas, Pentesilea se enfrentó a Aquiles, y el gran héroe griego la mató atravesando el pecho de la amazona con su lanza. En el último momento, cuando Pentesilea estaba a punto de morir, Aquiles se enamoró de Pentesilea y Pentesilea se enamoró de Aquiles. En el último partido de Iniesta con el Barça, puede que a algún madridista le ocurra como a Aquiles y, al clavar su blanca lanza en el corazón del futbolista que tanta guerra dio al Madrid, quede conmovido por su palidez, por su juego sutil, por su delicada manera de moverse por el terreno de juego y, en el último segundo, surja el amor entre el madridista y el culé. Incluso es posible que Iniesta, como Pentesilea, mire a los ojos del Madrid y, con su último aliento, se enamore también de un equipo sin el que la guerra de Troya futbolística sólo sería un partidillo de solteros contra casados. No sería un mal fin. Pero sería un mejor principio: el principio de que, en fútbol, las lanzas y el amor pueden ser compatibles.

1/5/18

LA TRIBU DE LOS DIENTES LARGOS


En conclusión, la tribu más numerosa del mundo es la tribu de los dientes largos. Habrá llegado a ella cualquiera que viera “Tribus viajeras”, el nuevo programa de viajes de La 2 para las noches del domingo.

Y eso que al principio no. Al principio la única conclusión posible de “Tribus viajeras” parecía que iba a ser qué pintaba Francine Gálvez, la presentadora con más altibajos de la televisión mundial, en un programa de viajes. Cualquiera puede encontrar en su pasado un programa por el que desconfiar de ella: presentó el “Telediario” con Ana Blanco, “Noche y día” con Isabel Gemio, “Rumore, rumore” con Jorge Javier Vázquez y “Aquí hay tomate” con Víctor Sandoval; fue capaz de presentar un delicioso concurso cultural como “Palabra por palabra” en La 2, y un reality asqueroso como “Confianza ciega” en Antena 3, de colaborar en “El programa de Ana Rosa” y de acabar de contertulia en “Amigas y conocidas”.

Pero al final resultó que no, al final la conclusión fue que la tribu más numerosa del mundo es la tribu de los dientes largos. Eso es porque hay programas de viajes de tres tipos: los que —visto lo hermoso del destino— dan ganas de realizar el viaje, los que —visto lo bien que están hechos— dan ganas de hacer el programa para realizar el viaje, y los que —visto lo bien que se lo pasa el presentador— dan ganas de ser el presentador para hacer el programa para realizar el viaje. En “Tribus viajeras” la presentadora asume un excesivo protagonismo porque en la tele actual los programas de viajes se empeñan en ser del tercer tipo. Este no lo consigue, pero da igual. Un viaje hermoso es siempre un viaje hermoso, y el primer destino, Senegal, se basta por sí solo para poner a los espectadores los dientes largos. Y eso sin necesidad de querer emular a una señora que dice “delante nuestra” a pesar de que de lo más potable de su currículum es haber presentado “Palabra por palabra”, un concurso pensado para fomentar el gusto por nuestra lengua.