24/7/19

EL ENTRETENIMIENTO POLÍTICO

El estudio se ha hecho completamente en serio, se acaba de publicar en la American Economic Review y todo el mundo lo está comentando: varias universidades han analizado el comportamiento televisivo de una amplia muestra de italianos, poniéndolo en relación con sus votos en las elecciones posteriores. Concretamente, se ha estudiado el impacto que tuvo la irrupción de Mediaset y sus canales de entretenimiento, creados por Berlusconi a comienzos de los años 80, sobre el voto de sus espectadores en las elecciones de 1994. Los resultados se los pueden imaginar: a mayor número de horas viendo Telecinque -vale, se llama Canale 5, he puesto “Telecinque” por salpicar a Telecinco-, mayor probabilidad de voto a Berlusconi.

No es fácil sacar conclusiones de los estudios estadísticos. Los autores proponen que la exposición a Mediaset da lugar a individuos menos “sofisticados cognitivamente” (tontos) y menos “mentalmente adultos” (inmaduros). Aun así, no queda claro si los déficits de estos espectadores son causa o efecto de sus gustos televisivos, si sus gustos televisivos son causa o efecto de sus opiniones políticas, y si sus opiniones políticas son causa o efecto de sus déficits cognitivos. ¿Votaban a Berlusconi por haber visto Mediaset o veían Mediaset porque ellos -o sus padres- votaban a Berlusconi? La relación entre conducta televisiva y voto electoral es indiscutible, no así la dirección de esa relación.

Pero estoy dispuesto a encabezar un crowdfunding para realizar un estudio semejante con población española. Sería maravilloso. “Diferencias de voto tras décadas oyendo las noticias a Ana Blanco o a Pedro Piqueras”. “Seguimiento de ‘Supervivientes’ y defensa de la abstención en la investidura de Pedro Sánchez”. “Cárdenas y los votantes de la cuarta derecha”. La AER ha demostrado la relación entre entretenimiento televisivo y política. Quién lo hubiera imaginado. Aunque quizá no hubiera hecho falta realizar un estudio tan laborioso. A lo mejor a los autores les hubiera bastado pasarse esta última semana viendo la televisión en España.

23/7/19

LA CASA DE PAPEL RECICLADO

Hombre, Profesor, con lo inteligente que es usted para elaborar planes criminales... Entiende a la perfección la psicología de los delitos, cómo van a reaccionar las víctimas de sus robos, se adelanta siempre a las acciones de la policía. ¡Y no ha tenido en cuenta la enorme importancia del factor sorpresa al escribir los guiones de la tercera temporada de “La casa de papel”! Seguimos con pasión las dos primeras temporadas por lo divertido de la propuesta y la alta afinación de las tramas, es verdad. También, por el inteligente uso del suspense y el reparto tan ferozmente cercano al cómic. Pero todo eso se potenciaba mediante un factor sorpresa que multiplicaba por diez todas las virtudes anteriores.

Ahora Nairobi sigue siendo el maravilloso personaje que era antes, pero eso ya no nos sorprende. Ni las caretas y los monos rojos. Los interiores del Banco de España recuerdan a los de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Los angustiosos finales de cada capítulo, los errores de Dénver, el sagaz uso de los rehenes para crear confusión. Todo lo que nos entusiasmó en las temporadas anteriores ahora simplemente nos gusta. Hasta usted, Profesor, con esa calma salpicada de crisis de pánico cada vez que algo se tuerce en su prodigioso plan. Todo acusa la falta del factor sorpresa, por mucho que Najwa Nimri haga lo que pueda por compensarlo.

Le auguro éxito a su nuevo plan, que, a estas alturas de su banda criminal, alcanza ya nivel internacional. La serie sigue siendo deliciosa, divertida y defiende a golpe de videoclip su inaudita inverosimilitud. Pero todo delincuente necesita sorprender a sus espectadores para ganar unos segundos de suspensión de toda crítica, y ya no contáis con ellos. Ya lo hemos visto, todo se usa por segunda vez, nos hemos acostumbrado a Tokyo. Seguro que Berlín, querido profesor, no hubiera cometido este error. O, de cometerlo, seguramente se hubiera limitado a reciclar el “Bella Ciao”.

22/7/19

EL ÚLTIMO ESPECTADOR DE TVE


Según las últimas prospecciones estadísticas, Televisión Española dejará de tener espectadores en el año 2027. El desarrollo de la estadística inferencial y del análisis de grandes volúmenes de datos permite la creación de modelos que predicen con gran precisión el comportamiento de sistemas complejos. Así, estudiando cómo ha sido la evolución de los índices de audiencia de TVE a lo largo de los últimos años, es posible establecer cómo se comportarán tales índices en el futuro. Todos los modelos elaborados coinciden en su predicción: entre marzo y agosto de 2027 la audiencia de nuestra televisión pública alcanzará el cero absoluto.

A lo largo de las últimas décadas el número de espectadores de La 1 y La 2 ha ido descendiendo lenta pero continuadamente, tanto en los informativos como en el resto de la programación. Resulta difícil recordar la época en donde, pasara lo que pasara, el liderazgo de la corporación pública respecto de los telediarios era incuestionable. En la actualidad, La 1 se acerca a las cifras de audiencia que clásicamente caracterizaban a La 2, y La 2 hace lo mismo respecto del Canal 24 Horas. No parece que esta decadencia de la televisión de todos los españoles tenga color político, y se ha producido por igual bajo gobiernos del PP o del PSOE. Los resultados recientemente publicados de la etapa de Rosa María Mateo son sencillamente catastróficos.

El último espectador de TVE morirá probablemente en el verano de 2027. Será un anciano que acostumbraba a ver todos los días “Aquí la Tierra”. Quizá el último suspiro le sorprenda preparándose un café con galletas mientras oye de fondo “Los desayunos de TVE”. Era el último que quedaba, después de que poco a poco, por deserción o por defunción, el ente público fuera perdiendo todos sus espectadores. Con su muerte, morirá también la televisión pública, tras setenta años de historia. El último espectador habrá fallecido de muerte natural, pero a TVE la habrán matado.

21/7/19

CRÍTICAS EN PAPEL HIGIÉNICO


Estimados editores de periódicos a lo largo del país: permitidme que me tome la confianza de hablaros en nombre de Paolo Vasile, quasijefazo supremo de Mediaset, Telecinco y todo lo que se menea, para pediros el favor de que, si sois tan amables, imprimáis las críticas televisivas sobre la gala final de “Supervivientes” en un papel un poco más suave del habitual. Sé que ésta es una petición extraña que no tiene precedentes, pero es que el éxito de audiencia de la edición de 2019 del reality presentado por Jorge Javier Vázquez tampoco los tiene. El papel de periódico habitual es rugoso, áspero, y puede llegar a irritar zonas sensibles de la piel si se frotan contra él. No pido que imprimáis las críticas en papel acolchado ni perfumado con aloe vera. Sólo pido que lo hagáis en un papel con un gramaje un poquito más bajo y una tinta hipoalergénica.

La gala final de “Supervivientes” alcanzó un 40% de share. Quiere decir esto que fue la gala final de un reality show más vista de la historia, el programa más visto del año en España, la cumbre de la programación de Telecinco en muchos años, un dato de audiencia mucho mejor que el que esperaban los propios responsables del espacio. A partir de aquí todos los críticos nos vendremos arriba con textos brillantes y mordaces, citaremos a Gramsci y a Byung-Chul Han, nos daremos golpes ensayísticos en el pecho lamentando la grave enfermedad social que el éxito de toda la temporada pantojil de “Supervivientes” indica, con la gravedad propia de quien, por supuesto, está completamente vacunado contra ese trastorno. Se va a publicar muchísimo papel en los periódicos hablando de esto.

Y esto es por lo que les pido, señores editores, que intenten imprimir esas páginas en un papel algo más suave que el del resto del periódico. En atención a Paolo Vasile, para que no le salgan hemorroides ni fisuras cuando se limpie el culo con ellas.

20/7/19

DIPUTADA EN LA LUNA

¿Cómo afronta una persona como Susana Ros Martínez la semana televisiva que estamos terminando? La diputada socialista colgó en su muro de Facebook una publicación en la que declaraba ser “de las q piensa que el hombre no llegó a la luna”. Después, ante la avalancha de collejas virtuales recibidas, balbuceó una excusa ridícula y borró la publicación. Pero, claro, ya la había capturado todo el mundo. La televisión ha dedicado a lo largo de estos días cientos de horas a contar cada mínimo detalle relacionado con la misión del Apolo 11. Cadenas generalistas, temáticas, documentales, informativos, concursos. ¿Qué pasa por la cabeza de los negacionistas cuando se sientan en el sofá y se exponen a una montaña de pruebas que contradicen sus creencias?

Me confieso fascinado por el pensamiento conspiranoico, esa mezcla turbia de narcisismo, ignorancia y psicoticismo. ¿Qué piensa Susana Ros Martínez cuando ve a Vicente Vallés pasearse alrededor del módulo lunar del Apolo gracias a la realidad aumentada que utilizan en los informativos de Antena 3? ¿Considera a Vallés parte de la conspiración o víctima de ella? Cuando ve en la serie documental “Destino la Luna” (Movistar+, no se la pierdan) que se llegó seis veces a la luna, ¿cree que las 17 misiones Apolo fueron un montaje o sólo la misión del Apolo 11? ¿Cómo encaja en sus esquemas mentales las decenas de entrevistas a astronautas veteranos y actuales, las abrumadoras exposiciones de científicos que vimos en “Lab24” (Canal 24 Horas), todo lo que nos van a contar hoy en “La noche temática” sobre este extraordinario logro de la tecnología humana?

Y, sobre todo, ¿es posible que una muestra de irracionalidad como ésta sea un rasgo aislado de un individuo que no esté asociado a otros muchos aspectos chiripitifláuticos de su comportamiento? ¿No es esto especialmente inquietante si nos referimos a un miembro del Congreso de los Diputados?

19/7/19

FACEAPP A LO BESTIA

Hay dos formas de saber cómo seremos cuando seamos viejos. La primera es descargarse esta app que todo el mundo se está descargando, hacerse un selfie, entregarle nuestros datos a Vladímir Vladímirovich Putin, aplicar el filtro de envejecimiento y ver cómo nuestra cara se llena de arrugas y canas. La segunda es ver “Years and years”, la prodigiosa, brutal, tristísima nueva serie de Russell T. Davies, que comenzó a emitirse esta primavera en la BBC y cuyo reconocimiento mundial ha explotado durante estas últimas semanas a partir de su inclusión en la plataforma norteamericana HBO.

FaceApp sólo nos permite entrever cómo envejecerá nuestra cara. “Years and years” es un retrato en donde vemos con toda nitidez cómo envejecerá nuestra cara, nuestras casas, nuestras familias, nuestro gobierno, nuestra ciudad, nuestra cultura, nuestras relaciones sexuales, nuestra tecnología, nuestro nivel de vida, nuestras fronteras y nuestra visión del mundo. Habrá gente que crea que FaceApp es realista; que no se preocupe: “Years and years” es tan ultrahiperrealista que reduce la carita del FaceApp a la categoría de caricatura. Habrá gente a la que no le guste ver la imagen de su rostro que le ofrece FaceApp; que no se preocupe: la imagen de todo lo que rodea a nuestro rostro que nos ofrece “Years and years” es tan devastadora que convierte cualquier calvicie y todas las patas de gallo del mundo en un garbanzo debajo de un colchón.

“Years and years” es un FaceApp a lo bestia. Multiplicado por mil. Y mucho más acertado. La app rusa salta al resultado final, descontextualizado y caprichoso. Pero Davies nos muestra cómo va apareciendo cada arruga y cómo se entrelazan en un círculo vicioso degenerativo las construcciones de la intimidad, la tecnología y la política hasta dar lugar a la catástrofe hacia la que nos estamos precipitando. Y uno de los rasgos de la decadencia de la que nos habla “Years and years” es nuestro interés por la decadencia de la que nos habla FaceApp.

18/7/19

SATURDAY, I'M IN LOVE


El magnífico resultado de audiencia que cosechó La 2 el fin de semana con la retransmisión de los conciertos del Mad Cool madrileño debería hacer reflexionar a los responsables de la televisión pública y a los programadores de televisión en general. Los nuevos formatos, la implantación de las plataformas de pago, la variedad de pantallas desde las que se consumen productos audiovisuales, está rompiendo en dos el mundo de la televisión, y la brecha está dejando a un lado las retransmisiones en directo y al otro las emisiones enlatadas. Esta distinción, con la excepción de los partidos de fútbol, se corresponde casi exactamente con la que separa a las cadenas generalistas tradicionales y a la nueva televisión temática o de pago.

Nadie sigue “Little big lies” en Antena 3. Nadie ve un debate electoral en Canal Historia. Nadie recuerda ya que los capítulos de las series se emitían “a tal hora”. Nadie buscaría informarse de un suceso en la televisión de pago. Si la televisión tradicional quiere seguir existiendo dentro de diez años deberá reenfocarse de forma mayoritaria hacia los contenidos en directo, en donde encuentra un material con el que competir de forma eficaz. La televisión generalista privada, -Telecinco es un buen ejemplo-, puede crear su propio material en vivo, a base generalmente de gente discutiendo e insultándose. ¿Pero qué puede emitir una cadena pública como La 2?

Obras de teatro, nacionales e internacionales, como las fantásticas producciones cuya señal sirve el National Theater londinense. Acaba de terminar el British Summer Time 2019, con conciertazos como los de Stevie Wonder o Neil Young. Mil conferencias, jornadas, debates que se celebran a diario por todas partes. Eso sí, pongan unos bonitos subtítulos cuando proceda, por favor, como de hecho se pueden ver en la televisión de pago. Me tragué el concierto de The Cure en La 2 el pasado sábado y me quedé con la intriga de saber qué cosas tan importantes estaba diciendo Robert Smith para que pusiera esas caras.

17/7/19

GO VEGAN, RAMONTXU!


Lo ha dicho Ramón García, que es la persona más cualificada para decirlo. “Hay un proyecto para recuperar el ‘Grand Prix’ durante el verano. Pero ninguna cadena se atrevería a emitirlo por miedo a las críticas de los animalistas”. Recuerdan el “Grand Prix”, ¿verdad? Imagínense con veinte años menos. Mozos y mozas de Villaconejos del Secarral y Sant Martí de Pontbou, enfrentándose a base de patatas explosivas, troncos rodantes y peleas de sumo gomaespumoso. Y, como colofón de fiestas, la vaquilla. Sinforosa, la vaquilla más salerosa. Augusta, la vaquilla que asusta. Manuela, la vaquilla que corre que se las pela.

Aceptemos como cierta la tesis de García. No es ésta una página en donde se trate al animalismo con gentileza. Cada vez que viene a cuento, y con frecuencia también cuando no viene, le damos collejas despiadadas. Filosóficamente, está sumido en una empanada conceptual tal que una empanada conceptual mayor no puede ser pensada. Políticamente, representa la izquierda más irracionalista, infantil e individualista, es decir, la peor derecha. Científicamente, ocupa esa estrecha franja que queda entre el terraplanismo y forocoches. Pero si es verdad que gracias a su presión social nos han librado del “Grand Prix” en la televisión del verano, entonces quizá nuestro juicio sobre los adoradores de Disney no debería ser tan negativo, e incluso, sopesando pros y contras, pudiera rozar la salvación.

No creo que las arañas, los atunes o las vaquillas sean agentes políticos dotados de derechos, pero creo que los españoles sí somos ciudadanos dentro de un marco político en donde aparecen los derechos jurídicos, uno de los cuales, sin duda, es el derecho a encender el televisor sin peligro de que aparezca Maruja, la vaquilla que te embruja. Seamos pragmáticos: quizá merezca la pena comer hamburguesas de lentejas si eso nos libra de oír al alcalde de Cernedillas hablar sobre los nabos de la comarca. La vida es negociación. Go vegan, Ramontxu!

16/7/19

MALO, ES DECIR, MALO PARA LA SALUD


Según ha afirmado en un comunicado, Netflix va a reducir al máximo la aparición de tabaco en las series que ofrece desde su plataforma. “Mindhunter” nos seguirá sirviendo historias de psicópatas que, tras arrancar a mordiscos la cabeza a su madre, la penetran sexualmente y posteriormente defecan sobre ella, pero cuidará que el asesino no aparezca fumando durante la secuencia, o, al menos, que la cámara no tome primeros planos del cigarrillo. Una de las series más vistas de Netflix es “American Horror Story”, de la productora FX. Hasta esta temporada AHS trataba sobre anticristos, terror paranormal, gente fumando y asesinatos en serie. A partir de ahora se intentará que tan sólo trate sobre anticristos, terror paranormal y asesinatos en serie.

Siempre es una buena noticia que una plataforma de televisión con la influencia mundial de Netflix tome conciencia de su dimensión social y del efecto de modelado que puede tener sobre la audiencia. Habría que revisar “Breaking Bad”, que todavía pueden ver íntegra los abonados, por si Walter White aparece fumando en alguna de las escenas en donde disuelve los cadáveres de sus víctimas en la bañera. Es cierto que series como “American Crime Story” reflejan un mundo de clase alta en donde es habitual encontrar la costumbre del tabaquismo; en esos casos, si prescindir del Winston supusiera una falta de rigor en la ambientación, podría pixelarse el cigarrillo que esté fumando O.J. Simpson o el asesino de Gianni Versace.

Hay muchos niños que ven “The walking dead” en Netflix; si contemplan a Negan fumando mientras revienta la cabeza de Glenn con su bate y se ensaña con ella hasta convertirla en puré, es posible que adquieran el nocivo hábito de fumar. Netflix se coloca en la vanguardia de la responsabilidad social empresarial y la moral del mundo moderno. “Narcos”, sí. Anuncios gigantes en el centro de Madrid bromeando con Pablo Escobar, sí. Pero ni una hebra de tabaco en la boca del malparío gonorrea hijoeputa. Que eso es malo, es decir, malo para la salud.

15/7/19

PARCHÍS COMO ANTIMATERIA

Pero, señores de Netflix, ¿qué hacen? ¿Se han vuelto locos? ¿Cómo pueden ser tan irresponsables? Acabo de entrar en mi cuenta y, al consultar el menú de contenidos recomendados para mí, me encuentro el documental de Scorsese sobre la gira de Bob Dylan del 75 y al lado el nuevo documental sobre Parchís, no el entrañable juego de sobremesa, sino la fatídica banda infantil. Bob Dylan y Parchís. Juntos, a un centímetro de distancia, en la pantalla del televisor. Parchís y Bob Dylan. Ambos recomendados para mí. ¿Por quién me han tomado? ¿Por la persona que tiene el mejor y el peor gusto del mundo a la vez?

Por menos que esto estuvo a punto de cancelarse el acelerador de partículas ése que hay en Ginebra o por ahí. Al lanzar a toda leche partículas subatómicas por el colisionador cabía una pequeña posibilidad de que se generara antimateria que pudiera chocar con la materia de toda la vida. Materia más antimateria. A su lado, Chernóbil habría sido un petardo. Podría generarse una singularidad espaciotemporal que diera lugar a un fortísimo agujero negro que se engullera la galaxia en un pispás y, ya puesto, generara un nuevo big bang que ríete tú de la repetición de elecciones. Materia y antimateria juntas. Bob Dylan y Parchís. ¿Van pillando el paralelismo?

Que no digo yo que el docu parchisiano no sea bueno. A lo mejor es apasionante. Pero no lo voy a comprobar. Aún tengo el televisor lleno del documental sobre Bob Dylan, y, si de pronto lo mezclo con preadolescentes en pleno cambio de voz cantando “parchís chis chis, es el juego de colores que te traigo para ti”, pudiera ser lo último que se viera en mi comunidad de vecinos en particular y en la Vía Láctea en general. Sepárenlos. Pónganlos en los extremos opuestos de Netflix. Dylan junto a los documentales sobre Bernini, y Parchís junto a los documentales sobre el origen extraterrestre de las pirámides. Con la Física no se juega. Que, como la líen, la tragedia va a ser tan gorda que ni siquiera se va a poder hacer una serie sobre ella en Netflix.

14/7/19

LA BANALIDAD DEL BIEN


¿Cómo fue posible que la Alemania de los años 30, -la sociedad más culta que jamás había existido-, diera lugar al nazismo? Hannah Arendt, analizando la figura de Adolf Eichmann, uno de los principales responsables de la logística del genocidio judío, propone el concepto de “banalidad del mal”, la idea de que la maldad es una característica humana que no requiere de sofisticadas elaboraciones. La maldad, incluso la más brutal, está ahí, no la detiene la educación, y brota con fluidez de forma trivial en cuanto libramos al ser humano de la responsabilidad y le dotamos de estructuras que le permiten actuar sin cuestionarse lo que hace. No hace falta ser un monstruo: la mayoría de nosotros habríamos sido Adolf Eichmann.

El concepto de “banalidad del mal” ha sido ampliamente discutido, pero, apoyándome en él, quería proponerles hoy el concepto de “banalidad del bien”, que me sacudió como un golpe de calor cada vez que a lo largo de esta semana me puse a ver “A partir de hoy”, el magacín veraniego conducido por Mínimo Huerta que nos ofrece TVE a diario. Si cierto mal fluye lánguidamente de nuestros poros con indiferencia, también cierto bien, -ese bien que personifica Huerta en su programa, fofo, insoportablemente leve, incapaz de despertar el menor interés, autocomplaciente hasta la dentera, individualista, frívolo y muy muy muy facilón-, se caracteriza por su banalidad.

Detrás del mal siempre hay un hortera. El mal banal y el bien banal están más relacionados de lo que parece. “A partir de hoy” es tan inherentemente olvidable que cabría discutir si en realidad existe o no. Y no hace falta ser un monstruo: la mayoría de nosotros, si nos liberan de la responsabilidad y nos permiten actuar sin cuestionarnos lo que hacemos, seríamos Mínimo Huerta y cobraríamos veinticuatro mil euros mensuales de una televisión pública por estar haciendo el bien una hora al día con unos amigos ante las cámaras diciendo bobadas sin interés sobre chorradas narcisistas.

13/7/19

EL SILBIDO DEL TREN


Al ver “Chimerica”, la interesante miniserie que bucea en las razones y sinrazones de un fotoperiodista para encontrar al hombre que, sin más ayuda que su cuerpo, se plantó delante de una columna de tanques que intentaban aplastar las protestas en la plaza de Tiananmen en la primavera de 1989, surge la gran pregunta: ¿puede un hombre cambiar la historia del mundo? Se diría que no. Pero hay más preguntas. ¿Puede la fotografía de un hombre que intenta detener un tanque cambiar la historia de un país? ¿Y puede un hombre, o una fotografía de ese hombre, cambiar la vida de otro hombre?

“Chimerica” es una reflexión sobre el poder de la imagen y un manantial de preguntas. Las ideas son el silbido de la máquina porque lo que mueve la historia y el mundo es, como dice el filósofo Simon Blackburn, el tiempo y la circunstancia, la tierra, la comida, las armas, el dinero, las fuerzas económicas y sociales. Pero una cosa es la historia, y otra muy diferente los individuos. Si la lectura de la “República” de Platón cambió la vida del Capitán Trueno, una araña radioactiva cambió la vida de Peter Parker y un misterioso encuentro camino de Damasco cambió la vida de Saulo, entonces también es posible que la lectura de “Los cañones de agosto”, de Bárbara Tuchman, influyera para bien en los hermanos Kennedy durante la crisis de los misiles en Cuba, que una nevada cambiara las vidas de los pasajeros del Orient Express después del asesinato de Ratchett porque permitió que Hércules Poirot dispusiera de tiempo para resolver el misterio, y que escuchar a Alberto Sordi cantar en la película “Venecia, la Luna y tú” cambie la idea de Venecia de un turista. Y, por supuesto, la fotografía de un hombre que intenta detener lo inevitable puede cambiar la vida no solo del autor de la fotografía, sino las vidas del conductor de un tanque, de un ciudadano que hasta ese momento creía que no se podía luchar contra los gigantes sin ser un personaje bíblico y hasta de un demócrata desencantado que decidió dejar de votar porque, ya se sabe, los pequeños gestos no pueden cambiar nada.

Una fotografía es solo el silbido de la historia, pero el recuerdo de la fotografía de ese hombre que se enfrentó en Tiananmen a los tanques puede animar a más de un ciudadano a intentar cambiar el mundo. Y, a veces, los pasajeros, y no solo los guardagujas, pueden cambiar el rumbo de los trenes.

12/7/19

EL TRABAJO NÚMERO 13


Los límites del humor se extienden más allá de las columnas de Hércules (Dios, patria, bandera, rey, familia, teléfono, mi casa) que muchos se empeñan en mantener a pesar de que todos sabemos que, ya desde Gila, existe un “plus ultra”. Pero la divulgación histórica necesita unas columnas de Hércules claras y distintas, exige un “non terrae plus ultra” que ponga límites a la necedad, a la especulación grosera y gratuita, a la ignorancia bien empaquetada o a la invención descarada. Una broma con la bandera de España o con la ineficacia del Ser Supremo no necesita de las columnas de Hércules, pero un documental “histórico” que sostiene que el faraón Akenatón fue un híbrido de extraterrestre y humano, que el disco solar que acompaña a muchas imágenes de Akenatón es un extraterrestre que instruye al faraón, que el Arca de la Alianza es un dispositivo para que Moisés y Aarón se comunicaran con una nave extraterrestre, y que la “maldición de los faraones” que provocó “terribles eventos” cuando el arqueólogo Howard Carter descubrió la tumba de Tutankamón no es una maldición, sino una tecnología alienígena para proteger la tumba, pide a gritos unas buenas columnas divulgativas de contención.

Todo eso se puede escuchar, aliñado con imágenes de Akenatón y de la tumba de Tutankamón y acompañado de una música impecablemente misteriosa, en la horrible serie documental “Alienígenas”, concretamente en el capítulo dedicado a la “maldición de los faraones”. ¿Y dónde se emite “Alienígenas”? En el Canal Historia. Increíble. ¿Se imaginan que Eduardo Sáenz de Cabezón invitara a “Órbita Laika” (La 2) a un defensor de la  teoría de la Tierra plana? ¿Se imaginan que después de la información meteorológica los telediarios ofrecieran información astrológica? ¿Se imaginan que el profesor Protón, tan querido por Sheldon Cooper, hiciera en su programa de ciencia para niños un experimento para demostrar que el universo fue creado en seis días por un Dios con barba? ¿Se imaginan al doctor House imponiendo sus manos milagrosas para curar un cáncer de páncreas? ¿Se imaginan a Gil Grissom, el inolvidable criminalista y experto en entomología de la serie “CSI”, buscando el alma cuando hace una autopsia? Entonces, ¿cómo es posible que Canal Historia permita que un tipo diga esas cosas de Akenatón y de la tumba de Tutankamón? ¿Dónde están las columnas de Hércules de la divulgación histórica?

Esas columnas no existen. Propongo entonces que Canal Historia cambie su nombre por Canal Pseudohistoria, o que Hércules realice su trabajo número 13 devolviendo a Akenatón lo que es de Akenatón.

11/7/19

NOS VEMOS EN LA AZOTEA


Recuerdo perfectamente las imágenes de la llegada del hombre a la Luna en un televisor que mi padre y un amigo construyeron con sus manos, me acuerdo como si hubiera sido ayer de la primera vez que vi la estatua de la Libertad semienterrada en el final de “El planeta de los simios”, no olvidaré jamás mi encuentro con Sócrates en el instituto gracias a un profesor de filosofía tan sencillo como maravilloso, y todavía conservo en la memoria aquella explosión de felicidad cuando mi abuela me hizo probar el arroz con leche. Y recuerdo, me acuerdo, no olvidaré y todavía conservo en la memoria el día en que fui a un precioso cine de barrio con mis amigos a ver la reposición de “Let it Be”, el documental sobre los Beatles que termina con un concierto en la azotea del edificio de Apple en Londres. En todos esos momentos estaba sentado. Sentado en el pequeño salón de mi casa viendo el Apolo 11 y “El planeta de los simios”, sentado en el aula del instituto escuchando a mi profe, sentado en la cocina de la casa de mi abuela saboreando el arroz con leche y sentado en un cine de barrio con Ilde, Modesto e Iñaki alucinando con aquellos cuatro tipos cantando en una azotea. Sonó “Get Back”, y entonces todas las piezas encajaron. La Luna, el cine, Sócrates, el arroz con leche y los Beatles. Hasta hoy.

Por eso les recomiendo ver, bien sentaditos, “The Beatles: canciones desde la azotea” (CineDoc&Roll, Movistar +), un documental que es algo más que un homenaje a los Beatles, esos cuatro chicos de Liverpool que nos convencieron de que todos podíamos reunir a unos amigos y formar una banda. John, Paul, George y Ringo iban por ahí repartiendo canciones perfectas como Iniesta y Xavi se movían por el terreno de juego repartiendo caramelos entre sus compañeros, y eso está al alcance de muy pocos; pero lo que hace tan grandes a los Beatles y a Xavi es que todos nos convertimos en Lennon cuando cogemos una guitarra y todos somos Xavi cuando agarramos un balón. En “The Beatles; canciones desde la azotea”, el grupo Rufus T. Firefly y Anni B Sweet tocan en una azotea madrileña unas estupendas versiones de “Lucy in the Sky with Diamonds”, “Something” y “Across the Universe” y las piezas vuelven a encajar. Como siempre.

Nos vemos en la azotea. ¿Les gusta el arroz con leche?

10/7/19

MARCO VINICIO EN LA 2


La 2 Noticias abrió el pasado martes el informativo con un análisis de las elecciones griegas tan certero y lúcido como una greguería de Ramón Gómez de la Serna o un aforismo de Jorge Wagensberg. Después, hubo tiempo para los indígenas de Uruguay, para escuchar las indecentes estupideces de Bolsonaro acerca de la Amazonia brasileña, para la minería ilegal en Perú, para Tintín hablando castúo (el habla popular de Extremadura) y para un cómic basado en “El primer hombre”, obra inacabada de Albert Camus. ¿Por qué hay tiempo en La 2 Noticias para la cultura indígena silenciada en Uruguay, para Tintín y para Camus? Porque hay poco tiempo para los repugnantes apaños entre Vox, Ciudadanos y el Partido Popular, para los pegajosos análisis del calor que aprieta en verano y para la asquerosa actualidad alrededor de Neymar y Griezmann. Es así de sencillo.

Una información profunda, reflexiva y serena no tiene por qué estar reñida con la brevedad (La 2 Noticias dura media hora, incluyendo la actuación en directo). Sócrates, en los diálogos de Platón, pide una y otra vez a sus interlocutores que respondan brevemente a sus preguntas, y en el maravilloso diálogo “Protágoras” suplica al sofista Protágoras que acorte sus respuestas para que pueda seguirle. No es que Sócrates fuera especialmente torpe para seguir las explicaciones de Protágoras, sino que creía que si Protágoras o cualquiera no podían explicar de forma breve y sencilla sus ideas es que no tenían claras esas ideas. La televisión no es un congreso o un seminario. Se trata de explicar la actualidad a Sócrates, es decir, a.los ciudadanos. Y, para eso, hay que saber mucho. Con tiempo infinito, hasta un mono podría escribir “El Quijote”  golpeando teclas al azar. Pero La 2 Noticias solo dispone de media hora para hablarnos de Grecia, Uruguay, Tintín y Camus, y si respeta a la audiencia tiene que informar brevemente, acortar sus respuestas y tratar a los espectadores como ciudadanos preocupados y curiosos, y no como si fuéramos setas. Ojalá todos los telediarios tuvieran la lacónica lucidez de Marco Vinicio en la película “Quo vadis” (Canal Hollywood) cuando dice que mientras haya dinero para pagar al ejército, Roma se mantendrá firme. La 2 Noticias no tiene a Marco Vinicio, pero sí a Paula Sainz-Pardo. Escúchenla. Sócrates lo haría.

9/7/19

DISNEY Y STALIN


Decía Nietzsche que con la ayuda de tres anécdotas se podía presentar la imagen de un hombre. No lo creo. En primer lugar, porque la imagen de un hombre dependería de la elección de las anécdotas, de modo que si reducimos a Walt Disney a tres anécdotas nos encontraremos con un maravilloso creador de mundos de fantasía o con un explotador sin escrúpulos simpatizante del fascismo. En segundo lugar, porque la vida de un hombre no siempre da para proporcionar tres buenas anécdotas. Así que podríamos corregir a Nietzsche y decir que con la ayuda de tres documentales se puede presentar la imagen de un hombre. Y eso pretende la serie documental “Apocalipsis: Stalin” (La 2).

Surgiendo de la nada, Stalin ascendió a las más altas cimas del poder absoluto sobre la cabeza, el corazón y el bajo vientre de los ciudadanos de la Unión Soviética. En tres capítulos (“Demonio”, “Rojo” y “El amo del mundo”), “Apocalipsis: Stalin” ofrece algunas claves para entender cómo fue posible que la revolución de octubre desembocara en esa luz que iluminaba la habitación de Stalin en el Kremlin. El estalinismo no se puede entender como producto de alguna psicopatología de Stalin, ni como un compromiso radical de Stalin con la construcción del socialismo en un solo país, ni como una inevitable extensión de ese pánico moral forjado por Stalin que está tan bien parodiado en la película “La muerte de Stalin” ni, por supuesto, como un subproducto de los generalizados sentimientos de ira y de culpa asociados a la costumbre de los rusos de fajar fuertemente a sus bebés. No podemos presentar la imagen de Stalin con tres anécdotas pero, pensándolo bien, tampoco las tres partes de “Apocalipsis: Stalin” sirven para entender completamente el estalinismo. Las purgas de Stalin no están relacionadas con la costumbre rusa de fajar a sus bebés, y los crímenes de Stalin no son consecuencia de los dolores de muelas que sufría Iósif Vissariónovich Dzhugashvili. De acuerdo. Entonces, ¿por qué? ¿Qué pasó? ¿Cómo es posible que la revolución bolchevique quedara oculta bajo la gorra y el bigotón de Stalin?

Tres anécdotas sobre Walt Disney y tres documentales sobre Stalin no son suficientes para conocer al creador de Mickey Mouse y al tirano que en dos ocasiones fue candidato al Premio Nobel de la Paz.

8/7/19

LAS IDEAS Y EL ALMA


Roger Ailes, fundador de la ultra-ultraconservadora Fox News y asesor de Richard Nixon, Ronald Reagan o Donald Trump, fue un genio en lo suyo. Ailes mintió, tergiversó, pervirtió la palabra “democracia”, ayudó decisivamente a convertir la política en una ciénaga en la que solo los más moralmente feos sobreviven. Y le fue muy, muy, muy bien. Sin embargo, el fin de la carrera, el poder y el prestigio de Roger Ailes no tuvo nada que ver con sus perversas manipulaciones ni con la gigantesca fábrica de monstruos políticos (el último, Trump) que llevó de la nada a las más altas cotas de miseria, sino con acusaciones de abuso sexual. Ailes fue un genio en lo suyo, aunque lo suyo fuera convertir a los ciudadanos en audiencia, y un asqueroso acosador que humilló a todas las mujeres que pudo y quiso. Es posible ser un genio, aunque sea un genio del mal como Fu-Manchú, y un ser humano despreciable. Roger Ailes fue un genio y un ser humano despreciable. Un matón. Un Charles Foster Kane de carne y hueso. Un especialista en encender fuegos y alimentarlos con gasolina en Fox. Un acosador convencido de que su poder le hacía invulnerable. Un miserable.

Roger Ailes murió en 2017, así que ya no puede ver “Divide y triunfarás. La historia de Roger Ailes” (Movistar Series), el documental que analiza el legado del hombre que un día decidió “producir” a Nixon como se produce una película de aventuras o una empresa de yogures. Usted sí puede ver ese documental y decidir si Ailes tenía razón cuando decía que la audiencia no quiere informarse, sino sentirse informada. Usted tiene que escuchar a Roger Ailes y luego leer el “Fedón” de Platón, donde Sócrates dice que la impropiedad en el uso de las palabras, además de perjudicar en el uso de las ideas, afecta perniciosamente a las almas. No se puede hablar como hablaba Ailes y creer que las ideas se mantienen sin mancha y que el alma no termina en el cuerpo de un hombre que exige a una futura empleada que le haga alguna mamada de vez en cuando. No se puede. Es imposible. Roger Ailes cambió la política, la televisión y muchas otras cosas, ganó millones de dólares, sabía que podía hacer presidentes con la facilidad con la que Trump se caga en los hechos. Y murió como acosador sexual. Ese es su legado.

7/7/19

INDIANA SIN JONES


“En busca del Arca perdida” (Antena 3) es algo más que una película “entretenida”, como dice Amy en un magnífico episodio de la serie “Big Bang”, y no importa en absoluto que la presencia de Indiana sea innecesaria porque, sin él, los nazis habrían descubierto igualmente el Arca y Belloq y compañía habrían terminado con la cara convertida en queso fundido. ¿Un fallo de guion? Sabemos que si Ulises está destinado a regresar a su patria será tarde y mal, en nave ajena y después de perder a todos sus compañeros. ¿Es Ulises irrelevante en la “Odisea”? En la película “Los pájaros”, Hitchcock se las arregla para meternos el miedo en el cuerpo con la excusa de un montón de pájaros que siembran el caos en Bodega Bay. ¿Es prescindible el personaje de Melanie Daniels? Rick cambia las vidas de Ilsa, de Victor y del capitán Renault en “Casablanca”, de forma que el perfecto final de la película sería imposible sin el tipo que fue a Casablanca a tomar las aguas porque, al parecer, le “informaron mal”. ¿Se trata de eso? ¿Un buen guion es un guion sin fisuras en el que los personajes son necesarios para que todas las cosas se muevan hacia su fin?

Desconfío de los que se resisten a suspender su incredulidad en el cine. ¿Han visto la descacharrante “Armageddon”? ¿Nunca han pensado que habría sido mucho más fácil y práctico formar a unos astronautas como perforadores que a unos perforadores como astronautas? Pues sí, pero nos habríamos quedado sin el espectáculo de Bruce Willis haciendo de Bruce Willis en un asteroide del tamaño de Texas a punto de estrellarse contra la Tierra ¿Y qué me dicen de “El planeta de los simios”? ¿A Taylor no le llama la atención que los simios no solo hablen, sino que lo hagan en perfecto inglés? ¿No le dio eso una pista a nuestro escéptico astronauta acerca del planeta en el que estaba? Pues sí, pero entonces nos perderíamos uno de los finales más grandiosos de la historia del cine. ¿Puede Supermán salvar de la muerte a Lois Lane dando vueltas alrededor de la Tierra para volver atrás en el tiempo? Ni siquiera Supermán puede hacer eso. ¿Y qué? Admitamos que Indiana Jones es irrelevante en “En busca del Arca perdida” porque el final sería el mismo con o sin Indiana. Vale. Pero sin Indiana Jones no habría película de Indiana Jones. ¿Puedes entender eso, Amy?

Por otro lado, mierda, Amy tiene razón. Mecagoentó.

6/7/19

TORO SENTADO EN LA TELE


No es lo mismo, ya lo sé. Pero la deslumbrante edad de oro de la series de televisión que tenemos la suerte de disfrutar no inventó el trasvase cine-televisión que permite a los espectadores ver a Nicole Kidman en “Big Little Lies”, a Matthew McConaughey en “True Detective” o a Wynona Ryder en “Stranger Things”. Eso ya está inventado desde hace mucho tiempo, aunque en los años 70 del pasado siglo muchos actores de cine famosos llegaban a la televisión como Toro Sentado acabó formando parte del espectáculo basado en el lejano oeste de Buffalo Bill. Ahora, no. Las series de televisión tienen prestigio, y ni Jessica Lange, ni Woody Allen, ni Susan Sarandon se sienten como Toro Sentado en el espectáculo de Buffalo Bill cuando trabajan en la tele. Por eso les recomiendo que vean la serie “Colombo” (Paramount Network). No solo porque “Colombo” sigue siendo una serie maravillosa y el teniente interpretado por Peter Falk es uno de los grandes personajes televisivos de la historia, sino porque ver los capítulos de “Colombo” nos permite jugar a descubrir a los grandes actores y actrices escondidos detrás de la etiqueta “Special Guest Star”.

Dos ejemplos. En “Una estrella fugaz” y “Una puntada en el crimen”, dos capítulos de la segunda temporada de “Colombo”, trabajan Anne Baxter (a quien podemos ver interpretando a Nefertari en “Los Diez Mandamientos”), Mel Ferrer (el malvado espadachín de “Scaramouche”), Anne Francis (la inolvidable Altaira de “Planeta Prohibido”) y Leonard Nimoy (Spock, por supuesto). Ahí queda eso. Cada capítulo de “Colombo” nos regala un crimen resuelto por un detective desaliñado, insistente y listo, y un repaso por los actores que llenaron de vida el viejo cine. Dos placeres por uno. No sé si Anne Baxter se sintió como Toro Sentado cuando, del mismo modo que el jefe sioux pasó del territorio del Grand River en Dakota del Sur al circo de Buffalo Bill, la actriz cambió su papel en “Eva al desnudo” por la participación en un capítulo de “Colombo”. Hoy todo sería diferente, porque Anne Baxter estaría encantada de interpretar a una secretaria de Estado en “House of Cards” o a una abuela que termina convirtiéndose en una asesina en serie accidental en “Fargo”.

Por cierto, hoy Toro Sentado podría tener un papel en “Juego de tronos”.

5/7/19

POLIFEMO NO ENTIENDE NADA


Si algo debemos aprender de todos esos documentales sobre las dos guerras mundiales que se multiplican en la programación de Canal Historia o National Geographic como si fueran los panes y los peces con los que Jesús de Nazaret alimentó a una multitud, es que nada es para siempre o, como dice John Buchan en la novela “39 escalones” (magistralmente llevada al cine por Alfred Hitchcock), en los documentales históricos vemos lo fino que es el escudo de la civilización. Los momentos más interesantes de “The Walking Dead” o el desolador mundo de “La carretera” (película basada en la novela de Cormac McCarthy) tienen que ver también con esa terrible lección. Nada es para siempre, y mucho menos el escudo de la civilización.

Ni el fino escudo de la civilización ni, por supuesto, Dios impidieron el Holocausto y las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, y ese escudo tampoco impidió que los hombres de “The Walking Dead” se convirtieran en lobos para el hombre en un mundo dominado por los zombis (los zombis no son hombres, del mismo modo que el cíclope Polifemo que devoró a varios compañeros de Ulises no es un hombre), ni pudo evitar que el oscuro mundo de “La carretera” en el que se mueven el hombre sin nombre y su hijo esté plagado de asesinos y caníbales. No es que la conciencia sea un “rollo burgués”, como dice un personaje de la película de Woody Allen “Balas sobre Broadway”, sino que la conciencia, la moral y la civilización (sean burguesas o no) son escudos muy finos y, sin escudos, no es difícil convertirse en Eichmann, ordenar que unas bombas atómicas arrasen dos ciudades, asesinar a quien sea por un plato de lentejas y comer carne humana sin ser Polifemo. El glorioso perdedor Diego Alatriste dice que la vida es una mierda, una conclusión a la que nos conducen las reflexiones de Rust Cohle en la primera temporada de “True Detective” o la participación de Isabel Pantoja en “Supervivientes”. Creo que no es exactamente así. El escudo de la civilización es débil y la vida a veces es una mierda, pero no ha estallado la III Guerra Mundial, no hay zombis en las calles, existen muchos jóvenes como Greta Thunberg que forman parte de nuestro universo moral y el Parlamento griego ha decidido pedir al gobierno que abra un procedimiento para exigir reparaciones de guerra a Alemania por los daños causados durante la ocupación nazi de Grecia. Aunque el escudo de la civilización es fino, el escudo de la historia es muy resistente. Polifemo, claro, no entiende nada.

4/7/19

NO HAY QUIEN ENTIENDA A SPOCK


Ya saben, el ser humano es un animal racional, y bla, bla, bla. Por eso los humanos somos inescrutables. Seth Lloyd, profesor de ingeniería mecánica en el MIT, dice que los ordenadores y los seres humanos compartimos la característica de la inescrutabilidad en nuestro comportamiento, y no hay nada que hacer al respecto. Nunca eliminaremos la incertidumbre en ordenadores y humanos porque esa es la naturaleza de cualquier cosa que se comporte de manera lógica. Por eso el señor Spock, que es medio vulcano, es más difícil de comprender que si fuera un ser absolutamente irracional. Es la racionalidad lo que nos hace inescrutables, concluye Lloyd, no la irracionalidad. Y la prueba es la alucinante serie documental “Lugares singulares” (#0).

Como los humanos somos seres racionales, no hay quien nos entienda. Por eso un griego puede ganarse la vida con un fenómeno óptico en una cueva de la isla de Cefalonia que hace que los barcos vuelen. Por eso un argentino puede vivir en Epecuen, un pueblo que solo es un fenómeno óptico porque no aparece en los mapas modernos ni en navegadores, pero sí en un mapa antiguo. Por eso la vida entera en la isla de Nauru, la república más pequeña del mundo, es un fenómeno óptico porque se puede recorrer en coche en solo quince minutos pero cada habitante recorre en coche al mes seis mil kilómetros. Y por eso en Macao es posible alojarse en un hotel que es una ilusión óptica porque es una copia de la imitación de Venecia en Las Vegas. Y todo así. Los seres humanos somos tan inescrutables que podemos esperar horas hasta que un barco levite, vivir en una ciudad fantasma, lograr que el 70 % de los habitantes de una isla sean obesos a golpe de frituras, porciones grandes de todo y desconocimiento de las verduras, y alojarnos en un hotel con vistas a una copia de una imitación de Venecia. “Lugares singulares” nos traslada de un lugar a otro de nuestro planeta y es imposible saber con qué nos va a sorprender en cada capítulo. Podemos entender al perro o a las ciento cincuenta gallinas de Pablo, el único habitante de la inexistente Epecuen, pero Pablo es tan inescrutable como Spock. El hombre es un animal racional inescrutable que vive en un mundo de ilusiones ópticas singulares. Y ni así podemos entender a Spock.

3/7/19

UF, AY, PUAJ


El documental “Apollo 11” se presenta (con razón) como el documental definitivo sobre la misión espacial que llevó al hombre a la Luna, y es la forma perfecta de celebrar el 50º aniversario de una aventura científica que todavía hoy nos deja sin aliento. “Apollo 11” no tiene actores, ni narradores, ni efectos especiales, sino que utiliza imágenes y voces originales de la misión restauradas digitalmente. El resultado es espectacular y emocionantísimo, aunque todos sabemos que la misión termina con la huella de Armstrong y de la humanidad en la Luna. Y, con todo, es probable que en la cena de Nochebuena o en un viaje en autobús alguien le susurre que todo es mentira, que el Apolo 11 nunca llegó a la Luna y que todo es un fraude rodado en un estudio bajo las órdenes de Stanley Kubrick. Uf.

La película de animación  “Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo” es una historia de ficción basada en hechos reales que nos permite acompañar a Juan Sebastián Elcano, Fernando de Magallanes y sus marineros en un viaje que les llevó a dar la vuelta al mundo por primera vez demostrando que el planeta Tierra es esférico. Los hechos fueron mucho más dramáticos que los que presenta la película (solo una de las cinco naves que partieron de Sevilla y 18 de los 240 marineros concluyeron el viaje), pero el espectáculo y la emoción están garantizados. Y, con todo, es probable que en una fiesta de cumpleaños o en el descanso de un partido de fútbol alguien le susurre que todo es mentira, que Elcano no existió y que la Tierra es en realidad un gigantesco disco bordeado por una pared de hielo. Ay.

El documental que la serie “Dictadores” (National Geographic) dedica a Mussolini explica de forma detallada y tranquila el proceso histórico que llevó a Benito Mussolini a convertirse en el “Duce”, hacerse amigo de Hitler y poner poses ridículas en los balcones sin que el público se descacharrara de risa como el pueblo de Jerusalén en “La vida de Brian” cuando  Poncio Pilato anuncia que va a soltar un “ggeo” de las “magmoggas”. Después de destruir Italia, el cadáver de Mussolini, junto con el de Clara Petacci y otros líderes fascistas, terminó colgado en el techo de una gasolinera. Y, con todo, es probable que en la pausa del café o en la cola del pan alguien le susurre que todo es mentira, que el fascismo consiguió que los trenes llegaran a su hora y que el pueblo necesita líderes fuertes que mantengan a raya a los extranjeros. Puaj.

Conspiranoicos, terraplanistas y fascistas, uníos.

2/7/19

"NETFLIX", EN NETFLIX


Si lo suyo son las series basadas en hechos reales lo suyo es “La plataforma”, en Netflix. Le atrapará: un gigante de contenido en streaming crece de forma vertiginosa y factura millones, pero, en su afán por alcanzar la hegemonía mundial, utiliza mil artimañas para imponerse. Especialmente dramática es la subtrama en la que (atención, spoiler) el gigante de “La plataforma” aprovecha todos los resquicios para reducir gastos hasta lo grotesco, como cuando paga al fisco en uno de los países en los que se ha logrado un más rápido crecimiento una cantidad ridícula que apenas sobrepasa los 3.000 euros. Como la vida misma.

Si prefiere las series de humor le gustará más “El contribuyente”, en Netflix. Olvide los problemas cotidianos con esta comedia: dentro de esa nueva clase social que es el precariado, un trabajador explotado y puteado sobrevive a duras penas. Especialmente hilarante es la subtrama en la que (atención, spoiler) ganando apenas 24.000 euros anuales, el ciudadano de “El contribuyente” debe pagar al fisco lo mismo que paga el gigante audiovisual del que se ha hecho socio para ahorrar dinero saliendo menos de casa. Para más recochineo, la plataforma le sube su cuota mensual. De partirse.

Si es más de series de miedo, no se pierda “El Leviatán”, en Netflix. Se le helará la sangre: el Estado, monstruo antaño enorme y poderoso, hoy es un débil anciano acorralado y chuleado por modernos gigantes multinacionales capaces de todo que amedrentan a los ciudadanos indefensos. Especialmente terrorífica es la subtrama en la que (atención, spoiler) pasándose por el forro una poco ambiciosa legislación y aquel viejo monopolio de la violencia del Leviatán que ya no interesa a nadie, los gigantes se refugian en paraísos laborales y fiscales desde donde imponen condiciones laborales miserables y pagan impuestos de miseria. Para morirse de miedo.

Y, si no, simplemente vea “Netflix”, en Netflix. Tiene de todo.

1/7/19

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA


Ha terminado la mejor edición de “MasterChef” de la historia. Tras la final de “MasterChef 7” deberíamos haber visto a Toñi Prieto, directora de entretenimiento de la corporación, recogiendo premios españoles, premios por el mundo y premios españoles por el mundo, pero no. En vez de eso vimos en el programa “RTVE responde” cómo unos telespectadores quejicas intentaban poner en un prieto aprieto a Prieto. La pobre tuvo que defenderse diciendo obviedades, como que los concursantes no eran cocineros magistrales, sino que habían ido allí a aprender cocina, y que preparar un plato catalán estando en Valencia no es ninguna ofensa a los dioses de ningún sitio. Debería haberse dejado de tonterías y centrarse en lo fundamental: desde esta edición, “MasterChef” hace a las personas mejores.

Hay partidos en el Parlamento que defienden que los niños estén vigilados en el cole por un control parental que evite que aprendan lo que sus padres no quieren que sepan. “MasterChef” es la solución a esta situación. Hay prevención hacia los profes porque, con sus estudios y su pluralidad ideológica, pueden ser muy peligrosos, eso lo sabemos todos. Pero nadie desconfía de un cocinero que todo el rato dice “maridar”, “emplatar” y “dialoga en boca”. Y, sin embargo, un cocinero puede transmitir valores personales y sólidos conocimientos sobre el universo, la vida y todo lo demás que no pongan nerviosos a esos señoritos valientes que tienen miedo a que sus hijos sepan lo grande que es la vida y lo rico que puede estar un plato catalán cocinado en Valencia.

Valentín, finalista de “MasterChef 7” tiene la clave. Ha descubierto que estamos ante algo mucho más grande que un concurso culinario. Además de terminar con más “conocimientos gastronómicos”, ha dicho que también ha terminado con “más amigos y más cultura”, pero sobre todo ha sentenciado esto: “'MasterChef' me ha hecho mejor persona”. Hagamos que “MasterChef 8” universalice esta hazaña y el Estado emitirá educación para la ciudadanía para todos en lugar de carísimos cursos de cocina para unos pocos.