6/9/18

LOS HUSOS, LOS USOS Y DIOS


Y dale. Que no, que no lo estáis entendiendo. Si cambiamos de huso horario no cambiará el momento del día en el que nos levantamos, ni en el que comemos ni en el que salimos del trabajo. Sólo cambiará la hora, es decir, el nombre que le ponemos a ese momento. El momento del día viene marcado por la posición en la que se encuentra el sol en el cielo. Los humanos, que nos caracterizamos por nuestra manía por poner nombre a las cosas, hemos puesto nombre a los momentos del día. A un momento le llamamos “las ocho de la mañana”, a otro, “las dos de la tarde”, a otro, “las nueve de la noche”. Pero los nombres son arbitrarios. Se dice que los portugueses comen una hora antes que los españoles. Es verdad, y sin embargo en Vigo y en Oporto comen a la vez, con el sol en el mismo punto de su cielo. En Vigo llaman a ese momento “as dúas da tarde”; en Oporto, “a uma da tarde”.

Es decir, que si cambiamos de huso horario, bastará con hacer las cosas una hora antes en el lenguaje para seguir haciéndolas en el mismo momento en la realidad. Bastará con que el Telediario de las 3 pase a llamarse el Telediario de las 2 para que sigamos viéndolo en el momento del día en el que lo veíamos antes. El nuevo programa de Alfonso Arús se emitiría en el mismo momento del amanecer que ahora, que pasaría a llamarse las seis y media, y podríamos seguir no viéndolo igual que no lo vemos ahora. Sólo si Antena 3 se obcecara en mantener su informativo a las 9 de la noche tras el cambio de huso, estaría cambiando el momento del día en el que lo emite por su empeño en mantener fija la palabra con la que llama a ese momento.

Tan lingüística es la naturaleza humana, que con frecuencia la realidad se pone al servicio de las palabras y no al revés. Oyendo lo que se está comentando estos días, parecería que es el reloj el que manda sobre el sol y no el sol el que manda sobre el reloj. Debería meditar sobre esto el juez que quiere encausar a Willy Toledo por sus palabras sobre un dios.

5/9/18

REGADORES REGADOS Y PATINADORES LOCOS


Si todavía nos reímos con “El regador regado” (1895) de los hermanos Lumière (un minuto para contar la historia de un jardinero que termina empapado) o con las tartas estampadas en la cara de un policía que tiene la mala idea de meterse con Charlot, es lógico que nos sigan haciendo gracia esos programas que emiten vídeos con tipos que se caen de la bici por hacer el canelo, niños que resbalan en una piscina de plástico, columpios que se rompen por exceso de peso o trastazos descomunales que siguen a los intentos de forzar las leyes de la física como un “casting” de “Operación triunfo” sigue al fin de la explotación veraniega de los concursantes de la última edición. Concedámoslo. El regador regado, el policía con la cara llena de tarta y el chavalete que se estrella contra el suelo después de intentar hacer el pino en un patinete tienen su gracia. Sin embargo, un programa de televisión que emitiera vídeos de jardineros que riegan, policías que miran, tipos paseando en bici en plan “Verano azul”, niños que juegan en la piscina con un patito de goma, columpios que se mecen hipnóticamente bajo la dirección de un viajero prudente o jóvenes en patinete respetuosos con la física no tendría gracia y estaría tan condenado al fracaso como emitir en Netflix una serie protagonizada por Carlos Herrera y dirigida por José Luis Moreno. ¿Qué quiere decir esto? Que el regador regado y las tartas en la cara siempre tendrán más gracia que el regador que riega y las tartas en la mesa. Y algo más.

El sociólogo Johan Galtung señala que si un periódico se publicara una vez cada cincuenta años, no prestaría atención a medio siglo de chismes de famosos y escándalos políticos, sino que informaría de cambios globales trascendentales como el aumento de la esperanza de vida. Del mismo modo, un regador regado o un joven que se estrella por intentar hacer el pino en su patinete pueden ser noticia del día, pero de ningún modo son acontecimientos dignos de figurar en un repaso de los últimos cincuenta años porque lo cierto es que los jardineros no suelen terminar regados y los patinadores no acostumbran a hacer el pino en su vehículo. Un regador regado o un patinador imprudente abrazando el suelo hacen gracia porque no son tendencia. Lo preocupante sería que un programa con regadores que riegan y patinadores que patinan fuera un éxito. Mientras los tartazos en la cara y los patinadores locos nos hagan gracia, todo irá bien. Y ese argumento de mierda es lo único que se me ocurre para aceptar no sólo que el verano se acaba sino que, ay, Ángel Garó y Aurah Ruiz serán dos de los concursantes del próximo “Gran Hermano VIP”. Uf.

4/9/18

¡SÍ, SE PUEDE!


¿Se puede hacer en la tele magia con la magia? Sí, se puede. Cuesta creerlo viendo ese estrambote de “Pura magia” en La 1, pero se puede. Lo demostró el gran Juan Tamariz con su maestría, su violín invisible y su personal magia personal. Lo demostró Cuatro emitiendo hace diez años el mágico “Nada x aquí”, que nos encantaba y nos tenía encantados. Pero “Pura magia” es un horror. Es bueno haciendo escapismo y cambiando de día y hora de emisión para huir del desastre. También haciendo desaparecer a su audiencia hasta meter a los cuatro gatos que lo ven en una cajita así de pequeña. Incluso nos desconcertó con un pase mágico impresionante: conseguir que TVE renovara por esta segunda temporada a pesar de haber firmado el verano pasado un estreno tan malo y con tan malos resultados como los que tiene ahora. En fin, que antes creíamos que la mejor forma de quitar magia a la magia era desvelar los trucos, pero ahora sabemos que es peor hacer un talent show como este que perpetra la productora de Javier Cárdenas.

¿Se puede hacer en la tele un montaje cuando se denuncia un montaje? Sí, se puede. Lo demuestran en Telecinco cada vez que organizan en el plató un montaje para discutir si es un montaje la noticia sobre el que están discutiendo. Los habituales de la cadena saben que la noticia es un montaje, y saben que la discusión sobre si la noticia es un montaje también es un montaje; pero no cambian de cadena. Creerán los pobres que saberlo los hace más listos que los listos que viven de ellos, de sus montajes, y de sus montajes sobre sus montajes.

¿Se puede hacer en la tele humor hablando del humor? Sí, se puede. Lo demostraron en la vuelta, el pasado sábado, de “laSexta noche”, los grandes mongoles Edu Galán y Darío Adanti. No es fácil hacer el doble salto mortal de reflexionar sobre el humor con humor hablando de los límites del humor sin romper los límites de la sensatez y la inteligencia. Pero lo consiguen. Siguiendo su ingenio, también nosotros podemos hacer esas piruetas y caer de pie sin retorcernos el tobillo.

3/9/18

AMIGUITAS Y CONOCIDITAS


No se me ocurre ninguna forma de justificar la existencia del programa “Amigas y conocidas”, así que solo puedo alegrarme de su desaparición. TVE lo presentaba como una “tertulia de mujeres que hablan de la vida sin tapujos”, y puede que hasta creyera que suponía un avance en la lucha por dar más protagonismo a las mujeres para que accedan a puestos tradicionalmente ocupados por hombres, algo que deben asumir incluso los más reaccionarios, aunque solo sea porque nuestra sociedad no puede seguir dando la espalda a la mitad de su població. Pero no lo era.

La presentadora, Inés Ballester, en su despedida se presentó como víctima de una cancelación arbitraria e injusta: “Mujeres de diferentes sensibilidades, diferentes trayectorias e ideologías cada mañana nos hemos sentado en una mesa para hablar de la vida. Hemos dado espacio, tiempo y voz a muchas mujeres”. Sí, a mujeres a las que se les daba visibilidad y total libertad para hablar y decir lo que quisieran siempre y cuando se sometieran y aceptaran tratar de los asuntos que el programa decidía que debían tratar, y que eran en su gran mayoría temas ligeritos, banalidades, curiosidades muy cuquis, vestiditos, pijaditas, y mucho cotilleo, famoseo y petardeo. Es dañino, muy dañino, creer y hacernos creer que hablar de eso es “hablar de la vida”. Eso es solo una parte de la vida superficial y menor que ni es, ni debería ser, ni una tele pública debería presentar como un asunto propio de las mujeres que estén en el plató, ni de las mujeres que ven la tele. Que durante cuatro años hayan pasado por el aro “mujeres de diferentes sensibilidades, diferentes trayectorias e ideologías” solo profundiza la derrota que supone que cualquier mujer, por el hecho biológico de serlo y al margen de su sensibilidad, trayectoria e ideología, deba aceptar un planteamiento tan limitador, reaccionario y perverso.

Es una derrota defender desde la tele pública que la vida no es lo que sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes, como decía John Lennon, sino ese batiburrillo de asuntitos de los que trataba “Amigas y conocidas”. Por eso su desaparición es nuestra victoria.

2/9/18

PRODUCTORA APLASTA A TRABAJADORES


Samanta Villar, la periodista televisiva especializada en sí misma, debería darse más protagonismo en sus programas sobre sí misma. Es duro decir esto, pero es lo que hay. Villar debería vigilarse más de cerca, seguir con más atención su propia vida, dar un paso más en su autoespecialización. Empezando por las redes sociales. Si Villar, como follower, leyera con más interés todo lo que Villar, como influencer, escribe en Twitter, se daría cuenta de que tiene ante sus narices una idea estupenda para un programa de televisión realmente interesante que nadie ha hecho aún.

Hace unos días, la influencer Villar tecleó unos tuits en los que denunciaba que es muy habitual que las productoras y las cadenas de televisión se ahorren una pasta despidiendo durante el verano a sus trabajadores (redactores, guionistas, cámaras, montadores, productores…) para volver a contratarlos en otoño con la nueva temporada. Un programa sobre este asunto denunciando casos y dando nombres sería una auténtica bomba que muchos veríamos con interés, empezando por el Ministerio de Trabajo. Lo extraño es que a pesar de que la influencer Villar se esfuerza en captar su propia atención hablando en Twitter de sí misma contando su propio caso (denuncia que tiene que recurrir a diferentes triquiñuelas para que el equipo de su programa sí cobre las vacaciones en vez de tener que fastidiarse en el paro), la follower Villar no se entera y no ve que se tiene a sí misma delante de sí misma.

Empieza una nueva temporada televisiva. Villar y su equipo deberían tener el empuje y el valor necesarios para hacer un programa sobre los programas que tienen vacaciones de verdad y los que no. A no ser que se lo impida la productora que los contrata, claro. En ese caso, habrá que concluir que, en efecto, tijeras cortan papel, papel envuelve piedra, piedra aplasta lagarto, lagarto envenena a Spock, Spock aplasta tijeras, tijeras decapitan lagarto, lagarto se come papel, papel desaprueba a Spock, Spock desintegra piedra, y, como siempre, productora aplasta a trabajadores.

1/9/18

¡GOOOL DEL SEÑOR!


Un señor promociona en su web la serie “Isabel” que TVE emitió hace un lustro, y hay quien se escandaliza. A lo tonto. Él es un cura católico y ella Isabel la Católica, así que es normal que promocione la serie igual que defiende la canonización de la reina aportando testimonios de “valor inestimable” de “grandes políticos, poetas y sabios” como, por ejemplo, Francisco Franco (como poeta, supongo): “En la vida de la Reina Isabel tenéis todas un libro para el estudio. Ella conoció también los tiempos turbulentos y materialistas; ella se vio abandonada también a la corrupción y al vicio. Pero supo mantener la pureza de fe y la pureza de sus virtudes”.

Es cierto que el señor atenta contra la Ley de Propiedad Intelectual porque ofrece descargas ilegales de una versión censurada de ayuntamientos carnales, culos y tetas que, menos o más, turben a los espectadores. Pero también es normal. Ahí está el ejemplo de Pío IV, que mandó tapar los desnudos de la Capilla Sixtina para que los cardenales no se distrajeran en los cónclaves e hicieran papa a tipos como él. O la versión oficial que da el Estado Vaticano de las últimas declaraciones del papa Francisco al volver en avión de Irlanda a Roma. Su consejo de tratar la homosexualidad infantil con “psiquiatría” fue censurado, según la Sala de Prensa de la Santa Sede, “para no alterar el pensamiento del Papa”. Seguro que eliminar “imágenes indecentes”, “escenas inconvenientes” e “innecesarias imágenes de sensualidad o simplemente impúdicas” de la serie “Isabel” sirve también para no alterar el pensamiento de sus autores. ¡Y menos escrúpulos ridículos con las descargas ilegales! Si este señor cura promociona la “sana censura” igual que aquél elogiaba la “santa ira”, a ver por qué no va a haber sanas y santas descargas ilegales.

Alegrémonos, porque el sitio web del señor “dedicado a la apologética histórica y a la falsificación de la realidad” sea tan eficaz, al menos, en la falsificación de la realidad. Y por haber corregido a alguna de sus ovejas descarriadas que no vio la serie: “No me dio ganas de verla, pensé que favorecerían a los moros y harían ver mal a los reyes. Bueno, parece que le erré. Gracias por el esfuerzo”. ¡Señor! ¡Señor…! ¡Goool! ¡Goool del señooor!