3/2/20

REPIPI


No se ha valorado lo suficiente la contribución de “Masterchef Junior” a la recuperación de un término que había caído en desuso y prácticamente se encontraba desaparecido de la circulación. En ocasiones los programas de televisión ofrecen grandes beneficios a la población de forma indirecta e inesperada: aquello que hacía Cárdenas concienció sobre los problemas de dicción en nuestra sociedad, hay gente que no se pierde ni un solo programa de “Equipo de Investigación” únicamente por su banda sonora, y la última temporada de “Masterchef Junior” ha provocado que en los usos lingüísticos del conjunto de la sociedad española haya reaparecido una palabra que estaba a punto de la extinción: repipi.

Porque si una imagen vale más que mil palabras, cualquiera de los concursantes de la última edición de “Masterchef Junior” valen más que mil definiciones de repipi. Dice la Real Academia: “que es repelente, afectado y pedante”. No es eso, no es eso. Como todas las definiciones de diccionario, ésta es incapaz de contener la carga de matices, connotaciones y detalles que evoca la idea del repelente niño Vicente. Por una vez, y sin que sirva de precedente, señores académicos, después de la definición de “repinte”, abran el DRAE al mundo de la imagen y coloquen tras la voz “repipi” una foto de Albert, o de María, o de Lu. Después ya pueden seguir con el estilo habitual en “repique” y el resto de palabras de la lengua española.

Se ha criticado de “Masterchef Junior” que aliente la competición entre los más jóvenes, que sea un programa orientado a un público familiar -adulto, pero también infantil- que se emite a horarios incompatibles con el sueño reparador para ir a la escuela, incluso que muestre en ocasiones comida derrochada o tirada a la basura. Pero junto a estos problemas, deberíamos reconocerle su labor de promoción lingüística de términos en desuso como “repipi” -también de otros como “soporífero” o “coñazo”, pero esto, al ser términos de pleno uso, es menos encomiable-.

2/2/20

EL MUNDO AL REVÉS

Empezamos con matemáticas recreativas. A dividir: si “Operación Triunfo” cuesta 17 millones de euros y sirve para que 16 jóvenes aprendan y se preparen para el mundo laboral, ¿cuánto cuesta la formación de cada uno de esos jóvenes? Ahora, a multiplicar: si los afortunados tienen entre 18 y 26 años, y hay cuatro millones de españoles con esa edad, ¿cuánto costaría nuestro sistema educativo si aplicáramos este modelo triunfador?

Podíamos seguir calculando cuántos impuestos deberíamos pagar para mantener el sistema, qué población esclava necesitaríamos trabajando gratis para evitarnos pagar tales impuestos, cuántos planetas Tierra deberíamos esquilmar para conseguir una generación de españoles triunfadores, cuál es la inmensa huella ecológica de cada gorgorito en la Academia. Pero sería falaz. En realidad, los 17 millones de euros no logran que los 16 jóvenes triunfen. En “OT” ya empezaron a echar gente que no alcanza los objetivos marcados. El nivel de fracaso escolar es mayor que el del aún vigente, viejo y baratísimo sistema educativo del vulgo. Y ni siquiera quien complete y llegue al final de “OT”, tiene garantizada una inserción laboral a medida de su perfil académico. Lo más fácil es que acabe concursando en realities, asesorando en talent shows, buscándose la vida como cantante de fortuna en grupos prefabricados para giras veraniegas, sobreviva en bodas, bautizos y comuniones, o, simplemente, desaparezca por siempre jamás. Y no me vengan con que tres meses es poco tiempo, porque con esa pasta en China te plantan 30 hospitales sin despeinarse.

Pero no debemos preocuparnos por esta Academia del mundo al revés digna del gran Eduardo Galeano. En el mundo al revés, lo importante del reportaje es el reportero, lo valioso de la entrevista es el entrevistador, y quien triunfa en “Operación Triunfo” no es el triunfito, sino la directora de la Academia Noemí Galera, la tutora de la Academia Noemí Galera, la superprofe de la Academia Noemí Galera. ¿Ven qué bien?

1/2/20

DALE UN HOSTIÓN A ÉVOLE, ABASCAL



¿Vas a consentirlo, Abascal? ¿Vas a permitir que un tipejo como Jordi Évole se te ponga chulo? ¿No pide a gritos un escarmiento?  Dale caña, Abascal. ¿No merece un castigo ejemplar para que, de paso, aprendan los que son como él? Esto se arregla entre hombres como arreglan las cosas los hombres. Un hostión y que espabile. Empezó él, ¿no? Pues leña. Ojo por ojo, y hostión por hostión.

Ya viste a Évole en “El Hormiguero” poniéndose chulo delante de toda España. Empezó a repasar con Pablo Motos la lista de políticos que habían pasado por allí y quiso hacerse el graciosete a tu costa.
—Vino Abascal, que, por cierto, ¿vino a caballo?
—Es que es muy resbaladizo el terreno, entonces…
—Pues lástima, porque un hostión le vendría bien.
Y se reía el desgraciado.

Ver tu respuesta torera en Twitter fue una alegría. Así se hace, Abascal, no dejes pasar ni una. Pero al final fuiste demasiado caballero. Decirle “Nosotros estamos hechos de otra pasta y además, de pequeños, nos enseñaron a no abusar de los tirillas” muestra una nobleza y gallardía que este muerto de hambre ni merece ni aprecia. Dejas claro que le puedes machacar si quieres, aunque le perdonas la vida porque el pobre no tiene ni medio asalto, pero, coño, hay que ir más allá y ponerle en su sitio. Él acojonado ya está, porque nada más decir lo del hostión reculó.
—Sin ningún tipo de daño, ¿eh? Solo el susto, ¿eh? Por supuesto, que ahora por nada te ponen una querella.
Y seguía riendo el sinvergüenza.

¿Por qué no le concedes esa entrevista que tanto te pide? ¿Por qué no te plantas frente a él y te lo comes con patatas? ¿Por qué no le dejas las cosas claritas para que se entere de que de un español no se ríe ni él ni nadie? ¿Por qué no le machacas? Dale esa entrevista y a por él. Descendemos de don Pelayo, del Cid, de los almogávares. No consientas que se vaya de rositas después de escupir “¿vino a caballo? Pues lástima, porque un hostión le vendría bien”. ¿A santo de qué dice que a tu caballo, un animal tan noble, le vendría bien un hostión?

31/1/20

PRESENTARÉ UNA QUEJA FORMAL (2/2)



Les contaba ayer que iba a presentar una queja al Defensor de la Audiencia de RTVE por las disculpas que la televisión pública ofreció en el espacio “RTVE responde” a un espectador que se declaró ofendido por el anuncio de los Goya, en donde se parodiaba la famosa escena del orgasmo de Meg Ryan en “Cuando Harry encontró a Sally”, desproveyéndola de toda referencia sexual. La queja del espectador sólo puede ser comprendida desde una obcecación puritana, y RTVE no debe complacerla con sus disculpas, ya que ante la declaración de una sensibilidad ofendida un servicio público debe ante todo valorar la adecuación de tal sentimiento de ofensa.

Envié la queja a las diez de la mañana y recibí respuesta a las once. En ella se tergiversan mis palabras: a mí no me molesta que un espectador se sienta ofendido, no me opongo a que esas opiniones se escuchen en una televisión pública, ni creo que RTVE le esté dando la razón. No me mostré dolido ni molesto, sino en desacuerdo con el proceder de RTVE, que actuó como una empresa privada que no quiere perder un cliente. El Defensor miente: asegura que se limitaron a explicar por qué lo hicieron y a negar la voluntad de ofender, cuando en realidad explicaron por qué lo hicieron, negaron la voluntad de ofender y pidieron disculpas. ¿Habrían pedido disculpas por igual si el espectador se hubiera ofendido por la presencia de un gay, un católico o un negro en RTVE?

Finalmente, tras aclarar que ellos en “RTVE responde” sólo se hacen eco de la queja de un telespectador, al margen de que esa queja tenga fundamento o no, se me deja claro que no se van a hacer eco de mi queja en “RTVE responde”, ya que carece de fundamento. Parece claro que mi error fue argumentar. Algo me dice que si, en vez de razonar, hubiera dicho que me sentía muy dolido, que habían ofendido gravemente mi delicada sensibilidad, si hubiera eructado o llorado, el Defensor de la Audiencia de RTVE hubiera corrido a aclarar que no fue su intención hacerme daño y me hubiera pedido disculpas si así lo hizo.

ACTUALIZACIÓN DE LAS DIEZ DE LA MAÑANA
Ésta es la respuesta del Defensor de la Audiencia:

Apreciado comunicante.
Gracias por su correo. Siento que le moleste que  el responsable diga en la explicación que “no estaba en nuestra intención herir la sensibilidad de ningún espectador pero, si alguien se ha sentido ofendido, le pedimos disculpas“. También, que le moleste que haya telespectadores que no considerasen adecuada la promoción para determinados horarios del día, incluidas la franja de protección reforzada para la infancia. Por último, que considere que quienes piensan así no tienen derecho a ser escuchados en la televisión pública. Las personas que nos escriben nos trasladan sus puntos de vista; nosotros les damos el nuestro. Si consideramos que hemos actuado correctamente, como es el caso, les explicamos  por qué lo hemos hecho; si se han molestado, les decimos que no ha sido nuestra intención. Eso no implica, como considera usted erróneamente, que les demos la razón ni que vayamos a condicionar nuestras actuaciones por su parecer. Por tanto y dado que en la respuesta del responsable del servicio no se ha reconocido ninguna vulneración de las leyes y normativas que regulan el funcionamiento de la televisión pública y que lo único que se ha utilizado es una fórmula de cortesía en la respuesta, su petición carece de fundamento. Estaré encantado de atener cualquier otra cuestión que nos trasladé. Un cordial saludo.

Ángel Nodal

Defensor de la Audiencia. 


30/1/20

PRESENTARÉ UNA QUEJA FORMAL (1/2)



¿Disculparse? ¿Pero por qué? El anuncio promocional de la Gala de los Goya parodiaba la famosísima escena de “Cuando Harry encontró a Sally” en la que Meg Ryan fingía un orgasmo poniéndose a gemir ruidosamente en la mesa de un restaurante. En el remake que hicieron Silvia Abril y Andreu Buenafuente, ella también gimotea encantada, pero en relación a los premios Goya, dando a entender que las películas del cine español le provocan un gran placer. La nueva escena no tiene nada de sexual, absolutamente nada, salvo su guiño a la peli de Rob Reiner, que sólo podrán apreciar los adultos con una cierta formación cinematográfica.

Pero algún espectador, ay, se ofendió, algún espectador cuyos ojos -como casi siempre- son los que pusieron la interpretación morbosa a unas imágenes que por sí mismas son tan cándidas como la familia Telerín. Vamos, la dinámica habitual del puritanismo. Y envió su queja a “RTVE responde”, el metaprograma de La 2 en donde RTVE habla sobre RTVE. Allí, un responsable de la televisión pública, en vez de ignorar tal queja o llamar pervertido puritano al espectador, va y suelta que “no estaba en nuestra intención herir la sensibilidad de ningún espectador, pero si alguien se ha sentido molesto le rogamos que nos disculpe”.

Me parece intolerable. Ahora que las pamplinas moralistas nos acosan a derecha e izquierda, no se puede ceder ante una queja ridícula, sólo apoyada en la invocación sacrosanta a una sensibilidad ofendida que no puede ser discutida. ¿La televisión que yo pago se disculpa porque un espectador se ha sentido molesto, sea como sea de razonable su molestia? De ninguna manera. En los servicios públicos el usuario no siempre tiene la razón. Por ello, anuncio que presentaré una queja formal al programa “RTVE responde” por tal comportamiento, y animo a los lectores a hacer lo  mismo. No basaré mi queja en mis sentimientos dolidos, sino en el argumento que acabo de presentar. Espero que traten mi malestar igual que el del puritano ofendido. Lo veremos. Se lo contaré dentro de unas semanas. Abro hilo.

ACTUALIZACIÓN DE LAS 10 DE LA MAÑANA:
Éste es el texto que he enviado al Defensor del Espectador de RTVE, por si algún lector quiere usarlo para su propia queja:

"En el último "RTVE responde" se pidieron disculpas "a los espectadores que pudieron haberse sentido ofendidos" por el anuncio de promoción de la gala de los Goya, en el que se parodiaba una famosa escena de "Cuando Harry encontró a Sally". Ese anuncio sólo mostraba a Silvia Abril gimiendo de placer ante la idea de presentar la gala de los Goya, sin que se aprecie el menor contenido sexual, salvo su guiño a la película de Rob Reiner, guiño que sólo podrán apreciar los adultos con una cierta formación cinematográfica.

Me parece muy inadecuado, ahora que nos acosan puritanismos a derechas e izquierdas, ceder ante una queja totalmente injustificada, sólo apoyada en la invocación sacrosanta a una sensibilidad ofendida que al parecer no puede ser discutida. En los servicios públicos el usuario no siempre tiene la razón. Como espectador habitual de mi televisión pública, entiendo que ésta ha de valorar las quejas que se presentan y disculparse únicamente por aquéllas que tengan un fundamento. Muchos amigos y conocidos míos, al igual que yo, discrepan radicalmente del comportamiento de "RTVE responde".

Solicito con todo respeto que RTVE se disculpe por haberse disculpado con el espectador ofendido por el anuncio de la gala de los Goya. Y para ello no me baso en sentimientos subjetivos, sino en los argumentos presentados en los párrafos anteriores. Creo que, al menos, tengo derecho al mismo trato que dispensaron a dicho espectador."


29/1/20

ZEUS EN TREBLINKA


Las emocionantísimas palabras de Kalman Taigman y Samuel Willenberg, los dos últimos supervivientes de Treblinka, en el documental “Treblinka, el campo de la muerte” (La 2) son la mejor medicina contra la barbarie siempre al acecho, contra la falta de compasión y contra el olvido controlado de la historia. ¿Los padres deberían poder prohibir, si les parece conveniente, que sus hijos vean en la escuela documentales sobre el campo nazi de Treblinka? ¿No debería “Treblinka, el campo de la muerte” formar parte de la programación de la asignatura de Religión Católica y, también, de Cultura Clásica?

Treblinka no fue como Auschwitz, donde había una enorme población reclusa que se utilizaba como mano de obra esclava, sino un campo cuyo único propósito era el exterminio masivo. Samuel Willenberg dice, al final del documental, que en Treblinka dejó de creer en Dios porque Dios no intervino en aquel horror inimaginable, no se dejó ver, no envió ni una sola señal, no hizo nada para evitar que Franz Stangl y Kurtz Franz, comandante y subcomandante del campo, dirigieran Treblinka con una eficacia industrial y un sadismo sin límites. En Treblinka fueron asesinadas más de ochocientas mil personas. ¿Dónde estaba Dios, mientras tanto? Todos nos adormecemos alguna vez ante el mal, decía santo Tomás de Aquino; pero Dios no debería haberse dormido en Treblinka y, aunque no fue responsable de la llamada “solución final”, sí lo fue de no haber hecho nada para evitar el mal absoluto. En su “Heracles”, Eurípides niega que los dioses puedan comportarse inicuamente y, en esa obra, Heracles dice que no cree que los dioses se complazcan en relaciones ilícitas, y que eso no son más que despreciables cuentos de aedos. Pero Heracles es víctima de los celos de Hera, y los dioses griegos son adúlteros, ladrones, vengativos y celosos. Si los dioses actúan con bajeza, no son dioses, dice también Eurípides. De acuerdo, pero ¿no es peor la inacción de los dioses que las conductas vengativas o celosas? ¿No entendemos mejor a un Zeus enfadado que a un Dios mudo?

Mañana, en clase de Religión, los estudiantes deberían reflexionar sobre la mudez de Dios en Treblinka, y en clase de Cultura Clásica tendrían que imaginar qué habría hecho Zeus en Treblinka. Y, mañana y siempre, no debemos olvidar que Treblinka existió. Seguimos sin noticias de Dios.