6/8/17

"LA PELU", EN LA CADENA ADECUADA


Al fin Televisión Española acierta al trasladar “La pelu” a La 2. La comedia veraniega de nuestra televisión pública no acababa -ni empezaba- a obtener buenos resultados de audiencia. Se probaron varias soluciones, como cambiarla de horario o encerrarla en el late night de los viernes, sin que diera resultado. El problema, era obvio, era La 1, cadena generalista de perfil popular en donde encuentra mal acomodo una obra de la complejidad narrativa y la densidad conceptual de “La pelu”. En La 2, la cadena cultural y sofisticada por excelencia de TVE, seguro que alcanza grandes niveles de audiencia al lado de otros programas como “La noche temática” o “Historia de nuestro cine”.

“La pelu” sabe a John Dos Passos, a Plutarco, a Allen Ginsberg. Sus personajes -sobre todo, la peluquera y la otra peluquera- son recreaciones llenas de guiños poliédricos a arquetipos que ya se encuentran en las etopeyas de Teofrasto, si bien aquí se completan con matices y rompen esquemas arraigados en la más pura tradición de Tolstoi, Proust o Clarín. No sólo en sus personajes y en sus textos “La pelu” se ubica mejor en La 2 que en La 1: también en su semiótica de la narración y el montaje de los planos se respira el espíritu de las obras más arriesgadas de Lars von Trier y el resto del Dogma. Sus imágenes son un curso viviente sobre la pintura del siglo XX -Mondrian, Hockney-. Su banda sonora mezcla a Nyman y a Mertens sin renegar de la tradición costumbrista del maestro Chapí.

Por eso no cabe duda de que “La pelu” encuentra un mejor lugar entre un documental sobre el teatro de Arthur Miller y un documental sobre la fundación de Emérita Augusta que entre la información deportiva del telediario y un programa de nostalgia sobre el “Un, dos, tres”. Denle tiempo, denle un par de semanas a las nueve de la mañana en La 2, tres a lo sumo, y verán cómo comienza a petarlo de audiencia. Dentro de veinte años estaremos celebrando el vigésimo aniversario de “La pelu” como hicimos este año con “Saber y ganar".

5/8/17

CRÍTICA CONSTRUCTIVA DE "ME LO DICES O ME LO CANTAS"


Quisiera hacer una crítica constructiva de “Me lo dices o me lo cantas”, el nuevo entretenimiento de Telecinco para algunas noches del verano. Detesto a los críticos que se limitan a señalar los defectos de los programas sin aportar soluciones. Telecinco ha estrenado un nuevo talent show fresquito con canciones famosas a las que se le ponen letras nuevas humorísticas relacionadas con noticias actuales. El programa es malísimo, simplemente espantoso, falla por todos los lados -canciones, jurado, presentador, concursantes, decorado, sintonía, cabecera, vestuario, iluminación, maquillaje y peluquería-, pero yo soy un crítico que siempre se preocupa por hacer crítica constructiva, así que en esta columna voy a proponer una forma de solucionar los problemas que presenta “Me lo dices o me lo cantas”: destrúyanlo.

Quémenlo entero. Húndanlo en lo más profundo de una grieta abisal del Pacífico Sur en la que sólo vivan gusanos tubícolas. Tritúrenlo. Usen aviones cisterna para rociar con ácido sulfúrico el plató donde se graba y un perímetro de cien o doscientos metros a su alrededor. Despedácenlo atando sus extremidades a caballos desbocados. Hagan pasar por encima del jurado, los concursantes y el presentador una migración de ñúes, después una plaga de langostas, luego otra de termitas; inúndenlo y llenen la fosa con pirañas; finalmente, evacúen los residuos y límpienlo todo muy a fondo mezclando lejía y amoniaco. Métanlo en bidones de almacenaje de material radioactivo y séllenlo bajo más kilómetros cúbicos de hormigón que los que saldrían de multiplicar los de Chernobil por los de Fukushima. Demuélanlo. Electrocútenlo hasta que se achicharre. Apisónenlo y vuelvan a apisonarlo.

¿Ven? Así se hace la crítica constructiva de Mediaset. Con mesura y moderación. ¿Para qué extenderse pormenorizando el cero absoluto de gracia del jurado o la enorme cantidad de versos que no encajaban métricamente en las melodías? La buena crítica ha de proponer soluciones constructivas y casi siempre, si de Telecinco se trata, nada hay más constructivo que destruir.

4/8/17

LA SACARINA DE TELECINCO

“Pasapalabra” es la sacarina de Telecinco. Llegamos a Casa Carlos a comer con los amigotes. Empezamos con un par de cañas y Loína nos pone ya unas patatinas y unas aceitunas. En la mesa todos pedimos fabada y el que menos, repite dos veces. Alubias, chorizo, tocino, morcilla. No puedes irte sin probar la tarta de queso. ¿Cuántas botellas llevamos? Entonces son… cuatro chupitos de hierbas, dos güisquis y dos pacharanes… Y cuando llegan los cafés Edu levanta la mano y dice “el mío con sacarina, por favor”. ¿De qué vas? Lo mismo pasa con la producción propia de Telecinco: producen “Deluxe”, realities como “Gran Hermano” o “Supervivientes”, producen “El programa de AR”, “Mujeres y hombres y viceversa” y este horror que se llama “Me lo dices o me lo cantas”… Todos tienen más calorías por ciengramos que las que caben en una etiqueta de información nutricional. Y cuando llega el concurso de media tarde, ese momento de baja audiencia, nos ofrecen un concurso digno, no ofensivo, edulcorado de forma sana y no calórica, cuya prueba final ha pasado ya al imaginario colectivo español.

“Pasapalabra” cumple estos días diez años de emisión en Telecinco. Enhorabuena a los implicados. ¿Quién no se ha detenido un rato en un rosco si se lo encuentra durante un zapeo? Ha emitido 2.749 horas y ha preguntado por 123.950 palabras en dicha prueba -un momento, el último diccionario de la RAE no llega a las 94.000 entradas…-. Pero, por encima de estos datos, el concurso de Christian Gálvez lleva diez temporadas aliviando la mala conciencia de Telecinco tanto como la sacarina alivia la mala conciencia de Edu tras cada fabadona. En su fuero interno, Mediaset se aferra a la fantasía de que cuarenta y cinco minutos de televisión no vergonzosa compensarán los excesos de veintitrés horas y quince minutos de basura televisiva, y agita el sobrecito de “Pasapalabra” antes de verterlo al café diciéndose a sí mismo “hay que cuidarse, hay que cuidarse”. Pero no, Telecinco, “Sálvame” no lo compensa ni “Los Soprano”. Y la fabada de Casa Carlos es tan deliciosa que no necesita compensarse con sacarina, Edu.

3/8/17

"HOSTIA PUTA", ASÍ, ENTRE COMILLAS


¿La representación de una blasfemia es una blasfemia? Según informa “RTVE responde” -el programa de la TV pública dedicado a las protestas de la audiencia-, a un espectador de Murcia le ha parecido mal que Pacino despertase de una pesadilla con un contundente “hostia puta” en un capítulo de “El Ministerio del Tiempo”. Es obvio que cuando Julián -el personaje- muere, Rodolfo Sancho -el actor- no muere. Pero también es obvio que cuando Amelia -el personaje- abofetea a Pacino -el personaje-, Aura Garrido -la actriz- sí abofetea a Hugo Silva -el actor-. Un asesinato va mucho más allá de su mímica. Una bofetada, no. La representación de un asesinato no es un asesinato. La representación de una bofetada sí es una bofetada.

¿Y a cuál de las dos categorías pertenece la blasfemia? Si una blasfemia sólo es una pronunciación de unos fonemas en un orden que Dios ha prohibido y no va más allá de su sonoridad, entonces cuando Pacino -el personaje- blasfema, Hugo Silva -el actor- blasfema también, y Dios se ofendió no sólo en la toma que vimos en el capítulo, sino en todas las tomas anteriores que se realizaron hasta que el director dio por válida una de ellas. Y se ofendió tantas veces como televisores reprodujeron ese capítulo y se ofenderá cada vez que alguien lo vea a partir de ahora en RTVE A La Carta. Pero si la blasfemia va más allá de su transcripción fonética, implica una intención, posee unas consecuencias, entonces Hugo Silva no blasfema aunque Pacino lo haga, y un católico no debería ofenderse más por la representación de esa blasfemia que por la representación de una relación sexual fuera del matrimonio de la escena anterior o la representación de un domingo sin ir a misa de la escena siguiente.

En último término, se trata de distinguir hostia puta de “hostia puta”, la superstición de la racionalidad, la realidad de el arte. Muy en el fondo, este asunto trata sobre distinguir un programa de una TV pública dedicado a las protestas de la audiencia en un Estado confesional de un programa de una TV pública dedicado a las protestas de la audiencia en un Estado laico.

2/8/17

AUDIENCIAS E IDENTIDADES


Tras la publicación del resumen de audiencias del mes de julio, cabe plantearse las siguientes consideraciones:

1. Telecinco es la cadena más vista entre las mujeres. Antena 3 es la cadena más vista entre los varones. Un varón que no se pierda ni un solo día “Mujeres y hombres y viceversa” o “All you need is love… o no” ¿debería ser considerado un varón transtelevisivo? Una mujer abonada permanentemente a “El hormiguero” o a “Espejo público” ¿debería ser considerada una mujer transtelevisiva? ¿Podemos considerar que existe una identidad mediática que puede coincidir o no con el sexo biológico, dando lugar a personas cismedios y personas transmedios? Y los que disfrutan de “El programa de Ana Rosa” un día y de “Me resbala” otro día, ¿son personas con una identidad mediática no binaria, fluida, líquida, queer?

2. Antena 3 es la cadena más vista en Castilla La Mancha. Telecinco es la cadena más vista en el resto de Comunidades. ¿Y ahora qué, Puigdemont? Quizá Cataluña se parezca a Dinamarca y Extremadura se parezca a Marruecos salvando las distancias, pero, cuando se trata de gente gritando, llorando e insultándose en televisión, Vilanova i la Geltrú elige la misma cadena que Malpartida de Plasencia. Propongo el inicio de un procés de desconexió para Castilla La Mancha basado en su hecho diferencial televisivo, algo mucho más identitario que la balanza fiscal.

3. Telecinco es líder a partir de las seis de la tarde. Antena 3 es líder hasta las tres de la tarde. Durante las tres horas intermedias gana La 1. ¿Y si la siesta, esa peculiaridad española que tanto sorprende en otras tierras, fuera un efecto secundario de la costumbre nacional de sintonizar la televisión pública entre las tres y las seis de la tarde? De hecho, la siesta se está perdiendo como tradición a un ritmo parecido al que la televisión pública pierde audiencia. Pronto resolveremos este misterio: a este paso dentro de pocos años ya no existirá TVE. Veremos si la gente mantiene, como parte de su identidad, la cabezadita de después de comer.

1/8/17

LA AUDIENCIA QUE TELECINCO HA CREADO


Jordi González lleva dos domingos gritando a los tropecientos personajes que llenan “Mad in Spain”. Grita a quien grita para que no grite. No calla pidiendo que calle quien no calla. No escucha a quienes no escuchan para que escuchen. Habla a la vez que los que hablan a la vez para que no hablen a la vez. Pero eso son los momentos buenos. En los malos, esos raros instantes en que los participantes, válgame el cielo, hablan de uno en uno y de esa forma tan aburrida que proporciona la educación y el respeto a los demás, González se pone nervioso porque sabe que pierde audiencia. Esa audiencia que Telecinco ha creado.

Telecinco es una cadena de bomberos pirómanos. Llevan lustros apagando fuegos que ella misma provocan. Bueno, haciendo que los apagan. Llenan los platós de material inflamable, hacen saltar chispas y luego se sorprenden de los incendios. Invitados enfrentados, conflictos manifiestos o latentes, heridas sin cicatrizar, lucha de egos en platós repletos de tertulianos e invitados que tienen que luchar para hacerse oír, para justificar que los vuelvan a llamar, para acaparar unos segundos más el micrófono. Y eso sin olvidar los montajes, claro. En medio, los presentadores se encargan de provocar fricciones y subir la temperatura. Administran el lanzallamas. Y luego, cuando el fuego empieza a extenderse, van corriendo con la manguera, pidiendo orden, tranquilidad, educación. “Por favor. ¡Por favor! ¡¡¡Por favor!!!”, grita Jordi una y otra vez. Hay que ver cómo se ponen las fieras a nada que las azuzas.

Ese es el mayor éxito de Telecinco: que los invitados no hagan caso a los presentadores, no callen, se enfaden, griten, insulten, amenacen con demandas, se porten mal y, con suerte, el incendio vaya tan bien que alguno marche del plató. En el último “Sábado deluxe”, Sonia Monroy tuvo una enganchada de aúpa con la presentadora, María Patiño. Gritos, golpes, huida iracunda, truenos y aparato eléctrico. Tras la tempestad, la calma y la vuelta al plató. Un éxito. “Esto no lo había visto en mi vida”, dijo un desconcertado David Alemán, que debutaba como copresentador. Se ve que no forma parte de la audiencia que Telecinco ha creado y no está acostumbrado al negocio. Él sabrá si quiere acostumbrarse.