6/8/19

MÁS QUE TOROS


TVE es un aburrimiento desde el fin de las Fiestas de San Fermín. Entre el chupinazo y el “Pobre de mí” mola ver La 1 por lo emocionantes que son los encierros y todo lo que los rodea. Levantarte y, en vez del tostón de las noticias de la mañana, encontrarte con cientos de personas jugándose la vida es maravilloso. Los cenizos se quejan, pero, vamos a ver, ¿queremos promocionar el turismo en España o no? ¿queremos potenciar nuestras tradiciones o no? ¿queremos una tele entretenida que emocione y sorprenda o no? Pues que se note.

Lo que tiene que hacer TVE es mantener el nivel de los Sanfermines todo el año. Al menos durante el verano sería facilísimo. Hay multitud de fiestas patronales por toda España con suficientes actividades peligrosas como para rellenar de retransmisiones en directo toda la programación. Hasta se puede pedir la colaboración de la audiencia para que explique a TVE cuáles son las barbaridades que se hacen en su pueblo. Buenos somos nosotros para eso. ¿Se están acordando ahora de las bromas bestias que gastaban en el pueblo de Gila? Yo también. Menuda mina.

Imaginen el anuncio: “¿Hay en las fiestas de tu pueblo tradiciones peligrosas, costumbres estúpidas, actividades insensatas? ¡Ponte en contacto con TVE! ¿Se suben los mozos del pueblo —y ahora también las mozas— a lugares peligrosos? ¿Se tiran por sitios por los que sería mejor no hacerlo? ¿Estallan petardos enormes donde hay mucha gente? ¿Tiran cosas que pueden hacer daño a alguien porque ya lo hacían en el s. XV? ¿Levantan pesos descomunales que no admitiría ningún convenio laboral porque eso es muy bonito y lo más grande que hay? ¿Sueltan toros, vaquillas o animales peligrosos entre las personas como se hizo toda la vida de Dios? ¡Llama a TVE! ¡Queremos que tu pueblo salga en la tele haciendo el bestia! ¡Queremos que los encierros de los Sanfermines no sean la única insensatez que se promociona con dinero público! ¡Queremos una tele mejor para ti!”.

5/8/19

YO COMO UNA CABRA, TÚ COMES UNA CABRA, ÉL COME UNA CABRA


Salió en los informativos. Este año, los humanos ya terminamos con la capacidad del planeta para mantener nuestro nivel de vida en todo 2019. Comparando la demanda de recursos naturales con la capacidad de la Tierra para regenerarlos, hace una semana que empezamos a devorar nuestro segundo planeta. Los países ricos vamos ya por el tercero, cuarto o quinto, dependiendo de lo ricos y borricos que seamos. Es para echarse las manos a la cabeza, pero como cada año adelantamos varios días este Día de Sobrecapacidad de la Tierra, ya estamos acostumbrados y a otra cosa mariposa. Bueno, no del todo. La muerte de una cabra removió conciencias, agitó teclados y puso las redes patas arriba.

Gordon Ramsay, el más televisivo de los cocineros británicos, protagonista de infinidad de famosos espacios culinarios de medio mundo, está ahora en “Masterchef Australia”. Su colega Monique Fiso le pidió que matara una cabra montesa, así que Ramsay disparó, despiezó, aderezó, cocinó y se zampó la cabra en compañía de los participantes del programa. Quizá dijera “emplatar”, “maridar” y “dialogar en boca”, tal vez incluso cosas peores, pero eso dio igual. Lo que puso en pie de guerra a la peña fue matar a la cabra, algo considerado “inhumano”.

¿Inhumano? Incluso antes de ser humanos, nuestros tatarabuelos eran carroñeros oportunistas que comían carne allí donde la pillaban. De hecho, nos hicimos humanos comiendo, entre otras cosas, carne de cabra. En el paleolítico, ya matábamos y cocinábamos las cabras que nos zampábamos. En las pinturas rupestres salen preciosas. Hace 10.000 años aprendimos a domesticarlas y a aprovechar sus proteínas en forma de leche (y queso, ¿a qué suena la palabra “Cabrales”?). Como seguimos queriendo su carne —llevamos miles de años queriéndola—, seguimos matándolas.

Comer carne no es inhumano. Inhumano es creer que la opción de no comerla otorga una superioridad que permite llamar inhumano a quien, siguiendo el camino que nos trajo hasta aquí, continúa comiéndola. Otra cosa es comerse el planeta entero, pero eso ya a la peña le da igual.

4/8/19

VIAJE A 2.044


Tome aire, ¿lo nota? Llene los pulmones, ¿ve qué bien se está? Encienda la tele sin miedo, mire la Luna por la ventana, disfrute de lo que ve. ¡Ah! ¿No es cierto, telespectador, que en esta apartada orilla más pura la Luna brilla y se respira mejor? Eso es porque llegó agosto. Al fin,

El mes de julio fue horrible. Cada verano la tele empeora, pero este año más. Se veía venir desde que anunciaron el cincuenta aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Qué peligro. Si la tele entraba en bucle, la tabarra podía ser insufrible. Y lo fue. Horas hablando del acontecimiento, de la retransmisión televisiva más famosa de la historia, de las imágenes que dejaron al mundo boquiabierto. Las cadenas se llenaron de especialistas listísimos analizando cada detalle y de analistas preparadísimos especializados en cada pormenor. Que si las sombras, que si la bandera, que si las huellas, que si las estrellas, que si la Luna, que si la Tierra. Piensan que van a engañarnos con un montaje tan burdo. Esas mentiras no se las creen ni ellos. A otro perro con ese hueso.

Pero ya pasó julio. El cincuentenario quedó atrás. Este vuelve a ser un verano como cualquier otro. La tele vuelve a estar dominada por reposiciones, sustituciones, saldos y últimas ocasiones. Y para esto estamos preparados. Si hay suerte, hasta dentro de veinticinco años las cadenas no volverán a ponerse tan pesadas con esos embustes sobre la llegada del hombre a la Luna que solo convencen a los niños y a los listos que se creen las historias más inverosímiles. Espero que para entonces la tele haya aprendido a ignorar a los iluminados, egocéntricos y analfabetos que cuentan sus chifladuras mendigando un poco de casito. Cuando la tele se libre de ellos, cuando celebre el aniversario de la gran gesta espacial libre de visionarios y conspiranoicos listísimos, estaremos ante un pequeño paso para la programación televisiva, pero un gran paso para la humanidad. Nos vemos en 2.044. Comienza el viaje.

3/8/19

¿PERO DÓNDE ESTÁ "HOMELAND"?

Bien, vale, la temporada de series 2018-19 ha sido estupenda, de lo mejor que se recuerda en los últimos años. ¿Pero dónde está “Homeland”? ¿“Fosse – Verdon”? Extraodinaria. ¿“Years and years”? Genial, para quedarte con el culo pegado al sofá y no poder despegarlo en tres o cuatro días. ¿Pero dónde está “Homeland”? La tercera temporada de “The handmaid’s tale” ha sido, en mi humilde y acertada opinión, la mejor de las tres. No podemos olvidar el final de “Juego de tronos”, claro. “Chernobyl” no sólo es estupenda, sino que ha marcado un interesante punto de inflexión hacia el predominio de las miniseries de una única temporada, frente a la estructura clásica de las series de temporadas indefinidas mientras consigan audiencia. ¿Pero dónde está “Homeland”?

“Big little lies” ha cumplido, sin más, con su promesa de ahondar en ciertos caracteres femeninos. Pero ninguno, ni de muy lejos, se acerca a Carrie Mathison. “Line of duty” entregó otros seis episodios espesos como la lava, y ya es el quinto año consecutivo que lo logra. Pero tampoco se puede comparar a lo que vemos en “Homeland” -bueno, vale, en sus tres primeras temporadas-. “The Terror” parece repetir la maldición de “The Americans”: excepcional serie dramática sin ningún reconocimiento por parte del público. Jared Harris, aquí también, intenta ser Saul Berenson. Pero sólo Saul Berenson puede ser Saul Berenson.

“Black mirror”, “The Umbrella Academy”, “Sex education”, “Stranger things”, “The marvelous Mrs. Maisel”, “Heridas abiertas”, “Good Omens”, “Billions”, que sí, que no estoy diciendo que haya sido una mala temporada. ¿Pero dónde carajo está “Homeland”? ¿De verdad éste va a ser el primer verano en los últimos ocho años en donde nos iremos de vacaciones sin habernos zampado nuestra adictiva dosis de las desventuras de Carrie Mathison mientras salva a la humanidad del terrorismo internacional? ¿Y eso cómo se hace?

2/8/19

UNA HISTORIA EDIFICANTE


No seamos quisquillosos. También en Mediaset, capital Telecinco, hay historias edificantes. Rafa Mora, esa intensa oda al recauchutado, los anabolizantes y el clembuterol, es el feliz protagonista de la más reciente. Aquel jovenzuelo que hace diez años comenzó una incierta carrera profesional como trozo de carne en “Mujeres y hombres y viceversa”, hoy está al frente de “Cazamariposas”, uno de los programas estrella de la empresa italiana.

Sobrevivir en un medio tan competitivo no es fácil, y menos si tu capacidad profesional, versatilidad y facilidad de palabra se sitúa entre los de una goma de borrar y un tomate de invernadero. Aun así, y gracias a lo mucho que dio que hablar en “Supervivientes”, consiguió trabajo en “Sálvame” como material combustible en la hoguera de las vanidades. Allí tocó techo el día que se hizo una entrevista a sí mismo y consiguió arrancarse este titular: “Soy un referente para muchos jóvenes, he condicionado a una generación entera”.

Pero oscuros nubarrones se cernían sobre su futuro. Con miedo a ver frenada su carrera, vio el cielo abierto hace unos días cuando el presentador de “Cazamariposas” entró en directo a “Sálvame” y le hizo una propuesta deslumbrante. Le ofreció hacer un casting para presentar “Cazamariposas”, para lo cual debería ir antes por el programa, preparar su propio guion sin apenas tiempo y presentar una entrega en directo supliendo la falta de cue con memoria y capacidad de improvisación. Aceptó, fue, lo hizo, y la cagó de tal manera que fue el hazmerreír de Mediaset. En “Sálvame” le dedicaron un programa para pitorrearse de él en su cara dándole cera por turnos.

Rafa ha vuelto a triunfar. No ha logrado su sueño de ser presentador, pero al menos sí una cabezadita: ¡lo han contratado como copresentador interino veraniego sustituto en prácticas de momento! Hemos de reconocer que la historia es edificante. Otra cosa es qué es lo que se está edificando en ella.

1/8/19

EL DESNUDO AL DESNUDO


Que digan lo que quieran, pero los participantes en “El contenedor” están vestidos. Todo el rato. Antena 3 dice que están desnudos simplemente porque les quita la ropa. Qué exagerados. Incluso dicen que los despojan de todos sus bienes materiales y se los meten en un contenedor para que al verse sin nada conozcan el valor de lo que tienen y sepan cuáles son realmente sus prioridades. Madre mía, cuánta mentira.

Quitarle a una persona todas las cosas que tiene en casa y dejarlo entre cuatro paredes peladas es muy espectacular y da mucho juego en pantalla. Desde el principio que empiezan a desfilar las cajas de la mudanza hasta el final que no queda ni una pelusa en un rincón. Pero si de verdad quieren enseñar a alguien el valor de lo que tiene, que empiecen por quitarle justo lo que le dejan: su casa. Con nuestro mercado inmobiliario y sus precios, todas las demás cosas que se puedan llevarse queda reducida a un montón de cachivaches que no dan ni para pagar la entrada.

Respecto a quedarse desnudo, no me fastidien, allí nadie está desnudo. Se llevan su ropa, sí, pero como no se llevan su educación, sus prejuicios y su pudor, nadie está desnudo. Nada más quedarse sin ropa, los participantes vuelven a vestirse, pero esta vez sin ella. No les queda otra que aguzar el ingenio para vestirse como buenamente pueden: con sus manos, el pelo, posturas extrañas, cajas de cartón, una rejilla, lo que sea que pillen. Si algo les sale mal en sus contorsiones y apaños, no importa. Como tampoco a los espectadores nos han despojado de nuestra educación y nuestros prejuicios, el programa hace una selección de imágenes que tape castamente a los participantes para que en todo momento sigan vestidos por obra y gracia de la mesa de montaje. Con la enorme oferta de desnudez sin pamplinas que tenemos a nuestro alcance, quien ve “El contenedor”, quien ve la tele generalista, lo hace porque no quiere ver a nadie desnudo. En buen lío se metería Antena 3 como no cumpliera eso.