3/1/12

ESQUÍ

La alarma partió inicialmente del Centro Astronómico de Los Realejos. Inexplicablemente, los relojes atómicos con los que allí se trabaja en mediciones estelares no habían registrado el paso del año 2011 al año 2012. Cuando se estaban revisando los dispositivos responsables de la anomalía comenzaron a llegar informes de otras partes de España: el Instituto Geofísico de Almería, la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo, el Centro Turing. Todos los relojes seguían marcando el año 2011. Y en cuanto los medios recogieron la noticia quedaron bloqueados por millones de llamadas que venían de cada rincón del país: todos los relojes de todos los ordenadores, de los despertadores, de los móviles y demás dispositivos digitales habían pasado del 31 de diciembre al 1 de enero pero seguían marcando el año 2011. Cundió el pánico.

Ninguna explicación parecía convincente. Se habló de los mayas, del bosón de Higgs y de los recortes económicos de Rajoy. Se recomendó a la ciudadanía no cambiar manualmente la fecha de los relojes y se decretó el estado de Alarma. Cristianos de varias religiones gritaban eufóricos por las calles llamando al arrepentimiento y anunciando la inminente parusía del Mesías. Hasta que un viejo catedrático de Fenomenología de la Universidad de Zaragoza aseguró que todo era debido a que Televisión Española no había emitido, por primera vez en su historia, los saltos de esquí en la mañana del 1 de enero. Al principio nadie le tomó en serio, pero pocas horas después Soraya Sáenz de Santamaría desveló unos estudios secretos que dicho filósofo experimental había conducido en los años 80 en las Chafarinas, unos islotes españoles situados enfrente de la frontera entre Marruecos y Argelia: con un sistema de televisión local se emitían cada pocos días los saltos de esquí. Los relojes de las Chafarinas adelantaban un año cada vez que esto ocurría.

Así que se contactó rápidamente con TVE, y en la madrugada del 2 al 3 de enero se emitieron en diferido los saltos de esquí. Desapareció el error en todos los relojes de España. Comenzaba el año 2012.

2/1/12

PROGRAMAS PARA MIRAR Y PROGRAMAS PARA VER

Empecemos por una distinción básica: en Nochevieja hay programas de televisión pensados para ser mirados y otros pensados para ser vistos. El especial que José Mota realiza cada año para la televisión pública es un ejemplo perfecto de programa pensado para ser mirado en primer plano; el greatest hits de momentos curiosos de Antena 3 es un ejemplo perfecto de programa pensado para ser visto de fondo. Segunda distinción básica: en Nochevieja hay programas de televisión pensados para ser comentados al día siguiente y otros pensados para no ser comentados ni siquiera durante su emisión. El especial que José Mota realiza cada año para la televisión pública es un ejemplo perfecto de programa pensado para perdurar; la película que emitió laSexta antes de las uvas, -¿cuál era? ya no me acuerdo-, es un ejemplo perfecto de programa del cual absolutamente nadie habló ni antes ni durante ni mucho menos después de su presencia en la pantalla. Y con la tercera distinción básica terminamos la introducción a este largo artículo: en Nochevieja hay programas de televisión destinados a un público más amplio que el habitual de la cadena y otros destinados a los incondicionales del canal. El especial que José Mota realiza cada año para la televisión pública es un ejemplo perfecto de programa que es visto por espectadores no necesariamente fieles a TVE; la gala con la que Telecinco despidió 365 días de programación que nunca debieron haber existido sólo puede ser soportado por la ciudadanía ya habituada a ese mejunge de caspa y vellosidades intestinales que la cadena de Fuencarral llama "televisión". Y ahora, con la fortaleza que supone estar armado de distinciones hasta los dientes, podemos abordar la tarea de analizar lo que cada canal nos ofreció el 31 de diciembre:

- TVE: El especial de José Mota es el gran programa de Nochevieja de la televisión española. Punto. No creo que nadie pueda ponerlo en duda y, sinceramente, no parece que a las demás cadenas les importe un pito que sea así. Aunque la entrega de anteayer fue probablemente la más floja de los últimos años, excesivamente apoyada en imitaciones que ya conocíamos y en canciones pelín chuscas, volvió a ser el único espacio que no huele a relleno, hasta el punto de convertirse en el referente contra el que se comparan el resto de cadenas e incluso la muy bajonera gala igartiburuana con la que TVE dio paso a las campanadas, -¿por qué, por qué, Señor, no se programó primero a Igartiburu y después a Mota? ¿no era obvio?-.

- Antena 3: "A mala hostia, todo vuela", decían Faemino y Cansado. Si se lo propone incluso Tele Mota del Marqués puede encontrar cincuenta momentos simpáticos ocurridos durante el año con los que componer dos horas de televisión de fondo. Así que imaginaros lo que podrá hacer Antena 3. Hace cuarenta años estos pachtworks de fragmentos se usaban como relleno cuando había desajustes en la programación y de pronto había que emitir algo. Ahora son el programa estrella de la noche más importante del año. Pongamos que para el año que viene se lo curran un poco más.

- Cuatro: esta cadena se sostiene sobre dos patas: teledocumentales de telerrealidad de exteriores y concursos de interiores de serie B. Su programación nocheviejera se sostuvo sobre dos patas: un teledocumental de telerrealidad de exteriores y un concurso de interiores de serie B. A los primates nos fue bien cuando nos erguimos sobre dos patas para salir a la sabana. No está tan claro que un canal recién absorbido por el desierto pueda mantener tan bien también ese equilibrio.

- Telecinco: ¡feliz 1982! Joaquín Prats jr. y Paz Padilla. Isabel Pantoha. Gags con falso público construido con material descartado por Marianico el Corto. Escenas de patrimonio. ¿Hay que explicar algo más? Ah, sí, cuáles son los derechos sindicales y cómo es el convenio colectivo de los guionistas de los diálogos entre Prats y Padilla, así como los efectos neurodegenerativos de retroceder treinta años en el tiempo durante una cena en la que suele abusarse del alcohol.

- LaSexta: laSexta emitió una peli, ¿no?

PIRAMIDIOTAS

Piramidiotas: he aquí un nuevo término que aprendimos en 2011 gracias a ese potentísimo artefacto educativo creado por el hombre que es la televisión. Vale, es exagerado resumir el pasado año televisivo con esta sola palabra, pero es algo que vale la pena recordar estos días que toca mirar atrás y hacer balance.


Las revueltas de la primavera árabe son la imagen del año pasado, con permiso del tsunami japonés (son curiosos los viajes que realizan las palabras y nos hacen caer en redundancias como “whisky escocés”, “acelga siciliana” o “tsunami japonés”). La caída del que durante años fue todopoderoso faraón egipcio Hosni Mubarak nos mostró que en política el sistema dictatorial es un error. Meses después, Canal Historia emitió la serie documental “Cazando momias” centrada en la figura del que fue todopoderoso faraón arqueológico egipcio Zahi Hawass. Los promos de la serie se centraban en el “aspecto político” de Hawass: su inmenso poder en el campo de la arqueología, el trato tiránico que ejercía sobre sus subordinados, sus modales dictatoriales. Sin duda algo lamentable, pero otra cosa es el “aspecto científico” de Hawass. Su valía científica es innegable y su animadversión hacia la pseudociencia, el ocultismo y los chiflados piramidólogos y sus locos cacharros le hizo un gran bien a la egiptología seria y la ciencia en general.

En “Cazando momias” vimos, con permiso de Howard Carter, cosas maravillosas. Pero hoy recordaremos cómo Hawass llamaba despectivamente piramidiotas a los piramidólogos. Demostró que los constructores de las pirámides no eran esclavos y mucho menos extraterrestres, también mostró que debajo de la Esfinge no hay ningún pasadizo secreto y que las cuevas de origen natural que hay en Giza ni son misteriosas ni llevan a las pirámides. Obligó a las cámaras a mostrarlo todo para intentar algo imposible: que dejaran de decir tonterías los piramidiotas.

31/12/11

TARANCAMOS/TARANCÓN

- Comenzamos
- Comenzón
- Empezamos
- Empezón
- Tarancamos
- Tarancón

Para llenar un telefilme basado en la vida de una persona de forma que no se desparrame todo por el suelo hay que tomar tantas precauciones como las que tomaban “Tip y Coll” para llenar un vaso de agua. Y, por lo visto anteayer por la noche en La 1, para hacer “Tarancón, el quinto mandamiento” se las tomaron. Así se explica que tantos espectadores optáramos por beber este vaso de agua fresca y bien servida, y no el que rellenó Telecinco con las aguas estancadas de “Acorralados”.

Para basar un telefilme en una persona hace falta que tenga un perfil sólido, hace falta que su vida tenga un calado y recorrido que garantice un guion consistente, hace falta que haya vivido y participado en acontecimientos relevantes, y hace falta que quien lleve adelante el proyecto crea en él y apueste por el rigor y la calidad. El jueves por la noche TVE nos ofreció todo esto demostrando que la palabra telefilme suele esconder malos productos, pero no tiene por qué ser así.

“Tarancón, el quinto mandamiento” fue más que un capítulo especial de “Cuéntame cómo pasó” dedicado a recordar lo intensa que fue la Transición, cuánto fumaba entonces todo el mundo y cuánto humo había en todas partes. Fue un recorrido por nuestra historia y la de la Iglesia Católica desde la Guerra Civil: nos recordó que Franco era considerado un enviado de Dios, designaba obispos y desfilaba bajo palio, y mostró que la Iglesia del Concilio Vaticano II de Juan XXIII y Pablo VI que defendía monseñor Tarancón era diferente a la que en 1981 aceptó “sorprendentemente” su renuncia y a la que, en definitiva, tenemos hoy. Anteayer solo faltó una cosa: incluir entre las imágenes de ambientación el gag del vaso de agua de “Tip y Coll” diciendo aquello de “Tarancamos/Tarancón”: todos lo entendíamos, algo impensable si alguien intentara hoy hacer algo similar con Rouco Varela.

30/12/11

AHORA CAIGO DE LA MESA

No, en serio, ¿de verdad ha salido al mercado el juego de mesa del concurso de Antena 3 “Ahora caigo”? ¿Es que nos hemos vuelto todos locos? ¿Cómo va a poder reproducirse en un juego de tablero el meollo, el puñetero tema central del programa, que no es otro que la plomiza caída del concursante perdedor por un agujero que lleva a un inframundo ignoto? (Spoiler: en “Ahora caigo” los concursantes perdedores se caen por un agujero. Lo aviso porque los gritos de sorpresa de las señoras del público cuando tales precipitaciones ocurren hacen sospechar que las espectadoras creían estar asistiendo a la grabación de “Saber y ganar”).

¿Vienen dentro de la caja del juego unos muñequines ad hoc que representan a los jugadores y se colocan sobre unas trampillinas al efecto, de tal manera que cuando retamos y ganamos a nuestro cuñado, éste aprieta un botonín y su avatar de plástico hace plin plin cayendo a un agujero? No es lo mismo, se mire como se mire, ese juego no es “Ahora caigo”. ¿Advierten inequívocamente las instrucciones que acompañan al tablero que cuando un participante se quede sin comodines y falle una pregunta deberá tirarse por el hueco de la escalera del inmueble en el que se hallare sin más precaución que la retirada de las gafas si las hubiere? Vale, bien, eso ya se va pareciendo más a mi concurso favorito, pero dudo mucho que un juego de esas características hubiera pasado los controles de Sanidad que tan meticulosamente cuidan de que ningún juguete destinado a niños menores de tres años contenga piezas separables pequeñas.

Cuanto más lo pienso menos lo entiendo. Ya en su día comentamos la aparición del juego de “Pekín Express” (¡!) y no me extrañaría que la próxima campaña de Reyes contara con el juego de “Supernanny” o el de “Granjero busca esposa”. Pero sigo sin saber en qué se puede parecer un juego de mesa al concurso de Arturo Valls. Nada, me rindo, y como ya no tengo comodines, se abrirá el suelo bajo mis pies y me precipitaré al Más Abajo mientras algunas señoras gritan sorprendidas.

29/12/11

LA NAVIDAD SE SUSPENDE DOS HORAS

Es fácil notar que últimamente, cada vez de forma más descarada, algunas personas no tienen reparos en hablar bien de la Navidad. Suelen ser los mismos que han empezado a llamar a los empresarios “emprendedores”, que se refieren a los especuladores internacionales como “los mercados” o que consideran que la vuelta de Ana Obregón a TVE de la mano de José Luis Moreno supondrá un soplo de aire fresco que renovará el ambiente enrarecido y monocorde que había hasta ahora. Antes fingían ser personas decentes y criticaban, aunque levemente, el espíritu navideño. Pero ahora la brutal victoria ideológica en la que están instalados les envalentona hasta la falta de vergüenza, y son capaces de negarte, a careta y calzón quitado, que la Navidad es la época del año más babosamente cursi, construida en su totalidad por intereses comerciales que no reconocen serlo, y en donde la hipocresía, la falsa conciencia y las grasas industriales en los polvorones triplica el nivel que la OMS considera máximo para que el ambiente sea respirable.

Hasta ayer, cuando por una torpeza inexplicable del mago, todos le vimos el doble fondo a la Navidad. Kiko Rivera y su novia han roto, informó el programa de Ana Rosa. Desayuné, me afeité, me duché, miré media docena de páginas de internet y volví a Telecinco. Kiko Rivera y su novia han roto, seguían informando. Bajé a la compra, llené un carro y me puse a la cola de muchos carros llenos. Llegué a casa y Ana Rosa disfrazada de Maxim Huerta seguía dando la noticia: Kiko Rivera y su novia han roto. Isabel Pantoja y su hijo Kiko son la imagen de la Navidad telecinquera. Protagonizaron la Nochebuena y protagonizarán la Nochevieja. Pero la misma cadena dedica dos horas de mal rollo a amasar e inflar una infranoticia que se agota en nueve palabras. Como si de pronto Papa Noel apareciera implicado en el caso Urdangarín. Como si se descubriera que San José participó en una edición del Gran Hermano palestino. Perdonen las dos horas de interrupción de la Navidad. Inmediatamente continuamos con la farsa.