29/2/20

SUPERVIVIENTES INTERRUPTUS


Vientos de 145 kilómetros por hora, olas de más de cinco metros de altura, unas condiciones meteorológicas de mil demonios, los cayos de Honduras donde se desenvuelve “Supervivientes” azotados por un temporal terrible, los participantes sometidos a unas durísimas circunstancias que ponen en peligro su integridad física e incluso su supervivencia… y van y los rescatan.

Justo cuando los supervivientes tenían que demostrar su condición de supervivientes, cuando el nombre del programa iba a tener algo que ver con su contenido, cuando vale la pena ver el espectáculo, cuando por fin iba a ocurrir algo que no estaba guionizado, cuando la vida en directo iba a ser de verdad la vida en directo, cuando un reality show iba a mostrar sin pamplinas la cruda realidad, cuando los cualificadísimos especialistas en supervivencia del programa iban a desplegar sus amplios conocimientos y gran capacitación para sobrevivir a tormentas y huracanes, cuando en nuestras casas hasta los más descreídos habíamos hecho acopio de palomitas para no perder detalle… se los llevan a todos a un lugar seguro en donde nada, absolutamente nada de lo que les pueda ocurrir, tenga que ver nada, absolutamente nada que ver, con la supervivencia.

Si “Supervivientes” fuera un producto envasado situado en el lineal de un supermercado, se le haría la vida imposible denunciando que su contenido no guarda relación con lo que dice el envase, se le multaría por publicidad engañosa y se le exigiría que dejara de mentir y engañar al consumidor. Pero no lo es. Es solo televisión, y aquí vale todo. Nos dicen que lo más que podemos hacer es cambiar de canal y después callar la boca. No hay asociaciones de consumidores leyendo los títulos de crédito y exigiendo que se cumpla lo que ahí pone, así que pueden escribir “Supervivientes” bien grande porque la impunidad es lo que tiene. A nosotros nos toca callar, cambiar de canal y meternos las palomitas por donde nos quepan.

28/2/20

ESTORNUDOS EN VILLALIEBRES


… y el gran titular de la jornada, estimados espectadores, sigue girando alrededor del coronavirus. Las autoridades sanitarias no se cansan de repetir que todo indica que estamos ante un problema menor, en nada diferente a una gripe normal, y que no estaría justificado que cunda el pánico por la expansión de este problema respiratorio al que, de forma excepcional, hoy dedicaremos la totalidad de este informativo. Esta mañana, el Comisionado Excepcional para Urgencias Sanitarias Devastadoras ha quitado importancia a este nuevo vir… ¡un momento, un momento! ¿sí? ¿sí, compañeros? Perdonen, me informan en este instante de que una persona ha estornudado en Villaliebres del Ajete. ¿Podemos confirmarlo, compañeros? Creo que ya tenemos conexión con nuestro enviado especial en el lugar de los hechos…

…sí, hola, Matías. En efecto, aunque el Ministerio de Sanidad guarda silencio por ahora, todo indica que en esa casa blanca del fondo una persona estornudó hace unas dos horas. No contamos aún con más datos. Las cuatrocientas personas con monos blancos y escafandras que ven detrás de mí son miembros del Ejército de Tierra que han establecido un perímetro de dos kilómetros alrededor de la casa en el que nadie puede entrar ni salir. Se han registrado algunos disturbios en el casco urbano de Villaliebres cuando los vecinos, al no encontrar mascarillas ni geles desinfectantes en la farmacia local, han invadido un popular restaurante de la Plaza Mayor para robar servilletas con las que cubrirse la boca y botellas de coñac para lavarse las manos…

… gracias, compañera. Hay virus más peligrosos que los de la neumonía, son los del alarmismo y la desinformación. Así que tenemos con nosotros en este informativo especial de doce horas de duración sobre el coronavirus a la catedrática de Infecciones Terminales Espantosas de la Universidad Complutense de Madrid, para que nos confirme y ponga en su correcta medida la escasa gravedad de esta pandemia mundial. Doctora Martínez, ¿cree usted que…

27/2/20

EL MOMENTO Y EL LUGAR EXACTOS


No, Noemí, te equivocas. Estrella Morente cantó versos de José Bergamín en el momento y el lugar más adecuados, el más necesario. El más difícil, también. Quizá eligió este momento por esta dificultad. Porque es una mujer gigante, colosal, capaz de tener simultáneamente los pies en el suelo y la cabeza en las estrellas. La crítica a la banalidad del narcisismo, del ensimismamiento infantil, de la idiocia pop no hay que hacerla a puerta cerrada en el Comité Central, ni en una revista especializada de ciencias sociales. Hay que meterse en la boca del lobo, taparse la nariz y soltar la bomba en mitad de esa Academia en donde, curiosamente, la gente no aprende nada nuevo.

Y dejaros completamente descolocados, como os quedasteis. Con ese balbuceo mental del que quiere criticar la libertad del artista pero no sabe cómo hacerlo sin ir en contra de su propia retórica, del que quiere defender la libertad del artista y se da cuenta de que el niñaterío a lo mejor se echa a llorar cuando lo oiga. Y esas lagrimitas bajan la cuenta de resultados. Al final, intentando ser y no ser, estar y no estar, Noemí Galera, responsable del “Operación Triunfo” que pasará a la historia por haber emitido en prime time versos de un poeta comunista en defensa del toreo, sólo alcanzó a titubear “no era el momento ni el lugar adecuado para hacerlo”.

Y, sin embargo, fue el momento y el lugar exactos. Y el que crea que hace falta ser protaurino o comunista para defender la hazaña de Estrella Morente demuestra estar atrapado dentro de unos esquemitas mentales muy muy pequeñitos. Basta con querer que la juventud sea una etapa de preparación y no el lugar donde quedar atascado para el resto de la vida. Basta con apreciar la valentía de cada pequeña resistencia a la apisonadora de la ignorancia y el narcisismo. Basta, incluso, con querer celebrar la primera vez en tantas ediciones de OT en donde hemos podido escuchar a alguien cantando en directo. En directo de verdad. A la mismísima Estrella Morente.

26/2/20

HAS VUELTO, MELINA


Tenemos a la clasicista británica Mary Beard para que nos guíe por la antigua Roma en la serie documental “Cómo vivían los romanos”, y así podemos conocer las tripas de una ciudad más cosmopolita que cualquier otra durante siglos y que fue la más poblada hasta el Londres en época victoriana. Tenemos a la egiptóloga británica Joann Fletcher para que nos lleve de paseo por el antiguo Egipto en “Historia de Egipto” o, acompañada por Terry Jones, en la sugerente “Historia oculta de Egipto”, un documental que se detiene en la vida cotidiana de los egipcios (el trabajo, el ocio, el maquillaje, los juegos, la comida). Tenemos muchos documentales sobre la Grecia clásica, pero quizás nos falta una Mary Beard o una Joann Fletcher que nos ayude a ver detrás de las viejas piedras a los antiguos griegos de carne y hueso. Parece que una de las consecuencias del Brexit podría ser que el Reino Unido se viera obligado a devolver a Grecia los mármoles del Partenón, horriblemente expoliados por el desagradable Lord Elgin y que llevan siglos encarcelados en el Museo Británico. No será así. Pero creo que si Mary Beard y Joann Fletcher decidieran unirse para regalarnos un documental sobre cómo vivían, amaban, sufrían, se divertían y morían los griegos que construyeron el Partenón, los ciudadanos europeos entenderíamos que hay muchas cosas urgentes por hacer, pero también hay algunas importantes. Es urgente llegar acuerdos en política agrícola. Es importante que los mármoles del Partenón vuelvan a Atenas.

Un documental no puede cambiar el mundo, pero sí la percepción del mundo. Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, no es partidario de que el Museo Británico devuelva los mármoles porque están consolidados en una de las colecciones más extraordinarias del mundo, que es como decir que Messi no puede jugar en el Newell´s argentino porque está consolidado en el Barça. Y Carmen Jiménez, conservadora  del siglo XX de los Museos Guggenheim, tampoco es partidaria de devolver los mármoles con el poderoso argumento de que durante años los griegos descuidaron su patrimonio. Jodeos, griegos pasotas. ¿Cómo luchar contra el insoportable quietismo y elitismo de los Zugaza y Jiménez del mundo? Con un documental sobre la vida cotidiana de un cantero del Partenón. Ya no está con nosotros la gran Melina Mercouri para poner voz y rostro a ese documental, pero sí están Mary Beardzakis y Joann Fletchepoulos. Has vuelto, Melina.

25/2/20

GARZÓN Y LAS PROHIBICIONES


I. Tras una filtración según la cual el ministro de Consumo limitaría ferozmente la publicidad televisiva de casas de apuestas confinándola a una pequeña ventana de horas de la madrugada, y cuando estábamos todos puestos en pie aplaudiendo, llegó la noticia de que el proyecto de ley que prepara Alberto Garzón va a incluir excepciones a esa norma, entre ellas, el permiso para incluir anuncios durante la retransmisión de competiciones deportivas. Prohibir la publicidad de apuestas deportivas salvo durante la emisión de eventos deportivos es como prohibir que se rebasen los límites de velocidad salvo cuando se conduce, o prohibir que los menores consuman alcohol salvo cuando salen de botellón. Nos tranquiliza saber que no se permitirán anuncios durante los programas de Arguiñano ni durante “La sexta noche”; así se dificultará que los jóvenes empiecen a apostar si las albóndigas estarán sosas o saladas, o el número de veces que Marhuenda va a decir “oye mira, habla tú solo, total, a mí me da igual”.

II. Y eso que todavía los espectadores guardamos una tibia esperanza de que la nueva ley propuesta desde el Ministerio de Consumo ponga fin a la cutrez chunga que vemos a diario en “Saber y ganar” cuando, tras múltiples pruebas que ponen a prueba el conocimiento de los concursantes, hacen un breve paréntesis para que Jordi Hurtado ponga su mejor sonrisa y proponga a los espectadores un chorrada de pregunta para que contesten a través del móvil pagando un pico y opten al sorteo de un premio. Ese estúpido momento, en medio de ese programa de esa cadena de esa televisión pública, chirria como una vuvuzela sonando en medio del adagietto de la quinta sinfonía de Mahler. ¿Sería mucho pedir, ministro Garzón, que incluya usted algún tipo de cláusula en su próxima ley para prohibir ese tipo de prácticas en nuestra televisión? Eso sí, si las veta, vételas completamente, no vaya a ser que prohíba las preguntas-sorteo en “Saber y ganar” salvo durante la emisión de “Saber y ganar”.

24/2/20

EXTINCIÓN HUMANA VOLUNTARIA


Existe. Créanme. Googléenlo. Existe. Se llama Movimiento para la Extinción Humana Voluntaria, y fue fundado hará unos treinta años en los Estados Unidos por un paisano de Oregón que entendía que la especie humana es inherentemente malvada, hasta el punto de que cualquier persona honrada apoyará la interrupción de la natalidad para que finalmente el último humano desaparezca sobre la faz de la Tierra y el planeta se haya librado de su mayor plaga. Pueblo del mundo, extinguíos, dejad que continúe la evolución, esterilizad a vuestros hijos, juntos de la mano hacia la extinción.

No es un movimiento banal. Entre flexiveganos y transqueer no binarios Tercera Asamblea, los antinatalistas van progresando en el mundo occidental, convencidos de que el futuro es de ellos, mejor dicho, que el futuro no es de nadie. No configuran un movimiento unitario, y las tensiones entre los que defienden el suicidio colectivo y los que tan sólo abogan por dejarnos morir amenazan permanentemente el cisma. Incluso hay quien defiende que se podría permitir tener un hijo por pareja, siempre manteniendo una tasa reproductiva que garantice el no reemplazo generacional. Paul Ehrlich, simpatizante del Movimiento para la Extinción Humana Voluntaria, recibió en 2009 el premio Margalef de Ecología, entregado por el Generalato de Cataluña. No es broma. Y lo de “Generalato”, tampoco.

Cuando me enteré de este movimiento me posicioné totalmente en contra. No podía entender de ninguna manera un pesimismo tan fundamentalista, una visión tan exageradamente negativa de la especie humana. Recuerdo haber leído de cabo a robo en internet las páginas de este Movimiento, tras lo que apagué el ordenador y me senté ante el televisor un rato al lado de alguien que estaba viendo “First dates” en Cuatro. Repito, “First dates” en Cuatro. Ahora tengo el carnet número 2504 de la delegación española del Movimiento para la Extinción Humana. Publican una revista semestral y cobran 30 euros anuales. Los pago con gusto. Me da todo igual.