6/12/08

METADONA

Tesis: "Esta casa era una ruina" es a "Gran Hermano" lo que la metadona es a la heroína. Ambas sustancias comparte bastantes características en común; al fin y al cabo, ambas son opiáceos, analgésicos, se vinculan a los mismos receptores cerebrales y provocan adicción. Y sin embargo algunas características ventajosas de la metadona hacen que su prescripción sea un tratamiento ampliamente usado contra la
dependencia de otros opiáceos como la heroína. La metadona se puede ingerir oralmente, sólo necesita del consumo de una dosis al día, es médicamente más segura, coloca menos y produce un síndrome de abstinencia de menor intensidad.

Algo parecido es lo que ocurre con "Esta casa era una ruina" y "Gran Hermano". Jorge Fernández y Mercedes Milá son ambos presentadores opiáceos y se adhieren a los mismos receptores opiáceos cerebrales provocando el bloqueo de ciertas endorfinas relacionadas con el dolor. Las historias que tienen lugar dentro de la casa de Guadalix tienen propiedades adictivas parecidas a las que sucedieron el último día dentro de una casa de Paterna. Estamos ante dos programas de estructura bioquímica semejante, pero el espacio de Antena 3 se administra mediante dosis más distanciadas en el tiempo, tiene menor capacidad de uso como droga recreativa y la interrupción de su consumo tiene menores efectos adversos entre los espectadores.

Por eso es una noticia esperanzadora que la última entrega de "Esta casa es una ruina" haya conseguido comerse con patatas al correspondiente "Gran Hermano" de turno. Quizá el consumo de realities basura de intensidad baja se consolide como una terapia de elección contra la devastadora adicción a los realities basura más patógenos, capaces de arrancar a sus adictos del mundo en el que vivimos todos y hacerles habitar en otra dimensión formada por valores y relaciones humanas exobiológicas. Los hijos yonquis de Mercedes Milá empiezan a pasar por Antena 3 para recoger su vasito de metadona. Llegan balbuceantes, ateridos, desorientados.

5/12/08

CONSTITUCIÓN DIGITAL Y MICRÓFONOS RETRÁCTILES

A ver quién es capaz de quitarle a Santiago Carrillo el micrófono porque ya lleva hablando más de 59 segundos. Mejor aún, a ver quién es el valiente que se lo quita a Manuel Fraga. De eso se trataba. Para eso nos quedamos unos cuantos el miércoles por la noche viendo la tele hasta las tantas. Uno con su parsimoniosa y medida prosodia ya nonagenaria. Otro con su genio y vitalidad aún a flor de su octogenaria piel. Pero no hubo quién le pusiera cascabel al gato: en “59 segundos” se achantaron, guardaron los micrófonos retráctiles y dejaron barra libre de tiempo y palabras.

España cambió mucho en 30 años de Constitución. En el 78 no era raro encontrar personas con el peinado de Iñaki Anasagasti. Hoy sólo se peina así Anasagasti. Entonces parecía que las imitaciones que Pedro Ruiz hacía de Fraga y Carrillo eran eternas. Hoy imitar a Fraga y Carrillo sigue siendo igual que antes (bueno, Fraga ahora necesita subtítulos), pero ya nadie se acuerda de Pedro Ruiz. Juan Carlos Rodríguez Ibarra dice que el mundo ha cambiado y aquella Constitución analógica de hace 30 años hoy habría que adaptarla a la nueva realidad digital. Un ejemplo: quien no vio el programa el miércoles por la noche puede verlo ahora en la televisión a la carta de TVE en Internet.

Pero falta el cambio más radical. Antes, en los debates, los invitados hablaban sin límite de tiempo. Mientras, los demás escuchaban y esperaban su turno. 30 años de televisión cutre nos enseñaron que debatir consiste en gritar, interrumpirse, abuchear y aplaudir. Hoy creemos que el uso de la palabra no sirve para comunicar nuestras ideas, sino para acaparar el micrófono y evitar que puedan hablar los demás. Hoy necesitamos una Constitución digital adaptada a los nuevos tiempos y micrófonos retráctiles como los de “59 segundos” para que pueda hablar el que menos grita.

4/12/08

COMO DIOS MANDA


Atrévanse a conocer al malvado alienígena Roswell.
¡Es más malo que la bruja Avería!


Vaya cómo mola. Resulta que existe una cosa que se llama el Observatorio Antidifamación Religiosa que se ocupa de escrutar las emisiones televisivas a ver si encuentra algo que resulte ofensivo para sus creencias o intereses. Cuando lo pillan, zas en toa la boca, piden que se retire de las parrillas y a por otro programa. Si padecen “tanto escarnio y tanta mofa” como dicen, deberían encontrar un par de ofensas al día, pero no. Allá por mayo pusieron el grito en el Cielo con “Salvados por la Iglesia” y ahora lo ponen con “Plutón BRBNero”. Y ya está, eso es todo.

Vista la cosecha, da la impresión de que “tanto escarnio y tanta mofa” quedan en nada. En Italia, por ejemplo, el año pasado se montó una buena cuando la televisión pública italiana compró un reportaje de la BBC titulado “Crímenes de sexo en Vaticano”. En él se cuenta que el Vaticano redactó en 1962 un documento (“Crimens Sollicitationis”) que pide a los sacerdotes que encubran los casos de pederastia en los que estén implicados otros curas. Pero en España nada. Aquí la tele pública no compra reportajes así y aunque las privadas apuestan por los telefilmes basados en hechos reales ninguna se inspira en el caso del sacerdote Jude Fay, a quien pillaron el año pasado tras llevar 7 años sacando miles y miles de dólares del cepillo de la parroquia para vivir como Dios. Si hasta Telecinco se arrugó y cortó varias escenas amorosas de “Aída” con un sacerdote. ¡Y hablo de la serie más gamberra de la tele patria! ¡Y hablo de Telecinco!

Pues aquí, ya ven, el problema es que en una serie de ficción y cachondeo de La 2, el alienígena más peligroso de la galaxia (tanto que incluso habla mal de los demás cuando no están) para demostrar lo malo que es dice que la Capilla Sixtina es “una sauna de chulo de putas”. ¿Eso es todo? Por favor, si es que así no hay manera de montar una cruzada como Dios manda.

3/12/08

EL TEMPLO EN CASA

Hace unos días viajé a Croacia gracias a uno de esos estupendos documentales con los que Canal Viajar nos permite olvidar que en el mundo existen tipos como Julián Muñoz. En las hermosas y vivas ruinas del palacio de Diocleciano en Split, un cachito del templo de Júpiter se metía en el dormitorio de un afortunado vecino con la misma naturalidad con la que hundimos una cuchara en la sopa, y entonces comprobé que no hace falta encontrarse con un gnomo en el bosque para poder vivir momentos mágicos. Ver un viejo templo romano integrado en la habitación de un moderno croata es la prueba de que vivimos en un mundo televisivo que algunas veces se parece al de la película “Amélie”, aunque por desgracia casi siempre termina enredado en mirar quién baila.

“El cine de La 2” (lunes, La 2) no es un gnomo en el bosque, pero sí es un pedacito del templo de Júpiter incrustado en nuestras vidas. El pasado lunes, por ejemplo, la película “Amén” se coló en nuestros salones, y fue curioso echar un vistazo a las ruinas de los horribles crímenes del nazismo en una cadena que malvive en el mando a distancia agobiada por los bailes presentados por Anne Igartiburu y los estudiantes extraterrestres de “Física o química”. “Amén” no tiene nada que ver con “Amélie”, por supuesto, pero sí tiene mucho que ver con el pedazo del templo de Júpiter incrustado en un domicilio particular de Split. ¿Quién no quiere tener un trozo del palacio de Diocleciano en su casa? ¿Quién no quiere tener en su televisor una ventana al cine que revuelve los pensamientos y husmea en las ruinas de historia? No siempre podemos acompañar a Amélie en sus paseos por París. A veces hay que aspirar el ciclón B de los campos de exterminio nazis, para luego hacer un par de preguntas a la historia y bastantes preguntas al presente.

¿Se imaginan poder dormirse contemplando un templo romano? ¿Se imaginan poder abrir la ventana todas las mañanas y admirar el templo de Diocleciano en Split, ese incomparable diálogo entre nuestro mundo y el de la antigua Roma? No tenemos esa suerte. Pero sí tenemos la suerte de poder abrir la ventana de nuestro televisor y ver películas como “Amén”. Que no falte esa ventana. Amén.

2/12/08

CALLEN, CALLEN

Chissss. No hagan ruido. Callen, callen, no me hablen. No me digan nada, que entonces no podré oír la tele. Es que la tengo puesta muy bajito. Casi no se oye, pero es que no quiero molestar a los vecinos. He leído en la prensa lo de los chavales éstos de Estados Unidos a los que el juez condenó a escuchar a todo volumen una hora de música diaria que no les gustase. ¿No lo han leído ustedes? Si, hombre, sí. Unos tíos de Colorado, creo, veinte años o así, que atronaban a todo el vecindario con canciones rap. Los denunciaron los vecinos. Y el juez sentenció que durante 60 minutacos cada día esos chavales tendrían que escuchar con un volumen altísimo a Barry Manilow. Barry Manilow, insisto. Barry Manilow, por si no lo habían leído bien. At the Copa-Copacabana, the hottest spot north of Habana. Con auriculares. Volumen: diez sobre diez. Atados a una camilla para evitar que los encausados se autolesionen, convulsionen, griten tanto suplicando clemencia que hagan acudir a la policía de los Estados limítrofes. Esto último lo he exagerado yo.

Pero me ha entrado el miedo. ¿Y si algún vecino me denuncia por poner la tele muy alta y algún juez sin escrúpulos me condena a escuchar a todo volumen una hora diaria de la televisión que más odio? Imagínense: llevado por mi pasión por "Bones" subo el volumen del aparato durante el capítulo de la boda entre Hodgins y Angela. De pronto suena el timbre de la puerta. Abro y antes de que se hubiera borrado de mi retina la imagen del líder de ZZ Top vestido de padrino me encuentro esposado, con mis derechos leídos, y arrojado a los pies de un juez que me condena a ver Telecinco a todo volumen durante una hora diaria. "Mujeres y hombres y viceversa", "Está pasando sábado", "Yo era Bea pero sigo siendo Bea aunque ya no soy Bea". Lo que caiga. Da miedo pensarlo, ¿verdad? Como para no tomar precauciones. No, no me contesten, que entonces no podré oír "Padre de familia". Limítense a asentir con la cabeza. No hagan ruido. Callen, callen.

1/12/08

ILUSTRES IGNORANTES RETARD

En los últimos años ha aparecido una nueva categoría de medicamentos denominada "retard". Estos fármacos están tecnológicamente preparados para que el principio activo se absorba más lentamente de lo habitual, con lo que basta con tomar pocas dosis muy espaciadas en el tiempo para conseguir que la droga se mantenga constante en el organismo con los mismos niveles que tradicionalmente requerían de una ingesta más frecuente del fármaco. Ansiolíticos, betabloqueantes o antagonistas del calcio que antes debían ser consumidos cada 4, 6 u 8 horas pueden ahora ser dosificados en periodos de 12, 24 o 36 horas gracias a la tecnología "retard", sin que disminuya en ningún momento los efectos beneficiosos del principio activo sobre el organismo. Esto facilita la adherencia a los tratamientos médicos.

Canal+ estrenó el pasado viernes el primer programa "retard" inscrito en la farmacopea televisiva. Se trata de "Ilustres ignorantes", un nuevo formato de humor basado en la conversación de cinco impresentados, tres de ellos permanentes, -los superhéroes Coronas, Colubi y Cansado-, y dos rotatorios, -Florenci Rey y Juan Carlos Ortega en el debut-. Hartos de los monólogos cómicos, la televisión ha decidido por fin probar qué tal funcionan los diálogos cómicos. Y funcionan de maravilla, aunque "Ilustres ignorantes" debería llamarse "Ilustres ignorantes retard", ya que se emite una única vez al mes gracias a una tecnología química tan sofisticada que consigue que esa única entrega mensual mantenga alto el estado de ánimo del espectador durante 30 días enteros. Otros programas requieren de dosis semanales o incluso diarias, pero la farmacocinética del presentador Coronas y sus alfiles Cansado y Colubi logra que las elevadísimas dosis de feliz inteligencia que contiene el programa se vayan liberando lenta pero eficacísimamente. Nunca un programa tan breve tuvo un efecto tan prolongado en el tiempo. Ha aparecido una nueva categoría de programas televisivos.