
dependencia de otros opiáceos como la heroína. La metadona se puede ingerir oralmente, sólo necesita del consumo de una dosis al día, es médicamente más segura, coloca menos y produce un síndrome de abstinencia de menor intensidad.
Algo parecido es lo que ocurre con "Esta casa era una ruina" y "Gran Hermano". Jorge Fernández y Mercedes Milá son ambos presentadores opiáceos y se adhieren a los mismos receptores opiáceos cerebrales provocando el bloqueo de ciertas endorfinas relacionadas con el dolor. Las historias que tienen lugar dentro de la casa de Guadalix tienen propiedades adictivas parecidas a las que sucedieron el último día dentro de una casa de Paterna. Estamos ante dos programas de estructura bioquímica semejante, pero el espacio de Antena 3 se administra mediante dosis más distanciadas en el tiempo, tiene menor capacidad de uso como droga recreativa y la interrupción de su consumo tiene menores efectos adversos entre los espectadores.
Por eso es una noticia esperanzadora que la última entrega de "Esta casa es una ruina" haya conseguido comerse con patatas al correspondiente "Gran Hermano" de turno. Quizá el consumo de realities basura de intensidad baja se consolide como una terapia de elección contra la devastadora adicción a los realities basura más patógenos, capaces de arrancar a sus adictos del mundo en el que vivimos todos y hacerles habitar en otra dimensión formada por valores y relaciones humanas exobiológicas. Los hijos yonquis de Mercedes Milá empiezan a pasar por Antena 3 para recoger su vasito de metadona. Llegan balbuceantes, ateridos, desorientados.



