12/2/09

23 F: LA TRAICIÓN DEL REY

Las cosas no pueden seguir así. Juré la Constitución Audiovisual de 1978, es cierto, pero si quiero ser leal a mis principios tengo que tomar una determinación. La televisión se está riendo del pueblo español y los patriotas no podemos seguir consintiendo semejante espectáculo. Casi treinta años sin que la tele se acordase del 23-F y ahora dos cadenas se pelean por emitir lo mismo el mismo día a la misma hora. Bueno, exactamente lo mismo no, que una lo llamó “23-F: historia de una traición” y otra “23-F: el día más difícil del Rey”.

Qué coincidencia más sospechosa. Como si no hubiera golpes de Estado en la gloriosa historia de España en los que inspirarse que tienen que coger las dos cadenas el mismo a la vez. Tal vez quieren transmitir un mensaje subliminal para que los españoles queden con la sensación de haber visto “23-F: historia del día de la traición más difícil del Rey”. Y el Rey consolando a la Reina como si fuera una dependienta que temiera quedarse en paro: “No te preocupes, no ocurrirá como en Grecia”. Algo intolerable. O, peor, quieren que parezca que aquí no sabemos dar golpes de Estado y el teniente coronel Antonio Tejero se puso a dar el golpe en La 1 sin darse cuenta de que hacía rato que él mismo lo estaba dando en Antena 3. Qué ridículo, chocaba consigo mismo en las alcantarillas del poder como el Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular habían chocado en las alcantarillas de la casa de Pilatos en “La vida de Brian”. Al menos Telecinco tuvo la dignidad de no empeorar las cosas haciendo otro telefilme simultáneo sobre el 23-F, ¿o será que prefiere pagar un dineral a Tejero para que les conceda una entrevista?

Está claro, debemos derogar la Constitución Audiovisual de 1978 para dejarlo de verdad todo atado y bien atado. Quieto todo el mundo. Se sienten, coño.

11/2/09

ELUANA Y LOS TROYANOS

Hace una semana, “Documentos TV” (La 2) emitió un documental titulado “La última llamada” en el que un grupo de ancianos australianos reivindica su derecho a no pasar sus últimos días en una residencia o en un hospital bajo el control de los médicos. Se trata de algo tan sencillo como elegir el momento en que uno no quiere seguir viviendo. Estos ancianos están preparados para suicidarse antes de que la vida se convierta en una condena, aunque saben que, cuando pierdan la lucidez o la capacidad física, será demasiado tarde. Pretenden poner fin a su vida un segundo antes de que la vida no merezca la pena, y eso es tan difícil como que el Vaticano o Berlusconi entiendan algo de lo que estamos diciendo aquí.

Dentro de unos años, muchos o pocos, el derecho a morir dignamente estará tan reconocido como el derecho a vivir dignamente. Nuestros nietos (y ojalá que nuestros hijos) se asombrarán de que hubiera un tiempo en que se condenó a Eluana Englaro a vivir 17 años sin capacidad de entender ni de querer. El Tribunal Supremo italiano reconoció, por fin, el derecho de Eluana a morir. El Vaticano habla de asesinato. Berlusconi, ese hombre, se convierte de repente en un activista pro-vida, insulta al padre de Eluana y a los médicos que suspendieron la alimentación artificial, y pretende reformar una constitución de “inspiración filo-soviética” para reducir el poder del presidente de la República. El Vaticano y Berlusconi son los “troyanos” del tristísimo caso de Eluana porque son como esos programas informáticos que aparentan hacer una cosa (jugar un juego o ejecutar una aplicación) y mientras tanto están haciendo otra, como infectar el ordenador con datos corruptos (“Eluana podría tener hijos”), hacer que funcione despacio (intentos de bloquear la sentencia del Tribunal Supremo) o inutilizarlo del todo (que nada cambie para que todo siga igual). Corromper, ralentizar, inutilizar. Eso es todo.

Tras la muerte de Eluana, el presente es doloroso, pero la historia se encargará de colocar a cada uno en su sitio. Que sepan los troyanos que intentaron corromper, ralentizar e inutilizar el derecho de Eluana a morir que la historia no les absolverá.

10/2/09

ANTENA 3 EN EL REFORM CLUB

Sabido es que Phileas Fogg emprendió un viaje alrededor del mundo en 1872 movido por la apuesta de 20.000 libras que había cruzado con su compañero de club Stuart. Nadie entiende muy bien qué extraña apuesta y con quién ha podido cruzar Antena 3 para producir "La vuelta al mundo".

Dramatización: "Cómo ha progresado la televisión actual. Contamos con técnicas, estilos y posibilidades inimaginables hace pocos años", dijo el Responsable de Programación de Antena 3 a su viejo compañero Stuart. Ambos charlaban envueltos por la calidez del Reform Club. De sus copas de brandy partían caprichosos reflejos que morían en los sillones de cuero. "Tampoco será para tanto", contestó Stuart, "seguro que hay muchas cosas que la televisión no puede hacer". "¿Cómo qué?". "No sé...", Stuart dejó que una gota del licor entrara en su boca, "por ejemplo, seguro que ni tú mismo con toda tu cadena detrás puedes coger una estupenda idea y transformarla en un programa horrible". El Responsable de Programación se sintió retado. Él también bebió. "Claro que sí. La idea que quieras. La mejor que se te ocurra". "¿Serías capaz de convertir un concurso consistente en dar la vuelta al mundo en el programa más aburrido del año?". "Por supuesto. ¿Apostamos 20.000 libras?". Stuart dudó, pero asintió al descubrir que la conversación había sido seguida por los miembros más distinguidos del club, que habían interrumpido sus propias charlas y les escuchaban sin disimulo. El Responsable de Programación se levantó para servirse otro brandy y se detuvo ensimismado en el mueble bar. Su gesto indicaba una leve preocupación. Comenzó a hacer planes. Óscar Martínez en la presentación. Un plató repleto de familiares diciendo obviedades. Una realización que destaque las relaciones personales entre los participantes en vez de las características de la gente y los lugares visitados. Pruebas idiotas. Cuando volvió al sillón ya sonreía. "Lo empezaré a preparar esta misma noche", le dijo a Stuart.

9/2/09

TELEVISIÓN PARA LA CIUDADANÍA

Somos unos antiguos. Discutimos cómo resolver problemas que la realidad ya tiene zanjados hace mucho tiempo. Podemos rebuscar argumentos, convocar manifestaciones, desgañitarnos gritando consignas, utilizar a nuestros hijos como ariete para defender nuestras creencias, acudir al Tribunal Supremo para salir trasquilados pero envueltos en la bandera de la integridad y la dignidad mancilladas, indignarnos porque el Estado se inmiscuye es el sacrosanto templo de la moral privada (¡como si la moral pudiera ser algo privado!). Todo es en vano. Hace ya mucho que la realidad resolvió este asunto, partió de esta estación y nos dejó a todos en tierra, riñendo en el arcén sobre cómo realizar un viaje que empezó sin nosotros.

”Educación para la ciudadanía” en las escuelas. Tememos que durante una hora o dos a la semana un profesor dé a nuestros hijos un punto de vista diferente al nuestro y amplíe sus horizontes en asuntos como la afectividad y la moral, nos preocupa que les transmita una actitud de rechazo ante la intolerancia y la exclusión, que valore críticamente la división social y sexual del trabajo, los prejuicios sociales, racistas, xenófobos, antisemitas, sexistas y homófonos, que caiga tan bajo como para llegar a la ignominia de considerar los derechos humanos como referencia universal para la conducta humana.

¿Qué más dará? En casa, cada día la televisión vence imparable cualquier dique que queramos poner a lo inevitable. Puedes ser creacionista, pero “La noche temática” se dedica a Darwin. La eternidad de la familia tradicional es arrollada por la serie documental “¿Mejor sólo o acompañado?” del canal Odisea que enseña que en la vida hay de todo como en botica. En fin, que un solo capítulo de “Física o química” tiene más poder que todas esas clases y manifestaciones que, errando el tiro, queremos tener bajo nuestro control.

8/2/09

TELEVASILE


Paolo Vasile merece tener un programa de televisión. No para mandar en él, porque ya manda en muchos siendo como es el gran jefe blanco de Telecinco. Merece un programa de televisión para salir en él. Para disponer de un púlpito desde el que impartir doctrina. Solo o en compañía. Mirando fijamente a cámara o en alegre conversación. Debatiendo con el público en plató o respondiendo a llamadas telefónicas. Eso da igual. Lo importante es que lo tenga.

Vasile podría optar por un formato más egocéntrico, al estilo del “Aló, Presidente” que usa Hugo Chávez en Venezuela, o por uno más coral, como el que ya probó en los primeros años noventa el por entonces presidente de Telecinco, Pedro Durán, en la tertulia satírica “Este país necesita un repaso” que moderaba José Luis Coll. Vistas las críticas que hizo a la última emisión de “Tengo una pregunta para usted”, que destilaban envidia por los cuatro costados, tal vez sea éste el formato que quisiera para él y su cadena a mayor gloria de ambos. Pero eso da igual. Lo importante es que lo tenga.

Lo que no es de recibo es que el responsable televisivo más conocido del país, el más combativo, el que más disfruta disparando a diestro y siniestro, el que más revuelo y repercusión social consigue con sus declaraciones, el que se ve metido en más polémicas enfrentándose a todo lo que se menea, sea YouTube, La Sexta o la televisión pública (a la que no pierde ocasión de dar un par de collejas cada vez que le ponen un micrófono a tiro), ande soltando sus cargas de profundidad sin que los españoles podamos disfrutar del espectáculo en directo. Un showman como Vasile necesita un programa a su medida. Todos se lo agradeceríamos, pero los críticos de televisión… qué felicidad, los críticos de televisión veríamos el cielo abierto.

7/2/09

KEPLER Y LORNE MICHAELS



Enfrentado a la variedad fenoménica infinita del Cosmos, Johannes Kepler tuvo la inmensa grandeza de formular tres leyes sobre el movimiento de los planetas de carácter universal. Kepler no poseía todavía telescopio, por lo que sus observaciones eran rudimentarias y se limitaban a los planetas directamente visibles desde la Tierra. Pero las fórmulas de Kepler funcionan por igual aplicadas al movimiento de Marte alrededor del Sol que al movimiento de cualquier otro cuerpo celeste alrededor de su centro de gravedad en los confines del universo. No importa en qué lugar del Cosmos nos encontremos: allí también rigen las fórmulas de Kepler. Lorne Michaels no estudió teología ni vivió en el siglo XVII, pero en 1975 dio con la formula perfecta del show de entretenimiento televisivo: números desternillantes a cargo de humoristas de raza, un famoso por semana participando en los gags, las mejores bandas musicales, un diseño delicioso de cada detalle. Y todo en vertiginoso directo. Lo llamó "Saturday Night Live" y ha supuesto para la televisión lo que las leyes de Kepler supusieron para la astronomía.

No importa en qué lugar del planeta nos encontremos: allí también funciona SNL. Lo comprobamos anteayer en Cuatro, que estrenó la versión local del show de Lorne Michaels y nos ofreció la mejor hora de entretenimiento del milenio. Resumamos: los gags moviéndose entre el notable y el sobresaliente; los actores, del primero al último, oscilando entre el sobresaliente alto y la matrícula de honor; Resines más que digno, los cameos de Nuria Roca y Pepe Viyuela, clavaítos. Y todo en un emocionantísimo directo, con una frescura y una calidad visual que te obligaba a mirar cada poco por la ventana seguro de que vas a ver al fondo el puente de Brooklyn bajo la nieve. El universo catódico tiene sus leyes y todos los jueves la televisión gira con una trayectoria elíptica teniendo a "Saturday Night Live" en uno de los focos.