6/7/09

CUATRO AÑOS DE ACENTOS

La grandeza, la inmensa grandeza de "Con todos los acentos", -celebró este domingo su cuarto cumpleaños; felicidades, amigos-, radica en que las pieles y las miradas de cualquier lugar del mundo caben en un único espacio. Ésa es una diferencia importante que existe entre el programa más noble de la televisión española y los miopes programáculos religiosos protestantes, judíos y musulmanes que le anteceden en la mañana temprana dominical de La 2. Dos presentadores españoles nacidos en cualquier país van dando paso durante media hora a todo tipo de personas con todo tipo de creencias, todo tipo de valores y todo tipo de aptitudes dispuestas a encontrar acuerdos a sus diferencias que les permitan vivir en sociedad. La inmigración argentina no tiene su propio programa de televisión en donde se hable únicamente para los inmigrantes argentinos y que se emita justo antes del programa dedicado a la inmigración árabe en donde inmigrantes árabes hablan únicamente para inmigrantes árabes minutos antes de la emisión del programa dedicado exclusivamente a la inmigración china. Por supuesto que habrá conflictos entre tantas personas tan distintas, pero la existencia de un único "Con todos los acentos" es prueba de la voluntad, la necesidad y la posibilidad de resolverlos.

Y esto tan elemental es impensable cuando hablamos de religión. "Buenas noticias", "Shalom" e "Islam, hoy" no podrían ser jamás secciones de un único programa, nunca podrían acordar un presentador común, no encontrarían jamás una única cabecera por la que se sintieran los tres representados. Cuando anda la dogmática en medio, -por cierto, ¿por qué estos programas hablan tan poco de sus respectivas dogmáticas?-, el conflicto sólo se resuelve convirtiendo al infiel o, al menos, recluyéndose cada uno en diferentes programas de televisión. Dejemos que los pastores, los imanes y los rabinos sigan hablando sólo para sí mismos. Desde hace cuatro años los inmigrantes argentinos, árabes y chinos tienen un espacio común en el que trabajar juntos.

5/7/09

HERÁCLITO DE SPRINGFIELD

"Nada es permanente a excepción del cambio" escribió Heráclito de Éfeso en el siglo V a.C., y parecería que se estuviera refiriendo a nuestra época. Hace diecinueve años nadie llevaba en su bolsillo un aparato que le permitía hablar con cualquier persona que conociera; era necesario buscar en libros de papel cualquier dato que se necesitara; los coches no llevaban incorporados sistemas para guiar hacia cualquier dirección a la que se quisiera ir. Hace diecinueve años la música sólo podía escucharse en la radio, en planchas de vinilo o en cintas de casete; la única televisión que existía era la televisión pública, y los profesionales del medio nunca nombraban términos como share, reality show, target o spin off; las películas de cine se veían en salas gigantescas situadas en los centros de las ciudades. Hace diecinueve años a nadie se le ocurría casarse por lo civil y, si lo hacía, la ceremonia consistía en la firma de unos papeles en el despacho de un funcionario; a nadie se le ocurría declararse homosexual y, si lo hacía, el resto de su vida se convertía en una sucesión de burlas, desprecios y marginaciones; a nadie se le ocurría exigir que sus hijos no estudiasen religión en la escuela y, si lo hacía, era inmediatamente considerado un ateo fanático o un adepto de alguna secta extravagante.
"Nada es permanente a excepción del cambio y de Los Simpsons" habría escrito Heráclito de Éfeso si no hubiera tenido la desgracia de morir pocos años antes de que comenzaran las emisiones de la mejor serie de la historia de la televisión. Hoy Antena 3 estrena su temporada 19 y nos permitirá comprobar cómo lo único que tiene en común el planeta Tierra de 2009 con el planeta Tierra de 1990 es que los habitantes de Springfield siguen teniendo la piel amarilla, cuatro dedos en cada mano y componen el conjunto de personajes más lúcidos, entrañables, hirientes y cómicos que ha creado la ficción en el último siglo. Michael Jackson ha muerto, vale, pero "Los Simpsons" siguen proporcionándonos certezas en medio del cambio.

4/7/09

EL TOPO ES "EL TOPO"

Veámoslo de esta manera: la programación actual contiene juegos, pero ella misma es un juego. La programación actual contiene realities, pero ella misma es un reality. De hecho, está teniendo lugar en la televisión española durante estas semanas el rodaje de uno de los programas concurso más prometedores para la próxima temporada, en donde las propias cadenas son los propios concursantes del juego. La dinámica es muy sencilla: una cadena ha infiltrado un programa en la programación de otro canal para conseguir que ese canal pierda toda la audiencia posible y ganen por tanto las audiencias de las demás cadenas. Si el programa infiltrado es descubierto por los directivos de la cadena será eliminado de la programación y volverá a empezar otra ronda del reality. Si el programa infiltrado pasa desapercibido puede mantenerse durante semanas sangrando el share del desafortunado anfitrión.

En definitiva, que en la programación actual hay un topo. Y yo apuesto, claro, a que el topo es "El topo". Telecinco está infiltrado y, por una vez en la vida, coinciden el "acusado por el público", el "acusado por el grupo" y el que "ha perdido el reto individual". Semana tras semana las audiencias de "El topo" transcurren bajo tierra, el reality de Telecinco se arrastra por túneles antípodas oscuros y va apartando la tierra sucia que le rodea con los dientes hipertrofiados de Emilio Pineda. No cabe duda de que una mala idea como "El topo" no puede haber nacido en la propia cadena que la emite. Tiene que tratarse de una operación de contraespionaje de las cadenas rivales que sólo parecería un programa autóctono en un canal que emite programas como "Mujeres y hombres y viceversa" o "Guaypaut". Cuando llegue septiembre la Sexta, por ejemplo, emitirá el reality que se está rodando este verano en nuestra programación televisiva. Pero ya sabremos todos el desenlace: el topo era "El topo". Quizá entonces Telecinco se anime a retirarlo.

3/7/09

EL COCHE MONÁRQUICO

De verdad, hay dos cosas en la vida que es mejor no modernizar: una es la monarquía, la otra es "El coche fantástico". Sobre la primera habló durante un rato María Teresa Campos durante la interesante charla que mantuvo con Andréu Buenafuente en la noche del miércoles. "Claro", cito de memoria, "la monarquía ya se ha modernizado todo lo que se se puede modernizar. Ya se ha hecho constitucional y parlamentaria. No podemos modernizarla mucho más. Si ellos empiezan a querer ser vistos y tratados como gente normal, la gente normal va a querer ser vista y tratada como ellos. Si modernizamos mucho la monarquía en lo que terminamos es en una...", dudó si terminar la frase, "en una...", repitió. "República", cerró Buenafuente y de pronto comprendí por completo las razones del fracaso de la nueva etapa de "El coche fantástico". "Knight Rider 2008" ha terminado su paseo por la programación de los EE.UU. tras 17 capitulillos. En España podemos verlos en Sci-Fi, -Digital+, Imagenio-, y comprobar los peligros de intentar modernizar aquello cuya esencia está basada en las armaduras medievales.

Está en la naturaleza de un régimen basado en la herencia familiar de la jefatura de un Estado su carácter anticuado, como está en la naturaleza de "El coche fantástico" esa calidad de imagen de videoclip de Dire Straits, ese David Jaseljof discípulo aventajado de Arturo Fernández, esas tramas tan planas y previsibles como el movimiento zis zas zis zas de la roja lucecita delantera de KITT. Si se intenta convertir "El coche fantástico", -"El auto increíble" en México, ¿no es delicioso?-, en "Bones", la gente va a pasar de ver "El coche fantástico" y continuará viendo "Bones". Dejemos a los reyes en sus castillos mientras la Historia se lo permita. Que Buenafuente siga haciendo el mejor late night nunca visto en España. Y que los yanquis se atrevan a rodar una verdadera nueva etapa de "El coche fantástico" en baja definición con hombreras y sólo comercializada en cintas de VHS.

2/7/09

OLD FRIENDS

Dato para la reflexión: uno ve cómo van envejeciendo los amigos contemplando cómo van cambiando con el paso del tiempo, y uno ve cómo va envejeciendo "Friends" contemplando cómo no va cambiando con el paso del tiempo. Es, quizá, la mayor diferencia entre los amigos de verdad y la serie "Amigos". Si nuestros amigos se mantuvieran siempre igual, con el mismo peinado, la misma forma de ser y el mismo guión en sus vidas década tras década comentaríamos sorprendidos los jóvenes que se conservan. Pero los amigos de "Amigos" se mantienen siempre igual, con el mismo peinado, la misma forma de ser, el mismo guión en sus vidas década tras década y comentamos sorprendidísimos lo muchísimo que están envejeciendo.

Cuatro ha comenzado a reemitir "Friends" a la hora de comer. Los diálogos toscamente afilados de la tertulia política de Concha García Campoy se han visto sustituidos por los diálogos cortantes como cuchillas de Chandler y los demás. Pero, justamente por seguir igual que siempre, resulta que algo ha cambiado en ellos. Siguen teniendo treinta años, pero ahora no pueden ocultar que ya son padres, casi abuelos, de "The Office" o la serie de Larry David. Cuando aparecen en pantalla ésta se vuelve ligeramente turbia, como si se llenara de pequeñas arrugas; cuando el argumento de cada capítulo da uno de sus giros el televisor emite un suspiro bajísimo, casi imperceptible, como hacen los cincuentones cuando se levantan del sofá; cuando terminan su actuación se les ve retirarse lentamente y Rachel no puede evitar palparse dolorida las lumbares. ¿"Diálogos cortantes como cuchillas"? Pero si los diálogos entre Ross y Monica ya no cortarían ni la mantequilla de las tostadas del desayuno de Peter Griffin.

"Viejos amigos sentados en un banco del parque como sujetalibros. Los sonidos de la ciudad, colándose entre los árboles, se posan como polvo sobre los hombros de los viejos amigos", cantaba Paul Simon en "Bookends", uno de los mejores discos jamás grabados en el siglo XX. La reemisión de "Friends" nos habla entre risas de la inevitabilidad del paso del tiempo. Ellos siguen iguales, es decir, viejos. Nosotros hemos cambiado, es decir, hemos envejecido.

1/7/09

SANDOKÁN EN SEATTLE

Canal + vuelve a emitir la serie “Frasier” desde el primer episodio. Aleluya. Como en un péndulo ideal, los personajes de “Frasier” son cuerdas sin masa en las que no existen fuerzas de fricción debidas a los distintos períodos de movimiento para los diferentes segmentos de cuerda, así que Canal + o incluso Telecinco pueden emitir y volver a emitir “Frasier” sin que la serie pierda fuerza, gracia, altura y belleza. “Frasier” es la serie ideal, y su movimiento no se ve perturbado por la resistencia del aire de la audiencia. Nos espera todo un verano con “Frasier”. La vida es bella.

El “Che” Guevara leía de niño los libros de Emilio Salgari, y reconoció que Sandokán había sido su primer modelo de guerrillero antiimperialista. Si Ernesto estuviera vivo, no sé si vería “Frasier”, pero estoy seguro de que encontraría muchos parecidos entre Sandokán y Frasier Crane. El psiquiatra de Seattle es un pirata que se mueve por su emisora de radio con la misma agilidad con la que Sandokán se movía por el sudeste de Asia. Que no nos confundan el aparente snobismo de Frasier, su egocentrismo, su amor por los placeres delicados y exclusivos. Fraser Crane es un guerrillero que lucha contra el imperio de la grosería televisiva, y sus réplicas cortantes como cuchillos y divertidas como la anatomía de un ornitorrinco son bombas contra Carlos Baute, Jorge Javier Vázquez o las noticias de “Tal cual lo contamos”. Sandokán ya no lleva barba, sino que viste trajes caros y bebe vinos de nombre impronunciable, pero es un revolucionario.

Fraser Crane nos ha recordado algo que ya había dicho el poeta Horacio: el sabor de un manjar no está en el plato, sino en el paladar. Respetar el paladar del espectador y no intentar engañarlo con platos llenos de Bautes y Jorgejavieres es revolucionario. Viva el Tigre de Malasia. Viva el Tigre de Seattle. Sandokán no ha muerto, es psiquiatra, muy pedante, tiene un hermano que se llama Niles, es asiduo del café Nervosa y está dispuesto a salvar el mundo con una serie que confía en los paladares y no se ve perturbada por la resistencia del aire. ¡Al abordaje!