02 julio 2009

OLD FRIENDS

Dato para la reflexión: uno ve cómo van envejeciendo los amigos contemplando cómo van cambiando con el paso del tiempo, y uno ve cómo va envejeciendo "Friends" contemplando cómo no va cambiando con el paso del tiempo. Es, quizá, la mayor diferencia entre los amigos de verdad y la serie "Amigos". Si nuestros amigos se mantuvieran siempre igual, con el mismo peinado, la misma forma de ser y el mismo guión en sus vidas década tras década comentaríamos sorprendidos los jóvenes que se conservan. Pero los amigos de "Amigos" se mantienen siempre igual, con el mismo peinado, la misma forma de ser, el mismo guión en sus vidas década tras década y comentamos sorprendidísimos lo muchísimo que están envejeciendo.

Cuatro ha comenzado a reemitir "Friends" a la hora de comer. Los diálogos toscamente afilados de la tertulia política de Concha García Campoy se han visto sustituidos por los diálogos cortantes como cuchillas de Chandler y los demás. Pero, justamente por seguir igual que siempre, resulta que algo ha cambiado en ellos. Siguen teniendo treinta años, pero ahora no pueden ocultar que ya son padres, casi abuelos, de "The Office" o la serie de Larry David. Cuando aparecen en pantalla ésta se vuelve ligeramente turbia, como si se llenara de pequeñas arrugas; cuando el argumento de cada capítulo da uno de sus giros el televisor emite un suspiro bajísimo, casi imperceptible, como hacen los cincuentones cuando se levantan del sofá; cuando terminan su actuación se les ve retirarse lentamente y Rachel no puede evitar palparse dolorida las lumbares. ¿"Diálogos cortantes como cuchillas"? Pero si los diálogos entre Ross y Monica ya no cortarían ni la mantequilla de las tostadas del desayuno de Peter Griffin.

"Viejos amigos sentados en un banco del parque como sujetalibros. Los sonidos de la ciudad, colándose entre los árboles, se posan como polvo sobre los hombros de los viejos amigos", cantaba Paul Simon en "Bookends", uno de los mejores discos jamás grabados en el siglo XX. La reemisión de "Friends" nos habla entre risas de la inevitabilidad del paso del tiempo. Ellos siguen iguales, es decir, viejos. Nosotros hemos cambiado, es decir, hemos envejecido.

1 comentario:

Lilith dijo...

Oh, Dios... sabes cómo hacer sentir vieja a una treintañera con sólo 3 canas que aún sigue anclada en ese indefinido estilo de vida folloperonotengohijosytrabajoperonotengohipoteca que con el tiempo se enquista y te lo tienen que operar a golpes existenciales... maldito seas.