6/9/11

DEPRESIÓN POSTVACACIONAL COLECCIONABLE

En la tele vemos pocos anuncios. Quiero decir, vemos más anuncios de los que desearíamos, pero menos de los que quisieran los anunciantes. Es curioso: sabemos que las cadenas se financian consiguiendo audiencia para vendérsela a los anunciantes, pero cuando nos saltamos los anuncios en los programas que grabamos, cuando hacemos zapping en las pausas publicitarias o cuando vamos al baño como la tradición manda, no tenemos sensación de estar marchando sin pagar. Pensamos que no importa esquivar anuncios porque los publicistas, en sus sutiles estrategias comerciales, ya cuentan con que hacemos trampa. Si nos tragáramos los anuncios sin más, tan elaborados planes de marketing quedarían obsoletos, los pobres. Es un argumento que consideramos sólido e irrebatible porque sin duda lo es, aunque curiosamente no admitamos que es correcto robar en unos grandes almacenes porque en sus cuentas ya cuentan con un inevitable porcentaje de robos.

A lo que íbamos. El caso es que con la llegada de septiembre y el inicio del nuevo curso televisivo, estos días le dimos alguna oportunidad más a las pausas publicitarias para ver qué nuevas chifladuras en fascículos coleccionables empezaban a anunciarse esta temporada… ¡y no encontramos ninguna! El domingo por la noche ya me puse nervioso. En laSexta Eva Hache inició “El club de la comedia” hablando del síndrome postvacacional y me di cuenta de que sin los tradicionales anuncios de colecciones coleccionables nadie podría tener una depresión postvacacional como Dios manda.

Pues bien, puedo informales orgulloso de que ayer lunes vi por fin el anuncio de un coleccionable: una maqueta de un Citröen 2cv. No es gran cosa, pero es un inicio. Quien quiera ya puede ir comprando la primera entrega y disfrutando de esa depresión postvacacional a la que todo ciudadano occidental tiene derecho.

5/9/11

EL DESEMBARCO

Tras el aluvión promocional protagonizado por la serie “El barco” de Antena 3 en el FesTVal de Vitoria, algo sacamos en claro: vamos a pasar los próximos meses con los nervios nerviosos. Dicen los responsables de esta fantástica serie, quiero decir, de esta serie fantástica, que en la segunda temporada que está al caernos encima los espectadores estarán intranquilos. Ojalá fuera eso todo. Viendo lo que anuncian, más intranquilos estaremos los que no seremos espectadores de esta serie para adolescentes porque ya tuvimos bastante con la primera temporada de este sucedáneo acuático de “El internado”.

Pase que para mantener la atención de sus seguidores, además de mantener a la plantilla de actores permanentemente semivestida como hicieron hasta ahora, esta segunda temporada añada monstruos marinos prehistóricos (que, en buena lógica, dejarán de ser prehistóricos en el momento que aparezcan), mosquitos asesinos (redundante: el mosquito transmisor de la malaria ya es el animal que más seres humanos mata en el mundo) y “cataratas en el mar debido a las placas tectónicas” (desde la película “2012” no habíamos visto un pretexto de pseudociencia-ficción más disparatado). Lo que no tiene pase es que el director David Molina afirme ufano que, a diferencia de otras series, “El barco” logra en esta segunda temporada “su máxima eclosión”. Los misterios, intrigas y secretos del guión de “El barco” quedan en nada al lado de esta declaración (hasta ahora todas las series del mundo habían eclosionado en el primer episodio, como no podía ser de otra manera cuando nace algo: pues esta no).

Pero es que además anuncian que esta temporada tendrá más episodios que la primera, uno de los personajes principales morirá y encontrarán a cuatro náufragos que se incorporarán al reparto de la serie. Si marcha uno y llegan cuatro, en ese barco son cada vez más durante más tiempo. ¿Y si vuelven a eclosionar todos en una tercera temporada? Como para no estar intranquilos.

4/9/11

NO SON HORAS, FERRERAS

No son horas, Ferreras, no son horas. No me fastidies. ¿Cómo que “Al rojo vivo” va a comenzar a emitirse a las doce de la mañana a partir de mañana lunes? ¿Nos tomas el pelo? ¿A las doce de la mañana? ¿En laSexta? ¿Quieres decir que para ver el único debate de la televisión privada en el que todavía aparece gente de derechas discutiendo con gente de izquierdas va a haber que interrumpir el trabajo, o la búsqueda de trabajo, o el estudio, o la gestión de la vida doméstica, o las compras, o lo que sea que la totalidad de la población está haciendo a las 12 A.M.?

Los científicos saben que existen ciclos de veinticuatro horas a lo largo de los cuales oscilan una gran cantidad de parámetros psíquicos y biológicos. Los llaman “ritmos circadianos”. Se tiene más temperatura corporal al atardecer que al amanecer. El cortisol alcanza su nivel hormonal más alto a eso de las nueve de la mañana. Las condiciones que alteran estos ritmos, -como el trabajo nocturno o el jet lag de los viajes en avión-, pueden producir consecuencias indeseables para la salud. También en el mundo televisivo existen ritmos circadianos. La ingesta alimenticia de mitad del día predispone para la visión de telenovelas y culebrones. La hora de la cena es el momento de la jornada en donde se alcanza una mayor preferencia por los programas de humor. Y todos los especialistas saben que los debates políticos televisivos, -los de verdad, ni los de Telemadrid ni los que ocupan media hora como complemento final de un programa matinal de variedades-, han de programarse por la noche. Alterar estos ciclos en televisión puede provocar consecuencias muy peligrosas. “Después de desayunar, debates en la radio; después de cenar, debates en la televisión”, dice un refrán que se remonta a la Edad Media.

“Al rojo vivo” se reveló el año pasado como un oasis en el que refugiarse ante la expansión epidémica de los manicomios tedeteros. Ahora habrá que verlo de doblete o proponer a los invitados como tema de debate el traje de novia de la duquesa de Alba. No son horas, Ferreras.

3/9/11

DESTINOS EN LA BRISA

Ante Tom Hanks sólo caben tres posturas: o se le admira incondicionalmente como a uno de los mejores actores de la historia de Hollywood, o se le desprecia radicalmente por lo comercial y poco arriesgado de su trabajo, o se adopta cualquier otra posición intermedia entre las dos primeras. Ahora que lo pienso, cabe incluso una cuarta posición, consistente en admirarle incondicionalmente y despreciarle radicalmente a la vez. Creo que esa es justamente la mía.

Es cierto que su filmografía es particularmente conservadora; nunca ha cosechado ningún fracaso porque nunca ha apostado por nada que tuviera la menor posibilidad de fracasar. Pero también es cierto que todas sus películas tienen una calidad muy digna, sin que encontremos en la lista ninguna birria alimenticia y blockbustera como las que abundan en la obra de otros actores supuestamente progresistas y vanguardistas, -Dennis Hopper, Robert de Niro, incluso el semidios Jack Nicholson-. Es cierto que ha pronunciado la que probablemente es la frase más inteligente de la historia del cine poniéndola en boca de un tonto, -“Yo no sé si todos tenemos un destino o si estamos flotando casualmente como en una brisa. Pero yo creo que pueden ser ambas cosas, puede que ambas estén ocurriendo al mismo tiempo” (Forrest Gump)-. Pero también es cierto que durante las últimas décadas su trabajo en el cine ha sido más financiero que interpretativo, y el único papel que ha desempeñado de maravilla es el de figura amortizada del mundo del espectáculo a la que ya no le queda más tarea que engordar y llevar una vida demasiado tranquila.

Sea como fuera, el James Stewart de los últimos 30 años se merece un ciclo, y Canal Hollywood lo inició ayer y lo continuará durante cinco semanas emitiendo comedias juveniles, éxitos extraordinarios de taquilla y también “Philadelphia”. A lo mejor los contrarios no son contradictorios, sino complementarios. A lo mejor existe un destino y todo es casual al mismo tiempo. A lo mejor Tom Hanks es un gran actor y un pésimo artista.

2/9/11

CALENDARIOS SOLIDARIOS

Los calendarios solidarios han tocado techo. No lo ha descubierto ningún estudio sociológico de una universidad norteamericana. No lo ha publicado ninguna revista especializada en estudios sociológicos de universidades norteamericanas. No lo reseña ningún periódico haciéndose eco de lo publicado por revistas especializadas en estudios sociológicos de universidades norteamericanas. Pero da igual. Sabemos que han tocado techo los calendarios solidarios, esos en los que un colectivo de personas bienintencionadas pretende conciencias a la sociedad sobre un problema y recaudar fondos para su causa vendiendo calendarios ilustrados con fotos picardiosas de miembros de la asociación, agrupación o gremio en cuestión.

Lo sabemos porque en la televisión pública holandesa anuncian que estrenarán estos días un concurso televisivo que si funciona mandará a los calendarios solidarios a freír churros. En el concurso participarán cinco jóvenes entre 15 y 22 años que pronto serán expulsados del país porque a sus padres, solicitantes de asilo en su día, no les han concedido el permiso de residencia y ya han agotado todos los recursos legales para evitar la expulsión. Los jóvenes han pasado de hecho gran parte de su vida en Holanda y evidenciarán lo injusto que es tener que ser repatriados con sus padres demostrando en el concurso su conocimiento sobre la cultura general de Holanda: geografía, historia, política, arte y lenguaje. Como los calendarios solidarios, el show mezcla la frivolidad con lo serio para llamar la atención sobre un problema social. También pretende conseguir dinero para una buena causa entregando un premio de 4.000 euros al ganador para que le sea útil en su nueva vida una vez expulsado del país.

Piénsenlo ahora que saben, como sabemos aquí, qué reemplazará a los calendarios solidarios. ¿No les parece que esas fotos tan artísticas, esas poses tan medidas, esos calendarios tan inocentes, no estaban después de todo tan mal?

1/9/11

EL DÍA MÁS NORMAL DEL REY

Tras el éxito de “23-F. El día más difícil del rey”, debería llegar “23-S. El día más normal del rey”. La teleserie más vista en la historia de España, emitida en febrero de este año en La 1 en horario de máxima audiencia y reemitida estos días en La 1 en horario de máxima audiencia, debería tener por fin su continuación natural en “23-S. El día más normal del rey”. También en La 1 y en horario de máxima audiencia. Así todos sabríamos no solo cómo es la vida de un rey cuando las cosas se ponen difíciles, sino también cómo es cuando no.

Hay personas malintencionadas que reclaman –de forma tendenciosa y antidemocrática- que la continuación lógica, equilibrada y justa de “23-F. El día más difícil del rey” debería ser “23-A. El día más fácil del rey” (bueno, estas personas no piden esta fecha específicamente: les vale cualquiera de las muchísimas fechas en las que la vida del rey es requetefácil). Pero, en solidaridad con los pobres guionistas que tendrían que rellenar tres horas de televisión con lo que hace el rey en uno de esos días, pensando en que estos pobres trabajadores no merecen verse en semejante brete, no les hacemos ni caso.

“23-S. El día más normal del rey” sería una miniserie de dos episodios que retratase la vida, minuto a minuto, de un día cualquiera en la vida de Juan Carlos I. Llamadas de teléfono. Visitas. Revisiones médicas. Emoción. Intriga. Campechanía y rupturas del protocolo cada dos por tres. Y, si la cosa sale bien, podrían hacer la continuación de “23-S. El día más normal del rey” dedicando otra miniserie de dos episodios a la importante figura del príncipe, que el 31 de mayo en Pamplona ya empezó a defender su puesto rompiendo el protocolo con campechanía para enfrentarse a una malvada súbdita que reclamaba un referéndum para elegir entre monarquía o república: “31-M. El día más difícil del príncipe”. Qué emoción. Qué intriga.