6/3/14

COMO UN OMNÍVORO AMARRADO EN LA PUERTA DEL BAILE


Los leones son animales carnívoros, por lo que su alimentación será buena si comen cordero y mala si comen verdura.

- Perdone, doctor -diría un león interpretado por Faemino en una consulta con el veterinario Cansado- ¿qué es lo que debo comer?
- Cordero. Usted, en tanto que león y por consiguiente en tanto que carnívoro, debe comer cordero.
- ¿Y la verdura?
- La verdura ni tocarla. Usted hínchese a comer corderitito, que está muy rico.

Por el mismo procedimiento podemos averiguar cuál es la alimentación adecuada de un ser humano. Más difícil es saber qué hacer en otros ámbitos de la vida. Pero para eso está la tele, para decírnoslo.

Esta semana la tele dice que los humanos somos, antes que nada, seres bailarines. Anteayer, martes, Antena 3 empezó a emitir “¡A bailar!”, un espacio en el que durante varias semanas un conjunto de seres humanos enseña a bailar, juzga cómo se baila y aprende a bailar y baila. Esta propuesta se suma a la de La 1, que el lunes empezó a emitir una nueva entrega de “¡Mira quién baila!”, un espacio en el que durante varias semanas un conjunto de seres humanos enseña a bailar, juzga cómo se baila y aprende a bailar y baila. Si esta visión de la naturaleza humana prospera (la audiencia dirá), Telecinco se verá obligada a resucitar su “¡Más que baile!” y Cuatro su “Fama, ¡a bailar!”, su “Fama School” o su “Fama Revolution” (estos dos últimos son, como los anteriores, espacios en los que durante varias semanas un conjunto de seres humanos enseña a bailar, juzga cómo se baila y aprende a bailar y baila, pero que cuentan como principal diferencia con la novedad que supone que su nombre no incluye interjecciones).

Si a usted esta dieta audiovisual bailonga le produce retortijones, no se preocupe. No es que sea un humano anormal por no ser bailarín; es que la tele, una vez más, miente. Apáguela, compórtese como un omnívoro sensato y céntrese en el cordero con ensalada.

5/3/14

CINE Y PIZZA


Como Lucas Hood, el protagonista de la serie “Banshee”, no tengo paciencia con la gente que cita las Escrituras para justificar una opinión. Pero hay muchas clases de Escrituras, y una de ellas es la revelada por los pesadísimos guardianes de las supuestas esencias del cine. Reconozco que no tengo paciencia con los que citan esas Escrituras para justificar el odio a la gala de entrega de los premios “Oscar”. Ya sé que el cine no tiene nada que ver con Ellen DeGeneres repartiendo pizza entre los guapos (bueno, Scorsese no es tan guapo) y multimillonarios actores, directores, productores y familiares de famosos sentados en las primeras filas del teatro Dolby, pero a los descreídos amantes del cine nos hace gracia ver a Meryl Streep comer un trozo de pizza en un plato de plástico. Y es que los ateos del séptimo arte nos lo creemos todo.

Nos creemos la emoción de los discursos, de los aplausos, de las sonrisas, de los abrazos, de los besos y de las películas. El gánster Al Capone decía que se puede llegar mucho más lejos con una sonrisa y un arma de lo que se puede llegar con sólo una sonrisa, pero el cine no necesita armas (de fuego). Se puede llegar más lejos con la maravillosa sonrisa de Lupita Nyong´o y una película como “12 años de esclavitud” que con sólo la sonrisa de la actriz ganadora del “Oscar” a la mejor actriz de reparto. ¿Es una frivolidad mezclar un alegato contra la esclavitud, por muy esquemático y emocional que sea, con las bromas y las pizzas de Ellen DeGeneres? Si es una frivolidad, debemos admitir que es una frivolidad que funciona. Algunos ya han conseguido convertir el fútbol es una cosa muy seria y trascendente, de forma que para hablar de fútbol hay que poner cara de vinagre y tensar los músculos. No digo que el cine no sea un arte serio y trascendente, pero eso no significa que tengamos que ver la gala de entrega de los “Oscar” como si estuviéramos en una tertulia de “El chiringuito de jugones” con Josep Pedrerol.

Se puede llegar muy lejos con una sonrisa, un trozo de pizza, una película y un partido de fútbol.

4/3/14

MUNDO RARUNO


Hay gente rara que piensa que la mejor forma de enfrentarse a las enfermedades raras es hacer telemaratones. Estas personas sufren una rara variante de una afección televisiva más habitual y conocida, el “Síndrome Estacional de los Telemaratones Navideños”,  que hace que quienes lo padecen aborden cualquier problema social con largos programas televisivos en los que los afectados cuentan su caso, los famosos se implican en él, y los espectadores cierran el círculo emocionándose con los afectados y haciendo lo que mandan los famosos. Y al año siguiente más.

Pero la variante de la que hablamos hoy es tan rara que aún no tiene nombre porque está sin describir, sin diagnosticar y sin medicar. Y aunque afecta a pocos, no por eso debe apartarse a un lado y olvidarse. Es algo que aprendimos tras ver la tarde y noche del domingo la emisión en La 1 del “Telemaratón por la investigación de las enfermedades raras”. Semejante supermegaprograma de medio día de duración es un claro síntoma de que los jefazos de TVE que lo programaron padecen esta rara enfermedad, pues creen que la mejor forma de enfrentarse a las enfermedades raras es hacer telemaratones.

Lo que estos jefazos debían hacer para que ellos y todos los que padecen enfermedades raras recibieran la atención que merecen es aprovechar su trabajo en la tele pública para freírnos a programas en los que se reivindicara una política científica más valiente, se diera más relevancia social a los investigadores en detrimento de los famosos, y se concienciara a la población de que un problema serio y de largo recorrido como es la política científica y sanitaria no debe abordarse de forma impulsiva y emocional. Pero no lo van a hacer. Primero, porque no conocen su mal. Segundo, porque si lo conocieran harían un maratón para abordarlo. Y, tercero, porque sospecho que quienes los pusieron ahí padecen el mismo síndrome que, después de todo, puede que no sea tan raro, raro, raro.

3/3/14

LEY ORGÁNICA DE REGULACIÓN DE SPOILERS

Se ha filtrado esta semana un primer borrador de la nueva LORS (Ley Orgánica de Regulación de Spoilers) que se prepara desde el Ministerio de Justicia. Así, Alberto Ruiz Gallardón sustituiría la ley de plazos puesta en marcha por el gobierno de Zapatero por una ley de supuestos. Los spoilers -publicaciones en donde se desvelan aspectos claves de las series de televisión- son elementos problemáticos que han provocado duros enfrentamientos entre sus defensores y sus detractores, entre posturas restrictivas -que abogan por prohibir sin excepción la divulgación de los finales de las series- y posiciones más avanzadas -según las cuales nada debe restringir la libertad de las personas para hacer públicos dichos contenidos-.

Penalizando la práctica de los spoilers, las leyes de supuestos permiten su difusión únicamente en determinadas excepciones; por ejemplo, cuando estamos ante series que se han convertido en fenómenos sociales -Nicholas Brody muere al final de la T3 de “Homeland”- o cuando el spoiler tiene un valor educativo que justificaría su revelación -Walter White termina pagando con su vida sus aventuras delictivas en el mundo de la droga de “Breaking bad”-. Por el contrario, entendiendo que el spoiler es un derecho básico del bloguero o el crítico de televisión, las leyes de plazos sólo limitan el momento a partir del cual pueden empezar a publicarse los spoilers; por ejemplo, se podrían contar los contenidos de la T4 de “Juego de tronos” a las dos semanas de su emisión en los Estados Unidos, al día siguiente de su emisión a través de cadenas de pago en nuestro país, o al día siguiente de su emisión a través de cadenas generalistas.

El Partido Socialista ya ha anunciado que recurrirá la LORS ante el Tribunal Constitucional. Por su parte, la Asociación Nacional de Frikis Seguidores de Series de Televisión prepara una gran manifestación en Madrid, si bien su convocatoria se retrasará un par de semanas hasta saber si Rust Cohle cometió o no el asesinato por el que se le investiga en “True Detective”.

2/3/14

LA ADOLESCENCIA ETERNA


“Desde que era muy pequeña la música ha sido mi pasión. Todo el mundo se emociona al oírme cantar”. Esta frase ¿ha sido dicha por una niña de diez años en “La Voz Kids” o por una adulta de veinticinco años en “La Voz”? “De verdad, se me han puesto los pelos como escarpias. Hay que ver qué duende tienes en ese alma que le pones a ese espíritu cuando cantas. Eres un pedazo de artista extraordinario”. Esta frase, ¿se la dijo Rosario a un chaval de veintidós años que lleva cuatro cantando en orquestas de pueblo antes de presentarse a “La Voz”, o a un niño de nueve años que ha pedido permiso para faltar un día a tercero de primaria para presentarse a las audiciones a ciegas de “La Voz Kids”? “Yo lo que quiero es ser famoso y dedicarme a la música. Canto copla, pero también me gusta el rock. Admiro sobre todo a Bisbal y me haría mucha ilusión poder cantar algún día con él”. De nuevo, ¿”La Voz Kids” o “La Voz a Secas”? “No te preocupes, porque nosotros te vamos a apoyar siempre. Sabemos lo importante que es para ti este sueño, y aunque no le hayas gustado esta vez al jurado para nosotros sigues siendo la mejor”. ¿Los familiares de una adulta que no convenció a ningún miembro del jurado de “La Voz” o los familiares de una niña que no convenció a ningún miembro del jurado de “La Voz Kids”?

Algo estamos haciendo mal. ¿En qué se diferencian los niños adultizados que barren los jueves las audiencias nacionales en “La Voz Kids” de los adultos infantilizados que también obtuvieron buenos resultados de audiencia en las anteriores ediciones de “La Voz”? ¿No es irritante no poder distinguir en sus juicios si los jurados se están dirigiendo a alguien menor de diez años o a alguien mayor de veinte? ¿No deberían reaccionar de manera diferente ante la eliminación de su hijo unos padres según aquél sea un niño pequeño o un adulto formado? ¿Cuántos ejemplos podríamos encontrar ahora en la televisión en donde la distinción niño/adulto ha sido eliminada promediando a todo el género humano en una inquietante adolescencia que comienza al nacer y termina con la jubilación?

1/3/14

DILO EN VOZ ALTA: DESASISTIDO Y ORGULLOSO


Toñi Moreno (“Entre todos”, tardes de La 1) metió la pata. Patinó hablando de malos tratos (“Cuando pasan cosas como éstas, o se denuncia o se calla una para el resto de la vida”), un asunto delicado en el que no debería opinar alegremente sin medir lo que dice. Pero corrigió lo que dijo mal y pidió perdón. Asunto resuelto. El problema está en lo que hacía y decía antes, y lo que sigue haciendo y diciendo después: opinar y actuar sin tanto miramiento cuando se trata de pobreza, injusticia, paro, enfermedad o dependencia. Lo importante es que el programa salga bien.

Antes, al menos, se entendía y respetaba la “pobreza vergonzante” de quien pasaba necesidad pero que, con dignidad y orgullo, no quería mostrar ni hacer espectáculo de su situación. Hoy, la inconformista Moreno lucha por cambiar las cosas haciendo a diario la coreografía de la banda sonora de su programa, una canción que James Brown no se atrevió a cantar: “Dilo en voz alta: estoy abandonado por los servicios sociales y estoy orgulloso. Dilo en voz alta: estoy plantado por el sistema sanitario y estoy orgulloso. Dilo en voz alta: desasistido y orgulloso. Señor, lo siento: desasistido y orgulloso…”). Desde el primer minuto, nos cuenta lo guapos y guapas que son todos los que piden por la tele, lo hermoso que es proclamar que nuestros impuestos no sirven para ayudar a quien lo necesita, lo rentable que resulta el victimismo si se dosifican adecuadamente las sonrisas y las lágrimas, lo eficaz que es, en fin, disponer de un ancianito o, mejor, un niño, para mover a la caridad.

Porque si por la calle usted se encuentra a un adulto pidiendo con un niño, puede denunciarlo. Y si llama a la puerta, también. Pero si “Entre todos” se lo mete en casa, puede repantingarse en su sillón favorito para conocer todas sus desgracias con pelos y señales. Y si le da suficiente pena, ya sabe: tírele una limosnita, por el amor de Dios.