6/7/16

LOS CHISTES DE MATÍAS PRATS: UN ACERCAMIENTO FENOMENOLÓGICO


Empiezas a ver el informativo de Matías Prats y ya te sientes un poco nervioso. No sabes si hoy ocurrirá o no. Al principio te enterabas de los chistes por twitter o facebook, pero pronto comenzaste a sentir un gusanillo raro y te entraron ganas de verlo en directo. Entendiste que estaba empezando a ocurrir algo importante y no querías que te lo contaran. Leíste en una web que algunos grupos de fans ya hacen quedadas masivas en bares con pantalla gigante, llenan un chupito y sólo lo beben si finalmente Matías hace un chiste. A veces ocurre, a veces no. Ahí está la gracia. Todavía estamos al comienzo del informativo. Se está hablando de noticias serias. Rajoy, el Brexit, el ISIS. Sabes que en ese momento del espacio todavía no puede haber chiste. Claro, si hiciera un chiste todos los días la cosa perdería su puntillo. Y si no los hiciera casi nunca, también. Esa frecuencia tan inteligente también está ayudando a construir el mito.

Se acercan las noticias finales. Sube la expectación. Aunque estás solo, tú también te has servido un chupito y la superficie del licor amplifica un levísimo temblor en los dedos. Los temas se vuelven banales. Noticias curiosas, imágenes divertidas. Tiene que ser ahora. Ahora o habrá que esperar hasta el próximo informativo. Si va a ocurrir, será en muy pocos segundos. Ya estás claramente ansioso. Sonríes nervioso. No puedes dejar de jugar con un pellejín que tienes en el labio inferior. Nada en la voz de Matías Prats permite adivinar si habrá chiste o no. Nada en su expresión facial. Y de pronto llega esa pausa. No dura más de un segundo, pero esa pausa es más informativa que el resto del informativo. Una frase aparentemente seria se ha quedado interrumpida a medias y ya sabes que terminará en un chiste malo. Un chiste malo buenísimo. Sííííííí, va a ocurrir. Esas décimas de segundo marcan una plenitud experiencial. Las pupilas se dilatan, el cuerpo entero se orienta hacia la pantalla, aumenta la glucólisis en el hígado. Esas centésimas de segundo se estiran vitalmente y da para mucho: para acercar el vaso de chupito hacia los labios, para dar por buena la media hora de espera, para aventurar mil posibles desenlaces a la frase empezada. Ocurrió, ocurrió una vez más. Matías lo ha vuelto a hacer y tú has estado allí viéndolo en directo. Viendo la construcción suave de un mito.

Twitter arde, pero esta vez ya no eres tú el que lee los tuits. Ahora eres tú el que los cuelga.

5/7/16

DERIVAR A UN ESPECIALISTA


Con los tertulianos y comentaristas políticos televisivos debería ocurrir como con los médicos. Existe una categoría de médicos -generalistas, de cabecera, de familia- que son los encargados de manejar los casos sencillos, las patologías no graves que presentan sus pacientes. Saben un poco de todo a costa de no saber muchísimo de nada, y son los profesionales adecuados para afrontar la mayoría de los casos que llegan a los sistemas de salud. Saben mucho de medicina general, y saben también algo más de extraordinaria importancia: saben cuándo deben inhibirse y derivar el paciente a un especialista porque el caso sobrepasa sus competencias y conocimientos.

Sin embargo, los tertulianos de familia se creen también dermatólogos, psiquiatras, oncólogos o neurocirujanos. Nunca derivan sus casos a tertulianos especialistas. Pilar Cernuda no entiende que ella es la persona adecuada cuando se trata de comentar la noticia del veto de la organización del Día del Orgullo Gay a los miembros del Partido Popular, pero que cuando se le pregunta por la polémica entre Greenpeace y cien premios Nobel a costa del arroz dorado transgénico debería decir “yo de eso no sé lo suficiente; le voy a dar un volante para que pida hora con Manuel Toharia y que él le conteste”. De la misma manera, Ana Pardo de Vera es la periodista a la que debemos acudir cuando queremos un comentario inteligente sobre los inmigrantes británicos en Benidorm que votaron a favor del Brexit porque no quieren que Gran Bretaña se llene de inmigrantes, pero ella misma debería ser la primera en encogerse de hombros y derivar a la audiencia a un especialista en terrorismo yihadista cuando se le pregunta por el atentado reciente en el aeropuerto de Estambul o en la heladería de Bagdad.

Hace falta una prueba TIR (Tertuliano Interno Residente) tras la que los contertulios elijan una especialidad u opten por dedicarse al comentario generalista de cabecera. No podemos seguir asistiendo al ridículo de Javier Sardá, Eduardo Inda o Cristina López Schslitinginsltch cada vez que comparten plató con alguien que sí sabe de lo que habla cuando habla del Daesh.

4/7/16

¿A FERRERAS? ¿A SISTIAGA? ¿A GONZO?


A ver si os creéis que es fácil sustituir a Mercedes Milá al frente de “Gran Hermano”... A ver si pensáis que eso lo puede hacer cualquiera... Las redes se han enfadado mucho tras la noticia de que Telecinco había decidido confiar a Jorge Javier Vázquez la continuidad del reality más importante de la televisión española una vez que la presentadora catalana dio por terminada su relación casi ininterrumpida con él desde hace quince años. Pero un repaso a la manada de presentadores de Mediaset permite darse cuenta de que únicamente JJV puede valer para la difícil misión de llevar hacia adelante hasta el año 2030 ese inmenso carro de estiércol.

Hay que tener un cuajo muy turbio y correoso para meterse en ese charco de mierda con una sonrisa. Hay que tener la colección casi completa de los valores que jamás figurarían en el curriculum educativo que quisiéramos que estudiasen nuestros hijos. Hay que haber conseguido interiorizar de forma refleja que no hay más dioses que el espectáculo y la zafiedad. Como todos los grandes profesionales, Milá conseguía realizar este trabajo tan complicado dando la impresión de que es sencillo. Pero en absoluto. Nadie puede hacer esto con la anomia aristocrática con la que lo hacía Mercedes.

O casi nadie. La elección de JJV no es ni buena ni mala. Es inevitable. Su hoja de servicios incluye una ejecución magistral de cualquier palo de la telebasura sin un parpadeo: programas del corazón, realities de aventuras, programas de testimonios, talent shows. Y siempre puntuando cinco de cinco en los requisitos imprescindibles para trabajar en el sector de la colotelevisión: no conocer el significado de la palabra “escrúpulo”, ser un gran sembrador de cizaña, no preocuparse en absoluto por la influencia social del trabajo, no perder la ocasión de abonar cualquier mal sentimiento y trabajar en Telecinco. Todos los que ahora se están quejando de la elección de JJV como sustituto de Milá, ¿a quién esperaban encontrarse al frente del próximo GH? ¿A Ferreras? ¿A Sistiaga? ¿A Gonzo?

3/7/16

MARILÓ MONTVERO

No puede ser. Mariló Montero no puede irse de TVE. Mariló Montero es Televisión Española. Más concretamente, Mariló Montero es La 1, como Mamen Mendizábal es laSexta y Matías Prats es Antena 3. Nunca hubo una comunión tan estrecha entre una empresa y una trabajadora. Ese puntito rancio tan Mariló Montero, tan TVE. Ese no ser malo pero tampoco bueno tan TVE, tan Mariló Montero. Ese ser de derechas como un acto reflejo tan Mariló Montero, tan TVE. Ese magazine de barrio tan Mariló, tan La 1. Ese soy moderna pero a la que se tercie entrevisto a Normal Duval y le pregunto sobre su nueva revista en la Gran Vía con Juanito Navarro tan La 1, tan Mariló. Esa Mariló tan La 1. Esa La 1 tan Mariló.

Son la misma cosa. Dicen que los perros y sus dueños terminan pareciéndose con el tiempo. En el parecido entre Mariló Montero y La 1 no queda claro quién ha sido la mascota y quién el entrenador. Quizá haya sido el ente público el que ha ido moldeando lentamente ese espíritu de marca blanca que ha tenido la presentadora de las mañanas de La 1 desde hace siete años. O ha sido al revés, y fue Mariló Montero la que trajo consigo e inoculó en la televisión pública ese glamour de papel charol de cuando la EGB, ese “estoy para comerme” de todo a 1 euro que acabó, salvo honrosas y maltratadas excepciones, convirtiéndose en una de las señas de la marca TVE.

Por eso el anuncio de la marcha de Mariló Montero de La 1 me ha sacudido el alma y los conceptos más que la marcha de Vicente del Bosque de la selección española o la marcha de Íñigo Errejón de Podemos (NOTA: en el momento de escribir estas líneas esta última marcha aún no ha sucedido en sentido estricto); incluso, diré más, más que el propio cese temporal de la convivencia entre Jordi Hurtado y “Saber y ganar”, que nos dejó a todos más presagiantemente desasosegados que la aparición de Tippi Hedren y los pájaros -por ese orden- en Bodega Bay. Allá donde vaya Mariló Montvero llevará TVE consigo. No sólo en el matrimonio uno se une hasta que la muerte le separa. Que lo sepan sus futuros empleadores.

2/7/16

"THE AMERICANS" FOUR SEASON COMPLETE

Llegó el momento. Toda espera tiene su recompensa. Muajajajaja. Vosotros habéis pasado trece semanas viendo capítulo a capítulo la cuarta temporada de “The Americans”. Sufriendo con cada cliffhanger al término de cada episodio. Teniendo que recordar decenas de nombres y de caras de una semana a otra. Ah, qué mala es la falta de fuerza de voluntad. Yo, no. Yo supe esperar. Me moría de ganas de saborear otro nuevo maratón de la mejor serie de la década. Pero no quería hacerlo en pequeñas dosis separadas siete días entre sí. Así que acumulé cada capítulo bien guardadito sin verlo. Hasta hoy. La paciencia es un árbol de raíces largas pero frutos amarillos. No, espera, de raíces fuertes pero frutos amargos. Bueno, no sé... Pero me suena que hay un refrán que dice no sé qué sobre la paciencia y los árboles. Pues eso.

Hoy es el día. Son las dos de la tarde y me dispongo a zamparme de una sentada toda la cuarta temporada de “The Americans”. Trece horacas. Catapún. He apagado el móvil. He dicho a mi familia que voy a recluirme durante el resto de la jornada para meditar mi postura ante la investidura de Rajoy. He colocado estratégicamente dispuestos a lo largo del sofá y en banquetas adláteres cuantos víveres y cerveza puede necesitar un ser humano para sobrevivir a setecientos ochenta minutos de aislamiento. Un baño portátil instalado junto a la puerta en un ángulo desde el que se divisa el televisor a la perfección garantiza que no necesite interrumpir la experiencia en caso de un comportamiento traicionero de la cerveza o un giro de guion de los que desenrollan el colon como un matasuegras. Vamos, Elisabeth y Phillip Jennings, dadme vuestro mejor golpe. Os estoy esperando.

Ni un cliffhanger. Ni un “¿Chevchenko era el espía que mató a Harris o el dirigente que montó lo del suicidio de Gene?”. “The Americans” four season complete de un trago. A cada final de capítulo le sucederá el comienzo del siguiente. Cuando todo esto termine serán las tres de la mañana de mañana. Lentamente miraré a mi alrededor con extrañeza, como el que sale de un sueño de siglos. No estoy seguro de que me parezca más familiar la España de Errejón y Rivera que la Norteamérica de Reagan.

1/7/16

ISLAS REMOTAS

Adrián Sánchez Esbilla abre su ensayo “Al oeste del mito”, donde el escritor gijonés analiza cincuenta wésterns básicos, con una estupenda definición del wéstern que debemos a Anthony Mann, un no menos estupendo director de películas del Oeste: el western es un hombre que afirma que va a hacer algo, y lo hace. Recordé esta definición de Mann mientras veía el documental “Trotamundos: islas remotas, Santa Elena” (La 2). La fama de Santa Elena se debe a que en esta isla murió Napoleón Bonaparte, y ahí está la primera tumba del militar francés. Santa Elena es territorio británico. Napoleón fue un hombre que cuando afirmaba que iba a hacer algo, lo hacía, así que el emperador de los franceses sólo fue un vaquero que murió exiliado en territorio extranjero. Pero, a diferencia de los vaqueros de las películas del Oeste, Napoleón hizo demasiadas cosas y habló demasiado. A veces hizo y dijo cosas horribles, o al menos se le atribuyen hechos y palabras horribles, como aquella vez que, paseando entre los muertos tras una batalla, murmuró que eso lo reponía una noche de París. Otras veces podría parecer el espíritu del mundo montado a caballo, como decía Hegel, y entonces Napoleón recordaría a un vaquero cabalgando hacia horizontes lejanos. En ocasiones Napoleón se parece a William Holden en “Grupo salvaje”, como cuando dijo que los catalanes son franceses confundidos. Y, en fin, a veces Napoleón, ese tipo que pasó sus últimos días en una isla británica, es un oficial del Séptimo de Caballería que sabe que hay música que ahorra cañones, ya sea el toque de carga del Séptimo de Caballería o “La Marsellesa”.

No sé si “La Marsellesa”, el himno de la República Francesa, sigue ahorrando cañones, pero seguro que cuando suena en los partidos de la selección francesa en la Eurocopa (Telecinco) ahorra muchos discursos sobre la patria y muchas discusiones acerca de lo que significa ser francés. Al menos, mientras dure el partido y la Eurocopa. Estaría bien que los franceses, italianos, españoles, ingleses o islandeses recordaran que todos podemos acabar nuestros días exiliados en una isla del océano Atlántico o tan solos como John Wayne en “Centauros del desierto” después de que se cierre la puerta. Y es que todos somos islas remotas que a veces nos juntamos para animar a un equipo de fútbol.