01 julio 2016

ISLAS REMOTAS

Adrián Sánchez Esbilla abre su ensayo “Al oeste del mito”, donde el escritor gijonés analiza cincuenta wésterns básicos, con una estupenda definición del wéstern que debemos a Anthony Mann, un no menos estupendo director de películas del Oeste: el western es un hombre que afirma que va a hacer algo, y lo hace. Recordé esta definición de Mann mientras veía el documental “Trotamundos: islas remotas, Santa Elena” (La 2). La fama de Santa Elena se debe a que en esta isla murió Napoleón Bonaparte, y ahí está la primera tumba del militar francés. Santa Elena es territorio británico. Napoleón fue un hombre que cuando afirmaba que iba a hacer algo, lo hacía, así que el emperador de los franceses sólo fue un vaquero que murió exiliado en territorio extranjero. Pero, a diferencia de los vaqueros de las películas del Oeste, Napoleón hizo demasiadas cosas y habló demasiado. A veces hizo y dijo cosas horribles, o al menos se le atribuyen hechos y palabras horribles, como aquella vez que, paseando entre los muertos tras una batalla, murmuró que eso lo reponía una noche de París. Otras veces podría parecer el espíritu del mundo montado a caballo, como decía Hegel, y entonces Napoleón recordaría a un vaquero cabalgando hacia horizontes lejanos. En ocasiones Napoleón se parece a William Holden en “Grupo salvaje”, como cuando dijo que los catalanes son franceses confundidos. Y, en fin, a veces Napoleón, ese tipo que pasó sus últimos días en una isla británica, es un oficial del Séptimo de Caballería que sabe que hay música que ahorra cañones, ya sea el toque de carga del Séptimo de Caballería o “La Marsellesa”.

No sé si “La Marsellesa”, el himno de la República Francesa, sigue ahorrando cañones, pero seguro que cuando suena en los partidos de la selección francesa en la Eurocopa (Telecinco) ahorra muchos discursos sobre la patria y muchas discusiones acerca de lo que significa ser francés. Al menos, mientras dure el partido y la Eurocopa. Estaría bien que los franceses, italianos, españoles, ingleses o islandeses recordaran que todos podemos acabar nuestros días exiliados en una isla del océano Atlántico o tan solos como John Wayne en “Centauros del desierto” después de que se cierre la puerta. Y es que todos somos islas remotas que a veces nos juntamos para animar a un equipo de fútbol.