30/11/15

OPINAD, OPINAD, MALDITOS

A pesar de estar perfectamente iluminados por los focos, yo cojo un candil y recorro los platós de televisión buscando a un contertulio. A un contertulio que dude. Y ni con el candil encendido consigo encontrarlo. A un contertulio que no tenga opinión tajante formada sobre algún tema. A un contertulio que tenga la honestidad de responder “ah, pues no sé” a alguna cuestión. La realidad se ha vuelto más compleja que nunca, pero eso no ha dado lugar ni a un ligero incremento en los balbuceos de los opinadores profesionales. Nos enfrentamos a conflictos internacionales completamente nuevos en sus formas y sus contenidos, cada uno de diez bandos está en lucha contra los otros nueve, desde Moscú hasta Damasco ninguna palabra significa lo mismo que significaba hace pocos años, pero eso no ha incrementado una milésima de segundo el tiempo de reacción ni la latencia de respuesta de los profesionales de la opinión.

Groucho Marx se negaba a pertenecer a clubes que le admitieran a él como socio. Javier Krahe sólo quería ser gobernado por gente que no le quisiera gobernar. Y yo declaro que sólo estaré de acuerdo en las tertulias televisivas con aquellos contertulios que no tengan postura tomada sobre la coyuntura actual. Platón definió una vez al ser humano como un bípedo implume; a continuación, Diógenes el Cínico desplumó un pollo y lo arrojó a los pies de aquél diciendo “ahí tienes a tu hombre”. Tengo miedo de definir al ser humano como un bípedo opinador y que Diógenes el Cínico me arroje a los pies un papagayo con la misma afirmación. Es característica constitutiva de la opinión no estar obligado a tenerla, y su profesionalización la convierte en mera logorrea, como convierte al sexo en gimnasia o a la religión en un automatismo sórdido. Un opinador profesional no puede dudar, como no puede temblar un violinista o estornudar un presentador. Yo me voy a arrastrando con mi candil entre los platós, y cuando Paco Marhuenda se me pone delante le pido que se aparte porque me está quitando el sol.

29/11/15

EL SEÑOR DE LOS MOSQUITOS


Es importante que la tele nos informe sobre lo que ocurre en los estados teocráticos que aún quedan sobre la Tierra, porque en el mundo globalizado en que vivimos debemos conocer lo que ocurre más allá de nuestra casa y de las democracias de nuestro entorno. Además, los líderes políticos de estos estados teocráticos pueden tener seguidores en los más insospechados lugares del planeta, incluido nuestro propio país, y pueden llegar a ejercer una considerable influencia sobre sus decisiones y conductas. Por ello, las opiniones y creencias, da igual lo irracionales o arbitrarias que sean, desbordan el ámbito de lo privado y alcanzan una relevancia pública que no se debe soslayar.

Así que está muy bien que la tele preste estos días tanta atención a algo que, de otra manera, ni nos va ni nos viene: el viaje oficial del Jefe de Estado de un país extranjero como lo es el Estado de la Ciudad del Vaticano a África. Más allá de los habituales y manidos discursos sobre generalidades como la pobreza y el amor al prójimo (desconcertantes, viniendo de un Estado en el que sus escasos y elitistas moradores poseen tantas riquezas que tal vez formen la población más rica del planeta), todos los informativos han recogido y amplificado, con buen criterio, un mensaje que se sale da la tónica habitual de las grandes palabras al proponer medidas concretas de eficacia demostrada que superan las creencias supersticiosas que cada uno pueda tener: lo peligrosos que son los mosquitos y lo importante que es protegerse de ellos. Mensajes tan sencillos como este pueden evitar millones de contagios y salvar miles de vidas.

Ya que tiene tanto eco en los medios de comunicación y, por ende, tanta capacidad de hacer el bien a los demás, estaría bien que este Jefe de Estado aprovechara mejor sus viajes y constantes apariciones televisivas para difundir la importancia de otras medidas higiénicas similares como lavarse las manos, potabilizar el agua o usar preservativos como profilaxis para evitar el contagio de enfermedades tan dañinas como las que transmiten los mosquitos.

28/11/15

¡NIÑO: SONRÍE Y CALLA!


¿Ir a la radio y de regalo salir en la tele es mejor o peor? Pues según. Si eres Mariano Rajoy de precampaña y vas a la radio pero resulta que también te sacan en la tele, es mejor. Si además habías llevado a tu hijo Juan (para superar a Esperanza Aguirre y su perro Pecas) y quedas como un padrazo ante toda España, es mucho mejor. Pero si vas a la radio, tu hijo falta al respeto a una persona diciéndole que su trabajo es una basura, y lo sacan en la tele, eso es empeorar. Si además cuando vas a arreglar el dislate (para superar a Esperanza Aguirre recogiendo las cacas de Pecas) le das dos golpes en la cabeza y toda España ve que a las palabras que no te gustan respondes automáticamente con golpes (suaves, muy suaves; pero golpes), eso es mucho peor.

Continuaré mi análisis demostrando mis conocimientos televisivos para tranquilizar a Bertín Osborne, que ha respondido así a algunas críticas: “son imbéciles o no tienen ni puñetera idea de televisión por muy críticos de televisión que sean”, una variación de lo que dijo a Beatriz Montañez en su día: “No se puede hablar sin tener ni puta idea”. Allá voy: ¿Qué pasa con el paso de la radio a la tele? Que la radio no se ve, pero la tele sí (nivel, ¿eh, Bertín?). Cuando la tele pone las imágenes, da igual que en unos informativos digan que fueron “collejas”; en otros, “toques”; en “Deportes Cuatro”, “capirotazos”; o en “El intermedio” Dani Mateo diga “capones”. Como se puede ver, lo que queda claro es que son golpes. Suaves, muy suaves; pero golpes.

Cuando lanzó la última reforma educativa, Rajoy usó como argumento fundamental que en educación había malos resultados, por lo había que “hacer algo”. Así nació la LOMCE, la ley de “mejora de la calidad educativa” que no solo mejorará los resultados sino que fomenta, qué menos, la “prevención de cualquier forma de violencia”. Juan se porta mal y Rajoy le da dos golpes. ¡Niño: sonríe y calla, que soy tu padre! ¿Hay que cambiar la LOMCE porque no funciona, a Rajoy (ex ministro de Educación) porque no la aplica ni en casa, o basta con que igual que no se pueden usar niños para pedir dinero se dejen de usar para pedir el voto?

27/11/15

APOLOGÍA DE LA CIENCIA EN TELEVISIÓN (y II)


(Resumen de lo publicado: Más allá de los avances tecnológicos que produce, la educación científica de la ciudadanía es un adecuado moderador de los delirios religiosos sobrenaturalistas. Y la televisión justamente, siendo como es ella misma un avance tecnológico, puede también ser un excelente vehículo en esta transmisión de valores y conocimientos).

Ahora bien, para que la ciencia en televisión pueda quedar convenientemente transmitida sería necesario un enfoque muy diferente del que se practica en la mayor parte de las ocasiones. La mayoría de las veces que los programas televisivos incorporan “secciones científicas” o “noticias científicas”, la ciencia es presentada como un conjunto de curiosidades excepcionales, como un conjunto de hechos sorprendentes en donde la banalidad del asombro tiene más importancia que la trascendencia de los descubrimientos. “El Hormiguero” sería el ejemplo perfecto, mientras que “Órbita laika” sólo lo sería en parte y “Cosmos” no lo sería en absoluto. Hoy vemos  este líquido increíble que se puede imantar y se convierte en sólido; mañana, este tipo de láser que hace que leviten unas limaduras metálicas; al otro, este compuesto químico que se congela y se evapora cada pocos minutos. Algo parecido puede decirse de buena parte de los documentales sobre animales. De esta manera, la ciencia, es decir, la búsqueda sistemática de control, regularidades y orden en la materia y la naturaleza, la disciplina normativa por excelencia, termina siendo representada por lo que parece tener de anómala, de excepcional, como si alguien quisiera hacernos creer que la espuma que forman las olas al romper representa lo que es el océano.

Y al final -¡qué terrible paradoja!- esta forma de divulgar la ciencia termina abonando en el espectador medio una actitud mágica ante la vida, caprichosa, sorprendida, en donde todo es posible y la naturaleza es una colección de efectos especiales de películas de la Marvel. Mientras tanto, Dios ni existe ni juega a los dados, dos cosas que le diferencian de Marron. Y la sociedad sigue necesitada de la ciencia por lo que tiene de racionalidad empírica más que por lo que tiene de asombro divertido.

26/11/15

APOLOGÍA DE LA CIENCIA EN TELEVISIÓN (I)

Ayer, veinticinco de noviembre de dos mil quince, se cumplieron cien años de la primera exposición en público de la Teoría de la Relatividad General, realizada en 1915 por Albert Einstein en la Academia Prusiana de las Ciencias. Es el momento perfecto, por tanto, para realizar una pequeña apología de la divulgación de las ciencias. Estas alabanzas al conocimiento científico acostumbran a destacar los extraordinarios avances tecnológicos que las ciencias naturales han traído a la civilización humana. Sin embargo, quisiera centrar mi apología de hoy en subrayar las enormes ventajas sociales que conlleva la educación científica de la ciudadanía. No solamente las ciencias son buenas por haber dado lugar a las bombillas, los aviones y los antibióticos, también lo son por haber extendido entre los seres humanos la idea de que la naturaleza funciona de forma ordenada y autosustentada, contra visiones animistas y caprichosas de los mismos fenómenos. Los avances científicos son sólo una de las ventajas que trae consigo el desarrollo científico de una sociedad, y quizá no la principal.

Lamentablemente, la ciencia no es la panacea contra la religión, pero sí es uno de los principales amortiguadores de sus males. No cabe duda de la existencia de científicos creyentes, pero tampoco es discutible que entre los científicos el porcentaje de creyentes es mucho más bajo que en cualquier otra área de especialización humana. En este momento de la historia, en donde la existencia de ridículos sistemas de creencias absolutistas y totalizadoras desempeña un papel importante en las amenazas que existen contra la paz en el mundo, resulta especialmente conveniente que todos los canales de educación combatan las supercherías con racionalidad, y las ciencias naturales son la mayor empresa colectiva intelectual que ha abordado la racionalidad humana. ¿Cómo realizar óptimamente esta educación en la ciencia? Pues -¡bendita consonancia!- con un instrumento creado por la ciencia: ¡la televisión!

(Continuará)

25/11/15

EL ALA OESTE DE PLUTÓN


Los que amamos a Sharon Stone incluso desde que protagonizó con Richard Chamberlain la horrible película “Las minas del rey Salomón”, no entendemos por qué la estupenda actriz que nos deslumbró en “Casino” se empeña en decepcionarnos en la serie “Agente X” (TNT). ¿Por qué Sharon Stone no tiene un papel en “The Leftovers”, por ejemplo? ¿Por qué Sharon Stone no inunda la pantalla en la última película de James Bond (con permiso de la maravillosa Monica Bellucci), y en cambio pone cara de intensidad histórica mientras contempla un retrato de J. F. Kennedy en “Agente X”? ¿Por qué demonios Sharon Stone se involucra en un proyecto que parte de una idea absurda (la secretísima sección quinta del artículo 2 de la Constitución de los Estados Unidos permite al vicepresidente tomar decisiones fuera de la ley en casos de extrema gravedad, así que la vicepresidenta Stone, asesorada por su mayordomo, encarga peligrosas misiones al agente secreto John Case) que sólo podría funcionar en una serie B sin demasiadas pretensiones emitida por el canal SyFy? ¿Por qué el agente John Case parece el hermano pobre de James Bond? ¿Por qué el mayordomo Malcolm Millar parece el primo creído de Alfred, el mayordomo de Batman? ¿Por qué la vicepresidenta Natalie Maccabee parece la versión despistada de M, la jefa del servicio de inteligencia británico interpretada por Judi Dench? ¿Por qué los primeros capítulos de “Agente X” parecen escritos para Jackie Chan?

Podríamos decir que “Agente X” es una serie entretenida que mezcla unas gotas de James Bond con un puñadito de Jason Bourne, una pizca de Batman e incluso un aroma al Hombre Enmascarado en una olla que tiene restos de “El ala oeste de la Casa Blanca” pegados en el fondo. Podríamos decir eso, pero sería como si Júpiter le dijera a Plutón: “Tú también eres un planeta”, una frase que salió de la boca de Rye Gerhardt en “Fargo” antes de que Peggy lo atropellara con su coche. Lo mejor, y lo peor, que podemos decir de “Agente X” es que también es un planeta, como “Homeland” o “True Detective”. Pero eso convierte a “Agente X” en el “El ala oeste de Plutón”.