18/5/11

UN INVIERNO DE MÁS DE UNA DÉCIMA DE SEGUNDO

Convertir “Juego de tronos”, el primer volumen de la serie de novelas épicas que conforman “Canción de hielo y fuego”, en una serie televisiva era un reto sólo al alcance de HBO, el moderno Prometeo con el suficiente talento, audacia y dinero como para robar a los dioses catódicos el fuego del éxito y de la calidad. HBO ha robado para nosotros “Los Soprano”, “The Wire” o “Sangre fresca”, así que los seguidores del mundo creado por el escritor George R.R. Martin estaban nerviosamente tranquilos cuando se sentaron a ver el primer capítulo de “Juego de tronos”.

Peter Jackson nació para llevar al cine “El señor de los anillos”, y HBO existe para que los millones de lectores de las novelas de George R.R. Martin puedan ver “Juego de tronos” sin sentirse traicionados, estafados, insultados, utilizados o despreciados. Los que no hemos leído “Juego de tronos” hemos esperado la llegada del invierno a Canal + con menos nervios y un poquito menos de frío, y eso puede explicar esta sensación de estar asistiendo con la boca abierta y el corazón en un puño al nacimiento de una obra maestra de la televisión. Desde los títulos de crédito (y no es una forma de hablar), “Juego de tronos” atrapa al espectador no como los científicos del CERN capturan átomos de antihidrógeno, sino como los detectives de Agatha Christie capturan criminales. Los científicos lograron producir treinta y ocho átomos de antihidrógeno y mantenerlos estables una décima de segundo antes de que se esfumasen, pero los personajes de las antifamilias que luchan por el poder en “Juego de tronos” permanecen mucho más de esa décima de segundo, y el espectador no puede esfumarse utilizando el mando a distancia porque es tan imposible huir de las palabras de Tyrion Lannister como de las células grises de Poirot.

Nadie elegiría la vida si tuviera que estar solo, decía Aristóteles. El mundo de “Juego de tronos” (el lema de los Greyjoy, por ejemplo, es “Nosotros no sembramos”) obligaría al filósofo griego a matizar su sentencia. Menos mal que el mundo de reyes y guerreros de “Juego de tronos” es sólo una serie de televisión. ¿O es algo más?

17/5/11

LA MEMORIA DE VERBINSKI

El día que comenzaba el rodaje de “Piratas del Caribe: En el fin del mundo”, -emitida el domingo por la noche, en La 1-, Gore Verbinski, su director, se levantó de la cama con una sensación extraña. No la supo identificar, y la atribuyó a los nervios propios del inicio del proyecto. Después, mientras se secaba cuidadosamente las ingles tras la ducha, empezó a tenerlo claro: se le estaba olvidando algo. Ya, ¿pero el qué? Repasó todo lo que figuraba en su agenda y en el planning del rodaje del día y no encontró nada que tuviera que ver con algún olvido importante. Seguro que era algo trivial. Cuando viajas tienes siempre la sensación de que te olvidas algo.

El chófer de Disney Pictures le condujo hasta los estudios. Al llegar Kevin Berlandi, ayudante de producción, se acercó para decirle que todo estaba a punto. Durante la conversación, Kevin intentó disimular un ligero temblor que sentía en el párpado izquierdo. El ayudante de producción se había levantado esa mañana con la sensación de que se le estaba olvidando algo. Verbinski comprobó que todo parecía preparado en el set de rodaje. Vio al fondo a Johnny Depp examinando con detenimiento las uñas que le habían pintado los de maquillaje. Se le acercó Keira Knightley y Depp salió de su ensimismamiento. “No sé...”, masculló Keira casi al oído de Johnny cuidando que nadie más escuchara lo que iba a decir, “llevo toda la mañana con la sensación de que se me ha olvidado algo”. “¿Tú también?”, contestó el actor, “yo no me la quito de encima todo el rato”.

Los técnicos terminaron los últimos detalles de la preparación del escenario, se dispusieron las cámaras y los actores en los lugares indicados, los iluminadores encendieron las luces. Gore Verbinski, director de cine, gritó “¡acción!”, y de pronto las setenta y cuatro personas que se encontraban en el estudio se echaron las manos a la cabeza y exclamaron: “¡Pero si se nos ha olvidado escribir el guión!”.

Verbinski quedó congelado durante unos segundos, pero reaccionó con rapidez y profesionalidad: “No importa. Grabad lo que os dé la gana. Después lo arreglamos en el montaje con los efectos especiales”.

16/5/11

RESCATE MUSICAL

Una cosa ha quedado clara tras el último Festival de Eurovisión: es discutible hasta qué punto Europa debe acudir al rescate financiero de países cuyas deudas públicas se están descontrolando, pero no cabe ninguna duda acerca de que el Banco Musical Europeo debe reunirse ya para proceder al rescate musical de ciertos países. Cueste lo que cueste. Aunque esto suponga la dimisión de todas las autoridades musicales de los Estados implicados. Aunque otros países tengan que invertir sus riquezas musicales. En una Europa unida no nos podemos permitir canciones como la que presentó anteayer Grecia, como la del Reino Unido, como la de Irlanda. Hemos unificado nuestra moneda; hemos unificado nuestra lengua, (aviso: este paréntesis va a ser largo; si no están interesados en leerlo pueden saltarse las cursivas y continuar con la entrada de hoy. Veinte de las veinticinco canciones de la multilingüe Europa se cantaron en inglés, incluida la anfitriona canción alemana; ¿se imaginan cómo ardería nuestra adorada TDT si España organizara un año el festival y presentara un tema cantado en inglés? Es imposible de imaginar, claro, porque para organizar el festival un año hace falta haberlo ganado el anterior. Fin del paréntesis), somos herederos de un proyecto que se remonta a Carlomagno, a Erasmo de Rotterdam, a Adolf Hit... digo a Pedro Almodóvar. Todo esto se pone en peligro si la máxima celebración anual de la hermandad europea termina con la victoria de un bodrio de canción como la que presentó Azerbaiyán.

Así que procedamos al rescate musical de estos países. Sé que es difícil pensar con claridad mientras miles de personas agitan simultáneamente veinticinco banderas diferentes. En general las banderas hacen difícil pensar con claridad. Pero tenemos que rescatar a Suecia, a Ucrania, a Georgia. A mediados del siglo XX Francia y Alemania comenzaron a promover una alianza europea que impidiera para siempre la guerra en nuestro territorio. A partir de entonces sólo se lucharía anualmente en Eurovisión. A lo mejor no fue buena idea.

15/5/11

TERREMOTO EN "SUPERVIVIENTES"

Los terremotos cambian más cosas que el relieve terrestre. El de Lorca derribó el miércoles la programación televisiva, cambió las entrevistas programadas dentro de la campaña electoral, encumbró un “España directo” que estaba siendo cuestionado y puso los informativos en primera línea. Al día siguiente, el jueves, Telecinco sufrió su propio terremoto: el recuento de votos del público en “Supervivientes” conmocionó la cadena al arrojar un resultado contradictorio.

A ver, es cierto que el contenido de los votos recibidos apuntaba claramente en una dirección: la concursante Aída Nizar debía ser expulsada del programa. Así lo manifestó el 87 por ciento de los votantes, un porcentaje suficiente para cambiar una Constitución en un país democrático. Pero la caja registradora de la cadena hizo un recuento del valor económico de los votos que apuntaba en otra dirección: la concursante Aída Nizar debía continuar en el programa. Así lo manifestaba el interés del pueblo (dispuesto a pagar para mandar miles y miles de votos con los que mostrar su fobia por el personaje) y el interés de la cadena (dispuesta a mantener al personaje dentro del concurso para mostrar su amor por el dinero que ganaba con cada voto recibido). La colisión de los dos recuentos resquebrajó el suelo sobre el que se construye la confianza que los espectadores tienen en la televisión. En medio del seísmo, Telecinco hizo un paripé de expulsión, quitó unas reglas, improvisó otras, la expulsada siguió en el concurso y la emisión continuó entre los escombros.

Constará reconstruir la confianza destruida, pero se hará. Gracias a la permanencia de la concursante en “Supervivientes” el pueblo podrá seguir pagando y votando contra ella, algo que hubiera resultado imposible si hubiera sido expulsada este jueves. La democracia televisiva ha salido reforzada. Gracias, Telecinco: tú sí que sabes y nosotros somos gilipollas.

14/5/11

¿A QUIÉN LE IMPORTA?

- A ver, ¿a quién le importa lo que Alaska haga?
- A mí no.
- ¿Y a quién le importa lo que Alaska diga?
- A mí no. Que quede claro: de la misma manera y en la misma proporción que no me importa lo que Alaska haga, no me importa lo que Alaska diga. Y ya había quedado establecido previamente que no me importa lo que Alaska haga, por lo que podemos concluir de modo necesario que no me importa lo que Alaska diga. Es así.


Qué contenta tiene que estar Alaska de que haya calado tan hondo en nosotros aquel mensaje que, asomada al balcón de los años ochenta, lanzó a la ciudad y al mundo. Tanto lo repitió, tan bien lo argumentó, y tan convincente resultó verla bailando (porque se pasaba el día bailando) que quedamos irremisiblemente convencidos de que ella es así, que así seguirá y que nunca cambiará; motivo por el cual no nos importa ni lo que haga ni lo que diga. Y en esas estamos.

Estos días anduvo recorriendo diferentes cadenas como invitada en esos programas de humor y entrevistas que necesitan invitados para poder seguir haciendo humor y entrevistas. Va con Mario Vaquerizo vendiendo “Alaska y Mario”, un reality en el que nos cuentan lo que ambos hacen y lo que ambos dicen. El programa ya se estrenó en MTV esta semana, pero, claro, no puedo decirles nada de él, ni señalarles, apuntarles con el dedo, susurrar a sus espaldas porque me importan un bledo, qué más me da si son distintos, si no son de nadie, no tienen dueño. Así que no los critico, consta que no los odio, la envidia no me corroe, su vida no me agobia. ¿Por qué será?, ellos tienen la culpa, su circunstancia no me insulta. Su destino es el que ellos deciden, el que ellos eligen para sí. ¿A quién le importa lo que ellos hagan, a quién le importa lo que ellos digan? Pues lo dicho, que a mí no. Y me mantendré firme en mis convicciones, reforzaré mis posiciones.

13/5/11

FINANCIEROS Y OTROS ANIMALES



Venga, confiéselo, usted tampoco entiende nada acerca de los verdaderos motivos de la crisis económica en la que está sumergida el planeta Tierra en su conjunto. Ha oído hablar muchas veces de muchos conceptos misteriosos: de hipotecas basura, de créditos subprime, de Lehman Brothers y compañías aseguradoras. Pero nada; el birlibirloque mediante el cual el Primer Mundo pasó de cien a cero en pocos segundos sigue siendo un arcano esotérico cuyas tripas se le escapan a usted, a mí y a casi todo bicho viviente. Esto tiene dos causas: a.- la complejidad del sistema financiero capitalista internacional de las últimas décadas supera la imaginación más desbordada de cualquier ciudadano de a pie; b.- la maldad codiciosa y la hijoputez existencial de buena parte de los responsables de tal sistema financiero igualmente está a galaxias de distancia de las coordenadas dentro de las que se mueve la vida cotidiana de los miembros de la especie humana.

¿Que cómo lo sé? Porque he visto “Inside job”, un brutal documental de Charles Ferguson que al fin me ha hecho comprender la relación existente entre el nombramiento de Henry Paulson como secretario del Tesoro de los EE.UU. en 2006 y el aumento del paro en Castro Urdiales cuatro años después. “Inside job” lo explica todo de una vez, y los retales sueltos con los que los mortales nos apañábamos en nuestra confusión forman por fin un todo coherente que nos permite apreciar the big picture en toda su villanía. Nuestra televisión pública nos ofrece documentales sobre neurociencias, ballet o gastronomía bávara. Es fundamental que TVE ofrezca cuando antes, -¿es ya tarde para verlo antes de las elecciones?-, “Inside job” a todos los españoles. Y no vale decir que no hay programas de documentales en donde se podría incluir el trabajo de Ferguson: La 2 programa a diario documentales sobre animales, y, créanme, los responsables de las grandes corporaciones financieras que nos han metido en todo esto no desentonan entre las cucarachas, los murciélagos y los babuínos de culo rojo de los documentales de Attenborough.