16 mayo 2011

RESCATE MUSICAL

Una cosa ha quedado clara tras el último Festival de Eurovisión: es discutible hasta qué punto Europa debe acudir al rescate financiero de países cuyas deudas públicas se están descontrolando, pero no cabe ninguna duda acerca de que el Banco Musical Europeo debe reunirse ya para proceder al rescate musical de ciertos países. Cueste lo que cueste. Aunque esto suponga la dimisión de todas las autoridades musicales de los Estados implicados. Aunque otros países tengan que invertir sus riquezas musicales. En una Europa unida no nos podemos permitir canciones como la que presentó anteayer Grecia, como la del Reino Unido, como la de Irlanda. Hemos unificado nuestra moneda; hemos unificado nuestra lengua, (aviso: este paréntesis va a ser largo; si no están interesados en leerlo pueden saltarse las cursivas y continuar con la entrada de hoy. Veinte de las veinticinco canciones de la multilingüe Europa se cantaron en inglés, incluida la anfitriona canción alemana; ¿se imaginan cómo ardería nuestra adorada TDT si España organizara un año el festival y presentara un tema cantado en inglés? Es imposible de imaginar, claro, porque para organizar el festival un año hace falta haberlo ganado el anterior. Fin del paréntesis), somos herederos de un proyecto que se remonta a Carlomagno, a Erasmo de Rotterdam, a Adolf Hit... digo a Pedro Almodóvar. Todo esto se pone en peligro si la máxima celebración anual de la hermandad europea termina con la victoria de un bodrio de canción como la que presentó Azerbaiyán.

Así que procedamos al rescate musical de estos países. Sé que es difícil pensar con claridad mientras miles de personas agitan simultáneamente veinticinco banderas diferentes. En general las banderas hacen difícil pensar con claridad. Pero tenemos que rescatar a Suecia, a Ucrania, a Georgia. A mediados del siglo XX Francia y Alemania comenzaron a promover una alianza europea que impidiera para siempre la guerra en nuestro territorio. A partir de entonces sólo se lucharía anualmente en Eurovisión. A lo mejor no fue buena idea.