6/5/16

JORGE JAVIER VÁZQUEZ, ¿MACHIRULO O EASY GOING?


“The story of God with Morgan Freeman” (National Geographic) es una serie documental mala sin contemplaciones por tres motivos. Primero, porque desaprovecha un buen tema ofreciendo un enfoque anodino formado por trocitos flojos y deslavazados  (anda que no podría ser deslumbrante una historia de Dios). Segundo, porque desaprovecha el despliegue de medios del que dispone para obtener un mal resultado formado por retales anodinos e inconexos (anda que no podía hacer maravillas viajando, como viaja, donde se le apetece para entrevistarse, como se entrevista, con quien le da la gana). Tercero, porque a todos nos cae bien Morgan Freeman y no sabemos qué falta tiene de meterse en estos berenjenales (anda que no podía estar, zapatero a tus zapatos, calzándose pelis mejores que estas botas de siete leguas que le quedan grandes).

Si tienen prisa por ir al grano, háganse el favor de perderse el tercer capítulo de la serie: “¿Por qué existe el mal?”. Es tan malo que no apetece ni hacer un juego de palabras con el desaguisado: qué malo es el capítulo del mal, etcétera. No viéndolo se encontrarán lo mismo que quienes tuvimos la paciencia de verlo: ni sombra de san Agustín, de Leibniz, de Hannah Arendt. ¡Por faltar, falta hasta Fu-Manchú! Puestos a hacer una aproximación tan floja al problema del mal, al menos podía haber escapado de los tópicos y visitado las provincias del imperio para conocer cómo es el mal por aquí.

El mal. ¿Por qué existe Jorge Javier Vázquez? Salta la noticia de que en dos años dejará los programas que lo han hecho insoportable. ¿Dejará entonces Telecinco de ser Telecinco o tiene banquillo de sobra? Jorgeja lleva un tiempo de analista de lo que quiere (Política: “Pablo Iglesias nos habla como si fuéramos retrasados”. Televisión: “(Antonio) Ferreras es muy machirulo, Cristina (Pardo) más easy going”). ¿Empeora el mal si se le añade petulancia o solo se hace menos ‘easy going’? Que lo investigue Freeman y que se lleve, de paso, a este hombre con él para que sepa qué es el mal pero bien.

5/5/16

"TOP DANCE": NADIE BAILE AQUÍ SIN SABER ARITMÉTICA


Justiniano cerró la Academia de Platón hace quince siglos. Antena 3 cerró anteayer la Academia de “Top Dance”. Todo son desgracias. Platón había fundado la Academia en el siglo IV antes de Cristo para estudiar y enseñar filosofía. Casi mil años después, la cerró un emperador cristiano porque aquel ayuntamiento de maestros y discípulos le parecía un foco de paganismo. Antena 3 se dio más prisa. Un mes después de fundar su propia Academia “Top Dance” en la que enseñaran su arte grandes figuras del baile como David Bustamante, decidió cerrarla porque aquello no era el foco de nada de nada.

Justiniano y Antena 3, Platón y Bustamante, la filosofía y el baile parecen diferentes, pero están unidos por el hilo invisible y certero de las matemáticas. “Nadie entre aquí sin saber geometría”, figuraba escrito en la entrada de la Academia platónica. “Nadie baile aquí sin saber aritmética”, figuraba escrito en la entrada de la Academia “Top Dance”.

Platón ideó un exigente sistema educativo en el que tras décadas de estudio (de geometría, entre otras cosas) los mejores alcanzarían la sabiduría y estarían en condiciones de entender el mundo y gobernar las ciudades. Antena 3 no apuntó tan alto. En la Academia de “Top Dance” se podría alcanzar en dos o tres meses la fama y a bailar (igual que en “Fama, ¡a bailar!, qué coincidencia). Pero descuidaron la aritmética. Distraídos con ‘castings’, ensayos, galas, lloros, expulsiones, visitas de Auryn, apoyo del espacio diario “Top Dance: la Academia” en Neox, retirada del espacio diario “Top Dance: la Academia” en Neox, y cambios en el día de emisión en Antena 3 olvidaron los números. La aritmética de los audímetros fallaba. Y cada semana los números eran peores. Así que, viendo que las cuentas no salían, Antena 3 hizo un “Top Dance” interruptus, despidió a Manel Fuentes y al jurado, y dejó a sus estudiantes sin clase pero más sabios: todos aprendieron que en la tele no se puede bailar sin saber aritmética.

4/5/16

QUE LE CORTEN LA CABEZA


Como dice mi amigo Pepe Garrido, profesor de filosofía en un instituto asturiano, es inútil criticar al guionista de la serie “Merlí” porque ese guionista no tiene ojos, manos, órganos, dimensiones, sentidos, afectos o pasiones como los humanos. El guionista de “Merlí” no come lo mismo que nosotros, no le hieren las mismas armas, no sufre las mismas dolencias ni le curan los mismos remedios, no sufre en verano el mismo frío y el mismo calor que los organismos basados en la química del carbono. Si pincháis al guionista de “Merlí”, no sangra. Si le hacéis cosquillas, no ríe. Si lo envenenáis, no perece. Si ofendéis al guionista de “Merlí”, no querrá vengarse. ¿Por qué? Porque el guionista de “Merlí” no es un hombre, sino una máquina.

Sólo una máquina puede producir esos guiones llenos de aburridísimos tópicos acerca de la educación, la juventud y la filosofía, esos capítulos abarrotados de triviales reflexiones acerca de la vida, el amor y el universo, esos personajes plagados de lugares comunes, ombligos propios y expresiones extraterrestres. Si Merlí fuera cartero, astronauta, sargento de la Legión o concejal de hacienda, los carteros estarían ahora sonriendo, los astronautas alucinarían, los sargentos de la Legión se desabrocharían un botón más de la camisa y los concejales de hacienda pasarían a la oposición. Pero Merlí es profesor de filosofía, así que debemos entender que la máquina que escribe los guiones de la serie cumple instrucciones del Ministerio de la Verdad para conseguir que la ciudadanía crea que la filosofía es una asignatura extravagante en la que vale todo y que los profesores de filosofía son unos tipos que citan a Platón, a Heráclito, a Nietzsche y a Protágoras por la mañana y por la tarde roban un examen de catalán de la sala de profesores para hacer un favor a su hijo idiota, que así podrá aprobar sin ni siquiera tener que recitar aquello de “Virgen santa, virgen pura, haz que apruebe esta asignatura”. ¿Qué alumno con problemas para ligar con la chica de sus sueños no ha acudido a su profesor de filosofía para que le dé consejos inspirados en, por ejemplo, Maquiavelo? ¿Qué padre, madre, tío o abuela no miraría con recelo a un maestro filosófico de la sospecha que se cree el profesor Keating de “El club de los poetas muertos” pero que se queda en el típico profe raro que no da el temario y encandila a los alumnos con chorradas? ¿Y esto es la filosofía? Que le corten la cabeza.

3/5/16

PERDÓN POR PEDIR PERDÓN



Exijo que TVE pida perdón por pedir perdón por un gag banal de José Mota. Tengo todo el derecho a que se me tenga tan en cuenta como al espectador que escribió al espacio “RTVE responde” para quejarse por un trivial chiste de médicos. Me ofende que alguien se haya ofendido y me ofende más que mi televisión haya accedido a disculparse. Considero que no sólo se puede hacer humor sobre las desgracias humanas –enfermedades, muertes, gobiernos, catástrofes- sino que se debe hacer humor sobre estas cuestiones, ya que es una forma de aliviar la parte más dolorosa de la vida y marcar cierta sanísima distancia emocional respecto de estos terribles asuntos que tarde o temprano nos alcanzarán a todos. Esta creencia está profundamente arraigada en mí y cualquiera que la ponga en cuestión me ofende. Si ese espectador no tiene por qué soportar sus ofensas, yo tampoco.

Ya está bien, carajo. Ya está bien de hacer concesión tras concesión al puritanismo, al infantilismo y al victimismo más rancio. Ya está bien de tanto cenizo que usa su debilidad de una forma tan perversamente agresiva. En el siglo XIX los ofendidos nos retaban a duelos al amanecer, ahora nos intimidan con la constante amenaza de echarse a llorar y obligarnos así a arrojarnos a sus pies para pedirles perdón, sin que quepa pararse un momento a pensar si verdaderamente se les ha perjudicado o sólo se ha rozado la permanente carne viva del narcisismo epidémico bajo el que alguna gente vive. Tras ver el gag de José Mota nadie en su sano juicio puede llegar a otra conclusión: lo que tiene que hacer el que se haya sentido ofendido es a-guan-tar-se. Y replantearse su educación. Punto.

Porque si no, nosotros también querremos usar esa llave mágica que todo lo consigue: también vamos a ofendernos. Si no hay otra forma, defenderemos así un mínimo espacio estimulante e inteligente donde vivir la libertad. Enviemos cartas a “RTVE responde” exigiendo que se nos pida perdón por haber pedido perdón. Confrontemos las ofensas y obliguemos a Televisión Española a desairar a una de las partes ofendidas por defender a la otra. ¿Cuánto se apuestan a que son nuestras ofensas las que les van a importar una mierda?

2/5/16

A LO MEJOR NO MERECIÓ LA PENA...


A lo mejor no mereció la pena… No, lo digo en serio. Yo pensaba que sí, que con todo lo que tiene de malo, así, en conjunto, la televisión había sido un buen invento que había contribuido positivamente a la historia de la humanidad. Pensaba en “Friends” y en “Frasier”, en el “Cosmos” de Carl Sagan y el “Cosmos” de Neil DeGrasse Tyson, en “El Orgullo del Tercer Mundo”, en aquella retransmisión del “Live Aid” con Freddie Mercury cantando “Radio Gaga”… Pensaba en tantísimo buen cine visto en televisión, en el discurso de dimisión de Adolfo Suárez, en la cobertura del 11-S. “Los Soprano”, “A dos metros bajo tierra”, “Homeland”, las cuatro primeras temporadas de “House”, las dos primeras de “The newsroom”, todo “Treme”, todo “Los Tudor”. Pensaba en cualquier cosa que haya hecho, haga o hará la BBC. En los documentales de David Attenborough. En el “Un, dos, tres” y “La cabina”. “La clave”, “Popgrama”, “Un país en la mochila”. Que nadie se olvide de “Seinfeld” y “Larry David”. Ni de todo lo que va desde “Colombo” hasta “Fargo”. “Sherlock”, “Horace & Pete”, “Mad men”, “Roma”, “The Americans”. Tina Fey y Amy Poehler en “Saturday Night Live”. Homer Simpson. La versión española de “Doce hombres sin piedad”.

Pero desde el viernes, después de haber visto el estreno de “Levántate: All Stars” en Telecinco, pues… no sé… ¿qué quieren que les diga? Por muy bueno que haya sido todo lo anterior, una basura de este tamaño cambia por completo el balance global. A lo mejor no mereció la pena… A lo mejor hubiera sido mejor que Edison o Marconi o Isaac Peral, quien quiera que haya sido el responsable del invento de la televisión y su difusión por todo el planeta, sufriera un cólico nefrítico cuando iba a descubrir cómo transmitir imágenes a distancia y hubiera tenido que pasar un par de días o un par de meses en la cama, mientras un terrible terremoto sepultaba para siempre los planos del nuevo invento. Nos habríamos quedado sin “Doctor en Alaska”, es verdad, pero también nos habríamos librado de Bimba Bosé cantando “Passenger” de Iggy Pop jaleada por Alaska y Mario Vaquerizo.

1/5/16

ME FALLA LA MASCULININA. ¡AY!, ME FALLA LA MASCULININA


El nuevo canal Be Mad me importa una mierda. Estoy fatal, pero no me queda otra que sobreponerme y donar mi cuerpo a la ciencia. Hay muchos programas que no me gustan e incluso canales enteros que no me interesan, pero lo de Be Mad es diferente. Que “MasterChef” no me guste y “Canal Cocina” no me interese solo me afecta a mí mismo con mi propio mecanismo. Pero Be Mad me importa una mierda porque sufro una desconocida mutación genética en el cromosoma Y. Pues aquí estoy dispuesto a todo. Que la ciencia lo investigue y me haga lo que tenga que hacer.

Paolo Vasile, jefazo de Mediaset, dijo que Be Mad es un “Canal divulgativo masculino, una nueva ventana al público más luminoso y dinámico de la televisión”. Vaya, siento que las mujeres no formen parte del público más luminoso y dinámico de la televisión, pero hay que aprender de alguien como Vasile que lo sabe todo en este negocio. Lo malo es cuando empiezo a notar que algo falla en mi condición masculina. Una mutación me tira para atrás cuando presentan el canal Jorge Javier Vázquez, Íker Jiménez y Carlos Lozano. Mi cromosoma Y falla cuando lo veo repleto de ‘docurealities’, esa mezcla insufrible de reality y documental. Mi genoma entero conspira contra mí al ver que el canal se define como “foodie, hípster, millenial, cool y techky”. Be Mad me parece una mierda y, como ellas, quedo fuera del público más luminoso y dinámico de la televisión.

Asumo mis limitaciones para acceder al canal FDF, dedicado a la ficción femenina adulta; al canal generalista femenino Divinity o al nuevo DKiss, “dirigido a mujeres inquietas, positivas, independientes y, sobre todo, mujeres que buscan expandir su mundo”. Pero ¿qué me pasa con Be Mad? ¿Será que fallo en la síntesis de la masculinina, una proteína específica del varón aún por descubrir?  ¿Y si la falta de masculinina (que explicaría que Cristina y Elena Borbón no hayan heredado la corona) también me impidiera recibir el sacramento de la ordenación sacerdotal? ¿Podré, entonces, participar en el reality de Cuatro “Quiero ser monja”?