04 mayo 2016

QUE LE CORTEN LA CABEZA


Como dice mi amigo Pepe Garrido, profesor de filosofía en un instituto asturiano, es inútil criticar al guionista de la serie “Merlí” porque ese guionista no tiene ojos, manos, órganos, dimensiones, sentidos, afectos o pasiones como los humanos. El guionista de “Merlí” no come lo mismo que nosotros, no le hieren las mismas armas, no sufre las mismas dolencias ni le curan los mismos remedios, no sufre en verano el mismo frío y el mismo calor que los organismos basados en la química del carbono. Si pincháis al guionista de “Merlí”, no sangra. Si le hacéis cosquillas, no ríe. Si lo envenenáis, no perece. Si ofendéis al guionista de “Merlí”, no querrá vengarse. ¿Por qué? Porque el guionista de “Merlí” no es un hombre, sino una máquina.

Sólo una máquina puede producir esos guiones llenos de aburridísimos tópicos acerca de la educación, la juventud y la filosofía, esos capítulos abarrotados de triviales reflexiones acerca de la vida, el amor y el universo, esos personajes plagados de lugares comunes, ombligos propios y expresiones extraterrestres. Si Merlí fuera cartero, astronauta, sargento de la Legión o concejal de hacienda, los carteros estarían ahora sonriendo, los astronautas alucinarían, los sargentos de la Legión se desabrocharían un botón más de la camisa y los concejales de hacienda pasarían a la oposición. Pero Merlí es profesor de filosofía, así que debemos entender que la máquina que escribe los guiones de la serie cumple instrucciones del Ministerio de la Verdad para conseguir que la ciudadanía crea que la filosofía es una asignatura extravagante en la que vale todo y que los profesores de filosofía son unos tipos que citan a Platón, a Heráclito, a Nietzsche y a Protágoras por la mañana y por la tarde roban un examen de catalán de la sala de profesores para hacer un favor a su hijo idiota, que así podrá aprobar sin ni siquiera tener que recitar aquello de “Virgen santa, virgen pura, haz que apruebe esta asignatura”. ¿Qué alumno con problemas para ligar con la chica de sus sueños no ha acudido a su profesor de filosofía para que le dé consejos inspirados en, por ejemplo, Maquiavelo? ¿Qué padre, madre, tío o abuela no miraría con recelo a un maestro filosófico de la sospecha que se cree el profesor Keating de “El club de los poetas muertos” pero que se queda en el típico profe raro que no da el temario y encandila a los alumnos con chorradas? ¿Y esto es la filosofía? Que le corten la cabeza.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Además de una apología al "haz lo que te dé la gana" pero dependiendo de los demás. Un verdadero maestro.