6/11/16

EMPATE TÉCNICO


El problema que tenemos en Occidente es que llevamos ya varias décadas en empate técnico. Todas las decisiones importantes cuentan con opciones extraordinariamente igualadas en número de partidarios. Cataluña está en empate técnico. Los opinadores sobre el Nobel de Bob Dylan, el Partido Socialista Obrero Español, el Reino Unido, los defensores de la tortilla de patatas, la Real Academia Española. Todos están bloqueados, no tanto por tener importantes cuestiones que se debaten en su seno, cuanto por lo inverosímilmente igualadas que están las opciones en lucha. ¿Hace cuánto que unas elecciones, un referéndum, cualquier otro tipo de votación de relevancia social no se resuelve por más de dos puntos de diferencia? ¿Obtendrá Hillary Clinton un 50,2% de los votos y Donald Trump un 49,8%, en cuyo caso Estados Unidos será un país progresista, moderno y luminoso? ¿O obtendrá Hillary Clinton un 49,8% de los votos y Donald Trump un 50,2%, en cuyo caso Estados Unidos será un país casposo, rancio y anticuado?

Y ocurre también en la televisión. La disputa entre Telecinco y Antena 3 por la audiencia de la noche de los viernes -que tiene mucha más importancia a nivel nacional que la lucha entre errejonistas e iglesistas- volvió a resolverse esta semana por cuatro décimas de diferencia (15,8% contra 15,4%) lo cual es una diferencia grande si tenemos en cuenta que desde que volvió “Tu cara me suena” hace cinco semanas esa distancia nunca había superado las dos décimas de share. Al igual que ocurrió con el Brexit o con el parlamento catalán, lo grave no es la existencia de salvamistas y tucaramesuenistas -dos subespecímenes de telespectadores que se miran entre sí con semejante estupor y desprecio con el que se miran los seguidores de Felipe González y los de Pedro Sánchez-, sino que la brutal tensión entre ambos se distribuye con equilibrio exacto a ambos lados de la sogatira, el pañuelo no se mueve ni un milímetro del centro y es la cuerda -España, la televisión, la tortilla de patatas- la única que probablemente acabe reventando en la pelea.


5/11/16

LA REALIDAD SE LLAMA DONALD TRUMP

1. Si Aaron Sorkin, pensando en las tramas de “El ala oeste de la Casa Blanca”, hubiera planeado dedicar una temporada a una campaña electoral en la que el presidente Bartlet se enfrentara a un personaje como Donald Trump, la NBC hubiera desestimado la idea por ser demasiado descabellada y parecer un recurso de guionista desesperado. Una cosa es dar una visión almibarada de la presidencia de los Estados Unidos y otra plantear en una serie medianamente realista que alguien como Trump pueda disputar la presidencia por el Partido Republicano.

2. “Veep”, una comedia de la HBO sobre la vicepresidenta de los EE.UU., mantiene su nivel año tras año y continúa ganando Emmys gracias al talento de Julia Louis-Dreyfus. Pero si a sus guionistas se les ocurriera meter un personaje nuevo con el estilo y las costumbres de Trump, los espectadores sentiríamos que la serie ha perdido el rumbo y abusa de recursos muy baratos. “Veep” es una comedia en la que aparece una visión disparatada de la política norteamericana, pero eso no quiere decir que valga cualquier exageración caricaturesca de tales personajes.

3. ¿A que les gusta “House of cards”? ¿A que quedan siempre impactados por el nivel de maldad de los protagonistas de esta serie de Netflix? ¿Pero a que torcerían el gesto insatisfechos si en medio de esa Casa Blanca apareciera un personaje tan perverso en su ser-en-el-mundo como Donald Trump? “House of cards” es una serie de política-ficción, no de política-terror. ¿El presidente Frank Underwood meando sobre la tumba de su padre? Lo compro. ¿Un candidato a la Casa Blanca hablando de cómo coge por el coño a las modelos? Te has pasado, Netflix.

4. Pues bien, ese personaje demasiado inverosímil para “El ala oeste de la Casa Blanca”, demasiado ridículo para “Veep” y demasiado malvado para “House of cards”, va a ganar las elecciones a la presidencia de los EE.UU. el próximo martes, y Jed Bartlet, Selina Meyer, Frank Underwood, usted y yo nos vamos a hacer mucha caquita de miedo. Mola eso de que la realidad supera a la ficción y tiene mucha enjundia filosófica. Mola, salvo cuando la realidad se llama Donald Trump.

4/11/16

¿QUÉ FUE DE ANA OBREGÓN?


Tantos años en esto y ahora no soy capaz de dejar de mirar a Ana Obregón en Dkiss. Es hipnótico. No pongas esa cara que a ti te pasa lo mismo. Reconócelo, tampoco tú eres capaz de dejar de mirarla. Es algo que nos pasa a millones y millones de españoles. En realidad, a prácticamente todos. Porque solo los poquísimos despistados que vieron alguna vez “Algo pasa con Ana” los domingos por la noche en Dkiss pueden dejar de verla. Y, de hecho, están haciéndolo. Cada vez la ve menos gente de la poca gente que la vio alguna vez. Los demás, los que ya probamos a no mirar para ella, a no prestarle ninguna atención, a pasar de ella y su egomaniaco y egotista egocentrismo no somos capaces de no dejar de hacerlo. Lo dicho: no verla es hipnótico. Así que la pobre Anita no levanta cabeza desde que a mediados de octubre se estrenó su programa y no lo ve nadie.

Que tu programa tenga una audiencia media inferior a la de la cadena que lo emite es un dato preocupante. Pero si tu cadena es Dkiss, empezó a emitir hace apenas medio año, prácticamente nadie la conoce, y su audiencia se escribe con dos dígitos (pero porque no llega al uno por ciento y se queda en cero coma), entonces, es como para replantearte tu carrera televisiva.

Ay, Ana, las cosas no van bien cuando haces una copia cutre de “Las Campos” que ya es una copia cutre de “Las Kardashians” que ya es un programa cutre de por sí. No van bien cuando nadie te sigue ni siquiera para reírse de ti friéndote a tuits con sus amigos porque no hay grupos de amigos tan desesperados. No van bien cuando se miden tus índices de audiencia con unos decimales mucho más pequeños que el margen de error de los sistemas de medición de los índices de audiencia. Solo hay una salida para un fracaso así: que David Trueba se apiade de ella, vuelva a hacer magia con la derrota, y le regale “¿Qué fue de Ana Obregón?”, una versión maravillosa de “¿Qué fue de Jorge Sanz?”, una serie que ya fue maravillosa de por sí. Solo haría falta que alguien le explicara el proyecto a Anita la Fantástica de manera que ella pudiera entenderlo.

3/11/16

OT: ¿COBRA O NO COBRA?


España entera pendiente de La 1, atenta a la vuelta de “Operación Triunfo”, vigilando cada gesto de Bisbal y Chenoa. Un mes con La 1 ocupada, el “Telediario” invadido, la calle tomada. Los octavos, los cuartos y la semifinal de “OT. El reencuentro” dieron paso, por fin, a la esperadísima gran final de “OT. El concierto”. El estadio se pone en pie cuando Bisbal y Chenoa cantan “Escondidos”. En ningún encuentro ni reencuentro habíamos visto últimamente una jugada tan polémica. Hay contacto físico, pero no se ve bien cómo se resuelve. Primer beso en la mejilla clarísimo. Intento de segundo beso en el área pequeña. Bisbal se retira. ¿Le hace una cobra? ¿Hay intencionalidad? ¿Queda Chenoa fuera de juego? ¿Gol de libro o penalti, tarjeta y expulsión?

Analizándolo con detenimiento, la conclusión está clara: cobra, sin duda cobra. Pero no debería cobrar. No hace falta mirar la jugada desde otro ángulo. No es necesario revisar la aproximación fotograma a fotograma. No hay que darle al pause y acercarse a la pantalla para ver mejor. Solo hay que atender a los índices de audiencia, flipar con que la peña se tragó el anzuelo del reencuentro hasta el fondo y comprobar que hasta Telecinco dejó de girar alrededor de sí misma para girar alrededor de La 1, ¡como en aquellos tiempos en que TVE todavía era el enemigo a batir!

Así que sí: cobra. Alguien en TVE cobra por decidir este tipo de cosas, pero no debería cobrar porque dejó pasar de largo el décimo aniversario de “OT” sin hacer nada. Ahora se espabiló y montó un reencuentro a los quince años. Pero el enorme éxito cosechado solo agranda el fracaso que supone no haber empezado a los diez años en vez de a los quince. O a los cinco, qué carajo. Un reencuentro cada cinco años podría funcionar. Quien se traga los quince se tragaría los cinco. Y a los veinte, una muy gorda. Y a los veinticinco, mayor todavía. Los triunfitos son las nuevas folclóricas. Pueden protagonizar el primer ‘reality’ en régimen de externado. Y cuando falten Raphael y su tambolilero, que hagan ellos el especial de Nochebuena. Yuros livin a selebreison, todos juntos vamos a espantar.

2/11/16

BRUNELLESCHI Y CORLEONE


“Algo malo para conseguir algo bueno”, dice Cosme de Médici en el primer capítulo de “Los Medici: señores de Florencia”, anticipando quizás el “maquiavelismo” atribuido a Nicolás Maquiavelo (“En las acciones de los hombres se atiende a los resultados”) en su obra “El príncipe”, dedicada a Lorenzo II de Médici. Supongo que Frank Spotniz, creador de la serie, debió pensar algo parecido cuando decidió no ser históricamente preciso en su versión de los Médici y tomarse todas las licencias dramáticas necesarias para presentar a esta familia a la audiencia moderna. Por ejemplo, imaginar que Juan de Médici, padre de Cosme, fue asesinado con cicuta, y obligar al espectador a ver en Juan una especie de Vito Corleone en “El padrino”. Estaríamos así ante Juan Corleone, jefe de la principal familia de Florencia, y ante su heredero Cosme Corleone de Médici. Nada que objetar.

Spotniz dice que su intención es que el público se interese por los Médici y busque más información sobre ellos. No es una idea tan descabellada. Ya ocurrió con el interés popular por el reinado de Isabel y Fernando después de la serie “Isabel”, y con Lope de Vega o el Cid tras su aparición en “El ministerio del tiempo”. Seguro que muchos de ustedes se dieron una vuelta por Internet o por los libros de historia para saber más cosas del dirigible “Hinderburg” después de ver el primer capítulo de “Timeless”, y sé que muchos estudiantes se presentaron en clase con ganas de preguntar a su profe qué fue eso de la “transición” después de ver la película “Siete días de enero” (La 2), en la que Juan Antonio Bardem desmenuza la matanza de Atocha de 1977 en un despacho de abogados laboralistas. No ser absolutamente fiel a la historia, o rellenar sus huecos con hipótesis verosímiles, de los Médici, de la reina Isabel, del “Hinderburg” o de la Transición puede ser algo malo para los puristas, pero no hay duda de que puede ser algo bueno no sólo para conseguir que los espectadores se interesen más por la historia, sino por puro entretenimiento, puro placer de ver a Cosme en pie en el inmenso hueco sobre el que el genial Brunelleschi levantará la cúpula de la catedral de Florencia. Cuando Brunelleschi presenta su proyecto a Cosme, reconoce que no sabe si funcionará, así que si Cosme decide financiarle supondrá un acto de fe. Un acto de fe en la razón matemática del arquitecto. Qué bueno. ¿Dijo eso Brunelleschi a Cosme? Qué más da. Lo importante es que en “Los Médici” podemos ver a Brunelleschi charlando de arquitectura con Cosme Corleone.

1/11/16

JUGAR A TENER MIEDO


A diferencia de otros géneros, el cine de terror triunfa sólo en la medida en que fracasa. La comedia triunfa cuanto más hace reír, el drama cuanto más emociona, el cine de aventuras tiene más éxito cuanto más consigue que el público se sienta partícipe de la acción. El cine erótico busca excitar sexualmente de verdad a los espectadores. Pero el cine de terror no intenta conseguir que el aficionado se muera de miedo, sino que reta a su público a no sentir miedo a pesar del horror de las imágenes que se están mostrando. Sólo en la medida en que el cine de terror consigue no dar miedo a pesar de ser terrorífico puede tener garantizada su audiencia. Si consiguiera verdaderamente su objetivo los espectadores marcharían de las salas, y eso es exactamente lo último que quiere que pase el director de cine de terror.

El aficionado a la comedia se ríe de verdad, el aficionado al cine erótico se excita realmente, pero el aficionado al terror juega a sentir un terror impostado, tanto más placentero cuanto más falso, ya que indiscutiblemente sería tanto más aversivo cuanto más verdadero. No son las personas más delicadas y sensibles las que forman el grueso de fans del género de terror. Son los espectadores más duros e insensibles a muestras de horror. ¿Se imaginan que el género de la comedia tuviera sus principales seguidores entre gente seria y carente de sentido del humor? ¿O que el drama triunfara especialmente entre quienes a la salida compitieran muertos de risa por demostrar lo poco que se emocionaron? Pues esa paradoja ocurre con el género de terror.

Vayan estas líneas como un cariñoso saludo a Dark, un nuevo canal de Movistar+ dedicado 24 horas al día al terror y que comenzó sus emisiones ayer a las 6 horas, 6 minutos y 6 segundos con una serie de temática diabólica. Disfrutarán de ella especialmente los espectadores que no crean que el número 666 tiene algo que ver con el diablo. Yo, con el debido respeto, no seré consumidor de esta cadena. Me gustan más las emociones reales que las impostadas. Donde esté reírse, emocionarse o ponerse palote, que se quite jugar a que estoy teniendo miedo.