02 noviembre 2016

BRUNELLESCHI Y CORLEONE


“Algo malo para conseguir algo bueno”, dice Cosme de Médici en el primer capítulo de “Los Medici: señores de Florencia”, anticipando quizás el “maquiavelismo” atribuido a Nicolás Maquiavelo (“En las acciones de los hombres se atiende a los resultados”) en su obra “El príncipe”, dedicada a Lorenzo II de Médici. Supongo que Frank Spotniz, creador de la serie, debió pensar algo parecido cuando decidió no ser históricamente preciso en su versión de los Médici y tomarse todas las licencias dramáticas necesarias para presentar a esta familia a la audiencia moderna. Por ejemplo, imaginar que Juan de Médici, padre de Cosme, fue asesinado con cicuta, y obligar al espectador a ver en Juan una especie de Vito Corleone en “El padrino”. Estaríamos así ante Juan Corleone, jefe de la principal familia de Florencia, y ante su heredero Cosme Corleone de Médici. Nada que objetar.

Spotniz dice que su intención es que el público se interese por los Médici y busque más información sobre ellos. No es una idea tan descabellada. Ya ocurrió con el interés popular por el reinado de Isabel y Fernando después de la serie “Isabel”, y con Lope de Vega o el Cid tras su aparición en “El ministerio del tiempo”. Seguro que muchos de ustedes se dieron una vuelta por Internet o por los libros de historia para saber más cosas del dirigible “Hinderburg” después de ver el primer capítulo de “Timeless”, y sé que muchos estudiantes se presentaron en clase con ganas de preguntar a su profe qué fue eso de la “transición” después de ver la película “Siete días de enero” (La 2), en la que Juan Antonio Bardem desmenuza la matanza de Atocha de 1977 en un despacho de abogados laboralistas. No ser absolutamente fiel a la historia, o rellenar sus huecos con hipótesis verosímiles, de los Médici, de la reina Isabel, del “Hinderburg” o de la Transición puede ser algo malo para los puristas, pero no hay duda de que puede ser algo bueno no sólo para conseguir que los espectadores se interesen más por la historia, sino por puro entretenimiento, puro placer de ver a Cosme en pie en el inmenso hueco sobre el que el genial Brunelleschi levantará la cúpula de la catedral de Florencia. Cuando Brunelleschi presenta su proyecto a Cosme, reconoce que no sabe si funcionará, así que si Cosme decide financiarle supondrá un acto de fe. Un acto de fe en la razón matemática del arquitecto. Qué bueno. ¿Dijo eso Brunelleschi a Cosme? Qué más da. Lo importante es que en “Los Médici” podemos ver a Brunelleschi charlando de arquitectura con Cosme Corleone.